Cuando te veo a ti
❆ Notas iniciales: Primero que nada, unas gigantescas disculpas por tardar tanto. Resulta que no fui capaz de terminar este capítulo antes de que iniciaran mis clases, y terminó siendo más corto que los anteriores. Pero, siento que este debía ser así.
El inicio de clases y otras tantas cositas me tenían frustrada, y aunque se supone que en teoría ya sabía lo que pasaría, no me podía llevar a mí misma a escribir algo.
El día de hoy decidí darme el auto empujón- casi literal- volviendo a la pista de mi ciudad, y quedándome hasta que sintiera que ya nada me molestaba. ¡Sirvió! Al menos.
❆ ❆ ❆
Yuuri estaba acostumbrado a las visitas.
—Vamos, respira conmigo.
Los amigos de Victor y suyos habían incrementado sus pequeñas visitas. Y habían traído muchos regalos para Yuuri.
Cosas que supuestamente ayudaban a los omegas en el periodo de espera, pantuflas, cremas, incluso velas aromatizantes.
Yuuri aún no terminaba de acostumbrarse a semejante atención.
—Yuuri—la voz puntual de Lilia lo levantó de su pequeña ensoñación, haciendo que asintiera y soltara una pequeña respuesta afirmativa.
Pero, si Yuuri aún no se terminaba de acostumbrar a las atenciones de sus compañeros patinadores, nada podría haberlo preparado para tener a la mismísima Lilia en su apartamento; mirándole con el ceño fruncido y pidiéndole que respirara al son- como si le pidiera que realizara una compleja secuencia de pasos.
—Esto es útil, Yuuri. Adelante.
Yuuri se obligó a calmarse. Y, tomando aire, siguió las indicaciones que la alfa le hubiera dado.
Yuuri nunca hubiera pensado en Lilia como una mujer particularmente 'maternal', no en el sentido de que fuera incapaz de proveer amor y protección. Pues las miradas que le dedicaba a Yurio cada vez que salía al hielo eran claro reflejo del increíble cariño que le tenía.
Pero, Yuuri no pensaba en ella como la clase de mujer que supiera los pequeños trucos y larguísimas desventuras que podía traer un embarazo.
Lilia era un alfa y la única relación larga y duradera que le habían conocido había sido con otro alfa, Yakov. Ella nunca había tenido hijos ni había criado bebés.
'Mi padre era un omega' Había respondido simplemente, ante la mirada sorprendida y algo curiosa que Yuuri le había regalado cuando ella había explicado con parsimonia y lentitud qué clase de respiraciones y ejercicios podía hacer. Ella había nacido en una de las partes menos agraciadas de Rusia y su familia había sido bastante humilde, su padre había llevado a término a seis niños además de ella.
Ellos eran de una pequeña comunidad, su manada familiar tenía a varios miembros beta, que eran hermanos de su padre omega. Sus dos padres la habían criado a ella y a sus dos primeros hermanos, el resto habían sido criados como hijos de las parejas beta que no podían concebir.
Era una de las organizaciones de manadas más viejas que había.
Así que, Lilia había visto su justa cantidad de partos y había ayudado a su padre en algunos. Estaba mucho más acostumbrada a las molestias del embarazo y qué hacer para calmarlas que cualquier otro presente en su pequeño círculo.
—Lo haces bien—Felicitó Lilia, luciendo complacida.
Una pequeña sonrisa decoraba sus labios y le miraba sin apartar la vista del movimiento ascendente y descendente de su pecho.
Yuuri admitiría luego que la mirada de Lilia aún le daba un par de sentimientos encontrados, era penetrante aun cuando sus ojos eran amables y le hacían sentir ligeramente nervioso. Ella no le gritaba como lo haría normalmente durante clases, pero aun así sentía que si no realizaba todo al pie de la letra recibiría una gigante reprimenda.
— ¿Estarás bien?
Por eso. Cuando ella finalmente volvió a hablar. No estaba seguro de cómo responder.
Yuuri detuvo su ejercicio, mirándola ligeramente confundido.
— ¿Eh?
Lilia pareció pensar un segundo cómo expresaría lo siguiente.
—Victor. ¿Estarás bien cuando se vaya?
Oh.
Las clasificatorias.
Yuuri se obligó a tragar en seco.
Sus hormonas estaban comenzando a alborotarse, y era cierto que cada vez que Victor dejaba el apartamento había una pequeña parte suya que se sentía por demás intranquila.
Pero era algo normal, era una respuesta hormonal y Yuuri era lo suficientemente coherente como para saber que no iba a pasar nada malo.
Puede que le tomara un poco, pero él podría controlar ese ridículo sentimiento de desasosiego.
—Sí—Respondió. Lilia sólo le miraba sin cambiar la expresión de su rostro. Yuuri, sintió que tenía que reafirmarlo—Lo estaré.
Su voz se sentía más firme.
Lilia esbozó una pequeña, casi imperceptible, sonrisa.
—Eres una persona muy particular, Yuuri Katsuki.
Dijo, aunque Yuuri no terminó de entender por qué.
—Supongo que es por eso que Yura siempre está hablando de ti.
Un sonrojo se coloreó en las mejillas de Yuuri.
De alguna manera, eso le hacía sentir mejor.
❆ ❆ ❆
Victor siempre llegaba temprano.
Era quizá por la costumbre de madrugar que había estado presente en él desde que fuera un niño y le había seguido en sus años de adultez.
Pero, aunque se levantara temprano y soliera ser el primero en presentarse al rink de entrenamiento, eso no quería decir que fuera el más cooperativo de los estudiantes.
Victor estaba lo suficientemente consiente de sí mismo como para aceptar eso.
Se saltaba, a veces, partes importantes del calentamiento cuando era más joven. Demasiado impaciente por poder entrar al hielo. No escuchaba los consejos de Yakov, decidiendo que a veces –muchas veces- era mejor escuchar a su instinto y simplemente hacer lo que le dictara el corazón.
Se quedaba horas extras practicando, casi lesionándose más de una vez.
Y su natural apego por el espectáculo, dentro y fuera del hielo, lo habían hecho la comidilla de los paparazzi más de una vez. Por buenas y malas razones. Por verdaderas y muchas veces falsas acusaciones.
Cierto era que Victor, con el estilo de vida que llevaba y con la clase de vibras que despedía, parecía tener el perfil estereotípico para esa clase de escándalos.
Clamar su inocencia delante de Yakov no ayudaba mucho cuando su rostro estaba plasmado en todos los periódicos del país.
Aun así, Victor siempre solía salir bien parado de esas clases de problemas. Debía agradecerle a su encanto natural, probablemente.
Sin embargo, esa mañana Victor había despertado más que dispuesto a, por primera vez, intentar escuchar realmente qué era lo que su entrenador tenía para decirle.
Ya estaba calentando, asegurándose de realizar todos los estiramientos que Yakov siempre le pedía y que él mismo hubiera exigido cuando aún tenía el título de entrenador encima, cuando notó que Mila entraba por la puerta, charlando alegremente con la tan mentada novia que hubiera conseguido.
Decir que Victor encontraba la relación entre Mila y Sara Crispino algo sorpresivo sería mentir. Aunque muchos en el rink –particularmente Yurio- habían expresado su sorpresa –y animadversión ante el incremento de personas con relaciones amorosas en el lugar- Victor las había visto interactuar desde hacía ya un tiempo atrás. Mila y él no eran realmente cercanos, no de la manera que ella lo era con Yurio, pero Victor tenía un lugar especial para cada miembro del equipo ruso en su corazón.
Además, había visto el descaradamente claro coqueteo que ese par había estado sosteniendo durante la recepción de su boda en Hasetsu.
—Ah, Victor—Saludó Mila con una pequeña sonrisa en los labios, y con la mano libre que no se encontraba sosteniendo la de Sara.
—Buenos días, Mila, Sara.
Respondió con una sonrisa. Una que parecía ser un poco menos plástica que la que había estado poniendo esos últimos meses.
— ¿Viniste con Michele acaso?—Preguntó a Sara, en parte porque quería mantener el ambiente de familiaridad presente y también porque no se sentía completamente listo para preguntar lo que realmente quería.
Yurio, después de todo, aún no estaba en la pista.
Sara parpadeó sorprendida, como si no hubiera esperado que él se fuera a dirigir a ella de manera directa.
—Oh no—negó efusivamente, haciendo que su aroma cambiara un poco, parecía que la afirmación la había divertido—Mickey tiene que aprender a vivir un poquito lejos de mí, esta última semana era sólo para Mila—completó antes enredarse en uno de los brazos de la muchacha y sonreír con gusto.
Victor rió un poco ante la respuesta.
Mila, quien le miraba con una expresión difícil de leer, comenzó a andar hacia los cambiadores llevando a su novia con ella.
—Volveremos en un rato—dijo, aunque no era necesario. Era un poco triste, que sus compañeros parecieran aún caminar sobre cascarones de huevo a su alrededor. Todos eran extremadamente cuidadosos, hacían que Victor sintiera que había una barrera increíblemente inmensa levantada que lo separaba a él del resto del mundo.
Aunque, no era como si pudiera quejarse exactamente, eso había sido mucho de su culpa.
Lo que lo llevaba nuevamente al tema que había estado queriendo evitar.
Yurio.
Desde antes del campeonato europeo, su relación con el otro alfa había caído miserablemente en picada. Ambos habían sido como una bomba de tiempo desde hacía ya varios meses atrás, pero el detonante no había aparecido sino hasta que Yuuri hubiera dejado Rusia.
El desastre que había seguido, alcanzó proporciones que Victor aún no quería cuantificar.
Yurio no le había vuelto a dirigir la palabra, sólo delante de las cámaras y para entrevistas. Aun así, no había que ser particularmente observador para notar el plano desinterés y la completa apatía que adoptaba Yurio cada vez que hablaban de Victor, o que se veía obligado a compartir espacio con él.
Victor sabía que se tendría que haber disculpado. Pero, y aunque no lo pareciera por su exterior amigable y juguetón, Victor era un hombre increíblemente orgulloso. Normalmente se ponía malhumorado por cosas pequeñas y ridículas, y armaba drama por cosas que probablemente harían reír a otras personas.
Empero, cuando le golpeaban profundo, en aquellos lugares que él reservaba únicamente para él, en aquellos lugares que realmente estaban conectados con su corazón- que era tan frágil como el cristal. Victor respondía. Si alguien lo atacaba, él lo hacía de vuelta.
Aferrándose al resentimiento y a la amargura lo suficiente como para no dejar que nadie tocara esa fibra nuevamente.
Pero era Yuri. El niño que había visto crecer desde un pequeño principito en el hielo a una imagen casi completa del tigre de Rusia que había querido ser durante tantos años.
Victor no podía dejar que semejantes sentimientos siguieran presentes ante ellos.
Victor esperó. Observando la puerta del rink con la mirada anhelante, ignorando a Mila y Sara que ya habían regresado, y escuchando a Yakov pero regresando a su labor de guardar la entrada como un perro.
Victor esperó.
Pero Yuri nunca apareció.
❆ ❆ ❆
FGR_SKTING 20:10 ayer. Comentarios 1300
¿Alguno de ustedes ha leído esto?
"Patinador artístico omega, Yuuri Katsuki-Nikiforov con un bollito en el horno [FOTOS INÉDITAS]"
Copiaré un pequeño extracto del texto, para quienes no puedan abrir el link pues la página es pesada.
<< ¿Es una pancita eso que vemos? El patinador artístico y medallista de oro japonés Yuuri Katsuki, esposo del pentacampeón mundial Victor Nikiforov, parece tener algo más que musculatura bajo esas capas de ropa. ¿Será que nos sorprenderán pronto con un primogénito que herede la tradición ganadora?>>
¿Qué creen, muchachos?
