040 The Dinner
Estábamos en la casa Salvatore donde tenían a Alaric retenido en su sótano. Al parecer, su alter ego volvió y escondió la última estaca de roble blanco que puede extinguir a la raza vampírica y a nuestros amigos. Lo normal.
Jenna se despedía de Alaric por que pensaba ir con Elena y Damon a Denver. Se sentía culpable por irse y dejarlo sin protección, yo decidí que ni loca voy a subirme a un avión. Me dan miedo las alturas.
— ¿Estás seguro que...? Digo, no tienes que permanecer aquí.— le digo a Alaric mientras está recostado en el catre. Jenna le había traído alguna cosas
— Este es el lugar donde debo estar. A menos que puedan convencer a mi poco cooperador alter ego que confiese dónde oculté... O donde el ocultó la estaca de roble blanco.— aclara y veo a Jenna
— Buscamos en todos lados. Tú...El otro tu la escondió muy bien.— menciona Elena
— ¿Qué hará Klaus si no la encuentra?— suelto un suspiro largo
— Es la única cosa que puede matarlo, así que, enloquecerá, empezará guerras, matará gente. Ya sabes, cosas de Klaus.— expreso abrumada y asiente
— Eso no va a pasar. Van a encontrarla.— opina Jenna y toma la mano de Alaric — Debemos irnos a Denver. No quiero pasar un minuto más sin estar junto a Jeremy.— asentimos
— Ten cuidado. No se enfrenten a un original.— camino a la salida y dejó a Jenna despedirse
— ¿Estás segura de querer ir de viaje con Damon?— cuestiono y suspira
— Si. Jenna estará. Lo hará más soportable.— asiento —A mi me preocupa más dejarte. Parece que últimamente estás muy misteriosa.— suspiro
— Tienes una tía.— se queda perpleja — Lamento por sólo soltarlo así. Hace dos días vino, se apareció a la puerta y lo dijo. Yo...yo lo había olvidado por completo y me sentí terrible cuando...— me interrumpe
— ¿Por que no me dijiste nada, Izzy?— expresa con molestia
— No lo se, yo...— me pauso — Últimamente tengo mucho en la cabeza. Siento que estoy llena de tanta información que voy a explotar.— expreso abrumada
— Tranquila...— me toma de las manos — Está bien. Se que tienes mucho con que lidiar últimamente. Has tenido muchos descubrimientos y...no le cuentas a nadie. No se como ayudar.— sobo su mano
— Te prometo que lo hablaremos. Creo que he estado de abajo hacia arriba que mi he tenido tiempo de solo sentarme a conversar con alguien.— sonríe ligeramente — Lo haremos cuando vuelvas.— asiente
— ¿Lista?— sale Jenna — Volveremos tan pronto podamos.— me acerco a darle un abrazo
— Cuídense. No le jueguen tanto al héroe. Solo corran.— ríe y nos separamos
— Vamos. Se hace tarde.— caminamos por el pasillo las tres. Jenna se fue al auto y yo me acerco a los chicos, estaban en la sala
— Se la quitaré a Alaric. Solo necesito algo de tiempo.— menciona Stefan y cruzamos miradas
— Me gusta esa seguridad, Stefan. No la comparto, pero me gusta.— alardea Damon burlón y alzo una ceja
— ¿Crees que no puedo hacer lo necesario?.— le pregunta ofendido
— Eres el Stefan bueno otra vez. Tienes el control. Puedes conseguir a la chica, pero pierdes tus habilidades.— me mira de reojo y frunzo el ceño
¿Que trata de insinuar?
— No es por interrumpir, pero Jenna nos espera.— interviene Elena
— ¿Has viajado en primera clase?— le pregunta Damon y arqueo una sonrisa
— ¿A quien tuviste que hipnotizar para eso?— pregunto burlona
— Por favor. Usé millas.— aclara y va por sus maletas, Elena se me acerca
— Nos vemos pronto. Cuídate.— asiento y la abrazo con fuerza
Me preocupaba que fueran solas con un vampiro original con poca paciencia. Casi le arranca el brazo a Matt. Dice mucho de él.
— Cuídate tu también. Salúdame a Jer.— menciono cálida y nos separamos
— Lo haré.— sonrío — Adiós, Stefan.— se despiden y salen de la casa
— No me siento cómoda dejando a Alaric en una celda como prisionero.— le digo a Stefan mientras estamos en la sala
— Es la única opción que tenemos. No podemos dejarlo salir por que corremos el riesgo de que nos mate.— me ofrece una taza de té
— Gracias.— le soplo y bebo — ¿Dónde crees que debamos empezar?— suspira
—Yo creo que es mejor esperar a que aparezca. Buscamos en toda su casa y en la tuya. No había nada.— asiento y bajo la taza
— Es mejor que vaya a casa a...— me pauso — ¿Puedo dormir aquí?— me ve sorprendido — No quiero estar sola en casa. Se sentirá muy...vacío.— asiento
— Claro, no hay problema. Esta tu antigua habitación.— sonrío y me levanto del sofá — Sabes que está es tu casa.
— Gracias, que amable.— sonríe — Stefan...no podemos solo besarnos y eso. Dejamos las cosas más revueltas y confusas.— suspira asintiendo
— Si, tienes razón.— nos vemos fijamente — Creo que debo de dejar de hacer eso.— sonrío
—Si. Yo también.— suspira — Al menos hasta que tenga todo claro y puedas besarme por que somos una pareja tradicional con súper habilidades.— sonríe
— Eso sería lindo.— tomo mi taza de la mesa
— Buenas noches. Estoy algo cansada y en verdad deseo dormir sobre un colchón y cerrar los ojos.— expreso con fatiga
— Si, claro. Ponte cómoda.— asiento y me doy la vuelta — No trajiste pijama. Puedo prestarte una camisa.— me freno y lo veo
— Sería grandioso, gracias.
Lo acompaño a su habitación y abre el cajón. Veo alrededor y la admiro. Era como estar en una enorme y linda biblioteca. Este lugar emanaba solo tranquilidad y esa pacifico.
—Ten.— volteo a verlo y me da la camisa — Espero que estes....— lo empujo a la cama y me pongo encima de él — Izzy...— comienzo a besarlo y el baja sus manos a mi cadera sosteniéndome con fuerza, aparto mis labios unos segundos
— No hables.— me saco la camisa y desliza sus manos por mi cuerpo desnudo, le ayudo a sacarse la playera mientras me siento en sus piernas
Me agacho para besarlo con lujuria y sus labios encajan perfecto, su tacto era agresivo y sensual. Cada movimiento sacudía todo mi cuerpo haciéndome temblar. Sus manos sobre mis muslos me erizaban la piel. Se aparta de mi boca para bajar a mi cuello, haciendo que suelte un jadeo de excitación al sentir la suavidad de sus labios en mi piel desnuda. Arqueo mi espalda mientras...
