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8. Capítulo 7.

Hi~ A estas alturas no sé si la semana está más pesada o el fin de semana~ pero henos acá, sobreviviendo bien gracias a lo dulce que está el evento, así que otra vez, gracias por el apoyo y por pescar la votación, sino habríamos tenido un mes bien dramatico y masoquista en vez de esto askas, espero que el desarrollo sea digno no más.

Seguimos con estos dos domésticos~

Ash está en una cita con Eiji o al menos, eso le dijo Shorter cuándo le comentó que saldrían a comprar cosas para el apartamento y sacar fotografías por Central Park. Cita. El concepto le revuelve las tripas porque nunca ha estado en una antes, no porque le hayan faltado los candidatos, al contrario, habían de sobra, el problema es que solo querían una cosa con Ash y luego lo dejaban, el sexo ni siquiera le gusta tanto siendo franco, le parece sobrevalorado, algo que todos dicen que es genial y por ende él también debe decirlo para no quedar más expuesto de lo que ya está.

Te da miedo la intimidad.

Odia admitirlo, sin embargo, Max tenía razón, hubo un tiempo en donde Ash quería enamorarse más que nada para saber cómo se sentía, en serio trató. Falló. Por más que perseverara o cambiara acerca de sus preferencias o sus compañías no sintió más que una cortesía frugal ni una sola vez, incluso se llegó a cuestionar si sería arromántico o asexual, más, metió la idea en una caja que enterró y eso lo ayudó a sentirse más normal, aún así, el esqueleto se quedó ahí, por el rabillo de su ojo, asechándolo.

Esperando. Esperando. Esperando.

Igual que Dino.

Esta es solo una pausa para su vida, debe recordarlo.

—¿Qué te parece esto, Ash? —Claro, todo esto cambió con la llegada de Eiji y es gracioso cómo hacer todas esas cosas de pareja las terminó realizando con un amigo—. ¿Se vería bonito?

—¿Qué cosa? —Sale de su mente, vuelve a la realidad. A la tienda. Al ajetreo. A esos ojos relucientes.

—Esto. —Eiji le extiende una pieza decorativa—. ¿Podemos llevarla?

—Definitivamente no.

—¿Eh? —Eiji frunce el ceño, ofendido—. Yo creo que le daría un toque a nuestro hogar, es doméstico.

—¿De dónde diablos lo sacaste? —Y es que no agarró cualquier adorno de los miles de estantes que tiene la tienda atiborrados con decoraciones, no, tomó el más feo, deforme, que posiblemente acabe induciéndole una serie de pesadillas—. Si llegas a tener un bebé eso lo traumatizará.

—Nori Nori es para niños. —Chista con un tic en el ojo—. Y es raro que vendan una figurita de él acá.

—Probablemente alguien la tiró a la basura por lo horrenda que es.

—Horrenda y todo pero estás usándolo en tu polera.

—¿Qué? —Ash pone los ojos en blanco repasando una y otra vez su camiseta—. ¿Dónde? No lo veo.

—Deberías tener cuidado con cómo tratas a quién lava tu ropa. —Eiji tararea maliciosamente—. Sino puedes acabar usando Nori Noris el resto de tu vida sin siquiera sospecharlo.

—No eres para nada adorable.

—Lo mismo para ti. —Al bastardo le hace gracia—. Iré a pagarlo, vuelvo enseguida.

—No. —Ash se lo quita de las manos—. No llevaremos esa aberración, vinimos exclusivamente a ver cosas prácticas para la casa.

—¡Ash! —Le resulta sumamente ingenuo que crea que tiene una oportunidad de quitárselo, no logra disimular su sonrisa mañosa al alzar la palma y abusar de la brecha corporal volviendo imposible que tome esa figura de cerámica—. ¡Devuélvemelo!

—Si tanto quieres llevarlo alcánzalo, onii-chan. —Se burla, es un desgraciado.

—¡Ash!

—¿O acaso eres demasiado enano para alcanzarla?

