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Capítulo 13.

Bludger furiosa y presentaciones improvisadas.

El mundo podía arder hasta consumirse pero en presencia de Luca aquello parecía perder relevancia. El peso de lo acontecido se evaporó de mis hombros en el mismo instante en el que me subí a aquel dichoso Jeep.

Nuestros ojos se encontraron a través de las masas de aire y sentí el corazón brincarme en el pecho. Mi estómago se estrujo y de nuevo esa sensación de ansiedad cálida y chispeante se diseminó por todo mi organismo.

—Buenas noches, Kavinksy —saludé terminando de aposentarme el puesto de copiloto y abrochándome el cinturón.

—Buenas, bella.

El italiano se inclinó hacia delante hasta que sus labios hicieron contacto con los míos. Fue apenas un roce suave, empleado como un saludo inocente, pero en mi pecho se asemejó a una bala que me provocó un escalofrío por todo el cuerpo.

—¿Qué tal la tarde? —interrogó poniendo en marcha el motor— ¿algún incidente?

Liberé el aire en un generoso suspiro dejando caer la cabeza hacia atrás. La calefacción del coche poco a poco hizo mella en mi entumecido cuerpo y la música que sonaba en la radio era agradable.

—Ya me conoces: mi vida se resume en una consecución de incidentes. Unos mejores que otros, pero puede decirse que he sobrevivido —pronuncié con lentitud antes de fruncir el ceño—. Pero no me apetece hablar de eso.

Luca me miró unos instantes antes de volver a prestar atención a la carretera. Las luces intermitentes de las farolas remarcaba sus facciones serenas y relejadas. Volvía a tener ese amago de sonrisa que tanto me enloquecía en los labios.

—De acuerdo, ¿de qué te apetece hablar entonces?

Hice un ruido difuso con la boca; como una pedorreta de niño pequeño.

—De quidditch.

El chico soltó una carcajada con una mezcla de sorpresa inicial y diversión. Se recolocó en el asiento, cuadrando los hombros y sacudió la cabeza de un lado a otro con lentitud.

—Hablemos de quidditch. Está bien —frunció los labios en gesto pensativo—. En el hipotético caso de poder ser parte de un equipo, ¿qué serías? ¿Buscador?

Negué, sonriente.

—No, sería golpeadora.

Elevó las cejas impresionado. Finalmente la sonrisa sucumbió en sus labios e iluminó hasta el último rincón del vehículo. Era tan adorable, con los ojos achinados, la nariz arrugada y la cicatriz marcándose bajo su labio que tenía ganas de sacar mi lado caníbal y morderle la cara.

—Interesante.

La conversación siguió por ese rumbo y los dos compartimos impresiones con respecto a la saga de Harry Potter. Aún recordaba la primera impresión que me dio ataviado con su túnica de Gryffindor y las gafas mal puestas sobre el puente de la nariz. En medio de mi agonía por la pierna y mi embobamiento por Derek no pude más que admirar a semejante individuo.

El viaje se hizo corto. Demasiado corto. Y pronto aparcamos frente a mi casa. A pesar de mis insistencias él terminó siendo un completo testarudo y yendo a recogerme a casa de Isaac aunque, en realidad, no tuviera ninguna razón de peso para hacerlo.

Mierda, si seguía así realmente me plantearía en serio devorarlo.

—No quiero entrar —admití mirando con amargura más allá de la ventana— siento que me asfixio ahí dentro. Todo es muy raro desde que mi padre se fue.

Fue decirlo y arrepentirme. Me di cuenta tarde de mis palabras y de veras deseé poder cogerlas y atragantarme con ellas pero solo alcancé a morderme la lengua. Me sentía estúpida quejándome de aquello teniendo en cuenta el historial de Luca con su padre.

No obstante él no pareció inquietarse en lo más mínimo.

—Es normal —se giró hacia mí en el asiento—. Si quieres podría secuestrarte y así te evitarías entrar durante al menos... un tiempo.

Sacudí la cabeza sonriendo.

—Si quiero no se puede considerar un secuestro, idiota.

El chico entrecerró los ojos y su mirada se tornó juguetona.

—¿Es eso acaso un reto?

—No, es una realidad —remarqué queriendo picarlo.

Y funcionó, porque lo siguiente que abandonó mis labios fue una carcajada histérica en el momento que sus dedos pellizcaron mi abdomen. Me retorcí por las cosquillas y supliqué clemencia mientras trataba de evitar sus certeros ataques. Lo único que logré fue quitarme el cinturón y disponer de una mayor libertad de movimiento.

Los pulmones me ardían de reír y me dolía el estómago. Mi respiración se tornó irregular, errática y lágrimas de risas surgieron en mis ojos. En algún momento de nuestra particular batalla me senté en su regazo y quise devolverle la jugada pero él me sostuvo con facilidad por las muñecas.

Nos quedamos estáticos, mirándonos el uno al otro.

Mi pecho aún subía y bajaba, agitado. Estaba bloqueada, con mis piernas aprisionando su cintura y sus manos sosteniéndome las muñecas.

—¿Te rindes? —jadeé.

Soltó el aire con brusquedad por las fosas nasales.

—Ante ti, siempre.

Y justo después de decir eso me besó. Sus labios comprimieron los míos con un ímpetu muy diferente al anterior beso. Sus manos liberaron mis muñecas para desplazarse por mi brazos, descendiendo despacio hasta que una se posicionó en mi espalda y la otra cambió de rumbo subiendo por mi nuca hasta que enredar los dedos en mi melena castaña.

Abrí la boca, cediendo por completo ante él y no al contrario y todo adquirió una dimensión más profunda e íntima. Sostuve su rostro con ambas manos mientras compartíamos un juego particular y exquisito de mordidas, succiones y lenguas.

Conforme se dilataban los segundos empecé a tener más y más calor y mis dedos bajaron hasta engancharse en la cremallera y tirar de ella hacia abajo. Me liberé del abrigo que dejé caer en el asiento de al lado y retomé nuestro beso donde lo habíamos dejado.

El pulgar de su mano derecha se coló por debajo del tejido de mi jersey, más allá de la tela de mi camiseta, posándose sobre la piel incandescente de mi vientre.

Su boca abandonó la mía para recorrer un tortuoso camino por mi pómulo hasta llegar a mi oreja. Me estremecí cuando sus labios entraron en contacto con una zona tan sensible e inconscientemente mi pelvis se sacudió hacia delante.

Ladeé la cabeza, permitiendo que se hiciese con mi cuello soltando una serie de suspiros encandilados. Mis dedos se perdieron entre las hebras de su cabello oscuro y tiré de él para obligarlo a regresar a mi boca. Nos saboreamos despacio mientras me afanaba en desabrochar su gruesa cazadora.

Me mordió el labio inferior con la presión justo para arrancarme un gemido.

—No juegues con fuego —regañé con voz ahogada, jadeante.

Me acarició el mentón con suavidad y pasó la yema de sus dedos por mis labios hinchados y sensibles. Su mirada era intensa; tenía las pupilas dilatadas y el cabello convertido en un caos de rizos despeinados. Sus labios habían adquirido un tono rojizo y tenía las mejillas ligeramente coloreados por el rubor.

—Es una pena —meditó acomodando su frente contra la mía. Nuestras respiraciones desacompasadas se fusionaron— porque me muero de ganas de arder.

Aquello fue un duro golpe para mi cordura y antes de racionalizar del todo mis actos volví a juntar nuestras bocas de forma demandante. Me apagué más a él hasta sentir su dureza en mi parte delicada. Eso me volvió por completo loca.

El vaho comenzaba a empañar las ventanas del Jeep y era noche cerrada en una calle que no era casi transitada. Pero la vida está para dar lecciones.

Lección número uno: no te beses apasionada y desesperadamente con un italiano macizorro en un coche aparcado frente a la puerta de tu casa.

Lección número dos: no tengas hermanos mayores.

Lección número tres: que tus hermanos mayores no tengan amigos.

Dos toques en la ventanilla del conductor nos hicieron separarnos sobresaltados. Del espanto inicial tardé más de la cuenta en enfocar la silueta al otro lado del vidrio y cuando lo hice quise enterrar mi propia tumba y acostarme en ella un tiempo muy muy largo.

—¿Interrumpo algo? —la voz de Noah estaba llena de sorna y eso bastó para encenderme cual bombilla—. No es personal, pero mi colega de aquí al lado quería intervenir él y para no desatar la tercera guerra mundial he optado por el papel de diplomático.

Tenía razón, a su lado en la acera se encontraba Rob con cara de pocos amigos. Los dos estaban bastante abrigados y traían consigo un par de bolsas donde probablemente guardaban la cena. Y luego estaba yo: despeinada, más roja que un tomate maduro y con los ojos desorbitados.

—Dame un momento —conseguí vocalizar.

Noah me guiñó un ojo.

—Y dos si me los pides tú, enana. Me encargaré de tu hermano —sus ojos azules alternaron entre mi persona y Luca que también se había quedado congelado—. Encantado de verte de nuevo camarero.

Dicho esto se dio la vuelta y tomando del hombro a mi hermano comenzaron a caminar hacia la casa. Los contemplé marcharse aún inmóvil y encaramada cual koala en el regazo de Luca.

—De acuerdo eso ha sido...

Scomodo —maldijo él en italiano y no necesité más contexto.

Gruñendo aún algo noqueada por lo ocurrido me arrastré de nuevo al asiento de al lado, aplastando el abrigo con mi trasero. Me miré en el espejo retrovisor y traté por todos los medios de peinarme la melena con los dedos.

—¿Quieres entrar? —pregunté de golpe— Puedo presentarte a mi madre. Además, lo último que quiero es meterme ahí dentro con esos dos después de lo que han visto.

Luca sonrió.

—¿Prefieres repartir el sufrimiento?

Asentí y puse mi mejor cara de pena.

—¿Por favor?

Luca negó con la cabeza antes de abrir la puerta y apearse. Lo vi trastear con el teléfono mientras le daba la vuelta al coche y me paraba a su lado.

—Ya he avisado a mi madre de que volveré después de cenar —me pasó un brazo por los hombros—. Adelante, llévame a la boca del lobo.

Me mordí el interior de la mejilla y me apoyé contra él mientras avanzábamos a paso lento. El corazón me latía desbocado en el pecho. No me imaginé tener que presentar a Luca tan pronto ante mi madre; sobretodo teniendo en cuenta que aún no nos habíamos puesto de acuerdo en los términos de la relación.

Ninguno habló en ningún momento de novio o novia.

—Me gustaría decir que eres un exagerado —me referí a su mención anterior y tiré de su mano hasta que quedamos los dos en el porche—. Pero te estaría mintiendo. ¿Preparado?

—Allá vamos.

Internamos en la casa que se encontraba en un silencio inquietante. Avancé con algo de temor absurdo hasta el salón donde las luces estaban encendidas. La escena no dejaba de ser algo escalofriante. Noah se encontraba sentada cómodamente en uno de los sofás individuales con la comida descansando sobre las piernas.

—Tu hermano y tu madre están en la cocina —advirtió con tono divertido.

No sabía si alegrarme de que volviera a mostrar esa actitud hacia mí. Desde nuestro encuentro en el balcón y mi evasión de la verdad las cosas se habían vuelto algo extrañas. Pero eso ya pasó, él ya sabía que ocurría. Y frente a mí se encontraba el irritante y burlón Noah Spellman de siempre.

Miré por encima de mi hombro para comprobar el estado anímico de Luca. Para mi pasmo parecía bastante tranquilo y sonreía. Sus dedos me dieron un pequeño apretón en la mano que me tenía cogida.

—Llegó la hora de la verdad —dejé escapar el aire de forma irregular— eres el primer chico que presento a mi madre. Ella no sabe nada de Viktor.

—Y menos mal.

Me giré, lanzando cuchillos por los ojos.

—Cierra el pico, Spellman.

—Oblígame —retó antes de reírse y enfocarse por completo a su comida.

Di un paso al frente cuando mi hermano entró en el salón seguido de cerca por nuestra madre. Robert miró a Luca un poco enfadado de seguro por la escena del coche mientras que mi madre detuvo sus pasos, frunciendo el ceño.

—Hola, mamá —el saludo me salió infantil y suave— este es Luca Kavinsky.

Luca fue rápido e hizo gala de su educación y encanto natural, adelantándose unos pasos para tender una mano a mi progenitora y desplegar una cálida sonrisa.

—Encantado de conocerla.

Se dieron la mano en un momento raro para mí.

—Lo mismo digo, Luca —me miró, interrogándome y yo me limité a encogerme de hombros— ¿Quieres quedarte a cenar? Noah y Robert han traído comida suficiente. Se está calentando ahora mismo.

—Sería un placer.

La verdad es que no fue para tanto. Era casi un miedo irracional el que albergaba por el día en el que le presentase a mi madre a un chico diferente a Isaac. En parte, quizás, por la accidentada relación que mantuvimos durante meses. Pero eso también se terminó cuando reveló el secreto.

Luca pronto se ganó el cariño de mi madre y poco a poco Robert mutó su expresión de amargado a una un poco menos severa. Noah continuó en su línea habitual haciendo alguna que otra broma destinada a avergonzarme.

Fue una velada agradable, me veo obligada a admitir.

—Debería irme.

—Sí, yo también —apoyó la moción el rubio poniéndose en pie y palmeando la espalda de Luca.

El moreno le aventajaba en un par de centímetros y era más ancho de espaldas.

—Os acompaño a la puerta —me apresuré a decir e hice que ambos me siguiesen por el pasillo.

—No ha estado mal —reconoció el universitario y tendió una mano amistosa al chico—. Eres un buen tío, pero me veo obligado a advertirte: si haces daño a Eleanor, te las verás conmigo.

Luca no titubeó.

—Jamás le haría daño.

Se sostuvieron la mirada unos segundos en los que pareció que mantenía alguna clase de duelo visual que terminó en tablas.

—Buenas noches, Noah —pronuncié en cuanto se detuvo bajo el quicio de la puerta.

Éste se despidió con un movimiento de mano y bajó los escalones de dos en dos antes de dirigirse a su coche aparcado cerca del Jeep de Kavinsky. Me volví hacia este y no pude evitar soltar una pequeña risotada.

—Has sobrevivido.

Elevó los hombros en un gesto inocente.

—Eso parece —su sonrisa fue encandiladora. Bajó un poco el rostro y sus labios se posaron sobre la punta de mi nariz—. Me ha encantando conocer a tu madre.

—Ahora estamos empatados, supongo —respondí cerrando los dedos en el cuello de su chaqueta y sosteniéndome sobre las puntas para que nuestros rostros quedasen muy cerca—. Te veo mañana.

Luca asintió.

—Vendré a buscarte.

Intercambiamos un último beso antes de que se marchase, no había ni terminado de cerrar la puerta cuando la voz de mi hermano resonó por el pasillo:

—¿Ya has terminado de compartir saliva con tu novio?

Me mordí la lengua antes de replicar que él compartía otra clase de fluidos con Rowen. Sonó basto en mi cabeza incluso para mí. Me apoyé sobre la puerta cerrada y cerré los ojos, llenando mis pulmones en una larga inhalación.

Estaba tan atontada como si una bludger furiosa me hubiese golpeado la cabeza.

(Mi carita cada vez que escribo a Luca siendo Luca)

FELIZ SÁBADO, GENTE.

Soy "libre", ya he hecho el examen que me venía persiguiendo las últimas semanas, y aunque ahora tengo que pasar TODOS los apuntes, porque voy SUPER atrasada con literalmente todas mis asignaturas xd.

Pero aquí tenéis el capítulo, como cada semana, al menos en eso voy puntual y al día jeje.

Ahora, después de la introducción de mi vida que a nadie le importa vamos a las cuestiones importantes.

Opiniones del capítulo AQUÍ.

Llantos, ruegos, reclamaciones, AQUÍ.

Contadme.

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