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La vida de Seungkwan era perfecta.
Cuando terminó sus estudios encontró a un alfa precioso, a quien consideró como el amor de su vida y con el que terminó casándose a los 24, Kim Mingyu. Había logrado triunfar por completo en la carrera de editor, así que, con un poco de ayuda de su esposo, había conseguido armar toda una editorial con crecimiento exponencial.
También tenía dos preciosos cachorros por los que daría todo en su vida; un niño de 6 años, pálido, flacucho y juguetón llamado Junhui, y un territorial alfa de 11 años, algo posesivo con su padre y con una gran pasión por ser el centro de atención, Soonyoung.
Pero la vida de Seungkwan era perfecta.
El rubio aprieta un poco la mano de su hijo menor y sonríe cuando el niño lo mira emocionado. Después de haberlo recogido de la escuela había aprovechado el tiempo libre y había decidió ir hasta el único cementerio del que era una visita frecuente.
Da un paso hacia delante por fin y se inclina un poco, no se da cuenta cuando sus rodillas flaquean y termina hincado sobre el pasto.
Jun, tratando de imitarlo, se sienta con las piernas cruzadas, importándole poco si su pantalón nuevo se llena de lodo. Seungkwan voltea a verlo por un segundo y se seca la lagrima que se le ha escapado.
—¿Puedo contarle cómo ha sido mi día? —indaga con anhelo el castaño mientras señala la roca tallada frente a él y Seungkwan asiente con una media sonrisa. —¡Fue genial!, hoy nos tocó la clase que da Dino, así que estoy muy feliz. ¡Papi, cuéntale tú lo bueno que es Dino!
Seungkwan suspira y acaricia la lápida con melancolía. Desde que Mingyu había fallecido sus días parecían haberse nublado un poco, sus cachorros siendo los únicos solecitos que lo iluminaban.
—No sé quién es Dino, cariño.
Jun se pega a la espalda de su papá y rodea el cuello del mayor de manera juguetona.
—Dino es el profesor Channie —explica.
¿Channie? Lee Chan, claro. Es ese chiquillo que trató de coquetearle cuando fue por su hijo a la escuela. Sonríe de manera inconsciente al pensar en aquel alfa, pero cuando su mirada regresa a la piedra fría la melancolía lo invade de nuevo.
—¿Te gusta mucho su clase? —pregunta a su hijo.
Jun asiente con entusiasmo. Desde el primer día que Chan había llegado a la escuela, en niño le había tomado un cariño inmediato.
—¡Me encanta!
Seungkwan suspira y admira la linda manera en la que las mejillas del menor se inflan.
Después de un rato más de Jun revoloteando alrededor tratando de hacer a su padre sonreír, el hombre se levanta y se sacude por fin la tierra y el pasto seco que se le ha pegado a los pantalones.
—¿Ya nos vamos? —pregunta Jun con una mueca en su rostro.
—Si, cariño. Despídete —pide mientras le ofrece su mano esperando a que Jun la tome.
El pequeño castaño parpadea un par de veces, como si pensara en la manera correcta de despedirse.
Da un besito en la palma de su mano y la termina recargando sobre la lápida de piedra.
—Adiós papi Mingyu —murmura antes de correr y tomar la mano de Seungkwan.
Aunque Seungkwan cree que tendrá toda la tarde libre y podrá pasar un rato con sus hijos, se da cuenta de lo equivocado que está cuando su celular suena y la voz de Jihoon, su asistente, le pide regresar a la oficina.
Termina pidiendo un taxi y llevando también a Jun a su trabajo. No se olvida de pedirle a su niñera habitual, Chaeryeong, llevar a Soonyoung a su terapia semanal.
—¿Qué es lo que hace aquí? —Jihoon señala a un revoltoso Jun que brinca lo más alto que puede para alcanzar los post-it de colores sobre su escritorio.
Seungkwan sonríe nerviosamente, olvidando que él mismo es el dueño, y aleja a su hijo del escritorio de su asistente.
—Pasé a recogerlo a su escuela —explica.
Jihoon asiente poco convencido y aleja los post-it de la orilla de la madera.
—Wonwoo te está esperando en la sala de reuniones —informa mientras guía al otro omega hasta el lugar —, le dije que realmente no podrías reunirte con él hoy, pero insistió en que era un asunto del que necesitaba hablarte a la brevedad.
Seungkwan hace una mueca cuando llegan a la puerta. —¿Lo cuidarías por mi? —pregunta a Jihoon, y el hombre no hace más que aceptar a regañadientes. Seungkwan le da un beso en la frente a Jun y entra a la sala.
—Ah, hola. Buenas tardes —saluda aquel alfa de lentes, levantándose de una de las sillas e inclinándose de inmediato —, lamento haberlo molestado.
Seungkwan sonríe. Wonwoo es un escritor novato, pero el chico desborda potencial, es por eso que el omega trata de ayudarlo en todo lo que le es posible respecto a sus dudas en el mundo de la literatura.
—Está bien. Siéntate, por favor —pide mientras él también toma asiento frente al alfa —. ¿En qué te puedo ayudar?
Wonwoo jala las mangas de su suéter y esconde sus manos de manera nerviosa. —Bueno, yo... tengo un bloqueo creativo —admite, y Seungkwan lo mira sin entender.
—¿Y qué pasa con eso? —pregunta, pero al ver la cara de preocupación del alfa sonríe con ternura. —Creo que si te fuerzas a escribir no obtendrás buenos resultados,
deberías relajarte un poco, dejar de pensar en esto por unos días. Imagínate que son unas pequeñas vacaciones. Ten por seguro que eso no me hará cambiar de parecer respecto a que nuestra editorial publicá tu primer libro.
Wonwoo sonríe entonces, relajado. Era obvio que el señor Boo confiaba en sus escritores, así que no sabe porqué tan siquiera dudó de él por un momento.
Al final Seungkwan se despide con una sonrisa y sale junto al alfa de la sala de reuniones.
Jun escapa de Jihoon y corre a sus brazos con emoción. Lleva un barquito hecho con un post-it azul en la cabeza y un avioncito sujetado con su mano izquierda.
—Hola, soy Jun —se presenta de inmediato el niño ante el chico de lentes.
Seungkwan mira a Wonwoo con una ceja alzada y se tranquiliza cuando le contesta de forma calmada a su hijo.
—Que bonito nombre. Mi nombre es Wonwoo —le dice al niño —. No sabía que tenía un hijo —admite entonces hacia el omega.
Seungkwan se limita a alzarse de hombros despreocupadamente. Se despide de Jihoon brevemente y acompaña al joven escritor hacia las puertas de cristal que permiten salir del edificio. Un auto blanco se estaciona en la acera cruzando la calle frente a ellos.
—Espero verte pronto —dice Seungkwan mientras carga a Jun.
—¿Por qué no deja que lo acompañe a casa? —ofrece. —Mi hermanastro trajo su auto y realmente no tenemos ninguna prisa. —Señala el vehículo blanco cruzando la acera.
Seungkwan vacila, pero no puede prever a Jun, quien escapa de sus brazos y se cuelga en Wonwoo.
—¡Si! ¡Vayamos a casa!
El omega hace una mueca, pero termina aceptando el ofrecimiento, aunque su hijo ya lo ha aceptado por adelantado.
Cruzan la calle y caminan hacia el auto. Wonwoo abre la puerta trasera y entra junto a Jun.
La puerta de copiloto es abierta por la persona que conduce.
—Ah, hola Junnie. Hola, Seungkwan—saluda sin vergüenza el alfa que va al volante, algo sorprendido de la coincidencia.
—Chan, no seas grosero con el señor Boo —lo reprende su hermanastro, sosteniendo el avioncito que el pequeño niño le ha dado —; ¿o acaso ya se conocían?
Seungkwan vacila antes de entrar y contestar. —Nos conocimos hace un rato —explica.
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