Capítulo 24.
24.-Those Eyes- New West.
Sabía que mamá estaba preocupada por la situación, la verdad, en retrospectiva, no parecía nada cuerda en ese momento. Mi mirada estaba perdida, sin embargo, mis pensamientos estaban bastante fijos en un objetivo. Lucky Jacobi era un dramático de primera, le encantaba escribir historias, crear leyendas y él me estaba usando esta vez para terminar su máxima obra: La historia de una colisión.
Cuando nos detuvimos frente a la escuela no lo pensé dos veces antes para abrir la puerta, pero la mano de mi madre me detuvo.
—Aurora, se que todo esto es muy difícil, esta situación es horrible, sé que duele, así que por favor, no te cierres, dime que está pasando, tal vez pueda...
—Estoy bien—dije sonando lo más calmada posible, pero era mi mamá, me conocía bastante bien.
—No, Aurora, no lo estás.
Los vellos de mi nuca se erizaron al escuchar la verdad.
No lo estaba, era imposible estarlo en esa situación.
Cerré nuevamente la puerta del auto y me recosté en el asiento del copiloto sintiendo la mirada de mamá. Estaba buscando algo, tratando de conseguir aquello que podía hacerme sentir mejor. Pero la verdad era que lo único que podría hacerme sentir mejor ya no estaba aquí.
—El amor duele, ¿verdad?—susurré con la vista fija en el abeto oriental a un costado del instituto. El árbol bailaba junto a la suave brisa en una danza hipnotizante—. El amor duele.
—Lo hace, si.
—Tu me entiendes.
—Lo hago.
—Por eso sabes que no estoy bien.
—No, sé que no estás bien porque eres mi hija y te amo. Supe que las cosas entre nosotras no estaban bien antes de mudarnos aquí, solo que fui terca e hice la vista a un lado. No voy a cometer ese error dos veces, Aurora.
No pude evitar sonreír, una pequeña sonrisa de verdad. Miré nuevamente a mamá y pareciera que esa sonrisa fue un respiro para ella. Tomé su mano, la apreté con fuerza y suspiré antes de hablar.
—No estoy bien, pero lo estaré, mamá.
Sus ojos se abrieron un poco por mis palabras, estreché su mano por última vez y finalmente bajé del auto para adentrarme en el instituto.
Esta vez no tenía el juego de llaves para colarme en el lugar, pero parecía que Lucky Jacobi estaba moviendo sus hilos desde donde fuera que estuviera. La puerta estaba abierta, los pasillos estaban desolados, el lugar estaba ahí para mí, con el único sonido de mis pequeños tacones chocar con el piso de mármol. Me detuve y me los quité, uno a uno, luego sostuve a ambos con mi mano derecha y seguí.
Si alguien por casualidad me viera así tal vez se asustaría y contaría que se toparon con un fantasma, un alma en pena que parecía no poder descansar.
Lucky crearía una historia de terror de como una chica de secundaria fue cruelmente asesinada en uno de los pasillos del instituto durante su baile de graduación.
Fue inevitable no reír un poco, la historia se volvería más turbia si alguien me viera reír de esa manera, con el vestido azul, mis tacones en mano y el rímel un poco corrido que hace juego con mi cabello despeinado.
Cinco pasos, tres pasos... Y ahí estoy.
Di un paso más para apoyar la palma de mi mano sobre la puerta metálica de color amarillo pollito con una de las letras de su nombre y los números 437 bien grabados en color negro.
Ese casillero parecía ser tan especial para Lucky, no, lo era. ¿Cómo no lo entendí aquella noche en el descampado?
—¿Este es tu deseo número doce, Lucky?
Deseo número 12: 1275
—No entiendo, ¿de qué se trata?
Deslicé mi mano a través de la puerta y llegué al candado.
—No lo sé, deberías averiguarlo.
Con delicadeza y lentitud empecé a rodar el mecanismo en los números correctos.
—Lucky—lo regañé y él sonrió aún más.
Doce.
—Cuando muera lo sabrás.
Siete.
—Por último, pero no menos importante, sigue las instrucciones, Aurora.
Cinco.
Clic.
No era la clave de su teléfono, tampoco el de su computadora, era la de su amado casillero.
—Eres afortunada, cuatro tres ocho, te tocó un intocable.
Le eché un vistazo a mi casillero a su lado, era como si el destino quisiera que Lucky Jacobi y yo nos hubiéramos conocido a como dé lugar.
Contuve la respiración mientras abría la puerta del casillero 437, era lo único que se escuchaba en aquel pasillo al igual que el sonido de mi respiración. Mi corazón latía de manera veloz, pero este casi se detuvo cuando vi aquel sobre blanco justo en el centro del vacío casillero. Sabía que Love había venido por sus cosas día atrás, por más que yo insistiera por hacerlo, pero Lucky me había distraído aquella tarde con sus sonrisas y sus besos.
¿Love había traído aquel sobre?
Con mi mano temblorosa lo tomé. Sonreí al ver mi nombre escrito en él con su letra, el chico de ojos azules seguía sorprendiéndome.
—Tenías que armar toda una historia para darme esto, Lucky Jacobi, me hiciste huir de tu funeral porque querías seguir luciéndote conmigo, ¿verdad?—deslicé mi espalda a través de los casilleros hasta que me senté en el suelo.
Esta vez no lo pensé demasiado, abrí el sobre y saqué la hoja que estaba perfectamente doblada dentro de ella. Una hoja que solo tenía otro acertijo.
Aurora Jacobi.
Si me hubiese dado esto en persona lo habría tomado como un chiste o como una de sus charlas sobre el futuro que habría querido tener conmigo, pero Lucky Jacobi estaba haciendo su gran final.
Al parecer, su mítica frase de tengo que morir para que lo entiendas, estaba tomando sentido.
—¿De verdad, Lucky? ¿Escogiste eso? Vale, me ganaste, pensé que era mi fecha de nacimiento.
Lucky me había dejado otra cosa muy importante, su computadora y sabía que ahí estaba el final de nuestra historia.
—¿Pudiste terminar de escribirlo?
Ahora la pregunta era, ¿tomó la ficción o la realidad?
Me levanté del suelo y cerré su casillero, sin mirar atrás emprendí camino hacia el auto de mamá quién al verme parecía estar muriéndose de los nervios.
Le sonreí tratando de tranquilizarla. Seguía sin estar bien, pero me sentía mucho mejor.
—Creo que ya el servicio terminó, ¿podríamos ir a casa? Debo ayudar a los Jacobi con sus invitados.
—Aurora, ¿estás segura que...?
—Mamá, vamos a casa.
Subí al auto, sin tomarle mucha importancia al hecho de que mamá seguía mirándome a través de la ventana del copiloto, pero en poco tiempo ya estaba rodeando el auto para colocarse detrás del volante.
—¿Qué es eso?—cuestionó después de unos minutos ojeando no muy discretamente el sobre en mis manos.
Entré en un pequeño debate sobre que responderle, decirle que era un mensaje de Lucky la preocuparia aún más, necesitaba darle un poco de paz a mi madre.
—El final—me limité a responderle.
—¿El final? ¿Cuál final?
—El de un libro que he estado leyendo.
Parecía que mis intentos de darle paz a mamá no funcionaron en absoluto, pero no le presté demasiada atención.
Después de un corto tramo hasta la casa de los Jacobi, no me sorprendió ver aquel lugar repleto de gente, incluso los autos llenaban un gran pedazo de la cuadra.
Me recompuse en mis pequeños tacones y esperé a mamá para tomar su mano mientras caminábamos hasta aquel lugar. Sentí la mirada de muchos, mi manera precipitada de irme había llamado la atención de todos. Me separé de mamá una vez estuve dentro de la casa, caminando en dirección a la cocina en donde sabría que encontraría a Peace, pero antes de poder cruzar aquella puerta la chica con cabellera rubia se plantó frente a mi camino, buscando algo a través de mí.
—Estaba preocupada, ¿estás bien?
—No, no lo estoy—respondí con sinceridad —, pero estoy mejor. Estaba con mamá, recordé algo y tuve que... correr.
—¿Recordaste algo?—Asentí y ella embozó una pequeña sonrisa—. ¿Algo sobre Jacobi?
Pensé un minuto antes de responder.
—Él tenía una manera muy peculiar de ver las cosas—dije por fin, sin dar muchos detalles.
—Lo spé, fue una de las razones por las que nos hicimos amigos. ¿Qué hizo esta vez?
Miré mis manos, para que no pudiera ver las lágrimas que se estaban formando en mis ojos. Respiré profundo y me obligué a dejarlas atrás.
—Me hizo seguir sus instrucciones.
—Jacobi siendo un mandón incluso en esta situación, ¿eh?—Raph colocó su brazo sobre mis hombros sorprendiéndome, al parecer estaba escuchando mi conversación con Bea—. No me sorprende, ¿te sorprende, Noah?
Noah vestía de negro.
Mis ojos quedaron fijos en su saco y corbata, era la primera vez que veía a Noah Miller vestido tan formalmente, pero la verdad era que me daba un poco igual su forma de vestir, era el color...
Noah se dio cuenta de cómo lo miraba, pero ni una vez me esquivó, me observó con arrogancia, como si le fuera a reclamar algo y él me contestaría con algo el doble de inteligente.
No dije nada, pero me molestó, porque no cumplió el deseo de su mejor amigo.
Trick estaba a su lado incómodo, podía ver cómo Noah y yo nos sumergíamos en una guerra de miradas, el brazo tenso de Raph también me confirmaba que se había dado cuenta de la interacción y sin verla sabía que Bea también lo había notado.
—Iré a buscar a Peace, de seguro necesita mi ayuda.
Sin más dejé a nuestros amigos atrás y fui en busca de Peace. Crucé la puerta hacia la cocina y ahí estaba ella, de espalda, como la primera vez que la conocí, cortando algo de fruta en una tabla de madera, pero a diferencia de esa vez, cuando le notó, su hijo no estaba a mi lado y el brillo de aquellos ojos azules también era un gran ausente.
No dijo nada, volvió a lo suyo, cortando una manzana de una docena que estaba repartida sobre la isla.
Me acerqué a ella y tomé uno de los cuchillos de su lugar y otra tabla para cortar, sujeté una de las manzanas y la acompañé.
Así estuvimos un gran rato, cortando sin parar en rodajas las manzanas rojas, hasta que no quedó ninguna de ellas sin rebanar.
—Lamento irme así, necesitaba estar ahí con ustedes, pero tenía que... Le pro-prometí al-algo—dije con voz quebrada mirando el cuchillo en mi mano, tomándolo con fuerza, buscando algo en que sostenerme. Aclaré mi garganta tratando de estabilizar mi voz temblorosa—. Le prometí que estaría al lado de su familia en todo momento y no pude cumplirlo.
Jadeé al levantar la mirada y ver las lágrimas de Peace en sus mejillas. La mujer me tomó en sus brazos presionándome con fuerza sobre su pecho, me dejé llevar, lloré con ella, me llené de su dolor de madre como ella se llenó del dolor de la chica que amaba a su hijo. Nos llenamos de dolor y... tratamos de dejarlo ir.
—A veces se hace muy cuesta arriba cumplir una promesa, Aurora, pero no significa que seamos malas personas, eso solo nos dice que somos humanos—susurró ella sobre mi cabello mientras lo acariciaba suavemente con su mano—. Yo también acabo de romper mi promesa así que no te sientas mal, ¿de acuerdo?
—Él no estaría enojado con nosotras, ¿verdad?
—No, lo estaría consigo mismo, por no estar aquí para abrazarnos como lo estamos haciendo ahora.
Mi risa nasal llenó la solitaria cocina y poco después la de Peace también retumbó en el lugar. Bryan y Love se parecían mucho, pero Lucky era la viva imagen de su madre, ver los ojos azules de aquella mujer, era como ver los de él.
—Lo sé—Peace dejó caer su mirada al suelo, sabía lo que estaba pensando—, esta mañana no pude mirarme al espejo porque mis ojos son iguales a los suyos.
—Peace...
—En mi mente solo podía odiar el color de mis ojos, pero luego comprendí que esta es solo una manera de sentirme más cerca de mi niño. Mirarme al espejo no debe ser doloroso, mirarme al espejo solo me trae añoranza, recuerdos vívidos de sus primeros pasos, su primera palabra, el primer día de clases, ja, la primera vez que trajo a una chica a casa y dijo que lo hacía sentir diferente—Mis mejillas se calentaron y Peace, aún con sus ojos brillantes rio un poco—. No había tenido la oportunidad de darte las gracias, Aurie.
—¿Las gracias?
—Lucky siempre brilló por si solo, pero a tu lado no podía dejar de pensar que brillaba como una estrella.
—Peace...
—Eres y serás siempre lo mejor que pudo pasarle a mi hijo, gracias por estar ahí para él, para nosotros, estoy segura de que te espera lo mejor en el futuro.
Nuevamente me encontré en los brazos de Peace, valoré cada una de esas palabras, llegaron hasta lo más profundo de mi corazón.
Podría decir algo parecido, solo que en cambio Aurora Campbell nunca brilló, pero al estar al lado de Lucky Jacobi la hacia brillar como una estrella.
Recibí el pésame de algunos compañeros de clases, profesores y amigos de la familia, al inicio del día pensé que llamaría más la atención con mi vestido, pero al final del día fue más por mi pequeño ataque de pánico y escape. Todos sabían quién era la novia Lucky Jacobi y todos me hicieron saber lo que ya sabía: Lucky Jacobi era un chico increíble.
No se lo merecía.
Era tan joven.
Cualquier cosa que necesites puedes llamarme.
Era tan encantador.
¿Estás bien?
Solo resistí cincuenta y siete minutos cuando escapé al único lugar en que podría sentirme a salvo.
Cuando llegué ahí, no estaba solo, alguien vestido de un tétrico negro estaba recostado sobre las suaves sábanas azules de la cama de Lucky.
Miraba hacia las estrellas, incluso siguió haciéndolo cuando me escuchó entrar, sabía que estaba ahí, pero me ignoró.
Me daba igual que estuviera ahí, pero seguía molestándote el hecho de que...
—Estas vistiendo de negro, Noah.
—Es un funeral.
—Es su funeral.
—¿Ah sí? No lo veo aquí para disfrutarlo de primera mano, hasta donde sé fue a él quien enterraron esta mañana.
Me había puesto una coraza cuando decidí enfrentarlo, esperaba palabras inteligentes de su parte, no crueldad.
Raph y Lucky eran realmente buenos amigos, mejores amigos, al igual que con Bea y Trick, pero Noah... Ellos eran mejores amigos a su manera.
Noah apreciaba tanto a Lucky, de tal manera de que estaba segura que le dolía igual que a mí.
No dije nada, solo caminé hasta la cama y me recosté a su lado, mirando hacia las estrellas en el techo como tanto lo había hecho en las últimas semanas.
—Lo siento—susurró Noah en voz baja—, solo quería llevarle la contraria una vez. No iba a seguir sus instrucciones, esta es mi venganza por no decírmelo antes.
—Estoy segura de que rodaría los ojos y seguiría insistiendo hasta que te cambiaras.
—Jacobi es... Era bastante persuasivo.
Era, odiaba hablar de él en tiempo pasado.
—Lo siento de nuevo por...
—Lo sé, Noah, lo sé.
—Deberías volver, supongo que viniste porque querías estar un rato a solas—Asentí sin despegar mis ojos del techo estrellado—. ¿Cuántas veces te han preguntado si estás bien?
—Perdí la cuenta.
—¿Estás bien?—lo miré e imité su sonrisa burlona—. Yo si lo estoy preguntando en serio, Aurie.
—¿Tú estás bien?
—Estoy en el funeral de mi mejor amigo, cargué su ataúd esta mañana y traté como basura a su novia hace un instante. No, no estoy bien, estoy como la mierda.
—Estoy en el funeral de mi novio, Noah, las novias les ganan a los mejores amigos así que me siento más allá que una mierda.
—Jacobi era un suertudo, sé que él no lo pensaba así, pero si lo era, te encontró, Aurie, ¿Qué más suerte que eso?—La manera como me vio, fue tan diferente, era la primera vez que Noah Miller se dirigía a mí de esa manera y fue la última vez que lo hizo—. Si necesitas algo, llama a Raph, él es una buena compañía.
—¿Qué hay de ti?
Noah sonrió y negó con la cabeza.
—Tengo suficiente con consolar a Bea.
Fue imposible no reír mientras lo veía salir de la habitación, Noah había levantado mis ánimos luego de una tortuosa jornada con los invitados de Lucky.
Pero el silenció volvió y las estrellas en el techo gritaban que debía hacerlo, era el momento.
Tomé una profunda respiración y me estiré para tomar la computadora de Lucky en el cajón de su mesa de noche donde usualmente la dejaba. La acomodé sobre mi regazo, mientras que con manos temblorosas la encendía, segundos después la computadora me pedía una contraseña.
A U R O R A J A C O B I.
Mis hombros se relajaron un poco al ver que la computadora había aceptado la contraseña.
—Eres un tonto, Lucky Jacobi.
Todo seguía igual, el fondo de Charizard en su mega evolución en la que Lucky muchas veces intento explicarme con pasión y yo seguía fingiendo que no entendía de lo que hablaba para seguir escuchándolo hablar con brillo en sus ojos, seguía ahí.
No fue necesario buscar demasiado, solo había una cosa diferente en el escritorio, una carpeta con mi nombre, justo en el centro de la pantalla. Di doble clic, solo habían dos elementos, un documento y... Mierda.
—No lo hiciste, tú... No lo hi-hiciste.
Mi corazón se aceleró, mis manos empezaron a temblar como gelatina al igual que mi mandíbula. Las lágrimas que había logrado controlar volvieron y esta vez salieron sin pedir permiso como dos chorros de agua silenciosamente.
Había dos elementos, un documento y un vídeo.
Un vídeo de Lucky.
—Eres cruel, Lucky Jacobi.
Sin pensármelo dos veces, porque sabía que me acobardaría hice doble click en el vídeo que llevaba por título: Para mi princesa Aurora.
Y lo ví.
Jadeé con mis manos cubriendo mi boca, veía nuevamente sus impresionantes ojos azules como si no estuviera tan lejos. Por un segundo mi cabeza pensó que estaba de vacaciones en alguna otra parte del mundo, que hacíamos una videollamada como una pareja que se extrañaba mucho, pero luego fijé mis ojos en el calendario a su lado y recordé en qué fecha estábamos.
—Lo conseguiste, Aurora, llegaste al final de nuestra historia.
—¿Lo conseguí?
Él rio, como si pudiera escucharme, mi corazón se aceleró.
—Sí, Aurora, lo conseguiste, seguiste las instruciones, pero no me sorprende, estoy seguro de que no fue muy complicado.
—¡Idiota, claro que fue complicado!
—Te conozco, no te enojes conmigo, ¿si?—bateó sus pestañas y como si fuera posible sus ojos brillaron a un más—. Además, te dije que estaba buscando una manera de salir de mi bloqueo y esto lo consiguió, terminaré la historia de una colisión antes de partir, eso es seguro.
—Lucky... No... ¿Por qué te fuiste?
De nuevo parecía que podía escucharme, porque su sonrisa se borró.
—Si estás viendo este vídeo es porque ya no estoy allí, al menos no físicamente. Podría decirse que perdí, pero, ¿sabes? Siento que gané más desde que te conocí aquel día. No hablo de la primera vez que hablamos en los pasillos del instituto, sino de...
—La vez que nuestras miradas colisionaron.
—... La vez que nuestras miradas colisionaron. Te veías tan bonita en tu balcón, como una princesa y yo el vagabundo que la añoraba, pero... ya sabes esa parte de la historia—sonrió, tomó asiento en el suelo, el vídeo había sido grabado en su habitación, la cámara mirando hacia la puerta—, pero esto no es sobre el inicio, es sobre el final, ¿no? Así que toma asiento, porque es momento de que te lea un extracto del final de la historia de una colisión, solo un adelanto, el resto.... El resto tendrás que descubrirlo tú.
Este capítulo me quema y lastima...
Dedicado a kanae_sanemi :)
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