Raíces antes que ramas
❆ Notas iniciales:
Creo que hice mucho spam con cosas que no eran esto esta semana. El horror.
¡Pero capítulo nuevo!
Quería escribir un poco más, dado que era semana santa. Pero la escuela no me lo permitió. Aun así, espero que esto les guste un poco.
❆ ❆ ❆
—Te lo digo Victor, de un momento a otro creció. ¡De la nada!
La voz de Chris, desde el otro lado de la línea, sonaba tan sorprendida como jubilosa. Victor había tenido algo de práctica en eso de descifrar exactamente el matiz de emociones que su mejor amigo tendría para darle cada día, con algunos resultados más favorables que otros.
Hablar con un Chris que era un mar de emociones era interesante. Incluso cuando estas hacían que la mitad de cosas que él dijera parecieran erróneas.
— ¿No es de esperarse? —preguntó, pasando las hojas del viejo libro que hubiera estado leyendo antes de la llamada de Chris. Un viejo volumen de literatura rusa que había dejado abandonado en su estante por demasiado tiempo—Pronto serán cinco meses, ¿o me equivoco?
Chris bufó.
—Dieciocho semanas, Victor—replicó. Bueno, se dijo Victor, había estado bastante cerca.
—Déjala—dijo finalmente—A mi sobrina le gusta la atención.
Porque el vientre de Chris había sido bastante pequeño antes, según lo que su amigo le hubiera comentado, y cuando llevaba abrigos para el frío en la calle era casi imposible notar la pequeña protuberancia que nacía de su cuerpo. Si no fuera por el aroma característico de un omega en estado, dudaba que alguien ajeno a su círculo pudiera darse cuenta.
—Para ti es fácil decirlo—murmuró Chris, y por los pequeños quejidos que Victor escuchaba pudo suponer que intentaba acomodarse en el sofá. Si no supiera que eso le haría acreedor a un buen merecido insulto, se hubiera reído—No eres tú el que va a necesitar comprar ropa nueva... y quizá un buen masaje de espalda.
—Estoy seguro de que Francis se puede encargar de eso último.
Chris ahogó una risa con gracia.
—Se lo recordaré cuando regrese a casa.
Victor arqueó una ceja.
—¿Aún no regresa?
Francis había decidido pasar un pequeño fin de semana con sus padres, pues tenía algo importante de lo que quería hablarles. Chris se lo había comentado la semana pasada, hacía dos semanas y cuando finalmente hubieran podido estar completamente seguros de cuál era el sexo de su bebé.
Oh al menos eso es lo que Victor había podido entender, pues la emoción de saber que pronto tendría una sobrina había eclipsado el resto de sus emociones por un momento.
—Volverá mañana temprano—puntuó Chris—Sus padres son personas muy amables, pero creo que esto es algo que él quiere explicarles bien.
Victor lo sopesó un momento.
—Él quiere tomar tu apellido, ¿verdad?
Chris no tardó en responder.
—Sí.
Que un alfa cambiara su apellido para unirse a la familia, o manada, de un omega no era un acto extraño en sí mismo. Había ocurrido muchas veces en el pasado, con casas con omegas adinerados y de mejor linaje o historia. Incluso cuando la manada del omega parecía mucho más prolífica y estable que la del alfa.
En la actualidad, era mucho menos común. Pero eso no quitaba que aún ocurriera.
Los padres de Francis, por lo que Victor había podido entender, eran personas bastante amables, pero también conservadoras.
Chris no tenía intenciones de casarse, ni por convenciones religiosas o por la vía civil. Aquello era algo que Victor respetaba, y algo que Francis parecía respetar también.
El matrimonio, sabía Victor, después de todo era una convención que durante años había servido para oprimir omegas. O al menos así era como se les reconocía a las costumbres de antaño; quitándoles su derecho sobre cualquier tipo de herencia que pudieran haber tenido previa a este, dejando la mayoría de sus decisiones legales a tenencia de su esposo o esposa -potestad que antes hubiera sido de sus padres o líder de la manada- y terminando de eliminar cualquier clase de conexión pasada que pudieran tener con su antigua manada.
Actualmente, los omega contaban con más derechos y el matrimonio era un proceso mucho menos engorroso y limitante.
Sin embargo, Victor podía entender de dónde nacía el desagrado por la idea.
—La bebé llevará mi apellido, después de todo—Cuando fuera hora de inscribirla en el registro legal—No es algo que realmente me importe, ¿sabes? Pero Francis quería y, no lo sé, me pareció un poco – ¿romántico?
Victor no pudo evitar asentir, aunque Chris no pudiera verlo.
Contraer matrimonio, para Victor, era entre muchas cosas compartir la vida. Compartir un poco de todo.
Por eso, si bien compartir el nombre parecía sólo un gesto; era algo que los identificaba como familia. No sólo en sus corazones, pero ante el mundo.
Sabía que un papel no era realmente necesario en esas ocasiones, pero Victor creía entender de dónde nacía el sentir de Francis.
Si Yuuri le hubiera pedido hacer algo así, Victor probablemente hubiera aceptado.
—Oye—el sonido de la voz de Chris en su oído lo despertó de su pequeña ensoñación—¿Me estás escuchando, Victor?
—Oh, sí, sí. Lo lamento—aclaró su garganta, no quería hacer enfadar a Chris—Me perdí por un momento...
Chris soltó un quejido sentido al otro lado de la línea.
—Bueno, bueno—Trató de animar—¿Por qué mejor no me dices qué nombres ya tienen listados? Creo que Beatriz era una fuerte contendiente la última vez que hablamos.
Chris soltó una risa ahogada.
—Buena salvada, Victor.
❆ ❆ ❆
Menos de tres meses y contando.
Aquello era lo que el calendario de Yuuri le señalaba, el tiempo que aún tenía para el inicio de las clasificatorias.
Cuando le hubiera tocado prepararse de la mano de Victor, Yuuri había sentido que el tiempo corría demasiado rápido, escapando de sus dedos como arena y dejando sólo una pasada sensación de pérdida en su piel. Yuuri había deseado que su tiempo juntos nunca terminara, y quizá esa había sido la razón para sentir que el mismo había corrido como si intentara huir de ellos.
Ahora, ya no tenía las poco ortodoxas, pero algo estrictas maneras de Victor para guiarlo, y el tiempo también parecía haber regresado a su correr habitual. A su tortuoso y cansino pasar.
Celestino era un buen entrenador. Observador, constante, y comprensivo. Sin embargo, de alguna manera, Yuuri sentía que no era el entrenador para él. Trabajaban bien como equipo, y Celestino podía puntuar los aciertos y desaciertos de Yuuri con facilidad, pero siempre estaba esa pequeña parte en ambos que nunca terminaba de encajar.
Probablemente estuviera entre los temas de la comunicación y la confianza.
Celestino no era capaz de construir la segunda en Yuuri, y Yuuri no era capaz de hacer que la primera funcionara entre ambos. No de la manera que Phichit sí lo hacía.
Pero aún con eso, Yuuri agradecía tenerlo a su lado. Una segunda opinión sazonada con los años de experiencia y conocimiento en el campo nunca estaban de más.
—Tus cuádruples han mejorado mucho, Yuuri.
Celestino tenía una sonrisa en el rostro, mientras le observaba de brazos cruzados desde un lado de la pista.
Yuuri se acercó hasta él con un par de deslizamientos, deteniéndose únicamente el tiempo necesario para poder tomar aire.
—Gracias—murmuró al tiempo que tomaba su entrenador le ofrecía una botella de agua, decidiendo que era mejor guardarse para sí que antes podía hacerlos con mucha más facilidad. Esperando que su omisión también le ayudara a mantener a raya la esporádica frustración que parecía tener consigo mismo cuando esa clase de detalles alcanzaban su mente. Un poco más de entrenamiento, y de seguro podría tener su programa afinado antes de su primera competencia.
Se mantuvo en la pista una hora extra, antes de poder regresar a su hogar compartido con Phichit, donde su compañero ya lo estaba esperando con la cena preparada y un montón de charla para acompañar la comida.
El primer evento de Phichit era el Skate America, donde podría ver a Leo posiblemente cuchichear de todo lo que había pasado en sus vidas hasta ese momento.
—Creí que eso de los chismes sólo era cosa de betas—bromeó Yuuri sin mala intención al tiempo que se llevaba un bocado de comida a la boca.
Phichit le regaló una mirada de circunstancia, antes de fingir una risa.
—Muy gracioso, Yuuri—replicó, picando su propio plato—Y después, bueno- ambos tenemos el trophée Eric Bompard.
Yuuri asintió.
—Primero Francia—dijo refiriéndose a sus propias asignaciones—Y después la Rosptelecom.
Como una llamada hacia el pasado, lista para que Yuuri la respondiera.
Phichit dejó que su tenedor bailara entre su comida.
—Rusia, ¿eh?
Yuuri asintió.
—Sí, —y comenzó a enumerar—junto a Leo, Guang-hon y-
—Yuri.
Completó Phichit por él.
Era fácil distinguir, cuando se trataba de Phichit, sobre cuál de los dos Yuri estaba hablando.
—Sí, —Afirmó Yuuri en respuesta—Y Yuri.
Un pequeño silencio se sentó entre ambos, como si necesitaran un poco de tiempo para poner algo en su lugar. No era incómodo, pero tampoco parecía necesario. Yuuri simplemente agradecía el no sentir la necesidad de llenarlo con palabras vacías.
—Oye, Yuuri—habló Phichit finalmente, regresando a su labor de picar la carne de pollo en su plato—Patéale el trasero a todos.
La risa que escapó de su garganta fue casi inmediata.
— ¿Esto te incluye a ti también?
Phichit le dedicó una mirada austera al tiempo que le lanzaba un guisante.
—Sí, ¿por qué no?
❆ ❆ ❆
Cuando Yuri terminó su último repaso del programa, acomodó su cabello para que no molestara en su visión. Había crecido nuevamente, y Yuri comenzaba a pensar que mantenerlo estilizadamente largo no valía exactamente todo el esfuerzo que le estaba dedicando. A Otabek le gustaba, y Yuri mismo había desarrollado una pequeña costumbre de revisar su imagen en el espejo; donde su nueva adquirida musculatura y estilo algo desaliñado le daba apariencia más amenazante.
El cabello largo era un plus que no muchos podían llevar de buena manera.
Yuri agradecía ser de esos que sí podían.
Aunque no quitaba que cuidar de el fuera un verdadero dolor en la espalda.
Estiró sus brazos, sintiendo que la presión de su espalda se liberaba un poco, antes de deslizarse hasta el borde del rink; donde Mila y Georgi charlaban al parecer ya listos para regresar cada quien a su casa.
Su relación con ambos, había parecido casi inalterable. Con las bromas de mal gusto y las vergüenzas ajenas.
Yuri creía que mucho había tenido que ver su mejorado humor. Cuando apenas hubiera regresado del campeonato mundial, la actitud del resto de alfas en el rink le había recordado un poco a la que hubieran tenido con Victor en su momento. Demasiado cuidadosos con sus palabras y un montón de conversaciones con largos silencios incómodos. Ninguno de ellos parecía estar seguro de cómo debían tratarlo, así que Yuri había dado el primer paso comportándose como siempre lo hacía. Un muy buen inicio para que Mila y Georgi se volvieran a encontrar en un ambiente conocido.
Quisieran admitirlo o no, todos ellos parecían ser animales de costumbres. Y, aunque no fueran exactamente iguales a las del año pasado; o a las de hace unos meses, Yuri agradecía haber regresado a lo que él podía considerar un estado de estabilidad.
Sabía dónde estaba parado, dónde había estado y a dónde se dirigía.
Antes de que pudiera salir del hielo y terminar de escuchar algo de su conversación, el celular de Georgi sonó. Una canción extremadamente melosa, que Yuri podía reconocer por haber escuchado en la radio en las últimas semanas llenó el lugar, antes de que el hombre se disculpara con Mila y se fuera a un lado a contestar el aparato.
Por lo rosa de la letra y lo insufrible del tono, Yuri supuso que se trataba de su novia. Sophia, o algo así era su nombre; Yuri no había puesto especial atención a ese detalle cuando lo que más recordaba era la imagen de ambos besuqueándose en una esquina del lugar cuando la muchacha fuera a recoger a Georgi luego de algún entrenamiento particularmente largo.
— ¿Te irás con Georgi?
Pregunto una vez abrió la portezuela que separaba el hielo del resto del rink, Mila giró el rostro y se ofreció a alcanzarle los protectores para las cuchillas de sus patines.
Yuri asintió, dándole las gracias.
—Sí, tenemos algo que hacer—dijo, coronando su afirmativa con una sonrisa y un símbolo de paz bastante infantil.
Yuri colocó cada uno de los protectores con cuidado, asegurándose de limpiar los remanentes de hielo que hubieran quedado allí antes de hacerlo.
Dio un paso hacia adelante, cerrando la portezuela detrás de sí.
—Irán a ver a Victor.
La expresión de desconcierto en el rostro de Mila era digna de capturar en una fotografía. Pero Yuuri no era realmente fanático de esas cosas.
— ¿Eh? —fue la muy elocuente respuesta que recibió. Junto a un par de parpadeos.
—Soy un alfa, Mila—se explicó Yuri—Mi nariz no será la gran cosa si me comparas con un omega, pero aún puedo detectar cosas bastante bien—puntuó, señalándola ligeramente con el índice derecho—Y también recuerdo el olor de Victor.
Había sido extraño, por ponerlo de alguna manera, olfatear rastros del mismo en sus compañeros.
Yuri no sabía exactamente cómo es que había logrado reconocer semejante aroma entre la mezcolanza de esencias que era normalmente el rink; quizá porque su cuerpo estaba pre condicionado al estado de alerta ante el mero rastro de presencia del otro alfa, o alguna derivativa del mismo concepto.
Pero cuando se dio el tiempo de tratar de diferenciar el aroma más que familiar de sus compañeros de ese foráneo que comenzaba a percibir, era completamente claro.
Victor.
Un olor tan tenue que era apenas perceptible si no estabas buscándolo.
—Yuri...
Empezó Mila, como si de pronto quisiera excusarse o explicarse. Yuri fue más rápido con su respuesta.
—Qué bueno—aseguró. Haciendo que Mila se mantuviera silente por un momento más. Comenzó a avanzar hasta el cambiador, donde podría cambiarse con calma y revisaría nuevamente qué era lo que tenía que comprar para llenar su despensa, y quizá probar esa nueva receta que Otabek le había mencionado en su última conversación.
— ¿Yuri? —preguntó Mila, haciendo que se detuviera esta vez.
Él, simplemente giró un poco el rostro, sonriendo ante su expresión que rayaba en la confusión.
—Estoy seguro de que él extrañaba ver a sus amigos.
❆ ❆ ❆
Victor esperó la llamada de esa semana con una curiosa anticipación.
Era extraño. Hacía mucho que no se sentía así de ansioso.
Un extraño fantasma emocional que lo había acompañado desde que hubiera despertado y que se hubiera negado a dejarlo sin importar lo que él hiciera. Cuando las horas nocturnas ya se hubieran hecho presentes, y la oscuridad hubiera llegado; Victor se encontró revisando el último suplemento de hormona que hubiera conseguido, a manera de distraer su mente, contando con lentitud y paciencia cada uno de los pequeños recipientes.
Menos de una semana y lo terminaría, tendría que regresar a comprar más.
Dio una mirada a su siguiente cita con el médico, demasiado cerca para su gusto.
Había pasado exactamente un mes y medio desde el anuncio de la ubicación para las primeras clasificatorias, revelando todos los destinos de los posibles participantes del Grand Prix de ese año. Yuuri no las había mencionado, y Victor tampoco había hecho amago de ninguna de sus fuerzas para intentar traer el tema a colación.
Como un gigantesco elefante en la habitación que era, patéticamente, ignorado por ambos.
Makkachin lloró a su lado, probablemente sintiendo su turbación.
Victor giró su rostro, sonriendo lánguidamente y cerrando el mini refrigerador que había decidido adquirir.
—Estoy bien, Makkachin—le aseguró a su caniche, acariciando su cabeza y ganándose un ladrido que bien podría haberse traducido en una afirmativa.
Regresó a su lugar en la sala, dejando que el televisor hiciera sonido de fondo hasta que fuera interrumpido por el sonar de su celular.
Cuando finalmente ocurrió, Victor no pudo evitar sonreír de la pura expectación.
—Victor.
Su nombre en los labios de Yuri siempre lograba guardar un tono diferente, sin importar la ocasión.
—Yuuri.
Respondió, permitiéndose ahogar un suspiro sin realmente querer hacerlo, sintiendo como si alguien le hubiera quitado un horrible peso de encima.
— ¿Estás bien?
Preguntó Yuuri.
No lo sé.
Es lo que Victor hubiera querido responderle, dejándose vencer por la honestidad.
—Sí.
Fue la respuesta por la que terminó decantándose, tras pensarlo mejor.
Yuuri sonaba incrédulo al otro lado de la línea. Aún con meras onomatopeyas o soniditos ahogados, Victor podía jactarse de al menos saber reconocer cuando eso pasaba.
—De verdad—intentó decir, para ser más convincente, aunque lo suave y poco seguro de su voz dejaba en claro que estaba mintiendo.
—Está bien—Dijo Yuuri, con un tono que sonaba tan comprometido con la verdad como el de Victor, antes de que el sonido de sábanas moviéndose llenara la línea.
Probablemente estuviera acomodándose en la cama. Victor sabía que Yuuri siempre le llamaba de su habitación, porque parecía ser el único lugar silencioso y lejos de oídos curiosos. Resaltando eso último pues Victor también sabía que Yuuri vivía con Phichit.
Victor hizo lo propio, acomodándose mejor en el sofá, recostándose y dejando que Makkachin descansara su cabeza sobre su pecho.
—Sí, está bien—aseguró Victor, cerrando los ojos y deseando que la sensación de ansiedad finalmente lo abandonara.
— ¿Victor? —Cuestionó Yuuri.
—Yuuri—se animó finalmente a decir—¿Puedo pedirte algo?
La línea quedó silente por un momento.
—Lo que quieras.
Yuuri sonaba seguro.
Victor giró un poco más, dejando que el celular quedara atrapado entre el cojín del sofá y su oído, Makkachin había perdido su pequeño lugar de descanso, pero no parecía para nada molesto, dedicándose en cambio a lamer la mano de su dueño en un fútil intento de confort.
—¿Podrías hablar un poco más?
—¿Uh?
—Sólo quiero escuchar tu voz...
Pidió, quedo y contrito. Aún sin permitirse abrir los ojos.
Yuuri no respondió por un momento, antes que el sonido de su respiración abandonando sus pulmones le llegara.
—Está bien.
Por un momento, pareció que Yuuri no sabía por dónde empezar, pues el silencio era irrumpido por palabras que no terminaban de serlo. Y, cuando Victor estaba a punto de decirle que realmente no importaba su ridícula petición Yuuri finalmente logró articular algo.
—Sé que terminaste los programas que prometiste coreografiar para esos patinadores. Llámalo viejo hábito, pero creo que he dedicado demasiado de mi tiempo a tratar de pensar cómo es que serán—Guardó silencio un momento—Recuerdo el nombre de los tres niños, y sé que terminaré buscándolos en internet tan pronto hayan pasado sus galas.
Victor sonrió un poco.
— ¿Ahá?
Una risa algo avergonzada abandonó el extremo de Yuuri.
—Sí, yo aún tengo buena memoria, Victor.
—Me hieres, Yuuri—se quejó, impostando la voz, sintiendo aún cómo Makkachin lamía su mano.
Yuuri se tomó su tiempo para responder esta vez.
—He estado pensando, Victor.
El ligero cambio en su tono logró que Victor abriera sus ojos, tratando de concentrarse en porqué el ambiente de pronto parecía tan diferente.
Yuuri continuó.
—En qué será lo que veré cuando los vea patinar. Me pregunto si veré algo de ti en sus presentaciones, como siempre hacía en todas tus coreografías—Yuuri pareció tragar algo—Dicen que una parte nuestra siempre sale reflejada en nuestro arte, como una pequeña ventana a la mente detrás de la obra, quiero creer que es así.
—Yuuri...
—Y aún si no lo fuera, creo que no evitaría que intenta encontrar al Victor oculto en tus bailes—soltó, riéndose tan quedo que Victor tardó en reconocer el sonido—Creo que es una costumbre también, ... esa de siempre estar buscándote.
❆ ❆ ❆
Cuando Yuuri despertó, lo hizo con su teléfono pegado al rostro. Gruñó ligeramente, en parte porque de seguro tendría una horrible marca roja en la mejilla, y también porque no recordaba exactamente en qué punto de la noche se hubiera dejado llevar por el sueño.
Tomó el aparato con una de sus manos, y le dedicó una mirada apreciativa. La batería estaba muerta.
Lanzó otro gruñido, que en realidad sonaba como un gemido desesperado.
No podía recordar completamente su conversación con Victor. Aunque su mente siguiera repitiendo una y otra vez gran parte de lo que él dijo, haciendo que se avergonzada ligeramente. Especialmente, porque no podía recordar la respuesta de Victor a esa vaga confesión.
Si es que había habido una respuesta en primer lugar.
Desnudar su corazón en momentos así, parecía increíblemente fácil. Escudado por una barrera física y sólo con la idea de Victor en su mente y el recuerdo latiendo en su corazón. Ser honesto, reconoció Yuuri, era mucho más fácil cuando uno se hallaba embriagado por algo que recordara como felicidad.
Aquello sólo hacía que se enfadara más por sentirse avergonzado después de hacerlo.
Era verdad, aquello que había dicho.
Y Yuuri no pensaba castigarse por ser honesto.
❆ ❆ ❆
En la siguiente visita de Yakov, el viejo alfa le dijo que quería revisar la composición de los programas que Victor había diseñado.
No era que fuera realmente necesario, pero Yakov no solía pedirle nada -porque estaba seguro de que Victor no era lo que la mayoría de personas fueran a clasificar como confiable- así que Victor no pensaba negarle algo como eso.
Llegó a su apartamento un par de horas pasado el mediodía, trayendo consigo un recipiente que había presentado como sopa casera de Lilia; alegando que había cocinado demasiado para ambos, y sería un desperdicio dejar que se echara a perder.
Victor sólo había sonreído como siempre lo hacía, agradeciendo de igual manera e ignorando las excusas de Yakov, para luego ofrecer calentar la comida y servir un poco para ambos; en un muy improvisado almuerzo para dos.
Como sobre mesa, había iniciado la charla sobre las vicisitudes que traía consigo la vida de entrenador al tener las clasificatorias tan cerca, y de dividir el tiempo para encontrar un horario que se acoplara a los junior que aún tenían que memorizar sus coreografías.
Aunque, siendo justos, Victor no tenía realmente problemas acoplándose al apretado horario de lis muchachitos, pues malear su tiempo para encajar con el de ellos resultaba mucho más fácil ahora que el único administrador de su tiempo eran él y sus decisiones.
—Están bastante bien—Dijo Yakov, observando la lista de apartados técnicos, para luego elevar su mirar y enfocar a Victor—Mejor pensadas de lo que yo esperaría.
Victor parpadeó incrédulo, llevándose una mano al pecho en un gesto exagerado de sorpresa.
— ¿Acaso no me tenías fe?
Repuso son ligera molesta. Victor, después de todo, no había sido campeón en tantas ocasiones en vano.
Yakov lanzó un suspiro que, por primera vez, no parecía venir acompañado de un sermón.
—No creí que te lo tomarías tan en serio—respondió con lo que parecía ser sentida franqueza. Sin una sola pisca de reproche, casi como si estuviera reflexionando sobre algo en lo que él creía profundamente—Me alegra saber que estaba equivocado.
Victor se mantuvo silente un momento, observando a Yakov como si de pronto otra persona se hubiera materializado en su lugar, para finalmente soltarse a reír con gracia y libertad.
—Es la primera vez que te escucho decir algo así...
Yakov le sonrió.
—No te acostumbres, Vitya.
Victor asintió, aguantando su propia sonrisa.
—No lo haré.
❆ ❆ ❆
Su entrenador lo aplaudió cuando, después de clavar su salto final en la práctica, Otabek terminó en la perfecta posición final que había planeado para su programa libre.
—Tus saltos son más altos y más largos que la temporada pasada.
Puntuó el hombre, descansando con los brazos en asas a un lado del rink. Otabek limpió el sudor que caía por los costados de su rostro con una de sus mangas, antes de asentir con la cabeza a manera de reconocimiento y agradecimiento en partes iguales.
Le había tomado lo suyo a Otabek poder acostumbrarse y adecuarse a intentar movimientos más arriesgados, sumando un cuádruple extra a su repertorio. Era algo físicamente extenuante, pero que valía la pena al final.
Yuri le había estado comentando sobre su entrenamiento a través de las largas llamadas que mantenían por Skype, y Otabek no podía mantenerse tranquilo si no se esforzaba tanto como lo hacía él.
—Otabek.
Volvió a llamar su entrenador, haciendo que él girara su rostro y decidiera acercarse, pues el otro hombre parecía llamarlo con movimientos de su cabeza.
— ¿Entrenador? —preguntó una vez hubiera estado lo suficientemente cerca como para que pudieran hablar sin levanta las voces.
—Te vez feliz.
Comentó entonces, haciendo que Otabek perdiera el norte de la conversación por un momento.
— ¿Disculpe?
Su entrenador ahogó una risa profunda.
—Feliz, relajado, dichoso, satisfecho...—enumeró con los dedos, luciendo de pronto mucho más cómodo con el ambiente informal que la conversación creaba de lo que Otabek creyera él mismo fuera capaz de sentir—Puedes elegir el adjetivo que más te guste.
Su entrenador, un beta que ya llevaba su buena cantidad de años en el negocio, era una persona que el resto del mundo podía calificar fácilmente como 'buena gente'. No solía hablar con Otabek más allá de lo necesario, enfocándose más en todo lo que se pudiera relacionar con su carrera de patinaje que en menesteres de su vida privada o académica, pero era alguien paciente y con la suficiente visión como para dejar que Otabek tomara su tiempo e hiciera lo que creyera fuera necesario para innovar en el hielo.
Que intentara llevar su charla a un nuevo nivel personal era... extraño.
—No te había visto así en mucho tiempo, Otabek.
Admitió con una sonrisa.
Y, Otabek, no pudo evitar bajar la mirada ligeramente, como si intentara enfocarse en sus patines. Él tampoco se había sentido tan en paz en mucho tiempo.
—Sí—respondió, finalmente decidiéndose por observar el rostro amigable de su entrenador—Creo que esa es una buena manera de ponerlo.
El hombre asintió, estirando su brazo y dejando que este descansara sobre el hombro de Otabek.
—Me alegro mucho.
Ellos no habían hablado del repentino viaje de Otabek a Rusia. Claro que Otabek se lo había contado, pero no había hecho un gran alboroto del asunto; pareciendo bastante comprensivo de manera silente y casi misteriosa. Alguna vez le había preguntado por Yuri, en un tono que distaba mucho de cómo se suponía que uno estudiaba a sus rivales, decantándose más por preguntar cómo era que su amigo estaba que por saber qué tal iba su entrenamiento o algo de esa índole.
Dejando que Otabek se explayara, o reservara, todo lo que quisiera.
—Realmente, Otabek—volvió a enfatizar—Estoy feliz por ti.
Y dejó una palmadita extra, antes de alejarse y dejar que Otabek regresara a lo suyo.
❆ ❆ ❆
—¿Dices que has estado sintiéndote ligeramente diferente?
Preguntó el terapeuta delante de él. Victor asintió sin pena, intentando recordar exactamente cómo era que aquella sensación lo había acosado un par de veces.
Nacía en la base de su estómago, lento y constante, para expandirse después por todo su cuerpo; casi como una alimaña que estuviera intentando abrirse campo escalando por su interior.
Frente a él, el otro hombre pareció haber pensado en algo.
— ¿Cuántas veces ha pasado? —Cuestionó, golpeteando con su lápiz el pequeño folder con papeles que siempre llevaba en las manos.
Victor realizó un rápido conteo mental.
—Un par—repuso.
Antes de la llamada de Yuuri, y en dos ocasiones posteriores, con un intervalo de aproximadamente dos semanas entre cada una de ellas.
Su interlocutor frunció ligeramente el ceño, dejando las cosas que traía en las manos a un lado por un momento.
— ¿Hay algo más, además de ese sentimiento?
Episodios violentos. Ira sin explicación lógica. Fueron un par de cosas que el cerebro de Victor e encargó de completar sin necesidad de ayuda.
—No—dijo mientras hacía lo propio y negaba con la cabeza, dándole más fuerza a su respuesta—No realmente.
Parecía, entonces, no ser algo de lo que tuviera que preocuparse. Pero no podían culpar a Victor por asociar alguna clase de cambio en las reacciones de su cuerpo con algo de lo que tuviera que preocuparse.
Temía que fueran paranoias suyas, alimentadas por malas experiencias del pasado; pero el terapeuta le había dicho que podía hablarle de lo que quisiera, y Victor no podía estar realmente tranquilo dejando ese tema al aire.
El hombre frente a él sonrió.
—Está bien entonces—le dijo.
— ¿Qué?
—No creo que ocurra nuevamente, Victor—sentenció—o al menos, se detendrá pronto.
Victor se mantuvo silente, intentando hallarles sentido a sus palabras. El terapeuta pareció entender su repentino silencio, así que se apresuró a explicar.
—Cada cuerpo responde diferente, eso es verdad—comenzó a elaborar, con ese inicio que Victor ya conocía tan bien y con el que parecía haberse hecho familiar en los últimos meses—Pero creo reconocer los últimos signos de una ruptura de lazo cuando los veo—dijo, coronando su aseveración con una sonrisa discreta.
Victor parpadeó un par de veces.
—No soy un profesional, para afirmarlo en su totalidad—se arregló el cabello un momento, llevando uno de los mechones detrás de su oreja y luciendo bastante tranquilo con todo el asunto—Pero deberías revisar tu situación con tu doctor, Victor. Sólo para estar seguros.
Victor sólo pudo asentir, sin estar exactamente seguro de porqué lo hacía.
El terapeuta puso sus manos sobre el escritorio, cruzándolas.
—Y Victor, no te preocupes. Todo estará bien.
❆ ❆ ❆
Octubre llegó. Y con él, el inicio de las copas de selección.
Yuuri acompaño a Phichit y Celestino al aeropuerto, deseándole buena suerte a su mejor amigo antes de que se embarcara hacia el Skate America. Esperando hasta que el avión que tanto ellos como la coreógrafa de Phichit hubiera cambiado su estatus de en abordaje, para finalmente dejar el lugar.
Tomó el autobús, aunque su camino fuera más largo y lento que si lo hiciera en taxi, aprovechando el tiempo extra para repasar las noticias nuevamente y revisar la lista de patinadores con renovado interés.
El siguiente evento sería el Skate Canadá, a tan sólo un par de centímetros su Yuuri intentara medir la distancia en un planisferio.
Evento no realmente tan lejano a donde él estaba.
Evento en el que Yuri participaría.
Ahogó un suspiro, incapaz de alejar la idea de Yuri de su mente.
Mentiría si dijera que aquella era una conversación que quisiera tener. Pero al mismo tiempo, no era una que se pudiera seguir posponiendo más.
Un mes quedaba para la copa de Rusia, donde su encuentro sería inevitable. Y Yuuri tendría que haber terminado de poner en orden sus ideas para ese momento.
Decidir, o darse cuenta de algo, solía ser mucho más fácil que tratar de expresarlo. Y, para personas como Yuuri y Yuri, donde las palabras siempre habían parecido hacer todo más confuso; eso demostraba ser un gran obstáculo.
Presionó su teléfono con más fuerza, sintiendo las esquinas metálicas clavarse contra su piel.
Primero, tendría que concentrarse en su propia clasificatoria en Francia.
Rusia, cuando llegara el momento, tendría que guardársela para Yuri.
❆ ❆ ❆
Cuando el día de su nueva revisión llegó, Victor dejó la casa de manera casi desganada. Se despidió de Makkachin, y acarició su cabeza un minuto más de lo necesario. Fue en su propio auto, tomando el camino más largo hasta la clínica aún con la posibilidad de llegar tarde, deteniéndose un poco más en las señales de auto y siendo extremadamente cuidadoso. En la mañana se hubiera realizado un examen de sangre en el laboratorio adjunto al lugar, así que pasó a recoger el sobre con sus resultados -sin molestarse siquiera en abrirlo- antes de que tuviera que dirigirse a la sala de espera.
Contra sus propios pronósticos, había llegado a tiempo.
Junto a él, en el cúmulo de sillas acolchadas había una muy variopinta cantidad de pacientes. Alfas, betas y omegas por igual. Victor intentó pensar en alguno de ellos en una situación parecida a la suya, pero resultaba casi imposible.
Su mente intentaba mantenerse alejada de la posibilidad de que alguien más tuviera que pasar por algo así.
Cuando la enfermera llamó su nombre, Victor trató de no tardar en dirigirse hasta el consultorio. Algo avergonzado pues había tardado más de lo que debía en agendar esa revisión. Sabía que habría tenido que ir antes, a un control previo, pero no lo había hecho.
Si el doctor le reprochaba aquello, ya tenía ensayada una excusa que mezclaba un repentino problema con su trabajo y la falta de tiempo entre lo ocupado de los horarios de sus nuevos alumnos; junto con una escueta afirmación de que se había estado sintiendo bastante bien y que no creía que faltar a un control le hiciera mucho daño.
Aunque demostrar las coreografías varias veces ante los niños, mientras era observado como una presa por los ojos de halcón de los entrenadores no tomara realmente tanto tiempo; Victor creía que podía salir de un problema con una excusa genérica como esa.
—Señor Nikiforov—saludó el médico, revisando lo que Victor reconocía como su historia clínica.
Se dieron la mano en un saludo cordial, antes de que Victor iniciara a balbucear las razones de su tardía visita.
Sin embargo, y para su sorpresa, el galeno no lucía particularmente molesto o harto por las excusas que Victor no dejaba de soltar-aunque estas no hubieran sido pedidas en primer lugar.
El hombre delante de él, revisaba el sobre que acababa de entregarle con bastante interés. Con una mirada que Victor normalmente hubiera ignorado, pero que gracias al repentino cambio de las cosas no podía dejar pasar por alto.
—¿Doctor?
Intentó llamar su atención.
Ganándose sólo una sonrisa sentida, sin mostrar los dientes.
—Felicitaciones, Victor—Soltó, dejando el resultado de su examen sobre el escritorio y encerrando uno de los valores con un lapicero azul.
En ese momento, Victor intentó llevar la cuenta con su mente, aunque fuera un poco complicado pues las fechas parecían mezclarse en un torbellino de confusión.
Victor estaba seguro de que aún no había pasado un año.
Pero, de nuevo, aquel número sólo era un aproximado basado en una probabilidad estadística.
La verdad era, que nadie sabía exactamente cuánto tardaba en desaparecer un lazo de unión.
Un lazo de unión. Algo que era definido en los libros como la adicción hormonal entre un alfa y un omega, algo que podía ser explicado tranquilamente con valores en un papel y diagramas en un pizarrón. Algo que Victor estaba seguro contenía más que simple suma hormonal y dependencia.
Algo que, al parecer, acababa de perder completamente.
—Parece que ya regresó a la normalidad—atinó a sonreír el doctor, mientras señalaba nuevamente el valor encerrado en tinta azul.
Victor no estaba seguro de todo lo que significaba tener un lazo de unión. No de una manera que fuera fácil poner en palabras al menos.
Era aquello que lo hacía buscar el cuello de Yuuri con desesperación, hundirse en su aroma y deleitarse con su sabor. Era aquello que lo hacía sentirse en vilo completamente cuando no sabía si su compañero estaba bien o no, una necesidad que le había pedido ser alimentada constantemente. Sin embargo, también había sido aquello que lo había vuelto un cúmulo de desesperación y desesperanza, aquello que había gritado a todo pulmón en su oído que estaban amenazando a parte de él, aquello que le había mostrado un lado suyo que nunca creyó conocer.
En resumen, y dejando que su mente tuviera un largo viaje al pasado, parecía ser todo aquello que terminaba de unirlos a él y a Yuuri como alfa y omega.
—Ya no necesitará ninguna clase de medicación, Señor Nikiforov.
Probablemente no la hubiera necesitado desde hacía un par de días, o un par de semanas.
Porque, después de todo; Victor, el alfa, ya no tenía un omega a quien reclamar.
❆ ❆ ❆
❆ Notas finales:
Este capítulo es algo corto, pero el que viene lo compensará. Promesa.
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