41 km
—Green y Brownie llegarán por la mañana— Anunció Lila, mientras lavaba los utensilios que habían utilizado al cenar.
Kimberly se dedicaba a secarlos, mas en cuanto oyó el nombre de su ex novio sus músculos se tensaron y detuvo la tarea.
—¿Tan pronto?— Jadeó.
—Ya han pasado dos semanas, estarán de regreso en unas horas— Aclaró la enfermera, mirando a su amiga. —¿Qué es lo que te preocupa?
—Me asusta cómo vaya a reaccionar Green conmigo después de todo lo que he hecho— Confesó, apenada.
—No te preocupes por eso. El avance en la enfermedad de Brownie fue un golpe duro pero ha logrado que Green se planteara muchas cosas, estoy segura que se dispondrá a escuchar tus explicaciones.
Mary, quien aún estaba sentada a la mesa junto a Cam, se apuró a opinar:
—Green Porter podría cambiar de opinión sobre cualquier cuestión existencial pero jamás cambiará con respecto a Bieber y tú ahí metiste el dedo en la herida, Kim-Kim.
—En ese caso, entonces ¿Qué pasará con Lila? Que ahí metió hasta la lengua, literalmente— Conjeturó Cam.
Mary prorrumpió en carcajadas mientras las otras dos muchachas soltaban un idéntico bufido.
—¡No es gracioso! Y ya dejen de hacer alusiones sobre ellos— Masculló Kimberly. —Yo estoy jodida, pero si Green llega a saber algo sobre Justin y Lila, eso sí será un verdadero desastre.
—Lo siento— Se disculpó el piloto. —No intento ofender ni herir, sólo que me resulta algo épico. En serio, con todos los hombres que hay en las carreras, tenías que irte directo a Justin Bieber...— Habló, su voz todavía denotando asombro.
Lila desatendió el comentario y giró su cuerpo hacia los platos, continuando la limpieza y la conversación con Kim.
—Tengo turno esta noche, por lo que seguramente no estaré aquí cuando Green llegue. Te recomiendo que hables con él... Preferible fallar por intentar que nunca haber intentado— La alentó.
Minutos después, al abandonar la casa de los Porter, Kimberly aún seguía debatiendo en su interior si volver a acercarse a Green era buena idea. Temía al rechazo y creía que el mismo era inminente. Cuando el automóvil de Cameron se detuvo frente a la clínica y Lila descendió para dirigirse a su empleo, ella expuso sus preocupaciones en voz alta a sus otros dos amigos, pues ya tenía la opinión de la enfermera.
—Dentro de toda la mierda, Green es un buen chico y serías una boba si dejaras pasar otra oportunidad con él— Determinó Mary.
—Así es— Confirmó el conductor. —Tú de verdad lo quieres y precisamente ahora eso es lo que él necesita alrededor, gente que lo cuide.
—Él también te quiere a ti, Kim-Kim...— Puntualizó su amiga. —Cuando oficializó contigo, ya no tonteó con nadie más. No así como el imbécil de Luke— Gruñó al decir el nombre de su pareja anterior. —Green tiene sus propios desastres pero nunca hizo que te sintieras mal contigo misma. Cuando yo conocí a las chicas con las que Luke me engañaba... Ellas eran tan perfectas y eso me hizo sentir horrible. Fue como si, de alguna forma, me sintiera culpable por no ser tan perfecta como ellas y mantener a mi hombre.
El vehículo frenó de repente, causando que los cuerpos de las dos amigas se impulsaran hacia adelante por la inercia. El cinturón de seguridad que ambas utilizaban las sostuvo, aún así fueron asaltadas por los nervios.
—¡Pero Cam! ¡¿Qué sucede contigo?!—Vociferó Kim.
El aludido ignoró el regaño y toda su atención se centró en Mary.
—¿Tú crees que eres horrible?— Musitó, incrédulo. —¡¿En serio?! ¿Crees que ellas son perfectas? Ellas ni siquiera son reales ¡Tú sí eres real! Con tus bellos ojos y tu linda sonrisa, eres la mujer más hermosa que he visto en este planeta. Tú no hiciste nada malo, sólo te enamoraste, él fue el que se equívoco al no valorar ese amor... Por favor, Mary, no destruyas tu autoestima por un imbécil que no pudo mantener su pene quieto.
Durante algunos segundos, ellos sólo se miraron a los ojos de manera intensa, hasta que al fin, muy lentamente, la muchacha dibujó una sonrisa radiante en su rostro. Ella y Cameron acababan de sellar en aquel Toyota una fuerte atracción y Kim observó la escena sin evitar alegrarse... Ajenos a la tragedia en la que desembocaría aquel inesperado romance.
-
Lila llegó a la planta de pediatría con varios minutos de antelación, los cuales utilizó para saludar a Zac, quien había regresado ese mes por los chequeos. La mayor parte de la madrugada la dedicó a él. Era normal que el niño levantara fiebre cuando sus defensas bajaban al dormir, sin embargo la enfermera escudriñaba minuciosamente su temperatura, controlando que no fuera mayor a la habitual.
El sol empezaba a alumbrar los pasillos de la clínica, colándose por los amplios ventanales con vista a los bosques. Antes de irse, Lila se dirigió a la recepción para anotar los datos relevantes en las planillas de sus pacientes. Estaba demasiado concentrada describiendo la infección de una mordida de perro a un niño de ocho años cuando una voz grave llegó a sus oídos:
—Traje café.
Debido al repentino sonido, Lila dio un respingo, ahogando un chillido. Levantó la vista para encontrar dos ojos contemplándola, cuyos irises ámbar brillaban con diversión.
—¡Justin! ¡Por todos los cielos!— Exclamó, asustada.
—¿Qué? Sólo quiero alcanzarte tu Cappuccino— Sonrió, dejando sobre la mesada una taza descartable.
—Me asustaste— Murmuró.
—¿En serio? No lo había notado. Fuiste buena ocultándolo, chiquilla— Se burló.
—No te rías de mí y no me llames chiquilla— Ordenó la joven, mas no pudo contener una pequeña carcajada.
—Ya, chiquilla...— Pronunció, ensanchando su sonrisa al ver a su interlocutora rodar los ojos. —¿Cómo va todo?
—Zac está bien. Mañana tendrán los resultados de los estudios, probablemente. La noche fue tranquila, sólo la misma fiebre de siempre— Comentó.
—¿Y qué hay de Brown?— Inquirió Justin.
La expresión que se había pintado en Lila debido a la alegría de ver al chico fue reemplazada por una mueca tribulada.
—Respondió bien al tratamiento. Mejoró muchísimo su estado. Sin embargo no pueden extender su vida más allá del año a no ser que prueben con procedimientos aún más complejos. Ellos dicen que están un sesenta porciento seguros que estos otros métodos podrán salvarlo.
—No te veo muy animada por ello...— Apuntó el piloto, preocupado.
—Lo estoy. Es nuestra última esperanza y estoy muy aferrada a ella, pero también pienso en lo cansado que está Brownie por tener que atravesar tratamientos y controles... Sólo quiero que ya no sufra.
—Hey...— Él estiró su brazo y utilizó sus dedos para acariciar el rostro de la chica. —Entiendo lo que estás pasando. Lo vivo a menudo con Zac... Es una mierda porque no puedo decirte que todo va a estar bien ya que los dos sabemos que eventualmente no lo estará, por alguna cuestión o por otra. Pero sigo manteniendo lo que dije, Lila, estoy aquí para ti. Puedes decirme cualquier cosa y pedirme lo que sea que necesites.
Ella puso su mano sobre la del muchacho, la cual descansaba en su mejilla.
—Gracias, Jus. Aprecio mucho todo lo que estás haciendo, en verdad.
Él volvió a sonreír con dulzura.
—No me agradezcas. No es nada comparado con lo que tú has hecho por mí.
—Yo no hice nada por ti— Repuso la joven, alejándose de su tacto para guardar las cosas en su bolso.
Finalmente, tomó el café y salió de la recepción para quedar frente a su compañero. Éste señaló los ascensores.
—Te acompaño abajo— Ofreció.
—No hace falta. Ve a ver a Zacky, aún estaba dormido cuando le eché un vistazo la última vez.
—¿Segura?
—Sí. No es que me fueran a asesinar o algo— Bromeó.
—Lo sé. Lo siento, sólo... No quiero alejarme de ti— Admitió, su tono resonando con aflicción.
Lila tampoco tenía deseos de alejarse, aunque no lo mencionó. De hecho, su cuerpo parecía resistirse a separarse de Justin Bieber, como si tenerlo cerca fuera una necesidad física. Supo que él sentía exactamente lo mismo, porque dio un disimulado paso para aproximarse más a ella.
—Te acompaño hasta la salida y ya que voy compro unas galletas para Zac en la tienda, no traje su chocolate caliente— Explicó, comenzando a caminar junto a la enfermera.
—Pero sí trajiste mi café— Observó ella, tomando un sorbo del mismo e ingresando a la caja metálica.
Oprimió el botón pertinente para dirigirlo a la planta baja mientras Justin se posicionaba a su lado.
—Sí, es que fue un pedido suyo que no trajera el desayuno hoy. Al parecer, mi mamá le prometió que le compraría un nuevo juego de video si dejaba de atentar contra la dieta de la clínica. Por supuesto, aceptó de inmediato. Me sentí traicionado, para ser sincero.
La muchacha comenzó a reír y aquel sonido produjo que el chico también lo hiciera.
—Pues yo no pienso rechazar tus desayunos, Jus. Jamás— Prometió.
Siguieron hablando mientras atravesaban la planta baja y la sala de espera. Justo en ésta, Lila terminó su infusión por lo que desechó el recipiente en la basura junto a la puerta de entrada. Atravesaron la misma y recorrieron pocos metros antes de detenerse, sabiendo que era el momento de despedirse.
—Bien... Te volveré a ver por aquí, supongo— Dijo ella.
El piloto asintió mientras examinaba con sus pupilas cada centímetro del rostro de la chica. Ésta fue asaltada por una profunda melancolía. Estaba acostumbrada a esas miradas de su parte cuando eran pareja, mas en ese momento le resultaba difícil saber qué hacer, puesto que anteriormente se hubiese acercado a él para besarlo.
Decidiéndose, terminó por abrazarlo, gesto que él devolvió con firme ternura. Separaron sus torsos sin deshacer el abrazo y Justin inclinó el rostro para estar a su altura, plantando un beso en su frente, luego otro en su mejilla y uno más en su nariz. Detuvo sus labios cuando estuvieron a escasa distancia de los de la joven. Miró los ojos de la misma, buscando algún atisbo de rechazo.
Lila había decidido terminar su relación con el piloto líder de las carreras clandestinas, sin embargo (en aquel instante) supo que ese mismo no era Justin Bieber. De alguna manera, ambos eran personas distintas viviendo en un mismo cuerpo y la enfermera estaba cautivada por uno de ellos, deseando poder entregarle su cariño.
Habló, expresando sus pensamientos:
—Si tan sólo me ayudaras a entender qué pasa contigo, Justin— Susurró y su aliento rozó la respiración irregular del muchacho.
—Lo haré si eso me permite tenerte— Juró él, uniendo sus bocas en un suave beso.
En la noción de los implicados, se besaron durante mucho tiempo y hubieran continuado haciéndolo si no fuera porque alguien sujetó los hombros de Lila y la apartó en forma brusca de su acompañante. Ella abrió los ojos y parpadeó varias veces, aturdida, antes de enfocar su vista en Green, cuya mirada cargada de ira la estaba apabullando.
—Lila, sube a mi maldito auto ¡AHORA!
-TatianaRomina
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