
Anormal
Narrador omnisciente:
—Debía asegurarme que el director no te matará por ser una bravucona—comentó la coreana logrando que Changbin se riera por sus palabras mientras que la castaña comenzaba firmemente a pensar que el sarcasmo de la joven lentamente dejaba de hacerle tanta gracia.
Mina sonrió apoyando su cabeza contra el cristal de la ventana, la chica se mantuvo en silencio recordando la pequeña conversación que había manteniendo con la coreana y su amigo antes de que su madre fuera por ella "Creo firmemente que eres una acosadora" había soltado luego de escuchar su excusa barata causando que la mencionada simplemente riera por sus ocurrencia. La japonesa suspiró cruzándose de brazos intentando dejar de lado el sentimiento de calidez que envolvía su pecho por las nuevas interacciones que estaba teniendo con alguien ajeno a su circulo privado. Su madre mientras tanto continuó conduciendo deteniéndose al ver el semáforo en rojo, en silencio giró su rostro observando las marcas de la pelea que su hija había estado envuelta sintiéndose plenamente confundida de ver que, ella de estar molesta parecía hasta feliz por lo sucedido.
—¿Quién era la chica que estaba con Changbin?—preguntó rompiendo el agradable silencio que las envolvía causando que, Mina por costumbre girara su rostro encogiéndose de hombros en respuesta, siendo consciente que esa acción era mucho más favorable que las palabras—era bonita—comentó deseando ver algún interés por parte de su pequeña, pero esta seguía igual; parecía indiferente a sus palabras.
Y volvieron al silencio de siempre. Sachiko mordisqueó el interior de su mejilla sintiendo curiosidad por ver que su hija llevaba puesto unos lentes diferentes a los que había salido en la mañana, y no pudo evitar el pensar que, esa misteriosa chica de cabello negro tenía relación-porque dudaba mucho que Changbin hubiese puesto las iniciales I. N. en las patas de los lentes-. El transcurso del viaje ninguna de las dos fue capaz de entablar una conversación; su madre no era capaz de preguntar las razones de su hija para golpear al muchacho, y Mina como siempre no tenía ganas de hablar. Sachiko se estacionó frente al gran portón de su hogar observando como la castaña a tientas intentaba liberar su torso del cinturón de seguridad.
—¿Quieres que te ayud...—preguntó su madre guardando rápidamente silencio al ver como la pequeña sacudía su cabeza en negación.
—Puedo sola—interrumpió la castaña soltando su cuerpo del cinturón para luego buscar a tientas la palanca para salir de esa sofocante sensación que le estaba causando el encierro—gracias igual por preguntar—murmuró a la vez que salía hacía el exterior con su bastón en mano.
Mina comenzó a caminar escuchando a los niños riendo mientras que otros simplemente gritaban. La castaña suspiró sintiendo como perdía el equilibrio al chocar con la punta de su zapato sobre la vereda sobre puesta, para su suerte logró estabilizarse sintiéndose abrumada al oír como ahora los pequeños se reían posiblemente de ella y de su inevitable despiste, causando que aumentara la incomodidad que ya estaba sintiendo al ser incapaz de ver que estaba sucediendo alrededor suyo, fue consciente de la forma en que la madre de sus vecinos comenzaba a regañarlos por estar burlándose de una persona " anormal" ¡anormal! pensó Mina enfurecida. Sin poder evitarlo movió con fuerza su brazo al sentir como alguien tocaba su antebrazo-estaba enfurecida, y no podía ocultarlo-. A pasos firmes intentó caminar hacía la entrada de su casa, con fuerza mordió su lengua al sentir como el borde de uno de los escalones se adhería con brusquedad contra su tobillo ante la rapidez con la que intentó ocultarse en el interior de su hogar.
—Mina—su madre la llamó cuando ambas ingresaron en el interior de su hogar, la mujer observó como su hija sacudía con su cabeza en negación a la vez que lanzaba el bastón contra la habitación principal, ella suspiró manteniendo sus ojos fijos en la manera en que la castaña caminaba hacía las escaleras—te vas a caer—avisó siendo inevitable para ella el no dar un paso en dirección de la muchacha siendo más que consciente que era una estupidez lo que estaba haciendo—Mina tu habitación esta abajo, no tienes por qué subir.
—¡Quiero subir! no soy una maldita anormal—bramó Mina aferrando su palma contra el barandal de las escaleras escuchando atentamente como su madre nuevamente suspiraba—odio esa estúpida palabra—admitió dando otro paso sobre los escalones sintiendo su corazón galopando con fuerza mientras que podía escuchar a la perfección como su madre se intentaba acercar—están despectivo, tan... Dios, lo odio mamá.
Sachiko no dijo nada al respecto porque era consciente de lo molesta que estaba su hija, y posiblemente Mina no le hubiese tomando tanta importancia a las palabras de la gente, pero su padre le decía constantemente anormal, y realmente, a pesar que intentaba no enfurecer, sus sentimientos quedaban expuestos ante el recuerdo del maltrato verbal y físico que vivió cuando estaba a solas con él. La castaña sintió como su madre la tomaba de la cintura y con bastante facilidad bajaba los tres escalones que la muchacha fue capaz de subir sin caer, Mina se avergonzó permitiendo que ella caminara en dirección del sofá para tomar asiento en este, la joven se quedó en silencio presionando su mejilla sobre los muslos de su progenitora sintiendo como ella acariciaba su cabello sin decir nada al respecto, esperando con paciencia a que su hija terminara por calmarse.
—Lo siento—se disculpó a la vez que sentía como la mayor tomaba sus lentes de sol y los alejaba de su rostro; ella pudo escuchar a la perfección el sonido que ejerció el objeto contra la mesa indicando el lugar exacto donde estaba—lamento ser así mamá.
—No es tu culpa estar enojada con la vida—admitió su madre continuando acariciando con sus pulgares las mejillas de su pequeña observando como esta mantenía sus párpados cerrados incapaz de permitir que alguien viera sus orbes sin vida aparente—sigues teniendo los mismos arrebatados que de pequeña—comentó queriendo cambiar el tema—solías cruzarte de brazos y soltar lo primero que se te venía a la mente hasta que...
—Hasta que Felix llegaba para calmarme—murmuró la japonesa tragando el nudo inexistente que se había formado en su garganta—...—relamió sus labios permitiendo que su madre limpiara las atrevidas lágrimas que estaban a punto de caer—era un buen amigo, me soportaba demasiado—confesó siendo consciente que Sachiko se mantendría en silencio permitiendo que tuviese su momento de liberación—lo echo de menos—confesó con su voz quebrada—extraño su voz, su forma de abrazarme, echo de menos su aroma o ver como le gustaba molestar a la gente solo para hacerme reír... —susurró aun sintiéndose lo suficientemente fuerte para no romperse, pero no le duró mucho— duele tanto no tenerlo aquí—y comenzó a llorar llevando sus palmas contra su rostro queriendo que nadie la viese romperse.
—Oh cariño—murmuró su madre envolviendo rápidamente sus brazos sobre su cuerpo logrando que Mina aceptara su agradable calor.
Y la japonesa empuñó su camiseta enterrando su rostro contra su hombro derecho mientras que el incontrolable llanto se mezclaba con su hipo. La castaña sintió como su madre acariciaba su espalda y ese suave "déjalo salir" lograba que la poca estabilidad emocional que había logrado crear se fuese por el caño. Luego del accidente Mina se había negado rotundamente a llorar por la muerte de Felix-por muy tonto que sonase, sentía que, si lloraba iba aceptar que lo había perdido para siempre- por esa razón odiaba que Changbin utilizara su loción, la hacía confundirse en una posibilidad de que él estuviese con vida; demasiado doloroso para que fuese real.
Mina terminó quedando plácidamente dormida en los brazos de su progenitora, cuando la mujer se dio cuenta de aquello rápidamente se deslizó de su cuerpo permitiendo que su pequeña se acomodara en el amplio sofá. Los primeros minutos la mayor se quedó en silencio con sus dedos presionando sus labios intentando que su llanto no despertar a la muchacha; ella no sabía como su hija se mantenía tan fuerte, a pesar de todo lo malo que había vivido.
Changbin llegó un rato después, el pelinegro observó como Mina seguía estando durmiendo sobre el sofá con una pequeña manta cubriendo su torso. El coreano caminó en dirección de la cocina manteniendo sus puños en el interior de sus anchos pantalones oscuros, el chico arrastró sus pies hasta quedar en el umbral de la puerta, en silencio observó como la madre de Mina estaba cocinando pareciendo concentrada en su actuar, pero a la vez preocupada por algo que él no había sido capaz de descifrar.
—¿Estuvo llorando?—cuestionó el muchacho causando que la mujer girara su rostro para ver como él apuntaba con su pulgar por sobre su hombro directo al cuerpo que descansaba pacíficamente sobre el sofá—Mina tenía las mejillas y nariz rojas, eso no es usual en ella.
—Recordó a Felix—admitió la mujer dejando el húmedo paño sobre la encimera para girarse por completo presionando su trasero contra el mueble para ver con mayor comodidad esos ojos envueltos por la tristeza—por primera vez lloró su muerte—le aclaró cruzándose de brazos manteniéndose pensativa por las acciones de su hija—¿Conoces a alguien con las iniciales I.N? es que esos lentes no son de Mina.
—Se los dio Nayeon—admitió Changbin agradeciendo mentalmente el hecho de que ella hubiese cambiado el rumbo de la conversación; aun no estaba listo para hablar de Felix. El chico sonrió ante la cara de sorpresa que puso la mayor—están en una obra de teatro.
—¿Mina participando en una obra de teatro?—cuestionó la mujer abrumada por la nueva información, siendo completamente incapaz de ver una conexión en su hija con algún trabajo practico que agregara más de una persona—Mina jamás aceptaría algo así—admitió posando sus ojos esta vez en el cuerpo de su hija.
—Pero lo hizo, y así se conocieron—admitió el pelinegro—y volviendo a los lentes, Nayeon la asustó por accidente y se cayó... por lo que me dijo el golpe fue lo suficiente fuerte para romper sus lentes así que ella regaló los suyos con la excusa de que no les había sucedido nada—comentó tomándose el atrevimiento de caminar hacía la zona de los vasos sacando uno para servirse un poco de agua—ella hasta la hizo reír—agregó siendo consciente que esa información no era necesaria, pero quería que Mina tuviese una vez en su vida vergüenza.
—¿Esa tal Nayeon es la misma que estaba contigo?—cuestionó deslizando su mirada del cuerpo de su hija para posarla en el pelinegro que asentía en silencio con su cabeza manteniendo sus labios unidos al vaso; había sido inevitable para ella el no sentir interés por la misteriosa chica—deberías invitarla, quizás Mina se sienta más animada por su presencia—comentó a pesar que, muy en su interior sabía por completo que su hija iba a enfurecer cuando se diera cuenta de la presencia de aquella peculiar pelinegra, pero necesitaba conocer a la responsable de los pequeños cambios de su pequeña.
—Mina se molestará—aclaró Changbin manteniendo una sonrisa maliciosa a la vez que dejaba el vaso ahora limpio en el sitio que lo encontró—la llamaré a ver si quiere venir—comentó animado a la vez que salía de la cocina comenzando a caminar en dirección del exterior para tener mayor libertad.
Mina despertó un rato después, la chica gruñó girando sobre el colchón a la vez que podía escuchar el sonido de sus huesos crujiendo siendo el momento más gratificante del día-después de volarle los dientes al idiota Lee-. La muchacha murmuró cosas sin sentidos mientras que presionaba sus palmas en el borde del sofá intentando levantarse, pero fue un completo fallo, como era de esperarse terminó con su mejilla presionando el cuero del asiento con sus párpados cerrados y la sensación de sueño apoderándose lentamente de sus acciones. Unas risas provenientes de la cocina provocaron que sus sentidos estuviesen alertas, completamente confundida se incorporó con su cabello revuelto y su camiseta completamente arrugada, con torpeza caminó en dirección del sonido identificando la voz de su madre y Changbin; su amigo pasaba todo el día en su casa, a veces no podía evitar el pensar que ya estaba viviendo con él.
Su presencia provocó que las voces cesaran, en otro momento se hubiese molestado por la forma en que guardaron silencio, pero estaba tan somnolienta y desorientada por el sueño que aun cargaba encima que, simplemente los ignoró caminando en dirección-que supuso que era ese el correcto-de la nevera. Para su mala suerte su cuerpo chocó con uno femenino que supuso que se trataba el de su madre así que ni siquiera se tomó el tiempo de disculparse por el golpe que le propinó a su brazo por error.
—¿Cambiaste tu perfume?—cuestionó Mina confundida por el repentino olor tan poco característico de su madre—¿Frutilla? no me gusta ese olor—mintió siendo consciente que, la única razón por la que no le comenzaba agradar era por el simple hecho de que comenzaba a compararlo con la chica del teatro—¿Y Changbin que hace aquí? pensé que tendrías entrenamiento.
—Son casi las cinco de la tarde, mi entrenamiento terminaba a las dos—admitió Changbin mientras que intentaba no reír al ver como Nayeon simplemente observaba como Mina caminaba sin volver a chocar con ningún objeto de la cocina; era su momento de sacarle respuesta—por cierto... Nayeon me comentó que ya no quieres estar en la obra—aclaró mordiendo su lengua al ver como su amiga abría la nevera sacando una lata de refresco mientras que la coreana simplemente mantenía sus párpados completamente ampliados de la sorpresa—¿Por qué no quieres ser parte?
—Sabes que odio la lastima—comentó Mina ajena al hecho de que Nayeon estaba presente en esa habitación—y ya me dieron una mala impresión—agregó cerrando la puerta para apoyarse en ella escuchando como unos pasos se alejaban de la cocina, posiblemente mamá nos esta dando nuestro espacio, pensó la castaña bebiendo de su refresco.
Changbin observó como Sachiko abandonaba la cocina siendo consciente que ardería Troya cuando Mina supiera que la agradable pelinegra estaba en esa habitación escuchando todo en un completo silencio.
—¿Todos te dieron una mala impresión?—cuestionó el pelinegro manteniéndose sereno observando como Nayeon estiraba su mano en dirección del muchacho par luego simplemente levantar su dedo corazón con intenciones de que supiese que se iba a vengar por estar haciéndole pasar un mal rato.
—Ailee y Sungjae no—admitió Mina dejando la lata sobre la encimera para luego simplemente cruzarse de brazos—¿Por qué tanta insistencia con el tema de la obra?—cuestionó sintiéndose repentinamente abrumada por sentir ese bendito aroma en sus fosas nasales, no me jodas, pensó al escuchar el inesperado sonido de unas suelas contra el suelo siendo este sonido muy alejado a la voz de Changbin, lo mataré si la trajo, pensó siendo más que consciente que lo haría—¿O es por algo más? si quieres saber algo en concreto solo tienes que decirlo.
—¿Te agrada Nayeon?—y lo soltó una pregunta simple con muchas respuestas malas.
Mina sonrió elevando su mano para presionarla sobre su mentón, la chica se quedó en silencio los primeros minutos deseando molestar a los presentes; quería sacarlos de quicio con el silencio. Cuando creyó que el tiempo suficiente ya había pasado no dudó en relamer sus labios.
—¿Por qué quieres saberlo?—cuestionó la japonesa queriendo jugar un poco más con la insistencia de su amigo y de la posible presencia de la coreana.
—Curiosidad—respondió el coreano con rapidez apoyando su hombro contra el umbral de la puerta mientras que Nayeon se mantenía apoyado contra la encimera sintiendo su corazón galopando con fuerza por ver como la castaña relamía sus labios de forma seductora, o eso creía ella.
—¿La curiosidad la tienes tu o ella?—cuestionó siendo más que consciente que, a pesar que no podía verlo sabía que lo había dejado con la boca abierta—te mataré Changbin, eres un desgraciado—le aclaró manteniendo una sonrisa a medias a la vez que, sin mucho esfuerzo caminaba en dirección del sonido de aquellas suelas; eran idénticas a las del gimnasio—Nayeon, se que estas acá.
La coreana entró en un verdadero pánico al ver como Mina caminaba hacía su dirección, su respiración quedó atrapada en su garganta al sentir los fríos dedos de la castaña envolviendo su brazo impidiendo que tuviese la posibilidad de poder huir. Changbin mientras tanto dio un paso hacía atrás siendo un completo cobarde, pero tenía sus motivos; él era consciente que la castaña no dudaría en vengarse.
—¿C~Cómo lo supiste?—cuestionó Nayeon con su voz entrecortada sintiendo como su corazón galopaba con fuerza al posar sus ojos en el bonito rostro de la japonesa notando la peculiar forma que ella tenía de mantener sus párpados completamente cerrados.
Mina al escuchar simplemente se encogió de hombros tomándose la molestia de alejar su mano de aquella extremidad que emanaba calor permitiendo que fuese capaz de tomar distancia. Sin dudarlo la castaña dio un paso hacía atrás queriendo tomar asiento en el borde de la mesa de mármol, se quedó en silencio con sus tímpanos atentos a la forma en que la coreana estaba retrocediendo, la he asustado, pensó la japonesa siendo más que consciente que Nayeon debía estar caminando hacía Changbin en busca de algún tipo de apoyo por su parte.
—Pisan diferente—comentó como si aquello fuese una buena explicación a la forma en que había razonado la existencia de la coreana—o sea, Changbin es más gordo así que sus pisadas suenan con más fuerza—admitió escuchando como el mencionado no tardaba de ofenderse por su respuesta—y tu olor te delata, así que si quieres volver a acosarme tendrás que cambiar el perfume—le aconsejó con ironía, ignorando por completo como el pelinegro no tardaba en quejarse por la discriminación a su peso.
Sachiko se sorprendió de ver que Mina no había enfurecido como lo pensó en un principio, en realidad se veía hasta animada sentada en el sofá- en el lado derecho estaba Changbin y en el izquierdo Nayeon- mientras que escuchaba atentamente lo que comentaban sus visitantes. La japonesa apoyó su espalda contra el respaldo de su asiento estirando ambas manos para acomodar sus lentes de sol.
—¿Y cuando tienes medico?—cuestionó Nayeon causando que el silencio que los envolvía rápidamente desapareciera.
Mina suspiró encogiéndose de hombros, y no es que no quisiese responder, sino que realmente no tenía ni la menor idea de cuando tendría medico porque el que la atendió se había tomado unas vacaciones de manera indefinida. Cuando la coreana vio como la japonesa guardaba silencio y elevaba sus hombros no pudo evitar el presionar sus labios pensando que Mina solo la estaba ignorando así que, rápidamente posó sus ojos en el rostro de Changbin notando como este asentía con su cabeza dándole la razón al gesto de su amiga.
—Bien... entonces—Nayeon realmente estaba haciendo un esfuerzo para mantener algún tema de conversación que no dejara a ajena a la silenciosa castaña—¡Bin!—lo llamó de repente causando que el mencionado completamente confundido frunciera el ceño prestándole una completa atención—si te dieran la posibilidad de que se te cumpliera un sueño, ¿Cual sería?—preguntó viendo como el chico sonreía emocionado.
—Oh... —exclamó llevando su palma contra su corto cabello intentando pensar que podría elegir entre los tantos sueños frustrados que tenía rondando su mente—bueno siempre he soñado rapear, así que me gustaría estar en una banda—admitió—¿Y el tuyo?
—Mmmh—murmuró la muchacha llevando su dedo índice contra su mentón intentando pensar en algo—ser actriz—comentó feliz viendo como el coreano asentía con su cabeza satisfecho con su respuesta. Rápidamente ambos chicos posaron sus ojos en la desorientada castaña que mantenía su puño envuelto en su mejilla ajena a la animada conversación que ambos coreanos estaban teniendo—¿Cual es tu sueño Mina?
La castaña mantuvo sus labios juntos escuchando atentamente las manecillas del reloj-tic, toc, tic, toc-Mina odiaba ese sonido más que la voz de los chicos de teatro, como de costumbre se quedó en un completo silencio pensando con seriedad cual era su sueño, ¿Volver a ver? pensó creyendo que, efectivamente ese era su sueño, pero rápidamente las imagines de ella pasando tiempo de calidad con Felix fueron el detonando para comprender que si ese deseo se pudiese cumplir no lo desperdiciaría en algo tan simple como el volver a recuperar su vista.
—Que Felix estuviera vivo—admitió logrando que la habitación se quedara en un abrumador silencio.
Changbin al escucharla no pudo evitar el tragar saliva levantándose del sofá mientras que Nayeon simplemente había llevado sus palmas contra sus muslos manteniendo sus ojos fijos en la forma en que Mina había mordisqueado sus labios. La coreana era incapaz de quitarse de la cabeza el hecho que, cada cosa que intentaba hacer solo empeoraba la amistad que deseaba construir con la castaña.
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