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Capítulo 3


La Ciudad del Fútbol de Las Rozas estaba en plena ebullición. Jugadores, entrenadores, periodistas y fanáticos llenaban el ambiente con un bullicio constante. Sara y yo estábamos disfrutando de la oportunidad de conocer a los jugadores de la selección española, haciendo entrevistas y capturando momentos clave para nuestro reportaje. Si es cierto que aún estábamos tímidas con algunos, pero otros como Lamine Yamal, Nico Williams, Ferran y Unai Simón , habían conseguido que mi amiga y yo perdiéramos un poco la vergüenza de tener que convivir con ellos.  

--Adri, ¿ves a Dani Olmo? --Sara me sacudió ligeramente del brazo, señalando al centro del campo donde Dani charlaba con algunos compañeros. --Es que no te quita el ojo de encima, parece que te está preñando con la mirada. 

--¡Ay, Sara! Tu dichoso afán de emparejarme con algún futbolista. --le dije golpeándole el brazo. 

--Lo conoces del año pasado haber cubierto las semis de la Nations League ¿verdad? --Asentí. --Pues listo, acércate y habla con él. 

Asentí, sintiendo una inesperada chispa de atracción. Dani era encantador, con esa sonrisa fácil y una actitud desenfadada que lo hacía destacar. Decidí que Sara tenía razón, sería una buena idea entrevistarlo, así que me acerqué.

--Dani, ¿tienes un momento para unas preguntas? --le dije, sonriendo.

--Claro, Adriana. --respondió con una sonrisa. --¿Qué necesitas saber?

Empezamos a hablar, y cuanto más hablábamos, más me daba cuenta de lo fácil que era estar cerca de él. Era divertido y encantador, y sentía que había una conexión genuina, nada de mariposas revoloteando en mi interior, porque juré que nunca más iba a sentir eso y menos por un futbolista, pero sí que lo sentí como alguien que podría acabar siendo importante en mi vida. 

--Gracias Dani, espero que todo lo que deseas de este torneo se cumpla. --le dije sonriendo. 

--Gracias a ti, por el gran trabajo que haces, nos vemos. --Dijo y se marchó sonriente a encontrarse con Cucurella. 

De repente, sentí una mirada fija en mí. Me giré y vi a Marcos, sus ojos clavados en nosotros con una intensidad que me hizo estremecer. Terminé de pulir algunos detalles de la entrevista con Dani y me alejé, tratando de ignorar la perturbadora presencia de Marcos.

No tardó en acercarse. --¿Así que ahora te interesa Dani Olmo? --Su tono estaba cargado de celos. Será hipócrita el rubio este. 

Levanté la barbilla, desafiándolo. --¿Qué te importa a ti, Marcos?

Marcos se inclinó hacia mí, su rostro peligrosamente cerca. --¿Estás tratando de sustituir lo que sentiste conmigo en aquella fiesta?

Enseguida me puse tensa, una de las cosas por las que nunca había querido cubrir partidos del Atlético de Madrid, había sido  porque sabía que esa noche saldría de su boca nuevamente. 

Mi corazón dio un vuelco, pero no dejé que se notara. --Eres un egocéntrico, Marcos. Lo que pasó entre nosotros fue un error.

Una chispa traviesa brilló en sus ojos. --Un error que aún no has podido olvidar, ¿verdad? Aún puedes sentir mis manos sobre tu piel.

Puso una de sus manos sobre mi mejilla y enseguida se la aparté de un manotazo no quería que me volviese a tocar en su vida. 

Sentí que el calor subía a mis mejillas, y la furia burbujeaba en mi interior. --Eres un idiota. --espeté antes de darme la vuelta y alejarme rápidamente hacia el hotel.

Llegué a mi habitación, cerrando la puerta con fuerza detrás de mí. Sara llegó poco después, su expresión preocupada. La tía es buena observando y se fija en todo y seguro que se ha fijado en lo que había pasado entre Marcos y yo antes, y como hizo anoche, viene a pedirme explicaciones, unas explicaciones que no sé si podré. 

 --Adri, ¿qué está pasando entre tú y Marcos? ¿Por qué lo odias tanto? 

--¿Otra vez? Que no seas pesada, que  no pasa nada. --Repetí, soné un poco borde, pero solo de esa manera me dejaría en paz, conozco a mi mejor amiga y sé de lo que hablo. 

--Adriana, puedes confiar en mí. Si ese tío te ha hecho algo malo quiero saberlo. Por favor, cuéntame. 

Me dejé caer en la cama, sintiendo el peso de los recuerdos. --Te lo contaré, pero prométeme que no dirás nada.

Sara asintió, sentándose a mi lado. Tomé una profunda respiración y dejé que los recuerdos inundaran mi mente.

(...)

Era una noche de marzo, en una fiesta organizada por Miwi, resulta que Marcos es su patrocinador o algo así. Había bebido más de la cuenta, tratando de ahogar el estrés de mi trabajo cuando me habían cancelado el viaje para cubrir las eliminatorias de Champions. Y ahí estaba, encantador como nadie, pero eso solo fue al principio, me había encantado y solo quería comerle la boca, pero descubrí lo muy imbécil que podía llegar a ser.  Marcos y yo habíamos tenido una acalorada discusión sobre algo trivial, no importaba qué, pero las chispas volaban entre nosotros.

"Eres imposible," le grité, sintiendo la furia burbujear en mi interior.

Marcos se acercó, su mirada intensa. "Y tú eres la mujer más terca que he conocido."

Antes de que pudiera responder, sus labios estaban sobre los míos. Fue un beso cargado de furia y deseo, una mezcla explosiva que nos llevó a su habitación. La tensión entre nosotros se transformó en una pasión arrolladora, cada toque y caricia llenos de una intensidad que nunca había experimentado.

A la mañana siguiente, me desperté sintiéndome confundida y vulnerable. Marcos estaba a mi lado, y en ese momento supe que habíamos cruzado una línea que no podíamos deshacer. Decidí que lo mejor era mantener distancia y no mencionar lo que había pasado. 

A los pocos días, ese día no viniste a trabajar porque tenías gripe, Javi apareció por la oficina muy enfadado, Marcos Llorente había alardeado de haberse acostado con una periodista de Estadio Deportivo y los jefes habían llamado la atención, porque nuestro trabajo no puede permitirse deslices como esos. Afortunadamente no descubrieron que fui yo. No sé que se me pasó por la mente, ni que fuésemos Sara Carbonero e Iker Casillas.

(...) 

Sara me miró con ojos grandes y comprensivos. --Adri, lo siento. No tenía idea.

--Es algo que prefiero olvidar. --murmuré, sintiéndome agotada por la confesión. --Pero es difícil cuando él sigue trayéndolo a colación.

--Quizás necesitas enfrentarte a lo que sientes de verdad. --sugirió Sara suavemente. --A lo mejor deberías de mandarlo a la mierda y decirle que no se vuelva a acercar a ti. 

--¿Entiendes ahora por qué no quería venir? --Ella asintió. 

--Pero eres una de las mejores periodistas de este país, y esta es tu oportunidad, un rubio macizo no va a impedirte cumplir tus metas. 

La miré, sabiendo que tenía razón pero sin saber cómo hacerlo. La Eurocopa apenas había comenzado, y ya sentía que la verdadera batalla no sería en el campo de juego, sino en mi propio corazón.

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Holaaaaaaaaaaaaaaa, ayer no publiqué porque bueno era muy precipitado, pero he vuelto. 

pd: ya pronto La liga, ¿de qué equipo sois? 

Nos leemos pronto. 

ig: 

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