Capítulo 1.
Sin peros que valgan.
Fue como si el mundo, caótico, desordenado y anárquico cobrase sentido de golpe. La realidad se convirtió en simple, sencilla de manejar y no pude menos que cerrar los ojos y abandonarme al beso.
Los labios de Luca eran suaves y estaban salados a causa de los míos. El desenfreno inicial se fue apaciguando pero no perdió intensidad. Una de sus grandes manos se resbaló con lentitud por mi cuello, mandando decenas de calambres por mi cuerpo allí donde rozaban mi piel expuesta y fría.
Se tomó su tiempo, convirtiéndose en un explorador concienzudo que recorrió con desesperante lentitud cada centímetro disponible de mis labios. Me apartó el cabello empapado de la frente y se juntó más a mí.
Mi cuerpo reaccionó y también se apegó a él. Crispé los dedos en el tejido de su camiseta y lo pegué a mí, ganando iniciativa y dejando a mi lengua disfrutar de la suya. La humedad de mi ropa debió traspasar los tejidos pero ninguno de los dos le dio la más mínima importancia.
Pasé mi mano por sus hombros y me colgué de su cuello, temblando de puro gusto. Estaba delirante e insaciable. Cualquier idea perdió forma y se derritió en la corriente cálida que se expandió con suma rapidez por mi cuerpo, llegando hasta la punta de mis dedos. Mis sentidos tomaron el mando y hundí los dedos en su cabellera oscura, disfrutando del suave tacto de las hebras.
Fue como si alguien me desatornillase todos las extremidades del cuerpo. Perdí el sentido de la orientación mientras la electricidad chisporroteaba furiosamente por mi torrente sanguíneo. Nuestras bocas se separaban a coger aire lo justo y necesario para volver a encontrarse como dos viejos amigos.
Me sentí débil y extasiada en sus brazos y mis labios comenzaron a moverse de forma más demandante ante la necesidad que me colmó. Luca emitió un bajo gruñido, endiabladamente varonil y excitante cuando mis dientes tiraron de su labio inferior y sus manos que hasta el momento habían permanecido mansamente en mi espalda bajaron hasta amoldarse a las curvas de mi trasero.
Me impulsé hacia arriba, rodeándolo con las piernas. Mis muslos se cerraron entorno a sus caderas. La camisa y el bañador del italiano se impregnaron del agua que seguía chorreando de mi cabello. De vez en cuando alguna gota me cosquilleaba en la nariz y se perdía en el juego incansable de nuestras bocas.
Habría consagrado mi vida a aquello si no se hubiese sido él quien se hubiese apartado. Cada centímetro de mis labios ardió y se lamentó ante la perdida de contacto. Respiraba trabajosamente como si acabase de correr una maratón y aún padecía esa extraña flojera en mis extremidades.
Despegué los párpados con suma lentitud para encontrarme su rostro muy cerca y desenfocado. Mantenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos.
Estaba adorable con el cabello revuelto por una servidora, las mejillas teñidas de rubor y los labios rojos, palpitantes e hinchados. Sus largas y rizadas pestañas eran más impresionantes desde esa distancia.
Muy despacio los abrió y cuando nuestras miradas chocaron padecí un pinchazo en el pecho que desató un cosquilleo nervioso por mis entrañas.
—Hola —fue lo primero que se me ocurrió decir.
Quise atrapar la palabra y ahogarme con ella.
¿Hola? ¿En serio, Eleanor?¿¡Hola?!
—Ciao —saludó en un tono de voz ronca y profunda. Demonios, deseaba poder grabar semejante melodía y poder reproducirla a mi gusto.
Sus pulgares acariciaron la piel de mis muslos y me percaté que aún seguía encaramada cual oso panda a su cuerpo. Me encendí ante este detalle y me trabé ante la montaña de pensamientos que se tropezaron unos con otros en mi mente.
¿Debería bajarme? ¿No? ¿Pesaría demasiado? Seguro que le estaba haciendo daño. Había tomado más bollería de la necesaria y con el pretexto de Freddie hacía bastante tiempo que no hacía ejercicio como correspondía, por lo que probablemente mi peso no pudiese definirse como "ligero como una pluma" .
—Nunca sé que decir en estas situaciones —confesé haciendo una mueca de disgusto.
Kavinsky se encogió de hombros.
—No digas nada entonces.
Selló de nuevo nuestros labios y retomó el beso en el punto exacto donde lo dejamos. Ya no me pareció tan terrible estar sobre él y aproveché esta situación para pegarme todo lo humanamente posible, respondiendo con el mismo grado de fogosidad.
—Sei così dolce.
Adoraba que hablase en italiano aunque no terminase de comprender su significado por completo. Tanto daba. Era tan melodioso y estimulante que podría haberlo devorado entero en ese preciso instante y pedir postre después.
Por fin comprendí la naturaleza del pero que se interpuso entre Derek y yo. Logré discernir que mis sentimientos por el pelirrojo existían pero se basaban más en una cuestión de atracción física impuesta de alguna manera por mis propias expectativas. De alguna manera me convencí al conocerlo que me gustaba y me lancé de pleno a ese día.
Con Luca era distinto. El desajuste de mi cuerpo era lioso y perfecto al mismo tiempo. Era más real, profundo e intrincado y no necesitaba nada más.
Nos separamos a regañadientes cuando mis dientes empezaron a castañear.
La noche nos había tomado por sorpresa y el viento fresco que se levantó tras la partida del sol evidenció que yo aún seguía mojada después de haberme abalanzado al mar. No sé el porqué. Tampoco iba a liarme a puñetazos con la espuma marina.
Ahora lamentaba esa decisión porque implicaba dejar de hacer lo que estaba haciendo.
—Te acompañaré a tu habitación —anunció con tranquilidad en el momento que mis pies retomaron el contacto con el suelo—. Estás congelada.
—Tienes razón...
Soné como una niña pequeña a la que sus padres han informado que es tarde y debe bajarse de su atracción favorita para volver a casa. Incluso experimenté la tentación de hacer un mohín de derrota.
Luca se rió ante la expresión de mi rostro y me pellizcó la nariz con los dedos. Me estremecí. ¿De frío? ¿Por ese simple e inocente gesto? Hagan sus apuestas.
—¿Algún problema? —redirigí la vista a su rostro y me lo encontré con una mueca divertida. Seguía teniendo serias dudas de si su sonrisa podía clasificarse como angelical o satánica. Era increíble como sus ojos encajaban a la perfección como si ellos también se riesen— ¿Eleanor?
Negué con la cabeza y me balanceé sobre los empeines con aire desinteresado.
—Ninguno en absoluto, Kavinsky —alcé los hombros con inocencia— así que mueve ese trasero italiano tuyo antes de que pesque una pulmonía.
Me arranqué a andar básicamente para que no viese mi expresión de reclamo contra mí misma. Detestaba cada palabra que abandonaba mis labios, ¿trasero italiano? ¿en serio?
Luca me alcanzó y se colocó a mi lado para caminar los dos en silencio. Me encantaban sus silencios. Ambos podíamos permanecer callados sin tener la imperiosa necesidad de hablar por incomodidad. Siempre me encontré cómoda con él y me alegra comprobar que esa sensación de apacible calma y seguridad que me trasmitía no había remetido por mucho que me afectase su presencia.
Nuestros dedos se chocaron en el balanceo inherente al caminar y el corazón me saltó con brusquedad en el pecho. Pum. Le eché un vistazo de reojo. Seguía sonriendo de pleno con la nariz ligeramente arrugada y la mirada perdida en el frente. Sus yemas tantearon mi palma. Pum pum pum. Se entrelazaron con suavidad con los míos y la electricidad se extendió y creció por las terminaciones nerviosas de mis dedos hasta perderse por el resto de mi ser que vibró encantado.
—¿Por qué... por qué has venido a buscarme?
Luca dejó fluir el aire en un prolongado suspiro.
—Derek habló conmigo. Está claro que me conoce y ya sospechaba que algo no terminaba de encajar en mi actitud. No soy un genio de la sutileza... Me contó la conversación que tuvisteis después de... bueno, ya sabes. Antes de darme cuenta había salido a buscarte —frunció el ceño como reparando en algo por primera vez— ¿qué hacías dándote un baño con la ropa puesta a estas horas?
La conversación telefónica regresó a mi mente y el frío se apoderó de mí por completo. Presioné los labios con furia y de forma instintiva mis dedos se aferraron a los suyos. Luca giró el rostro con curiosidad pero esperó a que estuviese preparada. No me presionó ni increpó en ningún momento incluso cuando me sumí en el más absoluto mutismo durante más de tres minutos.
Su pulgar acarició con suavidad el dorso de mi mano.
—Viktor me llamó —me arranqué las palabras— no sé desde que número, ya que tengo bloqueado el suyo y el de todos sus compañeros de crimen. Hemos publicado en el periódico del instituto un artículo con el testimonio de todas las chicas que han sufrido alguna clase de vejación por su parte. Para mostrar a la gente que aún le idolatra lo podrido que está por dentro, pero...
Hice una pausa. No por añadirle un dramatismo innecesario, más bien porque necesitaba respirar y poner en orden mis ideas.
—Por supuesto, esto no le ha gustado. Me ha dejado claro que ahora es su turno de mover ficha y yo fui tan... imbécil e insensata como para darle armas de sobra que ahora podrá usar.
Ya habíamos internado en el hotel y apenas faltarían unos metros para la puerta de mi habitación. No sé en que momento guié mis pies en dicha dirección, tomando la iniciativa de nuestro paseo.
—¿Qué tipo de armas? —se interesó Luca.
Le eché una mirada fugaz. Su ceño se encontraba ligeramente hundido y parecía concentrado en mis palabras. Aún así una sombra de sospecha se instauró en las profundidades de sus pupilas.
Me mordí el labio inferior con fuerza sintiéndome estúpida.
—Tiene fotos mías —pronuncié las sílabas con derrotada. Lancé un suspiro al aire y me detuve. Ya estábamos frente a mi puerta—. Fotos que no me dejarían muy bien en el caso de ver la luz. No son tan explícitas como la gente del instituto fantasea pero... sería un mal trago si alguien las viese.
Luca se situó frente a mí. Con mucho mimo colocó una mano en mi mentón y tiró hacia arriba hasta que nuestros ojos se encontraron. Quise cerrar los míos en el momento que me acarició con sutileza las mejillas.
Ese cosquilleo hiperactivo volvió a plagar mi organismo.
—Deja de culparte por ello —se encogió de hombros con simpleza—. A veces no somos seres racionales, pero, ¿sabes qué? Tenemos permitido tropezarnos alguna que otra vez. Él es un capullo, tú no lo sabías. Que te martirices ahora por acciones pasadas tan solo... te hace daño.
Las comisuras de mis labios se alzaron en una sonrisa.
—¿Cómo sabes siempre qué decir? ¿Es acaso algún tipo de superpoder?
Luca se rió. Apenas fue una corta carcajada grave que me erizó el vello del cuerpo de inmediato. Sin duda estaba completamente pillada si todo mi ser reaccionaba con tal grado de sensibilidad al más mínimo detalle.
—¿Bromeas? Me equivoco más que hablo. ¿No has escuchado mi avalancha de incoherencias antes? He debido quedar como un tonto— arrugó la nariz algo disgustado.
Me puse de puntillas y lo rodeé con mis brazos. Luca alzó las cejas con cierto matiz retador en su mirada.
—A mí me ha gustado. Ha sido adorable —mis dedos se escurrieron en su cabello y lo revolucionaron— Eres adorable, Luca Kavinsky.
—Me lo tomaré como un cumplido...
Sonreí a unos milímetros de sus labios antes de que nuestras bocas volviesen a encontrarse. Me entraron ganas de suspirar ante el retorno de aquel contacto que había empezado a echar de menos de una forma dolorosamente insistente.
Trastabillé marcha atrás hasta que mi espalda quedó presionada contra la pared. Muté a un maravilloso sándwich entre el tabique y la dura anatomía de jugador de lacrosse de Luca. No me contuve en absoluto y mis labios se movieron con avidez sobre los suyos mientras tiraba con suavidad de las hebras de su cabello.
Era como una droga que fue adormeciendo hasta acallar todas mis preocupaciones convirtiendo el drama de mi existencia en un pequeño grano en el trasero.
Luca introdujo los dedos por debajo de mi ropa mojada y el contraste entre mi piel congelada y sus yemas calientes, mandó un escalofrío escandalosamente intenso por mi sistema. Me estaba calentando más deprisa que un polo de hielo en el fuego del averno.
Y al parecer no era la única...
Me separé unos centímetros resoplando como un caballo de carreras y con el rostro encendido. Mis labios enrojecidos se abrieron pero solo logré soltar una risa un tanto histérica.
—Quizás adorable no era el adjetivo propicio después de todo.
Luca se mordió el labio inferior de una forma que alimentó con ganas el fuego de mi vientre.
—Tal vez...
Ese tono juguetón me liquidó y sin dejar que acabase la frase volví a devorarlo con gusto. No supe de donde había salido aquella Eleanor lanzada pero tampoco me desagradaba.
—¡Buscaos una habitación! Ups, si es esta —la voz de Jossie volvió a separarnos.
Giré el rostro para enfocar la cara socarrona de mi amiga que se encontraba apoyada en el quicio con los brazos cruzados sobre el pecho.
—¿Has pensando hacer una audición para el circo, Allen?
—Sí, cinco —se burló— Siento interrumpir, pero tenemos que hablar.
Luca dio un paso atrás rompiendo el roce entre nuestros cuerpos y se pasó una mano por el cabello. Tragué saliva cuando mi mirada cayó en la frontera sur de su cuerpo y fui testigo visual de lo que anteriormente había estado presionado contra mí.
—Nos vemos después —resolvió y me dio un corto beso en los labios. Su aliento rompió contra mis mejillas cuando susurró en un tono tan bajo que solo yo pude escucharlo:— nunca me cansaré de esto —carraspeó y alzó la voz— Ciao, chicas.
Nos quedamos en silencio el tiempo que tardó en abandonar el pasillo.
—Sabes que no me molesta en absoluto que te magrees con el italiano en el pasillo, pero Isaac tiene noticias que debes escuchar —tomó la palabra Jossie.
Apoyé la nuca contra la pared.
—Yo también tengo noticias. Y no son nada buenas.

YA ES 22 DE DICIEMBRE, Y LO PROMETIDO ES DEUDA.
Llego una hora tarde, lo sé, pero estaba hipercentrada estudiando para los finales; después de dos horas magníficas mi mente ha petado y bueno, aquí estoy, contándoos mi vida, para variar un poco.
¿Quién estaba deseando que llegase este día? He de reconocer que se me ha hecho bastante corto, aunque no soy vosotros, así que no sé como se ha sentido la espera, jeje.
Vamos a lo importante, ¿qué os ha parecido este primer capítulo de la segunda parte de Kavinsky? ¿Os gustó? Opiniones, AQUÍ. Alegrarme este día de mierda con vuestros comentarios que siempre me hacen sonreír.
La bioquímica no colabora a la fluidez de mis neuronas.
CASI ES NAVIDAD.
Os quiero un huevo, primores y nos vemos en menos de una semana con el segundo capítulo de Cole.
Cambio y corto.
Búscame en Instagram como @comandanteprim y enterate de las cositas que subo allí. También puedes mirar los perfiles de los personajes de esta novela, indicados en la historia destacada de Kavinsky.
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