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—¡Regresaste, regresaste, por fin regresaste! —gritó con euforia Moira Proust y echándose a correr como venada en estampida, sin meditar en si se lastimaba o no; arremetió contra la puerta entre abierta de la 2-4.
A falta de un vocabulario que expresara cuánta falta le hacía Nina Cassiani; se valió de la fuerza para manifestar lo que se había guardado. El constatar que ella estaba ahí, lo merecía todo, desde los magullones que sufrió hasta pasar llevándose de encuentro a quienes se cruzaran por su camino.
—¡Volviste, si volviste! —continuó hablando y avanzando por el salón de clases con las pestañas enjugadas de regocijo, pero con gotas de incredulidad aflorando por cada paso que daba.
Ansiaba poder abrazar esa figura que hasta en ausencia del sol resplandecía, le urgía conseguir que lo que sus ojos veían, lo sintiera cada célula de su ser. Necesitaba percibir ese pedacito de la realidad para creer que nada había cambiado y que todo seguiría igual como en aquel último día de julio cuando Nina no se había enfermado.
Estando a centímetros de su objetivo, demostrando ya no solo con sus cuerdas vocales todas las emociones que tenía atoradas, sin dudar se abalanzó sobre la pelirroja quien, aunque intuía la reacción de su mejor amiga, no estaba lista para ese impulso sin control con el que le dijeron "bienvenida".
—¡Te dije que ... me las arreglaría para volver ... y aquí estoy! —dijo Nina como pudo.
Su cuerpo no resistiría del todo el impacto y menos por la forma en que Moira la tenía envuelta con las piernas y los brazos.
—¡Me estás dejando sin ... sin aire ... me .. me ahogo, Nan ...! —se quejó Nina. Gracias a la escasa estatura de su amiga y por la posición en que terminaron, tenía la cara hundida entre los frondosos senos de Moira y como ésta no pretendía soltarla, logró que a la pelirroja le flaquearan las piernas y ella, previendo que las dos iban directo al suelo, comenzó a buscar el pilar que sabía que estaba cerca y recostada contra ese pedazo de concreto, se deslizó para llegar al piso con la chica todavía enroscada a su cintura.
La escena además de estar cargada de aprecio en abundancia, según Iris Betancourt que amaba el mundo de los animales, también se prestaba para un corto del canal de naturaleza salvaje: Moira se había retorcido tanto a Nina que asemejaba una boa constrictor en proceso de someter a una presa de mayor tamaño para engullirla como cena.
—¡Es que todavía no puedo creer que estás aquí, tengo que estar más que segura que esto no es una alucinación de mis sube y bajas de azúcar! —decía Moira mientras se apercollaba más y más contra Nina.
—Hueles ... hueles distinto, mmm pero sigues oliendo rico —añadió olfateándola, provocándole muchas cosquillas porque recorría su cuello con la nariz —¿Qué te pusiste? No me parece que lo que usas, sea algo de lo que yo te he dado.
—¡Pues te juro por el hematoma que me acabas de patrocinar que soy de verdad! —certificó risueña Nina —¡Yo también te extrañé y mucho, pero ya para de olerme que tienes la nariz fría y me das cositas. Huelo a ... ay Moira, por Dios. Se te ha subido la falda y estás enseñándole los calzones a todos! —y enseguida ella le acomodó la ropa así como lo haría una madre para conservar el recato de su hija.
Una acción que formaba parte de los cuidados esenciales que la pelirroja le daba a su amiga. Así la había protegido de ella misma y de los demás.
—¡No, no quiero, no quiero separarme de vos, no otra vez, no! —se negó Moira moviendo la cabeza frenéticamente, declinando la petición —Todo es mejor si estás junto a mi.
—¡Anda Nana, ponte de pie que pesas bastante y no puedo levantarnos a las dos!
Y de escuchar que la voz de Nina la llamaba "Nana", el diminutivo de su alias, Moira se puso tan feliz que llenó de besos el rostro de la pecosa.
—¡Uno aquí hambriento de amor y ustedes que no comparten! —dijo a modo de lamento Javier Bloise.
Como siempre, él se había colado en el aula vecina desde que inició la reunión en la Sala de Juntas y fue quien le avisó a Moira que el otro integrante del trío de compinches, estaba de vuelta en clases. Algo que tomó a todos por desprevenido sin descartar al vocero de la noticia.
Bloise se acordaba demasiado bien de cómo había visto ayer a Nina por Darío y se preguntaba si ella era de ésta galaxia para atreverse a dar la lucha o si en el fondo, su inocencia la volvía muy tonta como para exponerse a tanto. Con esa intriga entre ceja y ceja, determinó que no la dejaría sola y se aseguraría de echarle la mano las veces que fueran necesarias para que no cavara su propia tumba en los días que restaban en el Colegio.
Y estaba claro que Nina Cassiani si necesitaba un buen respaldo y Javier Bloise era más que ideal, porque a ella de solo ver la sombra de Darío Elba asomarse por debajo de la puerta, el corazón le latió con tanta fuerza que las palpitaciones eran visibles hasta por encima del chaleco del uniforme.
Cosa que su amigo notó con gran preocupación y que intentó refrenar poniéndole las manos sobre los hombros y aún así, sintiendo a Bloise apaciguándola, Nina tenía hecho añicos el pulso a pesar de que con el desayuno, se tomó sus betabloqueadores para ayudarse a mantener estabilidad en su organismo y quizás si Moira no la hubiera atropellado con su cuerpo, ella se habría desarmado por completo de los nervios.
Se había perdido en la mirada con la que Darío le habló sin palabras y ni porque el encuentro de sus iris duró sólo segundos, no pudo evitar el atascarse en la sonrisa de sorpresa que él le obsequió con sus labios.
Nina no tenía ni un indicio de cómo comportarse con Darío en público y por más terapia que se dio durante todo el trayecto de la ruta del autobús, solo sabía que tenía que darle guerra a sus sentimientos y domarlos como fuera para no ser un imán de problemas para ellos.
El arriesgarse a volver a poner un pie en el Colegio, era su prueba de fuego. Allí pretendía solidificar al ser en formación que había en ella y además de tener sus propias ambiciones, la primordial radicaba dar la cara por sus sentimientos hacia él. Jamás dejaría o permitiría que por un simple descuido por su torpeza de no saber controlarse, juzgaran a Darío Elba.
Estando en el piso, Nina sonreía para sí misma. Acababa de dar un paso más en su ardua faena y se agradecía a ella y también a sus amigos por siempre estar aún sin saberlo a totalidad como lo hacían en esos preciosos instantes.
—¡Sáquese, que Nina es solo mía! —ahuyentó a modo de broma Moira a Bloise y luego de que éste último pusiera una verdadera cara de siete veinte, Moira lo jaloneó del pantalón del uniforme para hacer que se sentara a la par de ellas.
—Mentira, si te comparto a Fahrenheit, pero solo porque también eres mío —proclamó ahora agarrando al chico, expresándole su cariño de la misma forma en que lo hacía con Nina.
Nunca había visto ni vería a Bloise de otra forma que no fuera la de una amistad ferviente, eran amigos desde antes que Nina se hiciera parte del trío y Moira depositó su confianza en él como en ningún otro hombre y sabía lo mucho que éste le demostraba que la quería mediante la diversidad de mimos que le regalaba: desordenándole el cabello, gastándole bromas, reprendiéndola o acariciándole las mejillas con sus tersos y carnosos labios dulzones. Labios que ella protegía mediante bálsamos que le entregaba el primero de cada mes porque no imaginaba dicha boca, así como tampoco ninguna otra parte del cuerpo de Bloise, maltratada. Tanto que cuando él se lesionaba jugando tenis, a ella le dolía más que al propio afectado.
Por esa razón, apenas sentía tristeza en el chico, Moira se inventaba cómo hacer que volviera a reír y deseaba con hartas ganas, que descubrieran pronto una pomada que aliviara el corazón y así buscarla donde sea que la vendieran para ayudarle a sanar ese malestar de amor al que sin conocerle el rostro o el nombre, sabía que era lo que con frecuencia ponía gris a Bloise y eso discutían ella y él mientras estaban en el piso como pollitos acurrucados con Nina haciendo de réferi en la discusión.
Mucho y de todo había transcurrido de la última vez en que esos buenos amigos se juntaron en su ambiente y por eso continuaban en una esquina, expresándose más que cariño con apretujones, besos y también uno que otro empujón.
Darío Elba por su parte, rezagado de la actual situación del trío, luego de encontrarse con la mirada de Nina Cassiani, sufrió las consecuencias de estar al lado de Moira Proust en un momento equivocado. Cuando los dos quisieron cruzar por la puerta al mismo tiempo, se ganó un pisotón en el pie derecho gracias a su enérgica alumna y por si fuera poco, un puñetazo que recibió cerca del abdomen, casi termina siendo un golpe bajo ahí donde los hombres tienen su punto débil.
Fue ese porrazo el que le sirvió para aterrizar por breves momentos de lo que la pelirroja le hizo sentir con su sola presencia.
Caminando hasta su escritorio con la propiedad de siempre, Darío depositó el portafolio de cuero y su carpeta sobre la mesa para dirigirse con seguridad hasta donde estaba Nina y ofreciéndole la mano para ayudarla a ponerse de pie, le dijo:
—Me alegra mucho que esté con nosotros.
—¡Ay gracias, yo también estoy feliz de estar con ustedes, es más, no quiero regresar a mi salón! —le contestó la otra voz masculina que había en ese lugar y luego aceptó la mano para reincorporarse —¡Usted siempre tan caballero y buena gente!
