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capitulo 4

Quise alejarme, quise Olvidarte, pero el cielo no lo permitió.

Nuestro destino ya estaba escrito, entre mares de fuego y pasión.

Soy esclavo en tu cuerpo que quema, en un juego que soy ganador, de noches eternas, de hacerte el amor

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Punto de vista de Jenna.

Un argentino y un extremeño se pelean por ver quien lleva el coche hacia la ciudad deportiva ¿Cómo se llama la película? Efectivamente, Gonzalo Montiel y Óliver Torres.

—¿Podéis dejar de pelear ya? —dije yo cansada de uno con un acento y otro con otro.

Mis compañeros de casa me ignoraron por completo y siguieron discutiendo.

—A tomar por culo, no se lleváis ninguno. Vamos en el mío. —dije quitándole las llaves de ambos Audis.

—¿Qué decís, Jenna? Devolvéme ya las llaves. —dijo Gonzalo.

—No, pesado. Sois los compañeros de casa más pesados que existen, conduzco yo, y vamos en el mío. —vi que Óliver iba a hablar, pero le miré con mi mirada intensamente seria. —Y al que hable le dejo que se vaya andando porque no voy a devolverle las llaves.

Los dos se miraron y luego bufaron.

Y así pasó, conduje hasta la ciudad deportiva a la cuál llegamos los últimos por supuesto, porque entre las dos horas que tardaron en discutir y no, pues llegamos tarde.

—Ya estábamos por irnos sin ustedes. —dijo Marcos.

—Vos sin mi te aburrís. —dijo Cache haciéndose el divo delante de Acuña.

—Boludo, me aburro sin Papu, vos me chupás un huevo. —les miré con cara de asco y luego miré a Óliver que estaba hablando con su madre.

—Mamá son las siete y veinte de la mañana, ¿por qué me preguntas por qué llevo desde octubre sin marcar? Pues yo que sé, no atino una últimamente. —suspiró. —No, mamá no me van a echar del equipo.

Decidí irme de allí porque tanta testosterona junta a veces me da urticaria.

Llegué hasta la sala de reuniones, Jorge iba a dar una charla y a comunicar el XI inicial del partido de esta tarde. En ella estaban entre otros Iván que ha tenido que abrir la ciudad deportiva (ya puede estar feliz, ha sido el último día) y Jesús, ambos tomaban un café.

—Buenos días. —dije acercándome a ellos, donde se encontraba la cafetera.

—Buenos días, Jenna. —dijo Jesús. —¿Café?

—Con leche por favor. —les mostré una sonrisa.

El mister llegó ofreciéndonos una sonrisa a todos los allí presentes, me apartó para hablar lejos de Iván y Jesús.

—Jenna, ¿cómo ves mentalmente a Lucas para ser titular esta tarde? —llevé las manos hasta mi bolso para sacar el informe de evaluación de Lucas tras la eliminación de copa, en el cuál hizo un partido irrisorio y en aquella sesión llegué a la conclusión que había sido por la noticia de nuestro hijo perdido, Lucas se desenfocó de lo verdaderamente importante, y no demostró nada en su vuelta a la titularidad.

—Lucas se desenfocó por temas personales que ya están solucionados, fue un shock que tuvo la noche anterior, pero pienso que está al cien por cien para esta tarde, eso le ayudará a coger confianza en sí mismo. El único problema sería él sobre esfuerzo, viene de no jugar con continuidad en Ajax, por lo que el exceso de minutos a tan temprano tiempo puede llevarle a problemas musculares. Para jugar setenta minutos está bien. —Le expliqué, Sampaoli me miraba asintiendo entendiendo lo que le decía que estaba todo plasmado en el informe que él había tomado acto seguido.

—Perfecto, esa es tu opinión como psicóloga. Ahora tu opinión como persona a la que le importa Lucas. —esa frase me pilló por sorpresa pero no dude en responder.

—Mi opinión como exnovia es que Lucas se muere por jugar, el Sánchez-Pizjuán, la afición y la situación de equipo, acompañado de las buenas sensaciones de juego, será un motor para sacar su mejor versión. —suspiré. —Él tiene todo lo que necesitas ahí arriba.

—Muchas gracias, Jenna. —respondió. —¿Suso?

—Ah si. Suso está generalmente bien y viene mostrando buen nivel los últimos partidos, con un poco de continuidad podemos recuperar una muy buena versión de él. —expliqué.

—Estupendo. Pues entonces todo listo, gracias una vez más. —Se marchó y entonces fueron llegando todos los jugadores.

La charla finalizó después de cuarenta y cinco minutos y todos nos subimos al bus para ir hacia el hotel, eran apenas las nueve de la mañana y estábamos desayunando.

—¿Has vuelto a hablar con Lucas sobre lo de vuestro bebé? —preguntó Óliver sentado a mi lado, tomando un batido de proteínas.

—No hay nada que hablar, Óliver. Ese bebé nunca nacerá.

—Te digo que Pepe, se ha enterado, Lucas viene tirándole hate desde el día de Osasuna. —me miró. —Y yo no conozco a ese hombre más allá del fútbol, pero no creo que sea una buena persona si te obligó a hacer lo que te obligó a hacer, pero deberías de hablar con Lucas para que pare porque no creo que al señor presidente le guste tener un jugador en su contra. —Cogió mi mano. —Jenna, me fio muy poco de ese hombre y creo que es capaz de echarte.

—Se le echaría la plantilla encima, Óliver. —dije levantándome a lo que mi mejor amigo vino detrás mío.

—Y le importará tres cojones como hace con todo. —le miré y suspiré.

No pasaría nada, Óliver es un dramático pero si es cierto que no estaría de más hablar con Lucas para que relaje los humos con Pepito, mira que si quiere puede joder la vida de quién le da la gana, este hombre se pone a sí mismo por delante de todos y de todo.

Antes de encontrar a Lucas fue el mismo señor presidente el que me encontró a mí, y no traía cara de buenos amigos.

—Jennifer, tenemos que hablar. —puso su cara de calvo intenso. Quería soltarle una grosería por simplemente los aires de superioridad que me trae y el odio que le tengo empezando por la situación en la que tiene al club y terminando por obligarme a perder a mi hijo. —Me he enterado de que le has contado nuestro pequeño secreto a Lucas.

—No es nuestro pequeño secreto y Lucas se merecía saberlo, pues era el padre.

—Pero has conseguido ponerlo en mi contra. —dijo mostrándome una clara imagen de superioridad, pues conmigo la llevas clara.

—Yo no he conseguido nada, eso lo has conseguido tú mismo.

—Bien, pues mañana recoges tus cosas de la ciudad deportiva, estás despedida, este será tu último partido. Encontraremos otra psicóloga, no quería llegar hasta aquí, pero no pienso tener en mi club a una comecocos que pone a mis jugadores en mi contra.

—Pero

—Estoy harto de tus groserías niña así que se acabó, búscate otro club, pero el mío ya no es tu santuario.

Diciendo eso se marchó, dejándome completamente en shock, me había despedido, su aire de superioridad había ganado y había acabado con lo único bonito de mi vida.

Óliver tenía razón.

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