11• Maratón I
— Y bien... ¿En qué trabajas, Jungkook?
Las voces en el restaurant resonaban de una manera casi escandalosa, causando confusión, pero cuando aquella grave y autoritaria se propagó por los aires y llegó con una corriente eléctrica a los oídos atormentados de Jeon Jungkook , se vio obligado a levantar la cabeza y centrar su mirada en la del maduro hombre sentado frente a él. Sus manos se encontraban ridículamente frías, y aunque le hubiera gustado decir que tras los instantes transcurridos, logró calmarse un poco, estaría soltando una gran mentira. Y a él no le gustaba mentir, en lo absoluto. La presencia de Jimin a su lado lograba tranquilizarlo alentadoramente, pero cuando sus orbes volvían a la realidad, observando las duras y altaneras miradas que se dirigían como filosos cuchillos hacia él, volvía a caer en un irremediable manojo de nervios.
Al momento en que los segundos fueron corriendo, el pelinegro echó un rápido vistazo al rubio a su lado, éste sonriendo de manera estimulante, y el mayor convenciéndose para así, dejar de lado su ridículo momento pensativo. Decidido a abrir la boca para sorprender a los que (posiblemente) terminarían siendo sus futuros suegros. Sonrió ante el pensamiento, escalofríos recorriendo sus extremidades cuando recordó el precioso beso fuera del restaurant, y sus ganas mordiéndose para no cometer una locura y coger el rostro de Jimin , plantándole uno adicional.
Aclarándose la garganta, Jungkook asintió en torno al rubio mayor— . Tengo una cafetería cerca del centro, señor. Se llama Sounds&Coffee. Justo en este momento estoy por firmar un contrato con una inversionista; planeamos expandir sucursales por todo Seúl, y si es posible, en un futuro estaremos hablando del país entero — respondió Jungkook , una voz propia cuando terminó su parlamento y la mano de Jimin apretando su pierna con un cariño exagerado, aunque sin dejar de ser un gesto tierno. Park saltó en su puesto con emoción, imaginando como sería una Sounds&Coffee totalmente famosa y reconocida. Estaba muy feliz por Jungkook , de eso no había duda.
— ¡¿Acaso no te parece genial, papi?! — El ojimiel elevó sus manos, llamando la atención de algunas personas a su alrededor. Jimguk sonrió hacia su hijo, para luego fijar la mirada en Jungkook , quien parecía más bien entretenido con el espectáculo que daba su pequeño dulce— . Lo imagino todo como una película en mi cabeza. ¡Kookie será muy famoso!
— Oh, cariño, no nos adelantemos a los hechos — murmuró el pelinegro, un cálido rubor extendiendo sus mejillas cuando ambos mayores pusieron su mirada en ellos. Estaba siendo tremendamente incómodo, pero sabía que sus nervios se debían especialmente a una persona.
Una mujer que, desde luego, lo miraba de la misma manera que lo hizo la primera vez. Sabía que más allá de todo, tendría que hacer un gran esfuerzo para convencer a Park Yoora de que él era alguien bueno para su hijo. Porque lo era, jodidamente.
— Eso es muy bueno — asintió Jimguk, dando un bocado a su comida y asintiendo en aprobación— . ¿Cómo comenzaste con el trabajo? ¿Siempre quisiste eso?
— Oh, bueno sí — soltó, un suspiro desgarrador cuando mordió el interior de su mejilla. Decidió que debería calmarse, y cuando notó que el aura "malvada" que rodeaba al padre de Jimin , comenzó a rebajarse, sonrió de manera ansiosa— . Mi padre es dueño de una cadena de restaurantes, él quería que siguiera con su puesto, pero yo la verdad deseaba algo más humilde y tranquilo. Me gustan los negocios, estudié comercio en la universidad y me gradué con honores — murmuró, aclarando su garganta cuando sintió la mirada sorprendida de Jimin sobre él, encogió su cuello— . Mi padre decidió hacer una inversión en mi tienda para ayudarme a sacarla, así fue que lo hice, él es un gran hombre. Supo que una cafetería aumentaría las ganancias de la familia, y ahora se encuentra muy feliz con la expansión que haremos. Él fue quien terminó por convencerme de ello.
— Ummm — Yoora limpió su boca con una servilleta, echando una veloz mirada a su hijo, y dándose cuenta de que quizá, él había hecho una buena elección. Sin embargo, el sentimiento abrasador en su pecho, lleno de un orgullo prepotente roseado con preocupación, negó ante aquel pronto pensamiento— . Supongo que este trabajo te absorbe mucho tiempo. Y ahora con esto que dices de la expansión, el contrato con aquella inversionista..., dudo que estés disponible por mucho tiempo.
— Sí — admitió, mordiendo el interior de su mejilla cuando notó la mala intención en las palabras de aquella mujer, sintiéndose triste de no poder resultar impresionante para ella— . Ciertamente debo dedicar bastante tiempo; ahora más que nunca, pero no creo que eso importe demasiado, ¿o sí?
— Bueno, Jungkook — comenzó, sus ojos revoloteando por cualquier lugar fuera de los avellanados frente a ella— . Jimin requiere de mucho tiempo. Verás, él es como un niño pequeño, debes estar con él la mayor parte del día.
— Mamá... — Avergonzado, el rubio echó una furtiva mirada a su progenitora, la cual lo ignoró de manera ágil.
— Y no me gustaría que mi hijo esté con una persona que lo abandonará por horas, quizá días y semanas.
— Eso no pasaría — de inmediato, el pelinegro intentó defenderse. Su mirada variando de Yoora a Jimguk, y éste último mirándose recatado ante las palabras dichas por su esposa. Jungkook tragó saliva, observando a Jimin en una manera de conseguir ayuda, y sintiendo como su corazón comenzaba una desbocada carrera, negó— . Haría todo lo posible por estar siempre a su lado. No podría abandonarlo.
— Es cierto — intervino el menor de la mesa, intentando ser de ayuda para su precioso pelinegro— . Estoy seguro de que Kookie me llevaría siempre consigo. Nunca podría dejarme solo..., no lo ha hecho en este tiempo. Eso es una buena señal, ¿no creen?
El rubio mayor asintió en respuesta, sin embargo, permaneciendo en silencio. Jimin agradeció el gesto, mas no pasó desapercibido el desagradado latente que escurría por el rostro de la única mujer en la mesa. Tragando saliva, él volvió a apretar la pierna de Jungkook , y haciendo un gesto incómodo, suspiró de manera entristecida.
»— Kookie, ¿me acompañas al baño? — Cuestionó el menor, sus ojos rebosantes en súplica, y el pelinegro notando lo agrandados que éstos se encontraron prontamente. Asintió sin pensarlo, y echando una rápida mirada a los otros presentes, sintió el corazón latirle en los oídos.
— Claro, dulce. Con permiso — haciendo un gesto con la cabeza, Jeon se puso de pie, y estirando su mano hacia Jimin , sintió la suavidad de la contraria al hacer contacto con la suya propia.
Prácticamente corrieron entre las personas, y al momento en que ambos se encontraron protegidos tras las puertas del vacío baño, sonrieron de manera persistente. No queriendo rendirse tan pronto, desde luego.
— Está todo bien — intentando sonar eufórico, Jimin estiró sus mejillas en un gesto ingenuo, acariciando la barbilla de Jungkook y suspirando segundos después. Jeon asintió, no deseando pensar que aquella gloriosa afirmación la ponía en duda— . Mi mami no suele comportarse de esta manera, pero prometo que pronto se le pasará, Kookie.., no quiero que te sientas incómodo con todo esto.
— No pasa nada, ángel — admitió, encogiendo sus hombros. Realmente sí pasaba, pero no lo sentía agravado aún— . Sé que se le pasará más pronto de lo que imaginamos.
— ¡Pero a mi padre le caes muy bien! Puedo verlo en su mirada — casi gritó, pegando un ligero saltito sobre sus puntas— . Estoy tan emocionado.
— Yo también — afirmó, relamiendo sus labios cuando sus ojos se fijaron en los contrarios. Una sonrisa involuntaria que prontamente fue correspondida por una increíblemente radiante— . Te quiero tanto.
— Y y— yo a ti. Mucho, mucho — admitió, sus dedos aferrándose en la camisa de Jungkook con un suave tacto, y la cara de éste acercándose hasta haber quedado a escasos centímetros; respirando el aire contrario, ambos juntaron sus labios, y un poco más desinhibidos que en el beso anterior, lograron expresar lo reales que eran aquellas palabras.
— Vamos afuera, cariño — susurró Jeon, sus labios rozando con los contrarios cuando percibió el fuerte agarre que ejercían los dedos delgaditos del ojimiel floreado sobre sí, sonrió— . No quisiera perder los puntos que he ganado con tus padres.
— Quiero estar contigo, Kookie no con ellos — susurró, sus ojos cerrados mientras sentía el inevitable sonrojo apoderarse de su rostro; acompañado del cosquilleo inmediato en su estómago— . ¿Podríamos escaparnos?
— Oh — el pelinegro se rio, pasando sus brazos alrededor de Jimin y abrazándolo con una fuerza cariñosa. Besó su cabello con ternura— . Ahora no, cielo. Pero prometo que cuando terminemos el desayuno, te llevaré conmigo.
— ¿Todo el día?
— Todo el día.
Las tensiones habían disminuido confortablemente. Jungkook lograba sentir más tranquilidad cuando sus orbes se posaban en los otros preciosos, íntegros y relucientes como acostumbraban a ser. Jimin se notaba feliz, ansioso; el desayuno había resultado acabar bien. No excelente, pero había sido un buen avance, uno que, desde luego, Jeon no esperó confiadamente. Sabía que Chanyeol necesitaría un buen regalo debido a sus buenas vibras, y mientras pagaba la cuenta (como el pelirojo ojicafé había ordenado) pensó en los detalles que pronto tendrían que ocurrírsele. Quizá lo dejara manejar por una temporada la cafetería, aunque lo había estado haciendo el último tiempo con demasiada concurrencia... A lo mejor, aquél no terminase siendo un buen regalo.
De igual manera, Jungkook despistó su cabeza cuando notó el real rumbo que sus pensamientos deliberados tomaron, y riendo ante la pronta liberación que su cuerpo sintió, pensó que las cosas habían salido mejor de lo que en la mañana temió.
Se encontraban afuera del restaurant, el rubio menor a un costado de Jeon, y los padres del rubio observándolos con fijeza, presentían que algo tramaban, pero no estuvieron seguros hasta que la propia voz del pelinegro resonó fuerte y cándida. Risueña.
— Me gustaría llevarme a Jimin por un rato — comentó, una mirada encantada por parte del delgadito floreado cuando sus palabras culminaron, y la emoción convulsa comenzando a recorrer todas y cada una de sus arterias— . Con su permiso, por supuesto.
— No creo que.
— Vamos, querida. Ya lo has hecho sufrir demasiado por hoy — murmuró Jimguk al oído de su esposa, aunque no siendo demasiado silencioso. De igual modo, Jungkook afirmó con una sonrisa que no había escuchado nada de aquello, mientras Jimin soltaba una pequeña risa travesaña cuando la mirada de su madre se juntó con la suya. Ella hizo un gesto con los labios, quizá, intentando no explotar en demencia, y fingiendo una sonrisa para nada convencida, encogió sus hombros— . En casa a las ocho en punto — señaló el hombre su reloj, logrando que ambas sonrisas contrarias se ensancharan con totalidad.
Jungkook de inmediato se sintió como un pequeño niño tras recibir un dulce, y cogiendo momentáneamente la mano de Jimin , suspiró con agradecimiento— . Ni un minuto más, señor Park. Gracias por haber aceptado conocerme..., espero que las cosas resulten, um, bien.
Tras un asentimiento, el hombre hizo un saludo de manos, y comenzando a caminar hasta donde había estacionado su auto, sintió el cuerpo de Yoora seguirlo de lejos.
— Cuídate, bebé — la pelimarrón besó la frente de Jimin con recato, su mirada puesta en el pelinegro más alto antes de erguir sus hombros y asentir en dirección a él— . Ha sido bueno verte, Jungkook .
— Igualmente, señora Yoora — aceptó, una sonrisa amable en su rostro antes de que la mujer mayor pudiera desaparecer de su visión, conjunta con la de Jimin , quien tras la marcha de sus padres, saltó en su puesto y abrazó fuertemente el cuello de Jeon— . ¡Estoy muy feliz!
— Yo también lo estoy, pequeño — expresó, una caricia cariñosa en la espalda del menor y estuvieron separándose, para pronto comenzar a caminar hacia el vehículo de Jungkook — . Pero ahora..., creo que es tiempo de que vayas a mi casa.
— ¡¿Lo es?! — Desmoronándose en el asiento, los ojos del rubio se abrieron de manera sorpresiva, y relamiendo sus labios con emoción, revoloteó sus pestañas rápidamente— . Oh, por Dios.
— Dulce..., si mal no recuerdo, me prometiste unas galletas — bromeó, echando un rápido vistazo al más pequeño, antes de poner el auto en marcha. Las mejillas del rubio sonrojándose inmediatamente.
— Quería hacértelas hoy. — Admitió, una voz baja y pequeña, logrando apachurrar el corazón de Jungkook , el cual latía velozmente en el interior de su pecho.
— Y espero que aún quieras, Jimin.
(...)
Tras pasar al supermercado por los ingredientes necesarios, Jungkook aparcó el auto en el estacionamiento de la zona residencial en la cual su departamento se encontraba, Jimin parecía querer gritar de emoción, y aquello lograba notarse a leguas. Desde luego, aquel era un gesto desmesuradamente tierno para el mayor, pero sabía que al decirle a Jimin , no conseguiría nada más que la vergüenza de éste mismo. De igual manera, aquella extraña ilusión que desempeñaba el rubio floreado, hacía sentir tremendamente feliz a Jungkook , y sintiéndose en las nubes, agradeció porque al parecer, todas las fuerzas superiores estaban de su lado. Y esperaba que estuvieran siempre.
— Vamos, cariño. Toma algunas bolsas y déjame el resto a mí — habló Jungkook , señalando las compras en el asiento trasero y admirando como el ojimiel se inclinaba sobre éstas, para pronto coger dos paquetes y llevarlos en sus manos, sonrió de manera brillante.
— Esto es muy bonito, Kookie — dijo él, echando un vistazo a su alrededor cuando caminaron fuera del estacionamiento. Una calle amplia y solitaria; sin embargo, completamente relajante. Escuchaba el canturrear de los pajarillos y el sol poderosamente incandescente en la punta, llenándolos de un calor confortante a medida que sus pasos se prolongaban.
— Lo es. Me gusta la tranquilidad de este lugar, estuvo en los primeros puestos de mi lista sobre mejores lugares para vivir — bromeó, encogiendo sus hombros cuando visualizó su departamento y buscó la llave en el bolsillo trasero de su pantalón, Jimin rio con diversión, poniendo los ojos en blanco ante las palabras que había soltado el precioso hombre.
— Y supongo que ganó — siguió la broma el más chico, sacando una risotada de la garganta contraria. Jeon lo observó con un brillo singular en los ojos, y cuando estuvieron frente a la puerta, Jimin echó un vistazo profundo a la infraestructura de la residencia— . Vaya, esto debió costarte mucho dinero, Kookie
— Um..., quizá lo hizo — respondió— . Aunque si este lugar no logra convencerte del todo, siempre podremos mirar otras opciones. No debes vivir en un lugar si no logras compenetrarte con él lo suficiente, dulce. Quizá podríamos observar casas frente al mar; sé que te gusta — admitió. Jimin pareció ignorar aquellas palabras, pero cuando el real significado cayó como un balde de agua fría sobre su desorientado cuerpo, sintió sus mejillas calcinarse ante el pronto calor que las acarreó. ¿Acaso Jungkook estaba insinuando que vivirían juntos?
— O— oh — el rubio logró murmurar, los ojos avellanas aventurándose por encima del hombro de su propietario, admirando el gesto sorpresivamente avergonzado que mostraba Park Jimin en aquel momento. Magnífico y hermoso.
Cuando la puerta estuvo abierta y la sonrisa blanca de Jeon mostrándose efusivamente a través de sus labios rosas y gruesos, el rubio decidió moverse de su rígida posición y dar pasos al frente, pero al instante en que una pequeña y blanquecina mariposa voló frente a él, gritó sin remedio alguno, agilizando sus pies ridículamente rápido hasta lograr meterse en el hogar de Jungkook , aferrándose a su pecho con terror y completa repulsión.
»— ¡Una m— mariposa! Agh, ¡cierra la puerta, ciérrala! — Jadeó, sus chillidos resonando mientras sus pies se movían de manera furiosa sobre el piso. Jungkook reaccionó con una pronta carcajada, cerrando la puerta y admirando la preciada pataleta que prontamente se había formado en la entrada de su departamento. Demasiado rápido como para haberse dado tiempo de pestañear— . Oh Dios, que terrible.
— Bebé, es sólo una pequeña mariposita — murmuró Jungkook , apaciguando su risa y sintiendo como el cuerpo más pequeño se separaba del suyo. Los ojos mieles abiertos con horror, y un ceño fruncido haciendo que sus cejas se vieran más cerca la una de la otra. De inmediato, Jungkook recordó lo que el rubio había dicho días atrás sobre su repulsión a las mariposas.
— ¡No es sólo una pequeña "mariposita"! ¡Es un asqueroso gusano que por culpa de alguna cosa que no me interesa tiene alas! Es horrible. ¡Todas lo son! No quieran engañarme con sus bonitos colores y su amor por las flores. Las detesto — lloriqueó, su rostro rojo, pero esta vez debido a un sentimiento desigual al anterior. La sonrisa de Jeon incapaz de desaparecer, y los ojos amielados mirándolo con disimulo— . No te burles de mí.
— Oh, cariño, creí que eras una persona libre de ese feo sentimiento — murmuró, su brazo pasando por los hombros del menor cuando lo guio por los pasillos hasta introducirlo en la cocina. Jimin aclaró su garganta.
— ¿Cuál sentimiento, Kookie? — Interrogó, ingenuo. De inmediato, el ojiavellana negó con la cabeza, decidiendo que la inocencia de Jimin no debería ser irrumpida por ninguna circunstancia, y besando ruidosamente la frente del rubio, reposó las compras en el mesón de la cocina.
— Nada, pequeño floreado. Mejor comencemos con las galletas y olvidemos el mal rato que la horrible mariposa te hizo pasar. ¿Quieres?
— ¡Por supuesto! — Y sintiéndose inmediatamente confortado, Jimin admiró todo a su alrededor con fascinación, no perdiéndose de ningún detalle, y sintiendo que aquel departamento era justo como lo imaginó. Aunque— .Kookie..
— ¿Sí, dulce? — Observando la pronta mueca pensativa que se postró en el rostro de Jimin , desempacó las harinas y chispas de chocolate que habían comprado.
— Ya sé lo que le falta a este lugar — murmuró, sus ojos iluminándose radiantemente, y una sonrisa espléndida estirando sus mejillas de manera emocionada— . ¡Flores!
Después de una ardua lucha preparando galletas, la coronita que reposaba en el cabello del rubio quedó inutilizable. Sin embargo, y aunque Jungkook se sintió jodidamente culpable, recibió una descarga de blanca harina sobre su cabeza, y tras descubrir que Jimin no se encontraba para nada herido con respecto al acontecimiento, destruyeron la cocina con diversión, asemejando a un par de pequeños niños que no sabían lo que hacían. Park supo que jamás tuvo una preparación de galletas tan divertida como lo fue aquella, y sin duda alguna, cuando ambos se lanzaron sobre el sofá y decidieron probarlas, confirmó que tampoco había comido unas tan fabulosas como aquellas. Jungkook estuvo irremediablemente de acuerdo con ello.
Ahora se encontraban abrazados, una película animada presentándose en la televisión, y las risas saliendo de vez en cuando, al momento en que ambas miradas de diferentes tonalidades marrones se encontraban de una manera deliberada. Las mejillas de Jimin estaban sonrojadas, y Jungkook sentía la calidez del cuerpo contrario ante el abrazo que se propiciaba entre ellos. Los corazones raudos y sincronizados en un mismo latir, ocasionando una perpetua y relajante música que acompañaba al apetecible ambiente. Ellos nunca habían pasado por algo similar, y mientras los segundos transcurrían, el amor florecía de una indudable manera; metiéndose por sus venas hasta concentrarse en un mismo lugar. El corazón.
De alguna manera, sus ojos enamorados gritaban porque aquello se prolongase hasta volverse eterno, y cuando Jungkook escondió su nariz en el cabello rubio con pintas de harina blanca sobre él, se sintió magníficamente extasiado. Extasiado como nunca antes.
— Gracias por estar aquí, corazón — murmuró el pelinegro, observando como el pequeño rubio mordía una de las últimas galletas que quedaban sobre el platillo; la mano de éste dirigiéndose a la boca de Jeon, cuando el pelinegro dio una probada al delicioso dulce, sonriendo ante el precioso gesto del hermoso ojimiel— . Realmente son las mejores galletas que he probado, bebé.
— Lo sé — murmuró, una sonrisa inocente cuando terminó la galleta y buscó el rostro de Jungkook , sus manos acariciando los costados de éste cuando ambas miradas colisionaron entre sí— . Aún me es complicado creer que eres real, Kookie
— Oh, cariño.
Y sintiendo como las suaves manos de Jimin otorgaban un ligero roce a sus mejillas, observó con claridad cuando los labios del menor se pegaron a los suyos. Un ligero e ingenuo toque que lo llevó a percibir millones de emociones en su completa anatomía. La sonrisa de Park estirándose sobre los labios contrarios, y la pronta risa atacándolo cuando separó su rostro del de Jungkook . El mayor sonriendo con sorpresa, y sus brazos apretando de una manera confortante el delgadito cuerpo. Un gesto irremediablemente dulce.
Dulce, como Jimin .
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro