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┊ ˚➶ 。˚ ☁️ 13 ;; Yo soy su Madre.

—¡DaByul! —exclamó aquel hermoso pelinegro que la observaba como si aquella hermosa muchacha de ojos cafés fuese una obra de arte—. ¡Eres grandiosa~! —chilló nuevamente, enrojeciendo las dulces y suaves mejillas de la pelinegra sentada a su lado.

—¿T-tú crees~? —preguntó DaByul algo avergonzada ante el entusiasmo de SooBin. Su corazón latía rapidísimo, y eso le hacía pensar en muchas cosas. Pero lo que más presente estaba en su cabeza justo ahora, era esa hermosa sonrisa que SooBin siempre le regalaba cada vez que se veían.

—¡Sí! ¡Estoy muy contento! —dijo él con alegría y se acercó al rostro de la joven, qué se sonrojó aún más, pero aún así, se quedó observándolo, admirando cada bello detalle de su rostro.

—¿Contento?

—Tú estás contenta, yo lo estoy. —susurró SooBin y su cuerpo se movió un poco para acostarse entre las piernas de la chica—. Los amigos se contentan por los progresos del otro... ¡Y nosotros somos unos amigos muy buenos! ¡Casi inseparables! ¡Como las películas! —chilló emocionado, DaByul lo observó con sus ojos brillantes, y una de sus temblorosas manos se acercó a la mejilla del joven, pero dudó y casi la quitó, de no ser porque SooBin captó aquella acción y apoyó su esponjosa mejilla en la mano de DaByul. Esta se sorprendió, y ambos se quedaron viendo.

—Amigos... Eres como un sueño para mí, SooBin. —susurró ella y luego le sonrió con dulzura. SooBin no tardó en corresponder a esa hermosa sonrisa que ella le estaba dedicando. Ambos se quedaron allí, mirándose y sonriéndose, como si se conocieran de años. DaByul estaba contenta por los progresos que estaba teniendo, y aún más contenta de saber que SooBin estaba feliz por ella también. Pero ahora estaba empezando a surgirle un disgusto; pues ella también quería saber de qué se trataba la condición de SooBin. Ella quería alegrarse de los progresos que también tenía él, no solo ser escuchada. También anhelaba escucharlo y apoyarlo para que pudiese salir de allí, en lo posible, curado. Pero al no saber qué le sucedía, no tenía idea de cómo apoyarlo o ayudarlo. Era triste, pues tanto el doctor JungSoo como su doctora YongSun le habían negado aquella información, cosa que le daba aún más de curiosidad por saber qué es lo que le aquejaba a esa belleza de persona, a ese angelito sin alas (según ella). Entre muchas ideas que rondaban por su cabeza, una surgió. Pero era algo maliciosa, puesto que ya le habían dicho que no, y ella seguía insistiendo al respecto. Pero... tal vez funcionaría.

Solo debía esperar el momento adecuado para actuar. Esperó unos minutos en los que ambos estuvieron en silencio. DaByul lentamente apoyó su cabeza en el hombro contrario. Este sonrió un poco y un leve sonrojo se estancó en sus lindas mejillas. DaByul también estaba nerviosa y un poco sonrojada al respecto. Tomó aire como impulso y con aquel valor, comenzó a hablar.

—Oye, SooBin... —llamó ella y él la observó curioso y atento a lo que tenía para decirle.

—¿Sí? —preguntó aquel hermoso pelinegro con ojitos de cachorro.

—Tú... ¿Por qué estás aquí? —soltó ella finalmente y cerró sus ojitos nerviosa, esperando una respuesta. SooBin estaba algo confundido con la pregunta, por lo que arrugó su naricita pensando en qué responder.

—Aquí... ¿Aquí afuera? —preguntó él sin comprender—. Y es porque me gusta estar junto a DaByul.

—¿Q-qué? —chilló DaByul. No era a eso lo que se refería su pregunta, sin embargo la dulce respuesta de SooBin la tomó desprevenida y su corazón se aceleró al igual que sus mejillas enrojecieron. A partir de ahí, sus palabras salieron un poco... interrumpidas—. ¡N-no! ¡Y-yo no me refería a eso...!

