Capítulo 4
El viaje a Badajoz fue tranquilo. El autobús de la selección española atravesaba paisajes verdes y montañosos, llevando consigo una atmósfera relajada. El amistoso contra Andorra era una oportunidad para afinar detalles antes de la Eurocopa, pero para mí, era también una oportunidad para alejarme de las tensiones emocionales que había dejado en Madrid.
Al llegar al hotel, el equipo se dispersó, y yo aproveché para bajar al vestíbulo. Necesitaba aire, claridad. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que Sara me interceptara. Su expresión era seria, y sus ojos, llenos de determinación.
--Marcos, tenemos que hablar. --dijo, sin rodeos. No nos conocíamos más allá de esos días de concentración que habíamos compartido en Madrid, pero habíamos hecho muy buenas migas,, aunque había notado algo de molestia en su voz.
--¿Sobre qué? --respondí, aunque intuía la respuesta.
--Sobre lo que hiciste con Adriana. ¿Por qué fardaste de haberte acostado con ella solo por joderla? Eso estuvo mal, Marcos. No conoces nada de nuestro trabajo en la que las relaciones íntimas con deportistas casi que son prohibitivas, sois como una distracción que a los de arriba no les gusta. Pudiste haberla metido en un buen lío.
Sentí un golpe en el estómago. No esperaba que Adriana le hubiera contado a Sara, pero ahí estaba, la verdad al desnudo. --Sara, no fue así. --comencé, tratando de mantener la calma. --No es tan simple.
--Entonces explícamelo. --demandó, cruzando los brazos. --Porque desde donde estoy, parece que solo querías lastimarla.
Suspiré, mirando alrededor para asegurarme de que no había nadie cerca. --Adriana me interesa de verdad, Sara. Desde el principio me interesó. Pero aquella noche, después de todo lo que pasó, ella lo vio como un error y me hizo prometer que nunca diríamos nada. Mi orgullo estaba herido, y sí, reaccioné mal. Pero no fue por joderla. Fue porque me dolió que lo viera como un error.
Sara me observó por un momento, su expresión suavizándose ligeramente. --Marcos, si realmente te importa, tienes que demostrarlo. No con palabras, sino con hechos.
Antes de que pudiera responder, la conversación fue interrumpida por la llegada del equipo para el almuerzo. La tensión en el aire era palpable, pero decidí centrarme en el partido.
El estadio en Badajoz estaba lleno de vida. A pesar de ser un amistoso, los aficionados estaban emocionados de ver a la selección en acción. Jugamos bien y ganamos con facilidad, pero mi mente estaba en otra parte. Después del partido, mientras el equipo se dispersaba para las entrevistas y las fotos, vi a Eric García acercarse.
--Oye, Marcos. --dijo con una sonrisa traviesa. --¿quién es la morena buenorra que está al lado de la rubia maciza?
Sentí un pinchazo de irritación, pero mantuve la compostura. --Se llaman Adriana y Sara. Son periodistas deportivas, y van a cubrir la Eurocopa.
Eric asintió, su interés evidente. --Debo conocerla.-- Y sin más, se dirigió hacia Sara y Adriana. Antes de llegar a ellas se paró en seco y me miró. --Intuyo que te gusta la rubia, así que, conozco a la morena que está más buena.
Observé cómo Eric se presentaba a Sara, dejándome un momento a solas con Adriana. Aproveché la oportunidad y me acerqué a ella. --Adriana, ¿podemos hablar?
Ella me miró con desconfianza. --¿Sobre qué?
--Sobre lo que le dijiste a Sara. --dije, tratando de no sonar acusador. --¿Por qué le contaste lo que pasó entre nosotros? Me hiciste prometer que no se lo diríamos a nadie. De todas formas, quiero pedirte perdón porque no sabía que lo que hice pudo haberte acarreado tantas consecuencias.
Adriana frunció el ceño, sus ojos llenos de dolor y frustración. --No le conté todo, Marcos. Solo necesitaba hablar con alguien.
--Entiendo que necesites hablar, pero eso no cambia lo que siento. --respondí, intentando mantener la calma. --Lo que pasó entre nosotros no fue un error para mí. Fue real. Solo que estaba dolido y quería de alguna forma hacerte sentir igual.
--Fue un error porque no supimos manejarlo. No debimos habernos dejado llevar de esa manera nunca. --replicó ella, su voz temblando ligeramente. --Y ahora todo está más complicado. Yo tenía que haber estado cubriendo los playoffs de ascenso a Primera División, pero las cosas han sucedido así, yo he venido a hacer mi trabajo, tú el tuyo, ni siquiera tenemos porqué hablar. Cuanto más lejos estemos el uno del otro mejor. Será todo menos complicado.
--Complicado o no, sigo sintiendo lo mismo. --admití, dando un paso hacia ella. --Y no puedo soportar la idea de que pienses que solo quería lastimarte.
Adriana me miró, su expresión suavizándose un poco. --Marcos, esto no es solo sobre nosotros. Es sobre nuestras carreras, nuestras vidas. No podemos simplemente ignorar todo eso.
--Lo sé. --dije, acercándome aún más. --Pero también sé que no quiero perderte.
El silencio se instaló entre nosotros, roto solo por los murmullos de la multitud a nuestro alrededor. Finalmente, Adriana suspiró. --Marcos, si verdaderamente no quieres perderme, aléjate de mí y no me jodas más la vida.
--Estás huyendo como siempre, Adriana. ¿De qué tienes miedo?
--Olvídame, por favor. --dijo alejándose de mí.
Nos quedamos así, en medio del estadio, con algo incierto colgando en el aire. En ese momento, supe que, aunque el camino sería difícil, estaba dispuesto a luchar por lo que realmente importaba: Ayudarla a vencer sus miedos.
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HOLA HOLA HOLA.
No me iba a ir sin publicar hoy.
Solo queda una semana para la Liga ¿Estáis listxs?
Nos leemos pronto.
ig: ememarrr
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