V
Capítulo 5: La Astucia de un Verdadero Potter
El amanecer trajo consigo un nuevo día, y Hogwarts se llenaba de la usual actividad matutina. Los estudiantes se apresuraban por los pasillos, ajustando sus túnicas y preparándose para las clases, pero Harry no tenía prisa. Había algo en él ahora, una confianza tranquila y controlada que hacía que todo a su alrededor pareciera moverse a un ritmo más lento. Los años de incertidumbre, las dudas sobre quién era, todo eso había quedado atrás.
Después de su charla con Neville la noche anterior, Harry había decidido que necesitaba respuestas. Y aunque Ginny Weasley había sido una parte importante de su vida, ahora entendía que su relación con ella no era lo que siempre había creído. Ginny lo admiraba, claro, pero eso no era lo mismo que un vínculo verdadero. Además, los recientes descubrimientos sobre la traición de los Weasley lo habían dejado frío.
Se dirigió a la Sala Común de Gryffindor, sabiendo que Ginny estaría allí. Efectivamente, la encontró sentada en un rincón, rodeada por un grupo de chicas de su año, hablando animadamente. Al ver a Harry, sus ojos se iluminaron y rápidamente se levantó para acercarse a él.
"Harry," dijo con una sonrisa cálida, "¿cómo estás? No te vi anoche en la cena."
Harry le devolvió la sonrisa, pero no era la misma sonrisa que le había dado en el pasado. Había algo más calculado en su mirada. "Estuve ocupado con algunas cosas," respondió con un tono casual, casi sarcástico. "Parece que siempre hay algo que hacer cuando eres Harry Potter, ¿no?"
Ginny pareció confundida por su tono, pero no lo cuestionó. En cambio, tomó un paso hacia él, su cercanía evidente. "He estado pensando... podríamos pasar más tiempo juntos. No hemos hablado mucho últimamente, y—"
Harry la interrumpió, su voz aún tranquila, pero con un borde cortante. "Ginny, he estado pensando mucho también." Sus ojos la examinaron, como si estuviera evaluando cada aspecto de ella. "Y he llegado a la conclusión de que lo que quiero y lo que otros esperan de mí no siempre coincide."
Ginny frunció el ceño, claramente desconcertada. "¿Qué significa eso?"
"Significa," continuó Harry, ahora mostrando un toque del sarcasmo que había heredado de su padre, "que ya no soy el mismo Harry que conocías. Las cosas han cambiado." Se cruzó de brazos, inclinando ligeramente la cabeza. "Y en cuanto a nosotros... creo que sería mejor si seguimos caminos diferentes."
La sonrisa de Ginny se desvaneció por completo, reemplazada por una expresión de incredulidad. "¿Estás diciendo que...?"
"Sí, Ginny. Eso es exactamente lo que estoy diciendo."
Ginny lo miró con el ceño fruncido, sus ojos buscando algo en él, alguna señal de que estaba bromeando. Pero no la encontró. Finalmente, sin saber qué más decir, se dio la vuelta y regresó a donde estaban sus amigas, su rostro enrojecido por la humillación.
Harry observó su partida sin ningún remordimiento. Sabía que había hecho lo correcto. Ginny era parte de un pasado que ya no le interesaba. Lo que ahora llamaba su atención estaba en otro lado. O más específicamente, en otra persona.
Las horas pasaron rápidamente, y antes de darse cuenta, Harry se encontró en su última clase del día: Pociones. Entró al aula con una tranquilidad que no había tenido antes en esa asignatura. Desde que había reclamado su herencia y liberado su verdadero poder, sentía que todo lo que antes le parecía complicado ahora era fácil. Y eso incluía las pociones.
Mientras caminaba hacia su puesto, sus ojos vagaron por el aula hasta detenerse en una figura en particular. Daphne Greengrass. La Slytherin era conocida por su belleza fría y su intelecto afilado. A diferencia de muchas otras chicas, ella nunca había mostrado una obsesión por Harry como "El Niño que Vivió", y eso era lo que lo atraía. Había algo en su actitud distante, en su aire de indiferencia, que lo intrigaba.
Hoy, mientras ella trabajaba en su caldero, Harry no pudo evitar notar cómo su cabello rubio caía perfectamente sobre sus hombros, cómo sus movimientos eran precisos, casi elegantes. Había algo magnético en ella, algo que lo llamaba de una manera que Ginny nunca podría haber hecho.
Mientras Slughorn hablaba, dando instrucciones sobre la poción del día, Harry decidió que era el momento de hacer su movimiento. Con una leve sonrisa, se inclinó hacia Daphne.
"¿Crees que lo haces bien?" preguntó en un tono casual, pero con una chispa de sarcasmo en sus palabras, algo que hubiera salido directamente de la boca de su padre, James Potter.
Daphne lo miró de reojo, alzando una ceja con desdén, pero no se inmutó. "Lo suficientemente bien para no explotar el caldero, Potter. ¿Tú puedes decir lo mismo?"
Harry soltó una pequeña risa. Le gustaba su actitud desafiante. "Bueno, supongo que lo veremos. Aunque debo decir, me sorprende que alguien en Slytherin esté tan... contenida."
Daphne giró ligeramente hacia él, sus ojos azules brillando con interés por primera vez. "¿Y qué sabes tú sobre Slytherin, Potter? Siempre has estado tan ocupado siendo el héroe de Gryffindor."
Harry sonrió con suficiencia. "Digamos que el Sombrero Seleccionador y yo tuvimos una pequeña conversación sobre eso. No es tan sencillo como crees."
Daphne lo miró con renovada curiosidad. "¿Ah, sí? Me pregunto por qué entonces te decantaste por Gryffindor. Parece que te habrías llevado bien en mi casa."
Harry inclinó la cabeza, sus ojos brillando con esa astucia que había mantenido oculta durante tanto tiempo. "Tal vez. Pero la verdad es que no me decanté por nada. No tuve toda la información en ese momento. Ahora, las cosas son diferentes."
Los dos se miraron por un momento, y Harry pudo ver en los ojos de Daphne que ella entendía. Tal vez mejor que muchos otros en Hogwarts. En ese instante, algo pasó entre ellos, una conexión sutil, pero poderosa.
Slughorn interrumpió el momento, paseando entre las mesas y revisando el progreso de los estudiantes. Harry retomó su trabajo en silencio, pero no podía dejar de pensar en la conversación con Daphne. Había algo en ella que lo intrigaba, algo que no había sentido antes por nadie más.
Mientras trabajaba en su poción, su mente también volvía a los Weasley, a Dumbledore, a todo lo que había descubierto. Sabía que muchos de los estudiantes aún lo veían como el héroe, el "elegido", pero ahora más que nunca, sentía que ese papel no era el suyo. Lo que necesitaba era poder. No poder para el bien o el mal, sino poder para ser libre, para tomar sus propias decisiones sin que nadie más lo manipulase.
Al final de la clase, Harry dejó el aula sintiéndose más fuerte, más seguro. Sabía que su lugar en Hogwarts estaba cambiando, y estaba preparado para aprovechar cada oportunidad que se le presentara. Daphne Greengrass, con su aguda inteligencia y su actitud imperturbable, era una de esas oportunidades. Y Harry no pensaba dejarla pasar.
Mientras caminaba por los pasillos hacia la Sala Común de Gryffindor, un pensamiento cruzó su mente: estaba empezando a parecerse más a su padre, James. El sarcasmo afilado, la confianza inquebrantable, pero también la astucia que su madre, Lily, le había dado. Una mezcla peligrosa, y una combinación que lo haría destacar no solo entre sus compañeros, sino también entre aquellos que creían que podían controlarlo.
Hoy había sido solo el comienzo. Pero pronto, todos sabrían quién era realmente Harry Potter.
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