Perfecta Simetría
❆ Notas iniciales:
Capítulo ligeramente más largo que el resto. Vaya, creo que no se nota. Varias cosas pasan aquí, creo que ya se anda sentando bien el tono de la historia... creo.
Otra cosita, el campeonato europeo se celebra en enero- al menos el del 2017, pero para adelantar fechar y lograr que Yuri tenga 18 (lol) este ocurrió casi al final de febrero, así que aquí estamos ya en marzo. (Lástima que no se pudo celebrar el cumpleaños de Yuri como se debe ;_;)
❆ ❆ ❆
'—Y, así fue como lo encontraron.
Después de la llamada de unos muy consternados vecinos, el jugador de Hockey Alec Sokolov fue hallado en estado etílico, atrapado en el interior de su vehículo, el cual había impactado contra un árbol cerca de la carretera...'
Mila frunció el ceño, ella sabía quién era ese jugador. Alec era uno de los amigos de su antiguo novio.
Los comentaristas del programa de variedades hablaban en voz algo aguda, después de leer mecánicamente la noticia que claramente estaría llenando los noticieros esa semana.
'Esto es algo preocupante, ¿verdad?'
Dijo uno de ellos, frunciendo el ceño y mirando hacia la cámara. Mila estaba de acuerdo, pero al mismo tiempo sabía que la única razón por la que habían traído el tema a colación era porque el protagonista de la nota era un deportista.
En ese programa únicamente hablaban de las vidas de las celebridades, pues parecía que era lo único que mantenía interesada a la gente a esa hora de la mañana. De sus vidas, de sus nuevos romances, de cualquier cosa que fueran capaces de encontrar.
Tan sólo el día de ayer hablaban sobre el nuevo corte de un basquetbolista, y que al parecer era el peor desastre que pudo haber pasado pues sus fanáticas y fanáticos estaban destrozados por la pérdida de su lustroso cabello.
Oh, Mila aún era una niña, pero recordaba perfectamente que ocurrió algo parecido cuando Victor se había cortado el suyo.
Y, allí también, era donde Mila se había enterado de la infidelidad de su ex.
'—Lo es, lo es'
Asintió el copresentador. Ambos eran un par de betas bastante famosos en el mundo de la farándula. Quizá porque reforzaban la idea de que a los beta, quienes eran tan buenos para hablar, pecaban a veces de chismosos.
'—Los alfa solitarios pueden ser realmente peligrosos, al menos esta vez nadie salió herido.'
La mujer soltó una pequeña risa
'—Solo su carrera.'
La audiencia pareció encontrar el comentario hilarante, pues risas se escucharon por detrás de la cámara.
'—Oh, basta—trató de calmar la presentadora, sonriendo de una manera que indicaba que de hecho disfrutaba bastante de la respuesta positiva—Los alfa son un tema especial, mi querida audiencia.'
Un par de golpecitos con la uña en el brazo de la silla.
'—Y no sólo eso, últimamente parecen ser quienes quieren robarse la cámara'
Mila sintió que su ceja derecha se tensaba, así como la mitad de su cuerpo.
'— ¡Verdad!'
Soltó con animosidad digna de un infante, antes de que la pantalla que tenían detrás; la cual normalmente reflejaría el logo del programa, cambiara por la fotografía de Yuri Plisetski.
Mila no pudo reprimir el bufido que dejó sus labios, sintiendo que una migraña llegaba a su cien.
'—Yuri Plisetski'
La voz del conductor entonó el nombre con deleite.
'—Nuestra estrella, y sus recientes fotos. Claramente pretendiendo a un omega japonés que también debería ser muy conocido por nosotros'
Mila había visto esas fotos de todos los ángulos posibles, pues se había encargado de girarla en todas las direcciones existentes mientras le hacía zoom en su teléfono, intentando encontrar algo que le dijera que esos no eran Yura y Yuuri.
Pero volver a tenerlas en frente nunca fallaba en lograr hacer que su estómago se atara en nudos, como si ella misma estuviera siendo expuesta en estas.
'—Este encuentro ha revolucionado las redes sociales.
—Y con justo motivo, debo aclarar'
Mila sintió sus ojos comenzar a rodar atrás de su cráneo.
'—Trajimos un especialista en estudios sociales. Para que nos dé una visión más imparcial del asunto. Dejando de lado un poco el lado viral del asunto, que siempre es divertido.'
Otro hombre entró entonces en el set, Mila no tenía idea de quién era, y estaba segura de que todo el público en vivo allí tampoco. Empero, eso no evitó que el set se llenara de aplausos cuando este tomó asiento.
'—Gracias.
Dijo, acompañando sus palabras con una sonrisa que mostraba apenas los dientes, intentando ser cordial.
—Y muy buenos días.
Giró el rostro para finalmente mirar a los presentadores, quienes hicieron sendos gestos con la cabeza en reconocimiento.
—Bueno—empezó, usando un tono que intentaba ser amigable—Alfas y Omegas están hechos para encontrarse, es simple biología. Instinto y años de evolución.
Ambos presentadores asintieron.
—En este caso, aunque sea un shock—Y aquella palabra fue dicha con un claro tono de ironía transmutado en sarcasmo—para fanáticos y público en general, es sólo lo normal.
El número de omegas es mucho menor al de alfas, siempre lo ha sido. Nuestro alfa en cuestión vio al omega que quería libre, con una entrada finalmente y la tomó.
No hay nada de lo que avergonzarse allí.'
Mila parpadeó, algo sorprendida, por un momento. No esperando ese comentario.
'—Aunque eso nos deja pensando qué tan alfa es realmente Victor. Después de todo, Katsuki no dudó en saltar hacia el siguiente alfa lo suficientemente adulto que fue a su puerta-
— ¡Oh dios! —una risa—Mantengamos esto apto para toda la familia.'
Y con eso, Mila había tenido suficiente. Tomó en control remoto y con más fuerza de la necesaria, apagó el aparato.
Ella veía ese ridículo programa porque, a veces, era divertido. Comentarios sin real peso y dramas armados de tonterías banales. Como cuando hablaban de tonterías como los nuevos trajes que llevaban algunos omegas, estúpidos reálities de tv que supuestamente dejaban a las personas hacer cosas ridículas y tenían sus rostros estampados en la tv por semanas.
Mila no podía aguantar verlos hablar mal de sus compañeros.
La puerta se abrió entonces, dejando entrar a Georgi, quien tras saludarla se acercó al televisor, con clara intención de prenderlo.
—Espera, Georgi— Pidió ella. Poniéndose de pie y estirando una de sus manos—No prendas eso.
El mentado le dedicó una ceja alzada.
—Están... hablando tonterías.
Eso pareció ser suficiente como para que él entendiera.
—Ya veo—dijo, haciendo que sus labios se fruncieran en una línea recta, mientras dejaba su lugar para sentarse en una silla cercana. El salón de descanso estaba casi vacío, dándoles un sentimiento de privacidad que les permitía hablar con más libertad—No me sorprende.
Georgi tenía la misma edad que Victor, y aunque fuera un hombre que podía tener su foto junto a la definición de drama en el diccionario, Mila lo encontró actuando demasiado calmando.
Su mirada pareció ser delatante, pues Georgi la miraba con una pequeña sonrisa en los labios, antes de girar los ojos y terminar con una sonrisa triste en la cara.
—Cuando Victor estalló—Comenzó entonces, de la nada. Sabía que no tenía que especificar, Mila aún tenía ese incidente muy gravado en su mente—No creí... no creí que tuviera que pelearme con él para demostrar quién era el alfa superior y recordarle que tenía que comportarse—Un comportamiento normal entre aquellos de su casta. Los alfa, normalmente, gruñían y enseñaban los dientes. Una manera de acertar dominancia y crear algún sentido del orden social. Era un comportamiento que Mila creía más normal entre manadas familiares con muchos miembros, o con un par de extraños en una pelea. No era algo que ella esperara en una manada de trabajo, pero tampoco sería algo muy raro.
Aunque a ella tampoco se le hubiera ocurrido hacer eso cuando hubiera visto a Victor lanzarse sobre Yuri—Nunca creí que eso fuera necesario con Victor... o con nadie aquí, para ser sincero.
Mila se mantuvo en silencio. Entendiendo el sentimiento.
—Aunque fuera algo tan común... mis propios tíos solían hacerlo cuando habían peleas en casa, o cuando mis primos eran más jóvenes.
Mila asintió.
—Lo que Victor necesitaba- necesita, es apoyo emocional. No un golpe con el periódico—Dijo, haciendo alusión al peyorativo término que tenían para los alfa. Perros. —Aunque una sacudida quizá no le haga mal...
Mila sonrió amargamente.
—Creo que a Yura también le vendría bien una de esas...
—Uhm, esos dos estaban completamente distraídos últimamente—Y ahora, al menos, sabían qué había estado rondando la mente de Yuri en ese tiempo—Victor incluso estaba practicando para la nueva temporada... Es casi como si hubiera olvidado que aún tiene que presentarse en el campeonato mundial.
Y, algo le decía a Mila, que eso tenía mucho que ver con Yuuri también.
—Victor y Yura también clasificaron, uh...
Georgi soltó un suspiro sentido.
—Buena suerte con esa, Mila—pues ella también tenía que presentarse—No quisiera que ese día llegue.
—Siendo sincera...—Admitió—Ni siquiera sé si estoy lista para que Yuri regrese al rink.
❆ ❆ ❆
Yuri se acomodó mejor en el asiento del avión. Ignorando a la azafata que pasaba por el pasillo ofreciendo bocadillos, pues su estómago estaba tan atado en nudos, que creía imposible poder incluso tomar agua.
Llevó una de sus manos a acomodar mejor la capucha de su chaqueta, y después arreglar un poco la posición de sus audífonos. No tenía muchas canciones en su celular, pero las pocas pistas que guardaba allí ahora mismo le resultaban extrañamente relajantes.
Extrañamente, porque todas eran mezclas que Otabek había creado.
Había muchas bandas en estas que él no conocía, haciendo que los sonidos fluyeran con armonía y crearan un ritmo atrapante, haciéndole sonreír pues le recordada todas esas noches en vela que pasaba, hablando a través del celular, sobre el origen de cada una de las tonadas y cómo era que Otabek había terminado gustando de ellas. De dónde había nacido su gusto por la música y, cómo había decidido hacer de ese su hobbie.
No pudo evitar que una sonrisa traicionera llegara a su rostro, sólo para hacerlo temblar y maldecirse al segundo siguiente. Él debería estar preparándose para el campeonato mundial, y este viaje había sido únicamente para quitarse un tormento interior de encima.
Empero, ahora encontraba que su mente era una tempestad aún más grande.
La noticia de la separación de Victor y el tazón de cerdo le había caído, casi, como un balde de agua fría. Dejándolo en un estado que Yuri no creía poder describir fácilmente con palabras.
Yuuri era, ¿su primer amor? Yuri, honestamente, no estaba seguro.
Recordaba perfectamente el primer programa de Yuuri que logró ver. Romance, de Dmitri Shostakovich. Su interpretación le pareció, aunque no fuera a decirlo en aquel momento, cautivadora. Con sus saltos y giros sumados a la secuencia de pasos, con su expresión y el movimiento de su cuerpo completamente en sintonía con el musical arreglo de la sinfonía. Aquella misma noche Yuri se encontró a sí mimo habiendo terminado de ver cualquier video disponible en la red que tuviera como protagonista al Yuuri japonés.
Aquello había hecho que, cuando al fin hubiera podido observar una presentación en vivo del patinador, hubiera esperado encontrarse con una interpretación magnánima. Y, en cierta parte, lo había sido.
Sus programas para el grand Prix de Sochi habían tenido muchísimos errores en los saltos, pero el encanto y la gracia de sus pasos aún estaban allí. Yuri mentiría si dijera que eso era lo que había esperado, sin embargo- en lugar de decepcionarlo, sólo había logrado que quisiera ver una presentación perfecta con muchas más ganas.
Su confrontación posterior en los baños había ocurrido, entonces, por dos razones. La primera era porque Yuri sentía la necesidad de reclamarle. No sabía lo que había estado esperando al ir a revisar cómo estaba él después de semejante presentación. Empero, definitivamente, no había esperado encontrarlo hecho una masa de llanto. Las personas talentosas simplemente no deberían dejarse caer, era un desperdicio. ¡Debía pelear mientras pudiera! ¡Mientras siguiera vivo! Uno sólo necesitaba poder respirar para volver a ponerse de pie. Y, también, había sido porque Yuri se había sentido, categóricamente, frustrado. De esas frustraciones profundas y amargas que atacan a las personas cuando uno ve algo que admira o quiere, desaparecer lentamente, sin poder hacer nada para evitarlo.
Y, cuando Victor decidió largarse a seguirle la pista a Yuuri tras esa horrible, horrible experiencia en el banquete -ocasión de la que aún guardaba una docena de fotos en su teléfono, Yuri sintió que el destino gustaba mucho de jugarle malas pasadas. Pues, parecía que se estaba riendo de él.
Se rió de él cuando Victor abandonó Rusia olvidando su promesa.
Cuando le obligó a patinar agape.
Cuando perdió ante la miserable imagen que parecía ser en ese momento Yuuri Katsuki.
Cuando ese mismo miserable, terminó convirtiéndose en una pieza de arte fina nuevamente, mucho más delicada y atrayente que en un inicio. Y, todo gracias a Victor.
Poco era decir que Yuri hubiera deseado que un rayo lo partiera en ese momento. O mejor a Victor, realmente.
El destino incluso parecía querer joderle también cuando Victor le había insinuado que Yuuri pensaba retirarse.
Que hubiera sido gracias a él que Yuuri, finalmente, hubiera decidido quedarse más tiempo en el hielo había sido una pequeña victoria personal, que había celebrado posteriormente con la única compañía de él mismo. Pues, se sentía como algo que Victor no había podido hacer. Como si aquel momento en el pódium, fuera su pequeño espacio apartado del tiempo. Donde sólo existían ambos Yuris, creando un lazo que Victor y Yuuri simplemente no podían tener.
Eso pareció poner sus sentimientos en paz por un tiempo. Eso, sumado a la presencia de Otabek, que se había vuelto una constante en su vida.
Yuri, realmente, creía que lo había superado. Incluso después de la boda. Aun cuando ese día había pasado casi toda la recepción observando por una de las ventanas del local que habían alquilado para celebrarla, como compañeros; únicamente Otabek, el silencio, y una amarga copa de champagne que él no debió estar tomando de cualquier manera. Porque esos dos se comportaban como siempre. Como si nada hubiera cambiado.
Como si Yuri todavía pudiera ser parte de la vida de Yuuri.
Hasta que el bebé apareció. Aquella fue la señal, el grito de alerta de le recordaba a Yuri que de hecho las cosas estaban cambiando, y que no siempre sería igual. Que, de hecho, Yuuri estaba viviendo y haciendo una vida con Victor. Una vida de la que Yuri ya no sería parte en algún momento.
Porque, aunque a ellos les gustara fingirlo a veces, Yuri no era su hijo.
Y, Yuri tampoco quería serlo.
El bebé marcó un hito en la mente de Yuri. Haciéndole entender que cualquier clase de conexión con Yuuri, así como el falso sentido de estabilidad que le daba la rutina que todos ellos ya tenían en St. Petersburgo llegaría a su fin.
Aquello había sido un hito, cierto. Pero Yuri no tardó en darse cuenta que todo aquello había iniciado mucho antes. Su caída inició con el dolor de sus articulaciones gracias al crecimiento de su cuerpo y, sólo terminó, cuando Victor anunció que Yuuri se iba.
Irse. Pues, un divorcio, sólo podía significar eso.
Yuri se estaba marchando, justo como aquella vez en el Grand Prix de Sochi.
Sólo que esta vez no había nada que Yuri pudiera hacer para detenerle.
Y, no podía creer que Victor le dejara marcharse así.
Su argumento había sido tonto, como la pelea. Pero Yuri no había podido evitar gritárselo en la cara, pues lo único que había podido pensar era que quería que Victor dejara de actuar como un idiota e hiciera algo.
Algo. Algo. Lo que fuera.
Victor debía conocer claramente la miseria, pues su vida parecía estar coloreada con distintos tonos de esta, sus programas siendo una clara manifestación de esta. Y, si así era, Yuri no entendía cómo podría regresar a ella de manera tan pasiva.
Victor, en ese caso, no sería más que un perdedor. Y Yuri odiaba a los perdedores.
Finalmente, Yuri había decidido que él mismo arreglaría las cosas. Pero ahora sentía que había terminado jodiendo la situación por completo.
Yuri no tenía intenciones de hacer algo respecto a sus sentimientos. Sólo- quería evitar perder una parte importante de su vida, no quería sentir que le había dejado escaparse de sus dedos, dejándole ir, sólo porque sí.
No quería pensar que había perdido algo tan preciado sin luchar.
Pero, cuando los labios de Yuuri habían estado tan cerca de los suyos, simplemente no se había podido resistir.
Su monólogo había sido para Yuuri. Pero casí había parecido que se estuviera dando ánimos a sí mismo. Y, así- lo besó.
Y aquel beso se sintió como todo lo que las películas le habían prometido. Se sintió como luces en el cielo y fuegos artificiales— para luego convertirse en nada.
Porque Yuri finalmente tenía lo que quería, pero no se sentía—bien.
Porque sabía que Yuuri sólo lo hacía por necesidad, sentía las feromonas que él soltaba, llamándole y – Yuri simplemente no podía resistirse.
Porque los labios de Yuuri eran suaves, y su aroma era dulce, y tenía todo lo que Yuri quería, pero no podía ser suyo.
La lista de reproducción llegó a su fin, al mismo tiempo que la azafata llegaba a su lado para pedirle que se acomodara el cinturón de seguridad, pues el vuelo aterrizaría en unos quince minutos.
❆ ❆ ❆
Victor no sabía exactamente qué estaba haciendo allí. El aeropuerto era un lugar tan concurrido que cualquiera podría verlo, olfatearlo. Saber exactamente qué pasaba por su cabeza.
Ni siquiera se había molestado en cubrirse el rostro, aun sabiendo que probablemente toda Rusia estuviera muriendo por tomar una foto suya, o tratar de hacerle preguntas. Aun cuando podía notar una infinidad de miradas en él, todo lo que podía pensar era que ni siquiera sabía si Yuri estaba por llegar, o si lo haría después, o si ya estaba en Rusia, o quizá, ni siquiera hubiera puesto un pie fuera de Japón y— aquello sólo hacía que quisiera gritar.
Lo único que su cuerpo pudo atinar a hacer, después de ponerse de pie y salir de la oscuridad de su habitación, fue dejar todo como estaba en su hogar y correr al aeropuerto, usando su auto y conduciendo como un lunático, desesperado. Esperando- esperando- ¿para qué, exactamente?
Una mano tomó su hombro.
Victor giró en un movimiento casi violento.
Era Yakov. Estaba gritándole.
— ¡¿Qué demonios estás haciendo aquí?!
O, lo más cercano que había a eso. En realidad, parecía que tenía muchos deseos de gritarle, pero su voz era tan baja y profunda que Victor dudaba que alguien además de ellos dos pudiera escucharlos.
La mente de Victor, lenta como se sentía al estar bajo el efecto del poco sueño y las inyecciones que aún necesitaba, sólo podía hacer sentido del movimiento de la boca de Yakov, y su claro lenguaje corporal que intentaba dominarlo. Insertándose como el alfa líder de la situación.
Antes de tomarlo por la muñeca y arrastrarlo fuera de allí.
❆ ❆ ❆
Yuuri sabía que su hermana y sus padres quería hablar con él. Pero no podía llevarse a sí mismo a intentar iniciar una conversación.
Sintiendo que su ansiedad mutaba en malestar físico, enfermándolo hasta el punto de querer devolver el inexistente contenido de su estómago.
Yuuri sabía que ya no era un niño, y él realmente había querido hablar sobre lo que había ocurrido con Yuri, al menos con su hermana. Quien, de alguna manera, parecía ser quien con su silencio mejor le comprendía en toda la casa.
Pero, incluso antes de que las fotos hubieran aparecido, y ahora con mucho más motivo. Yuuri se dio cuenta que no tenía respuesta para la pregunta de su hermana.
Ella le había escuchado en silencio, sentados en la habitación como cuando eran niños y Yuuri secretamente le contaba sus ambiciones para el futuro.
—Y qué piensas hacer, Yuuri.
Decirle que sentía que todo lo enfermaba no hubiera sido una respuesta aceptable. Pero era verdad.
Por ello, sólo se había mantenido en silencio, haciendo que ella preguntara de nuevo, usando una voz un poco más seria.
—¿Qué es lo que harás, Yuuri?
Y Yuuri sabía que ella tenía buenas intenciones, siempre las tenía. Pero eso no le había detenido de estallar.
— ¡No lo sé! —Había gritado, sintiendo cómo el cuarto entero se llenaba de su aroma, fuerte y estresado. Dándole dolor de cabeza— ¡No puedo decirte nada porque ni siquiera yo lo sé!
Mari le había mirado entonces con los ojos abiertos y la expresión contrariada. Haciendo que Yuuri sólo fuera capaz de susurrar.
—No he sabido qué demonios he estado haciendo desde hace mucho ya...
Para terminar con él encerrándose en su habitación, dejando que su mirada se concentrara en el techo y únicamente allí, dejando las horas pasar.
❆ ❆ ❆
Phichit estaba en Detroit ya, finalmente acomodado y en casa.
Normalmente aquello se hubiera sentido reconfortante, especialmente después de una temporada dura en el hielo. Empero, el mal humor y el ceño fruncido que Celestino había tenido desde que hubiera visto las noticias que no dejaban de llenar la red, sólo lograba causar en él un sentimiento de molestia y animosidad.
Su instinto que le pedía arreglar lo que sea que estuviera causando molestia en su pequeño grupo no dejaba de repiquetear en su cabeza.
Celestino era un alfa de nivel intermedio, con una personalidad vibrante y bastante protector con sus estudiantes. Y, aunque Yuuri hacía mucho hubiera dejado de llamarlo entrenador, el instinto protector de Celestino parecía aún muy presente en su mente.
No era raro que estuviera molesto.
Celestino sabía mejor que nadie cómo era la vida de una estrella, lo poco que uno podía guardar para sí mismo, y cómo era que cada respiro que uno diera pareciera ser un espectáculo más que una simple acción.
Pero aquello estaba mal. Era la vida de Yuuri, sus decisiones y su camino. Nadie tenía porqué opinar sobre aquello. Mucho menos si era algo relacionado con el bebe. Definitivamente no.
Phichit lo sabía, claro que lo sabía.
Tratando de calmar a Celestino, le había dicho de sus planes para hablar con Yuuri. Necesitaba saber que su amigo estaba bien.
Phichit vio el reloj que tenía en la mesa de noche, haciendo un par de cálculos mentales, se dio cuenta que probablemente ya era bastante tarde en Japón. Pero, y sintiéndose decidido, se dijo a sí mismo que no importaba.
Marcó el número de su teléfono, usando la aplicación que tenía allí y con la cual antes había podido comunicarse con su amigo.
La línea sonó hasta caer muerta. Nadie contestó.
Intentó de nuevo, y luego una vez más.
Cuando el celular sonaba por cuarta vez, Yuuri finalmente contestó. Saludándolo con un rostro demacrado y desencajado que decía que no había dormido lo suficiente en bastante.
❆ ❆ ❆
Yuuri aguantó la respiración un momento.
Yuuri conocía ese rostro en Phichit. Ese que le decía que tenía mil cosas que quería decirle y, nada al mismo tiempo. Yuuri también, sabía que probablemente tenía mil cosas que tuviera que decir en respuesta, pero en ese momento- lo único que pudo articular fue un quedo y sentido.
—Phichit.
Un momento de silencio.
—Es bueno verte
La voz de Phichit era queda, casi tanto como la suya. Y, la sonrisa en sus labios era la isa que tenía cuando aún eran estudiantes. Como si todos esos años nunca hubieran pasado.
Y, quizá no era el mejor momento. Ni el menos indicado, pero Yuuri no pudo evitar soltar un suspiro sentido, para luego reír, por lo ridículo de todo aquello.
—Ah... Yuuri-
Yuuri aclaró su garganta un poco, intentando alejar la sombra de la risa para que no se convirtiera en lamento.
—Lo-lo lamento—dijo—No tengo idea de qué decir. —admitió.
Ciertamente. Su mente se encontraba en blanco.
Phichit amplió su sonrisa, solo un poco.
—No tienes que decir nada, Yuuri.
Yuuri sabía que no tenía nada que explicarle a Phichit. Nunca había sido necesario.
—Sólo—pidió Phichit, endulzando un poco más su voz—quédate conmigo un poco más por aquí, ¿sí?
Yuuri asintió, lentamente. Dejando que el silencio inundara el ambiente, haciendo que su respiración se calmara, dejándole creer que, a pesar de todo, todo estaría bién.
—¿En qué piensas, Yuuri? —Preguntó Phichit, después de muchos minutos.
—En que mi vida es un desastre.
Yuuri realmente no esperaba que Phichit se riera.
—Hey—Se quejó, más inconscientemente de lo que hubiera querido.
—Tu vida siempre ha sido algo así como un desastre, Yuuri.
Le dedicó una mirada sorprendida.
—De acuerdo a tus palabras al menos, no mías.
Y un poco más de silencio.
Phichit se acomodó mejor, haciendo que la cámara lo enfocara mejor.
—Yuuri, tu nunca la has tenido fácil. Ninguno de nosotros. Nadie que practique este deporte, nadie que deje todo lo que conoce atrás, nadie que sea... centro de atención tan de repente—Phichit pareció recordar algo, por la manera en la que le miraba en ese momento, como si pudiera ver incluso mucho más allá de él mismo—Pero Yuuri. Tú lograste llegar hasta aquí... por algo debe ser, ¿no?
Yuuri no respondió. Phichit lo tomó como invitación a continuar.
—Desde nuestros días en la pista de Detroit, combinando bebidas energéticas baratas con nuestro café mientras nos preparábamos para los exámenes. Cuando eras tan denso como para no notar que el capitán del equipo de drama quería meterse en tus pantalones y no solamente verte bailar como inspiración porque su siguiente papel iba a ser el de un bailarín-
— ¡Phichit!
— ¡Pero es verdad!... Ni siquiera cuando caí y me rompí el tobillo, Yuuri... tú siempre has estado allí. Más firme de lo que tú mismo crees ser—dijo, dejando escapar esa última frase con un suspiro anhelante—Yuuri, tu vida podría ser lo que tú quieras, incluso un desastre. Pero- ¿Es eso realmente lo que quieres de todo esto?
—...
—Yuu-
—No.
—...
—Phichit...
Murmuró Yuuri, intentando aferrarse a todo lo que había sentido cuando aún era un joven iniciando su carrera en un país extranjero, cuando había logrado clasificar para el torneo que lo pondría un paso más cerca de su ídolo, cuando al fin había aceptado que realmente era un nombre reconocido en su propia nación.
Recordando entonces, cuando tenía un propósito.
—Quiero mi vida de vuelta.
❆ ❆ ❆
Yuuri aún no quería estar con su familia. No aún. Necesitaba un poco más de tiempo.
Por eso, en el desayuno, no habló con nadie. Aun cuando estuvieran sentados uno frente al otro, en una familiaridad que causaba que toda la situación se sintiera mucho más incómoda. Ellos, también, parecían no saber exactamente qué decirle. Evitando encontrar sus ojos con los suyos. Dándole espacio. Haciendo que no se sintiera amenazado.
—Yo—Dijo Yuuri finalmente, cuando hubiera terminado de comer y lavado sus platos—Saldré un momento.
Abandonó la casa entonces, cubriendo su rostro con una mascarilla, mientras usaba una de las chaquetas con capucha más grande que tuviera. No quería que nadie en la calle lo reconociera, y no quería escuchar a nadie hablando de lo que había pasado entre él y Yuri.
Eso era algo personal.
Algo que sólo ellos debían resolver.
El sólo pensar en ello logró que su estómago se sintiera pesado, y su garganta seca. Frunciendo el ceño y lanzando un suspiro derrotado; decidió por entrar a un conbini que estaba un par de calles más abajo.
La tienda era pequeña pero acogedora, llena de diferentes productos. Con la botella de agua en la mano, finalmente, su mirada viajó casi inconscientemente hacia la sección de cuidado omega en la tienda. Luego de debatirse un momento, dio un par de pasos en esa dirección, observando los artículos que tenían para ofrecer.
Toallas, supresores, pastillas para el dolor, incluso extractores de leche. Todo lo vergonzoso que los omegas normalmente necesitaban para lidiar con su celo y con lo que venía después. Yuuri agradecía que sólo tuviera que lidiar con un día de poco descenso después de su celo. No sabía cómo las mujeres aguantaban con eso durante tres o casi una semana.
Tomó una de las pequeñas cajetillas de supresores, tenían un dibujo gracioso de un hombrecillo y una mujercita de cuerpo blanco con expresiones caricaturescas en claras poses de dolor y con símbolos casi sacados de comic sobre ellos. Yuuri no conocía esa marca, pero parecían mucho más llamativos que las cajas de nombres complicados que le daban sus médicos en Rusia y en Estados Unidos antes.
Estaba a punto de devolver la cajita a su lugar y continuar con su quehacer, cuando escuchó un par de voces venir desde atrás. En el estante que probablemente tuviera enjuagues bucales o pasta de dientes.
Eran un par de hombres hablando.
— ¿Oíste lo de Katsuki?
Preguntó uno
—Uh...
—El patinador...
Eso pareció suficiente para que su compañero entendiera lo que decía.
—Oh, que desertara y su divorcio fueron bastante malos, ¿no? —comentó como si hablara de clima, antes de preguntarle al otro si estaba bien la crema dental que escogía—Uhm, debió conseguirse un buen alfa Japonés, no un estrafalario hombre Ruso...
Yuuri era familiar a aquel pensamiento.
Japón seguía siendo un país bastante nacionalista, cerrando incluso el derecho de nacionalidad a cualquiera que no luciera como ellos, incluso si había nacido dentro de la isla. Sólo siendo admitido en el koseki si alguno de sus progenitores tenía sangre japonesa.
Los valores con los que la mayoría crecía aún allí les decían que debían construir un mejor lugar entre los suyos. Los extranjeros no eran mal vistos, quizá sólo como una curiosidad, pero nadie realmente esperaba mucho de un matrimonio nacido con ellos.
—Sí, sí—asintió el otro—Y empezar una manada solo ellos. Lejos de la manada del omega... además Nikiforov, ¿viste los programas que les dedicaron? Ese hombre vivía solo. Solo
Dijo, como si tuviera necesidad de poner énfasis en ese último detalle.
Victor no tenía una manada familiar. Sólo a Yakov y a sus compañeros de rink.
Una manada pequeña, lejos del cuidado de los padres de alguno de los miembros no era para nada bien visto.
—Muy...—el hombre parecía estar batallando para encontrar la palabra correcta—valiente de su parte.
Un momento de silencio. Yuuri podía sentir que estaba presionando la caja con más fuerza en su mano. Se obligó a sí mismo a dejarla.
— ¿Y? —cuestionó entonces una de las voces—¿Qué pasó con él?
—Ah—Quien hubiera iniciado la conversación, pareció entonces recordar el hilo de la misma—Lo vieron con un nuevo alfa. Se llamaba como él, creo. También patina.
— ¿Otro extranjero?
Preguntó asombrado.
—Al menos este viene aquí—Dijo con una risa mal disimulada—A la familia Katsuki le haría bien un poco de alfa entre sus filas.
Yuuri ya no podía seguir escuchando más.
Pagó el agua y dejó la tienda lo más rápido que pudo, corriendo sin dirección real, hasta que sus pulmones le pidieron descanso, pues ardían por la falta de aire. El tiempo sin ejercitarse le estaba cobrando un poco.
Dejó que sus manos descansaran sobre sus rodillas, tomando grandes bocanadas de aire y dejando escapar su aliento casi tan rápido como lo inhalaba.
Cuando finalmente logró calmarse, observó sus alrededores. Estaba en un pequeño parque. No solían ser muy comunes en Hasetsu, pero habían construido un par para hacer más llamativo al lugar en las últimas décadas.
El lugar estaba casi vacío, de no ser por una pareja de muchachos sentados en una de las pocas bancas que estaban bajo la sombra de un solitario árbol. Ambos se veían completamente inmersos en su mundo, sonriéndose y dejando que sus manos apenas se rozaran.
Deberían tener quince años, o quizá un poco menos o un poco más.
Un par de jovencitos con una mirada que Yuuri reconocía muy bien.
El amor casi siempre lucía igual, cuando estaba reflejado en los ojos.
Yuuri sólo pudo reaccionar, saliendo de su ensoñación, cuando sintió una pequeña manita alar de la tela de su pantalón. Giró la mirada, un tanto sorprendido, sólo para ver a un pequeño niño de no más de dos años que le sonreía, sus grandes ojos cafés brillando con emoción infantil y su mano libre golpeando su pierna para llamar su atención.
—Eh...
Dijo Yuuri, girando el rostro de un lado a otro al tiempo que tomaba al pequeño en brazos, buscando a quienes pudieran ser sus padres.
— ¡Yuan, espera!
Una voz femenina se dejó escuchar tan pronto como el pequeño infante comenzaba a palmear su pecho con diversión. Yuuri se giró hacia donde el sonido venía, un par de muchachas corrían, claramente agitadas, con sendas expresiones de alivio en el rostro. Yuuri pudo notar la cabellera rubia de la primera, y la manera en la que había llamado ese nombre con un acento en particular que Yuuri sería capaz de reconocer en cualquier lugar. Era americana.
La muchacha le miró con una mezcla de agradecimiento y consternación, como si no supiera que decir; mientras intentaba estirar las manos para tomar al bebé.
Yuuri espabiló finalmente en ese momento; y, tras separar al infante de su pecho comenzó a hablar. Era normal que no mucha gente en su pequeña ciudad hablara inglés, Yuuri agradecía no sufrir de esa barrera idiomática.
—Lo lamento—dijo, mientras la muchacha acunaba al pequeño entre sus brazos y su pareja, otra mujer de cabellos oscuros y ojos más rasgados; claramente japonesa, llegaba a su lado, apoyándose contra ella en un gesto cariñoso—Él simplemente corrió hacia mí.
El olor de ambas no tardó en llegar rápidamente hacia él, eran alfas.
—Oh sí, a él le gusta hacer eso—dijo la otra muchacha, manteniendo el patrón y respondiéndole en inglés—Lo lamento, creo que le agrada el aroma de los omegas.
Yuuri asintió, asegurándoles que no pasaba nada.
—Uhm—intentó explicar entonces la muchacha americana—Lo lamento, es nuestro bebé. Lo cuidaremos mejor.
Era casi como si sintiera que tuviera que explicarse ante Yuuri. Ante un omega.
Yuuri trató de ahogar lo mal que le hacía sentir aquel hecho. Asintiendo simplemente, ellas no necesitaban decírselo. Yuuri confiaba en las posibles habilidades parentales de cualquiera que demostrara verdadera preocupación por sus niños. Dos alfas no iban a ser la excepción
Las parejas que no eran viables solían adoptar a los niños de la pareja principal -un alfa y un omega- en las manadas grandes, pues los omega solían tener más niños de los que podían cuidar. Así había sido siempre. Así había sido hace mucho tiempo.
En Japón, sin embargo, la tasa de natalidad omega había descendido mucho, normalmente dejando muy poco para aquellos que no pudieran concebir por ellos mismos.
No era cosa rara actualmente. Parejas de otras partes del mundo habían comenzado a adoptar, dejando de lado las viejas costumbres, y queriendo crear manadas más pequeñas entre ellos, o trayendo miembros de diferentes lugares.
Incluso en Japón.
Especialmente si eran parejas que uno no considerara naturalmente idóneas para la tarea.
Un par de alfas siendo el perfecto ejemplo. La adopción aún estaba presente en el país, pero nadie quería ensuciar su koseki reportando maltratos a un infante posteriormente. Y, los servicios sociales, tampoco eran muy renuentes a permitirles un proceso que antes había sido más que sencillo para cualquier ciudadano nippon.
China y Vietnam, Yuuri sabía, eran lugares comunes para adoptar niños. Había visto muchos casos así mientras hubiera estado en Detroit. Y, recordaba, que uno de sus maestros de estudios sociales había dicho que una de cada cincuenta parejas adoptaría en algún momento. Porque sus manadas no confiaban en ellos con sus propios hijos, o porque no tenían niños que tomar bajo su cuidado que tuvieran su sangre, incluso algunos porque no querían tener que compartir su vida con nadie pero sí anhelaban cuidar a un niño.
En Rusia, él también había visto cada vez más y más la desaparición de la vieja constancia de grandes manadas, como la de Lilia, no con los mismos lazos que aún existían en Japón o en otros países tradicionalistas. Allí todo era un poco más.... Individualista.
Victor y Yuuri habían sido un claro ejemplo de ello.
Pues Yuuri había pensado quedarse a su lado, creando un hogar, por siempre.
Siempre.
—Uhm...—Escuchó a una de ellas murmurar.
— ¿Eh...?
Preguntó Yuuri, sacado de su burbuja mental.
— ¿Está bien? —Preguntó la americana.
— ¿Quiere que... llamemos a alguien? —Cuestionó entonces la japonesa, usando su lengua mater.
Oh. Oh no.
Yuuri negó eufóricamente, de seguro enviando más feromonas estresadas mientras lo hacía. Eso ocurría siempre que dejaba que su mente rondara demasiado una idea.
Yuuri lo odiaba.
—No, no—negó—Yo- estoy bien. Hasta luego—dijo moviendo las manos delante de él, a manera de despedida y haciendo una barrera física entre ellos.
El pequeño bebé se movió, tomando uno de sus dedos en un movimiento riesgoso.
Yuuri sintió su corazón detenerse.
—Yuan—llamó su nueva madre.
—Yo—empezó Yuuri, soltando su dedo lentamente—Lo lamento—Dijo, sonando decidido—Tengo algo que hacer.
Y, antes de que ellas pudieran decir algo, giró su cuerpo y comenzó a caminar de regreso a casa.
Yuuri quería algo, definitivamente.
Quería su vida de nuevo.
Y, algo tenía que hacer.
Buscó su teléfono en su bolsillo, buscando el número de Phichit como si su vida se fuera en ello.
Sólo tenía algo para decirle.
Él iba a regresar.
❆ ❆ ❆
Otabek se acomodó en el sofá de su apartamento, normalmente agradecía los días que no tenía práctica, pues el descanso era más que bienvenido con la clase de vida que llevaba. Sin embargo, las horas ahora se sentían como milenios, mientras esperaba que Yuri llegara finalmente a Rusia y se sintiera lo suficientemente descansado como para hablar con él.
Revisó su teléfono más por costumbre que por esperar que realmente el número de Yuri fuera a aparecer en pantalla, cuando su repentina vibración lo sorprendió.
Un par de mensajes aparecieron en la pantalla, aunque ninguno era de Yuri.
"Piensas salir o no"
Otabek lanzó un suspiro, realmente no tenía ganas de dejar el lugar. Pero tampoco tenía intenciones de dejar que ellos fueran a su casa.
No quería ser grosero simplemente cancelando sin darles al menos una razón.
Escribió sin cuidado en su teléfono, enviando una respuesta escueta, antes de buscar su chaqueta de cuero, casco y llaves para salir.
Cerró la puerta de su departamento, dejando que el viento del medio día golpeara su piel, intentando que eso le ayudara a espabilar.
Chasqueó la lengua, y finalmente dejó el lugar. Cuando bajaba las escaleras, tropezó con una de sus vecinas, quien al cruzar miradas con él le dedicó un saludo amable y un asentimiento con la cabeza. Otabek la recordaba, era una estudiante universitaria beta, bastante amable y cordial. Era uno de los pocos vecinos que le saludaban con sonrisas reales y no con falsa cordialidad. Como si temieran hacerlo enfadar si no lo hacían.
Pero Otabek, realmente, no era la clase de personas que se enfadaran así de fácilmente.
Quizá fue por eso que fue capaz de conseguir un apartamento tan rápido, su esencia era agradablemente segura cuando alguien se detenía a notarla, bajo las capas de fuerte e imponente aroma alfa, se encontraba la tranquilidad y seguridad de un protector.
Subió a la moto que dejaba estacionada en el pequeño espacio que tenía cada uno de los que vivían en el modesto edificio, el parque donde sus amigos y él se encontraban normalmente no estaba muy lejos y quizá hubiera podido ir caminando, pero el sentir del manubrio sobre sus manos y el viento en su rostro normalmente ayudaban a que Otabek pudiera dejar correr su mente a terrenos más tranquilos, y eso era algo que él creía que necesitaba en ese momento.
Luego de quince minutos y tomando una pequeña desviación, el parque finalmente logró entrar en su campo de visión. Se detuvo cerca de una acera cercana, dejando la motocicleta lo suficientemente cerca para vigilarla, y caminando aún con su casco en las manos, al tiempo que su pequeño grupo ya lo llamaba levantando las manos.
—Otabek
Saludaron en coro.
Serik, Nurzhan, Onur, Elif y Aysel. Tres muchachos y dos muchachas, todos alfa. Otabek, de alguna manera, siempre había encajado mejor entre ellos. Aun cuando había habido uno o dos, o tres omegas en la escuela que habían hecho muy claras sus intenciones de querer pasar más tiempo con él y quizá- algo más, Otabek siempre se había sentido mucho más a gusto rodeado de su pequeño y cerrado grupo de congéneres.
—Hey—saludó.
Serik, Elif y Onur estaban sentados en la hierba, mientras Nurzhan y Aysel usaban los lados de un tronco cercano para apoyarse.
Nurzhan tenía un cigarrillo entre los dedos, y Otabek no pudo evitar fruncir la nariz cuando el olor del humo le llegó.
Al notar su reacción, Nurzhan no pudo evitar regalarle una mirada de circunstancia. Con ojos llenos de incredulidad y los labios ligeramente fruncidos.
—Oh, está bien—dijo finalmente, apagando la pequeña flama con sus dedos enguantados en cuero, y dejando que el cigarrillo cayera al suelo.
—Heyyy—Se quejó Serik, tomando el cigarrillo del suelo y poniéndolo en su bolsillo—Eres como un cerdo.
—Sí, sí, como sea—respondió el mentado, quitándole importancia al asunto, y más bien dedicándole una mirada emocionada a Otabek—Lo hiciste genial, por cierto.
Oh.
Los cuatro continentes.
—Gracias—dijo, jugueteando con la correa del casco.
Elif le dedicó una sonrisa, haciendo un gesto con la mano al espacio junto a ella, pidiéndole que se sentara.
—Tu amigo también, ese alfa ruso...
—Plisetski—Completó Onur, ayudándola.
Otabek se quedó helado un segundo, asintiendo lentamente. Dejando que su cuerpo descendiera hacia el pasto, para luego acomodarse mejor junto a si amiga.
—Ah, Yuri.
Completó él, haciendo que el resto asintiera.
—No estaba en internet, Ese sujeto quiero decir. Hoy.
Aunque ellos no lo fueran a admitir, Otabek sabía que seguían páginas sobre patinaje sólo por él. Al menos desde que hubiera decidido concentrarse realmente en su carrera, dejando Almaty y buscando entrenar en diferentes lugares. A ninguno de ellos le gusta o le importaba siquiera ese deporte. Empero, Otabek era su amigo, y él sí les importaba.
En retrospectiva era un poco sorprendente cómo era que su pequeño grupo había sobrevivido la distancia y todo el tiempo que Otabek había pasado fuera del país. Pero, regresar con ellos se había sentido tan natural que él no le había dado demasiadas explicaciones. Únicamente se había dejado ser.
—Oh sí—concluyó Aysel—Con un omega.
Nurzhan soltó un silbido largo y agudo.
—Oh, nice.
Onur lo acompañó con una risa profunda.
—Deberías pedirle que te enseñe a conquistar, Otabek. ¿No crees?
La declaración de Serik fue acompañada por un coro de risas. Haciendo que Otabel sólo fingiera una sonrisa e ignorara el comentario.
Si había aprendido algo de Yura en ese último tiempo, era que él era tan malo para el amor como Otabek mismo.
❆ ❆ ❆
Celestino no podía creer lo que estaba escuchando. Yuuri quería- ¿Regresar?
Regresar a la pista. A la competencia. Y, sobre todo, regresar bajo su tutela.
Tardó un minuto en que la noticia sentara completamente en su mente, después de que Phichit se la dijera.
Era algo que Yuuri tenía que probarse a sí mismo, quizá.
Un paso en la dirección correcta de su recuperación.
Celestino no pudo evitar sonreír. Yuuri podría haber dejado de ser su estudiante antes, pero él siempre sentía una extraña calidez en el pecho al ver que algo salía bien en su vida. Un extraño sentimiento muy parecido al orgullo paternal.
—Está bien, eso creo.
Dijo para nadie, y para él al mismo tiempo.
Deseando que dejar sus deseos tomar forma de palabras ayudaran a estos a hacerse un poco más reales.
—Yuuri—Murmuró con cariño—Me alegro de que regresaras.
❆ ❆ ❆
'Bienvenidos.
Un saludo cordial a usted, quien no es escucha.
Bienvenidos a nuestra conversación de la tarde, es Jhon Tyron quien les habla, dándoles una voz a todos y todas.
Es menester mío hablar un poco de todo lo que ocurre en mi nación. Y, en el corazón de nuestra gente. Las dudas, creencias e irresoluciones a las cuales nos encontramos a diario.
Hace poco, en una charla con compañeros, analizábamos un tema que parece resonar en más de un lugar últimamente. Con el cambio de los tiempos, y el cambio de las personas: la idoneidad de una manada.'
—¡¿Puedo saber qué tenías en la cabeza?!
Yakov sabía que no debería estar gritando. No iba a ayudar para nada. Yura no respondía así, tenía que calmarse. Suficiente era con la clara ola de feromonas alteradas que el cuerpo de Yuri estaba soltando como para que él también comenzara a perder los estribos.
Respiró.
—Tú- Yura... No deberías- ¡Ya no eres un niño! Yura.
Podía ver claramente como los músculos de Yuri se tensaban.
—Tienes que pensar antes de hacer las cosas.
'Las manadas son un concepto, una existencia, una verdad casi tan vieja como nuestra propia historia. Han sido nuestra creación para vivir mejor, mantenernos a salvo, y crecer como sociedad.
Las manadas representan todo lo que somos, nuestro pasado, nuestro presente, y se convertirán en nuestro futuro.'
La familia, es lo más importante con lo que nosotros contamos.'
—No puedes entrenar con Victor—Le dijo, aunque parecía que en realidad Yakov estaba hablando más consigo mismo, tratando de convencerse de que sus acciones eran las correctas y que, con estas, todo estaría bien de alguna manera—No-... en realidad, ni siquiera quiero dejar que te acerques a él en este momento.
Yuri parecía querer reclamar algo.
Yakov no le dio oportunidad, deteniendo su acción al poner su palma abierta frente a su rostro.
—Victor tendrá un lugar aparte. Lejos de aquí.
Lejos de cualquier clase de esencia que pudiera identificar como amenazadora en cualquier clase de sentido.
Y, también, lejos de cualquier persona que pudiera acercarse a él y terminar lastimado.
Yakov no podía creer que por primera vez no temiera por uno de sus alumnos, sino que además temiera a uno de ellos.
Se sentía mil niveles de errado.
'—Pero, ¿no le parece que el concepto de manada se ha distorsionado con los años?
Es una pregunta que nos hace uno de nuestros radioescuchas. Inciso, agradecemos sus fieles correos. Siempre los estamos leyendo.
La construcción social que es una manada, al igual que nosotros, cambia. No es estática, se moldea y reagrupa de acuerdo a nuestras necesidades.
Años atrás, vivíamos bajo grandes nombres, en pequeñas mini sociedades completamente cerradas. No mucho atrás, los omegas tenían un papel casi triste en la vida cotidiana. Mi abuelo, me sirvo de mencionar: dios lo tenga en su gloria, logró contarme todavía sobre los primeros movimientos omega.
Él, siendo un omega también, sólo podía ver a través de la televisión las muchas marchas que se hacían en nombre de igualdad.'
Yuuri llegó a casa. Donde, como ya esperaba, su familia estaba aguardando por él.
Sentados en el cuarto de sus padres, como si estuvieran teniendo una conversación importante, sólo que sin decir nada. Le dedicaron sendas miradas expectantes.
Yuuri, finalmente, se dio el trabajo de ver a su familia. Observarla lenta y realmente.
Sus rostros lucían cansados. Cansados, pero bien; pues le estaban sonriendo.
—Oh dios...—Yuuri se encontró a sí mismo diciendo, sonando igualmente desgastado. Pero peleando la necesidad de reírse de lo absurdo de la situación—Cómo puedo seguir poniendo todo esto sobre ustedes...
Su madre se levantó entonces, acercándose a su hijo, sonriéndole de esa manera que sólo ella sabía.
—Oh, Mi yuuri—Dijo antes de abrazar su cuerpo con toda la fuerza que podía poner en sus brazos—Sólo queremos verte feliz.
Mari sonrió un poco, bajando la mirada.
—Eso es todo lo que queremos, Yuuri—Confirmó su padre.
'Los alfa, como la viva imagen de la dominancia y la dicotomía que esta trae, eran tanto alabados como temidos. Nuestros oyentes más jóvenes quizá no lo sepan, pues es algo que ocurrió hace mucho, pero aún es posible encontrar fotos de los castigos brutales que se les impartía a los alfa en muchos entrenamientos militares. Una práctica común al parecer, ocultada por miedo a herir el falso sentido del orgullo.
Una manera de demostrar quién es el perro más dominante.
Perdimos a muchos jóvenes y jovencitas gracias a eso, porque los alfa debían aprender a obedecer con un tronar de dedos, y no a mostrar los dientes cuando alguien los amenazaba'
Yuri no sabía qué pensar. Era claro que estaba frustrado, eso era fácil se adivinar. Sentía la molestia bullir desde su interior, enfureciéndolo y nublando su mente.
Su secuencia de pasos era torpe y sus saltos deficientes. Cosa que no tardó en demostrar, haciendo que todos giraran a verlo, cuando al tratar de aterrizar un triple axel se encontró estampando contra el hielo.
El rink que Yakov alquiló para Victor se encontraba en el lado opuesto de la ciudad, bastante alejado de donde normalmente entrenaba.
La pista era mucho más pequeña, pero tenía el lugar completamente para él.
Servía. Cualquier cosa serviría en ese momento.
Victor dejó que su cuerpo corriera con el impulso de sus patines, concentrándose en el sonido de las cuchillas cortando el hielo y tratando de mantener todos sus pensamientos a raya.
No faltaba mucho para el mundial.
Sólo quedaba el mundial. El mundial y luego- luego- cuando todo estuviera mejor, cuándo su mente no le gritara pidiendo desquitarse...
Podría ir por Yuuri.
Sólo un mes más.
Victor podía aguantar.
'Y, nuestros betas.
Para una casta que ha sido tan despreciada en el pasado; la actualidad nos demuestra cosas muy diferentes. Si tan dispensables eran, tan poco relevantes, tan- reemplazables. ¿Cómo explicamos que, los estudios demuestran que son los beta aquellos con mayor esperanza de vida? ¿Cómo podemos explicarnos que, aparentemente, las encuestas los señalan como más exitosos, más felices y más realizados que el alfa y omega promedio?'
Phichit le sonrió finalmente a su casera, quien lucía más que contenta con las noticias que le acababa de dar.
—Ya tiene el pasaje de avión apartado y todo. Debería estar llegando aquí este fin de semana.
—Ahh—arrulló la mujer—Ese omega era adorable, ¡Me alegro de que regrese aquí!
Y dejó salir una risa. Que terminó de unirse a una similar de Phichit.
Oh, ella no tenía ni idea.
'Quizá sólo nos estamos dejando llevar, entonces, por ideas un tanto arcaicas. ¿No creerían?
Una manada, ¿Qué es una manada?
Nuestros ancestros nos habrían respondido que es el grupo de personas que se unen en lazo familiar alrededor de una única pareja dominante, un alfa y omega que guían al grupo. Con sus propias políticas internas, con su propia jerarquía.'
Chris sintió sus músculos tensarse más. Aún con las manos de Francis intentando desanudar sus hombros.
Sabía que Victor estaba dolido. Que su vida estaba girando en un torbellino de adversidades, pero que no hubiera siquiera tomado alguna de sus llamadas o respondido a alguno de sus mensajes lo estaba matando de la incertidumbre.
Chris podía sentir como sus hormonas estaban llegando al límite, enviando olas de molestia sin ton ni son, haciendo que una migraña comenzara a desatarse en un lado de su cabeza.
Tanta era su molestia, que incluso la presencia de Francis detrás de él lo ponía nervioso.
Ansioso. Algo enfermo.
—Francis yo...
Empezó, frunciendo el ceño y apartando las manos de Francis de él
— ¿Chris?
—Quiero... Quiero estar solo un momento.
Farfulló antes de dejar la habitación. Dejando a Francis con una mirada sorprendida en el rostro.
'Empero, la actualidad es otra. No tenemos las gigantescas manadas de antaño. Y, tampoco tenemos la misma organización de esa fecha.
Manadas de únicamente betas, omegas con más de una pareja y sin un enlace, alfas conviviendo juntos. El centro de las familias ha cambiado con el tiempo, mi querida gente. Sin embargo, lo que aún tenemos presente y latiendo son nuestros lazos con las ramas de esta.
Aún si ya no se acostumbra a mantenerse a todos en el mismo lugar, separados por montañas y océanos, kilómetros y continentes enteros.
Las familias no desaparecen, el amor y el compromiso no lo hacen.
Todos nosotros, seguimos siendo parte de un gran todo. Y, como en todas las familias, cada miembro es una pequeña estrella en una gigantesca galaxia.'
Yuuri aferró con más fuerza el boleto en su mano. Pronto sería hora de que entrara a la sala de abordaje, su equipaje ya había sido embarcado y en menos de media hora se suponía que su vuelo estaba programado para despegar.
Junto a él, su madre, padre, hermana y Minako-sensei le miraban con pequeñas sonrisas en el rostro. Cada una con una naturaleza un poco distinta.
Felicidad, tranquilidad, cariño, nostalgia. Amor.
—Asegúrate de llamarnos cuando aterrices— pidió Minako.
Yuuri, mirándolos a todos, asintió.
'La siguiente pregunta es de otra radioescucha. Veamos...'
❆ ❆ ❆
La charla con Celestino no había sido tan emocionalmente drenante como Yuuri hubiera temido en un inicio. El alfa seguía siendo tan amable como siempre, y le tenía paciencia. En un pasado no había sido capaz de ayudarle con su ansiedad y casi auto saboteo; empero, eso era algo en lo que Yuuri debía trabajar por sí mismo.
— ¿No estas feliz, Yuuri? —preguntó Phichit una vez hubieran estado en el taxi, pegando su cuerpo al suyo un poco más de lo necesario para mantener el calor. A Yuuri no le importaba, el frío invierno de Detroit no era nada comparado con el de Rusia, pero el calor corporal siempre era bienvenido. Además, el olor de Phichit era reconfortante.
Yuuri sólo se removió ligeramente en su asiento, mirando por la ventana. El paisaje casi completamente blanco de Detroit le traía muchos recuerdos, sus años universitarios pasaban por su mente como una graciosa comedia si es que pensaba en el protagonista como alguien más que él.
—Un poco—admitió quedo, sintiendo que la esencia de Phichit vibraba con clara felicidad ante la declaración—Me alegro de que Celestino no se enfadara...
No era únicamente que el nombre de Yuuri se encontrara estampado por toda la internet y en boca de cuanto comentarista amarillista hubiera en la televisión. También estaba el hecho de que el inicio de temporada no estaba muy lejos, Yuuri aún tenía que clasificar en los pequeños torneos regionales, y que hasta ese momento Celestino había tenido su completa atención únicamente en Phichit.
—Y... de que tú no lo hicieras tampoco.
Agregó con un hilo de voz. Phichit se separó de su lado entonces, mirándole con una ceja alzada.
—Por quitarte el tiempo de Celestino...
La expresión de Phichit mutó en menos de un segundo, haciendo que sus ojos se rasgaran y una sonrisa se dibujara en sus labios.
—Oh, Yuuri—dijo entre risas—Te preocupas demasiado.
Phichit le quitó importancia al asunto, agitando una de sus manos de un lado a otro antes de dejar que esta cayera sobre su propia mano. Entrelazando sus dedos con los de Yuuri en un gesto de cariño sincero.
—Siendo completamente sincero, Yuuri—confesó entonces, con voz baja y tranquila—Sólo estoy feliz de que estés de vuelta.
Yuuri no tuvo la valentía suficiente de preguntar a dónde exactamente había regresado, creyendo que la interrogante podía tener muchísimas respuestas.
El auto avanzó un poco más, por una ruta que a Yuuri se le hacía demasiado familiar. Si desconcentraba su mente un poco, podía incluso imaginar que era sólo una tarde cualquiera; regresando del rink de entrenamiento a descansar en casa y que aún era un estudiante con demasiados trabajos que entregar ese mes.
—Aquí está bien.
Phichit hizo que el taxista se detuviera en la entrada de un complejo de apartamentos, era mucho más fácil entrar a pie que hacer que el guardia abriera y cerrara las rejas para el ingreso vehicular. Además, la mayoría de muchachos que solían hospedarse en lugares así de baratos eran estudiantes, muy poco tenían un vehículo propio, probablemente la pista interna estuviera muy resbalosa aún.
Al cruzar la puerta principal Yuuri fue capaz de reconocer al vigilante que conociera de sus años universitarios, un beta ya entrado en años que; al reconocerle, le saludó moviendo la cabeza ligeramente. Junto a él, un hombre más joven le miró sorprendido por un momento, Yuuri no tardó mucho en olfatear que se trataba de un alfa, pero su expresión cambió a una mucho más calmada tan pronto vio que caminaba junto a Phichit.
Yuuri tuvo que aguantar las ganas de reír, más porque recordaba cómo había sido buscar un apartamento para él sólo cuando apenas había llegado a Detroit. La dueña del apartamento que hubiera llegado a rentar con Phichit, una alfa de mirada seria y rostro anguloso, no había estado muy segura de pensar en Yuuri como posible candidato al lugar cuando se había presentado sólo. Había muy poca gente que rentaría cuartos a omegas no enlazados, mucho más si eran jóvenes como lo era Yuuri. Los omegas rara vez se separaban de sus manadas, y si lo hacían normalmente era para unirse a la manada familiar de su compañero o compañera alfa. En las últimas décadas esa tendencia había cambiado, con más y más omegas decidiendo incursionar en campos laborales y continuando con sus estudios. Empero, la mayoría de universidades -al menos en américa, parecía- tenían dormitorios especiales para ello. Lugares diseñados especialmente para que un gran grupo de omegas pudiera vivir sin sentirse perturbados o desprotegidos.
Yuuri había considerado la idea por un tiempo antes de llegar por primera vez al lugar, pero el problema central se centraba en los horarios. Yuuri a veces perdía la noción del tiempo cuando estaba en la pista y prefería ser sólo él quien se encargara de seguirse la pista con ello. No queriendo incomodar o tener que dar explicaciones a nadie.
Encontrar un lugar para él sólo en Detroit había demostrado ser una tarea -quasi- titánica, Yuuri sabía por conocimiento popular que la mayoría de omegas lejos de sus manadas se dedicaban a la industria del sexo. Un estigma social que había caído como estereotipo con el paso de los años, pues en el pasado esa parecía ser la única industria donde un omega podía tener éxito inmediato y hacerse con dinero suficiente como para sustentar un modo de vida algo decente. Y, si bien ya no era una realidad tan común -al menos en un lugar como lo era américa- parecía que muchas de las personas allí, seguían teniendo la idea grabada en la memoria.
No fue hasta que Celestino le sugirió que compartiera el departamento que pensara alquilar con Phichit que la suerte de Yuuri pareció cambiar. Phichit y él no estaban enlazados y ni siquiera aparentaban tener la mínima conexión de una manada de trabajo, pero la mujer que era dueña del departamento pareció encantada con la adición de un beta a la ecuación. Los beta, después de todo, eran la casta más confiable a los ojos del mundo.
Aunque eso no quitaba que, en las bimensuales revisiones que se realizaban al apartamento, la dueña se encargara de preguntar al menos unas quince veces si Yuuri tenía todo lo necesario para sus necesidades. A lo que, Yuuri respondía con el rostro sonrojado, que no tenía que preocuparse.
Las paredes del dormitorio principal eran a prueba de esencia, había un pequeño refrigerador dentro de este para mantener provisiones como agua entre otros, y tenía un baño adjunto además del que estaba en el pasillo. La mujer sólo quería saber si Yuuri recordaba todos aquellos detalles y que estuviera cuidándose adecuadamente.
Aun cuando Yuuri le había asegurado muchas veces que no era necesario preocuparse.
Era molesto, peor algo a lo que se había hecho idea con el paso del tiempo.
— ¿Yuuri? —La voz de Phichit logró que despertara de su pequeño trance, parpadeando un par de veces antes de mirarle directamente—¿Estás bien?
Yuuri frunció un poco el ceño, reprochándose a sí mismo la distracción.
—Sí—tranquilizó—sólo... me distraje.
Phichit le miró con una expresión extraña por un momento, pero no comentó nada más. Ellos vivían en el segundo piso, así que siempre preferían usar la escalera antes que el ascensor.
—Esto me trae tantos recuerdos—canturreó feliz Phichit, cuando ya tuvieran la puerta del lugar frente a ellos—Vivir contigo siempre fue divertido, Yuuri.
Yuuri, por algún motivo, dudaba aquello.
—¿No tuviste algún compañero después de mí?
Phichit abrió la puerta del lugar, y el aroma del beta concentrado del lugar llegó de lleno a las fosas nasales de Yuuri, haciendo que un pequeño estremecimiento se fuera a la base de su estómago. Amigos. Seguridad.
—Pues...—Comenzó Phichit, mientras esperaba que Yuuri entrara para hacer lo mismo y luego cerrar la puerta—la dueña me dijo que consiguió un par de ofertas, pero que ninguna le terminaba de convencer—y una pequeña risa—creo que siempre esperó que volvieras, Yuuri. O que apareciera alguien con un rostro tan adorable como el tuyo, ¡La tenías encantada!
Yuuri sintió sus mejillas calentarse un poco. Era un hombre con más de dos décadas encima, no debería ser encontrado adorable bajo ninguna visión.
—Yo conocí a un par de esos candidatos—Phichit continuó, dejando su abrigo en un perchero que Yuuri no reconocía, de seguro era nuevo—Había dos betas y luego una muchacha alfa—dejó las llaves en un pequeño cuenco cerca de la sala y continuó hasta la habitación que antes hubiera sido de Yuuri, Phichit abrió la puerta. Todo lucía como antes de que se hubiera ido—Parecías muy amables, pero estoy feliz de que ninguno terminara mudándose aquí—concluyó dejando espacio para que Yuuri entrara. Por suerte, sus maletas ya estaban allí—No puedo imaginarme a ningún otro rommie además de Yuuri.
Yuuri entró al lugar. Lo primero que logró llamar su atención fueron las paredes. Completamente desnudas. Antes, hubieran estado forradas de un sinfín de posters de Victor. Yuuri tragó en seco.
— ¿Yuuri?...
Negó un par de veces con la cabeza.
—Gracias, Phichit—dijo girándose, regalándose a su mejor amigo la mejor sonrisa que tenía en ese momento. La más sincera.
Phichit le devolvió el gesto sin problema alguno.
—Toma todo el tiempo que necesites en instalarte, Yuuri—canturreó—Hoy es tu gran regreso aquí, ¡Debo preparar una gran cena para celebrar!
Yuuri no pudo evitar reír ante la animosidad de su compañero, mientras este dejaba su lugar corriendo hacia la cocina.
Reorganizar sus pertenencias se sintió, hasta casi un punto, ligeramente terapéutico. Era como si estuviera practicando cómo reorganizar su vida. Lento, despacio, pero seguro.
Para cuando hubiera casi terminado, el olor de comida inundaba el apartamento, haciendo que el estómago de Yuuri gruñera.
Aún con la calefacción del lugar, Yuuri optó por tomar uno de los últimos sweaters que tenía sin guardar, colocárselo e ir a probar un poco de la deliciosa comida de Phichit.
La cena fue agradable, con Phichit haciendo bromas de vez en vez y logrando arrancarle una pequeña risa a Yuuri. Cuando hubieran terminado, se retiraron al sofá, a ver una repetición nocturna de un viejo show ochentero sobre una bruja omega y su descerebrado esposo alfa.
—Es extraño que aún no estés cansado, Yuuri. Normalmente los viajes en avión te dejan no-funcional por al menos una mañana entera.
Pichit hablaba lento y bajo, con la mirada girando de rato en rato entre la pantalla de tv y el rostro de Yuuri.
—Uhm, creo que el nerviosismo acabó con cualquier remanente de sueño que pudiera tener...
Y, normalmente, después de terminar con la fuente de ansiedad que pudiera estar atormentándole; Yuuri regresaba a su rutina de desmayarse en cama hasta que se viera obligado a despertar nuevamente al día siguiente. Pero, la verdad era, que Yuuri no quería dormir. Al menos no esa noche. Ese día había estado bien. No estaba muy seguro de cómo enfrentaría el mañana.
—Uhmm—murmuró Phichit, cuando una sonora carcajada enlatada dejó la televisión, observándole con cuidado.
Yuuri giró a verle en respuesta, notando que la atención del muchacho parecía estar fija en algo más.
—Oh, no sabía que te gustaran esta clase de cosas—Dijo Phichit, tomando entonces parte de su sweater—Luce bastante diferente a lo que normalmente usas, Yuuri. ¡Me gusta!
Y sólo entonces fue que Yuuri realmente notó que estaba usando. Era una prenda tejida con un complejo patrón en el frente, cuello de tortuga y las mangas bordadas con delicadeza.
Aquello— No era suyo.
—Oh...—Dijo, como si con esa sílaba el aire hubiera escapado de sus pulmones por completo. Phichit le miró consternado, parpadeando—Esto... no es mío—silencio—En realidad, es de Victor.
Aquel nombre se sentía casi alienígena en sus labios. Yuuri trató de contar mentalmente hacía cuánto que no lo usaba.
—Oh- yo—Pichit parecía completamente fuera de su terreno, un ligero sonrojo cubriendo su rostro—Lo lamento, Yuuri.
Él le miró confundido.
—¿Por qué te estás disculpando?
Phichit desvió la mirada por un momento.
—Por mencionar... hacer que mencionaras —giró su mano derecha de un lado a otro, como si pudiera terminar la oración de esa manera.
Yuuri ahogó un suspiro.
No quería que su amigo se sintiera incómodo.
—Está bien, Phichit.
Dijo, mientras se quitaba el sweater y lo acomodaba en su regazo. Victor y él solían compartir ropa, no había muchas prendas de Yuuri que Victor pudiera usar, pero él amaba las pocas que su cuerpo no anchaba, y por sobre todo, le encantaba que Yuuri usara cosas suyas.
Probablemente no notó que había colocado eso mientras empacaba.
Yuuri había estado demasiado distraído en ese momento.
—No tienes que preocuparte por mí—O por evitar mencionar a Victor. —Mi nombre debe estar en todos lados en este momento, no me molestaría hablar de alguien más...
Phichit no lucía para nada convencido.
—Pero Yuuri...
—No, no—Yuuri tuvo que detenerlo antes de que siguiera con esa línea de pensamientos—Está bien, de verdad—dijo, mientras sus manos pasaban por el sweater; intentando enderezar los pliegues—Victor es tan buen tema de conversación como cualquier otro...
Y, casi como si su mente trabajara en automático, Yuuri se dio cuenta de que no podía controlar su lengua.
Yuuri había decidido que quería continuar su vida, arreglando todos los cabos sueltos que había dejado en el camino de su caída. Victor era uno de ellos, no podía seguir retrasándolo.
—Victor siempre ha gustado de esta clase de cosas, ¿sabes? —comentó, mientras pasaba sus pulgares por el cuello de la prenda. Phichit no dijo nada, Yuuri tomó eso como una señal para continuar—Tiene un muy buen gusto para la ropa, aunque siento que gasta demasiado en ella—Yuuri casi había sufrido un figurativo infarto cuando se había enterado cuánto había costado el traje de entrenador de Victor, o las chaquetas que siempre solía llevar. Demasiados ceros en una sola suma.
—Pero, aunque él siempre fuera diligente con la ropa que usa y con los trajes que se manda a hacer, ¿sabes que es un perezoso? —Yuuri giró el rostro encarando a Phichit, regalándole una pequeña sonrisa y no dejándose amilanar por la expresión en blanco que su amigo tenía en ese momento—Nunca le gustó planchar sus propios trajes, siempre enviando todo a la tintorería—refunfuñó, volviendo a su labor y comenzando a doblar el sweater. Primero las mangas—Era frustrante, porque mucho de eso podía tranquilamente lavarse en casa.
Y Yuuri se lo había dicho, terminando en una mini discusión que había llevado a Yuuri a decidir que Victor sólo debía encargarse de la titánica tarea de colocar la ropa en la lavadora, mientras que Yuuri podía plancharla y doblarla. Bastante acostumbrado a esa labor de sus años en el onsen.
—Terminé doblando más camisas con ese hombre que en mi entera vida universitaria—Y una pequeña risa—Victor creyó que era buena idea pagarme con besos ese servicio.
Yuuri escuchó un pequeño sonido ahogado escapar de la garganta de Phichit, pero no se detuvo.
—Pero no solo es eso, Victor también odiaba lavar los platos, tenía que recordárselo al menos unas cuatro veces al día—sus manos aplanaron la lana un par de veces—Y cuando bebía... era muy difícil regresarlo a la habitación.
Sus manos se detuvieron un segundo.
—Porque siempre terminaba murmurando un montón de tonterías y pegándose a mí como si fuera un pulpo humano...O cuando olvidaba alguna petición de Yakov por accidente, O- o su manera de sacar de quicio a la mitad de sus compañeros de rink, O cómo le gustaba dejar besos en mi cuello cuando estaba a la mitad de doblar alguna de sus camisas...
— ¿Yuuri? —la voz de Phichit salió contrita, como si tuviera miedo a preguntar.
—O... que le gusta besarme cuando regresaba a casa, compitiendo con Makkachin por quién sería el primero en recibirme a la puerta—Sus ojos se fijaron en la prenda en su regazo, finalmente doblada—O que nunca pude complacerlo con su estúpida idea de desayuno en la cama, pues siempre quería dormir un poco más...
O, completó la mente de Yuuri, cómo era que Victor gustaba de inmiscuirse en la ducha con él aún sin ser invitado, sólo para llenar sus dedos de acondicionador y dejar masajes en el cuero cabelludo de Yuuri.
O, también, cómo acariciaba sus manos cuando las juntaban para huir del frío matinal de San Petersburgo, dibujando patrones con sus dedos sobre su piel.
O, la manera dulce en la cual murmuraba su nombre con su fuerte acento en su oído durante las largas noches que pasaba amando su cuerpo, enterrándose en él y permaneciendo unidos hasta que la mañana les despertara.
— ¿Yuuri? —Volvió a preguntar Phichit, sonando algo asustado; pues al parecer Yuuri se había quedado silente por demasiado tiempo.
Y— en ese momento. Con los recuerdos de Victor frescos en su mente, y sus ojos enfocados en la vieja prenda del hombre, Yuuri sólo pudo pensar, en una palabra.
Hogar.
Una pequeña manada, con Victor acariciando su cuello mientras se disculpaba por hacerle hacer todo el trabajo, mientras Yuuri refunfuñando doblaría otra camisa estúpidamente cara, con el olor de la comida cociéndose en la cocina y una pequeña risa infantil viniendo de uno de los cuartos, acompañada del ladrido de Makkachin.
Su pequeña familia, viviendo como siempre lo habían hecho.
Excepto que, era sólo una visión.
Las risas infantiles pronto se desvanecieron, al igual que el ladrido canino.
Los cálidos labios de Victor dejando el contacto contra su piel, volviéndose un mero recuerdo abandonado y opaco. Dejándole únicamente con sus manos presionando con fuerza la prenda que hubiera estado doblando con tanto cuidado.
Yuuri no había llorado. No cuando hubiera despertado en el hospital. No cuando hubiera vuelto a casa. No cuando Victor hubiera cubierto su regazo con sus propias lágrimas. Ni siquiera había llorado cuando el avión de regreso a Japón lo estuviera alejando de todo lo que había sido su vida hasta ese momento.
No.
Porque, de alguna manera, pareciera que hubiera estado viviendo únicamente parte de todo. Y, apenas comenzaba a conseguir la pintura completa.
Yuuri no había llorado durante todos los meses que hubiera durado su separación con Victor, demasiado concentrado en dejar de ser una molestia y esperando que Victor pudiera recuperar lo poco de estabilidad que le quedaba luego de que el desastre natural que era Yuuri hubiera pasado por allí.
Empero, ahora parecía que no era capaz de detener sus propias lágrimas.
Pues, mientras Phichit intentaba calmarlo con palabras dulces y caricias en la espalda, Yuuri sólo podía concentrarse en que su roto llanto no le quitara demasiado aire.
Pues apenas notaba no únicamente lo que ya no podría ser, si no lo que antes había sido y ahora ya no tenía.
❆ ❆ ❆
❆ Notas finales:
Ya era hora de que Yuuri se diera cuenta, ¿no? Siento que Victor era el único que había llorado hasta ahora. Reacción hyper tardía.
Este capítulo fue algo-así-como editado en mi computadora, la parte final si logré escribirla aquí; pero todo lo demás gracias a las notitas en el celular.
Esta semana ha sido una montaña rusa. Me destrocé los músculos ayudando a preparar una actividad para la universidad-de la cual apenas regreso, por cierto- no recuerdo haber lavado tanta carne en mi vida antes, haha. Y, en el lado lindo, ¡me enteré de que mi prima está esperando un bebé! Todos, en mi familia y en mi universidad, parecen estar llenando el mundo de más bebés. Logré ver la ecografía y fue linda, ella está feliz, aunque cuando le llegan las migrañas no quiere vernos ni en pintura y descaradamente nos hecha de la habitación, o ella se va ofendida. It's funny.
Anyway, volviendo al esto...
El siguiente capítulo ya está más o menos planeado, agradezcan a mi bella beta Fran ♥
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro