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12.

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A la mañana siguiente Nina se levantó como siempre, se fue directo a la panadería con la gabardina doblada como recién sacada de la tienda sin olvidar también el hermoso paraguas estilo oriental que le había servido tanto.

Se cruzó la calle y en la puerta Rhú la esperaba, ella le sonrió más feliz que de costumbre, poniéndose de puntitas y agarrando al chico panadero por el cuello de su siempre blanca camisa le dejó un beso muy tronado en la frente.

Él tragó saliva, la sangre le hirvió en un instante y en respuesta la apretujó contra su pecho, repaso su espalda con la yema de sus dedos y le besó la cabeza. Luego de un breve instante Nina, que se estaba quedando sin aire a causa del abrazo de oso, logró articular unas palabras:

—¡Me estas destripando!

—¡Ay lo siento! —dijo sonriendo muy nervioso —¡Me dejé llevar y me emocioné!  —dijo separándose de la estrujada chica y guardando la distancia prudencial que necesitaba para recomponerse de una situación muy comprometedora que se había presentado en su entrepierna.

—¡Toma! —le dijo dándole la bolsa con la gabardina y el paraguas.

—¡Oh gracias!. No te hubieras molestado —dijo sin prestar atención al contenido de lo que le estaban entregando —te hice jugo de zanahoria.

—¡Mmm yummi! —dijo relamiéndose los labios mientras se sentaba en su silla de costumbre.

El panadero se fue tras el mostrador, puso las cosas que le habían sido "obsequiadas" en una esquina para poder llevar el jugo recién hecho hasta su mesa junto con un croqué-madamme, Nina comenzó a tomarse el zumo sin dejar de verle.

Éste – anonadado – por los vibrantes ojos de Cabeza de Remolacha no hacía más que sonreír como un idiota, se sirvió un americano y se sentó con ella.

—¡Gracias!, ¡está delicioso! —dijo Nina.

—No, gracias a vos, no te hubieras molestado.

—¿Molestia?. Pero si era lo mínimo que podía hacer, me imagino que los necesitas.

—Eso ya lo veremos —dijo —y se levantó para traer la bolsa, volvió a sentarse y sacando la gabardina muy asombrado exclamó:

—¡Nina esto cuesta una fortuna, esta preciosa!.

—Pues eso fue lo que pensé, aunque no me mojé gracias a esto, deberías de tener mas cuidado. De no haberle preguntado al chofer y si éste no hubiera sido honrado se la habría quedado. ¿Por qué no me despertaste, de seguro me viste toda llena de babas y me sacaste fotos, no?.

Reuben que no estaba viendo a Nina hablar porque tenía la gabardina extendida frente a su cara la bajo lentamente descubriendo un rostro muy pero muy pálido, apenas y podía hablar, con mucho esfuerzo y la voz entrecortada dijo:

—¿Podrías repetirme lo que acabas de decir?.

—En resumen: que no dejes tus cosas en el autobús, prometo que andaré mi sombrilla de hoy en adelante, no volveré a dudar de tus habilidades del pronóstico del tiempo.

El chico que hacía poco caminaba sobre las nubes: había sido bajado a patadas y le habían quebrado las alas. Se agarró del respaldo de la silla y caminó lerdo hasta el mostrador, buscó el paraguas y metiendo todo en la bolsa, dijo con la voz triste.

—Querida Nina: hasta donde entiendo, me estás dando éstas cosas porque crees que son mías, pero no lo son.

—¿Cómo que no?.

—A ver, dime: ¿de dónde las sacaste y porque crees que me pertenecen?.

—¡Pues porque ayer te subiste en el mismo autobús que yo y como estaba lloviendo me las dejaste para que yo no me mojara! —dijo Nina con un poco de redundancia.

—Me gustaría decir que así fue, pero no ha sido así. Yo ayer solo te vi por la mañana y te veo de nuevo hasta el día de hoy.

—¿Entonces si no son tuyas, de quien son? —inquirió con la voz ya preocupada y un gesto de desesperación en la cara.

—¡Es lo mismo que yo te estoy preguntando a vos!.

Nina se quedó en silencio y antes de que Rhú siguiera hablando levanto el dedo indicándole que la esperara un momento, cerró los ojos y se frotó las sienes, tratando de hacer memoria.

"Yo venía dormida, de eso me acuerdo, cuando desperté tenía estas dos cosas encima, me levanté y pregunté al chofer y éste me contesto que eran de mi novio, dado que no tengo novio me asusté pero, cuando escuché decir que era un chico alto asumí que era Reuben: quien esta aquí parado frente a mí a punto de un colapso nervioso, esto quiere decir que yo me dormí encima de solo Dios sabrá quien y este buen samaritano – por llamarle de alguna forma y al que estoy más que segura que babee – fue capaz de desprenderse sus pertenencias sólo para que yo no me mojara.

Ahora, solo tengo dos opciones: pensar que ese hombre era un ángel del Señor o algún tipo al que le desperté tal lastima que sin pensarlo tanto me sirvió de almohada y hasta me regaló sus cosas

En cualquier caso, la cara de Rhú (que ahora tiene unas lágrimas colgando de los ojos) me indica que metí la pata y hasta el fondo, arreglar dicho problema no será fácil, aquí o lo arreglo o lo arreglo. Él es Rhú no se merece eso, de hecho no se merece nada de esto, en esta tierra no hay corazón más noble y puro que el suyo."

Nina, luego de semejante debate existencial en su cabeza, se levantó de la silla y fue hasta donde estaba el panadero que ahora cabizbajo abrazaba una bandeja vacía contra sus entrañas y aunque unos mechones le ocultaban los ojos ella sabía exactamente lo que pasaba por el surco de sus lacrimales.

Lo tomó de las manos, lentamente hizo que se desprendiera de la bandeja, se metió entre su pecho y colocando las manos de éste sobre su cintura, le acomodó los mechones de cabello tras las orejas y agarró la cara con ambas manos, viéndolo a los ojos le sembró un corto pero significativo beso en los labios.

—¡Lo siento —le dijo sin quitarle la vista —en este mundo la única persona que me aprecia tanto como para ser capaz de desprenderse de su abrigo para dármelo es el hombre que tengo frente a mis ojos, por eso, asumí que eran tuyos, perdóname.

—¿Tienes una pizca de idea de lo que me haces sentir Nina? —dijo Rhú que habría dado más que la vida por tener el valor por responder aquel beso, pero la angustia que sentía en ese preciso momento se lo impedía.

—Creo que tengo una idea, pero a ciencia cierta, no lo sé —respondió sin quitarle la mirada.

—Ahora siento pánico de que andes sola, siempre te has cuidado y hasta hoy, es decir, ayer lo habías hecho bien; pero creo que es hora de esa gigante Cabeza de Remolacha que andas cargando sobre los hombros la uses para pensar y hagas conciencia de que en la calle hay demasiados peligros. En primera instancia: ¿cómo pudiste dormirte?, te conozco y cuando duermes, duermes como un leño. ¿Qué cosas no te habrá querido hacer ese tipejo?. ¿Cómo sabes que no se propasó contigo?. —dijo todo esto con la propiedad de un hermano mayor protegiendo a su sangre y también con el sentimiento que provoca el amor en exceso más allá del cariño de la amistad.

—No puedo prometerte que no me hizo nada, pero lo único que me queda es creer en la palabra del chofer: "venías dormida encima de él", suena a que yo "me acomodé de más" y terminé dormida sobre él y también el hecho de que me dejase sus cosas quiere decir que era una buena persona, que se preocupó de verme sin nada que me protegiera de la lluvia. Quiero pensar que existen buenos samaritanos todavía.

Al escuchar este "razonamiento" Rhú se separó de ella, dio unos pasos hasta atrás y cruzándose de brazos comenzó a rascarse la afilada barbilla - una costumbre que tenía cuando estaba pensando muy seriamente - pues Nina tenía un buen punto: ella no se veía descuidada y menos ligera cuando andaba en la calle, quiso, también, pensar que una buena persona se apiadó de tan hermosa chica y fue capaz de regalarle cobijo.

Luego se llevó las manos sobre la parte trasera del cuello y dando un resoplido que fue capaz de moverle los mechones del cabello le dijo, muy serio:

—Debes prometerme aquí que nunca te volverás a dormir en el autobús y en ningún otro lado que sea tu propia cama. Llévate esas dos cosas, guárdalas para que sean un recordatorio permanente de la imprudencia que cometiste y que nunca volverás a cometer.

Nina asintió con la cabeza y él le desordenó la melena, se fue tras el mostrador y le entregó la caja con el pan del día y la despidió.

Reuben Costa se quedó otra vez en la puerta hasta que Nina Cassiani se evaporaba en el universo de concreto, sólo que esta vez se tocaba los labios, labios que recién habían sido bendecidos por la chica de fuego que lo tenía poseído hasta los tuétanos, esa misma que ayer le había regalado a un completo extraño la gloria de dormir a su lado.

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