—¿Entonces a qué? —SooBin actuaba tierno y eso enloquecía más a DaByul, más por el simple hecho de que SooBin era así naturalmente.

—A q-que... En el hospital... ¿P-por qué estás aquí en el hospital? —Se atrevió finalmente a preguntar. Los ojitos del chico parecieron brillar y luego apagarse. DaByul notó aquello y frunció el ceño sin entender del todo que sucedía. ¿Tan grave era? No, tal vez le era difícil recuperarse. Nada más. La pelinegra inclinó un poco su cabeza buscando la mirada perdida de SooBin, quién estaba algo aturdido. Su mano acarició la ajena, y éste observó a DaByul de repente.

—Bueno, yo...

Sí, ¡Al fin! ¡Al fin sabría acerca de él y lo que lo había llevado a ese hospital psiquiátrico! Y es que tal vez debería haber empezado por preguntarle a él, ya que él de seguro sabía el porqué de su internación en aquel lugar. Pero cuando parecía que todo estaría bien y que aquel hermoso pelinegro le respondería aquella enorme duda, alguien llegó para interrumpir todo.

—Pequeño cristal... —llamó el doctor JungSoo, apareciendo entre ellos dos. DaByul quedó quieta, con el corazón en la boca, pues temía que la estuviesen descubriendo, pero al parecer, no era así—. Tienes visitas. —dijo aquel bello doctor y a su lado llegó una mujer de cabellos castaños y lacios. Su rostro le pareció bello al instante, pero por alguna razón ya lo había visto en algún lado. Sí, se parecía a alguien que ya conocía, y a alguien que era muy cercano a ella, puesto que ese rostro era de... SooBin. Sí, aquella mujer allí parada era idéntica a SooBin. DaByul observó la situación algo incómoda, pues la señora la observaba y eso a ella la ponía nerviosa. No sabía quién era como para saber cómo dirigirse a ella. El doctor sonrió un poco y dejó escapar una carcajada, ya que había entendido perfectamente lo que sucedía. Por lo que decidió acomodar un poco sus anteojos y carraspear su garganta llamando la atención de los tres: de SooBin, de la mujer desconocida pero parecida a él y por supuesto de DaByul. Los tres observaron detenidamente al doctor y éste inclinó un poco su cabeza en señal de completa amabilidad, para luego volver a hablar—: Bueno, DaByul. Ella es la señora Min HaYoung. —presentó.

—¡Has venido a verme! —chilló SooBin de repente y DaByul se giró levemente viendo a aquel pelinegro que pegó un brinco y abrazó a la mujer que ahora sabía que se llamaba HaYoung.

—E-es un placer. —susurró ella algo avergonzada, ya que no entendía qué clase de relación tenía con SooBin. Tragó en seco ocultando sus nervios y decidió presentarse— M-mi nombre es...

—Sé quién eres, princesa... —confesó la mujer, tomando por sorpresa a DaByul, quién frunció un poco su ceño—. Tu nombre es DaByul. Han DaByul, ¿verdad, pequeña?

DaByul giró un poco su cabeza con curiosidad ante aquello. Evidentemente la mujer sabía quién era ella. Lo que le causaba confusión era el porqué de eso. ¿Quién le habrá dicho? ¿Era algo bueno o malo? A decir verdad, le asustaba un poco porque no sabía qué clases de conocimientos tenía la mujer, HaYoung, sobre ella. No tenía la menor idea de si eran cosas negativas o positivas las que se había enterado. Pero bueno, aquella mujer ya estaba en frente suyo, y solo le quedaba averiguar el porqué la conocía. Se enderezó un poco y asintió ante el nombre que dijo la señora y luego tragó en seco algo nerviosa

—Así es... Me llamo Han DaByul. —respondió afirmando, y luego quiso preguntarle—: ¿Cómo...?

—¿Cómo conozco tu nombre? —completó HaYoung la pregunta de la joven, y DaByul asintió rápidamente—. Bueno, eso es porque pues... Eres la chica que hizo que mi hijo estuviese feliz y animado estos últimos días. Y como a SooBinie le interesas, yo tengo que saber quién eres. —DaByul quedó atónita—. Bueno, como ya lo dije, yo soy su madre.