—Tarado, no era con vos —dijo Moira muerta de risa, creyendo que las acciones de Bloise provenían de sus muy conocidos despistes.
—Créeme que sé muy bien que no era conmigo —repuso el adolescente con un murmullo que solo él fue capaz de escuchar.
Darío Elba no vaciló en tomar la mano de Javier Bloise y después de levantarlo, lo abrazó y dándole palmadas en las espalda, le dijo muy cerca del oído:
—Gracias.
Sabía que aunque pareciera algo muy insignificante, con lo que el chico de diecisiete acababa de hacer, le dio un empujón al sacudirle el pensamiento que tenía atolondrado por Nina. Las improvisaciones de Bloise, Darío siempre las apreció como verdaderas genialidades y tenía mucha fe en él y su futuro universitario y también profesional.
—Sabe que es bienvenido a estar aquí cuando quiera, pero no creo que Miss Aldana esté muy gustosa de eso.
Ni bien había terminado de hablar Darío cuando dicha Tutora interrumpió por el pasillo y antes de llegar a la puerta de metal, aulló:
—¡Fausto Javier Bloise Harquim, ¿quién le ha dado permiso de estar aquí?!
De escuchar esa voz desagradable que le pulsaba en los tímpanos, Bloise resopló resignado y cerró los ojos echando la cabeza para atrás.
El viernes pasado le había tocado limpiar todos las ventanas de la cuarta planta por no estar en su salón y ahora ya se imaginaba lavando los inodoros de los párvulos por desobedecer otra vez a la imposición de Miss Aldana. Ese era el castigo del que ya su Tutora le había advertido de volverlo a encontrar donde no debía de estar: entre las chicas de la 2-4.
—Mis disculpas por el atrevimiento de tomar prestado a su alumno —contestó Darío escudando con su palabra al joven en cuestión, abriendo la puerta con desgano.
No es que Darío alcahueteara a Bloise, pero la forma en que esa señora trataba a los quince integrantes de la 2-5, no era la adecuada. Los cambios de humor propios de sus cuatro décadas se los desquitaba con ellos y en exceso.
Llamarles la atención a gritos, no era pedagógico para educar y eso no solo lo sabía Darío, era de conocimiento de todo el profesorado y tutorado que Miss Aldana cada vez era más brusca con sus alumnos.
—Fui yo quien lo sacó de su aula y quisiera, ya que cuento con su amigable presencia, que me permita tenerlo con nosotros por unos momentos, quiero discutir con él sobre los preparativos del Festival de la Colecta.
—¿No debería de ser Mike Andrew el involucrado directo? —cuestionó Miss Aldana mirando de reojo a Darío Elba.
Que el tutor de la 2-4 fuera un espécimen de hombre guapo y hábil de palabra, no siempre causaba en ella ese calor en sus mejillas que él le provocaba sin afán a las demás mujeres que formaban parte del equipo docente del Colegio y todo se debía al vaivén de estrógenos que la tenían un segundo en el cielo y siglos en el mismísimo infierno.
Pero desestabilizada de hormonas o no, no negaría que siempre que Darío hablaba, ella quedaba hipnotizada por la forma en que se movía su boca y precisamente mirándolo y muy obnubilada, bajó un poco su amargura y se dedicó a escuchar.
—De hecho y si no mal recuerdo, Bloise es el Vicepresidente y dado a que perdí de vista a Andrew cerca del área de los baños, creo que él puede hacer uso del rol que le corresponde dentro de la directiva de su sección.
—Hnm bueno, está bien y ahí le mando a Andrew cuando regrese. Tal vez y así sirva de algo ese muchacho, ojalá y asuma aunque sea como despedida, su cargo de Presidente —dijo la señora y se fue a imponer orden con régimen de dictadura a los trece jóvenes restantes que tenía bajo su tutela.
Cerrando la puerta de nuevo, Darío volvió a caminar en dirección donde todavía estaba Nina en el piso y ésta vez, su piel si tuvo contacto con la de ella.
—Bienvenida, Nina Cassiani —dijo Darío Elba sosteniendo esa mano que sintió temblar y que con un leve apretón le cedió su paz para tranquilizarla.
Las intenciones de Darío no eran las de ver a Nina en vergüenza o humillada. La protegería no solo con el cuerpo si no hasta con el alma de quienes quisieran dejarla en desventaja y eso los incluía a ellos dos de los peligros que el amor sin frenos pudiera ocasionarles.
—Muchas gracias —contestó Nina lo más seca que pudo e intentó ponerse de pie con Moira siempre pegada a su cuerpo y al poco tiempo, ella accedió a usar sus propias piernas para sostenerse.
En lo que Moira se acomodaba el cabello y se ajustaba el uniforme, otra adolecente intervino, porque la frialdad de la pelirroja con su Tutor le pareció una falta grave de cortesía.
—¡Ay Nina pero que desconsiderada eres! —dijo Idelle Guerty que estaba cerca de ellos —"Muchas gracias" se queda corto para todo lo que el Profe ha hecho por vos durante estos meses, yendo y viniendo a buena madrugada de tu casa solo para cumplas con tus tareas. Él ha hecho mucho más que de buen samaritano así que vamos, nada de darle solo la manita, abrázalo, pobrecito.
—Si Nina, Santa Idelle tiene toda la razón —azuzó Gail Hooper la petición de su para nada querida compañera de clases —Dale su apapacho a Elbita que siempre reparte amor sin condiciones.
Darío Elba volvió a ver a la que vendría siendo su hermana menor por la relación familiar que ella tenía con Leandro Hooper y le dijo con un gesto:
—Petite Hooper, por favor, no me hagas esto.
Gail le contestó a Darío mediante su peculiar baile de cejas y después se retiró con su arenosa risa tras ella, haciendo que los nervios de Nina se alteraran. No estaba dentro de sus planes el causarle inconvenientes al mejor y único amigo de su hermano, lo apreciaba bastante aunque no se lo hubiera dicho nunca, pero tampoco podía tragarse su humor negro ante la situación que se suscitaba.
Dejaría de ser una Uberti si no aprovechaba cada que podía el poner en aprietos a cualquiera de sus conocidos.
—Hasta que por fin Hooper concuerda en algo conmigo —alabó Idelle y seguido tomó a Nina y la unió a Darío para que el abrazo que creía justo, se concretara —Ahora dile todo lo que sientes como gratitud.
—¡No se preocupe que Nina ya me ha dado las suficientes muestras de agradecimiento, tanto que una más podría caer en la falta de modestia! —se apresuró a decir Darío mientras veía las aguas diáfanas de verde esmeralda agitadas por la desesperación de su cercanía extrema.
—¡Abrazo de grupo! —exclamó Bloise que saltó de inmediato al rescate de la pareja de enamorados y luego de guiñarle el ojo con disimulo a Darío, ahora el achuchón era más que espontáneo y no había ni una pizca de nerviosismo en las miradas de ambos.
—¡Yo también quiero, ábranme campo! —pidió Moira y sin esperar a que le dieran espacio, se metió entre Nina y Darío quien prefirió dejar la concentración afectuosa porque de nuevo la situación era comprometedora al menos para él en su posición de Tutor.
Ver a esos tres abrazados y repartiéndose besos por todas partes, era de las cosas más cotidianas a las que sus ojos se acostumbraron desde los primeros meses en que comenzó su labor, tanto que no había lugar en el Colegio donde no se demostraran la amistad que se tenían y como Darío ya sabía que aquello iba para rato, decidió que era tiempo de hacer lo suyo y se puso a trabajar.
Estando relajado, Darío tomó los marcadores de la gaveta de su escritorio, se dio la vuelta para escribir y mientras la tinta se deslizaba por la superficie de la pizarra blanca él se sentía satisfecho con sus acciones.
Atrás de él estaba Nina, ocupando el lugar que le correspondía y siendo parte de lo que debía como era lo correcto y aunque aceptaba que lo acontecido no le fue fácil, se sentía pleno de haber cumplido no solo con la confianza que el Director Garita había depositado en él, sino con las expectativas que se planteó para sí mismo y para Nina. Que pudieran estar bajo las mismas paredes sin sucumbir a los embates del amor, era una victoria para los dos.
Esa sensación de plenitud en su interior se acompañaba del usual parloteo de las quince señoritas y un jovencito que, con espontaneidad, hablaban a espaldas de Darío y dicho barullo casi ininteligible, nunca pasaba desapercibido de sus oídos por más que estuviera ocupado en otras cosas; él siempre escuchaba las inquietudes que ellas dejaba salir con amenidad. Ya fueran quejas por dolor de vientre, coqueterías propias de sus edades, insultos soeces en contra de los chicos que a veces querían pasarse de listos cuando las cortejaban a todo eso y más, Darío se dedicaba a prestar la debida atención para después ayudarlas.
Y esa era la clave indescifrable a la que los demás tutores del Colegio no le atinaban: escuchar con paciencia y no desestimar ni el más mínimo suspiro o lágrima por más sin valor que llegara a parecer, era lo que Darío hacía en su día a día y con mucho empeño.
Así se las arregló desde que puso un pie en ese salón y así continuaba hoy con el aire enrarecido de melancolía por estar a la vuelta de la despedida definitiva para todas las Señoritas de la 2-4.
Hoy había dos temas en apogeo: uno era la recuperación de Nina y a la par, lo recién discutido en la Reunión sobre el Festival de La Colecta, algo que todas estaban deseosas de saber incluyendo a la pelirroja.
—Moira, ¿cómo quedamos para éste año? —exigió saber Melania Braun con su normal tono de enojo en la voz.
—Ah ... eh ... ya ahorita les decimos con el Profe —dijo la Presidenta haciéndose la desentendida.
No hallaba cómo decirles a sus compañeras qué actividad les había tocado realizar para lo del Festival en su último año de Bachillerato.
—Pero por qué no nos das un adelanto, ¿por qué tanto misterio? —insistió Retana.
—¡Cuál misterio, si sobre eso no hay ningún misterio! —contestó la agraviada antes de que la acorralaran y ya tenía, como siempre, la forma de salirse por la tangente —Aquí, el único misterio misterioso es qué tiene a Nina tan ... ¿brillante, fresquecita y no sé ... tan rosa?
—¡Uy mira que si es cierto! —comentó Marguerite Paguet quién gracias a la dedicación y arduo trabajo de Darío para fortalecerle el autoestima, ya se inmiscuía en las charlas de sus compañeras sin pena alguna y participaba en todas las clases —Cuéntanos, Fahrenheit. A lo mejor y nosotras también podemos hacerlo y así estar más guapas para el día de la graduación.
—¿Qué te hiciste, Nina, te pusiste algún tratamiento? —le preguntó Romee Grigorieva para quien todo se curaba mediante cosmética excesivamente costosa —¡Ya sé, te fuiste a un spa! ¡Ay con Hooper vamos a ir a uno súper exclusivo, es la inauguración y solo harán un preview para socios del Club!
—¿Cómo iba a ir a un spa, si Fahrenheit con costos y llegaba a la esquina del cuarto por ella sola? —contó Bloise para que Romee cayera en cuenta de la sandez que acababa de decir —¡Si la pobre ni bajar las gradas de la casa podía sin quedar tirada en la acera!
—Hnm ya veo —dijo Gail Hooper y una mueca burlona se le formó la comisura de la boca —¿Por eso tienes esa nueva cicatriz en la frente? ¿O es que sólo tenías ganas de sumarle más rayas al tigre haciéndole competencia a Harry Potter y ser una versión de "la niña que vivió"? —y con lo último consiguió que las chicas restantes, incluida Idelle, se carcajearan de la pelirroja.
Nina Cassiani le hizo un mohín de desagrado a Hooper y se limitó a ignorarla. Seguía cuestionándose en su mente el gran abismo de separación que había entre Gail y Leandro, era como si a la primera le dieron de mamar un tonel de vinagre y al otro cántaros de miel, solo Dios sabía cómo ellos eran hermanos.
—¡Shhh! —silenció Moira a todas —No, ya en serio, te ves ¿distinta?, bueno no sé cual es la palabra, pero si te ves como otra Nina ... ¿será qué ... ? ¡Oh por Dios!
Y Moira se tapó la boca por asombro y aflicción, según ella acababa de dar con la única razón lógica por la que Nina se veía tal cual.
—¡Tuviste sexo! —gritó sin pensarlo —¡Hiciste más que dormir–dormir con el Chico Pan!
A Darío Elba, que había puesto oído a toda la conversación, se le ablandó el brazo y el punto final de la frase que escribía terminó siendo una raya que cubría la mitad de la pizarra, se le cayó el marcador y después tomar aire para ir a recogerlo, vio que Nina Cassiani había enrojecido a más no dar.
—¡Enana, ¿qué no te he dicho que no puedes andar por ahí preguntándole a la gente así como así si tuvieron sexo?! —regañó Javier Bloise a Moira Proust. Él más de una vez había botado la gaseosa por la nariz por las preguntas tan íntimas que hacía en momentos que no eran para nada adecuados —¿A cuantas personas ves en la calle que después de decirse: "hola, que tal"; se preguntan: "y cuéntame, tuviste sexo anoche o esta mañana"?
—Vaya pues, esta bien, yo no más decía —se disculpó y dejó caer los brazos con la cara preocupada.
—Hay muchísimas formas de verse pleno, Moira —le aseguró Darío que se acercó a la rueda donde Nina era el centro de las miradas —Y no todas tienen que ver con un encuentro físico, pero hablaremos de eso luego si aún gustan, de momento usted y yo tenemos que comunicarle a sus compañeras lo que nos toca hacer para el Festival de la Colecta.
Como buenas estudiantes, todas las Señoritas de la 2-4 y Bloise, buscaron sus respectivos lugares y Nina, antes de sentarse se paró frente a todos y les dijo con un susurro de abuelita enojada:
—¡Y no, para que lo sepan: no he tenido relaciones sexuales con Rhú ni con nadie más. Eso quiere decir que mi condición sigue siendo la de siempre!
Esa confirmación causó risitas pícaras en sus compañeras y un gran suspiro de alivio a una de ellas. Mientras tanto, Bloise pensaba que llegado el momento en que Nina hiciera eso con Darío, la pelirroja terminaría desmayada como mínimo, porque si sólo con un beso casi pierde la cordura, definitivamente necesitaría un amparo Divino para no morir entre las sábanas en el primer intento.
—Ya Nina, tranquila. No tienes porqué remedar ni avergonzarte de tu virginidad, puedes gritarlo a los cuatro vientos para que todos sepan que tu himen se conserva casto para la gloria de Dios, además que yo también soy virgen, así que ¡somos dos! —le dio como apoyo Idelle Guerty quien había escogido que al salir del Colegio, iniciaría el noviciado y entregaría su castidad y vida a Cristo hasta su último día de existencia.
Nina ensanchó las fosas de su nariz poco antes de llevarse las manos a la cabeza y después las deslizó por todo su rostro, luego cerró los ojos y se echó a reír: disfrutó como nunca antes el sufrir sin dolor por una tontería y sintiéndose realmente feliz de ser adolescente, se sentó en su silla, la misma que tenía que compartir con su amigo Bloise porque él seguiría por largo rato en su salón de clases.
—Antes que nada, es mi deber y obligación decirles que no vamos a poder hacer de nuevo el "Café 15" —comenzó a decir Darío Elba en lo que se acomodaba su pantalón para sentarse encima del escritorio —Tuvimos más inconvenientes de los que esperábamos.
—El put* de Haza, de la 3-1, tiene la culpa de todo.
—Moira, mida las palabras por favor.
—Si Profe, lo siento, pero es que él se las buscó.
—Bueno, tiene razón. Dicho joven se empecinó en querer que este año hubiera dos cafeterías y como eso está prohibido y no íbamos a permitirle que nos plagiara, nos vimos envueltos en un callejón que se alargó tanto que parecía sin salida, hasta que lo dejamos a la suerte.
—Pero la suerte no estuvo de nuestro lado, o quizás sí —dijo Moira llevándose una mano a la quijada con pose de pensadora.
Nina Cassiani miraba fijamente a Darío Elba y a Moira Proust, uno tenía cara de estar usando muchas neuronas para resolver algo y la otra buscando en su imaginación cómo salía de ésta sin que la lincharan. La pelirroja observándolos, había ladeado la cabeza como cuando analizaba las circunstancias y a las personas a la vez. La intuición le hablaba y su presentimiento le advirtió lo que estaba por pasar.
—"Que no sea eso, por favor, que no nos toque hacer eso" —pensaba aturrando la cara con zozobra —"Cualquier cosa menos eso"
—¡No me digan que nos tocó hacer el saloncito! —dijo Romee Grigorieva alzando la voz muy entusiasmada. Ella y Gail Hooper no tendrían ni un solo pero si les tocaba recrear un salón de belleza refinado más por diversión que para recaudar fondos.
—Nop —contestó Moira y se mordió los labios.
—Sin darle más vueltas al asunto, lo que nos tocó hacer para este año es La Jaula —soltó Darío sin más.
Varias alumnas de la 2-4 chillaron de emoción al escuchar esa noticia, entre ellas estaban Marina y Meserli junto a Urania LaVahn y el cuchicheo que se desató fue similar al del mercado central un domingo después de la misa de las siete.
Nina por su parte le clavó la mirada a Moira que con rapidez se escondió tras la carpeta que estaba en el escritorio de su Tutor y luego, se detuvo en los ojos de gris azulado y le dijo sin tener que abrir la boca:
—"¿Por qué lo permitiste, Darío?, ¿estás seguro de que definitivamente no había más opciones?"
Era muy severa y crítica la manera en que Nina miró a Darío, pero era la forma en que le habría expresado su descontento sin importar lo enamorada que estaba de él.
La pelirroja tenía su carácter y cuando algo no le gustaba, lo decía haciendo buen uso de la perspicacia con la que había dotado a su lengua mediante sus tantas lecturas y claro que tenía pensado hacerlo con su voz cuando el desorden de sus demás compañeras la dejara hablar.
—"Lo siento, pero no toca de otra y no vamos a echarnos para atrás"
Dio como respuesta Darío también con el temple que lo caracterizaba. Él tampoco cedería ante un capricho y menos si éste venía de Nina, tendría que volcarse a todo para hacerla entrar en razón con los argumentos que validaran los motivos a pesar de que estos llegarán a contradecir a la de la espalda constelada si era necesario.
Nina Cassiani y Darío Elba, en cuestiones de principios, ética y en materia de defender sus ideas, fueron cortados con la misma tijera: los dos peleaban de manera férrea, pero como seres civilizados.
En lo que Nina levantaba la mano para comenzar a debatir, alguien llamó a la puerta metálica y Darío le pidió a las chicas que por favor, se comportaran porque había mucho desorden y ruido exagerado.
—¿Me mandó a llamar? —dijo Mike Andrew que era quien se anunciaba para que lo dejaran entrar.
—Si, pase que estamos empezando —contestó Darío.
El adolescente cruzó por el aula y luego de encontrar con la vista a su amigo Bloise se dirigió donde él estaba, pero como ya no quedaba espacio en la silla de Nina que había comenzado a hacer sonidos extraños por la suma del peso de ella más el de Bloise, Andrew decidió sentarse sobre la mesa.
—Andrew, ¿te hiciste pis? —preguntó Nina con el mínimo de su voz, pues cuando su otro amigo se sentó casi encima de ella, él despidió un leve olor a orina con algo similar al aroma del desinfectante. No era escandaloso, pero Nina lo percibió gracias a su nariz de sabueso.
—¡Ay Fahrenheit, por fa, no me delates! —rogó Andrew hablando también lo más bajo que podía —¡Tenía ratos de estarme aguantando en la Reunión que se volvió eterna y cuando por fin pude ir ... había retenido tanto que no logré atinarle al mingitorio ... y me salió disparado por todos lados ... no pude controlarlo y terminé mojándome la parte del cierre. Después intenté limpiarlo con un poco de agua y aroma para el piso y lo sequé como pude pero veo que no funcionó del todo. Por favor, no digas nada!
Nina Cassiani no iba a decir nada aunque no se lo pidiesen, ¿quién, durante toda su vida, no ha tenido ese tipo de accidentes?, pensaba y por eso le regaló una sonrisa de comprensión a Andrew con la que asintió guardar el secreto.
—Eres un angelito con pecas, gracias por el favor, pero te agradezco más por regresar al Colegio, te extrañamos demasiado, Fahrenheit. Esta mierd* es más que desabrida sin tu melena roja y tu carisma.
—Luego te ayudo con eso —le dijo Bloise a Andrew al darse cuenta de lo sucedido, no iba a dejarlo desamparado y a merced de la crítica de los demás alumnos de la 2-5.
Este chico Mike Andrew, Javier Bloise y Marcelo Adler eran amigos desde el jardín de infantes y los tres siempre estaban juntos en todo.
Una verdadera bendición y maldición para Bloise desde que le afloraron sentimientos por Adler.
—En fin, ya con Andrew como representante de los chicos de al lado, continuemos —solicitó Darío y Nina se apresuró a levantar la mano para que le permitieran hablar.
—Antes de que usted exprese el porqué de su negativa a realizar La Jaula como evento benéfico —dijo Darío sin apartar la vista de Nina ya que le hablaba a ella en específico —Debe saber de antemano que su justificación es totalmente válida y de peso para mí como persona, esas razones que respaldan su desagrado cuentan con mi apoyo y por eso le pido de manera muy humilde, me conceda el poder exponer mi propuesta.
Nina se quedó con las palabras en la punta de la lengua y se las aguantó para darle a Darío la oportunidad de que le diera otra perspectiva a esa medieval y esclavista forma de hacer dinero.
El desprecio de la pelirroja por la susodicha actividad, se debía a que era eso: una jaula donde se "encarcelaba" a los alumnos de cierta sección para que los demás estudiantes que quisieran pasar un rato con ellos a modo de cita, las compraran, literalmente hablando, por determinada cantidad de dinero.
Mientras la mayoría se gozaba de haber comprado a "X" persona y de invitarla a las demás actividades que se realizaban en el Festival de la Colecta, Nina veía con ojos de asco el solo imaginar que para poder conseguir una libertad ficticia, alguien debía de pagar por ella.
— "Los humanos no son números ni cantidades, tampoco objetos o recursos desechables y mucho menos esclavos de alguien" —le había enseñado su padre y por eso miraba a La Jaula no solo como un retroceso a la Declaración de los Derechos Humanos, sino como algo perturbador, pues había que estar mal psicológicamente para que alguien quisiera ser comprado aunque fuera a modo de juego. Pero era hora de que Nina comenzara a pensar y a ver las cosas con el abanico de formas en que podían interpretarse y también tenía que medir sus prejuicios porque aunque fueran válidos, muchas veces caían en lo obtuso.
Sabiendo todo eso y repasándolo en su cabeza, Darío Elba buscó la manera de que su replanteamiento, fuera tolerable para Nina Cassiani y lo halló de solo recordar el primer día en que se presentó ante ellas.
—Cuando las conocí, allá por el mes de abril, no negaré que me dejaron anonadado —confesó Darío sin titubeos —En el momento en que yo me atreví a poner mis manos sobre el pomo de la puerta para entrar, creí desfallecer y cuando las vi: me declaré hombre muerto.
Las alumnas de la 2-4 le sonrieron a Darío con nostalgia, parecía que fue ayer cuando las encontró bailando y correteando por el aula y él, en vez de reprenderlas o de crearse un juicio errado, se hizo el que no había visto nada y les dio la oportunidad de iniciar desde cero con "un borrón y cuenta nueva" como bien lo dijo en aquel entonces.
Darío Elba, como Tutor, les había dado demasiado a cada una de ellas y sin que le fuera solicitado. Por eso y otras cosas más, las alumnas continuaron escuchando muy atentas su intervención, porque cada vez que él les hablaba, por más superflua que fuera la plática: siempre había algo nuevo que aprender, algo distinto de cómo apreciaban la vida y sus alrededores.
—Ustedes, Señoritas y Señoritos, no son de éstas tierras. Ustedes con su vitalidad y energía trascienden de este mundo, ustedes son la prueba corpórea de que algunos mitos son reales o por lo menos, que fue algo semejante a lo que son ustedes a lo alguna vez en tiempos antiguos, la humanidad llamó divinidades.
Algunos ojos miraron a Darío algo confundidos por lo que acababa de decir, otros tenían una chispa de grandeza encendida en sus rostros y un único par de iris, los de Nina, intentaban descifrar hacia donde se dirigía con ese discernimiento sobre la juventud que había en ellos como adolescentes.
—Lo nuestro no será una jaula que mancille su libertad, aquí vamos a recrear un pedazo de lo inverosímil, un trozo tangible de lo que dejaron escrito los eruditos griegos. Representaremos el Panteón y ustedes personificarán lo que son de verdad detrás de sus uniformes y pieles: diosas y dioses en la flor de su existencia y ¡ay de aquel simple mortal que tenga la osadía de poner sus intereses en las deidades! Les juro que no será fácil alcanzar la gracia de sus favores, quienes pretendan el sencillo hecho de querer contemplarlos, pagará el precio en oro e inteligencia, porque la balanza con la que se les medirá, no solo se pesará en cuantía, sino en valía. No cualquiera podrá acceder a ustedes y el que tenga la oportunidad de hacerlo, no pagará un absurdo, será una cantidad onerosa porque ustedes valen más que millones.
En el aula de la 2-4 el silencio se rompió con silbidos y aplausos acompañados de un vitoreo genuino, el mensaje había sido comprendido por todos y a la perfección. Los alumnos sintiéndose más que entusiasmados y entre el alboroto y felicitaciones, no dejaron que Darío siguiera hablando, la forma en que le dio otra perspectiva al asunto que desde décadas molestaba a algunos, fue impresionante y con eso se ganó en demasía la admiración de los estudiantes y más tarde, también la de sus colegas de trabajo.
A Nina Cassiani se le había desamarrado el corazón del pecho de escuchar el ingenio de Darío Elba. Una de las cosas que más le atraía de él y quizás la primera que le despertó el quererlo con desenfreno, era su inteligencia y astucia para resolver cada situación que se le presentaba y por eso a ella, la imagen de una jaula que la encerraba y reprimía, desaparecía de su cabeza así como también la sensación de sentirse un objeto vendido solo por una mísera cantidad de monedas.
Levantando la mano y sin esperar por tener permiso de hablar, la pelirroja le demostró lo mucho que la idea le agradaba y dijo a todo pulmón:
—¡Yo quiero ser Atenea!
Pero Darío movió la cabeza diciéndole "no".
Acercándose a su portafolio de cuero, sacó algo que quería obsequiarle:
—Usted, mi querida Señorita —dijo Darío Elba apretando lo que escondía y sin poder evitar sonreír de oreja a oreja, se permitió ser un niño soñador solo por unos instantes —Para mí, si me lo permite y si también es de su parecer, usted es ... —dijo mientras olía la fragancia que manaba de la orbe de rojo indescifrable antes de entregarla a su única dueña
—Perséfone —asintió felizmente Nina Cassiani al descubrir que entre sus manos tenía una hermosa y seductora granada.
El fruto mítico con el que Hades remojó la lengua de la Doncella que había secuestrado, la misma que se convertiría en su esposa y que lo acompañaba un mes por cada semilla degustada, en ese lugar donde reinaba la soledad y la desesperanza.
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ฅ(≚ᄌ≚)
¡Hola Señoritas y Señoritos!, ¿qué tal?
Nada más vengo a dejarles algo como un ¿obsequio? He aquí un gif de Fausto Javier Bloise Harquim mascando chicle y guiñando el ojo (según él con gran disimulo) a Nina y a Darío.
(Ŏ艸Ŏ)
(¿Alguien necesita pañuelos desechables para la hemorragia nasal?)
( ... )
—No sé porqué, pero entre mis manos tengo un papel que dice que debo leer lo siguiente: "para el capítulo 75 habrá una ficha en el multimedia con fotografías de algunos alumnos de la 2-5" ... ¿Pero qué? ... ¡¿Fotografías de mis compañeros?! ¡Si es una foto de Adler en tanga ni fumas se las muestro porque me la quedo!
(≚ᄌ≚)ƶƵ
Emme, out. Nos leemos luego y muchas gracias por continuar con Nina, gracias por los votos, comentarios y en especial: ¡gracias por leer!=^^=
(PD.El actor del gif se llama Douglas Booth y así me imagino a Bloise desde el primer día en que su nombre se cruzó por mi cabeza)
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