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Capitulo 18. El Jefe

― Gianfranco no me dejó más alternativa que acorralarlo hasta que me dijo todo ―dijo mi primo, mirándome con una expresión desafiante y vivaz mientras yo continuaba mirándolo incrédula. Él agarró mi pelo y lo miró burlonamente.

― Eres un abusivo ―me quejé alejándome de sus garras. Sus ojos pardos brillaron, se acomodó en el sillón en el que nos encontrábamos sentados, y movió su cabeza hacia un lado sin disgusto alguno.

― Me han llamado cosas peores ―comentó, y negué con la cabeza. Él sonrió de buen humor y se quedó contemplando la pintura que estaba enrollada sobre la mesa― Así que ese es el Torreón Escarlata ―susurró.

― ¿Cómo sabes de ella? ¿Y por qué no estás gritándome por estar rodeada de ladrones? ―pregunté casi sacada de quicio.

Tiziano le dio un vistazo a Francesca que conversaba con Bautista, lejos de nosotros, y a Lina junto a Drake que seguían frente a la computadora.

―Nuestra familia es más peculiar de lo que tú crees ―sentenció volviéndome a mirar. Ya no había diversión o jovialidad, solo una solemnidad seria que me hacia preguntarme muchas cosas.

Reí sin humor sin dejar de mirarlo agudamente.

― ¿Qué? ¿Ahora me dirás que pertenecemos a la mafia siciliana? ―pregunté, pero él no sonrió. Sus ojos se tornaron de un gris oscuro sobre mí, y sentí mi rostro palidecer.

― No diría que somos técnicamente una mafia pero sabes que el abuelo tiene muchas influencias y contactos ―dijo.

La sangre de mi cuerpo se heló, y no había comentario que me hiciese a ser la de antes. ¿En qué momento fue que mi vida dejó de ser lo que creí? ¿Cómo es posible que haya vivido todos estos años ciega acerca de eso? ¿Por qué?

Tiziano se acercó a mí lentamente. Sus brazos me rodearon con fuerza en un cálido abrazo que ya hacía tiempo que no recibía, y el cual me resultaba extraño. Hacía tiempo no recibía muestras de cariño, y cuando lo hacía, simplemente no podía contenerme.

Abracé a mi primo por el cuello y ni siquiera me esforcé en no llorar. Hacía tanto tiempo estaba queriendo ser fuerte, que simplemente acumular todo lo que sucedía y sentía me estaba aniquilando por dentro hasta convertirme en pobres vestigios de lo que solía ser. La congoja me recorrió, y las lágrimas caían fáciles y ligeras.

De pronto, una pequeña idea se cruzó por mi mente y mi expresión se volvió tormentosa. Me separé apenas de mi primo para verlo de frente.

― La muerte de mi madre y mi hermano, ¿esta relacionada a lo que es nuestra familia? ―pregunté. Sombrío y dudoso él negó.

― No lo sé ―respondió―, yo estoy tan metido en eso como tu ―agregó, y respiré aliviada por saberlo diferente al resto. Él siempre lo había sido y por eso lo amaba tanto― Pero, ¿entonces como sabes...? ―empecé a preguntar.

― No estoy en la mafia, pero soy falsificador y estafador ―respondió antes de que terminase de formular la pregunta. Quedé boquiabierta mirándolo, y él torció el gesto―, pero ya estoy retirado ―comentó.

― No, no lo estas ―canturreó Francesca uniéndose a nosotros. La miré inexpresiva a ella y a mi primo. Ella me sonrió con dulzura y peinó mi pelo con suavidad―. Sí, yo también estoy metida en eso ―se encogió de hombros como si fuese algo de todos los días decirles a tus familiares que eres un ladrón.

Parpadeé para salir de mi obnubilación y sequé las lágrimas que seguían cayendo a través de mis mejillas.

― ¿Esta es la parte en la que me dicen que todo lo que me dijeron es mentira? ―pregunté inquieta. Francesca y Tiziano se miraron para luego negar.

― Mi verdadero nombre es Lara Estrada y nací en Argentina, como lo sabes, lo que no sabes que fui una estafadora durante muchos años y así conocí a tu primo ―me dijo. Parpadeé de nuevo y los volví a mirar a ambos.

― ¿Entonces no se conocieron en la Fontana di Trevi? ―pregunté elevando mi voz, no tanto porque me mintieran sino porque siempre creí tan sorprendentemente irreal y romántico ese encuentro.

― Eh.... Si y no ―respondió Tiziano―. Ambos queríamos robar un auto y bla bla bla ―dijo moviendo su mano como si hablara. Francesca o Lara lo miró con advertencia y él le sonrió culpable.

― entonces, ¿cómo te llamo? ―le pregunté a ella con angustia. Ella sonrió, agarrándose la panza donde lentamente crecía mi pequeño primo o prima.

― Lara murió, yo soy Francesca, siempre lo fui ―respondió y miró a mi primo con una ternura y sentimiento que me hizo sentir envidia.

Sacudí mi cabeza teniendo la seguridad que tenía mucho por procesar, y temiendo que quedara mucho más también. Oí pasos que se acercaron y posé mis ojos en un Bautista aún asombrado por la presencia de Francesca. Él no dejaba de mirarla y sonreír, y en el fondo de mi sentí celos de esa energía atrayente que ella genera y la cual te hago imposible no quererla.

Él miró a mi prima y luego bajó sus ojos hacia mi. Imaginando el aspecto horroroso que tenía, pensé que no era algo que era lindo de ver, pero aún así él me sonrió con consideración.

― ¿Cómo te encuentras? ―me preguntó. Yo intenté sonreír y asentí débilmente, y sintiendo las miradas de Francesca y Tiziano clavándose nosotros como agujas.

― Bien ―respondí. Su sonrisa se hizo más extendí pero se borró cuando Drake lo llamó con urgencia.

― Es hora ―dijo y sentí la tensión de imaginar lo que podía suceder de ahora en más.

********

La noche había caído. El aire poseía una templanza que anunciaba advertencia, y así estábamos todos. Tensos y con la guardia en alto. Lejos del banco donde estaba Bautista, yo me encontraba en el asiento trasero de un auto con Tiziano y Francesca. Drake se mantenía observando todo desde el apartamento mientras Lina esperaba en su auto a que el intercambio terminara.

La espera se estaba volviendo tediosa y mis ánimos estaban exultantes con todo lo ocurrido. No podía dejar de mirar el alrededor en busca de alguna señal que me dijera que pronto todo iba a terminar pero nada de eso ocurría. Solo oía a Tiziano y a Francesca discutir sobre unos amigos de ellos llamados Aimée y Jesse, o algo así.

― Creo que la única forma de solucionar eso es que Alex interceda, y tú lo sabes ―sentenció mi primo y yo puse los ojos en blanco ante esa postura machista que tenía.

― Alex está ocupado con sus asuntos ―dijo Francesca, y Tiziano rió burlonamente.

― Oh, lo siento, porque él es La sombra y tiene mejores cosas que hacer antes ocuparse de sus amigos pervertidos ―se quejó. ¿La sombra? ¿Por qué me sonaba conocido ese nombre?

Intenté buscar la respuesta pero en ese preciso momento vi unas personas caminar por las orillas del parque en dirección a Bautista. Me erguí tensamente y observé hacia atrás, donde un auto oscuro se mantenía estacionado.

«Espero que no estés pensando hacer ninguna locura» me dijo mi consciencia, y negué. No iba a hacer nada indebido, solo observar el intercambio para luego tener que separarme de ellos e ir en busca de mi hermano. Pero, había algo. No lo puedo explicar con palabras, pero sentía como que algo faltaba a ese gigante rompecabezas que se estaba construyendo en mi mente.

El secuestro de mi hermano había desembocado en solo dos cosas: una era reencontrarme con la triada y la segunda, era aquella pintura. El torreón escarlata era la única pista que tenía acerca de Matteo y sobre la posible causa. Logré encontrar la pista que supongo que mi hermano deseaba, ¿Y ahora qué? ¿Debía volver a Italia con las manos vacías?

«No, no, no, no» oí mi voz interior. «Estás loca si piensas que puedes lograr algo mas» agregó. Meneé mi cabeza teniendo la seguridad que podía lograr lo que quisiese si pensaba en Matteo, y sin dudarlo, abrí la puerta del auto con el sumo silencio y salí corriendo hacia el sector donde aquel auto se encontraba.

Ahí debía haber alguna pista, lo sabía, lo sentía. Esa pintura debía ser más importante de lo que suponía, pero en el instante en que me dispuso a cruzar la calle sentí que alguien me agarró desde la espalda, tapándome la boca con algo y solo, sumergiéndome en un profundo sueño donde solo escuché una voz: «tú sí que sabes meterte en problemas» pero mi consciencia dejó de tener la voz de mi madrastra, para ser aquel tono melodioso y tenue de Bautista que fue el nombre que intenté gritar antes de caer.

Sentí la pesadez recorrer mi cuerpo y acumularse en mi cabeza como si hubiese pasado todo el día tomando alcohol y la resaca era lo único que quedaba. Pero no había tomado nada y ni siquiera había estado de fiesta. Tensión y la adrenalina del peligro recorrieron mi espalda fríamente.

Abrí los ojos y me levanté viéndome recostada en una habitación austera pero cálida, que era demasiado dispar con la situación en la que me encontraba: nuevamente secuestrada. «Demonios» pensé poniéndome de pie y recorriendo la habitación. Me acerque corriendo a la ventana pero estaba trabaja y tenía rejas.

Maldije una vez mas mientras me dirigí hacia la puerta, que la encontré milagrosamente abierta. Dudé, ¿Y cómo no hacerlo? La suerte no me había acompañado en el último tiempo, y también dudaba que nunca me hubiese acompañado en la vida.

Por primera vez en la vida deseé haberle hecho caso a mi conciencia pero no lo hice y así me encontraba, encerrada por mis propias decisiones.

Abrí la puerta lentamente y husmeé el oscuro pasillo. Todo era silencio en aquel sitio que parecía un antiguo apartamento. Pensé en quedarme allí, pero no, debía escapar así que me dispuse a recorrer el oscuro pasillo hacia algún sitio luminoso. De pronto me obligué q agazaparme sobre la pared, cuando el sonido de voces discutiendo resonó con fuerza.

Eran un par de hombres, no podía identificar cuantos, que hablaban en un idioma que no comprendía. Quizás alemán. Iba a irme en dirección contraria pero capturaron mi atención cuando oí un nombre: el mío.

Sin dudarlo, me acerqué más y más, hasta que me agache hasta la cerradura y capté la imagen de un hombre en pantalones negros y una camisa blanca. Lo vi golpear un escritorio con furia, y cuando se hizo el silencio temí que me hubiesen descubierto.

― Esto se ha ido del alcance de nuestras manos ―dijo aquel hombre de traje. Me tensé y me sentí mareada al reconocer el idioma italiano.

Una lluvia de imágenes se agolpó en mi cerebro creando abombamiento, y realmente no pensé cuando abrí la puerta de par en par para encontrarme de frente con el jefe de la triada. Lo único que logré hacer cuando lo vi, fue gritar horrorizada.

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