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26 - La palabra que empieza por N

No sabía cómo sacar el tema, pues preguntar directamente «¿qué eres mío?» se le antojaba fuera de lugar. Lo cierto era que Amanda andaba con pies de plomo, tratando de no decir o hacer nada que pusiese en peligro lo que fuese que tuvieran. Ahora estaba todo en orden entre ellos, siendo aquella etiqueta lo único que faltaba. Al menos, así era para la mujer.

Fue una tarde en que decidieron ir a una cafetería nueva que habían abierto, cuando la oportunidad de aclarar aquello al fin llegó.

— ¡Hacen una maravillosa pareja! —Exclamó una anciana sentada en la mesa de al lado.

Ambos sonrieron ante aquel comentario, Amanda se sonrojó y sonrió nerviosamente y Samuel respondió: «Gracias, señora. Es fácil hacer buena pareja con ella», y acompañó aquellas palabras con un guiño que hizo reír a la buena mujer.

— Le acabas de confirmar que somos pareja —susurró cerca de su oído, acercándose a él sobre la mesa.

— Bueno, es que veía innecesario mentirle diciendo lo contrario —simplificó él.

— Tú...

— ¿Acaso no lo somos? —Cuestionó el hombre con cierta diversión.

Sintió cómo ella se tensó cuando la punta de su nariz le rozó el cuello mientras él, ensimismado, se permitía perderse en su olor. Percibía la calidez de su piel, su nerviosismo y el vello erizado. Aquello, sin duda, le gustaba sobremanera.

— Pero... —No podía siquiera pensar. ¿Por qué hacía aquello?— Parece que te guste ponerme nerviosa, Samu.

— Eso es porque me gusta, Amanda. Ahora, dime —pidió— ¿no somos pareja?

— No lo hemos hablado —logró responder, todavía sintiendo la respiración del hombre chocando contra su piel.

— No creí que tras la gran charla repleta de sinceridad que tuvimos por whatsapp —sopló en su cuello—, nuestros encuentros, nuestros besos —rozó con sus labios cerca de la oreja— y demás, hiciese falta aclararlo...

Amanda se apartó rauda, pues aquella provocación por parte del varón estaba llegando demasiado lejos, al menos teniendo en cuenta que estaban en un lugar lleno de gente.

Lo instó a terminarse el café y, después, lo tomó de la mano y lo llevó directo a su casa. Sería la primera vez que entraba allí, pero poco le importaba porque no tenía previsto darle tiempo de admirar el lugar.

Por el camino, preguntó: «Entonces, ¿qué somos?».

— Amigos, amantes, almas gemelas... aunque creo que podríamos usar la palabra que empieza por N.

— ¿Ene? Quizá, ¿novios? —Cuestionó ella.

— Quizá nada... Quizá novios... Pero creo que prefiero un Nosotros.

— ¿Por qué? —Quiso saber, confusa.

— Porque hay infinidades de parejas en el mundo, multitud de novios, pero sólo hay un nosotros pues solamente hay un tú —la señaló— y un yo. Somos nosotros. Y sí, estamos juntos, amor.

Detuvo su caminar, estiró de su extremidad y la hizo girar para después rodearla entre sus brazos y besarla como llevaba queriendo hacerlo desde rato atrás.

Contuvo la sonrisa haciendo que ésta le llegase al corazón, pues a su lado se sentía tremendamente dichoso. Habían superado sus orgullos y más obstáculos de los necesarios, pero ahora estaban juntos. Nada más importaba.

Y, aunque pueda parecer lo contrario, éste no es el final de esta historia que os he contado, sino el comienzo de esa aventura en la que se enfrascaron sabiendo que aquel <<nosotros>> lo era todo. Por lo tanto, no escribiré FIN, sino...

∞ INICIO ∞

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¡Y hasta aquí hemos llegado!

Nos despedimos de Amanda y Samuel... Me da algo de pena pero, como bien he dicho, no es un fin, sino un comienzo.

Ahora, tengo que decir que he disfrutado mucho escribiendo esta historia, más de lo esperado incluso. Deseo que a vosotros os haya gustado tanto como a mí.

Sin más que añadir os invito a una nueva aventura:

Sinopsis:

Denise tenía una Yamaha a la que quería más que a nada, la cuidaba con mimo y nunca llevaba a nadie ni la prestaba. Nadie sabría cuidarla como ella, ¡así que ni hablar!

Salva había estrellado la suya -accidentalmente, por supuesto- y necesitaba otra durante un tiempo. A su alrededor, todos se movían en coche y él sólo tenía carnet de moto. Aquello, sin duda, era un problema.

¿Quién diría que el destino los iba a cruzar y a él se le ocurriría pedirle prestada su adorada motocicleta? Denise se negó en rotundo, pero él no iba a darse por vencido.

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