Capitulo 4
Sale de mí y gruñe. Yo sólo puedo seguir contemplando el techo de mi habitación mientras las lágrimas, que siempre intento no derramar, se escapan de mis ojos.
Esta vez fue más duro y crudo. Incluso le di la bienvenida al dolor.
No sé si algo pasó con sus amigos o si tuvo otra discusión con mis padres, lo único de lo que estoy segura, es que ha proyectado esa furia en mi cuerpo. Aun puedo sentir el control de sus manos en mis brazos y mi piel escoce en los lugares que mordió con fuerza.
—Esta noche estuviste demasiado dócil, mocosa —dice. Sube su pantalón y se sienta en el borde de mi cama. Enciende un cigarrillo y empuja con su dedo mi caja de música.
No respondo. Cubro mi cuerpo con las sabanas. A diferencia de él, yo si debo estar totalmente desnuda. Didier por su parte, sólo se baja su pantalón. Ni siquiera usa un puto condón, es una suerte que no me halla contagiado algo y que yo haya decido planificar. Una vez intenté decirle que debía hacerlo, me golpeó y luego atacó a mi abuela. No volví a sugerirle nada, simplemente le permití hacer con mi cuerpo lo que se le antojara.
—¿Vas a hablar o qué? ha habido otras veces en las que al menos finges y gimes como puta. Esta noche, sin embargo, has sido peor que una muñeca inflable. —Se burla—. ¿Acaso el niñato con el que jugaste esta tarde no supo hacértelo mejor?
Mis ojos se cierran. Trato de alejar su voz, los recuerdos de esa noche y de miles de noches anteriores, pero es imposible.
—Héctor se pasará mañana. —Me tenso inmediatamente después de escucharlo. Héctor es peor que mi hermano, es brutal y cruel. Me estremezco recordando la última vez que me tocó. No pude caminar bien por dos días—. Oh —Ríe entre dientes—, Te emociona saber que viene tu hombre favorito. Recuerda portante bien, Anita, traeremos un amigo a la fiesta.
—¿Qué? —Me estremezco nuevamente, no debí haber mostrado reacción alguna. Pero el temor se desliza en mis huesos al escuchar que otro chico vendrá por mí.
Mis padres saldrán de cena mañana, es su aniversario y mamá ha preparado una velada romántica para ella y mi padre. Didier ha aprovechado para hacer una fiesta. Lo ha hecho antes, pero siempre, quienes visitan mi cuarto son él o Hector. Miguel no volvió a tocarme desde esa noche, incluso dejó de juntarse con mi hermano. Lo he visto un par de veces en la ciudad, a veces me ve con dolor y vergüenza, otras no es capaz de reconocer mi existencia y una sóla vez con arrepentimiento.
Lo ignoré, es demasiado tarde para ello.
—Lo escuchaste perfectamente. Mañana vendrá un amigo, quiere conocer a nuestro juguetito. Es un buen proveedor, así que, pórtate bien y todos estaremos sanos y salvos.
Oh Dios mío. Mi hermano me usará para obtener drogas.
El escalofrío que me recorre esta vez es demasiado fuerte. Didier rompe a reír, pero procura no hacer demasiado ruido para despertar a mis padres que duermen en su habitación en la planta baja. Escupe el suelo y deja su cigarro entre el hueco de mi caja de música.
Mis ojos siguen derramando lágrimas, lo veo salir de mi habitación y corro hacia la caja para quitar el cigarro que ha empañado el interior con su humo. Me levanto y arrojo el cigarro al suelo, lo pateo y piso, imaginando que es el imbécil de mi hermano. Me dejo caer nuevamente y lloro. Sollozo y me sacudo, me abrazo a mí misma y maldigo mi vida. Unos minutos después tomo la caja de música, la llevo hasta el baño y mientras intento limpiar mi cuerpo, dejo que la música me traiga algo de paz. Así sea por unos segundos.
—Así que esta es la pequeña —dice, el hombre que hace unos segundos me fue presentado como Román. Me sacudo al sentir el roce de sus fríos dedos contra mi brazo—. No mentían cuando decían que es una cosita deliciosa. —Mi hermano y Héctor ríen. La supuesta fiesta que habían planeado para hoy se compone sólo de ellos tres y una puta que acompaña a Román y me ve como si fuera la mierda en su zapato.
—Te dije que valdría la pena —comenta Héctor. Sus ojos de desplazan al igual que los de Román, por todo mi cuerpo—. Y cuando la presionas un poco, deberías ver lo gata salvaje que se vuelve.
Vuelven a reír, incluso la puta lo hace. Me encojo aún más.
—Debe ser una de las buenas, si quieren algo de mi lote tienen que pagar un buen precio por ello. —Los ojos claros del proveedor regresan a mi rostro—. Bien, es hora de probar la mercancía.
Un sollozo se escapa de mi boca al escuchar esas palabras. Sé exactamente a lo que se refiere y no puedo evitar sentir miedo y repulsión. Didier toma mi brazo y me sacude, golpea mi mejilla y gruñe en mi oído.
—La abuela puede sufrir otra horrible caída si no te comportas.
—No. No le hagas nada —susurro aterrada.
—Entonces... hazlo bien.
—¿Algún problema? —pregunta Román.
—Ninguno amigo —responde Héctor—. Ana sólo necesita unas cuantas palabras de motivación.
Los ojos de Román brillan con malicia. Esta noche sé que voy a sufrir más daño que nunca. No puedo evitar controlar los temblores de mi cuerpo.
—¿Están seguros de que sus padres no regresaran hasta tarde?
—Completamente —responde Didier—. Yo mismo me aseguré de ello. Mamá creerá que se ha ganado una estadía en la suite del hotel porque sí.
Dios mío. Eso los detendrá en el lugar toda la noche.
—Bien. Lo quiero en la cocina —dice la puta. Mis ojos se abren en confusión—. Quiero que la montes en la cocina cariño.
Bilis se acumula en mi garganta. Ella quiere que me viole en la cocina de mi madre, y quiere ver como lo hace.
—Tú y tus locas fantasías —Ríe Román—. Ya ven chicos, por eso es que la amo tanto.
—Vamos. —Me empuja Didier. Me resisto, no voy a permitir que manchen un espacio donde mi madre tararea y ríe cada día. Está bien que usen mi habitación, ese lugar sólo me pertenece a mí; pero la cocina, es el territorio de ella y no puedo permitirme a mí misma tener un recuerdo negro en un lugar donde tantas veces he reído con ella—. ¡Joder! Anda.
—Didier... no —Me cubro demasiado tarde, su mano golpea nuevamente mi rostro.
—Vas a hacer lo que te digamos. ¿En serio quieres llevarme la contraria?
—No, no. Sólo... ahí no. Llévalo a mi cuarto.
—Ella lo quiere ahí, él es el cliente, él es quien pide cómo y donde lo quiere.
—Pero es la cocina de mamá —lloro.
—¿Y? muévete mocosa. No me hagas repetirlo una vez más —gruñe. Me estruja. Héctor ríe y viene hacia mí también. Toma mi cabello y hala mi cabeza hacia atrás—. Recuerda muy bien lo que sucede si no cumples.
El recuerdo de mi abuela golpeada, porque aparentemente un hombre ebrio la confundió con un poste, me llega a la mente.
—Esta bien. Lo haré —sollozo. Dejo que me empujen hasta la cocina, cierro mis ojos en cuanto llego y sus manos empiezan a desnudarme.
Román se acerca tras de mí y susurra porquerías que me hacen temblar llena de pánico. Me repito una y mil veces que es sólo una pesadilla, trato de recordar cada chico con el cual he decidido dormir para mitigar la sensación de sus callosas manos, el dolor cuando aprieta mis senos con violencia, el escozor de su barba mientras recorre mi piel con sus dientes, las náuseas cuando me hace besarlo y tocarle. Reprimo mis gemidos lastimeros cuando introduce su miembro en mi boca, lloro cuando escucho las risas de todos a mí alrededor y me encojo cuando Didier me golpea por no ser capaz de tomarlo profundo en mi boca.
Pero cuando entra de forma violenta en mí, cuando me dobla, empuja y golpea en mi interior, tan fuerte que mis gritos no puedo ahogarlos... vuelvo a romperme.
Me rompo, me deshago, me quiebro en mil pedazos, escuchándolo decirme lo sucia que soy, y a los tres espectadores animándolo a hacerme más daño.
Cuando termina y es el turno de Héctor no puedo más que tararear la música mi caja para olvidar mi cruda y cruel realidad.
No quiero vivir más.
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Un capitulo fuerte.
Totalmente diferente a lo que escribo, pero creo que las personas que son víctimas de una situación de estas, necesitan que los demás sepamos el alcance de dolor y sufrimiento que padecen.
NO A LA VIOLACIÓN O ABUSO, NO AL ABANDONO O INDIFERENCIA, NO A JUZGAR, NO A CALLAR, NO A LA CRUELDAD.
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