—¡Dámelo! —Eiji da saltitos sobre la punta de sus pies—. ¡Es el adorno perfecto para ponerlo encima de la tele! ¡Iré a pagarlo!

—Sobre mi cadáver te dejaré comprar algo así de feo. —Estira aun más su brazo hasta que lo tironea.

—No es justo, tú tienes esas novelas horrorosas sobre Holdens y cadáveres de leopardos ¿cómo Nori Nori es peor?

—Lo es. —No vacila—. Tu pajarraco horrendo es mucho peor.

—¡No es horrendo!

—Es tan horrendo que nadie lo ha llevado, deberías quitármelo antes de que lo tire.

Pero Eiji da un mal movimiento en un salto y caerá de espaldas, Ash lo anticipa por la manera en que deja de reclamar y amortigua un chillido con sus dientes, por la forma en que sus pupilas se atiborran de un sentimiento similar al pánico, de lo feroz que late su corazón (¿o es el suyo?) por cómo apretuja sus párpados y se encoge sobre sí mismo esperando la caída. Un golpe retumba en la tienda. Y pronto el piso se halla colmado de pedazos de porcelana, no lo pensó, fue instintivo atraparlo aunque soltara la figura de cerámica, una de sus manos está protegiendo su nuca del piso, la otra yace en su espalda.

—¿Estás bien? —Ash nunca se escuchó a sí mismo tan desesperado cómo en esos momentos—. ¿Te hiciste daño?

—Estoy bien.

—¿De verdad? —Ash lo repasa de pies a cabeza con la mirada, no le importa el haberse arrojado por el piso de la tienda frente a los demás compradores o hacer de escudo humano.

—Ash... —Eiji tirita entre sus brazos—. Estás muy cerca.

—¿Eh?

—Estás muy cerca de mi cara.

—Oh.

Es acá cuando se percata de lo cerca que verdaderamente están, Eiji tiene sus puños encogidos entre sus torsos, lo está viendo con esos ojos jodidamente cariñosos que paralizan el mundo con un simple pestañeo, Ash queda boquiabierto, no sabe qué decir o hacer, de repente, se torna consciente de su mano entre esos cabellos esponjosos y entintados, la textura hace cosquillas, el olor que desprenden es agradable, no es el shampoo que comparten, esto es diferente. Dulce. Suave. Limpio. Está al borde de inclinarse para olerlos con mayor profundidad cuando su corazón empieza a arremeter contra sus tímpanos como si fuera un caballo de carrera desembocado. Está nervioso. Sí. Es tonto ¿verdad? Ash ha hecho mucho más en relación al contacto físico, no es tímido, esto no es un tema y aun así...

Aun así... Aun así... Aun así...

—Tu corazón está latiendo muy rápido. —Aún así—. ¿Ash?

—Lo está. —El lince desliza sus yemas alrededor de las mejillas de su compañero y lo embelesa cómo los rayos del sol cambian el matiz del iris. Es café. Es negro. Es pardo. Es dorado. Es cobrizo. Es ámbar brillante. Es esa noche de Halloween donde quiso asustar a Griff con una calabaza, es béisbol con su hermano y Max apenas volvieron de la guerra. Es libertad—. Está latiendo muy rápido, me dio miedo.

—¿Qué cosa?

—Qué te pudieras lastimar.

—Ya veo. —Eiji se encoge tan cohibido que se derrite ante sus brazos, le cuesta mantener el contacto visual y resulta evidente, más, se esfuerza por sostenerlo—. Puedes soltarme.

—No quiero.

—¿Eh? ¿N-No quieres?

—¡Cierto! —Ash entra en pánico y los suelta dejándolos caer a ambos—. Mierda.

—¡Ash! —Eiji gimotea totalmente aplastado en el piso de la tienda—. ¡Sale de encima! Estás pesado.

—Pensé que eras deportista. —Chista divertido.

—¿Cómo sabes eso? —No le debe responder para que infiera—. Ibe-san dijo algo.

