Ya es el capítulo veinte, quE?!
Estaba parada justo delante de la puerta de roble blanco, a punto de ingresar a la casa de Yoongi.
Nuevamente, estaba buscando excusas para poder distraerme del desastre mental y sensaciones deplorables que otra vez sufría a causa de estos terremotos emocionales que me daban. Esta mierda era la culpable del terrible dolor de cabeza que a veces me provocaba, últimamente pensaba demasiado, quizás me preocupaba mucho por las cosas y me estresaba. Y eso, probablemente, me genere más jaqueca que la que suelo tener normalmente.
Quizás habían transcurrido apenas dos días de aquel cruel acontecimiento en la casa de Jungkook, pero para mí habían pasado eternas semanas en las que no supe nada más de él. Y, por alguna razón, necesitaba saber cómo se encontraba. Estaba muy preocupada por él.
Me había contactado con Jimin para saber que era de Jungkook; simplemente me contestó que estaba en su casa, aparentaba estar bien, pero fumaba demasiado de a veces se notaba algo apagado. La ansiedad lo estaba consumiendo.
Me preguntaba si aquello fue ocasionado por las impertinencias de su padre o por mí.
Él estaba ahogándose en la furia y decepción dentro de ese oscuro cuarto, junto a mi inútil presencia. Pero, luego de prometerle que nunca me alejaría de él de nuevo, simplemente, algo extraño ocurrió. Pensé que las cosas volverían a la normalidad después de aquello; pobre ilusa... simplemente, se alejó de mí sin decir ni una sola palabra.
Silencioso, destrozado, confundido, otra vez perdido.
Lo más probable que se me venía a la cabeza era que aquello fue demasiado exabrupto e imprevisto para él. El no esperaba una acotación así de mi parte. Lo único que hizo después de aquel comentario de mi parte, fue mirar a través de la ventana y comenzar a fumar, nuevamente. Como si se estuviese muriendo lentamente por el estrés.
Me preocupaba muchísimo.
Hablé con los chicos sobre esto, en especial con Jin, quien le había prometido hablar sobre esto; y parecieron comprender a la perfección la forma en la que me estaba desilusionando. Y, por más que no me rompa en llanto frente a ellos hablando de este horrible suceso, sabían que estaba muy afectada por todo lo sucedido. Demasiado.
Aquello había tocado una parte débil de mi corazón.
Cosas extrañas estaban pasando últimamente, y sentía que, probablemente, unas muy malas se avecinaban, y en cualquier momento nos estaría jodiendo la vida. Y me daba miedo pensar siquiera en las jodidas consecuencias que esto podría llegar a tener.
Suspiré abatida, y me acomodé el cabello, posteriormente toqué el timbre del hogar de Yoongi.
Demonios, luzco tan cansada y apagada, necesito dormir al menos un día completo. ¿Por qué vengo aquí sabiendo que no estoy en mis mejores condiciones? ¡Despierta, Miyeon! Por lo menos muestra una sonrisa, por más falsa que sea...
El muchacho abrió la puerta, sonrió mientras barría con su mirada mi cuerpo, con notorio descaro.
— Buenas noches, preciosa. — canturreó coqueto, abriéndome la puerta de par en par para ingresar a su hogar. — Es agradable tener su dulce compañía esta noche.
Sonreí con timidez y pasé adentro con paso lento.
Observé a mis alrededores. La casa resultaba irreconocible ahora que la veía iluminada y arreglada, solo la conocía a oscuras y con luces neones al ritmo de la música fuerte. Obviamente, cuando venía a las fiestas de Yoongi no me ponía a observar el lugar, pero ahora que puedo apreciarlo con minuciosidad, contemplo que es un lugar bastante varonil y amplio. Es cómodo y acogedor, muy Yoongi.
— Solo estaré aquí por un rato. — aclaré barriendo con mi mirada el lugar, hasta que reparé en su presencia. Lo miré y ahora tenía el ceño fruncido. — Tendré que ir a hacer guardia al hospital.
Yoongi cerró la puerta detrás de él con ápice de broma, sonriendo con malicia al poner traba a la puerta. Solté una risita.
— Recuérdame cuando fue que conseguiste ese trabajo, por favor. — se acercó lentamente hacia mí, y quitó mi bolso y chaqueta para luego colgarla en un perchero.
Estaba siendo realmente caballeroso, resultaba interesante y agradable, aunque muy en el fondo sé que me resultaba un poco cómico actuar así.
— Pues, la madre de Jungkook es la directora del Hospital central. Solo tuve que hablar con ella, la conozco desde hace mucho, así que fue muy favorable. — expliqué, alzando lo hombros para luego dejarlos caer con un suspiro.
Todo estaba muy conectado con Jungkook. ¿Cómo puedo estar bien si todo se estaba relacionando con él? Esta mierda me acabaría por completo.
Yoongi engendró un sonido nasal muy agudo que me llamó por completo la atención. Y me miró como si me estuviese haciendo una riña por hablar del azabache.
— Uhm, ¿debería ponerme celoso de que siempre mencionas a ese idiota? — preguntó arqueando sus cejas. Abrí los ojos escepticismo, y lo observe acercarse a mí para luego picar mi nariz de manera tierna.
Carcajeé levemente.
— ¡Claro que no! — exclamé con una sonrisa. Era absurdo que sospeche de Jungkook, incluso irónico. — Solo somos amigos, creo.
¿Eso somos? ¿Somos amigos?
Después de lo ocurrido, las cosas referidas con Jungkook también me resultaban un tanto incómodas. Pero estaba preocupada por él, era inevitable sentir un sentimiento de culpabilidad en mi pecho.
Es insoportable. Estaba harta de sentirme responsable de toda esa jodida mierda.
— ¿Crees? — inquirió con una ceja enarcada, reprimiéndome con suspicacia. — Tendré que utilizar término "novia" todas las veces que te acerques a él, para dejarle en claro que no lo quiero cerca de ti. — aclaró, sosteniendo su sonrisa en todo momento.
Por alguna razón me hacía sentir un poco más conforme conmigo. Al parecer Yoongi tenía la capacidad de hacerme sentir bien con tan solo mostrarme sus encías rosadas. Tierno, muy tierno para ser un tipo con un piercing en su labio y repleto de ostentosos tatuajes alrededor de su cuerpo.
Iba disminuyendo nuestra distancia, hasta que tomó mi extremidad y la junto con la suya.
— No es necesario. — me guio hacia el sofá, tomando me mi mano, con suavidad. Tenía la leve sospecha de que Yoongi sabía que estaba algo abatida. — Y no creas que no se me olvido que ya lo has hecho la otra noche. — mis ojos casi se cierran por completo al mostrarle mi sonrisa rectangular, derrochando sorna.
Tal vez fue casi ínfimo, pero juré ver un diminuto rubor en las tersas mejillas del chico.
— ¿Llamarte novia? — Asentí.
"No me gusta no una mierda que te acerques a mi novia...". Recuerdo no haber parado de pensar en esa simple oración por un largo rato aquella noche.
— ¿Te gustaría ser mi novia? — inquirió enarcando las cejas seductoramente. Arrugué mi nariz ligeramente con desaprobación, criticando la propuesta.
— Apenas nos conocemos, Yoongi. — sonreí con nerviosismo.
— Quiero conocerte. — sonrió, tomando mis manos entre las suyas. — De verás quiero hacerlo. — ladeé la cabeza con dulzura y arrugue mis ojitos. — Me gustas, Miyeon. Y no miento cuando te digo esto.
Mis labios se entreabrieron, quedé perpleja observándolo profundamente a sus ojos gatunos. Sentía como mis mejillas comenzaban a arder paulatinamente y me causaban una sensación incómoda en todo el rostro.
Yoongi carcajeó con dulzura a ver mi expresión abrumada. No dejaba de mirarme hipnotizado, como si estuviese viendo la cosa más preciosa que jamás había visto.
Sin embargo, no dijo nada, simplemente me ofreció al para beber y romper con el silencio que se había formado. No iba a consumir nada que tenga un agregado de etanol, sería una falta de respeto llegar mi primera vez a la guardia borracha.
— Kim Miyeon. — rompió el hielo, acomodando su codo en respaldo del sillón, y colocó su cara en su mano para poder observarme mejor.
Me senté de forma que tenía el respaldar del sillón a mi derecha, y copié la posición de Yoongi para poder mirarlo cómodamente.
— Te gustan las carreras de autos, corres bestialmente, asistes a eventos ilegales. Me resulta impresionante, pero al mismo tiempo me resulta totalmente irónico, porque, demonios... — carcajeó, tomando el puente de su nariz negando con su cabeza, como si no estuviese entendiendo las cosas por completo. — eres una princesa, una hermosa princesa.
— ¿Y qué hay con eso?
— Bueno... por lo que sé, las princesas son delicadas y respetuosas. Son el sinónimo de perfección, por lo que para seguir permaneciendo a la perfección, siempre eligen el camino del bien. — explicó entornado sus ojitos. — Pero tú eres diferente. Haces justamente lo contrario y sigues siendo hermosa, cortés, y perfecta.
No podía evitar ponerme nerviosa ante sus directas declaraciones hacia mi persona. Sonreía como una idiota todo el tiempo, y mi cara estaba a punto de explotar ahora mismo.
— Las princesas no necesariamente necesitan ser perfectas. — sonreí con suavidad. — No siempre tienen que ir en un hermoso carruaje de caballos blancos y bien adoctrinados; algunas les gusta el peligro, someterse en ello. Realizar sus sueños de forma independiente. — sonreí y baje la mirada apenada ante su mirada cautivada sobre mi tímido rostro. — Y comprendo que las carreras ilegales son vistas como eventos pandilleros. Pero no me importa. Me encanta correr, porque me parece indescifrable la forma en la que me hace sentir estar dentro de un auto a velocidades mayores. Soy consciente de lo que hago, Yoongi; en cada momento, acción, parpadeo y suspiro. Y eso me hace ser quien soy.
La noche en la que Taehyung falleció, y mis padres se enteraron de lo que hacíamos, no dijeron nada, pues no querían saber nada referido al tema. Pero el ambiente a decepción era muy palpable, era una sensación horrible.
Obviamente que era consciente de lo que hacía. Correr con la posibilidad de que haya un imprevisto era muy probable. Porque, por más que quisiera negarlo, lo había visto con mis propios ojos. A cámara lenta.
Como ese auto anonimato se estrellaba contra el auto de mi hermano. Se salía de control. Colisionaba con todo a su paso, sin poder hacer nada al respecto. El auto destruido. Y él no salía de allí dentro. Jungkook prometiéndome que todo iba a estar bien, cuando en realidad, todo fue una mierda. Una jodida mierda.
Yoongi y su mirada embobada me sacaron de los pensamientos.
Luego de unos segundos, solamente miró a otro lado, y sonreía todo el tiempo. Creo que estaba impresionado por mis palabras.
— Entonces, eres una princesa de las carreras ilegales. — proclamó repentinamente. No pude evitar reprimirme, así que ambos carcajeamos. — Es imposible que seas real. Eres el más hermoso prototipo de chica perfecta que tengo en mi cabeza, Miyeon.
Mis mejillas y orejas estaban colorada. Me tape la cara con mis manos, con obvia vergüenza. El río suavemente.
— Aunque, tengo una duda. — frunció el ceño, y esta vez se acercó a mí. Como si quisiera decirme un secreto. — ¿Cuándo te empezaron a interesar las carreras?
Suspiré con pesadez. Otra vez esos pensamientos que me provocaban una sensación de nostalgia.
— Fue hace mucho tiempo. — fruncí el ceño tratando de recordar. Suspiré otra vez. — Un poco antes de comenzar mi último año en el colegio.
— Demonios... fue hace mucho tiempo. Eres toda una vieja con experiencia en esto. — bromeó.
— Probablemente... — sonreí, pero esta vez, algo conmovida.
— Aunque me resulta algo extraño. — ladeó la cabeza, como un gatito confundido. — ¿Comenzaste a hacer todas estas cosas tu sola? Digo, de un día al otro, ¿te introdujiste a esto, como si nada?
— Oh, no. En realidad, quien me metió la idea en la cabeza fue Taehyung. Y luego se la metió a Jungkook.
Parecía una broma. Casi todo estaba tan conectado con ellos dos. Las personas que más me dolían últimamente. Y por más que trate de dejarlas en un segundo plano, aparecían para ser el foco de todo este agobio que tengo.
Lo observe, y me lleve una sorpresa al ver su ceño fuertemente fruncido, y como me penetraba con su mirada oscura.
— ¿Quién es Taehyung? — cuestionó, con voz dura y ronca.
— Es... — tragué saliva impresionada por su cambio radical de actitud, pero luego formulé una sonrisa débil. — E-Es mi hermano. — contesté.
El muchacho salió de aquel trance extraño al oír mi respuesta; y reemplazo su rostro terrorífico a uno asombrado y algo consternado.
— ¿Tienes un hermano? ¿Y cómo es que no lo supe? — sonó como si estuviese afligido, hizo un pequeño mohín con sus labios, provocando que mi corazón latiera desenfrenado.
— Ah, b-bueno, el... falleció hace mucho tiempo en una carrera.
Demonios, esto me estaba impacientando.
— Oh... — me miró consternado, balbuceó un par de cosas, como si no supiera qué decir. Pero finalmente contestó: — Lo siento, creo que no debí hacer muchas preguntas. — Rascó su nuca, algo nervioso al parecer.
Suspiré con la cabeza gacha. Pero luego la levanté y fingí una sonrisa confortante. Actuando como si todo estuviese en buenas condiciones.
— No te preocupes, a veces es bueno descargarse. — expliqué sofocada, por lo que asintió, pero algo me decía que no estaba muy seguro de lo que decía. — Taehyung era mi hermano gemelo. Éramos demasiado unidos. Lo hacíamos absolutamente todo juntos. Pero un día, solo... se fue. — tragué el nudo que se formó en mi garganta y suspiré profundamente.
Otra vez ese sentimiento de angustia indescriptible se apoderaba de mí, acrecentando un ahogante calor que me abrazaba como un manto.
— Decidí irme de Busan para despejar mi mente. Mi casa era un ambiente trágico y ahogante, y yo no podía soportar eso. Así que simplemente me alejé de ellos, si saber lo perjudicable que podría haber sido. — está vez, no lo pude soportar, y deje caer con pesadez mi cabeza sobre la palma de mi mano. Ahí estaba de vuelta ese tormentoso dolor de cabeza que tanto jodía.
— ¿Es por eso que Jungkook te trata como una basura? — preguntó con una ceja enarcada.
Su voz fue suave, pero con un halo duro y ronco que me provocó una sensación de cosquilleo, justo detrás de mi nuca.
— Básicamente, sí. — suspiré por vigésima vez. — Y lo comprendo a la perfección. Solamente pensé en mí, fui egoísta al pensar que todo sería mejor alejándome y dejando solo a mi familia y a Jungkook solos. Lo destruí por completo, y fue por mi mera culpa.
Esta vez, mi voz salió débil, algo quebrada. Mis ojos se humedecieron levemente, pero fue lo suficiente para que él se diera cuenta de que estaba pasando por un momento en donde toda presión cae sobre mis hombros. Pues, el mismo ablando su rostro rígido, mirándome compadecido.
— Miyeon, creo que estás siendo dura contigo misma. — dijo.
Mi sistema nervioso comenzó a fallar cuando vi que su cuerpo comenzaba a aproximarse al mío, sin aviso previo. Colocó los mechones sueltos que caían sobre mis pestañas, dejándole paso libre para poder acariciar mi mejilla con sus nudillos con dulzura. Provocando que anulara aquellos sentimientos opresivos que bloqueaban mis sentidos.
— Si Jungkook creyó que siempre estarías ahí para él también es egoísta. ¿Por qué no puede dejar de pensar un rato en él y ponerse a pensar en tu salud mental? — gruñó.
— Huh, no lo sé. Al fin y al cabo ya tuvimos esta charla. — bajé mis hombros, dejándome llevar por sus caricias.
— ¿Y qué pasó?
— No lo sé. Quizás somos amigos, o quizás no. Estoy muy confundida. Jungkook es impredecible ¿sabes? — entorné los ojos para mirarle.
Ladeé mi rostro hacia el lado en que se hallaba su mano, y apreté mis labios en una tierna sonrisa.
— ¿Y qué hiciste en Seúl? — decidió cambiar de tema.
Al parecer no le gustaba mucho hablar del azabache. De todas formas, se lo agradecía, mi cabeza comenzaba a doler horrores.
— Oh, pues... — tomé una gran bocanada de aire, y sonreí débilmente. —... comencé a estudiar medicina. Debo admitir que, a pesar que pude terminar este ciclo, fue algo costosa esta carrera; con precio de las prácticas, instrumentos médicos, y el alquiler del departamento fue bastante conflictivo. Incluso, tuve que quitarle un poco dinero que recaudaba Taehyung.
— ¿Dinero? — frunció el ceño con dureza.
— Si, el que ganaba en las carreras. Participaba en muchas competiciones, y la gran mayoría de veces salía invicto. Pero, era demasiado para un joven de casi dieciocho años. — respondí en un tono benévolo, ampliando bien mis ojos.
— ¿Y qué iba a hacer con él? — inquirió arrugando su naricita con incomprensión.
Arrugue mi rostro en una mueca de confusión, y dije: — No lo sé. Probablemente lo ahorraba para su futuro, él tenía muchos planes para su vida. No lo sé, nunca me lo mencionó.
— Y ahora que tienes los títulos y conseguiste ese trabajo en el hospital, ¿te agrada? — sonrió ampliamente, permitiéndome ver sus encías rosadas que tanta ternura causaban.
— No me quejo. Hay que empezar por algo, ¿no? — elevó los hombros con inocencia.
Ambos nos quedamos mirando, sentí una especie de conexión entre ambos que me ponía los vellos de punta. Él me hacía sonreír tontamente, ambos sonreíamos como imbéciles, y eso era extraño desde mi punto de vista, pero de todas formas, lo consideraba una sensación agradable.
— Creo que sabes mucho de mí, ahora es tu turno de responder preguntas. También te quiero conocer. — le enseñé mi sonrisa rectangular, provocando que él haga una mueca de disgusto. Reí levemente.
Soltó una risita nasal, sonrió y respondió: — Mi vida no es la gran cosa. Pero, está bien, soy todo oídos.
— Min Yoongi... — ladeé la cabeza confundida, sin embargo, no quite mi sonrisa en ningún momento. — ¿Yeon Kimin? ¡Incluso te escondes bajo de un casco negro! ¿Qué escondes, zopenco? — carcajeamos.
— Nada en especial. — respondió. Alcé mis dos cejas sarcástica, para que comprendiera que no me quede satisfecha con esa respuesta tan cutre. — Princesa, eres todo un caso. — dijo finalmente rendido. — Solamente para evitar casos muy avanzados. Ya sabes, últimamente estos cabrones de la policía han estado concurriendo a casi todos los eventos clandestinos. Es solo para reguardar mi identidad ante la policía.
— Interesante. — asiento lentamente con mi puño sobre mi barbilla, haciéndome la interesada. — Si te quitaras el casco tendrías muchas más fanáticas. — revelé risueña.
— ¿Eso crees? — formuló siendo jocoso.
— ¡Eso es lo que ocurriría! Lo aseguro. — afirme, asintiendo repetidas veces con mi cabeza, sosteniendo una sonrisa radiante.
— ¿Estas insinuando que te gusto? — alzó ambas cejas con burla.
— ¿Hace cuánto corres carreras? — cambie de tema de manera radical.
Negó con su cabeza mientras reía levemente, y contestó: — Mh, quizás hace tres años.
— ¿Y por qué comenzaste a acudir a ellas? — cuestioné, colocando mi codo sobre el respaldo y apoyando mi barbilla sobre la palma de mi mano, esperando una contestación por parte del chico.
Alzó los hombros y luego suspiró.
— Necesitaba dinero, después de todo. Me vine de Daegu para iniciar una nueva vida.
— Y eso... ¿por qué?
Suspiró otra vez, y su mirada ya no era tan dulce. Parecía estar triste de repente, pero un atisbo oscuro en su mirada me pretendido en mi lugar, me sacó un escalofrío.
— Pues, mi vida allí no fue de lo mejor, digamos. — explicó, y luego me observó fijamente a los ojos, provocando que sienta que me quede sin aire. — Mi padre solía tener actitudes psicópatas. Eso no había sido tanto un problema, hasta que comenzaron las agresiones. Estaba loco... loco de remate. Intento matarme a mi frente a mi madre, y en otra ocasión intento quemar viva a mi madre, todo eso justo frente a mis ojos. — comentó, tornándose un poco exasperado.
Enmudecí.
Sin siquiera imaginarlo, cerró los ojos fuertemente, como si estuviese luchando bestialmente en su mente por no volver a tener esas repetitivas imágenes perturbadoras en su mente. Por un momento, me sentí identificada con él.
— Demonios, eso es... horrible, Yoongi. Lo siento tanto. — me lamenté, compadecida de él. — No debemos hablar de eso si no quieres...
Aparentó no escuchar, su mandíbula estaba tensa al igual que sus hombros. Tomó una gran bocanada de oxígeno antes de contestar.
— Finalmente pude escapar de ese lugar, y agradezco que ese maldito hijo de puta se esté pudriendo en la cárcel. — sus manos se apretaron en un puño. — Nos hizo la vida imposible, Miyeon. — abrió los ojos, calándome profundamente con su mirada sombría.
— ¿Cómo se encuentra tu madre? — cambié de tema drásticamente. Quizás para aligerar un poco el ambiente, Yoongi estaba cargado de emociones, y por más que interpretaba su dolor, no lo conozco en profundidad. Su mirada era oscura, escalofriante, sentía los vellos de mi nuca erizarse al instante.
— Al principio estaba en shock. No podía creer que nos habíamos liberado de esa maldita bestia que tanto nos maltrataba. Necesitó de muchas terapias para quitarse todo el malestar que había en su interior. Pero ahora, se encuentra bien. Cosa que agradezco, joder. Y pudo conseguir un trabajo de mucama para despejarse de tanta mierda que ha sufrido.
— Lamentó tanto todo lo que te ocurrió Yoongi. — tomé su mano.
Él ancló su mirada sobre nuestras manos entrelazadas, y se quedó allí, como si se hubiese bloqueado. Como si algo dentro de su cabeza lo estuviese anulando de cualquier estímulo exterior, fue adorable verlo un tanto nervioso ante mi toque. Y luego, simplemente, se reincorporó con lentitud, y exhaló un suspiro antes de sonreír con amplitud, como siempre lo hacía.
— Bueno... mírale el lado positivo. — formuló, haciendo el agarre de nuestras manos aún más compacto. — Estas cosas nos hace el uno para el otro ¿qué dices? — enarcó la ceja, pícaro.
— ¿Qué digo? Me atraes, Min Yoongi. Eres misterioso, y siento qué hay algo por lo que necesito estar contigo. Quiero averiguar qué es eso. — alegué.
— Entonces, ¿estamos saliendo?
¿Salir? Yoongi me gustaba, me llamaba mucho la atención. Sabía que tenía algo misterioso, y como soy muy obstinada, este era el momento especial en el que podía decidir saber qué era eso que tanto me interesaba o no.
Además, quizá sería un buen pretexto para dejar de lado todas estas cosas extrañas que me estaban ocurriendo. Tal vez me ayudaría a olvidarme un poco de aquello que me hacer verdaderamente mal. No lo sé.
Quiero experimentar cosas nuevas.
— Si así lo quieres... — dije escueta, y aplaste mis labios en una sonrisa, alzando mis labios.
— Como no lo voy a querer, ¡estamos hablando de ti! — carcajeé al ver el comportamiento exagerado del chico.
Hasta que sentí como jaló fuertemente de mi mano, provocando que mi mejilla se estampe sobre su pecho. Y rodeó mi espalda con sus pálidos brazos, para seguidamente apoyar su barbilla sobre mi cabeza. Me estaba abrazando dulcemente, podía sentir el latir agitado de su corazón golpeando contra su pecho.
Sentí como el calor que emanaba me abrazaba como un manto de algodón en invierno. Una sensación acogedora e indescriptible. Me sentía a gusto y segura entre sus brazos, no quería que me suelte.
Una sensación de satisfacción se instaló en mi pecho.
— Solo una cosa... — me separo de él levemente, lo suficiente para poder mírame a los ojos, y no tardó mucho en acunar mi rostro entre sus manos. — Sabes que me tendrás que dar muchos besos, ¿verdad?
— ¿Eso es algún tipo de pretexto para besarme? — pregunté socarrona, riendo levemente.
No obstante, no contestó, simplemente sonrió; pero al ver como se embelesaba viendo mis labios, enmudecí. Sentí como si sistema nervioso comenzaba a fallar de repente, como un manojo de nervios se instalaba en mi estómago. ¡Estúpidas mariposas! Me ponen aún más nerviosas...
Poco a poco, por su proximidad a mi rostro, podía sentir el aliento a menta fresca chocar con mi rostro. Tragué saliva.
Sus labios se veían húmedos, carnosos y rositas. Estaban esperando por que sean acariciados por los míos. Mi corazón se agitaba demasiado tan solo pensar en esa idea. Y él, al parecer, estaba al tanto de eso, pues al notar que estaba hecha un manojo de nervios, comenzó a acariciar mi mejilla con su pulgar.
El espacio entre ambos era ínfimo. Hasta que él tomó la delantera, apoderándose dulcemente de mis labios.
Sentí un hormigueo recorrerme al sentir como sus labios dulzones como la miel acariciaban los míos con mera ternura y suavidad. Parecía que quería tranquilizarme a medida que saboreaba toda mi boca.
Una de sus manos bajó lentamente hasta mi cuello, estancándolo ahí y ejerciendo un poco de presión hacia él, provocando que el beso se profundizara, y aún más cuando le permití paso a su lengua. No fue brusco, pero me fue imposible no sentir como los vellos de mi piel se erizaban.
Mis manos en su pecho parecían tímidas, hasta que subieron sutilmente hasta su cuello, jugando con algunos mechones de su cabello azabache.
Sentí un escalofrío cuando su lengua se deslizó ágilmente por mi labio inferior, para luego mordisquearlo a su gusto, pero sin llegar a molestarme o dañarme.
Estaba anonadada, sentía que sus besos eran exquisitos. Sus labios eran como una golosina deliciosa para mi boca, y no quería dejar de probarla.
Nos separáramos lentamente por falta de aire, con las respiraciones agitadas y mi corazón queriéndose salir de mi pecho. Sus labios estaba hinchados, y los míos no se deben quedar atrás; pero el brillo que quedó en ellos los hacía totalmente apetecibles ante mis ojos.
Así transcurrió lo que quedaba de la noche; entre largos y cortos besos, algunos fuertes abrazos y caricias, y algún que otra broma de Yoongi hacía. Se me había pasado el tiempo volando con él a mi lado, hacia las cosas más ligeras y livianas, y eso me hacía bien. Muy bien.
Tal así fue la ocasión, que ambos terminamos recostados sobre el sillón. Y nuevamente, se apoderó de mis labios, pero esta vez fue algo más desesperado.
Sus labios estaban deseosos, mis manos encajaban detrás de su nuca, maravillada al reconocer lo terso de su piel. Sus manos recorrían la extensión de mis muslos, pero siempre siendo precavido y no sobrepasando los límites.
Sus besos bajaron en hilera, desde mi barbilla hasta mi cuello, provocando que ladeara mi cabeza para dejar espacio libre para hacer lo que se le apetezca con la piel de mi cuello.
Pero sus planes se vieron interrumpidos gracias al molesto timbre de su celular cortando el momento. Al principio lo ignoró un par de veces, pero luego, simplemente, perdió la paciencia y decidió contestar, a regañadientes.
— Joder... — cogió el móvil que se hallaba en una pequeña mesilla frente al sillón y contestó. — ¿Diga?
Miré mi reloj y vi que la hora de ir a mi trabajo se aproximaba a pasos agigantados, por lo que me levanté de aquel sillón, acomodando mis prendas y mi cabello suelto para lucir decente.
— ¡¿Dices que qué...?!
Su grito me hizo dar un respingo en mi lugar. Al verlo, tenía el ceño fruncido fuertemente y la mandíbula tensa, y curiosamente, sus ojos estaban chispeantes de la furia, negros, sombríos, tenebrosos. Justo como hoy. Y era algo... aterrador a simple vista.
Lo miraba atentamente, tratando de preguntarme si había ocurrido algo malo y si podría ayudarlo con eso. Pero no comprendía la situación y el por qué su cambio radical de humor. Estaba sorprendida.
— Entiendo, ahí estaré. — colgó, y suspiró profundamente.
— ¿Todo bien? — pregunté suavemente, parecía cabreado.
Vaciló unos segundos para luego exhalar sonoramente. Chasqueó su lengua, pero no muy convencido, respondió: — Si, solamente ocurrió un pequeño percance.
— ¿Necesitas ayud...?
— Te llevo a tu trabajo, no te preocupes.
Y tras eso, me llevó a su auto, manejo por toda la ciudad hasta llegar al hospital donde debería llevar. Pero, lo curioso, era que repentinamente el ambiente cambió de forma radical. Era abrumador, y me incomodaba la tensión que se había originado, pero tampoco tenía las suficientes agallas para terminar con ella.
Ninguno de los dos hablaba. Él estaba inmerso en una furia desconocida, y yo bisecando alternativas para romper el hielo. El clima era muy incómodo -a mi parecer- y tenso. Su rostro no era muy amigable, y no quería hacerle perder la cordura.
Así que se, simplemente, cuando llegué al hospital, saludé con timidez. Me sentía acongojada tras visualizar un extremo cambio de humor en él. No obstante, me desilusioné un poco cuando no recibí contestación de su parte.
Supongo que ya se le pasará.
El muchacho se alejó a toda velocidad, conduciendo hacia quién sabe dónde.
Ahora mismo ya estaba introducida en el hospital, y este traje que me habían otorgado era la cosa más incómoda que existía, era súper rígido por no tener ni un uso, pero me hacía sentir orgullosa de mi misma así que no me lo iba a sacar por nada en el mundo.
La primera noche iba a estar trabajando como médica residente. Una parte de mí decía que no quería nada de cirugías ni operaciones de alto riesgo la primera vez laborando, sería mucha presión. Aunque no iba a negar que si llegaba a ocurrir algún caso extremo sería realmente increíble. ¡Un comienzo emocionante! Ah, es agradable tan solo pensarlo.
Incluso ya había atendido a algunos pacientes, les tomaba la fiebre, hacia sus diagnósticos, y se sintió gratificante. Pero, ya llevaba más de una hora y media sentada en la sala de espera, y sentía que mis ojos se me iban a terminar cayendo del cansancio que acumulaba.
No quería ni siquiera a formular teorías del gran enojo que tenía Yoongi hoy. Ni siquiera pensar en cómo se hallaba Jungkook ahora. Necesitaba tener un momento de paz mental, si... sólo eso, por favor.
— Ten. — Saeroyi me tendió un vaso, con lo que yo creí que era café.
Le agradecí con una pequeña reverencia, y comencé a beberlo. La amargura de la infusión y lo caliente que estaba era algo reconfortante para este frío y cansancio que me estaba abatiendo.
¿Saeroyi? Ah, él era un joven que no hacía mucho que había comenzado a trabajar aquí, había conseguido terminar con la residencia con éxito y logrado había conseguir el papel de clínico principal aquí. Lucía un poco mayor que yo, quizá uno o dos años mayor, pero su sonrisa juguetona y pura era una distracción para mí. Era amable y aparentaba un tipo dedicado y responsable, y sobre todas las cosas, muy obstinado.
— La primera noche siempre es dura. — hizo una mueca estirando sus labios.
— Ni me lo digas. Creo que necesitaré más de estos. — dije, refiriéndome directamente al café, recibiendo una pequeña risita de su parte.
— Te acostumbrarás. Busan es una ciudad grande, pronto saldrá algún paciente a quien ayudar. No te aburras tan rápido, Miyeon. — afirmó mirando fijamente al frente.
— Claro que no me aburro. Solo estoy algo... impaciente. Y también, algo ansiosa. — sonreí quisquillosa. — De todas formas, no le voy a pedir a las personas que se enfermen, o que se caigan y que se den la cara contra un poste para que vengan a urgencias.
— Vaya mente retorcida tienes, niña. — carcajeo con asombro.
— Trato no ser, ni sonar egoísta. — alcé mis hombros con pureza.
— Claro que no eres egoísta. Es completamente comprensible que la primera vez que trabajes sientas impaciencia. Es normal. Solo deja que el tiempo haga su trabajo.
— Está bien, señor sabio. Mientras espero a que las personas vengan necesitando urgentemente de mi ayuda, iré a buscar otro de estos. — dije, haciendo hincapié al café, otra vez.
Él asintió escueto. Aunque todavía no había acabado con mi bebida, debía asegurarme que este lleno para cuando lo termine, así que me dirigí a reponer mi rico café.
Oh, sagrado café, que deliciosa resulta ser tu pura y amarga existencia.
Cuando llegue a la cafetera, no tarde mucho en hacer mi cometido de recargar el vaso de aquella caliente y reconfortante infusión. Pero di un gran sobresalto al oír como las puertas se abrían despavoridas y personas entraban exasperadas, por lo que terminé por quemarme un poco la mano.
— Cielos... — arrugué mi rostro en una mueca de dolor, y succioné la parte afectadas para luego soplar, dejando salir unas cuantas maldiciones.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue un grupo de personas que caminaban rigurosas por el pasillo principal, hablando a los gritos, sonando notablemente apurados.
El café debía esperar, teníamos una urgencia. ¡Qué emoción! D-Digo... es hora de actuar.
Me encaminé rápidamente hacia el tumulto de gente despavorida. Visualicé a Saeroyi a lo lejos, por lo que me acerqué a paso apresurado.
— ¿Alguna emergencia?
— Un joven fue atropellado. — comentó, caminando apuradamente. De repente, pudimos observar como un grupo de enfermeras empujando una camilla rápidamente.
— Demonios...
— El golpe fue fuerte, de todas formas, mis colegas comprobaron que no es tan grave como se ve.
— Eso es un dato alentador. ¿En qué puedo ayudar? — cuestioné, siguiendo los pasos apurados del chico.
— Quédate a mi lado, serías de mucha ayuda ahora mismo. Es hora d exponerte a prueba...
Asentí captando cada una de sus palabras del muchacho. Seguí los pasos veloces del chico hasta ingresar al cuarto, y el lugar allí dentro era realmente emocionante para mí -no quiero sonar codiciosa, pero realmente me gustaba esta carrera-. El olor a desesperación y adrenalina que se palpaba allí dentro era uno de mis favoritos.
Saeroyi les daba órdenes a todas las enfermeras, y estas las acataban a la velocidad de la luz, mientras que él realizaba algunas pequeñas operaciones vitales.
— Miyeon, ayúdame por favor. — pidió Saeroyi, inmediatamente me acerqué a él, gustosa por acatar sus órdenes.
Pero algo ocurrió. Sentí como el mundo dejó de dar vueltas sobre su eje, las personas se inmovilizaban y yo quedaba allí, sin poder hacer nada al respecto. A medida que más me acercaba al paciente, mi corazón iba dando un vuelco. Mis ojos viraban hacia todos lados de lo nerviosa que me había puesto, e inmediatamente sentí una gran presión en el pecho.
¿Que mierda estaba ocurriendo? Ya no soportaba tanto peso, esto debía acabar.
— Jungkook... — jadeé.
Sin embargo, no podía dejar de preocuparme por él de un día al otro. Sería una injusticia, para mí.
Mierda, es que, todo esto... ya no se que sentir.
Me duelen los ojos, como de costumbre, porque soy una irresponsable de mierda y me gusta escribir más a la noche que de día. Pero bueno, me vale kk.
Espero que les guste, DISFRUTEN DE REVIVIR DEL DEBUT, SERÁ HERMOSO :')
Quédense en casa, báñense no sean puerks, y coman mucho, y escuche mucha música. Y ESTUDIEN.
adiós :)
Voten y comenteeen~
Gracias❤️
Park Saeroyi
(estoy enamoridisima de este chavo).
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