
Capítulo 4.
La curiosidad mató a Eleanor, vale... no, pero si sigue así, puede que le de más de un disgusto.
Pasaron dos días extraños.
Extraños, porque por primera vez en mucho tiempo, fue como si el mundo se hubiese vuelto un lugar sencillo, agradable y desprovisto de problemas. Era feliz, me sentía libre, no oprimida por las circunstancias.
Y maldición, aquello sentaba tan endiabladamente bien que el tiempo corría con demasiado rapidez. Las horas se precipitaban unas sobre las otras, se extinguían en un suspiro y de la misma forma se detenía en seco.
Tanto daba si mi piel se abrasaba al sol. O que la arena se colase en mi pobre y sensible trasero si respirar era una tarea tan sencilla como en ese preciso momento.
—¡Oh, venga ya! —Isaac se dio la vuelta mostrándonos su espalda que había adquirido un vistoso tono rojo— ¿cómo es posible que me hayas aplicado bien el protector solar?
Jossie se encogió de hombros, con simpleza.
—Haber recurrido a tu novia —dibujó una perfecta expresión de fingida inocencia—. Además, es culpa de tu tipo de piel, no de mis artes de poner crema.
Entonces, como era habitual en sus peleas sin sentido, ambos se giraron en mi dirección con una mirada demandante en el rostro. No pude evitar soltar una risa, que desalojó la tensión.
—He de reconocer que el bronceado es... particular. Teniendo en cuenta que se pueden ver tus dedos y el lugar exacto donde sí pusiste crema, Jossie.
La pelirroja levantó los brazos con gesto airado.
—¡Luca! ¿Tú que opinas?
El italiano frunció los labios, exhibiendo una mueca de concentración. No pude evitar mirarlo embobada desde mi posición. Una parte de mí pensó que con el transcurso de los días dejaría de afectarme tanto pero a cada rato me resultaba más malditamente atractivo e irresistible.
Se encontraba sentado en el borde de la piscina, muy cerca de Isaac, mientras que tanto Jossie como yo estábamos flotando en aquel agua repleta de cloro y sustancias a las que era mejor no poner nombre. Él sí que estaba cada vez más moreno, a la vez que su cabello se aclaraba un par de tonos.
Aún no me acostumbraba a que se viera inmerso en la locura de mis mejores amigos.
—Creo que esta vez tengo que darle la razón a Eleanor.
Jossie resopló y puso su mejor mohín de niña descontenta.
—¡Por supuesto! Tu opinión no puede ser parcial.
—Acepta tu derrota, Allen —regresó Isaac a la conversación y se sentó de nuevo al borde para sumergir los pies en el agua— soy yo quien va a sufrir las consecuencias.
La chica puso los ojos en blanco y buceó unos metros para alcanzar la escalera.
—No seas llorica, vale, quizás tengáis razón. Te compraré una estúpida pluma estilográfica y todos en paz.
Luca me lanzó una sonrisa divertida.
—Son graciosos —comentó encogiéndose de hombros e inclinándose ligeramente hacia delante.
Me mordí el borde superior de los labios, asintiendo muy despacio.
—Muy pesados, diría yo, no sé como haces para llevarlos tan bien —ya se me empezaban a cansar los brazos y me acerqué hasta él. Rodeé sus tobillos con mis dedos para sostenerme mejor en el agua.
Luca extendió la mano y su dedo índice me golpeó en la nariz.
—Merece la pena.
Hice un puchero de forma inconsciente y una mezcla de gruñido y suspiro me abandonó, con un deje de rendición.
—Cuidado con tus palabras, Kavinsky, o me veré obligada a comerte entero.
¡Por Dios! ¿Yo acababa de decir algo semejante?
La sonrisa de Luca se expandió aún más.
—Lo tendré en cuenta —pronunció con suavidad y me guiñó un ojo.
Sí, en efecto, has leído bien, me guiñó un puñetero ojo. Una fuerte sacudida hizo temblar hasta el último cimiento de mi sistema y me entrecortó la respiración. Con el fin de no exteriorizar esa pequeña pero significativa detonación de hormonas me hundí hasta que las puntas de mis pies rozaron los azulejos del fondo.
Solté las manos de sus pies y me impulsé, aún por debajo del nivel del mar, dejando que la tranquilidad del agua calmase el zumbido en mis oídos. Adoraba la sensación de estar por completo inmersa y desconectada del mundo.
Desconectada hasta cierto punto porque en el momento que uno de los adolescentes con los que compartíamos viaje se zambulló en una estrepitosa bomba fui empujada con brusquedad hacia atrás. Salí, medio ahogada y maldiciendo por lo bajo.
El agua se me acumulaba en las pestañas, desenfocando mi visión e impidiendo que pudiese ver con definición por unos segundos.
—Buu.
Parpadeé unos segundos antes de registrar la cara de Derek a escasos centímetros de la mía.
Solté un chillido de sorpresa.
—¡Mierda, Derek! ¡Me has asustado!
El pelirrojo ladeó una sonrisa.
—Ese era el plan, genio —comentó, dejando que la diversión se filtrase en su tono de voz— pero lo cierto es que no quería saltar tan cerca, nadas deprisa.
No pude más que reírme.
—Acepto tus no pronunciadas disculpas entonces.
Derek Brown.
Lo más lógico era pensar que ahora todo se hubiese vuelto tenso, raro y un poco lioso entre nosotros. No en vano durante casi dos meses había estado por completo convencida que me gustaba. Me gustaba claro que sí, pero en algún punto que no sé identificar algo mucho más potente empezó a construirse hacia Luca, su mejor amigo.
Todo en aquello gritaba IN-CÓ-MO-DO.
Pero no, Derek estuvo allí, aceptando mis sentimientos y los de su amigo. Comprensivo y caballeroso incluso se encargó de dejárselo claro a Kavinsky y de ahí su presencia en aquel día en la playa.
—Muy considerado por tu parte —el pelirrojo se apartó el cabello mojado de la frente— ¿cómo te van las cosas?
Por una vez, respondí con la verdad.
—Bien, de maravilla diría bien. Casi no parece real.
—No lo digas muy alto o podrá gafarlo—se echó hacia atrás y comenzó a nadar de espaldas— me alegro, ya era hora de ver a Luca contento. No... no tiene una vida sencilla.
Sentí frío al pensar en ello. Derek tenía razón. La vida de los Kavinsky no era fácil, pero, a pesar de ello, se mantenían siempre con esa infranqueable sonrisa que parecía desterrar la oscuridad de un pasado turbulento.
No pude evitar la tentación de girarme en su dirección.
Luca seguía en el mismo sitio que hacía unos minutos y contemplaba la escena con una expresión neutra. Sus manos aferraban el borde pero en su postura no se detectaba ningún signo de tensión ni malestar, aunque su mirada se había oscurecido ligeramente.
—¿Y cómo estás tú? —me apronté a preguntar.
Habíamos llegado a la parte menos profunda de la piscina y podía permanecer de pie en lugar de estar nadando todo el rato. Me gustaba el agua pero mi forma física seguía siendo más bien reducida.
—¿Te refieres a después de que la chica que me gustaba resultó estar colada por mi mejor amigo? Estupendo, diría yo —no lo dijo con ningún asomo de acritud en su voz, pero aún así me impactó escucharlo con tanta sencillez. Lo salpiqué con las manos— ¡Vale! ¿Demasiado pronto? —soltó una carcajada genuina y amplia— ¡Estoy bien! Contento y disfrutando de este maravillo sol. Pronto empezará la temporada, los partidos, los exámenes antes de las vacaciones de Navidad, es nuestro momento de no pensar en nada importante.
Sonreí.
—¿Cómo os trata el entrenador Andrews?
Derek se rascó la nuca con una mueca entre divertida y seria.
—Es duro, pero es justo lo que necesita el equipo. Sus métodos puede que no estén demasiado bien vistos por la comunidad de profesores, pero son efectivos, sin duda. Sospecho que quiere volver al fútbol.
Una ráfaga de nostalgia me sacudió las entrañas al rememorar la época dorada del fútbol. Se me asemejó tan próxima y a la vez, tan lejana.
—Siempre ha sido así, pero se le termina cogiendo cariño. Mi hermano y sus amigos jugaban al fútbol en la época del instituto.
Derek asintió, sorprendiéndome.
—Robert J. Cole, Andrews lo nombra a menudo como la encarnación perfecta de un buen capitán. Tengo curiosidad, la única faceta que conocí de él fue la de hermano protector—miró por encima de mi hombros— Ahora supongo que estará más permisivo conmigo.
—Quizás no —le pinché— a fin de cuentas eres el imprudente que atropelló a su hermana pequeña la noche de Halloween.
—Fue un accidente —se defendió— Tú apareciste de la nada, subida en esa bicicleta y te cruzaste sin ni siquiera mirar.
Tocada y hundida, Eleanor.
Iba a replicar con alguna excusa que esperaba que resultase ingeniosa cuando mi atención se vio desviada.
Ahí estaba de nuevo, la sensación en lo más profundo de mi estómago de que algo estaba a punto de ocurrir. Algo que no terminaba de comprender pero que terminaría con la tranquilidad que tan felizmente había disfrutado. Todo eso enfocado en la presencia de James Gordon paseándose por la piscina.
Una persona sensata se habría quedado al margen pero la necesidad de la curiosidad desterró a las ideas bien concebidas del sentido común y tal y como vaticinó Isaac: no pude evitarlo.
Me despedí de Derek con una excusa torpe y me encaramé a la escalera más cercana. Hacía calor, pero aún así temblé cuando la brisa acarició mi cuerpo empapado. Vi como James cruzaba las instalaciones mirando en un tic nervioso su teléfono al menos en cinco ocasiones antes de desaparecer dentro del hotel.
Ahora o nunca.
Mis pies se movieron con la rapidez necesaria para no resbalar y pronto yo también interné en el complejo. El aire acondicionado me hizo tiritar con más insistencia, enfriando, de paso, mis ánimos.
¿Por qué estaba haciendo esto?
La pregunta me dejó bloqueada a medio camino, comprendiendo lo innecesario de todo aquello. Así que me giré con la disposición de volver por donde había venido y reunirme de nuevo con todos. Lo habría hecho de no ser por el sonido de pasos a mi espalda, cada vez más apresurados, unas pisadas seguidas y confiadas que se detuvieron en seco cuando volteé la cabeza.
—¿Pero qué demonios...? —James me observó con los ojos como platos— ¿Tú? ¿Otra vez?
Ahora que estaba aquí, frente a mí, no podía simplemente echarme atrás.
—Sí, yo —mi voz sonó algo afectada por el sutil temblor de mis labios congelados. En serio, deberían controlarse con el uso del aire acondicionado en aquel hotel— La última vez que hablamos te fuiste sin más.
James cuadró los hombros y entrecerró los ojos con sospecha.
—¿Y desde cuándo te interesa hablar conmigo?
—¿Desde cuándo puedo hablar contigo sin que uses las palabras que te dicta Viktor? —contraataqué— Sé que planea algo, él mismo se ha jactado de ello por teléfono, mi pregunta es, ¿hasta qué punto estáis implicados tu hermano y tú en esto?
El chico se mantuvo en silencios unos segundos, aún contemplándome sin medir palabra hasta que rompió su silencio con una nueva pregunta:
—¿Y a ti qué te importa?
Sangre y mente fría, Eleanor. Si quería llegar a obtener algo similar a una respuesta debía jugar bien mis cartas. De los gemelos James siempre me pareció el que más neuronas funcionales empleaba.
—Me importa —extendí los brazos a ambos lados del del torso con rendición— Me importa porque... —dudé. Dudé de si abrirme y mostrar debilidad frente a uno de los compinches de Viktor— estoy harta de este juego. No quise que se publicase el artículo, no quiero que nos enredemos en un estúpida guerra basada en el ojo por ojo. Por favor, James, dime que lo comprendes, ¿o a ti te agrada esta situación?
No respondió pero mis palabras surtieron efecto en él porque su pose de indiferencia decayó unos grados, apenas perceptibles, pero existentes.
Di un paso hacia delante, reduciendo la distancia de precaución.
—Sé que no te conozco, igual que tú tampoco me conoces a mí, pero... hemos pasado algo de tiempo juntos, ¿recuerdas? Siempre fui sincera cuando estaba con vosotros, era él quien estuvo fingiendo todo el tiempo, ocultándose tras una fachada conflictiva pero no criminal, ¿por qué le debes tanta lealtad?
James reaccionó.
Sacudió la cabeza con violencia y un suspiro mezclado con gruñido salió disparado de entre sus labios. Su mirada se fijó en la mía, con insistencia, como si sus ojos quisiesen comunicarse conmigo sin que hicieran falta palabras.
—No lo entiendes, no puedes entenderlo —se mordió con fuerza el labio inferior— Eleanor, mantente alejada de él, todo lo que puedas, por favor. Ni siquiera deberíamos estar hablando de esto, yo... —volvió a gruñir con irritación— hiciste bien, denunciando, pero eso lo cabreó...
Su teléfono móvil comenzó a sonar y lo miró, angustiado.
Me volvió a lanzar una mirada indescifrable antes de girarse y responder, dejándome de nuevo con demasiados interrogantes en la cabeza.
¿Qué narices...?
Fruncí el ceño con completa incomprensión mucho más perdida que antes de iniciar la conversación.
—¡Eleanor!
Me giré hacia la persona que gritó mi nombre. Luca se encontraba de pie en el pasillo y no tardó ni dos segundos en correr hacia mí. Sus grandes y expresivos ojos marrones me escrutaron el rostro con un deje de ansiedad.
—Te he estado buscando —desplazó la vista por mi cuerpo— estás empapada y congelada —antes de que pudiera reaccionar se sacó la camiseta que llevaba puesta y me la pasó con rapidez por los hombros. Su aroma escaló hasta mis fosas nasales y sentí como el nudo de mi estómago remitía con la calidez de su prenda—. Madre mía, eres un pequeño desastre.
Su palma estaba caliente contra mi mejilla. Me acarició con el pulgar los labios.
—Vamos fuera para que entres en calor. No hace falta que me cuentes que estabas haciendo aquí, ni porque has salido corriendo antes, pero... estoy aquí, ¿vale?
—Luca... —mi voz se tiñó de emociones— yo... AAACHUSSSS.
El estornudo rompió lo bonito del momento y le hizo sonreír.
—Venga, bella —pasó un brazo por mi espalda y me apegó a su cuerpo, depositando un suave beso en mi coronilla.
Tenerlo tan cerca evaporó los pensamientos apocalípticos de mi mente. Entre sus brazos era muy fácil sentirse protegida y a salvo de la mierda de decisiones que había tomado en un pasado. Y todo eso se lo debía a Freddie.
Alabado sea Freddie, descansa en paz, hermano.

FELIZ AÑO.
Que no os engañen las mayúsculas, ahora mismo mi energía y ánimo se encuentran por los suelos. Pero bueno, eso no me va a impedir subir un capítulo en este primer sabádo del 2020. De momento, mi año nuevo se ha fundamentado en estudiar, quejarme, estresarme y repetir.
AGH, estoy deseando acabar y aún no he empezado xd.
Ahora, tras la habitual introducción de mi vida (parezco 8cho en sus tiempos mozos) hablemos del capítulo.
Aquí hay tres ejes principales:
Derek.
James.
Luca.
Cada uno representa una situación muy distinta, así que, vosotros, ¿qué opináis al respecto? ¿Qué os ha parecido la manera de afrontarlo de Derek? Había gente que se quejaba del pobre pelirrojo, cuando, en realidad, nunca hizo nada indebido. Yo le tengo cariño, a decir verdad.
James, ¿qué oculta? ¿Ha abierto los ojos por fin con respecto a Viktor? ¿Qué es eso que no entiende Eleanor? ¿Por qué no está John en el viaje?
Y Luca, ¿puede ser más adorable por favor?
Aviso a navegantes, los primeros capítulos son una especie luna de miel, pero pronto empezarán los verdaderos conflictos ju ju ju.
Mandame muchas fuerzas; el próximo sábado habré hecho ya dos exámenes y me quedarán tres, jeje.
POR CIERTO, buscad a los personajes en instagram, hay cosas interensantillas, además, sus cuentas van acorde con el desarrollo de la trama, por lo que ahoran están subiendo fotos de la playa y demás.
CAMBIO Y CORTO.

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