Pensando en voz alta
❆ Notas iniciales: Capítulo once. No puedo creerlo.
Esto es lo más lejos que he llegado escribiendo fanfiction antes de tirar toalla o dejar mis outlines para que recolecten polvo en la computadora.
Gracias por acompañarme en este desastre.
❆ ❆ ❆
Victor sintió que alguien intentaba abrir su cráneo con un martillo.
Sus ojos ardían y su cabeza dolía. En sus oídos el sonido de un estridente zumbido se mezclaba con lo que parecían ser palabras.
Victor había tenido resaca su justa cantidad de veces, tanto de joven como de adulto, pero no recordaba haberse sentido así de destrozado nunca.
—Así que al fin decides abrir los ojos.
Si antes había sentido que había un martillo en su cien, ahora era como si un sacacorchos entrara por uno de sus oídos. Victor conocía esa voz, aunque ahora no podía decidir si estaba feliz de escucharla porque eso quería decir que no estaba tirado en algún callejón de mala muerte, o porque podía pedirle que le disparara y acabara con su dolor de cabeza.
Aunque Victor estaba casi seguro de que Chris no llevaba armas consigo.
Victor intentó responder. No estaba seguro de exactamente qué habría podido decir, pero sólo había querido decirle algo.
No se sorprendió mucho cuando lo único que abandonó sus labios fue un profundo quejido lastimero.
Chris le regaló un suspiro cansino, y cuando se dio cuenta, ya estaba ayudándolo a sentarse.
Al parecer había terminado en el suelo en algún punto de la noche. Quizá el dolor de cabeza no era únicamente de la resaca, sino de un golpe también.
—Oh dios, hueles como un muerto.
Victor dudaba que los muertos olieran a sudor y a alcohol, pero no podía contradecir en ese momento.
Hubo un poco de jaleo, Victor no estaba seguro de cómo es que Chris había logrado hacerlo estirar su patética humanidad en el sofá nuevamente.
Un ahogado bufido salió de los labios de Chris. Victor podía verlo, desde su roto ángulo en el sofá, con los brazos en asas y una clara expresión de molestia en el rostro.
— ¿No vas a preguntar cómo entré aquí?
Esa era una pregunta justa, razonó el cerebro atontado de Victor.
¿Habría irrumpido dando patadas a la puerta? ¿Cómo había sabido el número de su habitación? Victor no se lo había dicho a nadie. Algún paparazzi habría tomado una foto de él y subido un artículo al internet especulando su muerte. Quizá Chris había visto algo así y se había asegurado de ir a buscarlo para darle una última patada antes de que la muerte le quitara esa oportunidad.
Victor entendería eso último. Realmente se lo merecería.
Al parecer Chris se cansó de la silente espera, pues continuó hablando mientras parecía buscar algo en la habitación.
—Tu entrenador me dejó entrar. Estuve aquí muy temprano. Las afueras estaban llenas de periodistas.
— ¿Yakov? —Preguntó Victor, sintiendo que una nueva ola de dolor lo asaltó sólo por haber intentado articular algo entendible—Ugh, maldición.
Chris se rió de él.
—Sí, esa parece una bonita manera de poner la situación.
Victor finalmente pudo ver qué es lo que tenía en sus manos. Era una pequeña maleta de viaje. Su maleta de mano para ser más exacto.
Quiso preguntar, pero no tenía la valentía para volver intentar hablar.
—Necesitas ayuda, Victor.
Necesitas ayuda. No déjame ayudarte.
Chris sabía que no podía imponerse a Victor, ni siquiera en una situación así de patética. No sabía si eso era respeto o una cláusula que habían escrito en su amistad sin darse cuenta.
Victor no respondió nuevamente. Esta vez porque no había manera de negar lo obvio.
Chris murmuró algo que él no pudo llegar a entender.
—Tenemos que irnos de aquí—Estaba caminando por la habitación nuevamente. Guardando sus pertenencias que aún estaban esparcidas por el cuarto—Te llevaré a mi casa.
Victor elevó su cuerpo, yendo contra todo su sentido común y ganándose lo que pareció un relámpago estallando contra su cien.
—Porque no creo que quieras regresar a Rusia en este momento, Victor.
Y Chris tenía esa mirada que le decía que sabía mejor que él lo que estaba ocurriendo.
—Yo-
—Además—Puntuó, no dejándole hablar. Cerrando finalmente la maleta y tomando su celular que había terminado abandonado tristemente en el suelo—El equipo ruso ya se fue.
Victor no pudo decir nada.
Tampoco impuso resistencia cuando Chris lo ayudó a moverse del sofá. Bajaron tambaleándose hasta el estacionamiento del hotel, y Victor sintió que el mundo se movía como en un constante terremoto aún si viajaba en auto.
Se detuvieron en un pequeño café, Chris le había puesto un ridículo sombrero encima y él usaba los lentes de sol más aburridos que le hubiera conocido.
Chris había ordenado por ambos y él no se había molestado en si quiera escuchar qué se supone que debería estar comiendo. No importaba. La mera idea de intentar ingerir algo hacía que su estómago se atara en nudos.
Chris se llevó un gran bocado de lo que sea que hubiera pedido.
Victor sintió que las náuseas lo harían desmayarse.
—Así que ellos ya se fueron.
Fue lo más inteligente que se le ocurrió decir en ese momento.
Chris asintió categóricamente, llevándose otro bocado a su boca.
Victor había perdido el vuelo. Por algún motivo sintió que quería arrancarse los cabellos.
Era estúpido. En ese año Victor había perdido muchísimas cosas. No había motivo por desesperarse por una más.
—Respira, Victor.
Respira, le pedía Chris, y Victor creía que estaba loco. Apenas podía entender dónde estaba en ese momento y mantener el contenido de su estómago donde estaba.
Chris puso su mano sobre la suya. Victor lo vio directamente a los ojos.
Le estaba sonriendo.
El aroma en el ambiente cambió.
Chris era un omega, Victor lo sabía. Pero era la primera vez que realmente olía como uno.
Esa realización tan extraña fue lo que logró que se quedara callado.
—Come un poco.
Le pidió, y el tono que usó le recordó a Victor más a un ruego que a un consejo amigable.
Victor no pudo evitar preguntarse porqué parecía importarle tanto a Chris.
—No quiero seguir viendo como acabas con tu vida, Victor.
❆ ❆ ❆
Otabek no recordaba haber tenido un viaje en avión tan incómodo como ese en todos sus años como atleta. Ni siquiera cuando aún era un niño pequeño y el asiento parecía demasiado grande y ajeno a él como para que pudiera dormir. Al menos en ese momento, había podido culpar a la ansiedad y el sentimiento de pérdida enterrado en su pecho por dejar su hogar de su incomodidad. Ahora no era tan simple.
Su entrenador dormía profundamente a su lado, con las luces enteras apagadas. El vuelo entero estaba completamente cubierto por el silencio de la noche, recordándole amargamente cómo era que había estado el vestuario ruso después de la entrega de medallas.
Casi todos los competidores habían dejado el lugar, listos para descansar para la exhibición del día siguiente. Otabek también habría tenido que hacerlo, pues tenía un número que presentar. Pero, aunque aquella fuera la opción lógica, se encontró esperando tiempo extra hasta que sólo Yuri quedara allí.
Nadie se había atrevido a acercarse a él. Dejándolo permanecer en una esquina del lugar donde ni los periodistas parecían poder acercarse gracias a la protección de sus entrenadores, hasta que el mismo Yuri hubiera decidido desaparecer entre las inmediaciones del lugar.
El rostro de Yuri no lucía mal. No en el sentido que uno hubiera esperado de alguien que había sido atacado hacía no mucho. Un día no es suficiente para borrar hematomas o cardenales en la piel, mucho menos si era una tan pálida y de apariencia tan frágil. Y, al parecer, tampoco era suficiente como para eliminar las expresiones que estos causaban.
Podía ser que Victor no hubiera lastimado a Yuri físicamente, pero lo que sea que hubiera pasado entre ellos, mostraba su efecto esculpido en las facciones de Yuri.
—Felicitaciones por la medalla.
Yuri había estado sentado en una de las pocas sillas del lugar, su entrenador aún custodiaba la puerta mientras el resto del equipo ruso pareciera haberse movilizado fuera del lugar ya. Otabek agradecía que le tuviera suficiente confianza como para dejarle entrar.
Él ni siquiera había necesitado levantar la vista para saber a quién hablaba, con la mirada pegada en el suelo y el rostro apenas levantado como para dar una vista a sus mejillas.
Que de alguna manera pareciera que le estaba esperando hizo que Otabek sonriera, aunque esa expresión se sintiera fuera de lugar en un momento así.
—Gracias.
Dijo, aunque realmente no parecía tener sentido. Una comezón molesta invadió su boca, haciéndole sentir que, si no decía algo más, estallaría.
—Yura, tú estuviste-
—Es un desastre.
La primera vez que Yuri habló lo hizo con un tono seco e inidentificable. Como si dijera algo sin importancia.
—Mi vida es un desastre.
La segunda vez, parecía que estaba contando una broma.
Otabek conocía el rostro de Yuri muy bien, sus sonrisas y sus ceños fruncidos. Incluso conocía su rostro avergonzado. Pero Otabek aún no terminaba de acostumbrarse a su semblante herido.
—No—dijo, acercándose más sin pedir permiso—claro que No.
Estaba tan cerca que ya no podía ver su rostro, pero sus manos podían tocar su cabeza si las estiraba un poco.
—Otabek...
Él no le dejo continuar, cerrando la distancia con un movimiento suave y lento. Acariciando sus cabellos con dulzura poco propia de él, invitando al silencio.
Sintió el rostro de Yuri descansar contra su pecho, su respiración acompasada era rota por un temblor espontaneo que aparecía sin ser llamado. Pero Yuri probablemente no estaba llorando, pues su voz aún sonaba compuesta cuando volvió a hablar.
—No sé ni siquiera qué es lo que estoy haciendo.
Otabek tampoco sabía.
Suponía que el amor hacía eso. Lograr que uno actuara sin pensar como siempre lo hacía. Como cualquier clase de emoción fuerte, era capaz de llevarnos a lugares de nuestro ser que no existían antes. Eran capaces de cambiar quién se suponía que eramos.
Otabek no sabía exactamente qué hacer con Yuri, o qué hacer con él mismo.
Sólo sabía que, si podía quedarse al lado de Yuri todo lo que quedara de vida, todo estaría bien.
En ese momento había tomado una decisión. Que sólo logró hacerse más clara en su mente durante las largas horas de silencio en su asiento.
Yuri lo necesitaba a su lado. Y él, tenía que estar allí.
❆ ❆ ❆
Cuando el avión tocó suelo ruso, el cielo estaba cubierto completamente por la oscuridad de la noche. Mila y Yakov habían intentado decirle algo en el camino de regreso, pero ninguno se había animado a acercarse a él. Ocupando sus asientos en silencio y fingiendo que nada había pasado. Lilia tampoco le había dicho nada, pero había pasado el vuelo entero sosteniendo su mano.
Yuri no le había pedido que lo hiciera, tampoco era que hubiera querido.
Pero no la había apartado.
El sueño lo había terminado de noquear casi veinte minutos después de haber despegado, dejando que su mirada se quedara un largo momento sobre el asiento vacío de Victor en la fila contraria a la suya propia.
El aeropuerto lucía casi dormido en ese momento, su vuelo había sido el último en aterrizar y la pequeña fila que esperaba a la banda automática para recoger sus maletas estaba sumergida en la taciturnidad de la casi entrada madrugada. Yuri recogió la propia con presteza casi robótica, Mila hizo lo propio y ambos ayudaron con la de Victor.
Yuri probablemente la hubiera llevado, pero Yakov se las arrebató pronto. Como si temiera que el estar cerca de ese objeto desatara otra nueva calamidad.
Avanzaron por el aeropuerto pasando a un montón de gente enfrascada en sus teléfonos o intentando dormir en incómodas posiciones. Yuri incluso notó a un par de muchachas durmiendo con la cabeza bajo una de las bancas, probablemente para escapar del fluorescente del lugar.
No había una multitud esperando su regreso.
Era casi reconfortante.
Yakov los había sacado del hotel tan pronto como el día de la gala había llegado. A todos excepto a Victor. Le había pagado a un muchacho que trabajaba en el hotel para usar una chaqueta con capucha y fingir que había una persona extra con ellos cuando abandonaron el recinto. Un amigo de Victor se había ofrecido a encargarse de todo lo que se tuviera que hacer después. Yuri no era realmente un fanático de Chris, y apostaba que él tampoco estaba en alguna clase de pedestal para el otro hombre, pero en ese momento Yuri se había sentido realmente agradecido.
Y quizá, un poco menos culpable.
Después de la gala ellos habían emprendido rumbo directo al aeropuerto. Su vuelo estaba programado para varias horas después, dándoles tiempo para descansar y llegar a casa al día siguiente casi rozando al medio día. Yakov había hecho hasta lo imposible por conseguir asientos en un vuelo más temprano.
Yuri aún no quería saber cuánto había costado ese cambio. Dejaría que su billetera lo sintiera después.
Ahora sólo podía agradecer que no hubiera una turba de fanáticos y reporteros esperando por ellos en la puerta.
No sabía cómo hubiera reaccionado si ese fuera el caso.
Cruzaron las grandes puertas del aeropuerto, donde los taxis solían esperar por pasajeros. Y, mientras Yuri hacía un rápido escaneado del lugar, sus ojos se detuvieron en alguien que contrastaba completamente con cualquier clase de persona que hubiera esperado encontrar allí.
El frio aún no llegaba a su punto más álgido, así que no había habido nevadas. Pero eso no evitaba que Yuri quisiera decirle a su abuelo que era un lunático por presentarse a esa hora en St. Petersburgo usando únicamente su abrigo y la boina vieja tejida que le había regalado hacía tantos cumpleaños atrás.
Nikolai tenía una sonrisa pintada en los labios y las mejillas ligeramente rojas por el frío.
— ¿Abuelo? —preguntó con un hilo de voz que terminó sonando casi como si todo el aire que tuviera en los pulmones lo hubiera abandonado de golpe.
Yakov, quien venía detrás de él, le puso una mano sobre el hombro. Era un gesto de confort.
—Tu abuelo insistió.
Yuri sólo pudo asentir, como un idiota.
Su abuelo sonrió con más ganas.
—Yura—Dijo, y su voz sonaba como todo lo que Yuri extrañaba en ese momento—Bienvenido a casa.
❆ ❆ ❆
Victor abrió los ojos en una casa que no era suya. Aunque le tomó un par de minutos darse cuenta completamente, el color cálido de las paredes y el sol invadiendo por las ventanas contrastaban demasiado con su oscuro y frío departamento.
Se sentó y consideró que era un logro no sentir que su cabeza estaba siendo lanzada por un acantilado.
Chris había intentado hacerle comer algo en aquel café, Victor se había negado y en algún punto simplemente había apartado la comida, haciendo de la mesa una improvisada cama y usando sus brazos como almohadas.
—Ugh...
Se quejó, llevando una de sus manos hasta su rostro y dejando que sus frustraciones llegaran para golpearlo.
—Así que ya despertaste.
Casi como si lo hubiera llamado, Chris apareció por la puerta de la habitación trayendo con él una bandeja con una jarra de agua y un vaso. Por la expresión en su rostro Victor no tenía que ser un genio para darse cuenta que le debía una. Y una grande.
—¿Alguien te ha dicho alguna vez que pesas más de lo que aparentas?
Si Victor hubiera sido un poco menos consiente de sí mismo, quizá no hubiera encontrado ese comentario algo insultante dada la situación.
—Porque sacarte de allí fue casi como cargar un costal de patatas.
Chris revoleó los ojos, antes de acomodarse en una de las sillas aledañas a la cama y colocar una expresión de circunstancia.
—Deberías agradecer que Francis insistió en comprar esa aburrida camioneta, a nadie se le ocurrió que pudiera estar llevando a una estrella atrás.
Bueno. Chris lo había comparado con un costal. No era raro que lo hubiera hecho viajar como uno.
—Oye—se quejó finalmente Victor, descubriendo que hablar ya no era tan terrible, aún si su voz sonaba rasposa y su garganta se sentía como arena—Tú eres muy famoso también.
Chris soltó una risa al aire.
—Si tienes energía como para bromear entonces debes estar bien.
Dejó su lugar en la silla y dejando la bandeja en una mesa cercana, sirvió un vaso con agua. La garganta de Victor tuvo ganas de soltar un gruñido de desesperación.
Estaba muriendo de sed.
Chris se sentó a su lado, ofreciéndole el vaso sin que Victor tuviera que pedírselo.
Victor lo recibió con gusto, haciendo que todo el contenido bajara por su garganta demasiado rápido, logrando que casi se ahogara y terminara tosiendo desaforadamente como un perdedor.
Chris normalmente hubiera reído ante semejante muestra de ineptitud, pero Victor encontró, después de recuperarse y poder respirar nuevamente, que Chris le miraba con la nariz fruncida en clara señal de desagrado.
—Demonios—masculló Chris, llevándose una mano a la nariz y cubriéndola—Aún hueles a alcohol.
Victor quiso reírse, pero no lo hizo.
—Aún me siento como si yo fuera alcohol.
Chris le dedicó una mirada poco impresionada.
—Cállate un momento—Chistó, antes de volver a hacer el recorrido por otro vaso de agua.
Esta vez Victor la bebió con calma, asegurándose de no volver a tener un ataque de tos. Su cuerpo adolorido le agradecería la falta de movimientos violentos.
—Siento que algo me pasó por encima.
Fue su poca elocuente apreciación después. Tenía el vaso fuertemente atrapado en su mano y su reflejo deformado le saludaba desde el vidrio. Sus ojos estaban hundidos y había un color morado apenas notorio bajo sus cuencas. Su piel estaba deslucida y parecía enferma. Su cabello probablemente estaría grasoso y maloliente.
Victor se encontró odiando el reflejo de sí mismo que proyectaba.
Victor se encontró odiándose a sí mismo.
—Tú—Intervino Chris, sacándolo de su pequeña burbuja personal y quitándole el pedazo de cristalería—más bien fuiste quien le pasó por encima a demasiadas cosas.
Chris no tenía que especificar para que Victor entendiera.
Las reglas, la competencia, el respeto.
A Yuri.
A él también.
Victor no pudo evitar presionar sus puños con ira, sintiendo cómo sus uñas lastimaban su piel.
El cuarto se quedó en silencio.
Victor levantó la mirada, notando que Chris se había servido un poco de agua y ahora la usaba para tomar un par de pastillas de colores mientras apoyaba su cuerpo contra el marco de la puerta.
El sol entraba por la ventana, la cama olía a limpio y Chris parecía estar teniendo una mañana como cualquier otra.
Era un escenario de lunáticos.
—Oye—susurró, su garganta ya no se sentía como el desierto, pero su tono aún era rasposo—Para alguien que llamaba tanto, realmente estás muy tranquilo.
Chris le miró entonces, y Victor supo que no había tenido que decir eso.
Ni siquiera pudo llevarse a morder la lengua y arrepentirse. Porque estaba intentando hacer sentido de la realidad donde se encontraba ahora.
No importaba si Chris le gritaba. Tenía motivos para hacerlo.
Y, si tenía que ser sincero consigo mismo, era lo que estaba esperando. Tenía sentido que ahora mismo hubiera más de una persona gritándole, no que estuviera descansando en una linda casa con mucho sol y agua fresca.
—Y yo debería golpearte por ese comentario—le dijo Chris, dibujando una sonrisa que claramente le decía que sentía exactamente lo que le había dicho—Peri creo que ya hubo demasiada violencia por aquí.
Auch.
—Ok—admitió Victor—Me merecía eso.
—Eso y más.
El silencio los volvió a invadir, y Victor deseó volver a estar dormido. Al menos un par de horas más. O, quizá, un par de días.
Chris suspiró.
—La verdad—Su tono había cambiado. Victor había conocido mucho tiempo a Chris y todo lo multifacético que podía llegar a ser. Por eso ahora podía afirmar sin temor a equivocarse que se oía aliviado—Sólo estoy feliz de que contestaras.
Victor se tragó sus palabras.
Chris pareció sonreír. Su tono lo delataba.
—Llámalo instinto o lo que te dé la gana—el sonido de la bandeja siendo levantada nuevamente—Sólo saber que estás bien... no, no bien. Entero, me deja tranquilo.
Sólo entonces Victor volvió a mirarle. Probablemente tendría un semblante avergonzado. No importaba.
Chris era su mejor amigo, él podía verlo así.
—Te conseguí algo de ropa nueva, no es nada como lo que usas, pero la traeré luego. Tienes que tomar una ducha o te lanzaré un cubo de agua fría—Chris hizo una pausa, dedicándole una mirada severa—Porque apestas Victor, en serio.
Victor elevó una ceja, incrédulo. Estaba seguro que el alcohol no podía oler tan fuerte.
Intentó levantarse, sin estar seguro exactamente de qué iba a hacer cuando volviera a estar sobre sus dos pies. Pero fue una tarea inútil, haciendo que un mareo lo regresara de manera poco grácil a la cama.
—Joder, mi cabeza.
Chris bufó con algo muy parecido a la exasperación.
—Quédate allí—puntuó, usando voz de mando—Igual, no tienes nada que hacer.
Victor farfulló, derrotado.
—Al menos quiero saludar a Francis.
Porque de seguro ver a Chris llevando a Victor a cuestas por la puerta y dejando un rastro de alcohol y alfa miserable no era para nada una vista que alegrara a cualquiera.
Chris pareció dudar un momento. Haciendo que su esencia cambiara un momento.
—Sí...—Dijo, alargando la última parte—Él no está aquí ahora.
Victor parpadeó un par de veces.
—Digamos que tú no fuiste el único que no estaba pensando bien esta semana.
Confesó Chris, usando el tono que normalmente les regalaba a los periodistas.
—¿Chris?
Preguntó Victor, levantando la mirada y tratando de enfocar el rostro de su amigo lo mejor que podía.
Chris le sonreía. Pero su sonrisa no alcanzaba sus ojos.
—Sólo descansa, Victor—Le pidió—Lo necesitas.
❆ ❆ ❆
Phichit sabía que las noticias llegarían a ellos. Pero no creyó que lo harían tan rápido y de esa manera.
Él no quería que Yuuri supiera nada del campeonato mundial. Al menos no hasta que todo el mundo estuviera celebrando nuevamente la victoria de Victor. Eso era algo con lo que ellos podían lidiar. Aunque Yuuri no lo dijera, parecía que recibir noticias buenas de la carrera de Victor era mucho mejor que recibir simplemente noticias de él.
Como si hubieran regresado a ser el fanático y la leyenda. Con nada que los uniera.
Phichit logró que ambos faltaran al rink dos días. Celestino había sido muy indulgente con ambos, consciente de que Yuuri aún necesitaba algo de tiempo para adaptarse sumado con sus incansables ruegos, jurándole que después se matarían entrenando como no habían hecho ninguna otra temporada.
Así que la primera noche cuando Yuuri hubiera regresado de su cita con el doctor, le había enviado directamente a la cama. Pues la mañana siguiente era un día enteramente para ellos, y Phichit lo había aprovechado obligándolo a sentarse con él en el sofá de la sala, rodeados de toda la comida que Phichit había podido comprar que rompiera con su dieta sólo lo necesario para que ninguno se sintiera demasiado culpable luego. Y, preparando una larguísima lista de películas de terror americanas que Yuuri no había visto con él aún.
'Son bastante estúpidas'
Había dicho Yuuri mientras un zombie con demasiado maquillaje intentaba darle un mordisco al coprotagonista omega de turno, quien gritaba desaforadamente mientras la estrella alfa del film le destrozaba la cabeza al no muerto a base de balazos.
'Lástima'
Había respondido Phichit, aunque claramente no lo sentía. Se estaba divirtiendo mucho.
'Esta era una tradición, te estoy haciendo pagar por el tiempo perdido'
Yuuri sólo le había dedicado una mirada ridícula antes de refunfuñar algo y regresar su atención a la pantalla, donde más tripas volaban.
Aunque Phichit podía afirmar sin temor a equivocarse que Yuuri había estado feliz. Su nariz se lo decía.
Cuando la quinta película mala sobre fantasmas y personas filmándose mientras fingían actuar terminó, Phichit accedió a que vieran otra cinta. Su maratón terminó con la secuela del Rey y el patinador.
Yuuri le miró extrañado un momento, no por el cambio abrupto de género, sino porque él normalmente antes le hacía ver la primera en repetición cada cierto número de meses.
Incluso eran capaces de repetir algunas partes del diálogo de memoria.
Y, aunque ciertamente la primera película era un clásico inamovible en el corazón de Phichit, la segunda tenía algo mucho mejor. Y eso era el nuevo look que habían decidido darle al rey.
Phichit tenía que ser sincero. Esa era la mejor parte de todo.
—Es tan... lindo.
No había podido evitar soltar, casi como un suspiro, cuando el rey hizo su aparición para recibir a Arthur al calor de su castillo nuevamente.
Yuuri se había reído.
—Sabes que él no es un omega de verdad, ¿no?
Phichit frunció el ceño. La verdad era que él tenía la costumbre de emocionarse con los omegas, el verlos simplemente le producía un irrefrenable deseo de acercarse, dejando al descubierto toda la galantería que tenía. Cuando Yuuri había descubierto esto y su particular fascinación por todo lo que el rey representaba, había sido casi hilarante ver la expresión que hacía cuando le había dicho que el actor que interpretaba al rey era, de hecho, un beta en la vida real.
—Shhhh, ¡No mates la magia, Yuuri!
Eso sólo lo había hecho reír de nuevo.
—Deberíamos ver otra película suya, ¿sabes? Quizá esa donde interpreta al mejor amigo de esa omega que está a punto de casarse-
Phichit había sentido su corazón caer hasta su estómago ante semejante declaración.
Comedias románticas. Definitivamente no.
—No. No. Simplemente no.
Yuuri le había regalado una ceja alzada en extrañeza.
—¿Y eso?
Phichit no había sabido por dónde empezar.
—Los beta somos como una manifestación corpórea de un arcoíris que sólo quiere que todo el mundo se lleve bien—había explicado, escandalizado—Cada vez que hablan es como si abrieras un libro de autoayuda de los que regalas cuando te has quedado sin ideas decentes. Y-y
La risa de Yuuri interrumpió su sentido discurso.
—Bueno, Phichit. Sí eres algo así-
La amigable burla y humor estaban claros en las facciones de Yuuri. Eso no evitó que él respondiera con falso tono ofendido.
— ¡Calumnias, Yuuri!
Lo que había desembocado en ellos repasando y quejándose lo que les quedara de noche de los estereotipos que parecían plagar el cine americano. Desde los betas que no parecían tener nada mejor que hacer que ayudar a tejer tramas amorosas a protagonistas muy estúpidos, los jocks del equipo de fútbol americano que eran más alga que persona y parecían carecer de materia gris, hasta el omega recatado de turno que siempre cubría su cuello y usaba un anillo de promesa de castidad.
No vieron ninguna otra película esa noche.
Yuuri había terminado durmiéndose allí mismo, demasiado cansado como para incluso llevar su cuerpo hasta su habitación. Lo más probable es que él estuviera intentando mantenerse ajeno a la situación con más empeño de lo que él le hubiera dado crédito por en un inicio. O quizá era sólo que estaba cansado por algo más.
Yuuri era la clase de personas que sufrían muy rápido ante el propio drenaje que les causaban sus emociones.
Por eso, cuando el teléfono de Yuuri sonó, Phichit pensaba ignorarlo.
Era muy tarde, de cualquier manera. No tenía la hora exacta, pero su reloj interno claramente le gritaba que cualquier persona decente debería estar en cama ya. Phichit no creía que Yuuri tuviera conocidos tan desconsiderados.
Aun así, se había acercado a revisar quién era. Porque quizá sería necesario devolver la llamada después.
Había muchas cosas que Phichit esperaba ver. Quizá Minako, Hiroko, Toshiya o Mari. Quienes se disculparían por haber olvidado el cambio horario y tendrían una buena razón para intentar contactarse con Yuuri. O incluso Yuuko o su esposo, quienes habían parecido querer estar más involucrados en la vida de su amigo.
Pero no había esperado a Victor.
Yuuri aún tenía la foto de su ex esposo allí. Era una imagen nada favorecedora, con Victor desparramado sobre lo que parecía ser una cámara, con la cabeza de su caniche pegada a su rostro desordenando sus cabellos, y por el ángulo parecía que la habían tomado desde uno de sus lados.
Probablemente era de algún momento donde ambos hubieran estado acurrucándose con el perro. Victor era un desastre, pero tenía una gran sonrisa en el rostro.
Fue casi un reflejo que contestara, y fue otro reflejo que se maldijera después de hacerlo. ¡Era un idiota!
La línea estuvo silenciosa por un segundo, casi suficiente para que Phichit cortara.
Sólo logro que sus manos se detuvieran cuando la arrastrada y rasposa voz de Victor llegó a sus oídos.
Era un inglés desprolijo y las palabras estaban siendo casi masticadas. Pero Phichit las entendió. Y estas se quedaron grabadas con fuego en su mente.
El sonido murió, despertándolo de su autoimpuesta ensoñación.
— ¿Victor? —preguntó, pegando más el aparato a su rostro— ¡¿Victor?!
Pero sólo había silencio.
Phichit volvió a maldecir, antes de cortar el mismo la llamada.
Un horrible sentimiento de inseguridad no tardó en construirse en su estómago, subiendo lentamente y convirtiendo su cuerpo en una masa de disgusto y preocupación.
Abrió el navegador del teléfono de Yuuri, ni siquiera pensando en el hecho de que el nombre de Victor aún permanecía como una de las búsquedas más comunes.
Y entonces lo vio.
—Qué demonios.
Phichit no estaba seguro si había pensado aquello, o lo había dicho, o quizá lo había gritado.
Realmente no habría importado. Pues un nuevo pensamiento hizo yuxtaposición con ese solo un instante después.
No.
Él no quería que Yuuri supiera eso.
No ahora, y no en un millón de años.
Pero, mientras las horas de la madrugada pasaban y Phichit se encontraba repasando todas las noticias en foros, observando todas las fotos y leyendo todas las notas que pudiera hallar, su mente comenzó a susurrarle algo más.
Él no quería que Yuuri supiera eso. Pero quizá, era necesario.
—Maldición.
La palabra se sintió extranjera en su boca. Y, de alguna manera, también para la situación. Phichit dudaba que una expresión tan mundana pudiera abarcar todo lo que sentía.
—Esto me volverá un anciano.
Uno que envejece sin gracia mientras ve la vida pasar en las madrugadas y se cuestiona la vida.
Cuando la mañana finalmente llegó y Yuuri despertó, esta vez no había desayuno esperándole. Quizá esa había sido la señal que le indició que algo estaba mal, eso y su claro rostro cansado.
Phichit no sabía qué decirle.
—Buenos días, Yuuri.
Decidió que al aquel era tan buen inicio como cualquier otro. Ya que, dudaba que algo pudiera estar realmente bien en aquella situación.
Así que sólo le dio el teléfono y esperó lo mejor.
❆ ❆ ❆
El día anterior en la oficina del doctor había sido extraño.
Yuuri no podía evitar comparar la atención que recibía en todos los lugares donde iba, por algún motivo. Desde las instalaciones y los diferentes carteles que intentaban jugar papeles de promotores de la salud, hasta cómo era que uno debía llenar las formas.
Quizá era su manera de tratar de olvidar la ansiedad que le producía saberse en un hospital.
Cuando la enfermera llamó su nombre Yuuri estaba observando el cartel de una niña que tenía el dedo índice sobre la boca, pidiendo silencio con expresión exagerada.
El doctor que lo atendió en esa ocasión era un alfa. El primer médico alfa que Yuuri se hubiera cruzado en esa clase de consultas.
Hablaba de manera agradable, sonriendo sin mostrar los dientes, y preguntándole cómo se sentía mientras le pedía implícitamente que le dejara ver su cuello.
Entre las medicinas que ya había estado recibiendo, había estabilizadores para sus hormonas omega. El doctor se encargó de escribir eso en la historia que llevaba su nombre.
Yuuri mencionó otro par más de pastillas que conformaban su tratamiento. El doctor le había dedicado una mirada curiosa.
—¿Y esas por qué?
Yuuri se había removido un poco en la silla.
En sus revisiones en Rusia, el doctor había agregado pastillas que podrían mitigar su adicción hormonal.
Yuuri no le había querido dar demasiado pensamiento a eso. En realidad, había confesado con un tono muy vergonzoso y casi arrepentido que no había compartido una mordida con su pareja en mucho tiempo. El galeno le había dedicado una mirada extrañada, pero no había indagado más. Asintiendo categóricamente y simplemente agregando otros nombres más a la ya de por si larga receta.
'Si su esposo se siente mal, sepa que el hospital está siempre con las puertas abiertas. Sólo debe hacer una cita'
Había sido lo último que le había dicho, antes de despacharlo y que la enfermera llamara a alguien más.
Yuuri no se había atrevido a decirle nada. Pues, si Victor se hubiera sentido mal, él mismo habría buscado ayuda.
Yuuri había sentido su infelicidad e incomodidad. Había estado allí para ver la frustración y el sufrimiento en sus facciones.
Pero todo aquello simplemente era Victor, notando que estaba harto de la carga que era Yuuri.
Era claro.
Qué más podría ser, si no.
Cada persona experimentaba el trauma de la separación de manera diferente. Cada quien buscaba escapadas diferentes. Yuuri había estado tan adormecido durante ese tiempo, que casi podía decir que no había sentido por completo la lenta ruptura de su lazo.
Estaba triste. Claro que había estado triste. Se había encontrado dejando que la melancolía lo envolviera y le hiciera perder horas de sueño en las noches.
Pero, en realidad, todo era más como un gigantesco sentimiento de pérdida al que no intentaba darle demasiada vuelta, pues parecía hacerse más y más grande con el paso de los días, construyendo un agujero que nacía en su pecho y amenazaba con devorarlo. Un sentimiento de hundimiento constante que había estado atormentándolo por mucho tiempo, y se había detenido apenas con la rutina de Hasetsu, con el olor de su familia, con sus tareas diarias, y- con el aroma de Yuri.
—Parece que lo estás sobrellevando bien.
La voz del doctor detuvo su tren de pensamientos, haciendo que el nombre de Yuri se quedara plasmado allí, haciendo presencia como un eco que le gritaba acusadoramente.
Yuri asintió. Aunque quería decirle que no.
Claro que no lo había sobrellevado bien.
Definitivamente no.
—Si pasa algo, siéntase libre de llamarme.
Le dijo antes de dictarle su número. Yuuri lo anotó por costumbre, aunque nunca se atrevería a llamar a un doctor. O a compartir algo de su vida con uno mucho más allá de las horas de consulta.
—También podría intentar, no sé, conocer a alguien más—Le animó, mientras se elevaba de hombros—Está bien, Señor Katsuki—Dijo, coronando con una sonrisa—Está bien querer sentirse mejor.
Pero la simple idea lo hacía sentirse enfermo.
Cuando hubo regresado a casa, Phichit estaba listo para llenarlo de preguntas. Preguntas que Yuuri simplemente ignoró alegando que estaba demasiado cansado y que sólo quería descansar. Phichit lo había dejado escaquearse de su interrogatorio luego de que prometiera que pasarían el día siguiente sin salir de casa.
Y vaya que había cumplido. Nada de comunicación, nada de celulares, sólo ellos y comida, mucha comida. Además de muchas malas películas americanas que Yuuri había tenido la mala suerte de perderse en esos años, de acuerdo a Phichit.
Había sido divertido, y casi había logrado que Yuuri ignorara el sentimiento de incomodidad que lo había estado plagando el día anterior. Casi. Pues la mañana llegó nuevamente, y esta sólo le trajo desagradables sorpresas.
Parecía que últimamente, los medios, no hacían más que llevar malas noticias.
Esta vez no había fotos escandalosas, o nada que diera lugar a especulaciones. Sólo eran diferentes tomas de un muy desarreglado Victor que era escoltado afuera por Yakov.
Se había peleado con otro miembro de su equipo.
Yuri.
—Oh dios...
Descalificado.
—Cómo-
Yuuri esperaba que él...
Yuuri realmente no sabía que había estado esperando. Aún con la noticia de ellos surcando el mundo, quizá no había esperado que Victor la viera.
No.
No era eso.
Creer que no se cruzaría con alguna nota relacionada era estúpido.
Yuuri simplemente no había sabido imaginar un escenario donde Victor reaccionara ante estas. No había podido.
—Victor—murmuró, llevándose su mano a la boca, cubriéndola y tratando de evitar que algo más saliera de esta.
Eran demasiadas ideas. Demasiado todo.
Phichit, a su lado, olía tan desconcertado como se veía.
Cómo. Por qué.
—Phichit—Dijo, arrastrando las palabras y haciendo que sus manos dejaran sus lugares para enviar todo su cabello hacia atrás—Esto no tiene sentido.
Dijo, girándose hacia él para verlo directamente.
— ¡Él no es violento! —Estaba gritando—¡Él no podría matar ni a una mosca, Phichit!
—Yuuri...
—¡No! ¡No! Tú no entiendes.
—Yuu-
— ¡No! —volvió a soltar como un gemido—Él literalmente dejaba que su perro se sentara sobre él, aplastándolo y sólo reía.... Phichit, No.
Negó sin parar. Phichit intentó tomar su hombro.
—Esto no puede estar pasando, ¡No puede!
— ¡Yuuri!
Gritó Phichit.
Yuuri se tragó sus palabras.
Podía oler el ambiente. Por sobre el silencio, la desesperación reinaba. No sólo suya, también la de Phichit.
Respiraba con la boca abierta, robando gigantescas bocanadas de aire.
Phichit se mordía el labio.
Lucía completamente fuera de su ambiente. Yuuri creía que estaba en una situación que pecaba de ser ajena de su mundo.
—Anoche llamó, Yuuri.
Le confesó, bajando la mirada a su regazo.
—¿Qué-
—Victor—Se apresuró a aclarar. Yuuri podía notar que tenía ganas de abrazarlo o al menos tomarlo por los hombros. Pero no lo hizo—No era mi intención contestar, pero- bueno... Yuuri.
Yuuri le miró por un largo momento, intentando que sus palabras se sentaran en su mente. Intentando entenderlas.
—Yo creo que realmente deberías hablar con él.
Yuuri no respondió.
—No porque él es tu ex esposo—Era la primera vez que Phichit usaba esa palabra. La primera vez que Yuuri escuchaba a alguien cercano a él usarla, si quiera—No porque lo ames—La sola insinuación de que no lo hiciera, hizo que Yuuri se sintiera enfermo de sí mismo—Pero porque él era tu amigo.
❆ ❆ ❆
Victor tomó la jeringa entre sus manos, golpeándola ligeramente para que las burbujas desaparecieran, cuando pareció encontrar una respuesta.
Sentado en medio del comedor de Chris, Victor llegó a muchas conclusiones.
Y no fue extraño.
Las realizaciones a él solían llegarle de esa manera. A veces se enfocaba demasiado en algo y tardaba en notar todo lo que pasaba a su alrededor. Empero, cuando la realidad decidía que era momento de golpearlo, normalmente lo hacía como una avalancha de piedras. Cayendo una tras otra, amenazando con aplastarlo.
Había pasado ya tres días en casa de Chris cuando él se dio cuenta que no había visto a su novio ni una sola vez. Que Chris estaba tomando muchas pastillas que él mismo había comprado para Yuuri en su momento. Que Chris había ido más veces al hospital que sólo para ofrecerse a conseguirle las inyecciones que necesitaba. Y, finalmente que-
—Mi carrera está acabada.
Aquello era una verdad absoluta.
Y, lo peor, era que no se sentía como lo peor del mundo.
Chris elevó una ceja y frunció el ceño, como si acabara de decir una tontería.
—Victor... no seas dramático.
—No. No.
Lo detuvo, como cuando eran más jóvenes y a Victor se le ocurriera alguna idea particularmente estúpida en medio de sus conversaciones que de seguro los llevaría a meterse en problemas con sus entrenadores
—Tu inexistente matrimonio parece estar en crisis—Dijo poniéndose de pie para luego señalarle. Apuntando hacia las pastillas que tenía como si fueran criminales—Estás embarazado—Miró con odio la jeringa en su mano, antes de lanzarla sin cuidado al suelo—Soy un estúpido adicto a estas cosas. Y—se dejó caer en la silla, moviéndola hacia atrás—Mi carrera está acabada...
—Oh, Victor...
Empezó Chris. Victor sólo dejó que su cabeza impactara contra la mesa.
Aquello pareció caerle en gracia a Chris, pues soltó una risa.
—Olvida eso primero. Tenme un poco más de fe—sintió una mano que le levantaba el rostro, obligándole a ver a Chris nuevamente—No esperaba que notaras lo segundo. ¿Acaso me veo diferente?
Victor no iba a puntuar que las medicinas lo habían levantado. Chris probablemente sólo estaba bromeando con él
—Las inyecciones son normales, Victor. Lo superaras. Sólo necesitas calmarte, nada más.
Victor quería creer eso.
—Y tu carrera, Victor—él afinó el oído y el olfato. Chris sonaba y olía seguro de sí mismo—El hielo está allí para cuando decidas regresar.
No, no puedas. Decidas.
Decidir.
Decidir.
Esa parecía una palabra demasiado grande.
El veto de la ISU probablemente se extendiera a esa nueva temporada. Victor no se había molestado en investigar.
Y, mientras se acomodaba en la silla, se dio cuenta de que no le importaba.
—Ese es el problema, Chris...
— ¿Uh?
—Creo que realmente no quiero regresar.
❆ ❆ ❆
Su departamento se sentía mucho más cálido con alguien allí. No que Sasha fuera mala compañía, pero con su abuelo allí, era casi como regresar al pasado. Pasado donde era un cachorro que sólo servía para exigir su completa atención cuando patinaba.
Le gustaba ver el brillo de orgullo en los ojos de su abuelo.
Le hacía sentir que lo que hacía estaba bien, y que él valía la pena.
Yuri no creía que fuera a ver algo así nuevamente, mucho menos en esta situación.
Pero los ojos de su abuelo no se habían apagado desde que hubiera ido a recogerle al aeropuerto. Lo veían con un brillo diferente. Mucho más bonito que el de la pista.
—Mi Yura.
Estaban descansando. Yakov le había dado dos semanas libres para limpiar su mente y alejarse de todo. Tiempo en el cual su abuelo podría acompañarlo. Ambos estaban en los sofás de la sala. Su abuelo sentado frente a él, acomodado y sonriendo, su gata ronroneaba en su regazo.
No entendía por qué no estaba enojado.
Por qué no le estaba recriminando.
Por qué—
—¿Alguna vez te conté de cuando tu madre me contó que se había enamorado?
Yuri conocía esa historia. O lo más cercano a ella.
Yuri sabía quién era su padre. Pero él nunca había sido importante para él.
Su abuelo parecía dispuesto a contar la historia de cualquier manera.
—Ella apenas estaba terminando la escuela y él era un chico de universidad. Tenía una chaqueta de cuero y llevaba guantes a juego. Ondeaba su cabello largo mientras montaba una vieja motocicleta—Dijo, dedicándole una mirada sentida y llena de gracia, como si tuviera una broma privada que no quisiera compartir—Él era un alfa de nivel alto, eso me decía tu madre. No recuerdo su nombre, ya que no creo que el que dijo fuera uno real.
Yuri no necesitaba saber su nombre tampoco.
—No me gustaba el muchacho ese, no para tu mamá. A ella no le importó aquello, claro. Ya que un día amaneció, y ella simplemente no estaba—Su abuelo se removió un poco, asintiendo ante su propio relato. Sasha lanzó un maullido—Yo nunca faltaba al trabajo, era un gigantesco no-no en esas épocas. Pero aquél día me pasé todo el día gritando el nombre de tu madre por toda calle que yo conociera en Moscú.
Yuri no entendía por qué su abuelo le contaba esa historia. Él no tenía mucha idea de su madre o de cómo había sido su vida. Una vez le había preguntado sobre su padre, ella sólo le había dicho que no le importaba. Así que Yuri había decidido que a él tampoco le importaba.
No sabía qué debía hacer con esa información.
—Ella regresó un año después, con una pequeña barriga abultada y mucho llanto. Tu madre sólo lloraba cuando estaba enojada, así que podrías imaginarte-
—Oh...
Sonaba a que se había sentido miserable.
—Ella parecía creer que el mundo se estaba acabando. Pero no fue así. La vida siguió. Y, para cuando el amanecer llegó, teníamos un pequeño cachorro y muchas sonrisas, Yuri.
>Tu madre llamaba error el haberse ido de casa tan pronto. Pero a ti, Yuri. A ti siempre te llamó regalo.
Él se mordió el labio. No quería responder.
—Todo el mundo comete errores, Yuri—Su abuelo se puso de pie, avanzando hasta él y dejando que su mano descansara sobre su hombro—Pero no todos ellos terminan en tragedia.
Lo abrazó.
—No dejes que esto sea una tragedia, Yuri.
>El mundo no se acaba simplemente así, Yuri. Aunque parezca lo contrario.
Sus manos le envolvieron con más fuerza.
—Aun si las piedras parecen caerte una tras otra y tratan de atraparte debajo.
Yuri se aferró al cuerpo de su abuelo, escuchando y cerrando los ojos. Deseando creer en esas palabras que sonaban tanto como las suyas propias.
—Y sé que eres lo suficientemente fuerte como para no dejar que te aplasten...—La voz de su abuelo era trémula, sonaba igual a la que usaba los primeros años que hubiera tenido que aprender a vivir sin una madre—Pero lamento si en algún momento te hice sentir como si debieras cargar con el peso solo.
Yuri no había llorado delante de su abuelo desde que tuviera quince, y estuviera en televisión internacional.
Esta vez lo hacía de nuevo.
❆ ❆ ❆
Estaban en el mismo parque de siempre, disfrutando del aire frío de la tarde.
—Así que te vas a Rusia.
Dijo Elif, jugando con su propio casco entre sus manos.
—Sí.
Respondió Otabek mientras dejaba que su mirada estuviera fija en un grupo de niños que jugaban metros más allá.
—Oh.
—Iras a ver a Yuri.
Completó Aysel. No era una pregunta.
Mujeres. Sin importar la casta, parecía que ellas eran capaces de dilucidad cosas más rápido que nadie.
Otabek agradecía que fueran sus amigas, le ahorraban un montón de explicaciones.
—Otabek, ¿Alguna vez te he dicho que tienes cara de que quieres matar a alguien?
Dijo Nurzhan, de repente, como si fuera lo más normal del mundo.
— ¡Nurzhan!
Gritó Onur, dándole un golpe en el hombro. Nurzhan sólo carcajeó como respuesta.
— ¡Es verdad! —dijo, rodando los ojos de manera nada sutil— ¡La tienes! —Lo señaló acusadoramente—No puedes decir que no—y estalló en una carcajada de nueva cuenta—Desde que eras niño, con ese ceño fruncido tan feo, y con esa actitud tuya tan, tan dura.
>Es terrible, Otabek. Estoy seguro que la mitad del patio escolar te tenía miedo. Ni siquiera intentaban hablar contigo.
—Oh dios.
Escuchó Aysel suspiraba, al mismo tiempo que Serik lanzaba una maldición. Pero Otabek quería escuchar el final de lo que tuviera que decir.
—Pero cuando patinas, tienes esta expresión—Nurzhan tocaba su propia cara, como si intentara cambiarla en algo que no era—Como si en lugar del alfa malo, estuviera un hombre. Simplemente un hombre...
>Te vez tan sumergido en lo que haces, que creo que por un momento olvido que eres el mismo tipo que me deja subirme en su moto cuando no tengo dinero para el combustible de la mía, aunque termine oliendo a horrible humo de cigarro.
—Desconsiderado
Murmuró alguien de manera juguetona.
No importaba quien fuera, Otabek hubiera podido decir lo mismo.
—Y cuando hablas de este Yuri...
Todos se quedaron en silencio.
—Entonces también sólo luces como un hombre. Un hombre enamorado.
Otabek sintió su respiración detenerse. Todos le miraban con sendas sonrisas pintadas en la cara. Y-
Y él sólo pudo intentar devolverles el gesto.
—Ve por él, tigre.
❆ ❆ ❆
Yakov sabía que era lo que tenía que hacer.
Aunque eso no hacía que fuera más fácil.
El caniche de Victor lanzó un pequeño gemido sentido, lleno de tristeza, y Yakov sólo pudo rascarle detrás de una oreja, esperando que eso calmara un poco su desasosiego. Nunca creyó que un animal pudiera ser tan expresivo.
Era casi como ver a Victor.
—Estás dudando.
Dijo Lilia entrando a la habitación. Traía con ella una pequeña bandeja con dos tazas de té, y se sentó junto a él en el amplio sofá de su hogar.
—Un poco—admitió Yakov.
—Un mucho—Corrigió ella, tomando su taza y dándole un pequeño sorbo. El caniche lanzó otro quejito, Lilia le acarició la cabeza—No te sientas mal.
Una cosa era decirlo, otra intentar hacerlo.
Yakov creía que se había vuelto aún más sentimental con los años. Haciéndolo más propenso a los enfados y a las visiones catastróficas de la vida.
—Creo que fue mejor que nunca intentáramos tener bebés—dijo Lilia, acurrucando su cabeza bajo su cuello—No sé cómo habrías podido cuidar de más de los que ya tienes.
Yakov no pudo evitar que una agridulce sonrisa naciera en su rostro, mientras su mano se unía a la de Lilia y ambos acariciaban la cabeza del perro de Victor como solían hacer con la gata de Yuri.
Las llamadas de los patrocinadores de Victor seguían llegando.
—Tendrás que darles una respuesta pronto.
Dijo Lilia. Y, como siempre, tenía razón.
—Sí, lo sé—Admitió. Era su trabajo—Es solo que... es difícil.
Lilia asintió.
No tenía que decirle que lo sabía.
Todo llegaba a su final. Las relaciones, los trabajos, la vida.
Pero que Yakov fuera el encargado de contar el de Victor era demasiado agridulce como para dejar que el sentimiento simplemente le abandonara así.
❆ ❆ ❆
— ¿Se retirará?
Había sido cuatro días.
Cuatro días que Francis había aguantado estar lejos de Chris. No sabía exactamente dónde es que había ido a pasar ese tiempo. Probablemente a la casa de sus padres, Francis había estado insistiendo últimamente que sería bueno visitarlos.
Ellos siempre le habían parecido una pareja muy amable.
Chris agradecía que Francis hubiera aceptado hablarle en un lugar diferente a su casa. Victor aún estaba allí, y él no quería arruinar más el ambiente.
—Así es.
Decirlo sonaba casi irreal.
—Eso es...algo.
— ¿Uhm?
Francis no era el hombre más elocuente del mundo. Pero Chris sabía cómo intentar sacarle lo que guardaba en su mente.
Las cejas de Francis se fruncieron un poco.
—Puede que no sea un competidor, Chris. O un patinador artístico. Pero sé quién es Victor—Francis se cruzó de brazos, dedicándole una mirada seria, pero no enojada—Y no me refiero a saber que existe. Puede que no sea amigo mío—Pero, siendo sincero, quién además de él mismo podía decir que era realmente amigo de Victor—Pero lo recuerdo de su tiempo en Francia. Y de las competencias. También de las veces que competías en Rusia y te quedabas para verlo.
Había algo extraño en su expresión.
—Victor no se retira. No- él...
—Él parece que nació para estar allí. Lo sé.
Y por eso era que se iba.
El hielo había sido parte suya durante mucho tiempo. Eso había dicho Victor.
Le había dado tanto y él había entregado tanto en recompensa, que no parecía tener sentido mantenerse allí cuando todo lo que tenía para ofrecerle era desagradable.
No quería manchar las buenas memorias que tenía su santuario helado.
El hielo era su vida y durante mucho tiempo había sido su tesoro. Le había entregado su amor, y este le había respondido por igual.
Quería que se quedara así para siempre.
Aquello era lo único que no podía darle al resto del mundo.
—Pero, en realidad, Victor no pertenece al hielo. Él pertenece a donde quiera pertenecer.
Tragó duro, enfocando la mirada de Francis.
—Y lo mismo aplica para mí—Y aquellas palabras no podían sentirse más correctas—Y ese lugar es a tu lado.
—Chris-
—Lo lamento...
Chris agradeció que hubiera estado sentado, pues Francis se abalanzó sobre la mesa, sin importar que hubiera dejado caer el arreglo que el mesero había puesto allí antes para ellos.
Los dedos de Chris viajaron por su cabello. Era una posición sumamente incómoda, pero no importaba.
Chris sólo quería recordar nuevamente cómo era oler a Francis así de cerca.
—Está bien.
Dijo él. Chris asintió.
Sí, todo estaba bien.
❆ ❆ ❆
El entrenamiento en Detroit era fácil para caer en el como una rutina.
Yuuri se levantaría temprano todas las mañanas, correría dos manzanas y regresaría a casa para prepararse para la pista. Una vez allí, calaría sus patines y usaría las primeras horas para hacer figuras en el hielo, probando las cuchillas internas y externas.
Después, intentaría clavar todos los saltos que se supiera al menos tres veces.
Se detendría a hablar con Celestino en la mitad del entrenamiento y respondería a sus preguntas de manera escueta y con una pequeña sonrisa en el rostro, alejando cualquier clase de preocupación que él pudiera tener.
Celestino le preguntaría por su tema para esta temporada y Yuuri tendría que admitir que no tenía alguno aún.
Creía que lo tenía al inicio de temporada, pero ahora no estaba tan seguro.
Habían pasado casi cinco días de no saber nada de Victor. No el mundo, y por supuesto que tampoco él.
En la tarde del quinto día, Celestino lo envió a casa con una clara expresión de consternación en el rostro. Su entrenador no tenía quejas sobre su actuación o la manera en la que aterrizaba. Aún si había caído de lleno en el hielo las dos o tres veces que el rostro de Victor en aquella fotografía aparecía en su mente.
Phichit lo despidió con una pequeña sonrisa y un apretón de hombro. Aquella semana, Phichit había estado llegando más tarde al apartamento.
Como si quisiera darle tiempo a solas.
Yuuri se lo agradecía, aunque no sabía exactamente qué hacer con ese regalo.
El departamento estaba a oscuras cuando Yuuri regresó, y encontró que así lo prefería. Arrastró sus pies hasta su habitación, dejándose caer en la cama y presionando su teléfono contra su palma.
Había estado leyendo, al igual que toda la semana, las mil y un especulaciones que se habían formado alrededor suyo. Especulaciones de qué pudo haberle pasado.
Yuuri no estaba seguro de creer alguna de esas teorías.
Pero eran mejor que creer en las propias.
Yuuri había estado soñando con Victor, él siendo el protagonista de sus delirios oníricos toda la semana.
Yuuri soñó con Victor.
Victor solo en un gigantesco campo, repleto de personas y extraños sin rostro.
Victor bajo la lluvia, dejando que sus colores y expresiones fueran arrastradas por el agua.
Victor perdido. Llamando su nombre.
Y, en todos los sueños, Yuuri siempre estaba buscando a Victor.
Al despertar, el temor de ser incapaz de encontrarlo era casi insostenible.
Presionó el teléfono contra su palma con más fuerza.
¿Victor lo seguiría odiando? Si no lo hacía antes, ¿Lo haría ahora?
Yuuri no creía merecer algo diferente. Si tan siquiera es que aún merecía que Victor le tuviera en algún lugar de su mente.
Yuuri giró sobre sí mismo, observando la pantalla brillando en la oscuridad. Sus dedos juguetearon en la pantalla, marcando el número de memoria, casi sin pensarlo. El auricular pronto estaba en su oído, y la línea sonó.
Había miles de palabras sonando en su mente, gritando al mismo tiempo, pidiendo que se les diera un orden y un propósito. Intentando encontrar una salida.
Siendo acalladas únicamente por la línea huyendo al vacío.
No había nadie del otro lado.
Yuuri recordó sus sueños, donde la multitud y las fuerzas de la naturaleza escondía a Victor o lo hacían desaparecer, haciendo que se escapara de entre sus manos.
—Victor...
Dijo. Recordando como su yo del sueño aullaba ese nombre, mientras lloraba de la impotencia y de la soledad. Y, fue casi como si él también estuviera llorando.
❆ ❆ ❆
Victor pudo escuchar llegar a Francis y a Chris. El sonido de sus pasos y sus risas llegaba perfectamente hasta el pequeño cuarto de invitados que había convertido en su refugio. Hizo silencio, fingiendo dormir.
Estaba tranquilo, o algo así. Quizá eran sólo las inyecciones que nuevamente jugaban con su propio sentido del ser.
Respirar pausadamente le calmaba.
Pensar que había tomado una decisión de las tantas que aún debía, también.
Ahora sólo se inyectaba una vez por día. Chris decía que no quería verlo convertido en un zombie, sólo quería evitar que estuviera ansioso.
Victor encontró que aún sin la ayuda estas, se hallaba más calmado. Como si hubiera dejado de pelear con la corriente y todo estuviera... no bien, pero tomando su lugar.
Como si estuviera reorganizándose e intentando hallar su nuevo lugar en el orden de las cosas. Ayudándole a poner en perspectiva todo.
Debía regresar a Rusia pronto, pues no podía seguir incomodando a Chris.
En casa, había muchas cosas que debía hacer, muchas disculpas que pedir, y muchas charlas por tener.
Vivir alejado del mundo por un tiempo era una linda ilusión, Casi como estar detenido en el tiempo. Había eliminado cualquier acceso a redes sociales desde su teléfono, dejando únicamente la aplicación de llamadas que Chris usaba para comunicarse con él.
Por eso, fue raro que una llamada intentara conectar.
Victor sólo le contestaba a Yakov, dejando que cualquier otro número, conocido o no, encontrara su fin en el buzón de voz.
El sonido del timbre lo estresaba, así que mientras tomaba el aparato entre sus manos, decidió que si no era el nombre de su entrenador el que aparecía en la pantalla, simplemente iba a apagar el aparato hasta el día siguiente.
Pero no fue la foto de Yakov la que le saludó.
Era Yuuri.
Victor se encontró a sí mismo sintiendo que soñaba, mientras observaba fijamente el rostro de Yuuri, mientras deslizaba sus dedos por la pantalla, y mientras llevaba la pantalla contra su rostro como un robot.
Pegó el teléfono a su oído, creyendo que nada saldría de allí.
O quizá saldría algo que él terminaría odiando.
Pero sólo fue silencio.
Y, luego-
—Victor...
El sonido que abandonó sus labios no debió ser humano.
—Yuuri—Murmuró, seguido por lo que bien podría haber sido tanto una risa patética, como un llanto de alivio.
❆ ❆ ❆
❆Notas finales:
No estoy segura de qué hice con este capítulo. Fue un poco difícil de escribir porque de ahora en más, ya viene la segunda y creo que la parte final de la historia.
Traté de plantearme un outline creíble y creo que, si no me fallo a mí misma, ya todo está listo para terminar. Pero yo soy algo así como una terrible planeadora, así que veremos.
En otras noticias; hoy tenía una reunión con el centro federado de mi carrera -del cual soy miembro- terminamos temprano, pero aún tenía que quedarme haciendo afiches. Así que aproveché el momento para terminar de juntar este pequeño.
Siento que hay errores que no fui capaz de ver y, trataré de arreglarlos mañana.
Muchísimas gracias a las personas que leen esto, no saben cuánto me alegro de que puedan encontrar algo de distracción en estas pequeñas letras.
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