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Debo decirte que aunque nunca me gustó que llorarás; sin embargo, aún con aquellas lágrimas y ojos rojos, te veías hermosa.
Lástima que yo nunca te sequé esas lágrimas, ni vi tus ojos rojos de cerca, ni te susurré cosas para calmarte.
Fue la cobardía, fue la excusa, fue...una tontería mía.
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