— Izzy.— rompo mi burbuja — Te perdí por unos minutos. ¿Qué pasó?.— paso saliva incómoda
— Lo siento, gracias.— sonrío y la tomo con nerviosismo
Piensa en la biblia, Izzy. Piensa en la biblia.
— Que tengas linda noche.— salgo casi corriendo de su habitación y me encierro
¿Acaso? ¿Acaso yo tuve un sueño erótico con Stefan Salvatore? Creo que me pondré a rezar y a tomar agua bendita. Estoy cayendo en la tentación. Odio ser virgen.
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A la mañana siguiente estaba maldiciendo al aire por que mi teléfono sonaba interrumpiendo mi sueño. Odio cuando no me dejan dormir lo suficiente
—¿Qué?— me levanto de la cama
— Buenos días para ti también.— se burla Rebekah y froto mi rostro para despertar
— Me levantas a las...— veo la hora en mi reloj — ocho de la mañana en un sábado. No esperes que le cante a los pájaros y esas cosas.
— Necesito tu ayuda. Hoy me propuse a hacer el baile de la década y necesito refuerzos.— frunzo el ceño
— Caroline es la capitana del consejo estudiantil. Ella se encarga de esas cosas.— aclaro y una duda se siembra en mi cabeza — Supongo que no le arrascaste la cabeza, ¿cierto?— escucho su risa
— Aún no. A nadie le gusta los sesenta. Es de las peores épocas. Mal gusto musical y atuendo.— asiento — Solo ven y dame tu opinión. Me gustaría tener una amiga aquí.— suspiro
— Bien. Pero máximo me quedo una hora. No soy de las que distingue la diferencia entre el color perla y el blanco, ¿si?— se ríe
— Gracias, eres la mejor.— sonrío y cuelgo.
Dejo el teléfono en la mesita y me quito las cobijas de encima. Me tenía que poner el pantalón antes de que otra tragedia suceda y me humille. Agarro mis botas y me las pongo.
Salgo de la habitación evitando hacer ruido. No quería tomarme a Stefan por que me avergüenza lo que pensé ayer. Si. Soy como una adolescente que se exalta al escuchar la palabra sexo.
La verdad, me sentía algo terrible al salir a hurtadillas de la casa. Como si hubiera robado o hubiera hecho algo indecente. Que desastre.
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Estaba en la escuela inflando globos y escuchando a Rebekah darle órdenes a los pobres chicos. Sinceramente yo solo pensaba en mi drama amoroso y que debo decidir algo en mi vida. No puedo seguir negando mis sentimientos y reprimirlos.
— Parece que estás en un funeral.— me dice Rebekah y rompo mi burbuja
— Algo así.— sonríe y dejo el helio — Tienes suerte de que no haya descompuesto algo. Soy grandiosa con el arte, pero odio las manualidades.
— A mi me encanta todo esto. — sonrío — ¿Y tu? ¿Que traes con mi hermano? — se pone a escribir en su libreta y los nervios me hunden
— ¿De que...De que hablas?— tartamudeo y rasco mi cabeza
— No lo se, tu dime.— suspiro y saco un globo de la bolsa — Se odian más de lo normal. Pelean más de los normal. Se ven más...— la interrumpo
— Okey, ya entendí.— sonríe — Esto me está volviendo loca. No que creer, Rebekah. No entiendo lo que siento y sinceramente estoy contra la pared de mis sentimientos. Quiero saber si me enamoro de él por que yo lo elegí, o por que eso es el destino. No lo sé.— juego con mis dedos
— Tal vez si lo hace el destino es por que deben estar juntos. Por que su amor es intenso y ninguna persona te hará sentir de esa manera. Como una parte de ti con la que te sientes completo. Yo creo que no es tan malo estar predestinado a alguien. Significa que por fin encontraste la clase de amor con la que estas satisfecho. Muchos dicen que las almas gemelas existen. Que son personas torturadas por no encontrarse. Si tú encontraste la tuya...tal vez sea suerte.— sonrío ligeramente y me deja pensativa
Viéndolo desde esa perspectiva...no suena tan malo.
— Eres como una coach de la amor o algo.— sonríe y me rodea con sus brazos
— He vivido mucho tiempo. Algo bueno debí de aprender del trágico amor.— sonrío — Stacey, ¿no tienes sentido de orientación? Eso está chueco.— me suelta y se va a torturar a una chica
— ¿Que es esto?— se queja Caroline con Matt
Esto si que ya exploto. Aquí yacimos.
— Es un baile de las décadas.— responde dejando una caja con materiales en la mesa — ¿Recuerdas que nos hiciste ayudar?— me acerco suspiro
— Hola, Caroline. Que gran día para...— me interrumpe
— No, esto.— saca una boa morada — ¿Los años 20s? Ibamos a hacer los años 70s.— nos miramos entre sí nerviosos
— Muy llamativo, gente. Se supone que es un bar clandestino, no la feria mundial.— ordena Rebekah y Matt me ve de reojo, sonrío con gracia — Qué bueno que estés aquí. Necesito ayuda poniendo las mesas, así que hazlo.— alzo mis cejas
Aquí hay una batalla de reinas de belleza. Me pregunto quien va a perder primero el glamour.
— ¿Que crees que estás haciendo?— le reclama Caroline y me pongo junto a Matt
Esto podría ser un evento catastrófico y predecible.
— Alguien tiene que estar al mando.— aclara
— Si, yo. Soy la líder del comité.— alardea petulante y veo a Matt — El tema del baile de décadas es los años 70.
— ¿Prefieres vestirte en colores ridículos y un mal peinado, que una clásica mujer a la moda de la época del Jazz?— cuestiona Bekah y Caroline entrecierra sus ojos
— Tal vez podamos hacer ambas décadas.— sugiero
— No.— me dicen ambas exaltadas y Caroline voltea a verme, alzo mis brazos
— Sigue, Izzy. Dile la verdad. Te encantó la idea de los años 20 cuando se la presente al grupo.— paso saliva y Caroline me ve ofendida
— ¡Traidora!— hago una mueca
— ¿Ropa bombacha y disco?— cuestiono disgustada — No se, esto me pareció mejor.— volteo a ver a Matt
— ¿Lo ves? Es mejor.— alardea Rebekah y Caroline suspira
— Como sea. Diviértanse en su estupido baile.— expresa exaltada y frunzo el ceño, sale del gimnasio
Caroline no es de las que se rinden y mucho menos con algo que es como un órgano en su cuerpo. Algo raro está pasando. Esa chica no cede con estas cosas. Lo se.
— Ya vuelvo.— salgo corriendo en su búsqueda y la veo con Matt junto a su auto — Caroline, tienes que volver. Esta cosa no es lo mismo sin ti.— suspira
— Izzy, hay algo que debes saber.— expresa Caroline en suspenso — Pretendí pelear con Rebekah por el baile para que Matt la mantenga ocupada.— frunzo el ceño
— Okey...Me perdí. ¿Qué no eres la amante de los bailes?— expreso confundida y entre ambos se ven
— Tyler ha vuelto.— suelta la bomba y me quedo perpleja
— ¿Qué?— menciono casi sin aliento y asiente con una gran sonrisa
— Me dijo que fuera discreta y eso. No pude saber Klaus que está en el pueblo o irá tras el. Queremos un día normal.— sonrío fascinada
— Dios, esto es maravilloso. Lo extraño mucho.— expreso nostálgica
— Pronto volverá. Por ahora solo seremos el y yo.— aclara y asiento
— Si, si. Claro.— volteo a ver a Matt, tenía la sonrisa como yo
— Dile que le mando saludos y que lo extraño.— le pido y asiente
— También mándale mis saludos.— añade Matt y Caroline sube al auto
— Por supuesto. Gracias por esto.— asentimos y la vemos irse
— Hace falta, Tyler. No tengo a nadie que molestar aparte de Damon. Me desquito con el.— me burlo y Matt ríe, me rodea con sus brazos
— Vayamos a entretener a Rebekah. El día de hoy seremos decoradores de fiestas sin paga.— suelto una risa y nos vamos juntos
Después de algunas horas de decorar, inflar globos y escuchar a Rebekah salir de sus cabales, el show terminó. Por fin podría volver con Stefan para el asunto de Alaric. Estuve muy distraída y despejó mi mente hacer cosas de chicas "normales"
— ¿No te molesta llevarme a casa?— me pide Rebekah — No tengo carro.
— No hay problema. Solo que no esté tu hermano.— vamos a mi auto y nos subimos
— Bien que te gusta.— abro la boca de la impresión mientras me pongo el cinturón
—¡Rebekah! — exclamo ofendida
— No voy a mentir. Ustedes tienen esa mirada en la que se quieren arrancar la ropa.— mis ojos se me iban a salir de rostro — Ya, no te hagas la santa. Se te nota el deseo en tus ojos verde olivo. — meneo mi cabeza impresionada
— Sin comentarios. Enloqueciste.— ríe y pongo en marcha
— Entre más lo niegues...Más lo deseas.— ladeo una sonrisa
— Ya basta con tu filosofía del amor.— volteo a verla — Klaus y yo somos completamente diferentes. Si, es guapo. Si, el acento lo hace ardiente. Si, tiene el porte de un hombre con el que completamente saldría. Si...— me pauso al escuchar un pitido y tomo el control del auto sacándolo de la autopista
— ¡Por Dios santo! ¿Nos quieres matar? — inhalo hondo mientras aprieto mis manos al volante — Re formulo, ¿te quieres matar?— volteo a verla
— Soy mala conductora.— apoyo mi cabeza en el volante y se escucha un pitido
— Ya lunática, yo conduzco.— saco la llave y se la entrego sin mover la cabeza — ¿Qué hiciste para que te dieran su licencia?— suspiro y me levanto
— Le bailé al instructor.— suelta una risa — Bromeó. — hago una mueca y bajo del auto — Algo.
Rebekah toma el control del auto y después de unos minutos llegamos sanas y salvas. Comenzaba a creer que las bromas sobre cómo conduzco son ciertas. Por alguna razón cuando estoy sola nada de esto sucede.
Flashback
— ¿Y la direccional, ignorante?— le muestro el dedo por la ventana — No soy vidente para saber a donde rayos le vas a dar.
— Cállate, niña.— abro mi boca ofendida y susurro un hechizo que hace que le exploten las llantas
Fin flashback
Como decía, lo normal. Solo son exagerados.
— ¿Confío en que llegarás en una pieza a tu casa?— me pregunta burlona y ruedo los ojos mientras me bajo
— Rebekah, tú no eres como el resto. Tú no me haces bromas sobre cómo conduzco.— ríe y me da las llaves
— Que fabulosa sorpresa.— sale Klaus por la puerta y se me baja la sonrisa — Mi hermana y mi enemiga mortal juntas. ¿Saco palomitas?— ruedo los ojos
— Hazte el gracioso, Nik. Sabemos que lo que sientes por ella no es precisamente odio.— alardea Rebekah y relamo mis labios incómoda — Gracias por traerme.— nos despedimos de abrazo y se va a la casa
— Mejor me voy.— doy la vuelta y camino a mi auto
— ¿Estás loca?— frunzo el ceño y me freno
— ¿Disculpa?— me cruzo de brazos — ¿Quieres morir? Por que puedo buscar como. — sonríe
— Me debes una cita.— alzo mis cejas — Dijiste que si dejaba a Tyler, tú cenarías conmigo.— suspiro
— Yo no lo recuerdo.— se me acerca — Alucinas y esas cosas. Normal en ti.— se pone frente a mi
— Me debes una cita. ¿No tienes palabra?— lo veo molesta y ladea una sonrisa — Bien. Pensaba que...— lo interrumpo
— Tu en serio sabes cómo molestarme. Es como un don o algo así.— nos vemos fijamente — Tengo que ayudar a Stefan a conseguir la estaca que buscas para que no le arranques la cabeza.— suspira
— Creo que el puede hacer el trabajo solo. Podemos cocinar o puedo conseguir un banquete.— alzo mi mentón — No te irás de aquí. Hicimos un trato.
— Soy una mujer de palabra. Me quedaré.— sonríe — Pero solo comeremos y me iré. Solo pediste una cena no una charla motivacional.— le paso por un lado para entrar a la casa
— Ah, olvidaba lo encantadora que eras.— expresa con ironía y encorvo una sonrisa
Entramos a su casa y se escucha casi solitario. Era una casa tan grande y se sentía que no había ningún alma por aquí. Tal vez no fue buena idea estar en una casa a solas con Klaus "conquistador" Mikaelson.
— ¿Al menos compraste ingredientes o planeas que ingiera glóbulos rojos? — ríe y toma unas copa de la mesa
Este seguro lo planeo todo y capaz y Rebekah ayudo.
— Se que te gusta el vino. Nada de whisky y esas cosas de ancianos como dices.— alzo una ceja y me ofrece la copa — ¿En serio quieres cocinar? Por que puedo solo yo...— la tomo de su mano
— Puedo cocinar. Hará más soportable todo esto.— bebo y me ve fijamente — Solo dime donde está la cocina.
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Narrador omnisciente
— Izzy, es la cuarta llamada que te hago. Solo quiero saber que estás bien. Llámame.— Stefan le deja un mensaje en el buzón de voz
— ¿Todo en orden?— pregunta Alaric con preocupación
— No lo se. No contesta mis llamadas.— guarda el celular en su bolsillo — No se si eso sea un problema.
— No tienes que cuidarme. Izzy está sola en el pueblo y Klaus está aquí. Eso si debe preocuparte.— el vampiro se tensa
— Intento no pensar en ello. Lo mejor sería que yo me quede y...— lo interrumpe
— No se necesita mucho para cuidarme mientras espero un trastorno psicótico.— aclara
— Desafortunadamente sólo tenemos una cantidad limitada de tiempo.
— ¿Antes de que?— pregunta Alaric con interés
— Antes de recurrir a otros métodos.— expresa incómodo
— ¿Te preocupa que debas torturarme para que salga?— insinúa y Stefan suspira — Bien. Suena encantador.
— Espero no tener que recurrir a ellos.— expresa sincero
— ¿Qué hay contigo e Izzy? Parece que estás algo afligido y eso insinúa a una chica. Ambos sabemos cuál.— el vampiro da un suspiro largo
— No importa lo que yo haga por recuperarla...luchar contra mi sed de sangre. Intentar a recuperar el control de mi vida. Nada de eso importa si ella quiere a alguien más.— Alaric alza sus cejas ante la revelación
— ¿Quien?— pregunta con interés y el vampiro se queda callado — ¿Damon?— se escucha un timbre y Stefan se levanta
—Eso es raro.— sale a velocidad vampírica, abre la puerta
— Hola.— saluda Sophia — Buscaba a Elena e Izzy, pero no estaban en casa.
— Eres la tía de Elena. Sophia.— ella asiente — ¿Que haces aquí?
— Es el único lugar que conozco después de la casa de los Gilbert. Parece que no hay nadie.— el vampiro se preocupa al instante
No había sabido nada de Izzy en todo el día.
— ¿Has hablado con Izzy?— menea su cabeza
— ¿Por que? ¿Hay problemas?— cuestiona preocupada
— No. Al menos eso creo...¿puedo confiar en ti?— la castaña frunce el ceño — Olvídalo.— la toma de los hombros y la ve fijamente — Te vas a quedar aquí a cuidar a Alaric. No harás preguntas...— retrocede
— Uso verbena.—aclara y Stefan frunce el celo — Crecí aquí, Stefan. Grayson Gilbert era mi amigo. Conozco los secretos del pueblo.— la ve con intriga
— ¿Quien eres?— la castaña suspira
— Alguien que vino a ayudar. Yo cuido a tu amigo, tú ve a buscar a Izzy. Creo que es lo que te inquieta.— el hace una mueca desconfiando — No soy tu enemiga. No soy como el resto.— suspira
— Bien. Solo...intenta no acercarte mucho y cuídate. El tiene un alter ego homicida.— alza sus cejas — Es lo más normal en el pueblo.— Stefan sale de casa en su búsqueda
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Isobel
— Vas a dejar la pasta salada si sigues poniéndole tanta sal.— lo regaño y lo muevo del sartén
— Creo que se como hacer un pasta. He conocido los mejores restaurantes y chefs del mundo.— hago una mueca y le bajo a la flama
— Pues parece que de nada sirvió. Cuando sazones la salsa le dará el sabor. Solo deja de llevarme la contraria.— guiso los tomates y siento su mirada
La pasta era mi comida favorita. Es lo más delicioso en el mundo y creo que jamás podría dejar de comerla. Eso y la pizza. La italiana le da al clavo.
— Háblame de ti. Cosas interesantes.— saco los tomates y los pongo en la licuadora
— Soy Géminis. Mi color favorito es el verde. Odio las películas de romance por que son un total cliché y siento que todo se basa en ficción y una farsa para cautivar a la audiencia.— me pasa el sazonador — Nadie se enamora tan fácil de alguien y mucho menos encuentras el amor a la vuelta de la esquina. Es más difícil que eso.— prendo la licuadora y todo comienza a mezclarse
— ¿No te gusta el amor?— volteo a verlo y nuestras miradas congenian
— La vida no tiene sentido sin ello.— apago la licuadora — Solo pienso que no es tan fácil. Creo que aún no he sentido esa conexión tan fuerte para saber que significa.— Klaus saca la pasta para colarla
— No te ves de las que no se enamoran.— expresa incrédulo y pongo un sartén en la estufa
—Todo parece nuevo. Seguro no lo usas.— evado la pregunta y voy al refri, saco la mantequilla
Extrañamente tenía el refri totalmente lleno. Eso era raro. No se ve de los que va a hacer el súper.
— Por que todo lo compré hoy.— volteo a verlo con sorpresa — Quería hacerte la cena. Pero claramente a ti nadie puede hacerte algo por que eres la que da las órdenes.— ladeo una sonrisa y pongo la mantequilla en el sartén
— Solo una vez me imagine mi vida en el futuro.— vierto la salsa — Como sería ser amada. Tener un matrimonio. Hijos y esa vida tradicional y feliz que algunas personas tienen.— comienzo a revolver con el cucharón — Supongo que anhelaba lo que nunca pude tener.— solo mezclo — Jamás tuve eso.
— Te entiendo. Yo tampoco.— volteo a verlo — Te hace solitario y te cierra puertas. No expresas lo que sientes y te niegas a sentirlo por que es algo nuevo.— tenemos contacto visual — Yo me negué al amor hace mil años. Tampoco recuerdo lo que era estar enamorado.— rompo el contacto para ver la sala
— Supongo que somos dos almas atormentadas y con muchos traumas.— me burlo y ríe — Aunque tiene algo de coherencia tu filosofía.— acerco el cucharón para probar el delicioso sabor que satisface mis papilas gustativas — Prueba.— se la acerco a Klaus y no me quita los ojos de encima, relame sus labios
— Está deliciosa.— mi pulso se eleva mientras ninguno de los deja de mirarse. Como si fuéramos las únicas personas en el mundo — Tienes algo de...— pasa su pulgar cerca de mis labios y la piel se me eriza poniéndome más que nerviosa
— La cena está lista.— me aparto y apago la estufa
— Saco los platos.— menciona Klaus y comienzo a acomodar las cosas en la mesa, el me ayuda y después de unos minutos todo está listo
— Eres una gran cocinera. Podría acostumbrarme a esto.— alzo mis cejas y me siento en la silla. Estábamos frente a frente pero algo lejos. La mesa era larga.
— ¿En que sentido?— tomo mi tenedor y agarro algo de pasta
— Como mi novia.— meneo la cabeza y como, suelto un gemido ante el delicioso sabor
— Ya me puedo casar.— alardeo y bebo algo de vino
— ¿Consideras el matrimonio?— bajo la copa — Solo en general.— suspiro pensativa
— No, en realidad no.— pongo parmesano — No soy de las que se viste de blanco. Dice votos y te promete ante miles de personas que se amarán hasta la muerte. Es un cliché.— me ve fijamente y sonríe
— Eres tan diferente al resto. Te miras de las que se casan con los ojos cerrados.— alzo mis cejas — Me gusta que seas realista. Que estes dispuesta a no ser como el resto. Eso brilla en ti.— sonrío
— Para ser honestos. Tampoco te ves de los que se casan y tienen hijos.— suelta un risa y come — Digo, ¿al menos una vez lo pensaste cuando eras humano?
— No soy paternal. No se si te das cuenta del monstruo que tuve como padre.— me llevo el tenedor a la boca — Así que nunca me interesaron los hijos. No sería un buen padre.
— Y yo no tuve padres. Así que no se lo significa el amor incondicional de una familia. O al menos ser madre. No tuve un ejemplo que me enseñara. Bueno, con Jenna es diferente. Hasta mis 18 años conocí lo que era esa clase de amor.— bebo vino
— Yo creo que si serías una buena madre.— lo veo con atención — Amas y cuidas a los que te importan. Con tu familia parece que eres capaz de matar hasta al más invencible. Si tienes eso...eres capaz de amar al resto.— lo veo conmovida — ¿Por que te gusta pintar? Parece que es una cualidad que ambos compartimos.— asiento
— El pintar es una metáfora del control. Cada decisión es mía: El lienzo y el color. De niña no tenía idea del mundo ni mi lugar en el. El arte me enseñó que una visión puede cumplirse con simple fuerza de voluntad. Ahí era quien yo quisiera y mi presencia no importaba. No me sentía sola por que yo era la que dominaba. Lo mismo pasa con la vida. Siempre que evites que algo se cruce en tu camino.— me ve fijamente. Con ese brillo en sus ojos celestes
— Tienes una hermosa perspectiva. Ves el mundo de una forma realista y eso me encanta. Eres muy madura para tu edad.— relamo mis labios y tenemos contacto visual
Me gusta que vea eso en mi. Que no me vea como una niña que no ha vivido nada y se va a romper en cualquier momento.
— La edad es un número. Eso no define el nivel de madurez. La experiencia es quien te hace quien eres. Es lo que cuenta. — asiente y relame sus labios sin quitarme la vista de encima.
— Te quiero enseñar algo.— bajo la mirada a mi plato y noto que ya había terminado — Vamos, Iz. Quita tus prejuicios y solo intenta verme más allá de ellos. — se levanta de la silla — Deja la estúpida profecía y conóceme. Contigo soy diferente.— me levanto
— Ese es el problema, Klaus. Conmigo lo eres pero con el resto eres el monstruo.— me acerco — Tienes dos facetas. No puedo quererte si lastimas a mis amigos o estar contigo. Si tú les haces daño, me lo haces a mi. Eso no es amor.— siento el nudo en el estómago y noto que le dolieron mis palabras, su mirada cambió de ilusión a decepción. — Es mejor que me vaya.— le paso por un lado y me toma del brazo frenándome
— Quédate.— volteo a verlo para tener contacto visual — No te rindas conmigo.— mi mirada se entierna
— Klaus...— me pauso al escuchar la puerta
— ¿Quien es?— me suelta y va a la puerta, yo voy por platos para recogerlos
— ¿Dónde está? Nadie ha sabido de Izzy.— me quedó perpleja al escuchar los gritos de Stefan — Juro por Dios que si le hiciste algo...— salgo corriendo de la forma más rápida posible
¿Dios? Soy tu hija. ¿Por que me haces esto?
— Ella no está aquí, Stefan. No se por que vienes a invadir mi hogar.— me cubro la boca y me encierro en el baño
— Su auto está en la entrada.— golpeo mi frente — Así que no mientas.— meneo la cabeza y abro la puerta del baño — ¿Qué le hiciste?— me acerco
— Stef...— frunce el ceño al verme — Estoy bien.
— ¿Que haces aquí? Algo te hizo?— se me acerca preocupado
— Estoy aquí por mi voluntad.— aclaro y arruga sus cejas — Le debía una cita por Tyler. Lo siento.— noto la desilusión en sus ojos
— ¿La estás usando?— intenta ir sobre Klaus e intervengo
— Stefan, para.— cruzamos miradas — Es mi palabra la que le di. El no me obligó a nada.— retrocede y se escuchan pasos
— ¿Por que el escándalo?— pregunta Rebekah y Stefan y yo nos vemos fijamente
— ¿Tu quieres estar aquí con el?— cuestiona con incredulidad y solo lo observo sin expresar negación — No puedo creerlo.— se va decepcionando
— No. Stefan.— voy detrás de él —Habla conmigo, por favor.— suplico
— Quédate, Izzy. Disfruta la cena.— siento el nudo en la garganta — Sin culpas.— se sale y me paso las manos por el pelo
— ¿Qué sucede?— cuestiona Rebekah y salgo con el
— Solo déjame explicarte, nosotros...— me interrumpe
— Solo decídete, Isobel.— me alza la voz y lo veo sorprendida — Ya no puedo estar montado en tu montaña rusa. Acepta que estás enamorada de él y deja de fingir lo contrario. Estás tan aterrada de amar que no te das cuenta de lo que tienes enfrente. Solo no quieres — mis ojos se cristalizan — Desde hace meses te he dicho lo que siento por ti y tú solamente te reservas a expresarlo. No puedo seguir haciendo esto. Nunca me eliges y me rompes el corazón.— se me resbala una lágrima por el dolor en el pecho — Tal vez tú no sales herida, pero yo si. Te he esperado por mucho tiempo. Elige a quien quieres en tu vida para que el otro pueda superarte y seguir adelante. Ya no me des esperanzas.— nuestras miradas se encuentran con dolor y el termina yéndose
— ¿Estás bien?— me pregunta Rebekah y solo lágrimas fluyen mientras lo veo irse
— No lo se. Tiene razón.— bajo la mirada — Se lo que siento por el. Pero también por...— me pauso
— Si no lo vives, Izzy, jamás vas a saber lo que se siente estar enamorada.— limpio mi rostro — Deja de retener al amor por dolor. Por miedo.— volteo a verla — No vas a ser feliz.— asiento
— Tienes razón.
Creo que lo que me da miedo es aceptar que tengo más sentimientos hacia Klaus que con Stefan. Siento que voy a perderlo y hacerlo...es como si un trozo de mi se rompiera. No quiero perderlo. Lo quiero mucho. Me siento atrapada por que no se que me depara con Klaus.
Con Stefan es a lo seguro. Se que el me hará feliz y que si estoy con el no tengo que dividir mi corazón entre el hombre que amo, mi familia y amigos. Por que se que el siempre me va a escuchar y apoyar. Que los va a proteger y estamos del mismo lado.
Con Klaus...wow con Klaus. Se que será un amor que me consuma. Que me haga experimentar cosas que jamás creí posibles. Que ve en mi mucho más de lo que cualquiera ha visto. Me entiende de maneras que ni siquiera yo entiendo. Será pasional e intenso.
Todo se reduce a un "no se que hacer."
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Narrador omnisciente
La castaña había estado vigilando al pequeño criminal del sótano. Le daba algo de temor y confusión el hecho de que tuvieran a un hombre encerrado por su voluntad. Los hacía raros.
Ella bajaba a darle un vaso con agua y el rubio se sorprendió al ver a una mujer que no conocía.
— Te preguntarás quien soy.— le da el vaso — Stefan me puso como tú cuidadora. Soy Sophia. — la analiza
— Es extraño. No sabía que fueras parte del clan.— bebe y ella suspira
— Digamos que conozco mucho del tema. Crecí aquí así que...conozco los trapos bajo la mesa.— baja el vaso
— Eres de las familias fundadoras.— hace una mueca
— Más bien conocía a alguien de ahí.— frunce el ceño — Grayson era mi amigo en la escuela. El me contó del consejo y todo eso. Su padre estaba obsesionado con ello.— alza sus cejas — Tuvimos historia.