Y fue allí cuando comprendió todo. Aunque siendo sincera, lo que descubrió le sorprendió un poco bastante, ya que el enterarse de que SooBin estaba mejor gracias a ella le hacía sentir un corazón alegre y emocionado, muy contento. La idea de que aquel hermoso pelinegro pensara en ella fuera de sus encuentros en el jardín, le volvía loca de amor. Sus mejillas se tornaron rojizas ante aquellos pensamientos y por inercia las tocó notando lo calientes que estas estaban. Sonrió un poco, aunque apenas notable, pero lo hizo. Estaba feliz, y la idea de quién ahora sabía que era la madre de SooBin la conociera, ya no le aterraba en absoluto. Levantó su mirada y la enfocó en SooBin, quién le sonreía dulce y hermoso como siempre, para luego mirar a la mujer, Min HaYoung, madre de SooBin. Como pudo DaByul se levantó e hizo una reverencia ante la señora que la miraba con una sonrisa algo divertida. El doctor Park JungSoo ayudó a DaByul a sentarse nuevamente.

—Es un placer, señora Choi. —mencionó DaByul.

—¡Oh, por favor! Solo dime señora Min. Hace años que soy viuda y decidí no usar más el apellido de mi difunto esposo...

—Lo siento, no lo sabía... —se disculpó la más joven.

—No te preocupes, cielo.

—¡Mamá! ¡DaByul es una gran amiga! ¿Sabías que le gusta las flores? ¡Amo regalarle flores! —chilló SooBin. DaByul se sonrojó y miró hacia abajo con una sonrisa boba. Su madre asintió con una sonrisa hermosa, como la de su hijo, y acarició los cabellos negros del mismo.

—Lo sé, pequeño. Lo sé...

—Bueno, ehm... —habló el doctor JungSoo interrumpiendo el ambiente—. Pequeña DaByul, ahora debo llevarme a nuestro pequeño cristal junto a su madre para efectuar correctamente la visita. YongSun estará aquí en unos segundos para llevarte a tu terapia grupal, ¿Está bien?

—Sí, vale... —susurró ella algo desanimada, pues quería compartir más con la madre de SooBin, saber más sobre aquel hermoso chico que se había cruzado en su camino así como si nada. Pero ahora que la conocía, sabía que pronto tendría la oportunidad de saber más acerca de Choi SooBin, su infancia, sus momentos más divertidos, los más dolorosos, y el porqué de su estadía aquí. Y allí fue cuando recordó que no había podido averiguar lo que pasaba con SooBin como para haber sido internado en un psiquiátrico como este. Suspiró resignada, pues tendría que seguir intentándolo. Sus ojos se desviaron a su doctora que venía llegando.

—Lamento la tardanza... Buenos días, señora Min. —saludó Kim YongSun con su hermosa sonrisa característica. Luego se giró a DaByul y se acercó aún más—. Bueno, princesa. Es hora de irnos a tu terapia grupal.

DaByul simplemente asintió.

—Nos estaremos viendo más rato... ¡Hasta pronto! —saludó HaYoung y DaByul asintió moviendo su manito en señal de despedida. SooBin se acercó a DaByul y dejó un corto besito en su mejilla. Ambos se miraron de cerca, los ojos brillantes y profundos de SooBin invadieron en lo más profundo de DaByul, y ésta sonrió embobada.

—Nos vemos luego, SooBin.

—¡Hasta pronto, DaByul~!











—Esta semana fue difícil para mí. Tuve varias recaídas y fue difícil volver a componerme... —habló TaeHyun, uno de sus compañeros de terapia. DaByul escuchaba atentamente al igual que el doctor y el resto de sus compañeros.

—Todo a su tiempo, joven Kang. Lo bueno es que has mejorado desde que entraste. ¿Cómo te sientes ahora que a pesar de todo, pudiste llegar una semana más a tu terapia? —preguntó el doctor especialista Kang DaeSung.

—A decir verdad, yo... me siento aliviado.

En algún momento, DaByul dejó de prestar atención, ya que su turno todavía no llegaba. Por mucho que lo intentara, tenía su cabeza en otro lado: tenía un poco de hambre, sueño y ganas de reencontrarse con la madre de SooBin nuevamente. Divagaba en si aquella mujer ya se había retirado del establecimiento o si todavía yacía allí. Pero no lo sabía porque estaba allí. Suspiró y miró por la ventana, llevándose la sorpresa de que la mujer estaba en uno de los asientos de afuera, sentada, como si esperase algo. Su corazón se aceleró, puesto que quería correr y sentarse junto a ella para saciar sus ganas de charlar un poco. Pero todo se detuvo cuando el psicólogo DaeSung le habló, ya que era su turno hablar acerca del progreso o retroceso de su transcurso en la semana. Suspiró y comenzó a hablar.

—Bueno, yo... Yo estuve relativamente bien. —comenzó DaByul a hablar—. Sigo saliendo al jardín, ya que allí puedo comer tres comidas al día... A veces tengo recaídas, pero... Estoy encaminada y eso me asusta.

—Es completamente normal sentirse asustado cuando todo está yendo correctamente, ya que puedes recaer en cualquier momento y la presión de arruinar todo tu progreso y arduo trabajo es constante. Pero si llega a ser así, no te angusties. Estás aquí para mejorar completamente, y aquí se atenderá todas las recaídas que tengas. —afirmó DaeSung.

DaByul asintió escuchando y luego pensó:

"¿Qué tipo de recaídas serían las que aquejan a SooBin?"

Y es que llegó a un punto en que le importaba más SooBin que su salud... y no sabía por qué.

La pelinegra salió de su terapia caminando con tranquilidad mientras pensaba en todo lo que el psicólogo le había dicho, y en lo que ella había logrado esta semana. A decir verdad, ella notaba lo mucho que SooBin había hecho mejorar su vida, su autoestima y su enfermedad. Al mismo tiempo dudas surgían dentro de ella, debido a que si ella mejoraba y se iba antes que él, ¿Podría volver a verlo alguna vez? Realmente eso la estaba preocupando y le ocasionaba leves espasmos de ansiedad, por no poder hacer nada al respecto y por no poder tener una respuesta certera ahora mismo. Entre tantos pensamientos que le aquejaban mientras ella miraba hacia abajo, cuando entró en razón y alzó su mirada para prestar atención a la realidad, notó que su doctora le estaba esperando afuera con una cálida y hermosa sonrisa, la que siempre le caracterizaba. DaByul la observó confundida (y es que casi siempre eran enfermeros o guardias de seguridad quienes la llevaban a todos lados) y se acercó a ella a paso lento para descifrar el porqué de su presencia. La doctora Kim YongSun se acercó a ella también y puso una mano en la delicada mejilla de la joven.

—¿Cómo te fue? —preguntó la mayor con suavidad, relajando un poco a DaByul.

—Bien, supongo... —respondió ella con un tono bajo en la voz. YongSun ensanchó su sonrisa.

—Me alegro muchísimo, princesa. Te preguntarás por qué estoy aquí, ¿Verdad? —DaByul asintió ante la pregunta de su médica, y ésta prosiguió—: Bueno, verás... Hay una mujer allí, —señaló y la menor observó hacia donde ella lo hizo—, así es, una mujer allí que está esperando a una jovencilla llamada Han DaByul para tener una pequeña charla.

DaByul sonrió enormemente al ver quién era. ¡Era por eso que no se había ido!

—¡Es la señora Min!

—Exacto, princesa. ¿Quieres ir a platicar con ella antes de que se vaya y que tú vuelvas a tu habitación?

La menor asintió frenéticamente, con entusiasmo. Sin duda le interesaba y emocionaba charlar con la madre de SooBin, puesto que así podría saber más cosas sobre aquel lindo joven de hoyuelos preciosos y sonrisa cautivadora. Quería saber todo, si es que eso era algo posible. YongSun asintió también y comenzó a guiarla hacia donde estaba la señora Min HaYoung. Al momento de llegar, la señora mayor se levantó y extendió sus brazos con una sonrisa encantadora, muy parecida a la de su único hijo.

—¡Nos vemos de nuevo, señorita DaByul!


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