Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

ᴄᴀᴘíᴛᴜʟᴏ 8

Capítulo 8

Sígueme.

Debo tener cuidado. La señorita Laila está entretenida con el televisor mientras intento arrastrar a un niño de 11 años por los pasillos de la casa. Ayer descubrí algo y quiero que lo vea.

—Ángel, nos van a regañar —advierte igual de bajo—. Conoces a Laila.

—Shhh —Llevo un dedo a mis labios para que guarde silencio—. Nos regañarán si no te callas, harás que nos descubran, Lucas.

—No voy a ir —replica. Volteo cruzándome de brazos. Odio cuando se pone así, tan negativo. Entrecierra sus ojos al igual que yo—. Siempre hacemos lo que tú quieres y terminamos en problemas.

—Eso no es cierto —protesto, aunque en el fondo tiene algo de razón. Buscando salirme con la mía, pienso en otra respuesta—. Lo de los tatuajes no es mi culpa, tú no los lavaste bien.

Abre la boca, incrédulo ante mi comentario. Confieso que es un poco descarado de mi parte.

—¿Qué quieres decir? ¿Que no me baño? —reclama cruzándose de brazos—. Fuiste tú quien me pintó con crayones permanentes. Me gané un buen regaño por parte de Laila.

Quiero decirle que mejor no lo hubiese aceptado, no obstante, sé que lo hizo para hacerme feliz; él siempre intenta hacerlo.

—Lo siento —Le ofrezco una disculpa sincera. Hago un puchero y abro mis brazos, desde que lo conozco nunca se ha negado a un abrazo mío, esta no va a ser la primera vez—. Pero irás conmigo a ver lo que descubrí, ¿verdad?

Resopla cerca de mi oído. Siempre hace eso cuando me da la razón en algo.

Al poco rato estamos parados frente a la puerta que está al costado de la escalera en la planta baja. Nos quedamos quietos, sus ojos la recorren con curiosidad. Yo sé lo que hay dentro.

—¿Qué hacemos aquí? —pregunta—. Esta habitación siempre está cerrada con llave.

—Sí, pero antes de buscarte la volví a comprobar y está abierta —murmuro—. No vas a creer lo que hay dentro.

Lucas, posiblemente aburrido de tanto misterio, empuja la lámina de madera frente a nosotros. Jadea con sorpresa al ver lo que hay en su interior, eso me saca una sonrisa. Sabía que se iba a sorprender.

—¿Pero qué es esto? —Pregunta. Sus ojos se dilatan al ver los juguetes esparcidos por el suelo. Creo que ninguno había visto tantos juguetes juntos.

—No lo sé. Hoy en la mañana vi a la señorita Laila entrar con un saco. Cuando salió decidí entrar y encontré esto.

—Son muchos juguetes.

Lucas toma un tren del suelo. Lo mira con fascinación.

—Se debieron estar acumulando, creo que son donaciones.

Odio cuando el cabello me hace cosquillas. Con enojo, echo los rulos hacia atrás.

—Mira Lucas, un Hulk. —Señalo la pequeña figurita que se encuentra en la segunda repisa. Está en lo alto, junto a unos peluches.

Decida a obtenerla, me trepo con agilidad sobre un saco acomodado en el suelo y me agarro de un segundo que se encuentra en la primera repisa. Presiono sobre este e intento estirarme hasta tocar la figura de plástico. Solo tengo que estirar mi torso un poco más.

—Te vas a caer. —advierte.

Volteo para contestarle, pero la presión que ejerzo sobre el segundo saco provoca que se rasgue y lo próximo que sé es que mis pies ya no están sobre una superficie firme. Pataleo en el aire hasta que impacto contra el suelo.

Toso, me duele todo el cuerpo. Sobo parte de mi costado adolorido, recordando que me acabo de caer de una repisa bastante alta. Cuando abro los ojos, noto el desastre que se ha creado. Un polvo blanco cubre todo el suelo, al igual que a Lucas y a mí. Mi amigo tose debido a las partículas que hay en el aire, luego me mira. Me hace mucha gracia como sus ojos azules quedan enmarcados por unas pestañas completamente blancas debido al polvillo. Quiero abrazarlo sólo para que quite esa expresión de enojo tan fea.

—Ves como siempre terminamos en problemas. —reclama.

Volteo los ojos y de mala gana le extiendo la figurilla de plástico que tanto trabajo costó obtener.

