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II

El azabache lo miraba con una gran sonrisa en el rostro y Taehyung se empezaba a desesperar, juraba que lo golpearía si este seguía mirándolo de esa manera.
Jeongguk tenía su vista fija en el bello rostro de Kim, sin soltar ni una sola palabra más, sólo observando cada perfecto detalle que el rubio poseía en el rostro.

—Taehyung, no he traído mi monedero y ya darán la ofrenda, ¿Trajiste dinero?

Su madre había salido de la iglesia a pasos ligeros.

—No he traído nada mamá. —respondió serio —. Debiste revisar bien tus cosas antes de traerme obligado.

La mujer estaba por jalarle sin piedad el cabello al menor hasta que recordó que el azabache estaba ahí.

—Disculpa a mi hijo Jeonggukie, es un irrespetuoso. —habló avergonzada la fémina.

Taehyung suspiró, cerró los ojos y empezó desordenar su ropa que le apretaba.

—No se preocupe señorita Kim —dijo Jeongguk haciendo avergonzar a Sun Hee —. Yo... He roto la pantalla del celular de Taehyungie y quiero mandarlo a arreglar si no es molestia.

El rubio abrió los ojos con asombro, por fin algo bien le había salido ese día. Si era así, ese chico pelinegro debía a arreglarlo de inmediato porque el menor no podía estar muchas horas sin su preciado artefacto eléctrico.

—Oh... ¿Qué le ha pasado a tu teléfono Taehyung?

—Ese idio—se detuvo al ver el rostro fulminante de Sun Hee —. Jeongguk me asustó y lo deje caer sin querer.

—Disculpe otra vez señorita Kim, no he querido que esto pasara.

—Sun Hee miró con ternura y dijo —No te preocupes Jeonggukie... Y tú, ve a buscar mi monedero. —miró a Taehyung.

—Por favor déjeme acompañar al pequeño Taehyungie a buscar su monedero, no me perdonaría si le pasará algo.

Sun Hee con calidez dijo— No te preocupes, es algo lejos la casa y Taehyung sabe cuidarse...

––Siete cuadras y una casa de más, no es tan lejos seño... —de momento sin terminar la palabra el azabache desvío los ojos nervioso.

Taehyung miraba extrañado a aquel pelinegro, ¿por qué había pedido su dirección si ya la sabía? ,era totalmente extraño.

—Oh, mi hijo ya te comento dónde vivimos, bueno Taehyung deja que te acompañe Jeoggukie, yo entraré nuevamente adentro, no tarden...—soltó casi corriendo para entrar a la iglesia.

En ningún momento se lo habia contado, no fueron ni tres minutos el tiempo en el que acaba de conocerlo, era raro, pero el rubio terminó pensando que su madre lo había dicho en alguna reunión y no lo recuerda.

—No era necesario que me acompañarás. —musitó con prisa.

—Jeongguk río —. Ya convencí a tu madre, ¿Cierto?

—¿Qué quieres decir con eso? —cuestionó frío.

—Nada jajaja.

Esas anteriores palabras dichas por el azabache dejaron pensando totalmente a Taehyung, algo no le agradaba de ese chico.
El rubio respiró cansado, sus pies empezaban a ir cada vez más lento, estaba caminando mucho últimamente.

—No te preocupes, sólo faltan tres casas para llegar a la tuya. —dijo con una gran sonrisa el pálido.

—¿Cómo sabes dónde es mi casa?

—Ah... —se rasco la nuca nervioso —. Un día me lo dijo tu madre.

Bueno, finalmente su madre si se lo había dicho, eso lo puso menos inquieto. Taehyung al llegar abrió la puerta y entró agarrando de inmediato el monedero de la mesita de luz.
Este salió, y le entregó el bolsito al pelinegro.

—Llevaselo tú, me quedaré, no me siento bien.

—Pero...

—Por favor, no me estoy sintiendo bien. —habló nuevamente el rubio.

Jeon asintió y siguió el camino hacía la iglesia.

—Que raro es ese idiota. —susurró Taehyung.

El menor se desvistió colocándose después una ropa cómoda para empezar una jugada de Halo en su computadora. Necesitaba un respiro de ese horrible domingo.
No llevaba ni diez minutos jugando cuando el timbre empezó a sonar, Taehyung se levantó de su asiento preguntándose quién podría ser, no esperaba a nadie y sabía que su madre no volvería por el. Caminó rápido para que no volvieran a tocar el timbre nuevamente.

—al abrir la puerta frunció las cejas al ver quién era— ¿Y tú qué haces aquí?

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