— Entonces vienes de la nada y te ponen de responsable de un fallido cazador/amigo de bebida de vampiros.— expresa con pesar — Debe aburrirte.
— No tenía nada que hacer igual.— aclara y el rubio le ofrece su mano
— Alaric Saltzman por cierto.— la castaña alza sus cejas — Si vas a vigilar al alter ego homicida, al menos debes saber su nombre.— las estrechan
— Tu eras el esposo de mi hermana.— se sueltan y el la ve sorprendido — Al fin te conozco.
— Isobel no mencionó que tuviera una hermana.— expresa incrédulo
— Rompimos lazos. Me fui de casa y la dejé. No creo que haya sido digno de contar.— aclara y el resopla
— Que pequeño es el mundo. Siempre supe que Isobel tenía una vida secreta y secretos. Parece que no la conocía del todo.— menciona abrumado y ella se apoya en la pared
— Siempre supo lo que quería. Salir de casa y conocer el mundo. Era una chica muy solitaria. Nadie sabía lo que realmente quería. Solo sabía que haría cualquier cosa para conseguirlo.— aclara y el resopla asintiendo
— Supongo que vienes por algo. No es como que visites al pueblo. Nadie viene de turismo.— ella sonríe
— Vine a conocer a mis sobrinas. Siempre supe que tenía una pero no dos. Digamos que la vida ya es solitaria. Me cansé de no tener a nadie. Es deprimente.— menciona sincera y el asiente
— Y yo tengo un alter ego homicida de vampiros y mi novia es una. Es triste no poder estar con la mujer que amas por que eres un desastre que tú mismo creaste.— ella suspira — Hay un vacío.
— Es muy sentencioso.
— El punto es...que el soy yo. No estoy hipnotizado ni poseído. No hubo ningún cambio.— la castaña baja la cabeza — Lo que lo impulsa soy yo.
— No. No, el no eres tú. El es las partes más oscuras de ti. Partes que todos tenemos.— expresa con empatía y el asiente
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Isobel
Había regresado a la casa por que necesitaba tener una conversación con Klaus. Ya no podía seguir negando lo que siento, o al menos no expresarlo.
— Pensé que te irías con Stefan.— me dice Klaus en el estudio. Tenía un trago en la mano
— No creo que quiera estar conmigo en estos momentos.— asiente y bebe — ¿Por que el interés en mi? Hace semanas te pedí una respuesta sobre el porqué te gustaba y no solo por el parecido con la mujer que alguna una vez amaste.— deja el vaso y se queda callado unos segundo
— No soy bueno expresando lo que siento, yo...— lo interrumpo
— Nunca me diste una respuesta. Tú solo quieres a tus estúpidos híbridos. Por eso te intereso. Por mi sangre.— le reprocho y me alejo
—¿Eso es lo que crees que siento por ti?— pregunta incrédulo y me freno — Pensé que había sido más claro contigo.— frunzo el ceño y me doy la vuelta, se me acerca
—No, aléjate.— continúa viniendo hacia mi evitando mi petición — Klaus...—me interrumpe
—No me importan mis híbridos.— lo veo con sorpresa — No quiero tu sangre. Renunciaría a ellos si eso significa que tengo a ti. — alzo mis cejas — La única cosa que deseo y quiero en este mundo, eres tú. Nada mas me importa.— me quedo estática y el toma mis manos — Tú eres todo para mi, Izzy. Todo.—siento que el corazón se me quiere salir del pecho
Estaba más que impresionada por sus palabras. Me llegaron al alma. No tenía casi aliento pero si dudas.
—¿Porque? ¿Que he hecho yo por ti? ¿Por que me quieres con esa fuerza?.— reclamo y sube sus grandes manos a mi rostro poniéndome nerviosa
—Por que tú me hiciste sentir vivo de nuevo.— mis ojos se cristalizan y acaricia mi rostro — Tú hiciste que sintiera emociones después de mil años de soledad. Tú. — soba mi mejilla y lo veo iluminada —Tú me diste la compasión que nadie me ha dado. No quiero perderlo.— sonrío ligeramente y se me derrama una lágrima que el limpia — Tú eres lo mejor que me ha pasado. Eres la mujer más asombrosa e extraordinaria que haya conocido. Tú Izzy, eres mi esperanza.— sonrío y lo abordo con un beso. El sujeta mi rostro con sutileza mientras yo rodeo su nuca con mis brazos. Sus labios carnosos se aferran a los míos.
No podía negar que yo lo quería. De alguna extraña manera me sentía atada a él. Todo lo que dice me hace sentir tan especial y amada. Nadie me había querido con esa fuerza o se había expresado de mi de esa manera.
El había renunciado a lo que más quería por mi. Dejo su egoísmo por mi. Eso fue el acto menos desinteresado que el había hecho. El de alguna manera siempre buscaba la forma de hacerme feliz y hoy me cayó en cuenta. Solo temo por el proceso. Nada será fácil con el. No estoy segura de formalizar.
El movimiento de su boca con la mía era intensa. El deslizó sus grandes manos hasta mi cintura donde las aferró a mi cuerpo. De solo sentir el impacto que conlleva el choque de su piel contra la mía, el sabor dulce que me hace saborear su boca entera, sin pausas. Aunque me falte el aire, siento que en estos momentos puedo sobrevivir a base de besos, húmedos, calientes y vivaces. La temperatura iba subiendo al punto de sentir que iba a soltar un gemido.
Con resistencia me separo. Lo observo sin perder el más mínimo detalle y el hace exactamente lo mismo.
— Somos una causa perdida.— el menea su cabeza y pone mi cabello tras mis orejas
— No, amor. Tú eres mi perdición.— ladeo una sonrisa y doy un paso atrás liberándome de su agarre
— Estoy lista para esto...— voy bajando el zipper del vestido y el corazón me comienza a palpitar con fuerza que me iba a explotar — Si hacemos esto, nadie puede saberlo, ¿entendido?— me bajo el vestido y alza sus cejas sorprendido.
Parecía estudiar cada parte de mi cuerpo y por alguna razón no me sentía expuesta. Me sentía cómoda. El me observaba con un brillo en sus ojos que me hacía enternecer. Cada nervio en mi cuerpo zumbaba. Sentía mariposas en el estómago y nerviosa. Yo había agradecido a Dios que me puse ropa interior decente.
— Izzy.— el viene sobre mi y me lleva a sus brazos aferrándose a mi cuerpo. Sus labios se juntaron con los míos provocando un beso explosivo. Rodeo su cadera con mis piernas mientras me va llevando por la casa.
Entramos a su habitación y me deja recostada en la cama. Me acomodo y el se va sacando la camisa mientras lo admiro con una sonrisa. El pone su vista en mi y apoya un brazo en la cama
— ¿Estas segura que es lo que quieres?— lo veo con ternura ante el nerviosismo — No quiero hacer nada que tú no quieras. Te respeto.— sonrío
— Se que quiero hacer esto contigo.— expreso sincera y viene sobre mi besándome el cuello.
La piel se me erizó al segundo del sutil tacto. Estremecía mi cuerpo con tal satisfacción que apretaba con fuerza las sábanas de seda. Recorrió mi cuerpo con lentitud, disfrutando de cada hueco y cada centímetro de mi piel.
Se mueve por mis pechos para llegar a mi abdomen. Mi respiración comenzaba a agitarse cada vez que bajaba. El corazón me estallaba y querías explotar. Jamás había sentido esta clase de satisfacción en mi vida.
El tenía el cuidado con mi cuerpo. Cuidándome de no herirme o lastimarme. Era un gesto lindo de su parte. Cada movimiento lo calculaba, casi para que fuera perfecto. Era mi primera vez teniendo intimidad.
El va bajando mi ropa interior alterando toda mi química. El alza la vista para mirarme a los ojos y asegurarse que le di permiso. Muerdo ligeramente mi labio inferior y me preparo mentalmente para lo que va a suceder.
Me iba a acostar con Klaus Mikaelson. Y este momento iba a quedar en mi memoria para siempre.
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Narrador omnisciente
— Stefan, volviste.— expresa la castaña al verlo pasar por la puerta — Tardaste.— el suspira
— Lo siento. Necesitaba pensar. Tengo más en la cabeza de lo que quisiera.— le ofrece un trago
— Tu amigo Alaric sigue siendo Alaric.— agarra el vaso de su mano — Me dijo algo sobre que debía traer a su alter ego para encontrar una estaca.— el de sienta en el sofá y ella lo acompaña — No entiendo la importancia.— suspira
— No tienes idea de lo complicado que es esto.— el bebe y lo nota afligido
— Algo te molesta. ¿Qué es?— el voltea a verlo — Si puedo saberlo, claro.
— La mujer que amo está cenando con el hombre que más odio. Eso pasa.— se bebe el whisky de corrido y Sophia lo ve impresionada
— No esperaba eso. ¿Izzy?— el asiente y deja el vaso en la mesa — ¿Por que?— da una suspiro largo
— No lo se. Sinceramente no entiendo como alguien como ella pueda fijarse en un tipo como el. Izzy es la imagen de la pureza y la luz. Klaus es la imagen de la oscuridad y el terror. No falta mucho para que el haga algo que termine llevándose todo lo bueno que hay en ella.— expresa con pesimismo y se prepara de beber
— Creo que ella tiene el derecho de experimentar. Aunque el no es hombre que ella merece. Cuando se de cuenta. Seguro regresa a ti.— la ve con atención — Izzy es muy inteligente. No tardará en darse cuenta que Klaus no es el hombre para ella. Debemos dejar que eso pase.— el frunce el ceño y bebe
— ¿A que te refieres?— suspira
— A que debemos hacer todo lo posible para impedir ese amor. No permitiré que Izzy termine como Ana y Genevieve. Sobre mi cadaver que ella muere gracias a Klaus.— le ve con confusión ante el comentario
— ¿Como conoces todo eso?— ella se tensa y el se acerca — ¿Quien eres, en serio?
— Alguien que vino a proteger a alguien que ama.
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Isobel
Había pasado la mejor noche de mi vida. El paso que acaba de dar fue algo...grande. Había tenido intimidad con el hombre que amo. Y si, por fin puedo decirlo por que tengo la confianza de que lo quiero. De que nadie ha hecho tanto por mi como el. Tal vez el destino nos unió por una razón. Por que sabía que el y yo éramos la pieza perfecta.
— ¿Como te sientes?— me pregunta mientras estoy recostada en su pecho acariciando su piel desnuda
— Feliz. Cómoda. Inmensamente feliz.— el desliza su mano por mi pierna — Fue la mejor noche de mi vida.— se detiene
— ¿Que es eso?— quito la pierna rápido y me levanto
— Nada.— me apoyo en el cabecera y me cubro con la sabana, el había visto mis cicatrices.
— Izzy, puedes confiar en mi.— aclara sereno y lo veo fijamente
— Antes me cortaba.— expreso con vergüenza y el alza sus cejas — Era más fácil para mi lidiar con el dolor físico que con el mental. Así que cuando tenía quince lo hacía. Me sentía fuera de la órbita y solo quería ver si aún era capaz de sentir alguna emoción. Que no era de hielo. Que aún era humana.— bajo la mirada y siento como me desprende la cobija de encima — Klaus...— se acerca y las besa, el corazón se me detiene
— Jamás vas a sentirte de esa manera mientras yo viva.— lo veo enternecida y lo tomo del rostro para besarlo
— Te amo.— suelto sin pensarlo y sus ojos se iluminan como árbol de navidad — En serio lo hago. Es la primer vez que admito esto.— me aborda con un beso del cuál me aferro. Lo sostengo de la nuca mientras el me lleva a sus brazos jalándome del otro lado de la cama — No lo haremos de nuevo, Niklaus.— sonríe y suena mi celular — Tengo que contestar. Luego van a creer que estoy muerta.— me quito de encima y voy por el
Lo bueno que podía ir en ropa interior por la casa. Rebekah salió por unas cosas. Hubiera muerto de vergüenza si nos hubiera escuchado.
Tomo el celular de mi bolso y veo el nombre de Stefan. Un nudo se forma en mi garganta. Debía dejarlo ir. Era lo mejor para el.
Había dejado un mensaje
Encontramos la estaca. Te necesito para que entres, está en la cueva de los Lockwood.— alzo mis cejas y bajo el teléfono
— Klaus.— le hablo y tomo mi vestido del suelo, corro a la habitación— Buenas noticias. Alaric le dijo a Stefan donde está la estaca.— me voy vistiendo mientras me ve desde la cama
— Vaya, hasta que Stefan sirve de algo.— resoplo molesta — Cierto, es intocable.— me siento en la cama para ponerme los tacones
— Así es, lo es. Sigue siendo alguien importante para mi y en serio espero que dejes de intentar matarlo o te las verás conmigo.— me levanto — Debemos aclarar algunas cosas.— frunce el ceño
— ¿Como que?— inhalo hondo
— Nadie puede saber de esto. De nosotros.— me ve sorprendido — No quiero que nadie me juzgue ni venga a decirme el por qué eres mala persona y hago lo incorrecto. Que esto esté entre nosotros.— aparta la mirada
— Eso es muy difícil si Stefan Salvatore intenta coquetearte cada que puede.— expresa inconforme
— Yo lidio con eso. Te daré tu lugar aunque nuestra relación sea secreta.— me tiro a la cama y voy moviéndome hacia el — Te quiero a ti. Hoy me diste la seguridad que necesitaba para dejarte entrar en mi corazón. Eres el hombre que amo.— sonríe — Solo confía en mi como yo en ti.— asiente y le deposito un beso corto en los labios
— En ti confío. En Stefan no.— sonrío y me bajo
— No seas celoso. Hablaré con el. Lo prometo.— me veo al espejo para arreglarme — Te veo en casa de Stefan supongo.— hace una mueca y se levanta
— Ya deja de decir su nombre.— ríe y voy a la puerta — No tardaré.
Agarro mis cosas y salgo de la casa para dirigirme con Stefan. Debía aclarar algunos puntos con el. Debía dejarlo ir. Merece a alguien que lo ame de la misma forma que el.
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Narrador omnisciente
Klaus había terminado de vestirse y estaba listo para ir por la única arma que es capaz de acabarlo. Al ir a la puerta, se encuentra con alguien que lo deja sin aliento.
— Madre.— Esther se acerca y el híbrido la ve perplejo
— Hola, Niklaus...— el va sobre ella y la toma del cuello
— Dame una buena razón para no matarte.— expresa exaltado mientras la apoya en la pared
— Por que estoy muriendo y vengo a decirte la verdad sobre la maldición de las doppelgänger Petrova.— la suelta enseguida
— ¿Como que estás muriendo? Creí que bruja Ayana había preservado tu cuerpo con magia.— la rubia soba su cuello
— Lo hizo. Obtenía mi poder de la magia de las Bennett. Cuando rompieron el vínculo, mi cuerpo se ha debilitado.— aclara y resopla
— Bien. Lo único que me importa es lo que tienes que decir sobre Izzy.— se le acerca
— Por generaciones te has enamorado del mismo rostro. Las has perdido por una tragedia y tengo la respuesta.— frunce el ceño — Las doppelgängers Petrova siempre mueren por amor. Esa es su maldición. — la ve perplejo — Por esa razón han muerto en tus brazos. Amarlas es como un sacrificio. Siempre que terminan contigo las arruinas. Que te tengan en su vida es una tragedia.— el corazón del híbrido se rompe — Eres la perdición para Izzy. Vas a destruir su vida, Niklaus. Amarla va a condenarla.
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Isobel
Los nervios me recorrían por todo el cuerpo. Verle los ojos a Stefan va a destruirme. No quiero herirlo. Es la primera persona que me quiso y para mi es especial.
Entro a la mansión y me lo encuentro en el pasillo, cierro la puerta
— Hola.— saludo cálida y tenemos contacto visual
— Hola. Lamento como te hable, yo...— lo interrumpo
— No hay problema. Estamos bien.— paso saliva — ¿Como estás tú?— suspira
— Hice cosas que no quería.— alzo mis cejas — Pero obtuvimos el arma del momento.— frunzo el ceño
—¿Obtuvimos?— lo veo confunda
— Sophia ayudo.— encarno una ceja — Se fue a casa. Te manda saludos.— asiento
— Pues deberíamos irnos ya. Entre más rápido hagamos esto, mejor.— cuando estado por salir alguien abre la puerta
— No fue muy difícil, ¿o si?— alardea Klaus y Stefan coincide mirada conmigo, venia con Rebekah
— Yo voy por el.— comenta Rebekah y se va, Stefan me mira fijamente
— Supongo que le dijiste.— me dice Stefan y lo veo apenada
— ¿Por que le hablas así? ¿Como si fuera traición?— Klaus va a prepararse de beber — Ella no quiere que me mates por que su tía muere conmigo y posiblemente tu también. Aunque creo que esa no es la parte que le interesa.— noto que Stefan se molesta
— No quiero una pelea.— intervengo y siento el ambiente tenso
— No haré nada si el no hace nada.— advierte Klaus y nos miramos fijamente, me ve algo hostil
— Lo tengo.— llega Rebekah con Alaric y me quedo desconcertada al verlo cubierto de sangre y golpes
— No puede ser, Ric.— me acerco a revisarlo y Stefan me frena
— El no es Alaric.— frunzo el ceño — Es su alter ego.— me sonríe y lo veo con escalofríos
— Oh, Dios.— me llevo las manos a la boca preocupada
Me dolía ver a Alaric tan lastimado y perdido. La persona que había conocido hace meses, solo desapareció. Tenía un hoyo en el estómago.
— Es un poco gratuito, ¿no crees, Stefan? Habría sido más cuidadoso.— alardea Klaus y suspiro
— Lo llevaré a las cuevas. — sugiere Rebekah —
Irás adentro y buscarás la estaca. Y si crees que puedes esconderte, te equivocas.— lo lleva a la puerta y niego
— No. No. Yo voy.— opino y Stefan me frena tomándome del brazo
— Es mejor que no te involucres.— me pide y frunzo el ceño
— Es como un padre para mi. No dejaré que le hagan daño.— reclamo
— Y no lo harán, amor.— volteo a ver a Klaus — Le pedí a Rebekah que fuera gentil.
— Si le hacen daño, el menor de tus problemas será ese pedazo de madera.— advierto y camino a la puerta saliendo de la casa
— Izzy.— escucho a Klaus y me freno
— ¿Que?— volteo a verlo — No intentes nada.— bajo la voz con una sonrisa
— No lo haré. Por que no hay nada.— frunzo el ceño y se me baja la sonrisa
— ¿Qué?— expreso confundida
— Pensé que si lograba acostarme contigo recordaría a Genevieve.— expresa cínico y siento que el corazón se me hace trizas — Pero no lo fue. Solo me recordó lo mucho que la extraño.— los ojos se me cristalizan
— ¿Qué?— se me quiebra la voz y su mirada muestran frialdad. Como si fuera otra persona
La de un hombre que me estaba haciendo pedazos.
— Quería decírtelo, pero no era el mejor momento. Habíamos terminado.— mi estómago se encoge y siento náuseas.
No podría creer que esto era verdad. El pecho me iba a explotar por las ganas de llorar.
— ¿Por que haces esto? Por que me rompes el corazón? — expreso desesperada y lágrimas caen sobre mis mejillas
— ¿No es lo que querías? ¿Alejarme por que nuestro amor no era real? Pues tienes razón. No lo es. — el pecho se me hunde — No eres la mujer que esperaba.— una furia crece en mi y le suelto una cachetada
— Vete al diablo. Te odio.— salgo corriendo a mi auto con el alma hecha pedazos.
El me quebró por completo. Apenas podía siquiera respirar. Me sentía pisoteada y usada.
Me sentía rota.
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Narrador omnisciente
Al híbrido le frotaban lágrimas mientras la miraba llorar en el auto. Haber dicho esas palabras fue lo más cruel y lo más denigrante que jamás haya dicho.
Había renunciado a Izzy por que era lo que el más amaba. No quería perderla y arrebatarle la vida que merece y mucho más su luz.
Dejarla ir es lo más difícil que jamás haya hecho. Sentía que agonizaba de saber el dolor que le había causado. El no podía quitarle un futuro. Ya había destruido dos vidas. La de ella le importaba más que la suya.
Para el hoy fue la mejor noche de su existencia. Había estado con el amor de su vida. Compartieron algo único.
Si el tenía que vivir un infierno para que ella sea feliz...El estaría dispuesto a renunciar a su amor con tal de verla a salvo. Haciendo el acto más desinteresado que jamás haya hecho.
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