—Dijo muchas cosas. —Tararea levantándose del piso, sacudiéndose los jeans, teniendo cautela para así no lastimarse con los trozos de cerámica alrededor—. ¿Por qué no te lo cuento tomando un café?

—¿Acaso me estás invitando a una cita, Lynx? —Se burla, ama ponerlo nervioso.

—Yo no...

—Porque acepto. —Eiji lo toma de la mano para levantarse—. Vamos por un café.

Casi puede ver la sonrisa de comemierda que Shorter esbozará cuando se entere de esto no obstante los amigos pueden salir a tomar café juntos e incluso llamarlo cita, no se le olvida que Eiji quiere más que nada un bebé y Ash está ahí para ayudarlo, claro le está dando tiempo para adaptarse, necesitará estabilidad para criar a un mocoso, pero en el fondo sabe que está extendiendo lo inevitable, le gusta la compañía del nipón, lo ha hecho muy feliz y le resulta embriagador lo que provoca. El candor entre su pecho y su estómago. Cómo su corazón se corta casi como si respirara. La manera en que los jades siguen a Eiji como si lo necesitara más que al aire mismo.

Los amigos no se tratan de esa manera, piensa y dobla ese pensamiento para aventarlo a la papelera.

—Entonces eras saltador de pértiga. —Ash retoma el tema una vez que están sentados, la correa del japonés se tensa alrededor de su cuello recordándole que es fotógrafo y que más tarde irán a Central Park por unas fotografías, a Ash no le gustan las cámaras o mejor dicho, los flashes—. Griffin me dijo que estuviste a punto de estar en las olimpiadas o algo así, no tengo muchos detalles. —Mejor dicho, le quiere dar la chance de explicarse.

—No fue gran cosa. —Lo dice con una ligereza forzada casi como si no quisiera hacerlo tema—. Hacía salto de pértiga porque me aburría en casa y resulté ser bueno en eso.

—Ajá. —Aslan deja el café aparte y lo mira acusatoriamente—. Eres un terrible mentiroso, Okumura.

—Lo siento. —Eiji agacha la mirada—. No quise mentirte.

—No tienes que hablarme de algo para lo que no te sientes listo.

—No es eso.

—Tampoco tienes que confiarme nada que no quieras.

—No es eso. —Los dedos del moreno se hunden aún más en el vaso de papel consiguiendo que salte la espuma para afuera—. Es una tontería y me siento estúpido quejándome por algo así de pequeño.

—No es pequeño si te afecta. —Agradece esas palabras a su hermano—. Es importante, cuando dije que te escucharía lo decía en serio, no tengo intención de juzgarte, no me corresponde decidir cuáles problemas son los "grandes" y cuáles los "pequeños".

—Vaya. —Eiji lo mira con tanta ternura arremolinada en su iris que Ash debe aferrarse al vaso porque si no sabe que se ahogará ahí, es injusto en cierta medida—. Tienes un lado lindo, te dije.

—Quizás. —Ríe deseando que sus latidos dejen de saltar—. ¿Entonces...?

—Amaba el salto de pértiga más que nada en el mundo. —Ahí está, eso es genuino, ese es Eiji—. De verdad quería ir a las olimpiadas pero las cosas en mi casa estaban tensas, me distraje en una práctica y caí mal, acabé con una lesión en el tobillo.

—Lo lamento mucho. —No arregla nada con esas palabras, de hecho, se siente tonto al obsequiarlas.

—Está bien. —Pero Eiji es amable—. Fui a rehabilitación y la herida sanó físicamente, fue distinto en relación a mis emociones, los doctores dijeron que estaba pasando por una depresión o algo así, me empecé a sentir insuficiente y me empezó a dar miedo tomar la pértiga, así que no la tomé de nuevo.

—Eiji.

—No he saltado desde entonces.

—¿Te gustaría volver a saltar?

—No puedo.

—Ni te estoy preguntando si puedes o no. —Aslan intenta decirlo muy suave—. ¿Te gustaría hacerlo?

—No. —Eiji se encoge en la silla viéndose frágil, muy frágil—. No tengo el derecho.

Ash quiere seguir preguntando, más, corta el tema.

Y de repente todas las primeras impresiones que tenía de Eiji se desmoronan, el nipón no es perfecto ni un ángel guardián ni un ingenuo inmaculado, no, Eiji es una tormenta que si bien, se vislumbra en paz a una primera impresión cuando menos se lo espera estalla igual que un volcán inactivo o aquel tsunami que se recogió en medio de la ola, tiene un espíritu inquebrantable y feroz y se esfuerza por esconder las emociones que coinciden con la misma intensidad. A Ash le gusta mucho más esa faceta suya. No porque le guste verlo sufrir, por supuesto, le duele más que nada, sin embargo, a Eiji le lleva tiempo desmoronar la idealización que tiene de sí mismo, Ash agradece ver los resquemes dolorosos de su humanidad. Es salvaje. Terco. Irracional. Está un poco loco. Tiene nulo autocuidado.

Le fascina.

Por eso está contrariado con el tema de buscar a un candidato, sabe que Eiji no quiere un vínculo de por medio, más, es una pena que el hombre que le toque no sepa admirar su belleza, esa belleza no se aprecia a simple vista y se esconde tras modales corteses y palabras cautas, esa belleza que consta de muros que tienen letreros de bienvenida para disimular que son muros, su belleza resulta inusual.

Extraordinaria. Deslumbrante. Inquebrantable. Es una belleza de tipo Eiji.

Y nadie sabrá apreciarla.

No como Ash.

—No puedo creer que tengas una fiesta de bienvenida. —Cuando el café se acaba ordenan panecillos como una excusa para quedarse charlando un poco más, le gusta cómo las migas se arremolinan por los labios de Eiji haciéndolos ver más dulces todavía—. Realmente regresarás a la pandilla.

—Ah sí. —Cierto, por poco lo olvida—. Tengo que hacerme responsable del caos que yo mismo partí.

—Me dijiste que se separaron por diferencias.

—Sí. —Ash sostiene un muffin, ni siquiera le gusta lo dulce, de hecho, las únicas golosinas que acepta son las que cocina Griffin cuando está de buen humor y sin embargo estas saben diferentes o tal vez, es la compañía—. Digamos que era muy respetado como líder, sé pelear bastante bien y fui ganando territorio en Downtown con Shorter como mi mano derecha.

—¿Sabes pelear?

—¿Por qué pareces tan sorprendido? —Ash deja el muffin de lado, indignado.

—Porque eres tan... flacucho.

—¡¿Perdón?! —Oh, ahora es personal—. ¿Me acabas de decir flacucho?

—Sí. —Eiji desvía la mirada con las mejillas rojas—. Eres el clásico estereotipo americano.

—No sabía que te gustaran los fanáticos de los músculos en ese caso.

—¡No es eso! —Gimotea—. Solo me sorprendió que fueras bueno peleando, no sé, cuando me dices "líder pandillero" pienso en alguien como Shorter, no en ti.

—Así que los músculos de Shorter son lo suficientemente buenos para tus fetiches pero no los míos.

—Estás siendo ridículo ¿lo sabes?

—Sí. —Ash ríe relajando la tensión—. Pero disfruto molestándote, onii-chan.

—No lo había notado. —Su sarcasmo es palpable en cada sílaba y aun así no resulta intimidante, hay algo en lo melódico del japonés que lo deja deslumbrado con cada cosa que dice, no se lo dirá puesto que es más fácil molestarlo por su pronunciación e invitarlo a ver plaza sésamo—. Ash.

—¿Qué ocurre? —Sonríe con malicia—. Fetichista de músculos.

—¿Puedo unirme a tu pandilla?

—¿Eh? —Aslan agarra una servilleta para metérsela en la oreja ya que definitivamente no oyó lo que le dijo. No. No. Claro que no—. ¿Podrías repetirlo?

—¿Puedo unirme a tu pandilla?

—Quieres quedar embarazado. —Le enfatiza—. Estarás panzón.

—¿Y qué tiene? Tener una panza no me impedirá pelear.

—No tendré a un pandillero embarazado.

—¿Por qué no? —Y está siendo tan irracional que Ash debe hundir sus yemas en la frente y comenzar a masajear para no tironearse el pelo—. Eso es discriminación, tengo los mismos derechos que todos los demás chicos, incluso puedo aprender a ser rudo y a fumar.

—Eiji. —Le advierte—. Para.

—Por favor. —Pero entonces el tramposo se extiende hacia la mesa para tomarle las manos y ocurre de un momento a otro, más, su cerebro deja de funcionar, puff, se apagó, no sirve—. Te lo pido ahora que todavía no he encontrado a nadie, quiero ser parte de algo.

—Puedes ser parte de otras cosas menos peligrosas.

—Quiero ser parte de algo que sea importante para ti. —Es todo—. Eres mi amigo, aunque no pueda hacer gran cosa para pelear o defenderte necesito saber en qué estás metido, es doloroso ser el que se queda afuera y no sabe nada. —Sus manos se tensan aún más y Ash puede sentir el pulso a través de sus caricias—. No seré una carga, lo prometo.

—Nunca eres una carga. —Eiji sonríe con amargura queriendo quitarle las manos.

—Dices eso porque eres amable. —Tartamudea—. Gracias.

—No. —Él no lo deja—. Digo esto porque es verdad.

—Ash.

—No eres una carga ahora, ni estando embarazado, ni cuando tengas un bebé, ni nunca, ¿entiendes?

—A-Ash...

—No eres una carga y me importas. —Te quiero, te quiero tanto.

—Para, por favor.

Su corazón se hace mierda al ver cómo sus ojos de gacela se cristalizan conteniendo el llanto, el tema debe ser duro, probablemente alguien lo hizo sentir que era una carga en el pasado y por eso se crea que tiene la obligación de cargar con todos los demás y nunca darse espacio a sí mismo, Aslan aprieta sus manos, son pequeñas y están calentitas, ambas le caben en una sola palma, no es brusco, aunque no sabe cómo ser dulce lo intenta trazando círculos sobre sus nudillos con sus yemas, tiene la certeza de que Eiji es alguien que se debe tratar con sumo cuidado y adoración, no es alguien para follarlo y luego olvidarlo, no, Eiji es para quedarse y quererlo.

Ash realmente quiere quedarse a su lado.

No tiene que ser para siempre, aunque sea solo por ahora.

Deja que sus pensamientos fluyan a través del agarre como una cascada, la tensión es embriagadora, el crepúsculo está sangrando en una sombra que luce de velo, Aslan no entiende lo que está pasando o cómo se llama lo que está sintiendo, pero no puede quitarle los ojos de encima, sus latidos golpean totalmente desquiciados contra su pecho, su piel está erizada, hay cosquillas en su vientre, el mundo podría detenerse y a Ash no le importaría menos y de hecho, cree que lo hace.

—Eres un buen amigo, Ash. —Pero entonces Eiji habla y rompe el contacto, el rubio no sabía lo vacío que se sentía sin estarlo tocando y no puede permitirse esto, son amigos, no quiere un hijo, no quiere embarazar a Eiji tampoco y no puede interferir en su sueño.

Lo más noble es dar un paso atrás.

—Eiji. —Lo más noble es retroceder como el cobarde que es.

—¿Sí?

—Publiquemos el anuncio ahora, comencemos con la búsqueda de candidatos.

—¿Estás seguro? —Ash se aprieta la camiseta, tantea la ferocidad con la que late su corazón y piensa en las palabras de Shorter.

No te enamores si lo estás ayudando a buscar a otro hombre.

—Sí. —Traga duro—. Estoy seguro, empecemos.

Las cosas poquito a poquito se ponen más tensas en los siguientes capítulos, así que ojito sobretodo a los conflictos de Ash que igual son fuertes dentro de todo, pero vamos paso a paso acá. Mil gracias por el cariño.

Nos vemos mañanita~

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