¡¿Pronto estaríamos viendo ya a pequeños Victor deslizándose en el hielo?!
▶ Nikifovozz:
Alto. Alto. Alto.
¿Qué? No me tomen a mal, Estoy tan emocionada como cualquiera con noticias así- pero
¿No parece un poco pronto? ¿Cuánto tiempo llevan enlazados? ¡No han pasado ni dos años!
▶ King_12:
Nikifovozz Bueno, para ser justos, las parejas enlazadas tienen cachorros mucho más rápido que eso, ¿no?
No podría hablar por experiencia, pues soy un beta, pero creo que era algo que se veía venir tarde o temprano.
▶ Axxel:
¡Demonios! El celular no quiere cargar las condenadas fotos.
¿Algún alma caritativa que me pueda decir si son reales? O sólo un triste y refrito click-bait.
#PorFavor #MiNecesidadEsReal
▶ Ladyunderthewater:
No lo sé, esas fotos son demasiado borrosas... ¿dónde se supone que estaban esos paparazis? Katsuki parece estar saliendo a despedir a alguien a la puerta.
Parecen fotos tomadas por un aficionado. No creeré nada hasta que haya una confirmación real de la fuente.
▶ Skaterlunatic:
Ditto con el comentario de lady, las fotos son demasiado malas como para creerlas.
Aunque, si fueran ciertas, sería una pena. Katsuki tiene una carrera aún delante de él, los bebés son geniales y todo, pero esto sería como un gran paso atrás.
#SóloDigo.
▶ Rin_Rin:
Perdón por romper su burbuja.
Pero esto claramente es pura especulación y fotos tomadas con pésimo ángulo y por un amateur.
¡Estamos hablando de Victor-jodido-Nikiforov! La clara representación física de ve grande o vete a casa, ¿Creen que sus redes sociales no hubieran estallado ante la simple sospecha de que su tan-querido-omega estuviera en cinta? Pfff ¡Por favor!
▶Sweetbum:
No lo sé, muchachos.
Soy una omega con tres hermosos niños ya, y creo que puedo reconocer una pequeña barriga de embarazo donde la vea. Aún con esas fotos, me parece que realmente hay un pequeñito o pequeñita allí dentro-
Llámenme emotiva o lo que quieran, ¡Pero me parece muy emocionante!
¡Los Nikiforov y un pequeño cachorro! ¡Es una imagen de película!
▶Daddy_nikiforov:
Sweetbum Eso es algo tan omega para decir. Que tierna.
Quizá Victor sólo quiere conservar un poco de privacidad, ¿no han pensado en eso? Pffff- vamos, ¡A la gente también le gusta tener cosas para sí! Si Katsuki y él no han dicho algo al respecto, alguna razón tendrán.
▶ EdgeLord12:
Daddy_nikiforov Rin_Rin ¿Acaso están insinuando algo? Porque esos comentarios suenan como algo así...
¿No anuncio oficial ni extrema parafernalia aun sabiendo qué clase de alfa es Victor? ¡Vamos, el hombre incluso postea cuando compra alfombras! (por eso lo amamos, lol)
Quizá algún omega sacó los pies del plato un poco—
▶Yuriangel69:
Estoy esperando realmente que todos esos comentarios de arriba sean sólo obra de alguien demasiado aburrido para su propio bien. Y, que ustedes, compañeros fanáticos; no crean realmente semejantes sandeces.
¡Nikiforov y Katsuki son #Metas!
No pueden apartar la vista el uno del otro ni por un segundo.
Y, sea un bebé o no, sólo queda que les apoyen. Aunque no sean mis patinadores favoritos (ese espacio lo tendrá siempre mi amado Yuri) ¡Es lo que los fans de verdad hacen!
#AlgoDeDecencia #SMH #WTHGente
▶EdgeLord12:
Bueno, Bueno. ¡Era sólo un decir! Nada por lo cual gruñirme.
Espero que no, pero es algo que muchos además de mí deben estar pensando, seguramente.
▶ Le_royking:
Tratemos de mantener el ambiente ligero, chicos... no queremos atraer a ningún moderador. Estamos desviándonos del tema.
Particularmente, no puedo ver nada en las fotos.
Eso podría ser un bebé, como también pliegues de ropa acomodados de manera errónea.
Admitiré que no me importa mucho, tampoco.
Aunque eso significaría que Katsuki no participaría en los siguientes eventos, ¿verdad? Es una lástima... su participación en el Skate Canadá fue muy buena, me hubiera gustado ver su presentación mejorada.
▶JonIce:
Con riesgo a sonar desagradable...
Me llena de tristeza, exactamente en esta época de la temporada.
Qué desperdicio.
(Mostrar más)
❆ ❆ ❆
Yuuri despertó con el sol dándole directo en el rostro. Las cortinas habían estado acomodadas de tal manera que, si bien cubrían la mayor parte de la ventana, aún había una abertura que le ayudaba a levantarse temprano.
Uno creería que después de tantos años con un régimen de entrenamiento estricto su cuerpo se habría adecuado a madrugar, pero no era así. Yuuri aún tenía bastantes problemas con levantarse temprano.
Siempre quería quedarse un poco más en la cama, disfrutando de la suavidad de sus sábanas y de lo caliente de su embargo.
Y, ahora, quería quedarse un poco más en cama también. Disfrutando del agradable aroma que Yurio le daba, y del calor que despedía su cuerpo.
Su mente aún algo confusa por el sueño que aún danzaba tras sus párpados no le ayudaba, rememorando cómo había sido sentir los labios del alfa contra los suyos, lo cálido de su aliento y lo agradable que había sido sentir la lengua de Yurio empujar contra sus labios, para encontrarse con la suya propia.
El enloquecedor aroma que había despedido Yurio, y cómo de bien se había sentido oler un poco del suyo mezclado en el. Sutil y dulce, completamente Yuuri.
Yuuri no hubiera querido describirse a sí mismo como un hombre demasiado necesitado, y aunque a veces admitiera que lo era, quería creer que podía controlar esa parte de su personalidad lo suficiente la mayor parte del tiempo como para que no se tradujera en algo negativo.
Pero, en ese momento, la parte racional de su cerebro parecía haberse apagado.
Sus dedos habían viajado hasta la nuca de Yurio, presionando con un poco más de fuerza, intentando que de alguna manera su rostro estuviera aún más cerca del suyo.
Las manos de Yurio habían viajado por su cintura, acariciando con cuidado. Y, habían estado así por lo que Yuuri bien habría podido creer había sido una eternidad.
Deteniéndose únicamente cuando Yuuri fue capaz de sentir el tan característico sabor de la saliva de Yurio cambiar.
Era fuerte y algo amargo.
Excitación.
Yuuri separó su rostro ligeramente, dejando que su vista se fijara en la de Yurio, observando bien lo dilatado de sus pupilas.
—Yuri—murmuró.
Él podía continuar.
En ese momento, no había nada en su mente que lo detuviera. Sólo tenía que continuar con lo que habían estado haciendo antes... Yurio, ciertamente, parecía dispuesto.
Él podía. Claro que podía.
Sin embargo, Yurio, pareció en desacuerdo con aquello. Le miró por un largo minuto, como si intentara leer su expresión. Después, llevó sus manos hasta la parte baja de su espalda, pegando su cuerpo al suyo.
Yuuri podía sentir la dureza de los músculos de Yuri contra los suyos, especialmente en la parte inferior de su anatomía. Pero, para su sorpresa, no hizo nada más.
Deteniéndose en una posición un poco incómoda pero suficientemente buena como para que Yuuri pudiera restregar su nariz contra él.
Yuuri sintió que podría llorar allí mismo.
Tomó aire, tratando de absorber toda la esencia de Yuri que pudiera.
Para luego dejarse abandonar al sueño.
Yuuri, ahora despierto y con la mente ya algo más limpia, podía recordar perfectamente todo aquello.
Y, aún ahora, con Yurio tan cerca de sí y aún dentro de su abrazo, quiso poner todo aquello lejos de su mente por un momento.
La tranquilidad estaba haciendo maravillas por sus nervios.
No quería destrozar su fragilidad mental pensando en todas las implicaciones de lo que había estado a punto de hacer.
No, definitivamente no quería.
No aún.
Si era posible, nunca.
❆ ❆ ❆
Era una de las pocas tardes que Victor, de hecho, podía pasar en el apartamento.
Yakov le había pedido que se tomara el día libre, en general.
Su entrenador le conocía mejor que nadie en el rink-descontando a Yuuri, probablemente-y sabía cuándo era que su comportamiento ya dejaba su dramatismo natural y comenzaba a tonarse en algo a lo que realmente había que mirar con cuidado.
No era que Victor estuviera descuidando su entrenamiento, para nada.
Pero el correr de las semanas y con el incidente de los medios, los ánimos en su hogar no había estado tan bien como Victor quisiera.
Yakov lo entendía, y por eso le había permitido pasar más tiempo con su esposo.
Ni Yuuri, ni nadie realmente, sabía quién había tomado esas fotos. Se preguntó si sería uno de esos paparazi obsesivos que patrullaban las cercanías de su casa, esperando captar de alguna manera que alguien saliera e hiciera algo digno de fotografiarse.
Victor no tenía particular desagrado por los paparazi.
Al menos hasta ese momento.
Yuuri había decidido mantener la noticia de su embarazo como un parcial secreto. Además de a los familiares inmediatos de Yuuri y a sus compañeros de rink, no le habían dicho a nadie aún.
Ni siquiera a Phichit.
Victor había cuestionado a Yuuri sobre ese hecho una vez. Él, con una expresión algo avergonzada y parte insegura, le había dicho que no quería dar la noticia mientras estuviera así de delicado.
Una vez estuviera más estable podría decírselo, y así evitar la parte donde su mejor amigo se preocupaba por él y saltar únicamente a la de Phichit emocionándose exageradamente por todo lo que pasaba en la vida de Yuuri.
Yuuri de hecho, había hecho muchos planes para una vez estuviera más estable.
Había hablado con él para que su madre viajara unas semanas desde Hasetsu, Victor había estado más que emocionado aunque Yuuri había confesado que parte de él aún se sentía culpable por alejarla del trabajo.
También había pensado que un buen momento para hacer un anuncio 'oficial' del embarazo, sería después de la segunda clasificatoria de Victor. Pues Yuuri no se vería capaz de participar en la propia.
La salida de esas fotos había mandado todos sus pequeños planes a la basura.
Victor no tenía problemas con compartir retazos de su vida con el mundo. No realmente. Incluso sobre su bebé aún no nato. Sólo se había mantenido silente por las peticiones de Yuuri, y porque el último susto que el pequeño les había dado había puesto a ambos en un estado de estrés que les había tomado un par de semanas quitarse.
Pero Yuuri era una historia completamente diferente.
No era un problema con los patrocinadores, o con alguna regulación. Tanto Victor como Yuuri ya habían hablado con ellos y habían presentado sus razones por la repentina ausencia a la ISU.
No, el problema no residía en ninguno de esos aspectos.
Yuuri, siempre había sido alguien muy receloso con sus sentimientos. A pesar de ser una de las personas más emotivas que Victor hubiera conocido en algún momento, no era alguien que realmente dejara que sus sentires se reflejaran o que expresara lo que quería. Al menos no fuera del pequeño círculo que había construido ahora gracias a su nueva vida en Rusia.
Yuuri era honesto con Victor, y era abierto con sus amigos. Tan sólo el año pasado esa palabra había parecido lograr extenderse mucho más allá de simplemente Phichit.
Pero cuando se trataba de que el mundo le viera, Yuuri era muy poco constante con su actuar. Oscilando entre la seguridad que veía en la pista y la timidez que había tenido cuando apenas le había conocido.
Lo más probable, era que el hecho de aún estar nervioso por todo lo que pasaba, hubiera influenciado en la respuesta tan negativa que había tenido Yuuri ante el problema.
Sus planes no habían cambiado, no completamente.
Yuuri había recibido una llamada desesperada de Phichit no muchas horas después de que todas las páginas de chismes sobre deporte se hubieran llenado de las fotos, lo que había llevado a una larguísima charla y a la mayor cantidad de suspiros que Victor hubiera escuchado provenir de Yuuri en un buen tiempo.
Chris le había escrito a él, también. Aunque en su caso era uno de los tantos enlaces a la noticia seguido de una pregunta escueta. Un pequeño retorcijón de estómago se había hecho presente antes de que Victor escribiera la más larga respuesta de su vida. Él no había querido que su mejor amigo se enterara de esa manera.
El anuncio 'oficial' del embarazo se realizaría después de la competencia clasificatoria, siento el campeonato Rostelecom el último en celebrarse en esta ocasión. Victor podría hacer un anuncio en ese momento –pues era claro qué clase de preguntas le lanzarían los reporteros tan pronto tuvieran la oportunidad de acorralarlo.
Y, Victor aprovecharía la oportunidad para poder aclarar cualquier clase de duda y eliminar todos esos extraños y malintencionados rumores que parecían flotar las redes. A veces Victor odiaba un poco ser tan adicto a las redes sociales. Había demasiadas cosas allí que no quería leer.
El sonido de la cuchara chocar con el plato le regresó a la realidad. Realidad donde él y Yuuri compartían el almuerzo, siendo acompañados por la radio que Victor normalmente nunca usaba.
Yuuri había estado particularmente sombrío después de todo el escándalo.
Era doloroso, no poder evitar que esa expresión deformara el normalmente alegre rostro de su esposo.
—Yuuri—murmuró Victor, dejando de lado su propio plato y cubiertos.
Yuuri elevó la mirada, al tiempo que el locutor de la radio comenzaba a hablar rápidamente.
Victor agradecía que Yuuri no fuera fluente en ruso aún, podía entender algunas palabras y leer otro poco si se tomaba el tiempo necesario. Pero entender una conversación o a alguien hablando, no.
Se puso de pie y avanzó hasta estar delante de él, estirando una mano invitante. Yuuri parpadeó confuso.
—Toma mi mano, Yuuri—pidió.
Yuuri, quien seguía luciendo confuso, dejó de lado lo que tenía en la mano y le hizo caso. Victor, con cuidado, le ayudó a ponerse de pie. Entrelazando los dedos de la mano que había tomado y dejando que su mano libre descansara en la cintura ajena.
— ¿Victor?
Preguntó Yuuri.
—Shhh—susurró, pegando sus labios al oído de Yuuri, dejando que sus cuerpos se unieran y dando un paso hacia atrás, llevándose a Yuuri con él.
Se movía de un lado a otro, lentamente. Era un pequeño vals
La voz del locutor de la radio se perdió, y, la música comenzó a sonar.
Así como estaban, con los cuerpos tan juntos, Victor no podía ver la expresión de Yuuri. Pero sí que pudo sentirle estremecerse.
Era el dueto que habían interpretado hacía dos años sonando de nuevo.
Yuuri, finalmente, se relajó ante su toque, dejando que su cabeza chocara contra su hombro, descansando. Victor sonrió ante el gesto, dejando un pequeño beso en la mejilla de su esposo.
Victor abrió los labios, cuando el coro de la canción sonaba.
—Quédate a mi lado, no te vayas. Que tengo miedo de perderte—Cantó a dueto, entonando lo mejor que podía, acariciando con devoción la cintura de Yuuri.
Giraron un poco más, dejándose absorber por el conjunto de notas, y como estas se unían formando su melodía
—Partamos juntos...
Dijo Victor, sabiendo las letras de memoria.
—Ahora estoy listo.
Respondió Yuuri
❆ ❆ ❆
Yakov sintió que su cabeza retumbaba a la par de una vena que de seguro ya tenía dilatada en la sien.
Quizá, si respiraba y se refugiaba en que Victor por primera vez estaba escuchando lo que decía en meses, podría intentar calmar la clara migraña que ya estaba viniendo a arruinarle la tarde completamente.
—Uhm, ¿Entrenador Yakov?
Uno de sus estudiantes más recientes, un beta que apenas se había unido a sus filas en esa temporada y estaba teniendo algunos problemas clavando sus cuadruples, se acercó con una expresión que no ocultaba ni un poco la clara preocupación que sentía.
Yakov le miró con una ceja alzada.
El beta hizo un sonido agudo en el fondo de su garganta, antes de aclararla y preguntar.
— ¿Se encuentra bien?
Yakov probablemente ya se estaba haciendo demasiado viejo si no podía controlar el aroma que su cuerpo producía. Ciertamente, cuando uno llegaba a cierta edad el nivel de sus hormonas iba en caída –algo mucho más obvio con los omegas que con los alfas, pero presente en ambas castas- y la clase de respuesta y los cambios en su esencia eran un tanto más difíciles de percibir.
Quizá el horrible ceño fruncido y el hecho de que prácticamente estaba gruñendo también tenían mucho que ver allí.
Los betas tenían la tendencia de querer buscar la armonía en sus manadas. Fueran las familiares o las de trabajo, era algo que simplemente estaba escrito en su adn; no por nada los llamaban mediadores.
Yakov recordaba que, cuando aún era un joven patinador y estaba pensando en dedicarse completamente al campo del entrenamiento, creía firmemente que una manada funcional debería tener al menos un miembro beta por un miembro que fuera cualquier otra cosa. Mirando a su actual equipo se preguntó cómo era que había terminado casi inmerso en un mar de alfas.
Necesitaba un descanso de tanto drama.
— ¿Entrenador....?
Preguntó el muchacho nuevamente. Yakov simplemente se llevó la mano al rostro y negó con la cabeza.
—Estoy bien, sigue practicando ese salto.
El muchacho le miró un momento, con una mirada muy reflexiva, antes de asentir y patinar lejos a una esquina de la pista.
Yakov ahogó un suspiro y revisó su celular nuevamente.
Yura no había respondido ninguno de sus mensajes, y; si es que sus cálculos no le fallaban; la anterior había sido la llamada número 45 que no le contestaba.
Yuratcha había pedido permiso –en realidad sólo había anunciado que viajaría- antes de comenzar su entrenamiento riguroso para la nueva temporada. Yakov no entendía cuál era la necesidad, o si quiera a dónde demonios pensaba ir. Aunque, siendo sincero, parte de su instinto y uniendo un par de cosas que ya sospechaba; él creía tener una muy buena idea de cuál había sido el destino de Yura.
Oh, cómo deseaba que volviera a ser el chiquillo insoportable de quince años que no aguantaba tomarse una estúpida foto con la primera cosa que viera y dejar que todo el mundo supiera dónde estaba gracias a las maravillas del internet. Sólo para comprobarlo.
Yakov extrañaba al quinceañero Yuri.
El Yuri que aún necesitaba su ayuda para hacer el check-in en el hotel porque era demasiado vago para hacerlo él mismo, el Yuri que cuando estaba demasiado enfadado con el mundo se encerraba en el cuarto del apartamento que compartían ellos junto a Lilia y no dejaba que nadie se acercara, pero luego de un rato aceptaba el chocolate caliente que Yakov le dejaba en la puerta.
Yakov nunca había tenido hijos. Pero, después de Victor, Yuri probablemente había sido lo más cercano que pudiera tener a uno, también.
Y no hay cosas que odie un padre más que ver a sus hijos lastimarse. Mucho más si era entre ellos.
Yakov llevó sus ojos hacia Victor, que si bien había estado repasando religiosamente los primeros intentos de una rutina, parecía tener la mirada ligeramente dirigida hacia la puerta del rink, como si esperara que alguien entrara en cualquier momento.
Yakov apretó los dientes, y volvió a marcar el número.
❆ ❆ ❆
La competencia de Victor era en menos de dos días. Y, aunque Yuuri hubiera querido que él se fuera antes para poder descansar, Victor se había negado tajantemente.
Yuuri incluso había esperado que Yakov dijera algo, pero al parecer el viejo alfa entendía más de lo qdue quisiera la reticencia de Victor a dejar su lado. Mucho más en un momento como ese.
No ayudaba para nada que Yuuri sintiera que su cuerpo estaba... 'mal' desde hacía unos días. No había manera correcta de ponerlo, no era como si hubiera algo particularmente que lo estuviera molestando. Era sólo un constante sentimiento de agobio y desasosiego que le invadía, empezaba desde la base de su estómago y se expandía por todo su cuerpo.
Yuuri trataba de alejar el sentimiento acariciando su vientre, y repitiendo los ejercicios de respiración que Lilia le había enseñado.
O, recordando la última visita que había tenido al doctor, donde amablemente el galeno les había informado del posible sexo de su bebé.
Un varón.
Yuuri y Victor se habían sentido sobre la luna ese día.
Aunque el deseo de Victor de pasar larguísimas horas sobre la cama, discutiendo del posible nombre de su pequeño, y repitiendo el elegido mil veces hasta que se sintiera tan natural como respirar al salir de su labios; había tenido que posponerse.
Pues Victor tenía entrenamiento y Yuuri no se sentía realmente con ganas de algo más que recostarse y abandonarse al sueño por lo que quedara del día.
Su cachorro no tenía nombre aún, pero Yuuri encontraba tranquilidad sabiendo que al menos ahora podían pensarle uno con más seriedad.
Victor había llegado a Moscú y ya había presentado su programa corto, quedando bastantes puntos adelante del resto de patinadores, claramente en el primer lugar.
Pero, aunque Yuuri debería estar sintiéndose contento y celebrando por su marido, no podía evitar que el malestar que le venía acompañando desde hacía unos días lo distrajera.
Suspiró, esperando que una vez Victor regresara, la ansiedad que parecía no querer dejarlo, finalmente desapareciera.
El día del programa libre de la copa Rostelecom. Yuuri despertó como cualquier otra mañana.
Con las lamidas delicadas de makacchin en su rostro, y con el peso extra en su estómago.
El día del programa libre de la copa Rostlecom. Yuuri despertó, un poco diferente a como solía hacerlo.
El sentimiento de disconfort y el creciente estrés parecían incapaz de abandonarle ese día. No hizo otra cosa que acrecentarse mientras esperaba que fuera hora para poder ver la presentación de Victor. El reloj no había llegado a marcar el medio día, cuando ocurrió.
La molestia y el malestar que lo había estado acompañando, estalló como un profundo cólico en la parte más alta de su vientre. Tan fuerte que lo obligó a doblarse sobre si mismo, ahogando un gemido.
Makkachin a su lado comenzó a ladrar desesperado.
Yuuri intentó calmarle, pues su desesperación sólo hacía que la propia creciera. Y sus feromonas de pánico sólo lograban hacer que el pobre animal aullara con más fuerza. En un círculo viciosos de horror.
Una nueva contracción le golpeó, haciéndole gritar esta vez, y obligándole a apoyar su cuerpo enteramente contra el suelo.
Probablemente hubiera lanzado un par de gritos desaforados, no estaba seguro. El dolor no le había dejado pensar bien. Ni el dolor, ni los aullidos de desesperación de Makkachin.
Yuuri no estaba seguro de cómo era que habían entrado a su apartamento, o quién era el que había llamado a los paramédicos.
Ya que en ese momento, además del dolor, sólo podía concentrarse en la humedad que rodeaba sus piernas, y en el horrible olor a sangre que llenaba el lugar.
Lo último que Yuuri recordaba, era el techo de la ambulancia.
Oscuridad.
Y, luego, la luz del día.
En una habitación de hospital demasiado amplia, con un doctor sin expresión que estaba junto a él, listo para darle la peor noticia que habría podido esperar.
Mucho después, Yuuri se enteraría que Victor había ganado la competencia.
Victor había ganado, pero ellos habían perdido.
❆ ❆ ❆
Otabek detuvo sus pasos a un par de metros del rink.
Almaty era preciosa en las mañanas, con el cielo límpido y solo un par de sonidos de aves de fondo. Estaba feliz de poder haber regresado a su ciudad natal para entrenar, después de tantísimos años lejos de casa.
Inspiró todo lo que pudo, dejando que el aire de la mañana llenara sus pulmones, como si estuviera tomando valor para hacer lo que seguía. Sacó su teléfono sin mucha ceremonia, y revisó los mensajes nuevamente.
Nada.
Frunció el ceño un poco, guardó el aparato, y se forzó a seguir su camino pues quería empezar temprano con los estiramientos.
Cuando entró saludó a los miembros del staff, quienes hicieron un pequeño movimiento de cabeza, reconociéndole.
Otabek, a pesar de la creciente popularidad que había ganado en su país, parecía seguir intimidando aún a algunas personas. Quizá era su expresión sumada al hecho de que era un alfa. O al estilo que solía usar fuera del rink junto con el grupo de amigos que aún había conservado desde sus años de escuela.
Una pseudo pandilla de alfas que visten de cuero no era lo que uno exactamente tendría en mente como un grupo agradable de amigos.
Pero así como había muchas capas que cubrían el patinaje de Otabek, también había muchas que lo cubrían como persona.
Su deseos siempre vibrante de probarse a sí mismo como atleta a pesar de su clara falta de ciertos talentos físicos, la dicotomía en su personalidad y estilo de vida, entre la calle y la casi a veces violenta conducta de sus viejos amigos de infancia, a la elegancia y porte que él tenía cuando hacía lo que más le gustaba en el mundo.
Desde su casi inhabilidad para conectar con la gente de vuelta aunque ellos quisieran entablar amistad, hasta su casi infantil anhelo para siempre guardado de poder llamar a Yuri Plisetski su amigo.
Yuri Plisetski. El hombre que tenía inolvidables ojos de soldado, el hombre que durante mucho tiempo fue la inspiración de Otabek para no rendirse, el hombre que ahora podía ver como igual y llamar orgullosamente amigo. Yuri Plisetski, el hombre del cual ahora estaba enamorado.
Otabek no había conocido el amor antes, no de esa manera. Y, había sido difícil reconocerlo.
Pero, para su sorpresa, no había sido muy difícil aceptarlo.
Aun siendo ambos alfas, aún con la distancia que normalmente los separaba y aún con la clara sabiduría de que; Yura, estaba enamorado de alguien más.
Otabek tenía muchas capas sobre su persona. Desde su silente cariño por Kazajistán, su creciente amor por Yuri, hasta la muda aceptación de un imposible.
Respiró nuevamente, dejando que el ambiente frío de rink le llenara.
Revisó su teléfono, que seguía tan vacío como hacía un rato.
❆ ❆ ❆
Cuando Viktor regresó a su habitación, después de su presentación y listo para llamar a Yuuri antes de alistarse para el subsecuente banquete; encontró que tenía un mensaje de voz en el teléfono.
Parpadeó, no creyendo que Yuuri le pudiera haber llamado; pues él había sido especialmente estricto con eso de dejar las llamadas para una vez terminados los programas.
Estaba a punto de escucharlo, cuando la voz de Yakov le detuvo.
—No escuches eso, Vitya.
La manera extraña en que pronunció la frase, y la extraña inflexión que usó para su nombre fue suficiente como para que la mano de Victor se detuviera.
— ¿Yakov?—preguntó, elevando una ceja.
Yakov se aclaró la garganta. Y de pronto el sentimiento en general del lugar parecía 'erroneo'
Victor fue capaz de distinguir a Georgi atrás de Yakov, quien también participaba con él en la competencia. Su semblante era terrible, su piel completamente pálida, y una mirada de horror tan sutil que casi parecía alienígena en el joven alfa.
—Es algo que no deberías escuchar por un mensaje de voz.
Aclaró Yakov. Y, aunque Victor no supiera de qué hablaban, creía que ya podía oler la desesperación en sí mismo.
—Victor...
Inició Georgi, pero luego se quedó callado.
Oh no.
—Lo siento, Vitya...
Oh no.
❆ ❆ ❆
Yuri había despertado hacía un par de horas ya, pero la posición en la que se encontraba era demasiado cómoda. Realmente no tenía prisa o deseo alguno por moverse.
Estaba casi completamente seguro de que su celular, para ese momento, debería estar estallando con llamadas perdidas y mensajes enfadados de Yakov. No sería sorpresa. Después de todo, él simplemente se había ido sin dar unas muy necesarias explicaciones.
Pero, era algo necesario. Yuri necesitaba asegurarse que el estúpido de Yuuri no se estuviera viniendo abajo.
Pero todo parecía haber tomado el peor giro de todos, y ahora; el mundo riéndose de él, le mostraba que quizá no sólo era que él había hecho que la pequeña estabilidad de Yuuri se fuera abajo, si no que se había llevado la propia al suelo en el proceso.
Cuando su estómago comenzó a molestarlo, indicándole que ya debería tomar un muy tardío desayuno, Yuri supo que tenía que irse.
Su vuelo estaba programado para esa tarde. Y, el viaje en tren era largo, además de que tenía que empacar lo poco que aún tenía fuera de su maleta.
Cuando por fin juntó la fuerza de voluntad suficiente para separar su cuerpo del de Yuuri, ninguno de los dos podía verse directamente a los ojos. El ambiente se había tornado un poco incómodo, y Yuri habría dado todo porque no fuera así.
Cuando salieron de su habitación, Yuuri se ofreció a ayudarle a empacar. Pero Yuri simplemente le miró con una expresión algo críptica, no creía que fuera bueno que pasaran más tiempo juntos, de momento.
Quería calmar su pecho.
Y, Yuuri necesitaba asearse.
—Gracias, pero no.
Yuuri se sonrojó un poco, quizá entendiendo todas las implicancias que había tenido su respuesta aunque fuera sumamente escueta.
Mari le dedicó una mirada cuando le vio entrar a su habitación, ella parecía estar llevando un cesto de ropa hacia la lavandería, pero no le dijo nada. Yuri agradeció el gesto con un mutis total. No quería explicarse, y no creía que pudiera tampoco.
Guardó sus cosas con calma, y cuando terminó. Miró el teléfono un momento. Lo había dejado olvidado desde que hubiera llegado, aunque lo cargara religiosamente.
Cuando veía llamadas entrantes, o mensajes, fingía que no estaban allí. Ahora un par de números bastante altos ya decoraban ambos íconos.
Lidiaría con eso una vez estuviera de vuelta en casa.
Cuando salió, se encontró con Yuuri esperándole cerca de su puerta.
Ese sin duda debía ser el periodo más corto que alguien había tomado para arreglarse y asearse. Yuri trató de recordar esas tontas bromas sobre los omegas tardando una eternidad en ponerse 'presentables' en el tocador para alejar el pequeño punzón de descontento que le había atacado al darse cuenta que su esencia ya era casi imperceptible sobre Yuuri.
Era una cosa tonta sobre la cual enojarse.
—Déjame acompañarte a la estación.
Era una petición. Y Yuri tranquilamente pudo negarla, así tendría más tiempo para sí mismo y ordenar sus ideas. Para decidir qué se supone que haría con todo lo que había pasado. Pero, de alguna manera, no se vio con el poder de hacerlo.
Saliendo de la boca de Yuuri, esa oración sonaba más como una afirmación.
—Está bien.
Dijo, antes de comenzar a andar con el poco equipaje que había traído. La vieja maleta de animal print y ruedas.
Yuuri no comentó en el hecho de que ninguno había desayunado, o que probablemente debería despedirse de su familia. Yuri no creía que fuera capaz de hacer eso tampoco.
El camino desde Yuutopia hasta la estación transcurrió en un silencio que no terminaba de calificar como agradable o como pesado. Estaba en un limbo muy incómodo que no le dejaba a Yuri en claro, tampoco, dónde se encontraba con Yuuri.
Aún si el pequeño sentimiento de desazón seguía presente en su estómago, diciéndole que lo que había hecho no estaba bien. Yuri no podía evitar sentir como si un gigantesco peso se le hubiera quitado de encima.
Sus sentimientos estaban, finalmente sobre la mesa.
Pero Yuuri probablemente no lo sabía, o no lo entendería. Ese tazón de cerdo era así de denso.
Cuando ya se encontraban en la entrada de la estación. Yuuri se detuvo.
—Lo siento...
Musitó, como si la seguridad de momentos atrás hubiera desaparecido repentinamente.
Yuri no sabía a qué sentimiento rendirse. Al incomprensible enfado ante la disculpa, o al deseo insipiente de decir que debía ser él quien se disculpara.
—Está bien.
Terminó decidiendo por ninguno.
Con un vació extraño en el pecho, pero decisión en la mente.
—Yo realmente...—empezó, sintiendo que un nudo se formaba en su garganta. Durante ese viaje había sido honesto con muchísimas cosas, pero- de alguna manera, Yuri siempre encontraba que era más fácil ser honesto con las acciones que con las palabras—Yo sólo no quería que te retiraras.
Pues, actuando dejaba que su cuerpo hablara por él.
Hablando, realmente, sentía que dejaba desnuda su alma.
Era una clase de vulnerabilidad que nunca había sido muy bueno aceptando.
—Eres demasiado.... Como para que tu carrera termine así.
La honestidad, dolía.
Y no solo para el que escuchaba las verdades.
Yuuri soltó una pequeña risa amarga, y Yuri maldijo al jabón estéril que de seguro había usado para ocultar su esencia, pues no podía adivinar cómo es que Yuuri se estaba sintiendo en ese momento.
—Perdón por decepcionarte, Yura...
Yuri giró un poco su vista, mirando a Yuuri nuevamente.
—Tú nunca me decepcionas, Yuuri.
Murmuró finalmente, con una voz que ni él mismo creía ser capaz de poseer.
Y, probablemente fuera el ambiente. O la manera en la que los ojos de Yuuri brillaron por esa simple frase.
O, quizá todo lo que pasaba en su vida en ese momento, lo que lo impulsó a robarle un nuevo beso al omega.
Y, también, lo que evitó que notara el repentino sonido de una cámara sonando no muy lejos de allí.
❆ ❆ ❆
❆ Notas finales: Esto parece un pequeño desastre, lo sé.
Y, en cierto sentido, lo es. ¡Pero la historia avanza! Muchísimas gracias a la gente que ha leído y dejado comentarios, los adoro a todos por aguantar ese pequeño desastre que oso llamar historia.
Nota aparte: me doy cuenta que comento demasiados dedazos, intenté revisar con más cuidado esta vez pero estoy segura que se me fueron al menos uno... o dos, o mil.
Ya mejor me voy. ¡Gracias!
❆ Nota extra: ¿Saben que estuve a punto de ponerle paparazzi a esto? Como la canción de lady gaga. El horror.
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