Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 35

Danthaniel no responde a ninguna de mis llamadas o los cientos de mensajes que le he enviado. He llegado al punto en el que la culpabilidad se vuelve insoportable. Nunca debí dejar solo a Ryden después de ver que se había quitado el chip. Fui egoísta y me importó muy poco su bienestar.

Estos días no he podido conciliar el sueño de la mejor manera, incluso me despierto a altas horas de la madrugada y no puedo volver a dormir. Es como si algo me pusiera intranquila y ansiosa, impidiendo que pueda descansar. Mi madre se dio cuenta de que por el día vivo somnolienta, así que por las noches me obliga a darme una ducha caliente para relajar mis músculos y a beber un vaso de leche tibia.

Me doy la vuelta en la cama, adoptando una posición de medio lado. He pasado toda la noche en vela. Mis ojos no tienen un gramo de sueño. Tengo una mala sensación torturando la tranquilidad de mi corazón. Son las 4:45 de la mañana cuando salgo de mi cama para buscar unos tenis y una chaqueta que hace mucho no me pongo. Es cien por cien probable que estén dormidos, pero puedo esperar afuera de su casa hasta que despierten y me dejen entrar para comprobar que todo está bien. No me importa la discusión que tendré con mis padres al volver a casa. Ellos no me dejan salir a ningún lado sin los dos cazadores que me están cuidando el trasero durante el día.

Con sumo cuidado, cierro la puerta detrás de mis espaldas y corro hasta el elevador. Al cerrarse las puertas, estudio mi pálido y ojeroso rostro en los espejos de la misma. Me veo cansada y me siento cansada. Apenas puedo coordinar mis torpes movimientos al oprimir el botón del piso 1.

En la calle, un potente espasmo me recorre la columna por el frío colándose bajo mi ropa. Me abrazo a mí misma y agacho la cabeza en busca de un taxi que esté disponible a esta hora. Mis manos se enfrían al cabo de los minutos y encuentro calor al frotarlas entre sí. Estoy tan cansada como para intentar regular la temperatura de mi cuerpo con mi luz. No dormir bien estos días está haciendo estragos en mi interior.

Una vez logro conseguir un taxi e indicarle la dirección, me recuesto contra el asiento y trato de cerrar los ojos sin llegar a dormirme. Solo necesito cerrarlos por un momento para encontrar algo de alivio por la enorme pesadez que reposa sobre mis párpados. No entiendo qué me sucede o por qué no logro conciliar el sueño si nunca he tenido complicaciones a la hora de dormir.

De hecho, estos días he estado tan agotada que ni siquiera he salido de casa. Desde que fui al apartamento de Olivia en busca de la memoria y regresé a casa, no he podido descansar de la mejor manera. Por un lado, me preocupa porque le prometí a mi padre que se la entregaría y por el otro, he estado inquieta al no recibir ninguna respuesta de Dan. Mis energías han estado tan bajas que incluso llevo ignorando lo mensajes de Lilith estos días sobre lo que habíamos pactado de vernos para enseñarme nuevas cosas. No me interesa ahora mismo saber acerca de mi luz, tan solo necesito algo que me obligue a descansar. Lilith puede esperar aunque en varios de sus mensajes me haya deseado hasta la santa inquisición.

El taxi me deja frente a la casa de Danthaniel y me bajo una vez le cancelo el recorrido. Me paro frente al gran portón y doy un largo suspiro antes de girarme y caer sentada sobre el suelo con la espalda apoyada al metal. Inclino mis piernas y pego mis rodillas contra mi pecho para luego envolver mis brazos alrededor de estas. Hace poco llovió, así que la calle y las hojas de los árboles brillan por la fina capa del agua.

Podría reportarme, pero es probable que ellos estén durmiendo y no quiero ser maleducada o caprichosa como para despertarlos. Por otro lado, pude haberme quedado en casa y venir horas más tarde cuando ellos hayan despertado, pero necesitaba con urgencia estar un poco más cerca. Es como si esta casa me haya atraído como un campo magnético.

Estos días le he dado vueltas a la última discusión que tuve con Ryden. Llegué a un momento en el que me cuestioné a mí misma si hice bien en decirle que lo mejor era distanciarnos. Últimamente hay tantas cosas que me abruman que no quiero ver a Ryden como una carga más o un problema. No sería justo para él tener que soportar mi mal humor o mi volatilidad. Sé que lo que sucedió en la cabaña fue producto de esa parte oscura que habita en su interior y no puedo culparlo por eso. Muchas veces me advirtió sobre su situación.

Un auto se estaciona frente a la casa y del piloto se baja Danthaniel. Una mueca de confusión se refleja en su rostro al verme y por instinto me pongo de pie para acercarme. Mi corazón late a gran velocidad.

—¿Qué haces aquí a estas horas? —pregunta, cerrando la puerta. Me tomo un par de segundos antes de hablar.

—No me he sentido bien estos días y quise venir a ver si había pasado algo porque no atiendes el celular.

Las arrugas de su entrecejo se acentúan un poco más.

—Todo está bien, no debes preocuparte.

Miente tan bien que casi me lo creo.

—¿Encontraste a Ryden? —inquiero.

Se frota el rostro con una mano y deja escapar un extenuante suspiro.

—Sí —dice, seco.

Oprime un botón de una de sus llaves y el gran portón se abre ante nosotros.

—¿Tú estás bien, Dan?

—Sí —Trago saliva por el segundo monosílabo. Me rasco el dorso de mi mano por la incomodidad—. ¿Tú lo estás?

Mis pulmones se llenan de oxigeno al ver que su reticencia se ha esfumado y su expresión se ha suavizado.

—Lo estoy.

Se acerca a mí y me toma por una mano. Niega lentamente en una sonrisa cansina. Su piel, a diferencia de la mía, se siente cálida y agradable.

—Estás fría y tu aspecto es enfermo.

—No me siento enferma, solo he dormido poco y eso me tiene así.

—Al parecer no eres la única —susurra, tanteando sus palabras. Suelta mi mano y la guardo dentro del bolsillo de mi chaqueta—. Entraras conmigo a casa y una vez logre dejar a Ryden en su habitación te llevaré con tus padres, así que avanza al interior.

Mi corazón se dispara al oír su nombre.

—¿Ryden está en el auto?

—Sí, pero está dormido.

No me deja responder, solo me empuja en dirección a la entrada y por poco tropiezo porque apenas logro manipular mis piernas. Danthaniel eleva una ceja por tal torpeza y rueda los ojos al ver que le devuelvo una mueca de desagrado. Camino hasta la puerta donde el padre de Dan acaba de salir con una pijama. Frederick es mucho más joven que mi padre y apenas se logran evidenciar las canas en su cabello anaranjado que no ha perdido luminosidad.

—¿Estás bien? —me pregunta con un tinte de preocupación que me resulta ajena. Sus ojos grises son intensos—. Te ves un poco enferma.

Asiento, un poco tímida. Nunca había cruzado palabras con él. Es extraño que nuestra primera conversación sea esta. Finjo una sonrisa antes de decir:

—Solo necesito dormir para reponerme.

—Puedes quedarte en una de las habitaciones, si quieres. Me preocupa tu estado. ¿Quieres que te traiga algo?

Niego de inmediato. Su cortesía es graciosa.

—No quiero molestar. Dan prometió llevarme a casa en un rato.

—Está bien —sonríe—. Puedes pasar mientras tanto. Iré a ayudar a Danthaniel.

Se hace a un lado en la puerta y bajando la cabeza para evitar que continue viendo mi rostro, me adentro al enorme lugar que no deja de resultarme familiar. Busco un sofá y caigo sentada en este a esperar pacientemente a que Dan deje a Ryden en su habitación. Ellos me dijeron que luzco enferma, pero en sus rostro atisbé el mismo aspecto agotado y sin energías. Tal vez no sea la única que necesite descansar.

Alzo la vista al escuchar ruido en la entrada y los veo entrar con un Ryden adormilado que lucha por caminar. Lo sostienen por debajo de los brazos y no dejan de murmurarle que no deje de avanzar. Al principio temo que me mire, pero caigo en cuenta de que lleva los párpados cerrados. Examino todo su cuerpo por instinto y solo logro preocuparme al ver sus pies descalzos llenos de lodo y sangre. Quiero preguntarles qué ha sucedido y en qué puedo ayudar hasta que mis pensamientos son detenidos por esa vocecita que me dice que no es el momento indicado para mis preguntas.

A medida que suben las escaleras, los feroces latidos de mi corazón se van aplacando. Comprobar que Ryden está sano y salvo me da el alivio que tanto necesitaba. Exhalo todo el aire que no sabía que estaba conteniendo y siento mis músculos relajarse poco a poco. Estuve tres días luchando contra el sueño y ahora, de repente, mis ojos han empezado a pesar. Recuesto mi espalda contra el sofá y los cierro por un pequeñísimo momento. Trato de estar pendiente de Dan, pero el cansancio me vence en mi propio juego y termino cediendo a las profundidades de mi mente.

• • •

El escozor de mi garganta me saca de las ensoñaciones que estaba teniendo con Ryden. Paso saliva repetidas veces en un vano intento de suplir el papel del líquido. Necesito agua que calme el picor que no deja de acentuarse con enervante molestia. Siento como si estuviera teniendo los primeros síntomas de amigdalitis.

Me incorporo en la cama y froto mis ojos antes de abrirlos. Estiro los brazos por encima de mi cabeza para eliminar todo rastro de pereza y me cubro la boca ante el bostezo. Mi cabeza guinda hacia abajo, todavía sumida en la flojera de levantarme. He recuperado las energías que necesitaba mi cuerpo y estoy lista para un nuevo día.

Poco a poco me voy dando cuenta de algo extraño que está sucediendo justo ahora. ¿No se supone que me había dormido en el sofá? Abro los ojos de golpe y escaneo todo a mi alrededor. Reconozco la habitación porque me he quedado antes en ella. Entrecierro los ojos por la vergüenza que aparece para decirme que no debía quedarme dormida y que tuve que haber esperado a Danthaniel.

Salgo de la cama y busco mis tenis que están a un lado de la mesa de noche para ponérmelos junto con la chaqueta que reposa sobre el espaldar de una silla. Entro rápidamente al baño y enjuago mi boca al tiempo en que trato de peinar mi rebelde cabello con los dedos. Las ojeras siguen ahí, pero sé que desaparecerán cuando menos lo note. Me alegra haber recuperado las horas de sueño que había perdido los días anteriores. Es una mierda no poder dormir bien.

Al salir de la habitación, inconsciente de lo que hago me detengo frente a la puerta del cuarto de Ryden y mis cavilaciones se debaten en si entrar o solo marcharme. Una parte de mí quiere saber cómo está y dónde estuvo estos tres días como para preocupar a su familia, pero la otra solo desea que me dé la vuelta y me aleje al instante. Ignoro todos los pensamientos de mi cabeza y me digo a mí misma que debo dejarlo descansar. Seguro estos días no han sido faciles para él y no quiero estropear su poca tranquilidad.

En el primer piso, Danthaniel está sentado en un sofá con una laptop gris sobre sus piernas. Le da un mordisco a la manzana roja que carga en una de las manos y esta me resulta tan apetecible que mi estómago ruge por el hambre. Me aproximo con una mano sobre mi vientre y me siento a su lado, mirándole fijamente a los ojos. Su cabello está húmedo, probablemente recién haya salido de la ducha. Solo lleva unos jeans desgastados y el torso completamente desnudo, mostrando aquella tersa y nívea piel con unas cuantas pecas debajo de la clavícula.

—¿Dormiste bien? —me pregunta, dejando la laptop a un lado. Le sonrío.

—Sí, mucho mejor que antes.

Estira una mano y ubica un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.

—¿Quieres salir a almorzar?

Echo la cabeza hacia un lado, confundida.

—¿Qué hora es?

Curva una sonrisa.

—Son las tres y media de la tarde.

Entreabro mis labios y extiendo los parpados por la sorpresa. Luego, cierro los ojos con fuerza y llevo las manos a la cabeza mientras me inclino sobre mis piernas que no dejan de moverse. Ya puedo imaginar los miles de reproches de mi padre y las miradas de negación de mi madre.

—Mis padres deben estar enojados. No. Deben estar furiosos.

—No te preocupes por ellos. Les envié un mensaje después de subirte cargada a la habitación.

—¿En serio? —cuestiono, incrédula.

—Sí.

Doy un suave golpe a mi frente y me echo hacia atrás en el sofá sin dejar de sonreír. Acaba de quitarme un peso de encima. Giro el rostro para verlo y como tiene los ojos puestos sobre la pantalla, le doy dos golpecitos en el hombro para captar su atención. Unos ojos grises determinantes miran en mi dirección.

—Lo siento por dormirme, yo...

—No tienes que pedir disculpas por eso, killer. Te hace ver tonta.

Sonrío y pego mi cuerpo al suyo para poder apoyar mi cabeza en su hombro. Él aprieta mi mano izquierda y vuelve a posar la laptop sobre sus piernas antes de retirarla. Su cuerpo emite un olor a jabón, champú y perfume masculino. A pesar de las diferencias de olores, todo se combina de la mejor manera y resulta agradable para el olfato.

—¿Tessa?

—¿Si?

—¿Has tenido nuevas habilidades?

Es una pregunta inesperada, pero intuyo que está curioso.

—Sí.

—¿Cuáles?

—Eh... —Reacomodo mis pensamientos y muerdo la punta de mi meñique, recordando—. No sé cómo llamarlo, pero mi piel se curó bastante rápido después de que me causé unas heridas con las uñas y luego... —Detengo mis palabras, porque la segunda se activó cuando vi a Dan en el apartamento. Temo encararlo, por lo que ignoro esa parte—. Y luego pude ver a través de la oscuridad con los ojos iluminados.

Parece sorprendido y una vaga sonrisa se dibuja en sus sonrosados labios.

—Eso es impresionante, killer.

—¿Por qué es impresionante?

No me mira. Parece buscar una canción en el buscador de YouTube.

—Porque tus habilidades solo las he visto en una persona.

—¿Quién?

—Diederick.

—Bueno, tal vez deba conocerlo para que me ayude a entenderlas.

Deja de oprimir las teclas por un momento y gira el rostro para mirarme con el ceño fruncido.

—Está en Suecia, pero yo puedo ayudarte con lo que no entiendas.

Remuevo mis piernas para acomodarme mejor en el sofá.

—¿Cómo se llaman? —formulo, ganándome un ceja elevada de su parte—. Las habilidades, ¿cómo les debo decir?

—No lo sé, los nombres no son importantes. Las llamamos por lo que son: sanación rápida, ampliación lumínica y visión nocturna.

—¿Ampliación lumínica?

—Sentir las ondas de luz de otro leaper y poder hacer que sienta las tuyas. Aunque también aplica para buscar un leaper con tu onda, así como hiciste para buscar a Ryden en el hospital.

Asiento, evocando ese día en mi memoria.

—¿Y Diederick también puede "leer" los pensamientos de un leaper con solo tocarlo?

Ante eso, sonríe y niega con lentitud.

—No. Para que eso suceda, los dos leapers deben tener una gran conexión.

Permanezco en silencio por largos segundos de tiempo. Me he quedado con la boca entre abierta y las palabras a mitad de camino. La carita de Ryden aparece en mi mente e incluso se ríe en mi cara, victorioso. Eso de la conexión suena ridículo, pero tiene sentido porque mientras toco la piel de Danthaniel en este preciso momento, queriendo leer alguno de sus pensamientos para contradecir su idea, mi luz no detecta nada y mi mente permanece en blanco.

—Conmigo no funcionará, Tessa.

Aleja mis dedos que se aferran a su bíceps. La situación se ha tornado un poco incómoda, así que trato de huir de ella y de los pensamientos que asaltan mi cabeza.

—¿Me podrías llevar a casa? —le pido, mordiendo el interior de mi mejilla. Una sonrisa maliciosa aparece en su boca. Sabe que trato de escapar.

—Iré por una camiseta para irnos.

No tarda mucho en volver con una camiseta negra y unos zapatos puestos. Sin embargo, parece tomar su tiempo al buscar las llaves de su auto que no aparecen por ningún lado. Ha removido cada lugar donde pudo haberlas dejado y no da con ellas ni a diestra ni a siniestra. Muevo un pie por la impaciencia y estoy a punto de ayudarle a buscar cuando anuncia:

—Al demonio, tomaré las de repuesto.

Abre un cofrecito de vidrio que hay en una de las estanterías donde se ponen algunas figuras de porcelana y las gira en su índice antes de atraparlas en un puño cerrado. Ruedo los ojos y le sigo los pasos que se dirigen a la salida.

Dentro del auto todo es mejor. El día no está tan helado como el anterior, así que bajo la ventanilla y dejo que el viento corra en el interior. Varios mechones de mi cabello se disparan en diferentes direcciones y uno que otro entra en mi boca, a lo que saco la lengua e intento retirarlos. Odio cuando sucede eso. Odio saborear mi propio cabello por culpa del viento.

Como ninguno de los dos ha almorzado, Dan no duda en detenerse por el camino en un restaurante. Transfiero una pequeña suma de dinero a su cuenta desde mi celular para que me compre algo que calme mis tripas hambrientas. El vacío por falta de alimentos ha provocado un nudo en todo mi estómago que empieza a doler. Además, olvidé tomar agua y mi garganta me sigue pasando factura.

Al volver me entrega algo que supone me gustará y al percibir el olor del pollo filtrarse por mi nariz, mi estómago ruge en respuesta. Danthaniel estaciona el auto en un lugar que esté permitido hacerlo y nos dedicamos a comer nuestro tan anhelado almuerzo. Abro la lata de cocacola y bebo las burbujas que salen de la apertura, llegando a ingerir el líquido hasta que, accidentalmente, se dirige a mi tráquea y mi pecho se contrae ante la tos reflexiva que se apodera de mi caja torácica. Dos golpes en mi espalda por parte de Dan me devuelven las ganas de seguir coexistiendo.

—Bebe despacio —se queja, metiendo una papa frita a su boca.

Alejo la lata de mí e imito su acción de masticar una papita. El olor del pollo frito ha invadido cada espacio y cada rincón del auto a pesar de que las ventanas estén abajo. Me gustan los momentos así, cuando no me estoy preocupando por saber cada cosa que ocurre a mi alrededor. Sin embargo, al mismo tiempo los odio porque me hacen divagar sobre las dudas que viven incrustadas en mi cerebro.

—Dan...

—¿Si?

Trago la comida que tengo en la boca y bebo un sorbo de gaseosa antes de volver a hablar. Decidí omitir esa parte cuando hablábamos sobre mis habilidades, pero quiero sacarlo todo y preguntarle directamente.

—¿Qué hacías hace tres días en el apartamento de Olivia?

Ahora es él quién empieza a toser a tal punto que tengo que golpear su espalda para que logre desengrasar su garganta y pueda respirar sin dificultad. Sus ojitos se han puesto rojos y brillantes por las lagrimas. Debí esperar a que pasara lo que tenía en la boca. Ni modo.

—Tu padre me envió a buscar la memoria.

Más que asombro, la decepción traspasa como una punzada la pared de mi corazón y se arremolina en todo el centro de manera dolorosa. Trago grueso.

—Joder, y cuando le diga que la perdí le dará un ataque cardíaco —suelto sin poder contenerme.

Dan abre los ojos, estupefacto.

—¿Cómo así que la perdiste?

He aquí el dilema. Estoy tan harta que ni siquiera trataré de mentir en eso. Le cuento la verdad sobre la memoria sin omitir ningún detalle. Aunque estoy en problemas, él me felicita por mi buen escondite. No entiendo quién pudo llevársela de ese lugar. Estaba malditamente segura de que era el mejor escondite del mundo. Juro que mi cabeza va a explotar por todo esto, ya que cuando mi padre se entere seguro le dará un ataque de rabia.

—Estás en gravísimos problemas, Tessa.

La dureza de sus ojos me dan a entender que sí, pero ya no tengo tiempo para lamentarme.

—La encontraré, lo prometo. Quizás la cambié de lugar y no lo recuerdo.

No parece convencido porque sigue mirándome a modo de negación.

—Espero que sea así o nuestros padre estarán en problemas si cae en las manos equivocadas.

Cuando creo que nada puede ir peor, un nuevo problema aparece. Suspiro con pesadez. ¿Por qué me suceden cosas malas solo a mí? ¿Tanto me puede odiar la vida? No recuerdo haber cambiado esa memoria de lugar y no dejo de estar sorprendida de que alguien haya pensando si quiera en buscarla en la perilla.

—¿Quién crees que pudo habérsela llevado?

Exhalo con fuerza.

—Dios, no lo sé.

Movimientos repetitivos e involuntarios se han apoderado de mi pierna derecha. Estoy impaciente y enojada por no tener una respuesta a esa pregunta. De repente, mi mente es iluminada por una leve certeza y aprieto mis puños de solo pensarlo.

—Aiden —evoco.

—¿Qué pasa con él?

—Me encontré a Aiden justo después de tener la discusión con Olivia. Y no creo que sea una maldita coincidencia que la memoria no aparezca cuando él estuvo ese día en el edificio.

Danthaniel se limpia los dedos con una servilleta y enciende el auto con una mirada determinante.

—Vamos a buscarlo.

• • •

Nos detenemos frente a la puerta del apartamento de Aiden y sin previo aviso le doy varios golpes hasta que mis nudillos duelen. Es increíble que a ese ser le guste meterse en tantos problemas conmigo. De verdad disfruta hacerlo y yo, como siempre, cedo ante sus gustos. Haré el máximo intento por no dejarme llevar de mi enojo y de esta manera no caer en sus estúpidos juegos masoquistas.

Cuando abre la puerta, finjo la más hipócrita sonrisa de todo Salem y con una vocecita aguda inquiero:

—¿Por qué te esfuerzas en hacer que te odie tantísimo?

Eleva una ceja y deja escapar un bufido molesto de sus labios.

—¿Qué quieres?

—Quiero la memoria.

—¿Qué memoria?

—La que me robaste.

—Yo no robé nada —refuta.

—No te hagas el imbécil. Estuviste en el apartamento el día que desapareció.

—El día que la perdiste, querrás decir.

En mi defensa, Danthaniel lo empuja e ingresa al interior del apartamento sin pedir permiso. Aiden aprieta al mandíbula y tensa los puños sin quitar la vista de su nuca. Sus ojos azules reflejan un ferviente océano que desea arrasar con nosotros a su paso por colmar su poca paciencia. Al verme, niega en desaprobación y resignado, se hace a un lado para dejarme entrar.

—Tú tuviste en un principio la memoria, ¿por qué no robarla ahora?

—Porque no me interesa.

—Es que no debes ser simple coincidencia que Tessa te vea en el edificio justo cuando desaparece.

—Escucha, Danthaniel —empieza a decir Aiden, frotándose las sienes—. Te doy la libertad para que la busques por todo el lugar si eso implica que se marchen rápido. Me duele la cabeza y no quiero tener que soportar sus ridículos interrogatorios.

Estoy a punto de ponerme manos a la obra, pero Dan me detiene al sujetarme por el brazo. Sus ojos grises escanean las expresiones molestas del chico furioso que está frente a nosotros. Todos aquí estamos de mal humor.

—No tienes la memoria, ¿verdad?

Dirijo una mueca de desconcierto a Dan, mientras que las comisuras de Aiden se extienden en una desdeñada sonrisa.

—Lamento decepcionarlos.

Quiero intervenir, pero Danthaniel me ha liberado de su agarre y está avanzando hacía Aiden quien se encuentra sentado, con una postura bastante relajada, en el posabrazos de uno de los sofás que decoran la sala de estar. No se inmuta, ni se aleja aunque los pasos de Dan sean peligrosos y amenazantes.

—No te interesa robar la memoria porque todo lo que necesitabas de ella ya lo sabes, ¿verdad?

Con suma indiferencia, Aiden alza los hombros ante la mención de Dan, el cual en un solo parpadeo se abalanza hacia él y lo sujeta por la camisa, obligándolo a levantar del sofá. Las venas se marcan en sus brazos por la fuerza ejercida y la sangre fluye a su rostro hasta tornarse rojo. Un nudo escuece la garganta de Aiden, quien no deja de mover la nuez de su cuello. Ninguno de los dos dice nada, solo parecen desafiarse con las miradas como si eso lo dijera todo.

—No vales la pena.

Y con eso, lo suelta para después empujarlo y hacerlo caer de espaldas al sofá. Sus ojos azules buscan los míos y evito su mirada antes de poder cruzarla con la mía. Le doy un último escaneo al apartamento, como si me aferrara a la idea de que puedo encontrar la memoria en este lugar o algo que nos lleve a ella, pero sería estúpido por parte de Aiden tenerla a la vista. Eventualmente, mi visión recae al detectar una serie de cartas abiertas en el centro de mesa, distribuidas al azar. Esta vez, me obligo a cruzarme con su mirada y en el segundo en que lo hacen, él me dice:

—Sabes de qué tratan, ¿no?

Atraída por la curiosidad, recorro la distancia que me separa de la mesa y me pongo de cuclillas para evaluarlas. Palpo la caligrafía de las cartas, las cuales solo relatan frases amenazantes que quieren obligar a Aiden a revelar su secreto. Lo más aterrador de todo son las polaroids que encuentro bajo todos los sobres; son fotografías mías e incluso de Daymig con grandes equis rojas marcadas sobre nuestros rostros. Una horrible sensación me atraviesa la espina dorsal y casi contengo el aire al verme en todas ellas.

—Por esas cosas estuve en tu edificio hace tres días —confiesa, tomándome por sorpresa—. La última carta no traía ninguna nota, pero si esta fotografía —se pone de rodillas al otro lado de la mesa y rebusca entre todas las cartas mientras las va tirando por todo el tapete. Al conseguirla, traga con pesadez y la extiende para que la mire—. Solo necesitaba comprobar que todo estaba bien...

Algo reticente y sin dejar de fruncir los labios, sujeto la fotografía de mala gana y al voltearla mi mente parece esclarecerse ante el torbellino de confusiones. Es una foto de la puerta del apartamento de Olivia con la frase "antes de que sea tarde" escrita con líquido carmesí muy parecido a la sangre. Ahora parece tener más sentido en mi cabeza su visita al edificio, pero no comprendo por qué ocultarlo y mentir, es como si estuviera completamente empeñado en hacer que lo odie. Nuestras miradas se conectan por un breve instante hasta que Danthaniel rompe la burbuja y me quita la fotografía de las manos sin llegar a ser muy brusco.

—¿Cuántas has recibido? —le interroga.

Aiden entreabre la boca y le da una estimación rápida a todas las cartas esparcidas.

—Ocho.

—Yo también he recibido ocho —emite por lo bajo—, pero no les pongas atención. Solo son estúpidas amenazas que a la final no llegan a cumplirse.

En un movimiento rápido y preciso, Aiden se pone de pie y con rudeza le arrebata la fotografía de las manos para luego arrodillarse y recoger cada una de las cartas.

—Antes pensaba lo mismo que tú, pero todo cambió cuando mis padres me llamaron preocupados para decirme que estaban recibiendo amenazas en una serie de cartas —confiesa Aiden en un deje de preocupación. Alza la vista y lo mira fijamente—. Yo puedo soportar cualquier cosa, pero no que se metan con mis padres porque son lo único que me queda. Todos estos días han sido una mierda y no dejo de torturar mi cabeza preguntándome si ellos estarán bien y a salvo.

—Eso es lo que esa persona quiere, ¿no lo ves? Quiere atemorizarte para obligarte a hacer lo que desea.

—¡Tengo todo el derecho de estar atemorizado! —Doy un brinquito por el fuerte grito metiéndose en mis oídos—. ¡Saben dónde viven, dónde trabajan y todas sus rutinas! ¡¿Acaso tú no estarías asustado si acosaran a tu padre de esa manera?!

Su pecho se mueve por la exaltación, tan agitado que parece hiperventilar. Las cartas que están en sus manos se han arrugado por el fuerte puño que las envuelve. Danthaniel no le responde nada, por lo que intuyo que algo se ha removido en su interior por la veracidad de sus palabras. Incluso yo me pondría en su lugar si me entero que mis padres corren peligro por algún demente. De solo imaginármelo se me eriza la piel y tengo que frotar mis brazos para mitigar la escalofriante sensación.

—Solo lárguense de aquí ahora —dictamina. Ninguno de los dos se mueve—. ¿No me escuchan? ¡Quiero que se larguen!

Sale disparado hasta la puerta y la abre para nosotros. No nos mira, su vista está puesta en algún punto fijo del piso. Su rostro se ha teñido de rojo y en su frente se realza una pequeña venita.

—Vámonos —dice Dan.

Una vez afuera, Aiden cierra de un portazo que resuena en mis oídos todavía sensibles por su último grito. No entiendo en qué momento la visita se convirtió en una discusión tan personal y cargada de emociones. Danthaniel no me habla, sino que se encamina lejos de aquí como si necesitara tomar un respiro. Él puede resultarme en ocasiones un total misterio, pero estoy segura de que Aiden lo ha dejado pensando.

Por todo el camino hasta mi casa no me dirige la palabra, solo se mantiene en un sepulcral silencio. Debe ir sumergido en sus pensamientos y aunque quiera adivinarlos, sus serias expresiones no me dicen mucho. Aún así, sé que va tenso e inquieto porque no deja de apretar el volante con tanta fuerza que las venas de sus manos saltan de su pálida piel.

Subo el cristal cuando la gélida brisa me recorre la piel y provoca que me abrace a mí misma. Observo el recorrido a través de la ventanilla y las miles de adornos navideños que adornan la ciudad no me resultan reconfortantes. Años anteriores esperaba ansiosa la época navideña y ahora se siente como una simple transición impuesta que debemos atravesar. No hay nada cálido ni esperanzador.

Frente a mi edificio y mucho antes de animarme a bajar del auto, Danthaniel dedice cortar el silencio.

—Subiré contigo. Necesito hablar con David.

Me encojo de hombros en respuesta y nos bajamos del auto al mismo tiempo. El silencio continua haciéndose participe en el elevador. Guardo mis manos en los bolsillos de mi chaqueta en busca de calor y frunzo el entrecejo al sentir una hoja de papel doblada en partes muy pequeñas. Lo saco para inspeccionar qué es y al identificarlo el recuerdo me golpea de frente. Es ese papel que tomé de la caja que guardaba Aiden en el closet de su habitación y que me pareció curioso porque tiene cosas escritas en un lenguaje que no reconozco.

¿Qué significará?

Solo una persona podría darme respuestas, pero no es alguien que me agrade y que después de lo de hoy, quiera volver a verme. Así que dejo atrás la curiosidad y guardo nuevamente el papel.

Mientras nos acercamos al apartamento, un déjà vu hace que me detenga al ver la puerta semiabierta. Mi corazón ha empezado a martillar con fuerza contra mis costillas y un nudo en la garganta me impide tragar saliva. Un vacío doloroso se concentra en mi estómago y lo revuelve a tal punto que las nauseas se hacen presentes en mi sistema. Danthaniel me está hablando, pero no soy consciente de lo que dice. Mi cerebro no está procesando sus palabras.

Entonces empujo la puerta y en el interior todo se encuentra en total normalidad. No hay desastre, no hay cosas rotas y no hay padres heridos. Sin embargo, todo está a oscuras y en un absoluto silencio que solo provoca que mis pulsaciones aumenten.

—¿Papá? ¿Mamá?

Nadie responde.

—Déjame revisar —susurra Dan con completa cautela antes de alejarse.

Mis padres nunca dejaría la puerta semiabierta. No debe ser algo al azar. No puede ser coincidencia. Alguien debió entrar aquí. Voy a volverme loca.

Apenas puedo moverme, la parálisis se ha apoderado de mis piernas. Las palabras de Aiden se repiten hasta el cansancio en mi cabeza y me llevan a imaginarme miles de horribles escenarios donde mis padres no terminan de la mejor manera. Mi luz permanece en alerta, esperando responder ante cualquier cosa que necesite. Marco a sus celulares tantas veces como puedo y ninguno de ellos responde a mis llamadas, lo que genera que una masa repleta de miedos se acumule en mi cuerpo, esperando una señal que los haga detonar.

Y cuando creo que nada puede ir peor, Danthaniel sale de la habitación de mis padres a pasos rápidos y decididos.

—Te sacaré de aquí. Vámonos.

Asiento y no me rehúso cuando entrelaza nuestras manos y me impulsa a caminar. Mi sangre se ha enfriado como un tempano de hielo. Mi corazón no deja de doler por un raro presentimiento que me atraviesa el pecho. Mis piernas se han vuelto torpes y mal coordinadas, como si recién estuviera aprendiendo a caminar. Cada paso que doy lejos del apartamento, provoca que el miedo acreciente en cada partícula de mi cuerpo.

¿Dónde están mis padres?

¿Estaré siendo muy paranoica?

Mi salud mental pende de un hilo.

Las preguntas carcomen mi cabeza durante el recorrido de regreso a la casa de Danthaniel. Estoy a borde del colapso, a punto de derrumbarme por la incertidumbre de no saber nada de mis padres. Siguen sin responder mis llamadas y los miles de mensajes. No puedo mantenerme quieta en el asiento porque mis cavilaciones solo me llevan a un oscuro y doloroso precipicio donde voces en el vacío me animan a saltar. Quieren que salte y que finalmente me derrumbe frente a todos. Quieren verme destruida y sin muchas opciones.

Estoy temblando.

La angustia es tan grande, que el camino se me hace corto y rápido, por lo que en menos de lo esperado Dathaniel estaciona su auto al lado del Jeep de Ryden. Doy un salto fuera de mi asiento y lo alcanzo cuando trata de dejarme atrás. Mis piernas no han abandonado aquella sensación flagelante que me impide caminar de forma habitual. Mi cuerpo es un nido de estragos.

Perdida en mis pensamientos, choco contra la espalda de Danthaniel, quien se ha detenido en medio del living. Pellizco el puente de mi nariz, quien ha recibido el golpe de sus músculos y estoy a punto de quejarme, cuando mi boca se cierra al instante en que noto gotas de sangre en el piso. Trago saliva y me siento desfallecer al imaginarme lo peor.

—Dan...

—Shhh —sisea, poniendo un dedo en mis labios para callarme.

Evalúa todo a su alrededor en un vistazo rápido y sigue las gotas de sangre que conducen al pasillo por donde están todas las mini salas. Le obligo a mi corazón callarse porque sus latidos no dejan de resonar en mis oídos y temo puedan ser escuchados por los demás. El miedo es paralizante, pero no dejo de avanzar hasta que un quejido adolorido proveniente de algún lugar nos obliga a quedarnos quietos.

De pronto, mi cuerpo se vuelve susceptible al percibir una onda de luz azul que enciende cada uno de mis sentidos y los obliga a actuar.

—Ryden... —decimos Dan y yo al mismo tiempo.

Salimos corriendo en dirección a la onda que nos lleva a la oficina de Frederick. Danthaniel gira la perilla y empuja la puerta que choca contra la pared en un estrepitoso golpe que solo provoca mi corazón se vuelque. Mi estabilidad se derrumba al ver a Ryden atado a una silla con cinta adhesiva cubriendo su boca. Un hilo de sangre brota de la apertura de su ceja y se desliza hasta el hueco de su cuello. Su cabeza guinda hacia abajo, como si estuviera inconsciente y no pudiera mantenerse erguido.

Pero lo peor se abre ante mis ojos al notar el cuerpo de Frederick con un charco de sangre bajo su cabeza.

• • •

Holaaa, leapers.

Me disculpo por no haber actualizado ayer. Me dolía la cabeza en cantidades monumenciales y la luz de la pantalla solo aumentaba el dolor, así que no logré corregirlo a tiempo.
Pero recién terminé, así que decidí subirlo de una vez.♡

Lu.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro