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Lo que bien empieza...

❆Notas iniciales: Escribir este capítulo fue difícil, no sólo porque es más la unión de varias escenas que ya había escrito antes, pero también porque suelo leer omegaverse en inglés y muchos de los términos que ya se me hacen comunes allí terminan siendo difíciles de escribir en español.

Otra cosa es la unión de diferentes tiempos, pensaba hacer un capítulo únicamente hecho de flashbacks pero decidí mezclarlos finalmente, para hacer que la historia avance a algún lugar.

El pasado está en cursiva, y aunque me hubiera gustado explorarlo más en profundidad siento que me habría tardado el doble. This is a mess.

❆ ❆ ❆ 

Hasetsu. 2016

Cuando Yuuri abrió los ojos esa mañana, lo primero que le golpeó fue la mezcla de aromas que inundaba su habitación. Una combinación entre el profundo y atrayente aroma de Victor junto al ligeramente dulce y suave de Yuuri mismo. Alfa y omega.

Inhaló todo lo que pudo, llenándose con el aroma, dejando que este relajara su cuerpo.

No era la primera vez que él y Victor durmieran juntos, o que captara rastros del aroma del otro sobre su persona. Pero esta vez era especial.

Era una prueba fehaciente de su unión, mucho más que el anillo que estaba sobre su dedo, mucho más que la marca que decoraba ahora su cuello.

Una prueba que Victor era parte de Yuuri y que Yuuri era parte de Victor.

—Yuuri—el murmullo medio ronco que llegó desde su espalda fue suficiente para hacerle estremecer ligeramente, antes de que los brazos de Victor se aferraran a su cintura y su nariz viajara rápidamente a la unión entre su cuello y hombro, pasando ligeramente por donde la flor morada causa por sus dientes estaba—Buenos días—terminó, antes de aspirar profundamente.

Yuuri tuvo que ahogar una pequeña risa en el fondo de su garganta, el cabello de Victor le hacía cosquillas sobre el cuello, y la fuerza de sus brazos apoyándole contra su cuerpo hacía que un sentimiento de calidez se esparciera por toda su espalda.

—Buenos días—respondió susurrando, al tiempo que intentaba liberarse ligeramente del agarre de su marido para girar su cuerpo, y poder verle directamente.

Victor tenía las pupilas ligeramente dilatadas y sus párpados ligeramente caídos, muestra del sueño que aún parecía traer encima.

—Realmente...—comenzó Victor, intentando ahogar un bostezo—tu energía es envidiable, Yuuri.

Yuuri sólo pudo responder sonriendo un poco pagado de sí mismo, habiendo aprendido a aceptar esa clase de cumplidos por parte de Victor, al tiempo que buscaba sus labios para iniciar un algo descuidado beso, dejando únicamente que la calidez de sus labios se encontraran.

Las manos de Victor viajaron entonces hasta su cintura, aferrándole a él con más fuerza, abriendo la boca de manera invitante. Su saliva tenía ya ese ligeramente amargo y penetrante sabor característico de un alfa excitado. Yuuri la recibió sin pena, llevando sus manos hasta la base del cráneo de Victor, enredando sus largos dedos con las hebras de cabello que ya comenzaban a crecer más de la cuenta.

El lazo tan unión que habían creado finalmente, luego de meses de adicción hormonal mutua, palpitaba entre ambos. La saliva de alfa y la capacidad que esta daba para poder marcar a los omegas ayudaba a mantener este vivo y alimentarlo cuando fuera necesario.

Los padres de Yuuri, ambos, eran betas. Así que nunca había tenido alguien que realmente pudiera explicarle la gigantesca adicción que una pareja podía crear.

—Yuuri...—Murmuró Victor, separando ligeramente sus labios. Yuuri abrió los ojos ligeramente, sólo para observar la difuminada imagen de su esposo delante de él— ¿Puedo...?

Yuuri dejó escapar un pequeño suspiro, antes de murmurar una afirmación. Los labios de Victor viajaron hasta su cuello, tanteando con los dientes hasta encontrar esa zona ligeramente más suave donde su glándula estaba. Esperó un segundo, y mordió.

Si los omegas alimentaban su vínculo mediante las hormonas que obtenían de la saliva de los alfa, estos a su vez lo hacían gracias a las que obtenían de las mordidas. En las películas, y otras obras de ficción. Este siempre parecía ser un momento mágico, normalmente ganando impacto dramático con una cámara lenta, o descripciones rimbombantes. Pero en realidad, era incluso un tanto doloroso, sentir dientes en semejante delicada zona.

Pero la recompensa era muchísimo más que valedera.

Yuuri presionó el cuerpo de Victor contra el suyo, dejando que él se tomara su tiempo, acariciando su cabeza con cariño.

—Tendríamos que alistarnos pronto, la celebración habrá sido ayer pero prometimos pasar tiempo con nuestros amigos...

La boda había sido oficializada en Hasetsu, no mucho después de que Yuuri ganara el oro en los cuatro continentes, un evento bastante pequeño –para ligera molestia de Victor, pero él realmente no podía decirle que no a las peticiones de Yuuri- con la pequeña conglomeración de asistentes que venían desde la familia de Yuuri, compañeros patinadores y  algunos entrenadores. Yakov, incluso, quien había sido el más renuente a aceptar la invitación a un lugar tan remoto como ese, había sido el primero en llegar y tener una larguísima charla con Victor, dándole consejos de los cuales luego su marido se había negado a hablar diciendo que eran casi tan vergonzosos como los que un padre le daría a su hijo adolescente cuando este le dijera que tenía al fin un novio o una novia.

Una ceremonia pequeña, pero encantadora. No era la primera vez que ellos compartieran una mordida, pero definitivamente la primera vez que lo hicieran en público.

Muchos consideraban esa práctica poco ortodoxa y hasta algo vergonzosa, pero era tradición y Yuuri –de alguna manera- estaba feliz de haberla cumplido.

El resto del día había pasado rápidamente entre felicitaciones y festejos.

—Mghhh...

Medio masculló Victor aún sin separarse de su posición, Yuuri sólo pudo asentir, sonriendo derrotado.

Bueno, tenían aún mucho tiempo.

❆ ❆ ❆ 

St. Petersburgo. 2016

—Buenos días, bello durmiente.

Fue lo primero que Yuuri escuchó al despertar, siendo murmurado con cariño contra su oído.

Las manos de Victor descansaban tranquilas sobre su estómago, presionándole ligeramente.

—Victor...—fue su apagada respuesta, mientras intentaba que los remanentes de sueño terminaran de abandonarle. Despertar con la voz y el envolvente aroma de su esposo era casi como un sueño.

—Uhm hum

Llegó como un murmullo, acompañado de un beso en la mejilla.

—Tómate todo el tiempo que necesites, Yuuri—La pronta ausencia del calor corporal de Victor hizo que Yuuri soltara un pequeño quejido sin poder evitarlo—Prepararé el desayuno.

Y antes de que Yuuri pudiera lamentar más la soledad en la gigantesca cama, Makkachin ya se encontraba sobre él, lamiendo su rostro en un claro y alegre 'Buenos días'

❆ ❆ ❆ 

El rink en St. Petersburgo era gigantesco. Muchísimo más que la pequeña pista que le había servido para practicar durante su infancia. Y, sin duda, tenían un aire bastante diferente a la de Detroit también.

