—Estuvo aburrida —masculló, frunciendo su boca.
—¡No fue aburrida! ¡Quiero verla de nuevo! —exclamó Astlyr, tomando el control de la televisión para rebobinar la película.
—No me gustó.
—¿Qué fue lo que no te gustó? —preguntó, rodando los ojos.
—La chica cantaba y bailaba todo el tiempo —criticó, a lo que ella la miró con una cara fulminante—. ¿Qué?
—Yo canto y bailo todo el tiempo.
—Es diferente, tu cantas mejor —sentenció, evitando su mirada. Astlyr sonrió ilusionada por su halago—. Y el chico ése era... irritante.
—Se llama Link Larkin, lo interpreta Zac Efron, ¡y es el chico perfecto!
—Sólo lo dices porque sabe cantar —resopló.
—¡No es cierto! Él es lindo, no se fija en el físico, baila increíble, canta, se viste muy bien, se peina y es carismático, pero coqueto. El tipo de hombre con el que toda mujer sueña.
Él frunció el ceño, irritado. No le había gustado escuchar su descripción de "chico perfecto". Él no poseía ninguna de esas cualidades, y eso le molestaba. Era otra clara razón por la que sabía que ella no se fijaría en él de esa manera.
Tal vez el Bucky de los años 40 hubiera cumplido con sus estándares, pero el Bucky actual nunca llegaría a los talones de su príncipe ideal. De todos modos, ¿por qué pensaba en ello? Sabía que no valía la pena el intento. Ella merecía mucho más.
No tenía de que, aunque Astlyr había dicho que ése era el tipo de hombre con el que toda mujer sueña, jamás especificó que ése era su tipo de hombre. No, ella conocía bien su tipo de hombre, y estaba sentado justo a su lado.
—Los hombres de ahora no son como los de antes —se quejó, encogiéndose de hombros—. Antes te llevaban a tomar una malteada o a un mirador en su coche descapotado para besarte a la luz de la luna. Ahora tienes suerte si encuentras uno que te abra la puerta.
—Creo que yo fui así en los cuarentas... —murmuró con tono de decepción.
Ella lo miró con una pequeña sonrisa.
—Oh, no lo dudo. Por cómo te veías en las fotografías del museo y lo que me has dicho que recuerdas de esos tiempos, se nota que eras todo un casanova.
—Sí, eso creo —supuso, sintiéndose mal por no poder ser el mismo otra vez—. ¿Qué hay de ti?
—¿Sobre qué?
Bucky miró a la pantalla de la televisión, tratando de darse el valor para seguir por ese camino en la conversación. La película había vuelto a empezar.
—Seguro has tenido muchos novios.
—Algunos pretendientes, supongo —admitió, sin darle importancia—. Pero nunca un novio.
Se preguntó si eso sería verdad. Para él, ella era demasiado bonita y extrovertida como para no haber tenido un novio. Y no haber tenido un novio, generalmente, implicaba que tal vez nunca había estado con alguien en una forma física. No pudo evitar sentir curiosidad.
—Entonces, tú no...
Astlyr encarcó una ceja.
—¿Yo no he estado con nadie nunca?
Bucky no respondió, acobardándose. Ella suspiró.
—Nunca he pasado con alguien más allá de un beso. Mi trabajo en SHIELD no me daba mucho tiempo para enamorarme. Soy de las que necesita estar enamorada para pasar a algo más... eh, íntimo.
Desde ahí se quedaron callados y volvieron a ver Hairspray. A la mitad del filme, mientras Bucky intentaba recordar cómo y cuándo había sido su primer beso, su mano se formó un puño apretado. Astlyr se tensó ante el sonido del metal y lo miró con cautela.
—¿James? ¿Estás bien?
Cuando la miró, ella comprendió que Bucky Barnes no estaba ahí. El Soldado del Invierno había salido a la superficie, y la tenía en la mira como un objetivo. Astlyr saltó del sofá cuando él se lanzó sobre ella, logrando escabullirse por poco. Corrió a la cocina y saltó la barra para refugiarse.
El Soldado la alcanzó un segundo después, pero no la encontró por ningún lado. No se había dado cuenta de que su objetivo acababa de convertirte en un pequeño ratón blanco, que se mezcló con los gabinetes blancos de la cocina.
El Soldado se volteó, confundido. Ella aprovechó ese breve instante para volver a su persona. No podría agarrar ningún utensilio, plato o sartén sin hacer ruido y alertarlo. Así que maniobró y saltó sobre su cuerpo, abrazando su cintura con las piernas y enredando los brazos en su cuello para asfixiarlo. No quería lastimarlo de gravedad, sólo noquearlo. Sabía que era la única forma de hacer que Bucky volviera.
El Soldado se tiró de espaldas para aplastarla. Astlyr gruñó dolorida por el golpe en su espalda, pero mantuvo el agarre e incluso lo fortaleció cuando cayeron como dominó. Trató de ahorcarlo con un brazo, pero no era tan fuerte y el Soldado tenía mucha resistencia.
—¡Robot malo! ¡Robot malo!
El Soldado empezó a golpear sus piernas con toda su fuerza, haciendo que Astlyr le soltara el torso por el dolor de los golpes. Él se levantó y volteó, alzando su puño antes de estamparlo en su rostro con toda su fuerza, pero ella fue más rápida. Adelgazó hasta transformarse en una boa, lanzándose como una cobra. Lo apresó con fuerza alrededor del cuello. Él trató de quitársela de encima, pero pronto comenzó a debilitarse por la falta de aire.
El Soldado jadeaba y golpeaba su cuerpo. La cabeza de la serpiente quedó a la altura de la de él, y lo miró. Le siseó, mostrándole los dientes. Entonces, el Soldado le dio un último golpe suave y se desmayó. Astlyr rápidamente lo soltó y regresó a su forma.
—Menos mal que no tenemos vecinos abajo y la de al lado es sordomuda —dijo entre jadeos, más acelerada por el susto que por el esfuerzo, y palmeó su amplio pecho.
Una vez recuperó la compostura y calmó su corazón, se levantó del cuerpo de Bucky y fue por el botiquín de primeros auxilios. Al regresar, ni siquiera lo pensó y volvió a sentarse sobre su regazo, dada la falta de espacio en el suelo de la cocina y que esa sería la mejor posición para detenerlo en caso de que quien despertara no fuera Bucky.
Remojó un algodón en alcohol y lo acercó a su nariz, ayudándolo a despertar por el fuerte olor del líquido. No quería que se quedara inconsciente, necesitaba revisar que no estuviera herido y saber si lo había lastimado en un mal movimiento. Bucky abrió los ojos poco a poco, y la sentada sobre su regazo sin poner mucho peso. No le importó la posición, sino el cómo habían terminado así.
—No me digas que...
—Sí, el Soldado del Invierno volvió a aparecer —lo interrumpió. Frunció el ceño, mirándolo con curiosidad—. James, ¿en qué pensabas que lo hiciste despertar?
Él suspiró, dejándola continuar con la curación de sus heridas.
—Intentaba recordar algo.
—Ya veo —musitó, torciendo su boca en un modo pensativo.
—¿Qué cosa?
—Parece que despiertas al Soldado cuando fuerzas tus recuerdos; pero cuando los recuerdos llegan solos, no cambia nada. Tal vez deberíamos dejar de forzar tu memoria.
Él asintió, estando de acuerdo. Todas la veces que buscaba recordar algo en específico, el lavado de cerebro de HYDRA hacía efecto y le impedía entrar en sus recuerdos. Como consecuencia, el Soldado del Invierno tomaba control de su mente.
Diciéndose a sí mismo que jamás volvería a forzarse a recordar, se dio cuenta de que Astlyr tenía varios moretones en el rostro y un corte en el labio. Se sintió desfallecer y la culpa lo invadió por completo.
—Te lastimé —logró decir.
—No te preocupes por eso. Ya sabes que yo me curo rápido —respondió, mirando la herida del soldado—. El que me preocupa eres tú, James —le dijo, volviendo a fruncir el ceño—. Parece que no tienes heridas. ¿Te duele algo? ¿El cuello, la cabeza? ¿Cuántos dedos ves?
—Estoy bien, y cuatro —respondió, poco preocupado por sí mismo—. ¿Causé mucho problema? ¿Cuánto duró?
—Bueno, aunque esta vez me costó un poco más de trabajo derribarte. Tal vez cinco minutos, no lo sé. Tuve que asfixiarte para dejarte inconsciente. Lo siento.
Bucky miró hacia el suelo, evitando sus ojos. Entonces notó los enormes hematomas en sus piernas blancas. La había dejado llena de golpes. Ahora sí que había logrado herirla.
—¿Yo te hice eso? —casi gritó.
Astlyr apareció unas mayas en sus piernas para que Bucky dejara de ver lo que había provocado. Menos mal que no podía ver el enorme hematoma que seguro tendría en su espalda, o seguro explotaría de nervios y se iría por temor a volver a lastimarla.
—No fue nada. Ya te dije que en unos minutos estaré como nueva. James, concéntrate. ¿Seguro que no te duele algo?
Gruñó levemente cuando se llevó una mano al cuello. Le dolía un poco, pero sólo como si hubiera dormido un poco torcido. Apenada, Astlyr se mordió el labio y estiró su mano para tocarle el cuello. Tenía miedo de haber utilizado demasiada fuerza al estrangularlo.
Bucky se tensó por el toque. Su piel era suave y su mano era firme, pero tierna al examinarlo. Ella notó sus ojos analizándola y se congeló, hechizada por el electrizante azul de sus iris. Se inclinó, acercándose para mirarlos mejor y de cerca.
Tenía unos ojos increíbles, de un tono de azul que nunca antes había visto en otra persona. Su mano y su mirada viajaron hacia sus labios, que estaban entreabiertos, invitándola a probarlos. Ese fue el aliento de valentía que Astlyr necesitó para hacer lo siguiente.
—¿Quieres un sándwich de mermelada y mantequilla de maní?
Bucky frunció el ceño.
—¿Qué?
Sin darle tiempo de reaccionar, terminó de acercarse y unió sus labios en un beso. Él no se movió, pero su boca respondió de inmediato, y Astlyr sonrió aliviada en el beso. Le estaba correspondiendo.
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