Capítulo 22.
La verdad es un arma peligrosa.
Fue la hora de historia más interminable de toda mi vida. Antes de que pudiera increpar a Isaac tras su revelación, el profesor cruzó el umbral de la puerta y la oportunidad de mantener una breve pero intensa conversación se volatilizó.
Me pasé toda la clase con la mente en otra parte, echando vistazos de reojo a mi amigo que estaba igual de alterado. Mutamos a dos culos inquietos que se morían de ganas de que el tiempo tuviera la capacidad de acelerarse al antojo.
El sonido del timbre fue liberador.
Me levanté tan deprisa que capté la atención del resto de alumnos, aún espesos por el efecto de una densa lección acerca del sistema político instaurado tras la Segunda Guerra Mundial. Entre esas miradas que se clavaron en mí estaba la de James.
Cuando nuestros ojos colisionaron a través de las masas de aire, me quedé momentáneamente desorientada. Pareció notar que algo no iba del todo bien conmigo, porque su expresión neutra adquirió un matiz de confusa sospecha.
Isaac me agarró del brazo y tiró de mi cuerpo hacia delante, dejando el aula. Pronto nos mezclamos en la marea de adolescentes que discurría por los pasillos.
—¿Y bien? —insistí.
El castaño sacudió la cabeza.
—Aquí no —pronunció en apenas un susurro.
Mi expectación se incrementó con esa actitud de receloso cuidado. Siguió conduciéndome sin detenerse ni un segundo y pronto adiviné sus intenciones. Sacó una llave del bolsillo trasero de sus vaqueros jaspeados y la introdujo en la cerradura de la sala destinada para el periódico escolar.
No era la primera vez que pisaba esa pequeña e improvisada redacción. Ahora se encontraba vacía, sin ningún alma que pudiese ser testigo involuntario de nuestra charla.
Cuando me soltó empecé a caminar de arriba abajo por los escasos metros cuadrados.
—Deja de moverte, me pones nervioso —protestó Kowalski.
Me giré con brusquedad en su dirección y marqué mi desesperación con un aspaviento enérgico.
—¡¿Puedes soltarlo de una vez?! ¡No puedes coronarte con una frase tan escueta como la de antes y seguir prorrogando el momento!
Isaac sonrió, evidentemente divertido por un desmedido derroche de energía. Entrecerré los ojos, deseando poder borrar esa estúpida mueca de su rostro. Me forcé a respirar por la nariz. El corazón me latía con rapidez en el pecho hasta el punto de que notaba el pulso en los oídos. Seco y frenético.
—Por favor —probé esta vez con una pizca de diplomacia.
—Vale —se acercó a mí. A pesar de que trataba de reprimirse en sus ojos se podía leer las ganas que tenía de decirlo todo de una vez. Me tomó de los hombros hasta que ambos quedamos sentados sobre una de las mesas— necesito que me escuches atentamente. Ha sido difícil, he de admitir que al principio pensé que los gemelos serían por completo incapaces de borrar las huellas de un acto que los ligara por completo a Viktor. Pero el trabajo meticuloso me hace pensar que fue el propio Cook el que se encargó de la que información simplemente desapareciese. Pero claro, no puedes hacer eso. Siempre queda registro por mínimo que sea al respecto. Y tengo un talento natural para encontrar esas pequeñas trufas escondidas tras...
—¡Céntrate! —exhorté cuando su verborrea superó mi poca paciencia.
Isaac tomó aire con brusquedad.
—Bien, esta es la cosa. Para que comprendas todo lo que tengo que decirte he de darte un contexto —me cortó antes de que pudiese volver a protestar— El padre de los gemelos tiene un cargo importante en política. Vale, usaremos este dato más adelante. Tras mucho indagar me terminé topando con un hilo del que poder tirar: John estuvo expulsado una semana hace un par de años.
Mi expresión debió de ser de total estupefacción, porque Isaac abandonó unos instantes el relato para amonestarme:
—Ten paciencia. Bien, gracias a unos contactos pude echar un vistazo a los detalles de la expulsión. Y verás: no se especificaba nada. Los motivos eran difusos, apresurados y, en mi opinión algo chapuzas. Pero me sirvió para saber que estaba en la dirección correcta. Decidí preguntar discretamente al respecto y una persona me dio un dato clave. Este testigo me afirmó que había escuchado rumores acerca de trapicheos por parte de los gemelos.
Fruncí el ceño.
—¿Trapicheos?
Isaac asintió con la mirada rutilante de la emoción.
—Exacto, trapicheos. John ejerció durante un par de meses como camello en el instituto —mis ojos se expandieron debido a la sorpresa— pero esto por sí solo no tiene demasiada importancia. Podría ser incluso anecdótico; la cuestión es a quién se la vendía.
Hizo una pausa dramática. O quizás tan solo fuese un descanso para respirar y ordenar la información. Pero se me antojó una eternidad.
—Digamos que su comercio no se enfocó a los mayores del instituto, más bien en los niños de primero. Demasiado pequeños, demasiado influenciables y sin el control suficiente como para medir. Aquí viene la segunda cuestión importante: uno de sus clientes se metió en problemas. Tuvo un episodio bastante desagradable y terminó en el hospital. Resulta que el padre del crío era policía y no tardó en averiguar los motivos de la hospitalización de su hijo.
A estas alturas la cabeza me daba vueltas sobresaturada de información. Sentía como si me cerebro estuviese trabajando a pedales y las diminutas versiones de mi misma se encontraban a medio paso del colapso. Alguna que otra había comenzado a romper papeles.
—No tardó demasiado en llegar a la raíz del problema. ¿Te imaginas la escena? Uno de los hijos de un prestigioso político pillado vendiendo drogas a menores de edad y consiguiendo que un niño de trece años acabase postrado en una cama de hospital. Es un suicidio mediático y profesional. De haber salido a la luz habría acabado con la carrera del señor Gordon.
—¿Dónde encaja en todo esto Viktor?
—He dicho paciencia, pequeña saltamontes. A eso iba, Viktor se enteró del asunto en que se había visto involucrado su amigo. No tengo pruebas, pero sospecho que se puso en contacto con el padre y de alguna forma logró pararlo todo ahí. Sabemos de sobra que sus padres tienen dinero, así que puede que hubiese grandes cantidades de dinero de por medio. A partir de ahora todo son especulaciones, pero de alguna forma, consiguió tapar todo y reducir los daños a una expulsión poco detallada. Podemos decir que les salvó, no solo a ellos, si no a su familia.
No me di cuenta de que había estado reteniendo el aire hasta que dejó de hablar.
Me pasé las manos por el rostro, asimilando todo aquello despacio, comprendiendo la implicación de lo que Isaac acababa de revelarme y entiendo un poco mejor esa lealtad ciega que los gemelos le debían.
Veía a Viktor capaz de conseguir todo aquello que se propusiera.
¿Pero detener algo de semejante calibre?
Estaba claro que tan solo me encontraba en la superficie de la persona compleja que mi ex novio era. Aquello me sentó como una patada en la boca y dejó un regusto amargo en mi paladar. Si había sido capaz de impedir que un policía hiciese su trabajo después de que su propio hijo se viese afectado, ¿qué me esperaba a mí?
—Ahora di tu algo —masculló Isaac ante mi prolongado mutismo.
Acerté a negar con la cabeza.
—Simplemente... no me lo esperaba. Yo... no sé qué pensar, ¿qué se supone que debemos hacer ahora?
Isaac se encogió de hombros.
—Conocer la verdad nos hace un poco menos vulnerables. Todo lo que orquestó Viktor tiene pinta de ilegal, ahora disponemos de una baza que antes no teníamos.
—Pero sacarlo a la luz perjudicaría a la familia Gordon.
Mi amigo entrecerró los ojos, observándome durante algunos segundos.
—No pretendo sonar egoísta; pero ellos se lo han buscado. Si debo hacerlo para protegerte, lo haré. Sobre todo, cuando sigue con esas estúpidas fotos en su poder.
—Me duele la cabeza —protesté, presionándome las sienes con fuerza— Estamos haciendo pellas, ¿eres consciente de ello?
Una sonrisa agotada elevó las comisuras de los labios del castaño.
—Podemos quedarnos aquí un rato hasta la próxima hora.
—La siguiente hora es gimnasia —recordé en tono tétrico.
Isaac hizo un gesto de rendición y se dejó caer hacia atrás, hasta que su espalda quedó completamente estirada sobre la mesa. Se tapó los ojos con un brazo y por la posición que adquirió supuse que se encontraba divagando en otra dimensión.
Pero yo no podía desconcertarme del mundo.
No después de lo que acababa de averiguar.
Las preguntas se arremolinaron en mi mente. Durante el transcurso de la historia, Isaac no mencionó en ningún momento a James, ¿estaría al tanto antes de que todo le explotase en la cara a su hermano? ¿O se vio envuelto sin más en el desastre de manera repentina? Todo lo que le ataba a Viktor era su propia lealtad a su hermano y a su familia.
Por eso no estaba de acuerdo con él.
Por eso me trataba como si no fuese la peor persona que poblaba el planeta e infestaba el mundo con su presencia. Para él yo era otra víctima colateral de la mente retorcida del chico que salvó a su familia de caer en el abismo por el error de John.
Estaba atrapado en una red que probablemente ni colaboró a tejer.
El timbre nos escupió de nuevo a la realidad. Arrastré los pies detrás de mi amigo hasta que nuestros caminos se bifurcaron en el vestuario. Antes de que pudiese tirar por su lado lo retuve, cerrando mi mano entorno a su antebrazo.
—¿Te encargarás de contárselo a Jossie?
Él asintió.
Lo dejé marchar y me encaminé penosamente. Lo último que quería ahora era enfundarme en el horroroso chándal del instituto y correr con el aire congelado arañándome los pulmones.
El entrenador Andrews se encontraba estoico, en mitad del gimnasio. Recé a los dioses nórdicos que su cabeza coronada con una raída gorra de un equipo de beisbol no señalase la puerta que desembocaba en la pista.
Por suerte, optó por dar la clase a cubierto. Aunque eso reducía la distancia entre mi persona y los gemelos, siempre acompañados por Viktor. Era la primera vez que lo veía tras lo sucedido en la fiesta. Seguía luciendo igual de atractivo, incluso con los moratones oscureciéndose en sus facciones. De alguna forma le daban un aire peligroso e interesante.
Me resultó imposible no detectar las miradas de las chicas que se posaban en él con un aire soñador.
¿Acaso no habían leído todo lo que se había publicado sobre él?
¿O una cara bonita y unos músculos definidos no le dejaban pensar que esa fachada brillante escondía a un monstruo malditamente inteligente y con influencias?
—Dos equipos —ordenó el entrenador y cuando la clase empezó a recolocarse a su gusto silbó con fuerza—. No, los elegiré yo.
Con órdenes claras, concisas y secas nos dividió en dos partes que él consideró ecuánimes.
En mi lado por suerte permaneció Isaac, pero también el centro de mis pensamientos en aquel momento: John Gordon.
Su hermano y Viktor quedaron en el otro.
Se trataba de una partida de balón prisionero. Estaba claro que el entrenador no se había levantado con demasiadas ganas de innovar en su clase.
—Parece que volvemos a ser compañeros, patito.
El susodicho no tardó en acercarse, con aquel tono burlón.
Resoplé.
—Será mejor que te marches, Gordon —Isaac se cruzó de brazos.
Me mantuve firme, queriendo afianzar las palabras del chico. Esto me resultó difícil ya que jamás había visto a Isaac enfrentarse con ninguno de los gemelos. No de forma tan directa al menos.
—Tranquilo, Kowalski.
Alzó las manos en un tosco gesto de paz y se alejó unos metros.
—Solo espero que este día se pase rápido —me susurró al oído cuando volvimos a quedarnos solos.
No pude más que darle la razón.
No hubo más incidentes en todo el día. Ni siquiera astibé a Luca por los pasillos, y tampoco volví a ver a Derek. Me convencí de que en cuanto llegara a casa escribiría al italiano. Necesitaba hablar con él, contarle todo lo nuevo que sabía y disculparme por meter las narices y dar opinión cuando nadie me la había pedido.
—¡Lea!
Jossie apareció a mi lado en el pasillo cuando ya me disponía a largarme del instituto. Se colgó de mi brazo y el aroma de su perfume escaló a mis fosas nasales.
—Me alegra ver que estás más recuperada —hice referencia a su aspecto impecable.
La pelirroja chasqueó la lengua.
—¿Acaso crees que les iba a dar el lujo de verme devastada? Ya fue suficiente con el numerito que di en la fiesta. Hay gente que me mira y masculla, como si lo que pensasen de mí me importase. Ahora solo quiero caminar con la cabeza alta y que todo el puto mundo escuche como tintinean mis tacones mientras camino sobre ellos.
—Me parece bien.
Sonrió y continuamos caminando en dirección al aparcamiento.
—¿Dónde está tu hermano? —preguntó, distraída.
No contesté de inmediato porque acababa de localizar a Troy.
—No viene mi hermano —alargué el brazo que no tenía entrelazado con el suyo y señalé el universitario— él estaba demasiado ocupado como para recoger a su hermana —bromeé.
Troy nos debió ver en ese momento porque sacudió una mano al aire como gesto de saludo. Llevaba un abrigo acolchado de color azul potente que destacaba su tez morena.
—Hola, chicas —esbozó una sonrisa encantadora.
—Hola —saludé y le di un toque en la frente al que respondió revolviéndome el cabello— idiota.
El muchacho soltó una carcajada por lo bajo y sus ojos se centraron en la pelirroja que se había quedado quieta y extrañamente callada.
—¿Cómo te encuentras? —inquirió con interés.
Jossie parpadeó.
—Mejor, muchas gracias de nuevo por todo —pellizcó una punta de su cabello con los dedos— fuiste muy amable.
—No hay problema —repuso él y adelantó una mano. Rozó con el dorso de su dedo índice la mejilla de la pelirroja y le guiñó un ojo— ¿necesitas que te acerque?
Podría jurar mi colección de libros de Harry Potter que en esos momentos ella se sonrojó. Fue apenas un segundo, pero algo en su postura denotó algo que me dejó pensativa y divertida a partes iguales. Se limitó a negar con la cabeza.
—Vamos, enana —se metió en el coche— haré de recadero de tu hermano.
Le saqué la lengua con burla.
—Si te encanta venir a recogerme.
Alzó las cejas.
—¿Quién dice eso?
Fui rotunda en mi respuesta:
—Yo.
Troy sacudió la cabeza dándome por caso perdido y se despidió de mi amiga con una inclinación.
—Nos vemos.
Dicho esto arrancó el motor y Jossie desapareció de nuestra vista. Me apalanqué todo el trayecto con la mente demasiado ocupada en otros asuntos como para centrarme en ese último detalle del día. Lo que no esperaba es encontrarme con un nuevo estímulo devastador en la puerta de mi casa.
Durante el camino se había puesto a llover, por lo que la situación me dejó doblemente confundida y paralizada. Sentado en el porche de mi casa se encontraba un empapado Luca Kavinsky.
Se puso en pie nada más ver el coche y pude ver como apretaba los puños, como dándose ánimos a sí mismo.
¿Ánimos para qué?
OOPS, I DID IT AGAIN...
Buenas, es sábado, según el calendario, je je je. EN FIN, como todas las semanas aquí tenéis un nuevo capítulo de Cole. No podéis negar que en esta ocasión ha venido cargado de su buena dosis de drama.
Puntos a tratar:
1. LOS GEMELOS GORDON.
1.2 James.
1.3 John.
2. JOSSIE Y....
3. ¿¡QUÉ HACES AQUÍ BEBÉ LUCA?!
Acepto y, de hecho, pido que me compartáis vuestras teorías por aquí, deseos, ilusiones, llantos, ruegos, reclamaciones, TODO LO QUE QUERÁIS.
No tengo mucho más que decir a parte del sano autospam: búscame en Instagram como @comandanteprim no tiene pérdida y así os tengo un poco más cerca porque wattpad ultimamente me funciona COMO UN ORTO.
CAMBIO Y CORTO.
pd: no estoy OK con la cancelación de Anne with an E, no lo estaba en enero y no lo estoy ahora que mi hermana está haciendo que la vuelva a ver, si no la habéis echado un vistazo OS LA MEGA ULTRA HIPER RECOMIENDO, si podéis verla en Netflix para que cuenten las visitas, VERY NICE.
Si tenéis una recomendación de serie que esté disponible en Netflix, AQUÍ. Después de examenes y teniendo en cuenta que mi amada Segovia sigue en LA PUÑETERA FASE 0, tendré tiempo.
*shoro*
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