Mientras que Detroit había tenido algo más parecido a variedad en sus filas de patinadores, con uno que otro omega como Yuuri apareciendo de vez en cuando, y la justa cantidad de betas como Phichit y alfas por igual. Formando una especie de común manada de trabajo.

La aplastante presencia de alfas en este lugar, no hacía más que recordarle qué casta era la dominante en el deporte. Realmente no era común la presencia de omegas en el mundo del deporte en general, aunque era algo que había comenzado a cambiar durante los últimos años gracias a los movimientos pro derechos omegas, dado que no muchos apostarían por alguien que bimensualmente se veía impedido de realizar actividades por exigencias de su propio cuerpo.

Cierto era que uno podía mantener el celo a raya con el consumo constante de supresores, pero los efectos secundarios que estos traían en los puntos más altos del ciclo solían ser suficiente para alejar a la mayoría, sin contar las repercusiones que traían cuando uno intentaba iniciar una familia.

Algo que siempre era esperado de los omegas, siendo que su presencia en el mundo era tan escasa. Y, aún con los nuevos tratamientos de fertilidad que podían ayudar a las mujeres beta, la tasa de natalidad nunca parecía ser suficiente.

El patinaje artístico y el ballet, campos que Yuuri conocía bien, no eran una excepción. Yuuri había conocido a compañeros omega que habían dejado sus carreras una vez habían encontrado una pareja y decidido iniciar una familia. Sus cuerpos decidiendo que habían tenido suficiente y pidiendo un descanso.

Era algo un poco triste, si Yuuri dejaba que la idea se sentara en su mente durante mucho tiempo. Era mejor concentrarse en el rostro alegre con el cual ellos solían contar la noticia, más que en las posibles implicaciones de esta.

— ¿Nervioso, Yuuri?—Preguntó Victor, notando que su marido había caído en un silencio pesado de repente.

—Oh... no

Victor le regaló una sonrisa, tomando su mano con un poco más de fuerza. Logrando que Yuuri le mirara directamente.

—Sé que puede ser un poco intimidante, pero no te preocupes, estoy contigo.

Y una sonrisa tranquilizadora.

Seguida de un grito desesperado.

— ¡¿Podrían dejar de tocarse por un minuto?!—Exclamó Yuri antes de avanzar sin cuidado a través de ellos.

—Oooh—arrulló Victor, mientras tomaba una de las muñecas de Yuri y lo regresaba hacia ellos para atraparlo en un apretado abrazo—No creas que nos olvidamos de ti, Yurio—canturreó— ¡Los tres estamos juntos nuevamente!

—Agh, demonios, ¡Quítate de encima, anciano!

Yuuri tuvo que ahogar una risa.

Esta era su vida ahora.

 ❆  

Yuuri no había estado del todo equivocado.

Su familia ciertamente no lo había esperado aún en casa, pero no habían exteriorizado ningún reproche que pudieran tener para él.

Yuuri quiso maldecir a su olfato, por únicamente ser capaz de captar la preocupación que claramente podía olerse en sus padres e incluso en su hermana mayor.

Ni una pizca de enfado. Nada.

Yuuri era mucho mejor lidiando con eso último.

—Asegúrate de descansar bien, Yuuri—Dijo Mari, dándole una palmada en el hombro mientras le acompañaba a su habitación. Su vieja habitación.

Mari era una beta, justo como sus padres, y aunque ninguno de ellos hubiera sabido cómo lidiar con un omega durante la juventud de Yuuri, sí que lo habían intentado una vez él se hubiera presentado a los catorce años.

Paredes a prueba de olor y sonido, para que nada ni nadie le molestara durante el celo, el cuarto más alejado de las construcciones dedicadas para el hotel, y un baño adjunto.

Yuuri les había dado tantos problemas desde pequeño, que casi parecía un patrón en este momento.

—Gracias.

Respondió, porque realmente no sabía qué más podría decir en un momento así. Su mano sujetaba con fuerza el asa de la maleta, como si fuera la única ancla que lo mantuviera sujeto al mundo en ese momento.

Mari abrió la puerta por él y prendió la luz.

El lugar estaba ordenado y limpio, debería agradecer a su madre después. Tanto por eso como por no volver a colgar los viejos afiches de Victor que había tenido que ocultar hacía tanto tiempo atrás.

—Yuuri...—susurró Mari, logrando que él le mirara, por un largo segundo. Pero no dijo nada, como si de pronto la idea la hubiera abandonado o hubiera caído en cuenta de lo erróneo que podría sonar. Yuuri no podía culparla, dudaba que algo que alguien le dijera sirviera en ese momento.

Finalmente, su hermana optó por abrazarle.

Yuuri era un omega de nivel bajo, con una esencia suave y agradable, pero para nada atrayente. Eso también significaba que nunca se había visto increíblemente necesitado de seguir su instinto fuera del celo. Pero en ese momento, algo hizo click dentro de él.

Hermana. Manada.

Sus brazos se aferraron al cuerpo de Mari con desesperación, mientras su mejilla se restregaba contra la de ella en un gesto de afecto necesitado. Había pasado demasiado tiempo.

Los lazos de manada eran algo complicado y difícil de construir. Existían manadas de diferentes clases, las casuales que uno creaba en escuela con su grupo de amigos, las que uno tenía en el trabajo, y las familiares. Esta última con lazos que uno creaba con años y experiencia, con risas y con lágrimas. Esas que, aún años de separación y kilómetros de distancia, nunca terminaban de desaparecer realmente.

Los beta no tenían alguna glándula en el cuello, como los omega, y tampoco podían producir saliva especial como los alfa. Así que esa clase de contacto, de piel con piel, en un gesto de hermandad, era como reafirmaban los lazos entre ellos. O como lo harían otros miembros que no estaban en una relación.

—Te quiero, Yuuri.

Dijo ella, con voz contrita y suave, como si le estuviera diciendo un secreto.

—Yo te quiero a ti, Mari-neechan.

Respondió, de igual manera.

Ella se separó, despacio, como si temiera que un movimiento demasiado brusco fuera a romper de repente el ambiente entre ambos.

—Descansa—fue lo último que dijo, antes de dejarle sólo.

Yuuri observó la espalda de su hermana alejarse, como si fuera una secuencia en una película. Y, después, se quedó observando el pasillo vacío un poco más.

Para finalmente, entrar en su habitación y cerrar la puerta. El aroma casi antiséptico terminaba de confirmar que su madre había puesto particular esfuerzo en preparar el lugar para él.

Respiró con fuerza, la falta de aromas además del suyo propio le revolvió el estómago.

Se sentó en la cama, dejando que su vista viajara por todo el lugar, tratando de hacer sentido de las cosas que tenía y porqué de pronto se sentían incorrectas. Demasiado pequeño. Demasiado personal. Demasiado solitario.

Dejó que su rostro cayera sobre la almohada, fría y estéril.

Su mirada llegó hasta su olvidada maleta, junto a la puerta de entrada. No había llevado mucho consigo en el viaje de regreso. El resto de sus cosas llegarían en dos días, probablemente. No había sido capaz de quedarse ni siquiera para terminar de enviar su equipaje, Yakov había sido lo suficientemente amable como para decirle que él se encargaría.

Yuuri sólo tenía que concentrarse en terminar de recuperarse, y descansar.

Descansar.

Parecía que esa era la palabra que todos tenía para él últimamente.

Pero la vida de Yuuri, empacada en maletas, estaba aún en algún lugar en el aeropuerto de Rusia.

Pensar que su vida era capaz de entrar en una maleta era suficientemente descorazonador como para mantener su mente ocupada un rato más. Y mucho más fácil para lidiar que pensar que había una parte de la misma allí que simplemente nunca podría recuperar.

❆ ❆ ❆ 

—Yuuuuuriii—Yuuri estaba casi seguro que una pequeña vena acababa de saltar en la cien de Yakov, quien ya parecía más que arto de gritarle a Victor que dejara de actuar como un cachorrito y que entrara con ellos a la sala de embarque—Ojalá pudieras venir conmigo.

—Vamos, Victor—Pidió Yuuri, mientras acariciaba su espalda—No será mucho tiempo.

Victor tenía el Skate América en un par de días, pero Yuuri tenía que prepararse para el Skate Canadá Internacional no mucho después. Tener eventos tan cercanos uno del otro no eran algo que hubieran querido, pero nada había que pudieran hacer.

Victor sólo le miró mientras hacía un gracioso puchero con los labios. En una infantil manera de demostrar que estaba enojado.

—Yuuri—dijo finalmente, hundiendo su rostro en el cuello de su marido, para susurrar—Asegúrate de mírarme bien cuando esté en el hielo.

Yuuri sonrió, dejando un beso en el cuello de Victor con cariño.

—Siempre.

Victor no tardó mucho en llegar al lado de Yakov, quien junto a Georgi ya le esperaban; uno con el ceño fruncido y el otro con una sonrisa encantada en los labios.

El camino hacia el departamento que ambos compartían se sintió más largo que cualquier otro viaje que hubiera realizado en esa ciudad antes, los aromas que percibía en el metro eran casi alienígenas.

Sabía que era natural, el sentimiento de abandono cuando tu pareja estaba lejos, que Yuuri siempre hubiera sufrido por su ansiedad no ayudaba para nada. Ya no era un niño, y él y Victor tenían ya algo de tiempo enlazados.

Semejante tristeza no debería ser justificada, pero Yuuri no podía evitarlo.

El apartamento se sentía increíblemente grande y vació, demasiado para una sola persona.

Sin embargo, al abrir la puerta del apartamento y siendo recibido por los alegres ladridos de Makkachin y sus emocionadas lamidas, Yuuri creía que podía dejar ese pensamiento bastante enterrado en su mente.

El día siguiente, además, tenía que levantarse temprano y practicar los programas que él presentaría esta temporada. Yurio no lo dejaría en paz si llegaba tarde.

❆ ❆ ❆ 

Regresar a la rutina de trabajar en el hotel no había sido tan difícil como Yuuri hubiera esperando en un inicio.

Ayudando un poco a su hermana con la limpieza, recogiendo los encargos de comida que llegaban para el hotel. Una rutina tranquila, en un pueblo tranquilo, en una vida tranquila.

Lo había hecho durante mucho tiempo antes de irse a Detroit. Caer en una rutina se sentía casi natural para él, ayudándole a que su mente tuviera algo más en lo que pensar además de Victor y su apartamento insultantemente gigante en Rusia.

—Oh, Yuuri—Fue el saludo de uno de los amigos de su padre, un viejo alfa que Yuuri recordaba de pasadas noches de verano donde ambos solían quedarse hasta tarde para ver repeticiones de partidos de fútbol y tomar sake. Le miraba sonriendo— ¿Quieres que te ayude con eso?—Preguntó, mientras señalaba la caja de naranjas que bajaba del auto familiar.

Quizá, pensaba Yuuri, lo más difícil había sido adecuarse a la gente adecuándose a él. Cuando era apenas un cachorro y aún no se había presentado, e incluso en sus primeros años como omega, la gente no parecía darle mucha importancia a su presencia en el lugar. Además de los casuales halagos de mujeres mayores a su madre por tener a un omega tan lindo en casa. Como si el hecho de tener ciertos órganos extra lo hiciera algo especial.

Y aunque el gobierno parecía más que obsesionado en hacer que así pareciera, exigiendo que los omegas documentados recibieran revisiones gratuitas dos veces al año para asegurarse que eran óptimos para la reproducción, creando medidas diferentes que se les aplicaban únicamente a ellos y demás. Yuuri, realmente, nunca se había sentido así. 

Y era feliz con el hecho de que, a pesar de ser el único omega en su hogar, la gente simplemente le siguiera tratando como Yuuri.

—Ah, no, gracias—respondió tratando de sonreírle—Puedo solo.

Sin embargo ahora, era como si todo el mundo caminara en puntillas a su alrededor. Asustados.

Asustados de lastimarlo más, probablemente.

Yuuri siempre había odiado la imagen con la que vendían a los omegas en los medios populares Eran pocos y eran especiales. Necesitaban protección y por eso eran frágiles. Porque no tenían la misma fuerza que un alfa, y porque quedaban indefensos una vez cada dos meses, legalmente insanos. Yuuri podía recordar muchos omegas que habían cometido crímenes y lo habían aludido a el descontrol hormonal de su celo. Tampoco era muy extraño darse cuenta que los omegas solían recibir penas más cortas que sus contrapartes alfas y betas por felonías iguales.

Tan indefensos que el mundo necesitaba cuidarlos de ellos mismos, aunque claramente no era así.

Sería mentir decir que Yuuri no se había sentido, más de una vez, como alguien débil. Pero sería mentir, decir también, que alguna vez lo habría querido atribuir a su casta.

El alfa sólo le miró por un momento, como si tratara de pensar en algo que agregar, para finalmente sonreír ligeramente y dejar que siguiera con su camino.

—Es bueno tenerte de regreso Yuuri, siempre estarás seguro con tu familia.

Debería agradecerle. Aunque fuera sólo por cortesía. Yuuri lo sabía. Pero no podía llevarse a sí mismo a hacerlo.

Asintió, y no miró atrás.

Yuuri siempre había estado acostumbrado a tener las miradas sobre sí, fuera por algo bueno o por algo malo. Fuera porque había hecho una presentación magnífica o porque había arruinado todos sus saltos.

Pero las miradas del público nunca se habían sentido tan pesadas como lo hacían ahora, la de los demás habitantes de Hasetsu.

Sabía que todos trataban de ignorarle, al igual que él con ellos. Pero aún del rabillo del ojo era posible verlo, escucharlo en sus murmullos a través de las paredes. Sus ojos tristes y preocupados, sus palabras susurrantes de tragedia. Como si los que hubieran fallado hubieran sido ellos mismos.

Pero quien había acabado su matrimonio era Yuuri, no ellos. Quien nunca podría ver a su bebé era Yuuri, no ellos.

Que alguien intentara entender su dolor e inmiscuirse en él, era molesto tanto como era doloroso.

❆ ❆ ❆

— ¡Yurio, ya va a empezar!— Gritó Yuuri, a su lado Mila ya estaba acomodada con la mirada fija en el televisor.

—Ugh, deja de hacer escándalo, tazón de cerdo. La competencia no irá a ningún lado.

Se quejó el muchacho, antes de dejarse caer en una silla a su lado.

—Ah, Yura—Comentó Mila, sonriente— ¿Esta vez sí te sentarás a nuestro lado?

— ¿Eh?—Cuestionó Yuuri, parpadeando un par de veces.

— ¡Cierra la boca, bruja!—Gruñó Yurio, haciendo un vago intento por mostrar los dientes. Algo que probablemente hubiera sobresaltado a Yuuri sólo logró que Mila riera, claramente divertida y acostumbrada a tales tipos de reacciones.

— ¿Acaso eso significa algo?—Preguntó, tanteando terreno. Yuuri se llevaba todo lo bien que podía con el resto del equipo ruso, quienes habían demostrado por cuenta propia ser tan o más extravagantes que Victor.

Yurio gruñó por lo bajo, Mila únicamente rió con más fuerza.

— ¡Nada, nada Yuri!—dijo antes de pasar un brazo sobre sus hombros y acercarle más a ella. Mila era una alfa de bajo nivel, con un aroma ligeramente cítrico, como las frutas, con una pizca de canela mezclado en el—Sólo que es bueno ver a Yura dejar de actuar como un asocial de vez en cuando.

— ¡Que te calles, dije!—gritó nuevamente Yurio, dándole un golpe al brazo de Mila y rompiendo el contacto que hubieran tenido hasta hace un momento— ¡Dejen de hacer tanto escándalo y vamos a ver esta cosa de una vez!

La risa divertida y algo nerviosa de Yuuri se unió a la encantada de Mila, al tiempo que el presentador anunciaba a los patinadores.

Había dos números antes de Georgi, quien patinaba con su nuevo tema 'Amor naciente', haciendo que la sala estallara nuevamente en risas de Mila y un par de patinadores que se habían unido para ver la competencia con ellos. Yurio sólo dejó escapar un poco impresionado sonido. Yuuri por su parte sólo estaba feliz de que Georgi pareciera haber encontrado un nuevo amor en su vida.

Su actuación fue genial, muchísimo más que en la copa de China del año pasado. Cuando terminó su programa corto, había quedado en primer lugar.

— ¡Ah! ¡Lo hizo mejor que en las prácticas!—Alabó Mila mientras daba una palmada.

—Y esta vez no se puso a llorar—acotó Yurio, haciendo que todos asintieran con gracia.

Yuuri se mantuvo en silencio durante las presentaciones que siguieron, hasta que finalmente, era el turno de Victor.

El tema que traía, era renacimiento.

Algo que la gente había podido ver incluso desde las nacionales en Rusia, el cambio que había tenido la leyenda viviente era visible en sus presentaciones, en su rostro y en su manera de llevarse en general.

Era como observar a un Victor Nikiforov completamente nuevo.

La canción de su programa corto era la de un musical algo viejo, y si bien Yuuri no había terminado de entender la primera vez que se lo había mostrado, Victor no tardó mucho en explicarle lo que significaba para él.

La canción original era para la nación de un hombre, cuyas fronteras iban mucho más allá de las delimitadas en los mapas, siendo que la llevaba con él, de la mano con su amor siempre en el corazón.

El amor de Victor era algo así. Su amor hasta ese momento siempre había sido dedicado al patinaje, a quien le había dedicado su vida entera. Pero ahora, gracias a Yuuri, las fronteras de su amor iban mucho más allá. Todo en la vida de Victor era amor ahora, y de esa manera era como quería vivir.

El programa terminó, con el público dando una ovación de pie.

—Wow...

Escuchó a alguien murmurar, sin estar seguro de quién había sido. Pero Yuuri no podría culparlos, era casi como regresar a ser un niño y observar a Victor en televisión. Lo magnífico de los movimientos, su gracia y elegancia en el hielo, su alma desnuda ante el mundo.

Yuuri le había amado aún incluso antes de que pudiera intentar entender todo lo que esa palabra podía significar.

Y ahora, cuando regresara, iba a estar seguro de demostrarle la extensión de su propio amor.

❆ ❆ ❆

Yuuri se acomodó la bufanda frente al espejo, sin poder evitar que sus ojos se detuvieran un segundo más de lo necesario sobre su cuello.

Ya casi había desaparecido.

La marca de Victor casi había desaparecido por completo.

Pasó sus nudillos sin querer sobre el espacio que esta solía ocupar, terminando de vestirse. Las marcas podían tardar meses en desaparecer completamente. Y ver que la que en su momento había sido una con un delicado color derivado de lilas y rosados ahora no era más que un casi invisible rojo, le demostraba la fehaciente prueba de que el tiempo seguía corriendo.

Pronto no quedaría nada. 

Era casi irónico, la imagen de una marca de unión era una de las cosas que el tiempo realmente curaba.

Era una frase que muchos decían, Yuuri siempre había la había encontrado algo hipócrita.

El tiempo no curaba las cosas, sólo hacía que te acostumbraras a ellas.

Otra cosa que la gente fallaba en mencionar, era que el largo periodo de espera era casi más insufrible que el dolor inicial de una tragedia.

Salió de su hogar despidiéndose de sus padres, y tomando el tren hacia el centro de la ciudad, donde encontraría la clínica para su chequeo mensual. Los médicos en Rusia habían sido algo intimidantes, en Japón era mucho más familiar. Yuuri estaba acostumbrado a la manera lenta y suave de hablar de los doctores, y a sus a veces pasivas reprimendas.

La clínica era pequeña, como casi todo en Hasetsu. Pero los muebles eran nuevos, como los pisos y el lugar en general. Últimamente, el gobierno destinaba más dinero al control de la salud de los omegas, lo cual era un cambio agradable de ver reflejado incluso en una pequeña ciudad como la suya.

Esperó un poco, y después de que dos omegas pasaran, un hombre claramente en estado de espera y una muchacha un tanto más joven que él, llamaron su turno.

La enfermera, quien era una beta, le sonrió tratando de darle ánimos al tiempo que le abría la puerta y le dejaba pasar. El doctor, otro beta bastante joven al parecer, estaba sentado leyendo lo que parecía ser su historia clínica.

Yuuri tragó en seco.

—Señor Katsuki, adelante.

Su apellido, aunque lo hubiera usado tantísimos años así, ahora sonada incompleto.

Yuuri asintió, sentándose frente al galeno quien aún no había puesto los ojos sobre él, parecía muy inmerso leyendo todo lo que estuviera allí escrito.

—Esto es una revisión de rutina, no se preocupe—Dijo finamente, levantando los ojos del papel y sonriéndole con calma. Y realmente parecía que fuera así, nada en el ambiente sugería otra cosa—Sólo reviso los resultados que trajo con usted de Rusia, tengo entendido que su recuperación fue casi completa allí, ¿verdad?

Casi...

Yuuri parpadeó.

—Ah, pero...

El doctor pareció entender su confusión.

—Oh, no, no—Se apresuró a aclarar—No hay ningún problema.

Yuuri asintió.

—Usted sólo necesita descansar, ya que el estrés por el que pasó su cuerpo fue bastante grande—Sus manos se unieron sobre su escritorio, su espalda bajando un poco y los ojos fijos en él—Pero las pruebas no mostraron nada fuera de lugar, lo cual es bueno, estamos por buen camino—Y una nueva sonrisa. Pero nada que Yuuri no hubiera escuchado de los médicos en Rusia—Lo que pensaba, es que pronto ya sería tiempo de iniciar un tratamiento progestacional.

La mente de Yuuri se quedó en blanco.

— ¿Pro... gestacional?

Repitió, como si de alguna manera la palabra fuera a tomar algún otro sentido si fuera él quien la dijera.

El doctor asintió, calmadamente.

—Los abortos accidentales en atletas omega no son cosa extraña, Señor Katsuki. Una tragedia sí, pero no extraños.

La mención de la palabra aborto envió una ola de frío a la columna de Yuuri.

—...

Su falta de respuesta, pareció ser la clave para que él continuara.

—Es una tragedia, pero es algo evitable—Dijo mientras sacaba unos formularios y los dejaba a un lado. Yuuri los vio de reojo, eran los que siempre llenaba luego de una consulta en esa clase de clínicas, nada fuera de lo normal—Usted es joven aún, señor Kastuki—la voz del doctor era suave y calma, su aroma no dejaba mostrar nada además de un beta de nivel intermedio. No emoción, no enojo, no nada. Yuuri muchas veces se había preguntado cómo era que los médicos lograban aquello, quizá suficiente jabón esterilizador como para que sólo los remanentes de sus esencias permanecieran. Suficiente como para asegurarles a los pacientes que aún se encontraban con otra persona. Esa clase de cosas solían evitar que los omegas entraran en pánico, cosa no muy difícil de encontrar en lugares como estos—El tratamiento es bueno, para cuando tenga un nuevo cachorro.

El doctor dijo un par de cosas más, le mostró un par de frascos y le explicó como tomarlos, al tiempo que anotaba lo mismo en una receta.

Pero la mente de Yuuri estaba demasiado ocupada bailando alrededor del concepto de un nuevo cachorro.

Un nuevo bebé.

Yuuri- no había pensado en eso.

Su mente incapaz de unir esas dos palabras juntas en una oración.

Pero era de esperarse que lo trajeran a colación.

Ese era, después de todo, el fin último de los omegas.

Pero Yuuri realmente no podía pensar en ello.

❆ ❆ ❆

El Grand Prix Final llegó tan rápido como el año pasado, el tiempo parecía pasar el doble de rápido cuando uno se dedicaba completamente al entrenamiento.

Cuando el momento de la premiación llegó, no fue una sorpresa para nadie que Victor, Yuri y Yuuri estuvieran en el pódium. Victor había recuperado sus dos records mundiales en una sola temporada, y ahora ostentaba una nueva medalla de oro en el cuello.

Yuuri había ganado plata por segunda vez, y Yuri había obtenido el bronce.

Algunos podrían argumentar que eso sumado a que su record ya no fuera válido más eran las razones por la cual su rostro había mantenido esa expresión fastidiada durante toda la ceremonia.

Pero, realmente, había mucho más sobre ello.

Yuuri había comenzado a notarlo a mitad de temporada, cómo las extremidades ya de por si esbeltas y largas de Yurio comenzaban a lucir muchísimo más estiradas que de costumbre, y cómo sus movimientos habían perdido cierta precisión.

Yurio estaba creciendo.

"Uhm, los hombres de tu familia siempre han sido bastante altos, ¿No, Yura?"

Había sido el comentario poco atinado de Victor un día en medio de la práctica, soltado como si hablara del clima. Siendo recibido sólo por una seguida retahíla de gritos cortesía de Yuri.

El resto sólo había suspirado y negado un par de veces con la cabeza.

Pero era de esperarse, Yurio pronto cumpliría 17 años, y los muchachos alfa normalmente comenzaban a formar su masa muscular durante esa temporada, algunos llegando a crecer incluso hasta los veinte. Yuuri también podía notarlo, cómo los hombros de Yurio ahora eran más amplios y como sus ojos ahora se encontraban sin necesidad de que el menor usara patines.

"¡Métete en tus asuntos, viejo!"

Era la respuesta más común del muchacho. Quien, aunque intentaba parecer desinteresado y únicamente medianamente alterado con el asunto, realmente estaba preocupado.

Yuuri había notado que Yakov pasaba más tiempo hablando a solas con él, probablemente sugiriéndole que tomara un descanso y dejara que su cuerpo se acostumbrara a su nuevo centro de gravedad, que conociera cómo eran sus nuevas mecánicas y que dejara a la naturaleza hacer lo suyo.

El mismo Victor había tomado un año extra en la categoría junior para dejar que su cuerpo se acostumbrara al crecimiento que había experimentado. Yuuri también, había tomado el patinaje con más calma cuando el suyo había llegado, aunque no hubiera crecido tanto en primer lugar.

Pero Yuri había decidido continuar, y aunque esto claramente había afectado algunos elementos técnicos en su presentación, como la cantidad de cuádruples que podía colocar en sus programas, había logrado salir de alguna manera bien parado de todo aquello.

No podría haber esperado otra cosa de alguien como Yurio.

—Oh vamos, ¡Sonríe un poco!—Le incordiaba Victor, quien tenía una mano en su cintura e intentaba que Yurio bebiera una copa de champagne. Algo que probablemente no estaba bien, de cualquier manera.

—Agh, déjame en paz.

Estalló finalmente Yurio, frunciendo el ceño y lanzando su flequillo para atrás. Su cabello estaba cada vez más largo, ahora cayendo ya tranquilamente sobre sus hombros si movía la cabeza de la manera correcta.

—No seas aguafiestas, Yura ¡Deberíamos celebrar!—Soltó emocionado Victor, besando a Yuuri en la mejilla, logrando que se sonrojara un poco de la sorpresa.

— ¡Victor!—Realmente, no estaba del todo acostumbrado a la efusividad en eventos oficiales como esos.

Yurio bufó, exasperado.

—Ustedes son asquerosos—dijo, para finalmente dar una vuelta y buscar presumiblemente a Otabek. El otro alfa había quedado en cuarto esta oportunidad, no muy por delante de JJ y finalmente Seung Gil-Lee.

—Ah, los niños crecen tan rápido.

Se lamentó Victor. Yuuri no pudo evitar reír ligeramente ante eso.

—Yurio te golpearía si te escuchara llamándole niño.

Victor fingió sentirse ofendido.

—Pero aún lo es, ¡Y nosotros somos como una familia ganadora! Podium Family!

Aquello sólo se ganó una risa sentida de ambos. Oh, Yurio definitivamente los golpearía a ambos por eso.

❆ ❆ ❆

El banquete que siguió a la premiación posterior al Grand Prix fue mucho más calmado de lo que Yuuri hubiera esperado, probablemente porque además de que se mantuvo todo lo alejado del alcohol que pudo, no tuvo más compañía que Victor y los patrocinadores que deseaban hablar con él.

Hablar con patrocinadores era una actividad naturalmente extenuante, Yuuri posiblemente nunca terminaría de llevarse a acostumbrarse a hacerlo sin sentirse estresado después. Pero ellos eran amables, intentando hacer comentarios educados y no tocar su vida privada más de lo necesario. Los atletas, después de todo, como cualquier otra estrella terminaban compartiendo mucho de esta con el mundo, quisieran o no.

Alguien con demasiado bajo el cinturón nunca terminaba de sentar bien con la gente.

Pero la imagen de Victor y él, como pareja y como entrenador y alumno, parecía ser el deleite actual del mundo del patinaje.

Yuuri no terminaba de saber cómo sentirse al respecto. Parte de él algo renuente a compartir tanto de él mismo con el mundo, pero la parte más honesta y pura de su personalidad secretamente encontraba placer en que el mundo, finalmente, reconociera a Victor como de su propiedad.

Algunos incluso detenían su mirada sobre el cuello de Yuuri, de manera no muy sutil, como si intentaran obtener una visión de la parte de la marca que no era cubierta por el cuello de la camisa.

—Vaya noche—Dijo Victor estirando los brazos, acababa de salir de la ducha y un par de gotas aún caían de su cabello. Yuuri ya estaba listo para ir a la cama, Victor había estado ocupado hasta hace poco, hablando por facetime con Chris, quien había llamado para felicitarle por una nueva medalla de oro.

Chris se había retirado la temporada anterior, decidido a tomar un camino en el mundo del modelaje. Aun con un inicio tan abrupto como aquel ya estaba ganándose nombre rápidamente en la industria.

Puede que Victor no lo dijera, pero la ausencia de su mejor amigo se hacía notar. Yuuri estaba feliz de que hubieran podido hablar.

—Y que lo digas—Dijo Yuuri, acercándose para sentarse a su lado. Claro que estaba feliz de que Victor se mantuviera en contacto con Chris. Pero, esa noche, quería mantener al otro patinador lo más lejos posible de la mente de su esposo.

—Pero sabes—susurró acomodándose, haciendo a un lado los brazos de Victor y casi sentándose en su regazo.

— ¿Yuuri?

—Nuestra celebración está apena empezando, Vitenka.

Acercó sus labios hasta los contrarios, tomándolos demandantemente. Logrando que el ambiente se llenara con el aroma excitado de Victor, el beso que hubiera comenzado sabiendo como cualquier otro pronto adoptando el tan característico y adictivo sabor que no hacía más que asegurarle a Yuuri que Victor estaba tan ansioso como él.

Se separó lentamente, dejando que su mirada siguiera el cambio en el rostro contrario.

Victor apenas abrió los ojos, los labios aún partidos.

—Yuuri—soltó, con voz ronca y expectante.

—Shhh—arulló, pegando su frente a la de Victor. Mientras sus manos rápidamente deshacían los botones de su propio pijama. Quitarle esa bata a Victor sería mucho más fácil—Déjame ocuparme de ti esta noche—pidió bajando la voz, dejando al descubierto su pecho desnudo. Con la marca de su unión clara como un trofeo estampada en su piel.

Yuuri la llevaba orgulloso.

—Esta noche—dijo acercando nuevamente sus labios—Eres mío.

❆ ❆ ❆

St. Petersburgo 2017.

Todo comenzó cuando, y finalmente terminada la temporada, Mila dijo que tomaría un pequeño descanso para visitar Italia.

— ¿Italia?—Había refunfuñado Yakov, como quien intentaba encontrar un motivo por el repentino accionar de la alfa.

— ¡Italia!—repitió con alegría—No será más de una semana—agregó luego, como quitándole importancia—Debo visitar a mi novia, ya ven.

— ¿Novia?—había inquirido Yuri, nadie había escuchado de la vida amorosa de la muchacha después de esa fea ruptura con aquel jugador de hockey alfa hace un año.

Mila únicamente había sonreído pagada de sí misma.

—Una linda omega, es todo lo que necesitan saber.

Y esa pequeña conversación había hecho que la idea surgiera en primer lugar.

Victor y él no habían viajado juntos antes, no como pareja al menos. El tiempo que habían pasado en Hasetsu realmente no contaba, pues los preparativos de la boda los habían tenido más que ocupados durante toda la jornada.

Y Estados Unidos era, hasta cierto nivel, medianamente familiar para Yuuri. Victor estaba feliz mientras pasaran tiempo juntos. Que Chris fuera a tener una presentación en california en un par de días más, era sólo un extra.

—Sería buena idea traer a Yurio también, ¿no crees, Yuuri?

El mentado sonrió.

Yurio necesitaba un poco de tiempo para él, alejado del hielo y del estrés de no poder controlar bien su cuerpo.

Aunque hacer que aceptara era donde le verdadero reto estaba.

Pero Yuuri debería admitir, que el común griterío y un par de llamadas a Nikolai Plisetski eran bastante poco para lo que él había esperado.

Incluso Yakov, quien había farfullado y lanzado maldiciones a sus vidas pasadas, había terminado admitiendo que era una buena idea.

Posiblemente porque él también quería un tiempo a solas con Lilia en el apartamento que ahora se había vuelto su hogar.

❆ ❆ ❆

California no se parecía ni un poco a Detroit, las calles eran más ruidosas, al igual que la gente. Todo parecía más vivo, también.

Aunque, Yuuri sólo había estado familiarizado con el campus y la pista de entrenamiento en sus años en Detroit, quizá no era la mejor manera de comparar algo.

Victor había rentado un auto apenas hubieran llegado, insistiendo en conducir. Llevando encima tantas cosas como pudieran para pasar la mañana en la playa, tanto que era un poco incómodo incluso.

—Vas a hacer que nos matemos, ¿Por qué estamos dejando que él conduzca?—fue la queja de Yurio, quien peleaba con un ramo de flores que unas fans habían llevado hasta el aeropuerto al ver el post de Victor en Instagram sobre sus siguientes vacaciones.

—Porque soy el único aquí con una licencia, Yura—canturreó como respuesta Victor.

El viaje, aunque no muy cómodo, fue llevadero. La arena de la playa era brillante y el mar claro.

Le traía recuerdos de las noches de verano en Hasetsu.

—Como cuando prendimos esos estúpidos fuegos artificiales.

Yuuri dio un pequeño salto sobre su toalla ante la repentina intromisión de Yurio. Victor había entrado a nadar, pero Yuuri prefería simplemente disfrutar del calor.

—Apuesto a que estabas pensando algo igual de tonto que eso, ¿O no, tazón de cerdo?

Yuuri rió sin culpa, pues que Yurio fuera capaz de decir eso significaba que él también lo recordaba.

—Es que fue divertido—lo sopesó un segundo—Aún contigo apuntando los tuyos hacia mí.

Yurio bufó con gracia.

—Pudiste esquivarlos, ¿verdad? No veo el problema.

—Ha-ha- Muy gracioso.

Pero ambos estaban sonriendo.

❆ ❆ ❆

El resto del día transcurrió entre más horas en la playa, largas caminatas observando puestos callejeros y una muy agradable cena observando el mar.

Era de alguna manera como estar de vuelta en Hasetsu, sin el entrenamiento espartano y los extraños viajes espirituales que Victor creía les ayudarían a tener las ideas más en claro.

Cuando la noche cayó, Victor salió a encontrarse con Chris. Yuuri decidió darles espacio, pues tendrían mucho para ponerse al día, además, su cuerpo pedía descanso y no quería dejar sólo a Yurio en el hotel, Yurio podría haber crecido todo lo que quisiera, pero aún ahora había cosas que al parecer simplemente eran demasiada molestia para el vándalo ruso. Hacer el check in era una de ellas, Yuuri se había ofrecido a hacerlo y quedarse con su llave hasta que tuviera deseos de ir a descansar.

Yuuri lanzo un suspiro gustoso mientras se acomodaba en uno de los sofás de la recepción. El aire acondicionado le daba frescura al ambiente que era muy bienvenida con el calor que aún se podía sentir aún entrada la noche.


Yuri a su lado estaba recostado, con la cabeza ligeramente hacia atrás. Se veía muchísimo más relajado, y su semblante ya no parecía tan alienigena para Yuuri. Quizá ya estaba acostumbrándose un poco más a ver al muchacho crecer.

— ¿Te divertiste hoy, Yurio?—preguntó sonriendo ligeramente, aunque era bastante más una pregunta retórica.


Con su corto descanso de los supresores, su olfato había mejorado considerablemente. Y Yuuri había sido capaz de diferenciar cierto particular aroma proveniente del muchacho durante todo el día.


Felicidad.


No sabía que había sido algo que deseara oler en Yuri con tantas ganas como en ese momento.


El muchacho, por su parte, solo se removió un poco en su lugar.

—Algo...

Admitió con voz baja y sin abrir los ojos.


Yuuri sonrió para sí.


— ¿Dónde te gustaría ir mañana?—preguntó tratando de recordar el folleto turístico que hubiera visto en el avión, en sus años en estados unidos no había hecho más que estudiar y practicar. No exactamente versado en las atracciones turísticas—Quizá podríamos ir a la playa nuevamente, a un centro comercial... Estoy seguro que habría cosas que te gustarían allí—Y no es como si Victor se fuera a negar a la oportunidad de comprar ropa nueva. Yuuri aún tenía algunos problemas con ese particular hábito de su esposo.


Yurio soltó un pequeño sonido de molestia.


—Oh—se retractó un poco Yuuri. Ciertamente habían venido juntos pero no significaba que tuvieran que pasar así todo el viaje. Yuri era un joven alfa en el prime de su vida, suponía que no quería pasar todo su tiempo pegado a ellos—Era solo una idea.


Se apresuró a acotar. La esencia de Yurio parecía conflictuada.


Yuuri mordió su labio inferior.


—Aunque podríamos cenar juntos, ¿Dijiste que te gustaría probar comida extranjera, verdad?, Victor dice que hay un restaurante aquí que-


—Detente.


Dijo de repente Yurio, haciendo que Yuuri dejara al aire sus palabras.


— ¿....Yurio?


—Detente—repitió. Tenía los ojos abiertos y aún con el jabón ligeramente neutralizador que proveían todos los hoteles, Yuuri podía oler claramente la ira que parecía bullir de Yurio. Pero, a diferencia de otras ocasiones, no había gritos ni patadas.
Solo la penetrante y verde mirada del muchacho fija en él. Acusadora—No me trates como si fuera tu hijo—Dijo, moviendo ligeramente su cuerpo. Haciendo que su figura-ahora más alta- se alzara como una torre delante de él. Estiró la mano hasta el bolsillo de su camisa, sacando la llave digital que hubiera tenido allí guardada—Porque no lo soy, Yuuri.


Terminó. Murmurando su nombre, antes de ponerse de pie y dejar el lobby del hotel.

❆ ❆ ❆

Las vacaciones terminaron, y pronto tuvieron que reajustarse al horario normal, con entrenamiento y todo incluido.

Yuuri no mencionó el extraño intercambio que había tenido con Yurio anteriormente, pues pareció haber sido algo de momento. Y no había ocurrido algo parecido después, así que dejando que el recuerdo se enterrara en su memoria, Yuuri continuó con su quehacer.

Este año, las selecciones les sonrieron un poco, quedando ambos para la copa de China. Donde ambos habían obtenido primer y segundo lugar; antes de que tuvieran que separarse para el trofeo Eric Bompard y la Copa Rotelescome.

—Yuuri

Una vez ya caída la noche, en el apartamento, Victor le habló, hundiendo su nariz en el espacio entre en hombro y el cuello.

— ¿Victor?—Preguntó, aunque podía notar claramente, aún bajo el efecto de supresores, qué era lo que él quería.

— ¿Me dejas verte?—Hacía ya mucho que ambos habían pasado el punto donde se encontraban cómodos mostrándose el uno al otro, pero Victor siempre preguntaría para observar la marca de unión de Yuuri. Era su manera especial de ser romántico.

Yuuri sólo rió quedamente, abriendo su camisa y dejando que un lado de esta cayera.

Los dedos de Victor dibujaron el patrón, con delicadeza, casi adoración.

—Es tan tenue...

Las marcas frescas, como las primeras mordidas entre parejas apenas enlazadas, parejas casuales, o jovencitos que apenas exploraban su sexualidad, solían ser grandes y notorias. De colores fuertes, casi como un golpe. La única manera de deshacerse de ellas era con tiempo, o saliva de otro alfa. Había personas que incluso llevaban más de una marca en el cuello a la vez. Yuuri recordaba que había visto más de un porno donde los omegas llevaban las mordidas como si de un patrón florar se tratase.

En parejas ya largamente unidas, el color residía, terminando en un tenue degradé de rosa y morado. Pequeña pero siempre presente.

—Me dan ganas de hacerla más grande—Gruñó Victor contra su cuello, su voz ronca y profunda por el deseo.

—Sabes que eso no se puede—Ronroneó con dejes de coquetería.

Victor dejó un beso en la base de su cráneo.

—Siempre podemos divertirnos intentando.

❆ ❆ ❆

Yuuri no había pensado mucho de ello. No realmente.

No cuando hubiera despertado sintiéndose ligeramente enfermo o con encontrando asqueroso tan sólo ver la comida.

Los supresores hacían eso cuando alcanzaba el punto más alto de su ciclo.

Yuuri recordaba bien cómo se sentía. Durante su primer celo, hacía tantos años atrás ya, había iniciado con cólicos abdominales que lo habían dejado en cama toda una mañana, había rechazado el delicioso katsudon de su madre, y había terminado llorando porque aún tenía hambre. Pero lo peor estaba por venir aún.

Las olas del celo eran horribles. Pero el primero, oh, ese había sido el peor. Era como si su piel de pronto fuera un aprisionaste abrigo que lo mantenía a inhumanas temperaturas. Casi como un sueño febril. Eso y el insistente picor en su cuello que no lo dejaban tranquilo habían sido suficientes pruebas para que su familia, algo desesperada, entendiera que Yuuri era un omega. Yuuri sólo lo había entendido una vez la primer ola hubiera parado y su conciencia hubiera regresado.

Yuuri recordaba que había llorado mucho, asustado y confundido. Su madre, quien había intentado ayudarle en ese momento, realmente no sabía que podría decirle. Siendo ella una beta, parecía que sus palabras eran inútiles. Finalmente, optando por ofrecerle supresores que ayudarían a minimizar los efectos.

Yuuri sólo recordaba que eran unas pastillas de color blanco, muy pequeñas, que se disolvían demasiado rápido en la parte trasera de su lengua.

Aquello y que había vomitado el casi inexistente contenido de su estómago luego de tomarlas.

Sí, su primera experiencia con aquellos medicamentos no era realmente algo muy agradable.

Muchísimos omegas resentían el uso de los supresores por esa clase de efectos secundarios, los mareos y los vómitos se incrementaban, incluso algunos decían que terminaban con dolores musculares muchísimo más grandes.

Yuuri los dejó de lado mucho tiempo, al menos hasta que decidió tomarse lo del patinaje artístico en serio. Tomar la cantidad de supresores que hacía como para romper el ciclo del celo no era algo agradable, y el primer año haciéndolo había sido casi una tortura. Entre lograr que su cuerpo se acostumbrara al desbalance hormonal y lidiar con su propio carácter.

Aún ahora, ya años haciéndolo, no faltaba la ocasión en la cual su cuerpo deseara pelear en contra de los mismos, haciendo que las molestias lo asaltaran paulatinamente.

Por eso fue que Yuuri realmente no pensó mucho de ello.

Pero cuando los vómitos no se detuvieron, Victor pensó que sería bueno ir con el doctor, e intentar conseguir una prescripción diferente de supresores. Aún faltaban casi tres meses para el torneo en Francia y un poco más para el subsecuente en Rusia, pero nunca estaba de más asegurarse. El cuerpo de los omegas era a veces, un misterio.

Un par de pruebas de sangre y un cuestionario de rutina.

Era la primera vez que Victor le acompañaba a una de estas, Yuuri debía admitir que era un poco vergonzoso, pero él había insistido. Su instinto de protección probablemente carcomiéndole por dentro.

El doctor revisó los exámenes que habían llegado, revisándolo lado a lado con el cronograma y las pastillas que Yuuri normalmente usaba, una de sus cejas alzadas de manera críptica.

—Sr. Katsuki-Nikiforov—Yuuri no podía evitar que una pequeña sonrisa se pintara en sus labios cada vez que alguien le llamaba así— ¿Usted y su pareja son sexualmente activos, presumo?

Yuuri aclaró la garganta.

—Sí...

Respondió, aunque salió un poco más ahogado de lo que hubiera querido.

El galeno asintió. Dejando los papeles a un lado y mirándole de frente. Victor, a su lado, presionó su mano con cariño.

—Y además de su tratamiento regular, ¿Usan alguna otra clase de control?

— ¿Control...?

Un asentimiento.

—T de cobre, pastillas, inyecciones, ¿condones?

Intentó ilustrar. Yuuri le miró con los ojos ligeramente abiertos.

—Condones, a veces-

Un omega teniendo relaciones con su pareja durante el celo, tenía al menos un tercio de posibilidades de dejar su nido esperando, dos tercios si es que ellos estaban enlazados. Pero fuera de este, la posibilidad se reducía drásticamente, no llegando ni siquiera a un tercio, casi tan común como una mujer beta.

Aquellos que abusaban de los supresores lo tenían mucho más difícil.

Ninguno de ellos realmente pensando en la posibilidad de quedar embarazado, pues su propio cuerpo no parecía ser capaz de aguantar el estrés de llevar a un niño a término.

—Entiendo—Otro asentimiento—Pues entonces, creo que deberé pedirle una última prueba.

Las manos de Yuuri de pronto se tornaron frías, como si hubiera chocado sus palmas contra el hielo.

—Porque...—Esta vez fue Victor quien habló, al parecer uniendo las pistas tan rápido como Yuuri lo estaba haciendo.

—Tengo suficiente evidencia como para pensar que su pareja está esperando, Sr Nikiforov.

❆ ❆❆

Su madre había sido la única que había preguntado sobre su visita al doctor, Yuuri realmente no había estado muy dispuesto a decir nada, pero ella le había entendido.

No se sentía listo para afrontar todo lo que vendría ahora. No aún. Quería que le dejaran fingir que todo estaba bien, al menos un poco más.

Ahogó un bostezo con la palma de su mano. Si hacía caso a su reloj interno, de seguro estarían rondando las siete ya.

El negocio andaba bastante lento, si uno se encontraba en el mostrador principal. Después de todo, no mucha gente venía a registrarse al hotel en esta época del año, y parecía que tampoco había muchos interesados en entrar a las aguas termales últimamente.

Una parte muy escondida en el fuero interno de Yuuri le decía que ese era el motivo por el cual le habían dejado tomar ese puesto y no le habían pedido que ayudara en la limpieza o en la cocina.

Era una manera silenciosa de pedirle que se tomara las cosas con calma.

Yuuri trataba de que aquello no le afectara, demasiado.

—Es mejor que nada...

Murmuró para sí mismo, como un fútil intento de darse ánimos.

Un par de horas más y podría descansar. Una noche sin sueños era lo que definitivamente necesitaba para poder alejar el remolino de ideas que era su mente en ese momento.

Yuuri quería recordar que había regresado a Hasetsu por la tranquilidad que podía encontrar allí, aún con el metafórico golpe que había sido su llegada.

Tan estridente como aquel lejano choque durante las clasificatorias del 2014, donde había terminado casi con una contusión.

Tan estridente como el golpe de la puerta principal al abrirse en ese momento, claramente por una persona que no tenía miramiento alguno en aparentar ser cuidadoso.

— ¡¿Uh?!—Yuuri dio un pequeño salto en su lugar, sorprendido por el repentino sonido.

Sus ojos viajaron a la puerta raudamente, de donde el reconocible aroma de un viejo compañero venía.

Yuuri sintió su expresión deformarse en una de incredulidad, mientras su cerebro intentaba hacer amago de su funcionalidad y tratar de entender la escena delante de él.

El vándalo ruso le miraba campantemente, con la siempre presente marca del disgusto pintada en sus ojos, arrugando el ceño y frunciendo los labios.

—Así que sí estabas aquí, tazón de cerdo.

Dijo, haciendo particular hincapié en la última parte. Como si hubiera estado guardando particular veneno sólo para él.

— ¿Yuri...o?

Murmuró sin poder detenerse, aunque el apodo ahora se sentía incorrecto en sus labios. El mentado, únicamente hizo un sonido con la lengua.

—De tantas luces como siempre, me doy cuenta.

La esencia de Yuri cambió un poco en ese momento, mostrando claramente que su irritación estaba en aumento. Yuuri tragó en seco, incapaz de poder apartar la mirada del joven alfa que había llegado sin previo aviso.

Yuri avanzó hasta el mostrador, apoyando la parte superior de su cuerpo muy cerca de Yuuri. Lo suficiente como para que él pudiera observar la expresión de Yuri, quien en aquel tiempo parecía haber terminado de perder los rasgos suaves y aniñados junto con los remanentes de grasa de bebé que pudiera tener. Y, también, lo suficiente como para que este pudiera verle desde arriba sin problemas.

— ¿Y?—espetó Yuri— ¿Vas a registrarme o no?

❆ ❆ ❆

Notas finales: Vaya, esto iba a ser más largo. Pero bueno... ¡Al menos ya esta! Si alguien tiene alguna pregunta, aquí estaré para responder.

Además... yeah- creo que ya se nota para dónde van algunos de los tiros, y no sólo los de Victor y Yuuri.

Algunas aclaraciones: Hay tantísimas interpretaciones del omegaverse (lo cual lo hace aún más disfrutable para mí) que no estoy segura cuántos agregan los niveles a las castas o géneros secundarios. Los alfa y omega de niveles altos son los que más en tono están con sus instintos, puede ser algo bastante bueno (ya que biológicamente se les ve como los mejores al momento de procrear y crear descendencia) también puede causar muchos problemas, ya que sus respuestas emocionales están bastante influenciadas por sus respuestas hormonales también.

En este caso los beta que tienen alto nivel tienen tendencias que los llevan a comportarse ligeramente como alfas, mientras que lo mismo ocurre con los de bajo nivel, que son algo más sumisos imitando un comportamiento omega. Los beta de nivel intermedio son los que más en equilibrio se encuentran en todo caso. Agradezcamos a los betas, son como los mediadores para los desastres.

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