12
El auto para en un semáforo rojo y Chan aprovecha para echarle un vistazo al asiento trasero a través del espejo retrovisor, ahí, Soonyoung se mantiene de brazos cruzados y con un puchero en su carita.
Las clases del cachorro habían sido canceladas debido a un imprevisto en la escuela, y Seungkwan le había pedido cuidarlo lo que restaba del día.
No es como que Chan se fuera a negar. Le gusta tanto aquel omega que incluso le llevaría un animal muerto para cortejarlo; se reprendía cada que aquel pensamiento aparecía. Los lobos ya no eran animales salvajes que cortejaban con regalos que alguna vez estuvieron vivos.
—Aún es temprano, si no quieres volver a casa ahora podemos hacer algo —ofrece Chan mientras acelera cuando el semáforo cambia a verde.
—Quiero volver a casa.
Chan asiente. El ambiente se vuelve un poco tenso y permanece así hasta que estaciona el auto frente a la casa de Seungkwan.
Soonyoung no se desabrocha el cinturón, y Chan observa como sus pequeñas manos juguetean con la puerta del auto.
—¿Quieres que te ayude a salir?
El cachorro niega.
—Puedo hacerlo yo solo.
Soonyoung desabrocha su cinturón, lento y con cuidado, como si temiera lastimarse.
—No te gustan mucho los autos, ¿no es así?
El menor hace una mueca.
—No. Cuando papá o Junnie vienen conmigo está bien, pero no me gusta quedarme solo.
Chan se decide y sale del auto. Abre la puerta del menor con gentileza y le ofrece su mano. Para su sorpresa, el gesto es bien recibido por parte de Soonyoung.
—No estás solo. Estás conmigo —dice con una sonrisa. Toma la mochila de Soonyoung y cierra la puerta cuando el cachorro está fuera del auto.
—Pero... es diferente.
Chan no responde nada. Sabe que es diferente, a pesar de lo mucho que desea ganarse al pequeño cachorro, tiene razón. Chan continúa siendo un intruso en la vida de los cachorros de Seungkwan.
Cuando entran a la casa el ambiente se aligera y Chan aspira fuerte, encontrando confort en los retazos del aroma a canela de Seungkwan que permanecían entre las paredes.
Soonyoung se ríe, y Chan piensa que la risa del cachorro es muy bonita.
—Papá te quiere. Él no lo admite, pero cuando te huele se pone feliz —admite el rubio de la nada—. Es realmente asqueroso.
—¿Eso crees?
Soonyoung se alza de hombros y se deja caer sobre uno de los sillones.
—Lo sé. Desde que te apareces en la casa tiene el mismo aroma que desprendía cuando estaba con papá.
Mingyu, piensa Chan de inmediato. Toma asiento en el mismo sillón en el que se ha tirado el cachorro y poco después siente al menor acercarse un poco. Soonyoung deja caer su cabeza sobre el regazo de Chan.
—No deseo reemplazarlo, ¿sabes? —Acaricia las finas hebras rubias del pequeño sin reprochar—. Sé que eso es imposible.
Soonyoung bosteza, adormilado por el tacto del alfa que lo sostiene con cariño. Entonces se queda dormido.
...
—Ha dormido toda la mañana —susurra Chan a través de la bocina del teléfono—. Creo que realmente estaba cansado.
Seungkwan asiente a pesar de que el alfa no lo puede ver.
—Me alegro de escuchar eso. No ha podido dormir bien estas últimas noches. A veces despierta por pesadillas. Me alegra que se estén llevando mejor —agrega orgulloso por algún motivo.
—¿Tú has descansado?
El omega sonríe un poco. Que el menor le pregunte cosas así lo hacía feliz, de alguna manera saber que Chan se preocupaba por él comenzaba a afectarlo de manera positiva.
—Sí —responde rápidamente—. Chan, ¿te quedas a cenar hoy? —invita sin poder evitarlo, deseando embriagarse un poco con el aroma del alfa y sus cachorros en una misma habitación.
Chan tarda un segundo más en responder.
—En realidad debo de estudiar. Tendré un examen pronto y no he tenido tiempo para repasar los temas —se lamenta apenado.
Por algún motivo Seungkwan se desanima. No, no por algún motivo. Las palabras del alfa lo lastiman un poco, aunque no deberían hacerlo. Lee Chan no era su alfa ni mucho menos. Pero de alguna forma lo quería. No de la misma manera en la que quería a Mingyu, pero definitivamente lo hacía.
—Está bien. Te veré en un rato más. Cuida a Soonie unas horas más, por favor.
Escucha la risa del menor del otro lado de la línea.
—No tienes que pedírmelo.
...
nada más para contarles q ya perdí mis separadores d la historia. eso m pasa por dejar d actualizar por tanto tiempo, lo siento 'ཀ'
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