Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 6.

Una explicación inesperada, quizás habría vivido mejor en la ignorancia.

Y, sin ningún tipo de precedentes, estalló en llantos.

Mis labios se entreabrieron como si fuese a decir algo, aunque en realidad mi mente estaba completamente en blanco. De haber estado conectada a algún tipo de máquina, mis constantes neuronales hubiesen sido una línea plana y sin movimientos.

Los sollozos me llegaban entrecortados debido a la cobertura.

—¿Mamá? —probé a hablar, tanteando el ambiente de forma cuidadosa— Mamá, ¿te encuentras bien? ¿Qué ocurre?

Una idea terrible me cruzó la mente y sentí como me ahogaba ante la posibilidad.

—¿Dónde está Robert? ¿Y papá?

Cualquiera de los dos Cole habría sido una llamada menos sorprendente y que ninguno se encontrase al otro lado me hizo temerme lo peor, pero mi progenitora se encargó de descartar rápidamente esa posibilidad:

—Tu hermano y tu padre están bien, cariño —su voz sonó torpe, temblorosa y fatigada. Consiguió sobreponerse a las lágrimas y continuó:— Lamento asustarte, pero... necesitaba hablar con alguien, sé que nuestra relación no es la mejor y que lo más seguro es que me odies. No tenía a nadie más a quien recurrir.

Mi rostro al completo se arrugó por el impacto, extrañado. Luca que seguía en pie frente a mí, se inclinó hasta quedar arrodillado, de tal forma que nuestras caras quedaron más próximas. Sus ojos indagaron en los míos, preguntándome por algo a lo que aún no tenía respuesta.

Me limité a sacudir la cabeza.

—¿Qué ocurre, mamá? —insistí cuando se quedó callada.

Grace Cole carraspeó, quizás para recuperar su usual tono energético, o simplemente para deshacer lo mejor posible el nudo en su garganta. Lo que estaba a punto de decir no era sencillo, no para ella, no con las implicaciones que esto traería a su familia.

—Eleanor —mi nombre sonó severo en sus labios, dejando implícito que lo que estaba a punto de relevar era grave:— estoy embarazada. Y el bebé no es de tu padre.

Si me había sentido en shock cuando Luca leyó su nombre en la pantalla en aquel preciso instante fue como si mi cerebro colapsara de golpe. Un fundido en negro y después, un torrente de incredulidad y preguntas. Mis ojos se expandieron del impacto y recurrí a un viejo vicio, mordiendo con un deje de agresividad la uña del pulgar.

—Explícate —conseguí pronunciar.

Mi madre suspiró.

—Pasó hace un par de meses, en uno de los viajes que hice por trabajo. Yo quiero a tu padre y lo respeto, pero esa noche... cometí un error, un error del que me llevo arrepintiendo cada minuto de cada hora desde que pasó. Bebí demasiado y mi cuerpo ya no tolera de igual forma el alcohol... Sé que no es excusa.

A cada palabra que soltaba la tensión en mi cuerpo iba aumentando hasta tal punto que la uña se partió entre mis dientes. En algún punto mis manos comenzaron a temblar, hecho del que no fui consciente hasta que Luca me tomó con suavidad por la muñeca, impidiendo que siguiese infringiéndome daño.

Entrelazó nuestros dedos y su dedo pulgar se paseó sobre el mío.

—He sido muy dura contigo, Eleanor, injustamente. Me odiaba a mí misma y era más sencillo proyectar ese asco que sentía por mi persona que asumirlo. Y ahora... ahora no sé que hacer —su voz se rompió al terminar la frase y un nuevo sollozo, mucho más desamparado que los anteriores saturó la línea— Soy una madre y una esposa horrible. Os he traicionado a ti, a tu padre y a tu hermano. Me he cargado a nuestra familia.

Y ahí estaba la explicación que había buscado infatigablemente, la razón por la cual mi madre estallaba a la mínima era una mezcla de una profundad culpabilidad y las hormonas revolucionadas de un embarazo.

Supongo que, cuando cumples los cuarenta y cinco años y tienes a un hijo en la universidad y a otro terminando el instituto, no entra en tu cabeza la posibilidad de poder repetir.

—¿Y...? —tragué saliva cuando un nudo comenzó a formarse en mis cuerdas vocales— ¿piensas seguir adelante?

Dejé que se desahogase unos segundos, sin presionar, ni meter prisas a la hora de obtener una respuesta. El corazón me iba como una ametralladora y estaba apretando la mano de Kavinsky con tanta fuerza que no sabía como no se quejaba.

—No puedo... no puedo abortar —balbuceó— no sería capaz de vivir con ello.

—De acuerdo —quise que mi tono fuese firme e imperturbable, pero llegados a ese punto me temblaban incluso los labios— en ese caso tienes que decir la verdad. Debes contárselo a papá y a Robert. Tienen derecho a saberlo. ¿Te has vuelto a ver con ese hombre?

Escuché como tomaba aire.

—No, por supuesto que no. Solo fue esa vez, yo... lo siento tanto, lo he intentando tanto, he intentando con todas mis fuerzas, cada noche, decírselo, contárselo, pero he fallado, todas y cada una de las veces. A una cuando se le retira el periodo a esta edad puede pensar que es por la menopausia... me aferré tan fuerte a esa opción.

Miré a Luca que seguía en la misma postura incómoda, con sus manos arropando las mías y su respiración pausada y serena que me daba la fuerza suficiente como para mantenerme cuerda. El corazón me latió dolorosamente despacio mientras le observaba de tal forma que se me cortó la respiración y la ansiedad remitió un poco.

—¿Por qué me estás contando esto? ¿Por qué precisamente a mí? —quise saber.

—Eres mi hija y en el momento en el que más perdida me sentía... he pensado que solo tú me comprenderías, no sé porque, como ya he dicho, sería del todo natural que me detestases por lo bruja que he sido contigo.

Suspiré lánguidamente.

—Se lo contaré —siguió hablando— e intentaré explicarme, afrontaré las consecuencias de mis actos. Pero me gustaría esperar a que tú estuvieses aquí.

—¿Seguirás soportando ese peso más tiempo? Prorrogar la verdad no es aconsejable.

Grace permaneció unos segundos en mutismo absoluto.

—Lo sé, pero, siendo sinceras, un par de días no cambiarán las cosas para nada.

Gruñí y la molestia se definió en el torbellino emocional que experimentaba.

—Quizás para ti no, pero ahora cada vez que hable con Robert sabré que le estoy ocultando un secreto. Yo también cargo ese peso ahora.

—Por favor.

Terminé aceptando, de todas formas, no encontraba la manera de plantearme contar semejante asunto a mi hermano mayor. Cuando la llamada llegó a su fin padecí un potente malestar sentimental que me inundó los ojos de lágrimas de impotencia.

Seguía sorprendida.

Sorprendida por la infidelidad de mi madre, por su consecuente embarazo. Si alguien me hubiese pinchado en aquel momento dudaba sangrar, ya que tenía la sangre paralizada en las venas.

Parpadeé una, dos, hasta diez veces con el fin de serenarme y no dejar fluir un torrente porque, si empezaba, no me veía capaz de ponerle fin.

Nadie te preparaba para estas cosas.

—Princesa —me centré de nuevo en Luca, cuya presencia había olvidado. Éste me brindó una sonrisa triste antes de sostenerme por la nuca y apretujarme entre sus brazos— respira.

Era una palabra muy simple, pero tenía razón, casi desde el inicio de la llamada había estado reteniendo el aire por lo que parecía una eternidad. Los mocos impidieron una toma por la nariz, pero aún así, inspiré hasta el límite.

—Mi madre está embarazada —confesé ronca— y el niño no es de mi padre, es de un compañero de trabajo con el que tuvo una aventura ocasional. No sé lo ha dicho a nadie, solo a mí... me pidió que no lo dijera, pero no me veía capaz de...

Sus dedos se colaron entre los mechones de mi cabello y tantearon la zona de atrás de mis orejas. Cerré los ojos de inmediato. Su tacto siempre tenía ese efecto sedante en mi cuerpo y paulatinamente me fui destensando entre sus brazos.

—Shh —susurró—, tranquila. No tienes porque cargar con esto tú sola, estoy aquí. Y no solo para los buenos momentos —me acarició el mentón con las yemas de los dedos y elevó unos centímetros mi cabeza de tal forma que nuestros ojos se encontraron— Me importas, mucho, muchísimo, diría yo. Tanto que es casi insoportable, así que escúchame bien, no vas a impedirme estar a tu lado cada vez que tropieces, no para levantarte, si no para recordarte que eres lo suficientemente fuerte como para hacerlo tú misma.

No sé como pero sonreí. No pude evitarlo, las comisuras de mis labios se alzaron en una sonrisa pequeña pero sincera.

—Me gustas, Luca Kavinsky.

Me besó la punta de la nariz.

—Tú tampoco estás mal, Eleanor Cole.

Mi sonrisa se expandió unos milímetros y volví a acurrucarme en el hueco entre sus brazos. Respiré su perfume y me empapé del calor que trasmitía. Era tan agradable que no tardé demasiado en caer rendida a causa del resfriado y las emociones del día.

Como lees, me quedé dormida cual niña pequeña y quiero pensar que ni babeé ni ronqué, aunque ambos sabemos que es una posibilidad algo remota.

No sé cuanto tiempo permanecí así, pero me desperté tumbada en mi cama, arropada hasta los hombros con una manta y sin Luca por ninguna parte.

Sobre la mesilla de noche había un trozo arrancado de hoja garabateada con la alargada caligrafía de Kavinsky.

«Me habría encantado quedarme, pero tus amigos no han dejado de llamar a la puerta. Les he dicho que no te encontrabas bien, sin dar detalles. Está en tu mano hablar sobre la situación. ¿Alguien te ha dicho que estás preciosa mientras duermes? Volveré esta noche, con algo de cenar para que te repongas y podamos hablar con calma.

Tú no me gustas, Eleanor, me encantas hasta límites que desafían mi cordura.

Hasta esta noche.

Ciao, bella.»

Luca K.

Releí la nota un par de veces sin dejar de sonreír ni un segundo. Ese idiota de Kavinsky no sabía hasta que punto conseguía que me diesen ganas de chillar por la explosiva sensación en mi pecho. Y pensar que durante unos maravillosos minutos había estado a punto de...

La idea en sí me parecía confusa y a la vez, tan clara.

Durante mi noviazgo con Viktor jamás experimenté esa confianza y tranquilidad que me empujaban a abrirme en más de una forma a la relación. Con Luca era distinto, sentía que podía confiar en él en todos los aspectos. Y además, era la primera persona con la que había sentido esa punzada de excitación e impaciencia por descubrir más allá de eso.

Aunque claro, la llamada de mi madre dinamitó cualquier indicio de apetito sexual.

Iba a tener un hermano. Más bien un medio hermano. ¿Cómo se lo tomaría mi padre? Estaba claro que enterarse le rompería el corazón pero... ¿podría perdonarla? ¿Su matrimonio de casi veinticinco años llegaría a su fin?

Y Robert, ¿qué pensaría él de todo esto?

Conocía a mi hermano pero aún así, ante semejante noticia, desconocía su posible reacción.

Pensar tanto en ello resucitó mi anterior dolor de cabeza.

Estaba claro que la tranquilidad no podía durar mucho tiempo. No a alguien como yo.

Me incorporé con torpeza, deliberadamente despacio para evitar posibles desvanecimientos. Estaba débil y lo que me faltaba para rematar el día era desmayarme y abrirme la cabeza por un movimiento brusco. Aunque echase de menos a Freddie no quería estrenar un collarín llamado Billy.

Interné en el baño, evitando mirarme en el espejo y me colé de inmediato en la ducha donde me desvestí con cuidado. El agua en un inicio fría sirvió para despejarme. Permanecí bajo el chorro hasta que la temperatura fue aumentando.

Pronto un denso vapor se apropió del baño y mi piel se enrojeció  mientras seguía como un huevo escalfado, dejando que el agua caliente me destapara la nariz y aclarase las ideas. 

Salí envuelta en un montón de toallas y esta vez sí, me paré frente al espejo. Tuve que pasar un paño por la superficie para retirar parte del vapor y poder contemplar mi reflejo. No estaba tan mal como me imaginaba, seguía algo roja por la ducha pero nada más. Mi aspecto físico me animó un poco. Al menos no parecía tan devastada y agotada como me sentía. 

—Seré idiota —me reprendí. 

Se me había olvidado meterme la ropa de muda en el baño. Ahora me veía obligada a salir a la fría habitación en mi fabuloso atuendo de toallas blancas de hotel.

Tenía la mano posada sobre el picaporte cuando escuché el ruido de otra puerta abriéndose, en concreto, la de entrada. Unos pasos resonaron en la habitación, unos pasos demasiado fuertes como para pertenecer a Jossie.

—¿Quién anda ahí?

Frase de película de miedo, ¡bravo, Eleanor! 

 —Soy yo.

Reconocí la voz del inesperado invitado que tenía al otro lado de la lámina de madera mientras yo me encontraba técnicamente en pelotas.

¿Qué demonios hacía él aquí?

MOOD CON LOS APUNTES.

Bueno, gentecilla, es sábado, así que aquí tenéis, lo prometido es deuda. No dispongo de infulas suficientes para alargar demasiado esta nota de autori así que tan solo iré a las viejas confiables.

Opiniones del capítulo AQUÍ.

Teorías AQUÍ.

Quejas, llantos y reclamaciones AQUÍ.

Sígueme en instagram como @comandanteprim y entérate de las cosas antes que nadie.



Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro