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Capítulo 14. Sinergia

Buenos Aires, Argentina. Mayo.

La luz que se filtraba a través de las cortinas me despertó. A regañadientes, abrí los ojos y miré a mí alrededor. ¿Dónde me encontraba?

Pensé, pensé y pensé, pero creo que no estar despierta no me ayuda a pensar. Sentí como el calor se extendía por algunas partes de mi cuerpo y miré a un lado, donde Tiziano dormía. Su ronquido resonaba en la habitación en la que dormíamos. Y pese a que la cama era grande, él y yo estábamos retenidos en un pequeño espacio de cama.

Una sensación de felicidad brotó desde mi estomago, al ver el brazo de Tiziano abrazándome y sus piernas alrededor de las mías. ¿Era real esto? ¿Podía ser que él y yo estuviésemos como antes? ¿Existían, realmente, los finales felices para personas como yo? Lamentablemente, la respuesta no la sabía.

En medio de un suspiró me acomodé en la cama, y oí un suave gruñido de él mientras ajustaba su cuerpo al mío.

— Non andaré —susurró entre sueño, y cerré los ojos, asegurándole internamente que nunca más me iría de su lado. Tomé sus manos con fuerza e intenté seguir durmiendo pero una serie de fuertes golpes sacudió la puerta y nos obligó a despertar alarmados— Che cazzo è successo? —preguntó Tiziano. La verdad, que yo también quería saber la respuesta.

—Adelante —dije sentándome en la cama.

Como un rayo, Aimée entró en la habitación y se sentó a nuestros pies, con mirada seria y provocativa.

— ¿Qué hacen aún dormidos? Tenemos trabajo que hacer —dijo, pero las palabras parecían no surtir efecto en mí, hasta que lentamente me fui despertando.

Cierto, el gran plan. Eso significaba que nos encontrábamos en Buenos Aires.

—Ahora vamos —le dijo Tiziano refregando sus ojos; su pelo estaba desordenado, y tenía marcas de la almohada en sus mejillas. Lo miré de arriba hacia abajo para deleitarme con su pecho desnudo.

Recordando la presencia de Aimée, me giré hacia ella para encontrarme con su mirada letal y perversa.

—Así que tuvieron mucho sexo anoche y no me invitaron a participar —dijo bromeando. Abrí mi boca para quejarme, ¿Cómo sabía ella...?— Tengo un sexto sentido para esto, y acá percibo una, dos... —murmuraba evaluando el alrededor.

—Tres —afirmó Tiziano con una sonrisa, y Aimée aplaudió llena de felicidad. Me volteé hacia él, aún en estado de letargo, intentando verme amenazadora. ¿Era necesario que todo el mundo se enterara de nuestra vida sexual?— ¿Qué? —dijo él a la defensiva y meneé la cabeza.

—Así se hace —Aimée chocó su palma con la de él, y no sabía cómo sentirme al respecto.

—Nos cambiamos y bajamos —le aseguré bajándome de la cama. Me encontraba en ropa interior, y rápidamente sentí las miradas de Tiziano y Aimée sobre mí. Sus silbidos me hicieron reír y les dedique mis dos dedos medios a ellos, antes de meterme en el baño.

A veces no sabía cómo comportarme con una bisexual pervertida, sobre todo rodeada de un español que está buenísimo, un inglés con las hormonas de un adolescente y un italiano perverso y al cual amo.

Cuando salí del baño, me encontré con Tiziano recostado durmiendo y ocupándose toda la cama. Puse los ojos en blanco y suspiré, acercándome a él para despertarlo de nuevo.

—Tiziano, andiamo, è tempo di svegliarsi —le dije rodeando la cama para acercarme a la ventana y abrir más las cortinas—. Tiziano, dobbiamo lavorare —insistí, yendo hacia él y sacudiéndolo un poco.

Un grito escapo de mi garganta en el momento en que me sorprendió, agarrándome por la cintura para elevarme para tirarme de espalda sobre la cama. Su cuerpo se posó perezosamente sobre él mío, al mismo tiempo que mis ojos se encontraban con los suyos y una sonrisa inquietantemente reluciente apareció entre sus labios.

—Perché tutta questa fretta? —me preguntó.

Pese a que quería responder porque, no podía controlar la sonrisa que se me formó al verlo tan vivaz. Su mano jugueteó por mi cintura y escurridizamente fue descendiendo. Mis manos, al parecer con vida propia, se metieron entre su pelo, desordenándolo mas como a mí me gustaba. Sus dedos se movieron inquietos haciendo cosquillas en mi cuerpo y haciéndome reír. Su risa se unió con la mía y me tomé unos segundos para embriagarme con su sonido.

—Tenemos que... —quise intentar hablar pero me interrumpió con un beso lento y profundo que me robó la voluntad y dejó mi mente en blanco.

Respiré su aroma y percibí una suave sonrisa entre sus labios mientras se alejaba en su intento de levantarse. Yo lo miré enojada; ¿me hacía perder la voluntad para irse así como si nada? Oh... conmigo no. Meneé la cabeza con mirada amenazante y me levanté apenas para agarrar su cuello y obligarlo a volver a estar como hacia minutos.

Lo besé con firmeza y me afiance a él sin querer soltarlo. Él rió entre dientes mientras se relajaba y sus manos volviendo a jugar en mi cuerpo.

— ¿Cuánto tiempo tenemos antes de bajar? —preguntó Tiziano mirándome picarescamente. Sin poder borrar la mueca sonriente, miré a mí alrededor y me encogí de hombros.

—Qué más da —exclamé. Él rió de esa manera despreocupada que tanto adoraba, tal como antes, y yo me sentí en el mismísimo paraíso. Sus labios se unieron a los míos con una seguridad que me aseguraron que a él le pasaba lo mismo.

***

Mayo en Buenos Aires era una melancolía embriagadora y agridulce. Las calles grises, las hojas caídas y los arboles amarillentos a causa del fatídico otoño que arrasaba con todo. Incluso las personas se veían y se comportaban con una solemnidad casi ficticia, entre mezclándose con el gentío y el transito que siempre era un desastre. Por suerte para nosotros, nos encontrábamos a las afueras de la capital, más cerca de la gran periferia donde se confundía con el resto de la provincia.

Un soplo de aire otoñal, que se filtraba a través de la ventana, revolvió mis pensamientos y me trajo al momento actual.

No sabíamos muchas cosas. No sabíamos que íbamos a hacer en este plan, ni cómo actuar ni a donde recurrir, solo sabíamos una cosa... queríamos a Dante Cervantes completamente en ruinas y alejado de nuestras vidas.

Pensábamos y pensábamos. Las ideas llegaban pero parecía que todas tenían su gran punto débil. En el ambiente gobernaba la frustración.

Suspiré y me acomodé en el sillón estirando mis pies sobre las piernas de Tiziano. Él jugueteaba con mis dedos mientras elaboraba una gran idea con Jesse, quien se encontraba sentando en una silla, totalmente desparramado, y con una cerveza en la mano. A unos pasos más allá de nosotros, Aimée se encontraba estiraba boca abajo en otro sillón con su cerebro puesto en su portátil, y Alex observaba a Tiziano y Jesse discutir, desde su posición en el sofá cama contra la pared.

—Todo es una pasada, pero se olvidan de algo —comentó Alex haciendo callar a Jesse y a Tiziano, y obligándolos a mirarlo—, aún de esa manera él va a encontrar la forma de estar libre, y lo primero que hará será vengarse de cada uno de nosotros —sentenció. Ahí estaba, otra idea yéndose al mismo infierno que le esperaba a Dante.

El silencio se explayó y todas las miradas se cruzaron. Tiziano me sonrió con amargura y yo me encogí de hombros. Llevábamos horas dando ideas mientras revisábamos la información una y otra vez.

Me detuve unos segundos en evaluar la situación y dudé. Me giré hacia Aimée, en busca de alguna luz de esperanza, y vi como sus labios se torcieron a un lado con un gesto de pesar.

—Que pensez-vous?—le pregunté. Ella ladeó su cabeza, analíticamente, mientras golpeaba suavemente sus dedos sobre el teclado como forma de canalizar su energía.

—Tenemos mucha información, pero no las pruebas claves para incriminarlo en el lavado de dinero y relacionarlo con la mafia rusa —explicó. Yo asentí viéndome cada vez más lejos de nuestra meta—. Necesitaría poder entrar a su computadora personal para eso, y no creo que sea fácil —agregó. La verdad fue como un baldazo de agua fría; acceder a esa computadora no era difícil, era imposible.

Volví a mirar a Alex, en busca de inspiración para un gran plan pero por su mirada, podía saber que no había mucho más.

—No va a ser fácil llegar a él y manejar todo a nuestro modo —murmuró él mirando los papeles desparramados frente a nosotros; allí había cuentas de bancos, certificados, archivos, y todo tipo de cosa que nos ayudaría hacer caer a Dante.

Ante el miedo de un posible ataque de pánico, me puse de pie para deambular por alrededor. Cuatro para de miradas seguían cada movimiento mío. Inhalar, exhalar y pensar, eso era todo. Finalmente, me detuve y miré, a través de la ventana, el cielo gris. Había algo, una pequeña casi inexistente fuente de esperanza que podía llegar a funcionar, después de todo... tenia conmigo al mejor equipo ¿no? Me gusta sentirme que somos los vengadores de la estafa.

—Creoque tengo una gran idea —sentencié. 

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