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capítulo 9

“Si hoy se acaba el mundo corazón
Dime qué vas a llevarte
Dime que me llevo yo.”

Punto de vista de Jenna.

Hace tiempo que no nos leemos, creo que podría hacer fácilmente un mes. No he tenido fuerzas para explicar todo lo que estaba sintiendo en ese momento y como había calado en mí de una forma horrible darme cuenta que desde la llegada de Sara a la plantilla yo había perdido a mi amor. Es así, Jen y Lucas, ya no eran Jen y Lucas. Mi argentino favorito cada día se perdía más en una mirada azul de una chica rubia que demostraba con creces un interés en él.

Empecé a darme cuenta hace un mes casi, en mi celebración de mis veintisiete años tras haber ganado al Almería, partido que nos sacaba del descenso y en el cual Lucas marcó.

Cada vez que intentaba acercarme a Lucas a hablar con él, huía y eso me estaba matando. Óliver y Cachete se dieron cuenta de ello y estaban intentando separarme de Sara y mi argentino, pero su beso no llegó tarde. En cuanto Loïc me sacó a bailar y permití a mi mente despejarse un poco porque estaba a punto de colapsar. Joder, me había acostado con él hacia tan solo veinticuatro horas y esa noche estaba besando a otra.

Calificación de los veintisiete: una puta mierda.

Lo que yo pensaba que se iba a quedar en un simple beso por despecho dado lo sucedido esa mañana, pues fue a más, demostrando en mi puta cara que Lucas no es que solo estuviese sintiendo cosas por Sara, sino que además las estaba dejando de sentir por mí.

Volviendo a la actualidad.

Llevaba desde el sábado sintiéndome mal, mareada y vomitando a cada movimiento, igual Mendilíbar me mata por estar enferma 24/7, aunque estoy casi segura que todo el malestar se debe a que no quiero encontrarme a esos dos por la ciudad deportiva.

Óliver habia llegado a casa con una bolsa de la farmacia, miré a mi mejor amigo con el ceño fruncido sin entender muy bien, pero nada más moverme un poco me entró una náusea.

--Jenna, por favor, no vomités más. --dijo Cachete, al cual por mi culpa se le habia levantado el estómago.

--No es mi culpa, imbécil. Qué más quisiera yo. --respondí. --Oli, qué es esto.

--Tu medicación. --respondió mi amigo el extremeño.

Al abrir la bolsa y sacar lo que había comprado lo supe, un puñetero test de embarazo. La vez anterior que me lo hice, también me lo trajo de esta forma.

--Óliver, no estoy embarazada. --recalqué.

--Mira Jenna, todos esos síntomas que vos tenés son los mismos que la vez pasada, si lo estás pues ya verás qué hacés, que no lo estás pues mejor para vos y creo que en el fondo para Lucas.

Si algo me había quedado claro era que cuando un argentino soltaba verdades no quedaba otra que hacerle caso, así que  eso hice. Abrí el test y me hice la prueba, pasaba tres kilos de esperar los cuatro minutos correspondientes, así que nada más salir del baño se lo lancé a Óliver y continué viendo Outer Banks en Netflix.

--Joder, Jenna.

Y solo bastaron esas dos palabras para saber de forma clara que nuevamente estaba embarazada, de la misma persona y nuevamente en el peor momento.

(...)

Estaba sentada chocando una y otra vez la cucharilla en la taza de café. Regodeándome en mi misma miseria, pensando si decirle a Lucas o no que venía un mini Ocampos en camino de nuevo. A todo esto, Sara decidió que era el momento de sentarse a mi lado. Juro por Dios que no tengo nada en contra de ella, pero no es la compañía idónea que quisiera ahora mismo.

—¿Me puedo sentar? —dijo.

—Claro. —respondí. Al fondo vi a Tecate e Iván que no perdían el ojo de la conversación por si nos daba por tirarnos de los pelos básicamente.

—Lucas y yo hemos decidido darnos una oportunidad.

Y aquí está, la primera puñalada en el pecho y directa al corazón.

—Me alegro. —dije con voz entrecortada. No me alegraba en absoluto.

—No vengo a restregarlo, Jenna. No quisiera que tuviésemos mal rollo o que nos llevásemos mal. Quiero poder cruzarme sin problemas por los pasillos. —trató de sonreírme. —Mira, sé que lo tuyo con Lucas no terminó hace mucho…

—No.

—Desde que se fue a Ámsterdam y él ha sido muy sincero conmigo siempre, me lo ha contado todo. —suspiró. —Jenna, yo sé que le gusto, pero no me quiere y no siente por mí ni siquiera un cuarto de lo que siente por ti.

Aparté la vista un segundo y luego la volví a la chica rubia que había frente a mi.

—No quiero ser la mala, no quiero que esto que te diga te siente mal. Al fin y al cabo tú y yo queremos lo mismo y al mismo.

—Ya, pero…

—Jenna creo que es hora de que te alejes de Lucas, que le dejes ser feliz, que te apartes y dejes que alguien que sí puede darle todo lo que necesita entre en su vida.

Me dijo eso, y luego como si nada, la tía se levantó y se dirigió hacia la puerta, por ahí estaba Lucas, quien no me dedicó una mirada de más de tres segundos y luego besó la frente de la chica. Se fueron.

Viéndolos irse una lágrima cayó sobre mi mejilla y algo muy dentro de mí se sintió vacío.

HOLAAAAAAAA.

He asimilado un poco la injusta derrota de ayer, el gol en propia de Sergio fue mala suerte. 🥺 Aún así, el equipo es otro y jugamos de maravilla.

Con ganas de Sevilla y de Lucas otra vez. ❤️

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