2♡
Jihyo entró al departamento con las manos repletas de papel, tratando de hacer equilibrio y que no salgan volando por todos lados. Como todas las mañanas había salido a hacer algo de ejercicio, y, como todas las mañanas también, al regresar el portero le había entregado una cantidad exagerada de cartas y pequeños regalos de los fans. Las chicas no entendían muy bien cómo es que habían dado la dirección de su dormitorio, pero finalmente decidieron no hacer nada al respecto: los fans eran muy respetuosos y nunca intentaban invadir su espacio privado, tan solo se limitaban a dejar algún detalle para ellas y luego se iban. Además, se habían acostumbrado a tomar desayuno mientras leían las tarjetas y las comentaban entre ellas, y nada les motivaba más que comenzar el día con palabras lindas de gente que las quería.
—¡Chicas! —Jihyo gritó mientras cerraba la puerta con un pie— ¡ya, traje lo de hoy!
Sana y Nayeon salieron a su encuentro, con una sonrisa de oreja a oreja, y ayudaron a la líder a sostener todos los sobres antes de que terminasen en el suelo. Fueron a dejarlos sobre la mesa, mientras Jeongyeon y Momo preparaban el desayuno. Eran las únicas autorizadas a meterse a la cocina cada que quisieran, luego de que Nayeon haya estado al borde de quemar un mantel, y que Chaeyoung haya explotado huevos crudos al pensar que meterlos al microondas sería una forma más rápida de cocinarlos. Luego de una reunión y un sermón por parte de Jihyo, se decidió que a excepción de las dos chicas que sabían cocinar, nadie tenía permitido tocar el lugar sin supervisión.
—¿Las demás? —cuestionó Momo, mientras contaba los platos necesarios.
—Yo estoy aquí —Dahyun levantó la mano desde el sofá. Era tan pequeña que, cuando no se movía, podía pasar completamente desapercibida.
—Mina y Chaeyoung no durmieron aquí —Sana soltó una risita, y Jeongyeon rodó los ojos—. Desde la última vez, les dije que si las volvía a escuchar las iba a botar de la casa.
—¿Y la bebé?
—Ya se levantará, déjenla dormir —Jeongyeon intervino.
Nayeon comenzó la repartición habitual: nueve pequeñas torres con las cartas y regalos para cada una, y una extra con lo que iba dirigido a todas. Cuando terminó colocó lo que le tocaba a cada una sobre su lugar, y se dispuso a ayudar con la preparación del desayuno.
—Ahora sí, ¿Tzuyu? —Jihyo preguntó, mientras hacía malabares para sostener cuatro tazas en su mano— No me digan que de nuevo se desveló, ya le he dicho que le pare un poco a los doramas.
—No, ya se despertó. La vi salir temprano y luego regresar a su cuarto. Seguro fue a caminar o algo así —contestó Dahyun, mientras se levantaba del sofá para ayudar a terminar de llevar las cosas a la mesa.
Las chicas se sentaron y continuaron su conversación, dándole un poco de tiempo a la menor para salir. Pasaron pocos minutos cuando hizo su aparición, y fue corriendo directamente a la mesa, mirando atentamente lo que había llegado ese día.
—¿Qué buscas? —Sana quiso saber, al notarla más atenta de lo usual.
Tzuyu inconscientemente llevó su pulgar a la boca y lo mordisqueó con nerviosismo.
—Mmm, no, nada. Es que me levanté con curiosidad.
La japonesa se encogió de hombros, y se dedicó a su desayuno. Nayeon y Dahyun ya habían comenzado a abrir sus cartas y se las mostraban mutuamente, sonriendo. Tzuyu las miraba de reojo, mientras intentaba concentrarse en lo suyo. No pasaron más de unos segundos cuando un grito de la mayor del grupo la hizo saltar en su asiento.
—¡ALGUIEN SE LE DECLARÓ A DAHYUN!
Momo volteó inmediatamente, sacando la carta de las manos de Nayeon, quien reía y aplaudía con emoción, y comenzó a leer con curiosidad. Al cabo de unos segundos levantó los ojos del papel y miró a Dahyun con una sonrisa.
—¡Toda una rompecorazones, Dahyunnie!
Dahyun no podía más de la vergüenza. Sus mejillas quemaban, y trataba torpemente de tapar con sus manos la sonrisa tímida que se había formado en su rostro. A ella le avergonzaba mucho cuando alguien siquiera le hacía algún cumplido, así que no sabía como reaccionar en esa situación. Aunque no lo pareciera, siempre había sido tímida para ese tipo de cosas, y la carta la había tomado por sorpresa. Sin embargo, no podía evitar reconocer que era algo muy tierno, y a pesar de todo, la había emocionado.
Sana no podía más con su alegría, y sacudía a Dahyun para molestarla. A diferencia de ellas, Tzuyu estaba con los ojos casi saliendo de sus órbitas, tratando de bajar la mirada para parecer concentrada en sus cartas, y evitar a toda costa que la incluyan en la celebración. Nayeon no dejó pasar esto por alto, y estiró la mano hacia ella para llamar su atención.
—¡Tzuyu! ¡Lee la carta que le mandaron a Dahyun!
La menor tragó saliva fuertemente y volteó a ver a Dahyun. Ya se había quitado las manos del rostro, pero aún seguía sumamente sonrojada. Pensó que se le veía muy tierna, e hizo grandes esfuerzos para no sonrojarse también.
—No, no, es algo personal, unnie.
—¡Ay, por favor! ¡Si todos los días nos mostramos todo lo que llega!
—Sí, pero tal vez la persona que lo escribió no quería que lo vea nadie más. Suena como algo privado.
—Ay, que aguafiestas —Nayeon se volvió a acomodar sobre su asiento y se giró hacia Dahyun— Yo sí quiero saber todo sobre el tema. Espero que escriba de nuevo. Es más, voy a ver si podemos averiguar de quién es. ¡Me muero de la curiosidad!
Tzuyu se tensó y dirigió su mirada a las manos de su unnie, que jugaban alegremente con el papel. Rápidamente y sin pensarlo demasiado, se lo quitó de las manos y lo dejó en el regazo de Dahyun. Nayeon se sobresaltó, y la miró sorprendida. Usualmente, Tzuyu no era así de seria con ellas, y menos a la hora de abrir las cartas de los fans.
—Tzuyu, ¿qué pasa?
—No, es que en serio. Creo que es algo personal. Es para Dahyun unnie.
—Pero...
—No, no —interrumpió Jihyo, riendo—. Lo que pasa es que la bebé está celosa de que no le declararon amor eterno hoy. Tranquila, Tzu, ya llegará el indicado —terminó de decir entre risas, poniendo una mano sobre las de la menor.
Tzuyu se ruborizó y miró a Dahyun. Ella le devolvió la mirada, y una pequeña sonrisa se formó en su rostro. Al instante la taiwanesa le devolvió el gesto, levantó la cabeza y trató de olvidarse de lo sucedido.
—Bueno, traeré pan. ¿Alguien tiene más hambre?
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro