—¿Nat? —la invitó Bruce, señalando el camino hacia el martillo.
—Oh, no, no —se negó Natasha—. Esa no es una pregunta que necesite responder.
Entonces miraron a Astlyr, Thor incluido.
—¿Copiadora? —preguntó Hill, ante su silencio.
Ella arqueó una ceja, comprendiendo por qué la miraban fijamente.
—No lo creo —decidió, negando con la cabeza—. Al igual que Nat, conozco la respuesta. Además, apenas puedo conmigo misma, no me imagino cargando con el peso de todo un reino —bromeó.
Natasha alzó su copa en alto.
—Salud por eso, mi pequeño saltamontes.
Astlyr alzó su vaso también, brindando con ella.
—Con respeto al hombre que no fue rey, está trucado —concluyó Tony.
—Puedes apostar tu trasero a que sí —concordó Clint.
—Steve, Barton dijo una grosería —avisó Hill con fingida ofensa.
—¿Se lo dijiste a todos? —se quejó Steve, mirando a Stark.
—De hecho, yo lo hice —admitió Astlyr con una sonrisa torcida por la culpa—. Lo siento, Capi.
—Bueno, yo también se lo dije a algunas personas, tal vez a una docena —confesó Stark. Steve suspiró—. Ya sé. Marcaron el mango y tiene código de seguridad, ¿no? —inquirió— "Quien tenga las huellas de Thor, tendrá el poder" es más acertado, y podemos comprobarlo.
Todos entendieron y miraron a la única que podría confirmar o desacreditar la teoría. Astlyr alzó la cejas, a punto de decirles que dejaran de buscar otra manera, porque era un asunto de magia y sólo alguien digno lo conseguiría. Pero Thor se le adelantó y mostró las palmas de sus manos.
—Por favor, Lady Astlyr, adelante.
Astlyr sólo le echó un rápido vistazo a las manos de Thor antes de duplicarlas. Sonriendo relajada, porque sabía que no funcionaría, puso su mano derecha sobre el mango y jaló. Lo sintió extrañamente ligero y lo levantó unos centímetros de la mesa. Se paralizó ante ello.
Todos jadearon asombrados, en silencio, hasta que Astlyr finalmente alzó el Mjölnir a la altura de su cara. Entonces empezaron a gritar y Tony se declaró un genio. Steve se quedó mirándola con las cejas levantadas. Thor, por otro lado, se puso de pie en un salto, y ella se rió sin creerlo.
—Supongo que tenías razón, hojalata —concedió Astlyr, todavía con las manos de Thor.
—Gracias, copito. Siempre la tengo.
Thor negó con la cabeza, mirando el martillo en manos de Astlyr.
—No, no, no. No lo entiendes. Engañar al Mjölnir es imposible —contradijo, insistente—. Eres... Eres digna.
—¿Qué? —rió Astlyr, frunciendo el ceño— No, Thor. Estoy usando tus huellas. Yo no soy...
Un ruido agudo y ensordecedor la calló. Todos se taparan los oídos y buscaron al objeto del que provenía ese chirrido. Tony frunció el ceño a su celular, desde el cual manejaba toda la tecnología en la Torre, y buscó alguna respuesta a esa falla.
—Digna —casi escupió una voz, arrastrada y ronca. Unos pasos pesados y metálicos le siguieron a la voz, y todos voltearon a ver quién hablaba— No. ¿Cómo puedes ser digna? Ninguno es digno. Todos son... asesinos.
Un robot Legionario caminaba torpemente, con piezas rotas y cables salidos, incluso chorreando aceite. Apenas se podía mantener de pie, pero los miraba y les hablaba, hasta los apuntaba sin problema. Se veía descompuesto y hacía cortocircuito de vez en cuando. Se movía como una marioneta mal manejada.
—¿Stark? —habló Steve, esperando que explicara.
—Jarvis —llamó Tony, dando a entender que estaba tan confundido como los demás. Jarvis no respondió nunca.
—Lo siento, estaba dormido —se explicó el robot—. O estaba... soñando —dudó.
—Jarvis, reinicia a los Legionarios —ordenó Tony—. Creo que el sistema tiene un problema.
—Oí un ruido terrible. Y yo estaba enredado entre... estos... hilos. Tuve que matar al otro. Era un buen tipo —si disculpó, pero no sonaba arrepentido.
—¿Mataste a alguien? —interrogó Steve.
—No habría sido mi primera opción. Pero, en el mundo real, hay que tomar decisiones horribles.
—¿Quién te envió? —preguntó Thor, sin quitarle la mirada de encima.
El robot respondió con una grabación. Era la voz de Tony, diciendo "Veo una armadura alrededor del mundo". Astlyr funció el ceño, sin entender a qué se refería y qué estaba ocurriendo. Sin embargo, había quedado claro que quien si sabría era Tony, así que lo miró.
—Ultrón —murmuró Banner, sorprendido.
—En carne propia —confirmó el Legionario—. O no, aún no. Esta es la crisálida; pero estoy listo.
Astlyr vio por el rabillo del ojo que Hill estaba tomando pistola sutilmente. Lamentó no haberse traído su látigo láser. Lo había dejado en el apartamento, con Bucky, junto con el único revólver que Natasha le había entregado.
—Tengo una misión —dijo Ultrón, maquiavélico.
—¿Qué misión?
—Paz en nuestros tiempos.
Astlyr dio un brinco, exaltada, cuando el lugar se llenó con la Legión de Hierro y empezaron a disparar. Thor la miró con la mandíbula apretada y extendió su mano hacia ella. Sin saber qué quería, frunció el ceño. Thor bajó la mirada hacia sus manos y comprendió. Le estaba pidiendo el Mjölnir, que ella aún sostenía despreocupadamente. ¡Estaba sosteniendo el mágico martillo asgardiano con sus propias manos, sin usar las huellas de Thor!
¿Era cierto? ¿Era... digna?
Le entregó el martillo en casi un estado de shock, pero reaccionó cuando una Legionario disparó muy cerca de su cara. Jadeó, y Thor la tomó por el hombro y la empujó hacia el suelo para cubrirla. El salón era una zona de guerra.
Se sintió inútil y estúpida. Ella no necesitaba sus armas. Su propio cuerpo y genética era un armamento completo. Cerró los ojos y se encogió hasta tomar la forma de un diminuto ratón blanco.
Se lanzó desde arriba y aterrizó en un acojinado sofá abajo. Corrió por el piso, esquivando los vidrios rotos, en dirección a Ultrón. Los Legionarios volaban por todas partes y atacaban sin mirar a quién. Ultrón, de alguna forma, tenía control sobre ellos.
Sólo le faltaban unos metros para llegar a Ultrón, pero cambió de planes cuando vio a un Legionario romper el cristal del laboratorio, meterse y tomar el cetro de Loki. Cambió su cuerpo por el de una paloma blanca y aleteó rápidamente hacia arriba.
Sin pensarlo, se lanzó hacia el robot, volvió a su persona en el aire y quedó colgada de su cuello. Forcejeó contra él y trató de quitarle el cetro, pero otro Legionario fue más rápido: tomó el cetro y huyó a máxima potencia. Astlyr miró aquello horrorizada, y gritó cuando el robot se la sacudió de encima, haciéndola caer.
Aterrizó de espaldas contra el suelo, cubierto de vidrios rotos, y cerca de donde estaba Ultrón. Sin considerar el dolor de los pequeños cristales enterrados en su piel, volvió a hacerse un pequeño ratón blanco.
—Cuánto dramatismo —expresó Ultrón cuando Steve destruyó al último Legionario con su escudo, que Clint le había lanzado desde la distancia—. Lo siento, sé que tienen buenas intenciones, pero no lo pensaron bien.
Astlyr se acercó un poco más a Ultrón, y se posicionó justo detrás del robot sin que éste ni nadie más la viera.
—Quieren proteger el mundo, pero no quieren que cambie. ¿Cómo salvar a la humanidad si no la dejan evolucionar? —preguntó con burla. Se agachó para tomar a un Legionario, partido a la mitad— ¿Con esto?
Miró el martillo de Thor en su mano. ¿Cómo le hacía él? ¿Sólo... extendía su palma y lo llamaba con la mente? ¿Funcionaría?
—Hay un sólo camino para la paz.
No tenía opción, tenía intentarlo. Así que volvió a su persona y levantó la mano a la altura del pecho de Ultrón, deseando con todas sus fuerzas que el martillo fuera con ella. Thor sintió al Mjölnir vibrar.
—La extinción de los Vengadores.
El martillo escapó de la mano de Thor y salió volando con toda su fuerza contra Ultrón. Atravesó al Legionario, y no quedaron más que piezas desechas y una mancha de aceite. Los Vengadores, Hill y la doctora Cho la miraron. Apenas se mantenía de pie, estaba llena de cortes en su piel y sostenía el martillo de Thor como si siempre le hubiera pertenecido. Natasha miró el cielo nocturno cuando un par de truenos y relámpagos iluminaron el salón y reinaron sobre el súbito silencio del momento.
—Tenía hilos y los perdí —cantó la voz de Ultrón, apagándose.
o
—Perdimos todo el trabajo —dijo Banner—. Ultrón escapó. Se fue por la red.
—Ultrón —bisbiseó Steve, disgustado, como si la pareciera ilógico que un programa asesino tuviera nombre.
—Entró en todos lados. Archivos, las cámaras, el sistema —anunció Natasha—. Quizá ya nos conozca mejor que nosotros mismos.
—Está en los archivos y en la Internet —habló Rhodey—. ¿Y si decide meterse a algo más emocionante?
—Códigos nucleares —comprendió Hill—. Ouch —se quejó en voz baja, cuando Astlyr sacó de su pie el último pedazo de vidrio, con ayuda de unas pinzas estériles que había encontrado en el kit de primeros auxilios.
Ella se había quitado los vidrios de la espalda con las manos y casi sin inmutarse. En cuanto removía un cristal, la herida se cerraba y el dolor se desvanecía. Aunque había tenido que hacerlo en el baño, ya que no llevaba nada bajo el saco anaranjado.
—Códigos nucleares —confirmó Rhodey—. Debemos hacer unas llamadas, si todavía podemos.
—¿Armas nucleares? —cuestionó Natasha— Dijo que nos quería ver muertos.
—No dijo "muertos". Dijo "extintos" —corrigió Steve.
—También dijo que mató a alguien —añadió Clint.
—No había nadie más en el edificio —contradijo Hill.
—Sí lo había —contestó Tony, poniéndose en medio del lugar para presionar un botón en su control y proyectar una imagen. Era Jarvis, visualmente hecho trizas.
Bruce miró aquello con horror y se acercó para examinarlo mejor.
—Es una locura.
—Jarvis era la primera línea de defensa —comprendió Steve—. Habría apagado a Ultrón. Tiene sentido.
—No —corrigió Bruce—. Quizá Ultrón asimiló a Jarvis. Esto no es una estrategia. Es... furia.
Astlyr vio a Thor entrar al laboratorio con una expresión sombría. Se había vuelto a poner el traje al perseguir al Legionario que ella había dejado que se le escapara, con el cetro de Loki.
Le daba vergüenza mirarlo, se sentía decepcionada de sí misma por no haber sido lo suficientemente fuerte o hábil para detenerlo. Creyó que se dirigía hacia ella para reclamarle, pero se equivocó. Tomó a Tony del cuello y lo levantó del suelo con una sola mano y mínimo esfuerzo.
—¿Qué está pasando?
—Usa tus palabras, amigo —pidió Tony, casi sin aire.
—Tengo varias palabras para describirte, Stark.
Astlyr dejó las pinzas sobre la mesa de trabajo y corrió hacia ellos. Apoyó su mano sobre el antebrazo que Thor usaba para agarrar a Tony. Era con ella con quien debería estar enojado, no con Tony.
—¡Thor, para! —le pidió Astlyr, sintiéndose culpable— Por favor.
—Escucha a copito, beach boy —le suplicó Tony, con falta de aire.
El asgardiano dudó un momento, pero finalmente lo soltó, aunque con disgusto, como si se deshiciera de algo tóxico. Astlyr suspiró y quitó la mano de su brazo. Sabía que él no mataría a Tony, pero se sentía mal de que descargara su ira en él y no en ella, cuando fue ella quien no pudo derrotar al Legionario que se llevó el cetro.
—¿Y el cetro? —preguntó, tratando de ocultar su vergüenza.
Él la miró. Seguía con el semblante endurecido. Astlyr supo que, efectivamente, estaba enojado con ella.
—Le perdí el rastro a los ciento cincuenta kilómetros. Va hacia el norte. Ahora tenemos que recuperarlo —gruñó, volviendo a mirar a Tony—. Otra vez.
—No entiendo —expresó la doctora Cho, que hasta ahora se había mantenido en shock. Todos la miraron expectantes—. Tú creaste el programa. ¿Por qué hace esto?
Tony se giró, empezando a reírse poco a poco.
—¿Crees que es gracioso? —reclamó Thor, cada vez más furioso.
Bruce miraba a Tony y negaba con la cabeza, pidiéndole que no hiciera lo que hacía.
—No —contestó Tony, libre de culpa y con inocencia en sus ojos—. Quizá no lo sea, ¿o sí? Esto es terrible. Sí, es terrible —afirmó, todavía con burla.
—¡Esto se habría evitado si no hubieras jugado con algo que no entendías!
—Lo siento, lo siento. Es gracioso. ¡Es cómico que no entiendas por qué lo necesitamos!
—Tony... quizá no sea el momento —sugirió Banner con voz aguda, sonando nervioso.
—¿En serio? ¿Eso es todo? ¿Sólo te acobardas y callas cada vez que alguien gruñe? —recriminó.
—Sólo si ayudé a crear un robot asesino.
—¡No hicimos eso! —exclamó Stark—. No estábamos ni cerca. ¿Hicimos la interfaz?
—Bueno, algo hiciste bien. Y lo hiciste aquí —le recordó Steve, cruzado de brazos—. Los Vengadores no iban a ser como SHIELD.
—¿Ya olvidaron que llevé una bomba nuclear a un agujero de gusano?
Astlyr llevaba ya un tiempo en el equipo, aunque no tanto como los demás, y había escuchado varios comentarios de Tony respecto a eso, más o menos una docena de veces. Pero no le restaba su importancia ni acto heroico. Lo que había hecho fue muy valiente, y realmente terrorífico.
—No, nunca oí eso —comentó Rhodey con sarcasmo, haciéndose el desentendido—. No sé de qué hablas.
—¿Lo recuerdan? Un ejército hostil de extraterrestres llegó por un agujero de gusano. ¡Estamos a cien metros de eso! Somos los Vengadores. Podemos pasarnos el día atrapando traficantes de armas, pero lo que está arriba es la juego final. ¿Cómo planeaban vencerlo?
—Juntos —respondió Steve.
Tony miró a Steve, entrecerrando los ojos.
—Perderemos.
—Entonces, perderemos juntos. Thor tiene razón. Ultrón nos está desafiando, y hay que encontrarlo antes de que se prepare. El mundo es un lugar grande. Empecemos a hacerlo pequeño.
—¿Por qué acepté este trabajo? —dramatizó Astlyr en un bisbiseo casi inaudible.
Todos se pusieron a trabajar. Bruce y Tony se pusieron frente a las computadoras, Clint y Natasha se fueron por otro lado para buscar a Ultrón desde su propio método. Astlyr no vio a dónde se fueron los demás, porque siguió a Thor cuando éste salió del laboratorio.
—¿Thor? —lo llamó una vez que estuvieron lo suficientemente alejados, a mitad del pasillo.
El asgardiano se volteó con el ceño fruncido, pero relajó el rostro cuando la miró. Se dio cuenta casi de inmediato de la preocupación que Astlyr tenía implantada en sus ojos, y se acercó a ella.
—¿Estás herida? —le preguntó preocupado. Ella negó con la cabeza, sorprendida de que no le estuviera gritando, y lo vio relajarse— ¿Qué ocurre? ¿Es sobre el Mjölnir? ¿Quieres hablar de ello?
—N-no... Yo —tartamudeó. Podría contar con su mano las pocas veces que en su vida había tartamudeado. Admiraba tanto a Thor, que haberlo decepcionado como aprendiz y amiga, le mortificaba—... Lamento no haber podido detener al Legionario que se llevó el cetro. Creí que podría pararlo, pero apareció el otro y... se me fue de las manos.
Thor frunció el ceño profundamente, como si acabara de hablarle en otro idioma y no le hubiera entendido. Luego sonrió, divertido, y negó con la cabeza.
—No ha sido tu culpa, Lady Astlyr.
Dejó salir un pesado suspiro, y se relajó. Thor arqueó una ceja ante eso, dándose cuenta de lo que ocurría.
—¿Creíste que estaba molesto contigo?
Se encogió de hombros.
—Pensé que... Bueno, sí. Y que estabas decepcionado —añadió, metiendo las manos en los bolsillos de su saco—. Lo siento, prometo ser más hábil la próxima vez.
—No te disculpes. Prometo que no estoy enojado contigo. Nunca podría estar enojado con mi mejor aprendiz —añadió, señalándola.
Astlyr se rió.
—Soy la única que has tenido.
—Cierto —concedió. Luego ladeó la cabeza, mirándola pensativo. Astlyr sintió que la analizaba—. Sí comprendes por qué puedes levantar el Mjölnir, ¿verdad?
Miró a los lados, dudosa. Se sentía como en un pequeño examen.
—¿Porque soy "digna"?
Thor asintió con la cabeza.
—El Mjölnir —dijo, tendiéndole el arma. Astlyr dudó un poco antes de aceptarlo, y lo sostuvo sin problema— tiene un encantamiento. "Aquel que empuñe este martillo, si es digno de él, poseerá el poder de Thor" —citó, y señaló el arma con su dedo—. ¿Lo ves? Está inscrito ahí.
Astlyr bajó la mirada y examinó el martillo, confirmando lo dicho.
—Mi padre ordenó a los enanos a forjar el Mjölnir. Eitri, un enano herrero, utilizó el núcleo de una estrella como molde. En el proceso, la estrella explotó y casi destruyó Midgard, hace unos 65 millones de años. Aunque es poderoso en sí mismo, el martillo también recibió varios hechizos potentes por mi padre. Uno de ellos es el encantamiento que impide que sea ejercido por cualquier persona que no sea considerada digna. Nadie más puede levantarlo ni arrebatarlo de nuestras manos.
Astlyr tragó saliva con dificultad. Conocía las historias que su madre le había contado cuando era niña, pero sólo habían sido cuentos. Ahora, era real y el mismo Thor se lo estaba confirmando.
—Sólo para aclarar —mencionó en voz baja. Thor la miró atento y ella sonrió levemente hacia él—, no tengo que gobernar Asgard si no quiero, ¿verdad?
Él se rió y negó con la cabeza.
—No te preocupes por eso, Lady Astlyr —le dijo con voz tranquilizadora—. Te enseñaré a usarlo después de que destruyamos a Ultrón. No es un juguete, como te podrás dar cuenta.
Sonrió, mostrando los dientes.
—Bien. Será divertido provocar algunos truenos.
Thor sonrió.
—Sí, puede ser divertido.
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