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30. Nigeria


—Disculpe, ¿podría subir el volumen? —pidió Astlyr al barista, quien asintió y aumentó el sonido de la televisión, estaba en el canal de las noticias internacionales.

Bucky dejó de lado su bebida para mirar el noticiero también. Hablaban sobe los Vengadores y Lagos, Nigeria. La reportera estaba explicando lo sucedido mientras a su lado había un recuadro que reproducía el video de cómo Wanda Maximoff provocó un incendio en el edificio con apartamentos, lleno de familias inocentes.

—Joder —masculló, sintiendo que el corazón se le estrujaba.

Tomó el celular del bolsillo de sus vaqueros y buscó entre sus contactos el número de Wanda. Después de tres timbres, la sokoviana atendió la llamada. Tenía la voz quebrada y rasposa.

Fue mi culpa, Astlyr.

—¡Claro que no! —protestó en voz baja, evitando llamar la atención en el bar en el que se encontraba con Bucky, donde habían ido a comer hamburguesas— Tú sólo querías protegerlo. No seas tan dura contigo misma.

El barista recogió los platos vacíos y Bucky pidió la cuenta con un gesto de mano.

Si estás viendo las noticias, súbele al volumen. Claramente dicen que es mi culpa —insistió.

—Los de las noticias sólo dicen eso para tener más espectadores y, por lo tanto, más dinero. Apagar el televisor, por tu propio bien —le pidió— ¿Dónde está Pietro?

Salió a comprarme un poco de helado.

Astlyr sonrió de lado.

—Volveré pronto y hablaremos de esto, lo prometo.

No te apresures —le dijo calmada, suspirando—. Estás en tu descanso. Dijiste que sólo sería un mes, ¿no?

Técnicamente, sí estaba descansando, pero no donde los Vengadores creían. Después de lo sucedido en Sokovia, Astlyr ayudó a Steve y Natasha a entrenar a los nuevos Vengadores: Visión, Sam, Rhodey, Wanda y Pietro. La integración de los nuevos vengadores fue bastante agradable y aliviador. Ahora que eran más, unos podían descansar mientras otros asistían a misiones, y viceversa.

Durante casi un año, Astlyr estuvo cumpliendo con su deber como vengadora en las Nuevas Instalaciones de los Vengadores, que había sido construida en las afueras de Nueva York para suplir a la Torre de los Vengadores. Su dormitorio de la Torre también había sido mudado a la nueva sede, y estaba entre el de Wanda y Natasha.

Hace un mes, estaba charlando con Steve sobre cómo Wanda estaba mejorando en su entrenamiento físico, cuando Sam llegó con noticias. Al parecer, alguien le informó sobre un hombre que lucía mucho como Bucky Barnes, vagando por una calle de Brooklyn. No tenía pruebas de ello, pero había asegurado que su fuente era confiable.

Astlyr llegó a decirle a Bucky sobre ello y decidieron que Brooklyn ya no era seguro si él todavía no estaba listo para encontrarse con Steve. Luego de dialogarlo, eligieron mudarse por un tiempo para perder su rastro. Ahora tenían tres semanas viviendo en Bucarest, Rumania.

Aún no estaban completamente instalados, pero no les importaba. Su nueva vida les estaba agradando. Podían salir en citas y agarrarse de la mano, sin correr el riesgo que alguien los reconociera. Los dos empezaban a sospechar que su estadía en Bucarest terminaría siendo algo más permanente.

El problema era que aún no había pensado en cómo decirle a su equipo y familia que no volvería a Estados Unidos por un tiempo indefinido.

—Ese era el plan, pero ahora tal vez me espere a que las aguas se calmen —respondió, cerrando los ojos con fuerza. No le gustaba mentirle a la única amiga que había hecho en su vida—. Primero Sokovia y ahora Lagos. Los Vengadores tendrán una imagen sucia por un rato. No creo que sea buena idea dejarme ver tan fácil, y tú tampoco deberías. No te recomendaría salir.

Puedo defenderme sola.

Astlyr suspiró. La sokoviana era muy capaz de defenderse sola, sí; pero no tenía idea de lo cruel que podía ser una sociedad asustada y enojada. Podría proteger su cuerpo, ¿pero su mente? Podía imaginarse a gente enojada gritándole cosas horribles.

—Eso lo sé, pero... Es mejor mantener un perfil bajo. Sólo por un rato.

Sí, supongo que sí. Eh, te llamaré luego. Steve está aquí.

—Dale mis saludos.

Lo haré.

Astlyr colgó la llamada, suspirando, y guardó su celular en el bolsillo de sus vaqueros.

—¿Cómo está? —preguntó Bucky, mirando a Astlyr bajo la gorra.

—Nada bien —respondió con una mueca.

—Podrías visitarla —propuso, encogiéndose de hombros—. Estaré bien por mi cuenta un par de días.

—¿Un par de días?

Bucky le dio una sonrisa lobuna que la aceleró el corazón.

—No puedo estar lejos de ti por más tiempo que eso. Estoy dispuesto a negociar un par de días, nada más.

Astlyr le sonrió sonrojada y se estiró sobre su banco para darle un casto beso en la mejilla. Quería ver a su amiga. Wanda la estaba pasando mal y eso se notaba a leguas. Los mellizos eran los Vengadores más jóvenes además de ella, y para su sorpresa, se habían llevado bien luego de pasar por las disculpas.

Al principio, Pietro le siguió coqueteando por un par de meses. Luego de comprender que ella no le daría una oportunidad, su actitud coqueta fue suplantada por una amistosa y burlesca. Al pasar el tiempo, entre misiones, entrenamientos y descansos, Pietro y Astlyr llegaron a la conclusión de que eran demasiado parecidos: burlones, bromistas, egocéntricos, joviales y alegres.

El equipo ya los conocía por los comentarios ocurrentes y las bromas que hacían, usando sus habilidades especiales. Normalmente, les gustaba sacar de quicio a Rhodey y a Sam, y disfrutaban de burlarse de Wanda por su extraña relación amistosa con Visión.

Por supuesto, Bucky no tenía idea de que Pietro alguna vez pretendió conquistarla. No es que Astlyr quisiera ocultarlo, simplemente no lo comentaba porque no lo veía necesario ni se le pasaba por la mente hablarle sobre ello. Cuando estaba con Bucky, lo último que quería era hablar sobre los Vengadores o los entrenamientos. Sólo quería estar con él y olvidarse del resto del mundo.

—Lo haré, pero no ahora. Como le dije a Wanda, lo mejor será mantener un perfil bajo por un tiempo —explicó, terminando su soda con un último trago.

Habiendo pagado la cuenta, salieron del restaurante-bar. Como había dicho, no quería llamar la atención, así que cambió su apariencia por la de una mujer al azar, sin soltar mano de Bucky en el camino de regreso al departamento.

—¿Vamos a casa? Podemos hacer las compras mañana —sugirió Astlyr, un poco abatida por las recientes noticias.

—Claro.

El característico ringtone del celular de Astlyr empezó a sonar desde su bolsillo. Revisó el identificador de llamadas y atendió, tapando sus labios con el dedo índice para indicarle a Bucky que no pronunciara ninguna palabra ni por error.

—Hola, Capi.

Hola, Astlyr. Lamento interrumpir tu descanso. ¿Cómo está todo en Oslo?

Ella había dicho que pasaría su supuesto descanso en Oslo, Noruega. De esa forma, ninguno protestó ni la cuestionó, ni siquiera Natasha o Clint.

—Frío —respondió—. Ya vi las noticias. ¿Cómo están todos?

—Estamos bien. Wanda no tanto, pero se repondrá.

—Sí, acabo de hablar con ella —suspiró, claramente angustiada por el estado de su amiga.

—Te aconsejaría quedarte en casa por unos días —mencionó Steve—. No sólo están atacando a Wanda en las noticias, es a todos.

—Lo sé, lo haré —prometió—. ¿Ocurre algo más? Suenas raro.

Hay una reunión con el Secretario de Estado. No creo que sea para darnos las gracias —dijo con ironía—. Pidió a todo el equipo.

—Aunque suena realmente divertido —dijo con sarcasmo, sonriendo divertida—, ni siquiera en un quinjet llegaría a tiempo, pero no quiero perderme de lo que dirá. ¿Podrías puedes ponerme en altavoz durante la junta?

Eh... ¿Cómo se hace eso?

Astlyr puso los ojos en blanco con gracia, poco sorprendida de su respuesta.

—Mejor dile a Tony que haga una video llamada conmigo durante la reunión. Él se encargará.

Está bien. Te veo en la reunión.

—Bien, hasta pronto.

Y colgó.

—¿Qué pasa?

—Tenemos que apurarnos. Hay una junta con el Secretario de Estado, y no me da buena espina el asunto —explicó.

Por suerte, no estaban lejos de su edificio. Subieron diez pisos por las escaleras, ya que no había elevador, y con su buen estado físico llegaron en a su apartamento rápidamente. Astlyr dejó que Bucky cerrara con llave y corrió a sentarse en la cama para quedar con la pared color ladrillo como fondo. Volvió a su persona, bien vestida y peinada para no levantar sospechas, y aceptó la video llamada de Tony en su celular.

¿Qué tal, copito? ¿Disfrutando tus vacaciones?

—A lo bomba —respondió con una amplia sonrisa—. Tony, ¿tú sabes qué ocurre?

Más o menos. Aguarda un segundo.

Astlyr esperó sólo un minuto, para finalmente ver a todos los presentes en la sala de juntas, y a un hombre de cabello canoso y bigote, vistiendo un traje caro. Todos la miraron y la saludaron brevemente para volver la atención al Secretario de Estado. Bucky se quedó parado en la pequeña cocina, tomando un vaso de agua y recargado sobre la isla, escuchando atentamente y en silencio.

Thaddeus E. Ross era el Secretario de Estado de los Estados Unidos. Previamente ostentaba el título de Teniente General del Ejército de Estados Unidos. Durante su carrera, fue puesto a cargo de un proyecto militar cuyo objetivo era recrear el Suero del Súper Soldado. Sin embargo, el experimento causó un accidente que transformó a Bruce Banner en Hulk.

Tras una larga cacería, Banner fue capturado. Luego de que Emil Blonsky se transformara en Abominación, Ross fue forzado a aceptar a Bruce como un aliado y le permitió a este escapar después del Duelo de Harlem. Tras esto, Ross dejó de perseguir a Banner en los próximos años. Cinco años después del incidente, Ross dejó el ejército y comenzó a desempeñarse como el Secretario de Estado de los Estados Unidos.

Dada su historia, Astlyr no era una fanática del Secretario.

Cinco años atrás, tuve un ataque al corazón y caí justo en el medio de mi backswing. Resultó ser la mejor ronda de mi vida porque después de trece horas de cirugía y un triple bypass encontré algo que los cuarenta años en el ejército nunca me enseñó —relató el Secretario. Astlyr no entendía nada de lo que decía, y empezaba a aburrirse. ¿A dónde quería llegar?—. Perspectiva.

Todos se quedaron callados con una seriedad que impidió que Astlyr se atreviera a hacer algún comentario burlón. El asunto era demasiado serio.

El mundo le debe a los Vengadores una deuda impagable. Ustedes han luchado por nosotros, nos han protegido, arriesgando sus vidas... Pero mientras una gran cantidad de personas los ven como héroes, hay algunos que preferirían la palabra "vigilantes".

¿Y qué palabra usaría usted, señor Secretario? —preguntó Natasha con una sonrisa ladeada que dejaba claro que su pregunta no era una inocente, sino con el fin de entender lo que el Secretario de Estado quería realmente decir.

—¿Qué tal "peligrosos"?

Astlyr frunció el ceño al escuchar ese término. Ella no era peligrosa para nadie, excepto para los enemigos.

¿Cómo llamarías tú a un grupo con mejoras, evolucionados, quienes continuamente ignoran fronteras e imponen sus voluntades donde quieran y quienes, francamente, parecen despreocupados sobre lo que dejan atrás?

—Estados Unidos —respondió Astlyr de forma automática.

Rhodey fue el primero en voltear a verla con ojos asesinos y Natasha la miró con una comisura alzada, divertida y orgullosa de su respuesta ingeniosa. Todos los demás la vieron sorprendidos.

—¿Qué? ¿Nadie ha estudiado la Guerra Fría desde un punto de vista que no sea estadounidense?

El Secretario la miró como si quisiera colgar la llamada en ese instante, pero no hizo ningún movimiento. Astlyr quería gritarle que nada de lo que decía era justo. Los estaba culpando de todo cuando ellos lo único que hacían era ayudar y proteger. Era obvio que las personas del gobierno no entendían a las personas que simplemente ayudan porque quieren, sin esperar nada a cambio.

El Secretario presionó un botón de un pequeño control en su mano y proyectó video tras video, mostrando todas las batallas de los Vengadores.

—Nueva York, Washington...

Astlyr se estremeció al oír su primera batalla. Ahí había conocido a Bucky, quien la había salvada de morir ahogada. Washington no era culpa de ninguno de los Vengadores, sino de SHIELD y HYDRA. Esa realmente no había sido su lucha, sólo habían salvado a millones de personas de morir de forma al azar. Sin embargo, hubo inevitables bajas. No podían salvar a todo el mundo, eso lo sabía bien.

—Sokovia.

Ese video realmente logró que Astlyr bajara la mirada. No podía ver eso, ya lo había vivido hace un año. Sólo pensar en ese día sentía dolor y ganas de llorar. Por un momento de verdad creyó que millones de personas morirían ahí, y ella lo único que podría hacer sería mirar.

No se dio cuenta de que Bucky se hincado en el suelo, frente a la cama, hasta que sintió que le apoyaba la mano sobre su pierna, tratando de transmitirle apoyo. Tomó aire profundamente.

—Lagos.

Astlyr alzó la vista de nuevo, formando una mueca. El Secretario miraba directamente a Wanda y quiso pegarle un grito.

—Bien —sentenció Steve, notándose molesto al ver las expresiones de dolor en Wanda y Astlyr, que el Secretario había provocado—. Es suficiente.

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