➻➻➻

—Maia, ¿me escuchas?

Me cuesta un poco alejarme del sueño. Pestañeo para intentar espabilarme, ahora mismo sólo quiero volver a dormir. Frente a mí están Lillian y Susana, sentadas a la orilla de la cama de Caro. Ambas me observan con preocupación mientras restriego mis ojos. Deben estar rojos e hinchados, anoche me quedé dormida entre lágrimas.

—Sí.

Mi hermana, que ahora veo también está en la habitación, se acerca y deposita un beso en mi mejilla.

—¿Por qué estás triste?— pregunta, sentándose a mi lado. Toco su cabello cuando coloca la cabeza en mi hombro— ¿Te sientes como la estrella?

Susana y Lillian la observan, la curiosidad hace mella en su expresión. Aprieto mis labios, trato de asimilar lo que mi hermana dice. A pesar de que ha pasado algo de tiempo, ella lo recuerda.

Un día Caroline me vio llorar, no soy de hierro y tengo mis momentos débiles en los que no me oculto del mundo y dejo las lágrimas fluir. Esa tarde le expliqué que me sentía como una estrella, sola y un poco apagada. Que el cielo estaba lleno de ellas, estrellas que se juntan, entras que están juntas, y no entiendo porqué me siento tan sola, porqué no puedo estar con ellas, ¿quizá no soy suficiente? ¿no brillo con la misma intensidad? Ella conoce mucho sobre estrellas, yo le solía leer sobre eso. Comprendió la esencia de lo que decía y no tardó en abrazarme. Me nombró como la osa mayor y ella la menor. Me dijo que aunque esas estrellas brillaban solas en el cielo, ambas formamos una constelación. Que cuando me sintiera triste la abrazara y se lo dijera, que ella brillaría por ambas.

Esa tarde comprendí que es imposible que todas las estrellas desprendan la misma intensidad. Supe que hay estrellas fugaces, que dan su máximo brillo porque saben que le quedan pocos segundos para hacerlo. Estrellas que se ven aunque estén a mucha distancia, otras que es necesario un telescopio para verlas, incluso algunas que ni parecen estrellas, pero eso ya depende del ojo que la mire. Supe que cada estrella cumple una función en el cielo por si sola. Que las estrellas no dependen de constelaciones, son las constelaciones las que dependen de ellas. Aprendí que si quieres, puedes permitir que otra estrella comparta su brillo contigo, o puedes brillar por ti misma, abrazar tu luz, sea poca o mucha. Puedes decir aquí estoy, y nombrar a ese pedacito de cielo tu reino, tu espacio, uno donde tu brillo es más que suficiente.

Mi hermana es una niña muy inteligente, de esas que parecen no enterarse de nada y al final se enteran de todo. La relación de ambas es reciproca, nos cuidamos la espalda y velamos la una por la otra. Nunca podría imaginar mi vida si no estuviese a mi lado. Me arrebataron muchas cosas, sin embargo, me dieron el mayor regalo que podría tener. Ella.

—No. Te prometo que estoy bien. ¿Por qué no vas a abajo? Vi que tienes nuevos amigos.

La sugerencia es un intento por distraerla. Miro a Lillian. La rubia asiente en mi dirección.

—Vamos, linda. Yo te llevo. —ofrece la rubia tomando a mi hermana de la mano.

—No, mi hermana-

—Estoy bien, peque.

La miro a los ojos para que sepa que es verdad. Después observo como ambas se retiran, una vez solas, presto atención a Susana. Me mira conmovida e intento afirmar lo que dije.

—Estoy bien. —reitero.

Me recuesto en la pared de afiches. Suelto un suspiro, estoy agotada.

—Sabes que si necesitas hablar aquí estoy. No guardes todo dentro, te hará daño.

—Lo sé. ¿Vinieron a decirme algo?

—Vinimos a ver cómo estabas. Me preocupé cuando te vi correr, no vine en ese momento porque supuse que deseabas espacio. También necesitamos darte una información.

—¿Cuál?

—Mañana comenzarás las clases en un colegio del pueblo. Este lugar no es muy grande, cuenta con dos escuelas y ambas ofrecen clases hasta el bachiller. Puedes decidir si quieres pasar tu curso sola, o en el mismo colegio que tu hermana.

—Con mi hermana.

—Claire también va en ese curso, por lo que desde ahora tienes una compañera. Como no has comenzado no fue difícil hacer el traslado. Los materiales los puse sobre esa silla —Señala una silla repleta de libros en la esquina de la habitación—. Los de tu hermana también están.

—Gracias —digo de corazón. Susana me dedica una sonrisa pequeña—. No solo por la escuela. Gracias por todo, Susana.

—Para mí es un gusto —responde poniéndose de pie. Se inclina y acaricia mi mejilla en un gesto dulce. Estamos tan cerca que alcanzo a ver en sus pupilas marrones un reflejo de las mías. Mis ojos se cristalizan—. Quiero que recuerdes que aunque la vida nos de empujones o nos lance contra el suelo, nosotros somos los únicos que tenemos la capacidad de levantarnos, de quitarnos las gafas oscuras y ver todo a color.

Trago en seco con sus palabras en la cabeza. Comienza a caminar y justo cuando está por llegar a la puerta, menciono su nombre. Voltea y aprovecho para decirle algo que noté desde que llegamos a este lugar.

—Me gusta que ahora lleves el cabello suelto.

Me dedica una sonrisa gigante, luego abandona la habitación. Tal vez ella lo ve como algo insignificante. Yo, como un gran cambio.

➻➻➻

El colegio al que voy no requiere uniforme. Adopto la vestimenta de siempre, unos pantalones holgados y en este caso, sudadera azul. Un dato que debo anclar en mi archivo mental, es levantarme más temprano. Aquí vivimos muchas personas y, a pesar de que hay dos baños, me retraso mucho en la mañana. Los más grandes somos los últimos y luego bajamos a desayunar.

El día de hoy la alegría de Claire es contagiosa, lleva un vestido mostaza y debajo de este una camisa blanca mangas cortas que le queda genial. Escucho animada las pequeñas anécdotas que me ofrece sobre sus cursos pasados y algunos amigos del pueblo.

Intento concentrarme en ello, y no en que él me está mirando, con el rabillo del ojo he notado que me observa, pero cuando levanto la vista la suya cambia de dirección. Está a unas mesas de distancia junto al chico rubio con el que no he tenido oportunidad de hablar. Su vestimenta es igual a la mía, la diferencia es que su prenda superior es blanca. Remueve lento la comida, antes de probar un bocado hace una mueca de disgusto. Recuesta la espalda en la silla y observa con las cejas fruncidas el plato de avena.

—No me digas que tampoco le gusta la comida de aquí.

Mi amiga desvía la mirada de su desayuno a mí, luego hacia el trayecto donde están clavados mis ojos. Suspira mientras deja los cubiertos en el plato y agarra su mochila. Parece molesta.

—Creo que debemos ir a la puerta principal, nos deben estar esperando. —avisa.

Asiento. Tomo la de mi hermana y la mía. Cuando llegamos a la puerta principal, el cuerpo moreno de Débora se encuentra en la puerta. Su atuendo es deportivo anexado a una gorra que cubre parte de sus rizos chocolate. Nos observa con los brazos en jarras.

—¡Al fin llega la tropa rezagada! —exclama. Luego cae en cuenta que somos nosotras tres nada más. Lleva una mano a la frente, con frustración— ¿Dónde están Ash y Tony?

—Aquí —dice una voz por detrás, tiene un tono aburrido al que me estoy adaptando. Ashton pasa por mi lado y se acomoda la mochila al llegar junto a Débora— ¿Nos vamos?

—¡Andando tropa!

El sol se cuela entre los arbustos del estrecho camino que ya reconozco. Tengo cuidado con las ramas debido a que la última vez mi pantalón sufrió una seria herida. Caminamos en fila india, mi hermana va delante de mí, no pienso cometer el mismo error dos veces. Claire va atrás y Ashton encabeza la fija justo después de Débora. No me pierdo cuando por unos instantes fija su atención en un lado del camino, fue fugaz, aunque no lo suficiente como para pasarlo desapercibido. Últimamente lo he estado observando. Me propuse descubrir que esconde, no quiero sonar como acosadora, pero lo que escuché en su habitación me dejó intrigada.

Pasamos del camino rústico a la carretera. Cruzamos y mis zapatillas no tardan en reposar sobre el suelo forrado en adoquines. Detallo lo campestre de este lugar. Las sábanas en los balcones y las plantas enredadas en las barandas crean, junto a las casas, una paleta de colores única. Aunque es temprano el sol ya está en lo alto, iluminando las cabelleras de los niños que cargan su mochila rumbo a la escuela. Mi hermana toma mi mano y comenzamos a caminar. De las guirnaldas que cruzan la calle cuelgan pequeñas banderillas que simbolizan Reino Unido.

Caroline aprieta mi mano al observarlas. Lanza cabeza hacia atrás mientras achica sus ojos y una sonrisa de pequeños dientes completa su expresión.

—Me gustan. —enfatiza. Alza su mano para señalar las telas que se mueven con el viento.

Sonrío ante su comentario. Con la mano doy un ligero tirón a su brazo para llamar su atención.

—Me habías dicho que no te gustaba este lugar.

Se encoje de hombros.

—Los niños nos equivocamos.
—Todos nos equivocamos, Caro. —respondo con dulzura.

Nuestro recorrido termina frente a un gran edificio. Su arquitectura destaca entre las casas adyacentes y en la entrada se aglomeran algunos estudiantes. Débora nos pide que entremos, trae prisa puesto que debe llevar al segundo grupo que corresponde al otro colegio. Entiendo la iniciativa que quisieron tomar, nos dan la oportunidad de escoger, ya que, aunque "casi todos" nos llevemos bien en la casa, estamos obligados a convivir todo el día juntos. Supongo que esta es una oportunidad para que gocemos de cierta independencia.

Cuando entramos cada uno se dispersa, yo me mantengo cerca de Claire. Si hay alguien que puede hacer de guía, es ella. Esta es la escuela donde siempre ha estudiado y por ende se sabe todos los pasillos y recovecos que contiene. No sé si la suerte jugó en mi contra, pero Ashton también cursa en aquí. Prácticamente todos, excepto seis u ocho chicos que escogieron la otra escuela.

Claire nos acompaña a la zona asignada para la edad de Caroline. Los padres toman de la mano a sus hijos, tienen sonrisas enormes que les infunde seguridad. Para muchos es difícil comenzar la escuela por primera vez; lo demuestra las lágrimas que surcan las mejillas de algunos infantes, pero en contraste con ello, se encuentra la sonrisa radiante de algunos, ansiosos por vivir una nueva experiencia.
Aprieto la mano de mi hermana. No quiero que se sienta menos, ella también tiene una mano que agarrar, tiene la mía. Seco sus lágrimas y la dejo en su salón. Le agradezco a Claire todos los comentarios y anécdotas graciosas que dijo en un intento entusiasta, pero fallido, de hacerla sonreír.

Estoy un poco afligida cuando me reencuentro con la pelinegra en los pasillos. Me entristece el hecho de dejar a mi hermana sola, pero si hice tanto para que ella tuviese más "libertad", yo soy la primera que debo predicar eso. Estaré cerca por cada paso que dé, pero ella debe aprender a caminar por si sola.

Subimos dos pisos más arriba. Las aulas están abiertas, hay que chicos conversan en sus correspondientes entradas. Algunos saludan a Claire, otros la ignoran, y yo me mantengo callada esquivando miradas y apretando las manos en mis bolsillos. Ser la nueva nunca me ha sentado bien.

El pasillo conformado por los salones de bachillerato es extenso. Cada aula es etiquetada con el grado al que pertenece. Me entretengo observando esos detalles hasta que de entre un grupo de chicos que conversan en una de esas puertas, logro divisar a Ashton sentado en una de mesas de enfrente. Conversa con un moreno y una rubia de cabello rizo está sentada sobre su regazo. No puedo apartar la mirada, Ashton pasa su mano por su mejilla algo hundida y apoya la cabeza en la espalda de la chica.

Frunzo el seño. La escena me parece extraña, no sabía que Ashton era cariñoso, bueno, no es como si lo estuviera viendo dar cariñitos, pero se nota que tienen afinidad. Aunque yo no sé nada de este chico, no conozco sus facetas, sólo parte de su personalidad y siento que se esconden más cosas debajo de ese cascarón; él me recuerda uno que rompí hace mucho tiempo.

—Se llama Samantha —No sabía que Claire también detuvo su paso hasta que habló. Con la barbilla señala hacia la puerta. Los chicos que se encuentran allí deben pensar que hablamos sobre ellos—. Va en nuestro curso.

Ignoro esa información y reanudo la marcha, poco me interesa quién sea ella. Claire me indica cual es nuestro salón y nos acomodamos en las filas de en medio. En pocos minutos llega la profesora con una charla de bienvenida. Damos algunas materias y rotamos por otros salones de clases como el de química y artística.

En este último me encuentro ahora, dibujando sobre un pequeño lienzo que la profesora nos repartió para medir nuestras habilidades. Amo dibujar, lo he hecho desde pequeña, en cada pincelada o grafito que gasto se van un poco de mis angustias. Intento concentrarme en el lienzo, pero los continuos resoplos de Claire hacen mi tarea tediosa.

—Claire. ¿Puedes dejar de resoplar? Es imposible concentrarme de esa forma.

Dejo el pincel sobre la mesa a mi lado y ladeo la cabeza observando la gama de colores sobre el lienzo.

—Lo siento —Giro ante sus disculpas. La asiática hace un puchero y deja sus pinceles sobre la superficie lisa—. Es que esto de dibujar no es lo mío. Mira tú como dibujas —Señala mi trabajo—, es como si transmitieras tantas cosas, tanta tristeza, cada línea que veo en ese cuadro me llega al alma. No soy experta en arte, pero tengo que decir que eres muy talentosa, Maia.

—Estoy de acuerdo contigo —Pego un respingo ante la voz. No tengo idea de en qué instante la rubia llegó a mi lado, me sonríe. Es la rubia que estaba sobre Ashton. Estira su mano a modo de presentación—. Soy Samantha.

Acepto el saludo. Tal vez me vea como una indiscreta detallándola. Sus ojos son de un azul claro, como si un cielo hubiese sido enfrascado en ellos. Sus rasgos delicados y los rizos de su cabello me recuerdan a mí cuando pequeña.

—Maia, soy nueva.

—Un gusto —responde recuperando su mano, luego señala mi cuadro a medio terminar—. De verdad pintas muy bien, transmites mucho cuando lo haces. Debo admitir que no soy muy fan de las cosas tristes, pero este cuadro y las pinturas de mi primo son las únicas que han logrado atraparme.

Miro confundida lo que para mí son garabatos y para ellas una maravilla, no creo que sea para tanto.

—¿Cuándo regresará tu primo? —pregunta Claire. Se ruborizan sus mejillas.

—Hola, Claire—dice la rubia con cierto tono de burla, creo que a mi amiga le interesa tanto esa información que se le olvidó saludar. Ella lo nota y sus mejillas rellenitas adquieren un rojo más intenso. Es algo gracioso de ver—. Creo que viene en dos días, no estoy muy segura.

Se instala un silencio cargado de vergüenza.

—Era Maia, ¿no? —Vuelve a preguntar.

—Sí.

—Bueno, ya que hablamos de mi primo, creo que él amaría ver algunos de tus dibujos. Estudia en una Academia de Artes y puede ayudarte con las técnicas y esas cosas. Si tú quieres, claro.

—No lo sé. —respondo, un poco insegura.

—Bueno, él acostumbra a pasar por la escuela cuando viene a visitarnos, tal vez se conozcan.

—Tal vez. —respondo junto a una pequeña sonrisa.

Samantha asiente y se despide de ambas. La sigo con la mirada hasta que se sitúa a unas pocas mesas de nosotras. Luego enarco una ceja hacia la asiática que parece un tomate.

—Te gusta su primo. —La molesto con voz pícara.

—No-o. P-para nada. —balbucea.

Los nervios juegan en su contra cuando toma sus pinceles y dos de ellos caen al suelo. Los recoge y vuelven a caer.

—Yo creo que sí.

Claire niega con la cabeza. La intensidad del rojo en sus mejillas va en crescendo.

—¿Cómo se llama?

Cierra los ojos y apoya su frente en una parte del lienzo sin pintar. Este chico provoca muchas reacciones en ella, mi lado curioso estalla mientras espero a que responda. Me pregunto cómo serán los gustos de Claire, ¿le van los chicos malotes?, ¿mayores?, ¿tímidos? Me causa gracia como parece estar a punto de un ataque nervioso. Le pincho el hombro con un pincel.

—Vamos, Claire. ¿Cómo se llama?

—Lucas. —murmura.

E inconscientemente dejo de respirar.

N/A:

Redes:

IG:c_valdes15
Twitter:cafecito_1503

Bueno...*inserte tos nerviosa. Hola, espero que estén bien y les haya gustado el capítulo.

Besitos para todos.

No olviden la estrellita y comentar si les ha gustado. Yo espero que sí. <3 Nos leemos el Martes.

*Se lanza a correr como flash.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro