
En otra parte de la Nave.
En otra parte de la Nave...
-Lo viste, ¿Qué te pareció? – preguntó el hombre alto.
-De todos los humanos del planeta Tierra tuvo que haber elegido eso –Respondió el hombre rubio.
-Ja... ya lo conoces, sabes cuáles son sus gustos.
-Si lo se.
-¿Qué harás?
-En todos estos años siempre lo apoyé en todo, no tengo derecho a reclamarle nada, el me dio todo, nunca me dejo faltar nada y siempre estuvo para mi. Incluso cuando ella se fue, él no se despegó de mi lado. Si cree que es el indicado, entonces lo apoyaré.
-¿Estás seguro? Tú eres el único que puede hacer que cambie de opinión, que puede detener todo esto.
-Lo sé, pero te repito que si él lo quiere así, entonces así será y yo le daré todo mi apoyo, sé que es feliz y esta persona también parece quererlo, lo vi en sus ojos cuando me lo encontré en el pasillo.
-Entonces no hay más nada que decir.
-¿Y tú? ¿Qué piensas?
-Sabes que lo respeto, es mi hermano y el Tahijo, sus deseos son órdenes para nosotros.
-Eso no responde a mi pregunta, Tengo que decirte que si piensas intervenir tendré que detenerte.
-¿Es una amenaza?
-Tómalo como tu quieras, pero el Tahijo es una de las personas mas importantes para mi, y no voy a dejar que nada malo de pase. Y si eso quiere decir que también tengo que proteger a lo que trajo de ese miserable planeta, lo haré.
-Vaya, hace mucho que no te escuchaba con esa determinación, puedes quedarte tranquilo no haré nada que pueda lastimarlo o arruinar sus planes.
Los dos hombres salieron de la habitación y caminaron para distintos lados con una idea en la cabeza.
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