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Crónicas II


Sinopsis:

Una vida común y corriente. Un secuestro. Mentiras, traiciones y manipulación. El mundo del crimen le intriga y la seduce, y quizás sea que lo lleva en la sangre.

Primer vistazo: Capitulo 1: Caotica

Paris, Francia. Mayo 2014

Siempre están esos momentos en los que piensas «¿Puede empeorar mi día?» para que luego, por arte de magia, suceda algo que hace que ocurra. Tu día empeora, y empeora, y así hasta caer en un abismo donde solo quieres huir y no te importa cómo.

Bueno, el día de hoy es uno de esos días. Y cuando me refiero a esos días no hablo de los ciclos femeninos, sino a los días en los que empeoran las cosas. Aunque... podría ser que eso también estuviese siendo una mínima parte de mi mal humor.

¡Por dios! ¿Ustedes saben cuando estoy de mal humor yo? ¿Qué? ¿No lo saben? Lo siento... les responderé: NUNCA. No soy una persona de estar de mal humor, me gusta estar feliz y si no lo estoy, por lo menos lo finjo para poder pasarla mejor.

Ahora, ¿Dónde estaba? Cierto, mi día malo. Bueno, decir malo es solo una ínfima parte de lo que en verdad sucede. Pero primero, necesito presentarme. Mi nombre es Allegra Candelaria Materazzi, pero todos me llaman Ale. Así que pueden llamarme así, para darnos un poco de familiaridad. Tengo 21 años, soy estudiante de abogacía y provengo de una familia grande y disfuncional, ósea, alguien común y corriente.

¿Cómo comenzó mi horripilante día? Bueno, todo se inició cuando me levanté, como de costumbre, a las seis de la mañana y fui directamente al baño. Me desvestí para meterme a la ducha y me encontré con la no tan grata sorpresa de que el agua no calentaba. ¿Qué mierda? «Ok, puedo esperar» me dije a mi misma apelando a mi paciencia, entonces, me puse la bata y fui a la cocina a prepararme el desayuno, pero ¿Qué paso? Si... el gas no funcionaba. En ese momento cerré los ojos y recé a Dios para que preservara mi paciencia y me diera un punto positivo en todo eso.

En ese momento pensé: «Recurrí al karma Ale, si piensas en positivo suceden cosas positiva». Lo irónico es que he estado todo el día pensando en positivo y hasta ahora nada ha sucedido. Y así, se me dio por ordenar mis cosas para la cursada que tengo en la mañana, pero en medio de todo mi celular comenzó a sonar desenfrenado.

—Ciao —dije cuando logré llegar a él, sin detenerme a mirar el identificador.

—Buen día, Candelaria —oí una voz de hombre profunda y solemne. Lo último que me faltaba en ese momento era recibir una llamada de mi padre a esa hora de la mañana, y si, él es el único que me llama por si segundo nombre. Que quieren que les diga... cada loco con su tema.

Suspiré ante su formalismo. Él era distante y serio. Antes, muchos años atrás, me enojada demasiado que fuese así pero con el tiempo entendí que no podía hacer nada para cambiarlo y ese día comencé a esforzarme por tolerarlo.

—Buen día padre —lo saludé mientras deambulaba por el departamento— ¿Sucede algo? —pregunté.

Felipe, mi padre, no es de esas personas muy comunicativas que digamos. Como explicarles... en mis cumpleaños, que nunca recuerda, me manda algún que otro regalo caro, con una tarjeta que la escribe su secretaria. En las reuniones familiares se limita a preguntar el estado de salud y en que invertimos el dinero que nos da. En cuanto a las llamadas, que limita a hablar con cada uno de sus hijos un mínimo de cinco minutos una vez al mes. Te preguntaras, ¿Y qué es lo que me llama la atención? Esta es la segunda llamada en el mes.

—Seré breve —dijo. Puse los ojos en blanco ante aquella ironía, mientras metía mis cuadernos y lapiceras dentro de mi cartera—, quiero que oigas la noticia por mí y no por nadie más: Regina está embarazada. Así que pronto va a haber un nuevo integrante en la familia —dijo.

Me quedé de piedra ante la noticia; hacía años que ambos estaban casados y suponía que en algún momento iba a suceder ya que ella es una mujer joven aún y es el deseo de toda mujer tener hijos, ¿no? Pero después de tanto, había llegado a creer que no pasaría... hasta ahora.

No sabía cómo sentirse, como reaccionar, y mucho menos, que decirle. Sonreía para mí misma con optimismo. Tendría otro hermano, y solo esperaba que tuviese una crianza normal.

—Felicitaciones padre —dije sonando más feliz de lo que me encontraba, aun no procesaba la noticia ni sabía si lo haría alguna vez. Mi papa balbuceo algo que no tuvo mucho sentido y lo consideré como un agradecimiento— ¿Cómo se encuentra Regina? —le pregunte, pero en verdad, me interesaba más la pequeña vida que estaba creciendo dentro de ella.

Como se darán cuenta, no soy su fan número uno, pero es que ella es tan amorosa y empática como un tempano de hielo.

—Se encuentra bien —respondió austeramente, y yo no supe que mas decir. Un pequeño e incomodo silencio se creó entre los dos y me puse nerviosa.

—¿Ya les avisaste a los demás? —pregunté al no soportar ese silencio, refiriéndome a mis hermanos.

—No, decidí que serías la primera en saberlo, en cuanto corte me comunico con ellos —no sé por qué, pero ese detalle me conmovió y sonreí con la ilusión de que aquello tenía un buen significado y no que era porque, probablemente, su secretaria le había marcado mi número primero.

—Bien —dije—. ¿Y Gianella? ¿Cómo se encuentra? —pregunté, sabiendo que ella estaría a su alrededor, quizás, monitoreando que mi padre hiciere lo mejor que podía hacer en su intento de ser padre.

—Bien, ella te manda sus saludos —me dijo, aunque ya había oído su voz en el fondo, y sonreí ante su papel casi maternal hacia mí—. Bueno, Candelaria, me despido. Espero que todo esté bien por allá, si necesites algo solo avisa —comentó, tras dudar.

—Si, padre, lo haré. Adiós, y saludos —le dije, y tras un corto saludo él corto.

Me quedé de pie en medio de la sala, con la mirada perdida en el celular. Aturdida, suspiré y miré a mí alrededor. Todo estaba desordenado pero no era porque no me gustaba ordenar, sino porque no encontraba el tiempo. Mi tiempo se dividía en las horas de cursar, las practicas, y en tiempo para poder estudiar; apenas podía manejarme para encontrar un momento para poder vivir.

Vivir... ya no sé ni lo que es. Déjenme decirles, que es totalmente frustrante vivir en la hermosa ciudad de Paris y no poder disfrutarla. Solo en mis primeros años pude recorrerla, pero ya no, mi vida son mis estudios. Me encanta parís, su melancolía, su música, su gente, y su arte. Voy a hacerles una pequeña confesión, siempre tuve aspiraciones artísticas pero con el padre que tengo, muchas opciones no me quedaron.

Entonces, ¿Qué sucedió después?

Estaba aún tildada, y creo que quedé así un buen rato, hasta que el sonido de mi celular volvió a sonar. Mecánicamente, lo lleve a mi oído y atendí.

—Ciao —dije.

—Bonjour l'amour —respondí, y sonreí volviendo a tener vida así como si nada.

—Bonjour —murmuré, embriagándome de su acento; Beau es mi novio. Él es francés y es hermoso, que quieren que les diga. Alto, de pelo negro y ojos negros, con un cuerpo de ensueño.

—¿Qué haces mademoiselle? —me preguntó hablando en inglés.

—Nada, me tengo que ir a cursar. ¿Y tu? —pregunté. Lo oí decir algo pero no escuche bien— ¿Qué dijiste? —pregunté.

—Te preguntaba, si quieres hacer algo en la noche —dijo, con un tono que no logre decodificar. Yo dudé, era viernes y mañana quería estudiar desde temprano, pero la idea era tentadora y hacia tiempo que no pasaba mucho tiempo con él.

—Está bien —le dije.

—Genial hermosa, te paso a buscar a las siete por tu casa, ¿si? —me preguntó, y yo asentí— Nos vemos a la noche, Je t'aime —murmuró y sonreí.

—Yo también, besos —le respondí antes de cortar.

Ahora había quedado con una molesta sonrisa en mi cara. Beau era todo lo que siempre había soñado encontrar en un chico, y era una de las mejores cosas que me paso en la vida, así que me era imposible no amarlo y desearlo. Pero de repente, recordé que mi día todavía no había comenzado, así que corrí hasta la ducha sin importarme si estaba fría porque tenía la esperanza de que mi día mejoraría... que ilusa que fui.

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