Naraku x Kikyo (Familiar)
Capitulo dedicado a @CharlyCamacho496
La vida de casados a la que él se había acostumbrado, había dado un giro inesperado cuando aquella criatura se le fue entregada en brazos.
Kikyo lo observó con una pequeña sonrisa antes de quedarse dormida por todo el trabajo que había realizado.
Los meses pasaron y su esposa comenzaba a prepararse para retomar su vida laboral.
Por su parte, él trabajaba desde casa atendiendo cualquier problema que se presentara en la empresa.
Kikyo era terca, insistía en querer trabajar por su parte a pesar de que él fácilmente podía mantener a los 3, pero respetaba su opinión.
Ella trabajaba cerca de casa de todas formas, en una hermosa florería que había abierto junto a su hermana menor.
Al inicio, las tareas básicas de padre se le hacían difíciles de ejecutar. Cambiar de pañales a su hija era todo un reto al que se acostumbro tras varios intentos fallidos.
El biberón también fue algo de lo que tuvo que aprender con paciencia, pero lo que nunca pudo hacer, fue conservar la calma cuando algo en la pequeña parecía ir mal.
Escucharla llorar lo ponía nervioso y acababa saliendo con ella de paseo a un parque cercano.
Allí la pequeña se distraía y dejaba de llorar, tranquilizándolo por completo el oírla reír.
La pequeña había heredado su cabello rizado y unos ojos morados que casi llegaban a ser negros.
Un pequeño broche de abeja le sujetaba el cabelllo para que no le tapara la cara. Kaede se lo había regalado cuando el pelo de Aiko comenzó a volverse difícil de controlar.
En las tardes, Kikyo solía preguntarse como se los encontraría mientras caminaba a su casa, ya que aquel dúo de padre e hija tenían un talento para sorprenderla al llegar.
Aún recuerda cuando llegó a la casa y encontró a Naraku dormido junto a la bebé con un desastre alrededor, o cuando lo encontró midiendo la temperatura de la leche con un termómetro rectal. menos mal que aquella era la primera y última vez que lo usaba.
Cuando Kikyo se llevaba a Aiko al trabajo, se aseguraba de tenerla bien vigilada, ya que algunas flores tenían propiedades tóxicas.
Fue por ese motivo que prefirió dejarla en casa a menos que Naraku tuviera que salir por algún asunto urgente. Prefería no exponer a su hija a una situación peligrosa.
Pero las plantas no eran el único peligro existente y sin poder evitarlo, Aiko acabó enfermándose. La fiebre en ese momento junto a los llantos de la menor, hicieron que Naraku perdiera totalmente la calma para llevarla rápidamente a una clínica.
El mundo ya no giraba solo en torno a los dos, había un nuevo individuo que buscaba consuelo por el dolor y no tardó en obtenerlo.
Kikyo al enterarse de la situación, dejo la florería a cargo de su hermana menor y partió. Al llegar, se encontró con su hija dormida junto a su esposo, el cual se había colado en la camilla para abrazar a la pequeña que dejó de llorar, al sentir el calor de su padre minutos atrás.
Para cuando ambos despertaron, notaron que en aquella estrecha camilla, los acompañaba alguien más.
Desde el lado opuesto a Naraku, Kikyo se había acostado rodeando a su hija por completo con su brazo, sellando por completo ambos lados.
La pequeña al verla, se sintió más relajada y pudo dormir con tranquilidad.
En la tarde del mismo día, Aiko fue dada de alta y regresaron a casa, luchando con la pequeña para que se tomará el jarabe que le habían recetado.
Naraku fue sacrificado por su bien, siendo obligado a tomar de aquel medicamento para fingir una sonrisa que animara a la más pequeña a tomárselo.
Luego de que aquel engaño funcionara a medias, (ya que la primera cucharada acabó en la cara de Naraku) lograron dormir tras sobornar a la niña con dulces a cambio de tomarse aquel medicamento.
Los años siguieron pasando y el rumor de que un loco arrojaba panales a quienes pretendían a su hija se hizo popular.
Pero eso no evitó que el día de dejarla ir llegara, sintiendo que cada paso que daba sobre esa alfombra roja, le provocaba más ardor en sus pupilas, las cuales observaban a su feliz hija vestida de blanco avanzar junto a él.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano para no dejar salir sus lágrimas, amenazó al bastardo una última vez antes de dejar ir a su pequeña.
Ahora solo quedaban 2 a las que proteger...
Y ahora con un ayudante masculino de su lado, no se permitiría perder otra vez.
Notas del autor
Perdón por la larga espera, el próximo pedido lo subiré pronto.
Muchas gracias por leer y espero que les haya gustado.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro