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10

—¿Qué te gusta? —pregunta Seungkwan mientras revisa lo que queda en el refrigerador. Cree que, al menos, debe de tratar bien a su invitado después del drama por el que lo ha hecho pasar esa tarde.

—Tú —responde Chan sin censura alguna.

El omega rueda los ojos, pero Chan se complace cuando alcanza a visualizar una diminuta sonrisa formándose en la comisura de su boca.

—De comida, siendo específico.

—Cualquier cosa —dice el menor entonces.

—Está bien. —Seungkwan cierra el refrigerador poco después—. Me alegra saber eso, porque ordenaré comida china.

Las cejas de Chan se juntan en confusión, y el chico ladea su cabeza inconscientemente.

—Pero creí que cocinaríamos algo.

Seungkwan alza sus hombros.

—Eso fue hasta que no encontré nada en el refrigerador —dice y suspira—. Chaeryeong me ayudaba a hacer la despensa de vez en cuando.

—Por cierto... ¿todo está bien con ella? Es decir, es extraño que ni tú ni ella hayan recogido a Junnie hoy.

—Ella está teniendo unos problemas familiares —explica el omega—. Por ahora no podrá ayudarme con los niños.

Los ojos de Chan destellan ante la oportunidad frente a él. Muerde su mejilla interna para contener su emoción y habla con voz estable.

—¿Así que buscas niñera?

Seungkwan alza una ceja y cruza sus brazos sobre su pecho.

—No en realidad —asegura, pero la mirada insistente del menor lo incita a sincerarse—. Bueno, tampoco vendría mal una ayudita.

—¡Menos mal que soy excelente con los niños!

Seungkwan aguanta la risa que inevitablemente le causa el comentario del menor. Descruza sus brazos y deja salir un suspiro cuando siente el dulce aroma de Chan invadiendo sus sentidos.

—Quizá me lo piense —dice Seungkwan—, pero no te aseguro nada.

—¿Papi? —la vocecita adormilada de Jun interrumpe en la cocina, con el pequeño cachorro frotando sus ojos cansados. Seungkwan de inmediato se agacha hasta quedar a su altura—. Tengo hambre.

—Dame un momento, cariño. Ordenaré comida china. —Seungkwan contesta a su hijo, sin embrago se mantiene mirando a Chan.

—Amo la comida china —asegura Jun risueño, dejando de lado los efectos de apenas haber despertado de su siesta.

—¿Qué te parece si ayudas a Chan a...?

—Dino —corta Jun.

El alfa sonríe y Seungkwan rueda los ojos.

—¿Qué te parece si ayudas a Dino a poner la mesa mientras yo pido la comida y voy por tu hermano?

Jun hace un puchero cuando su padre trata de incorporarse; jala la manga larga de su playera y aferra al omega a su lado.

Chan, al comprender, da un paso hacia atrás.

—Puedo ir por Soonyoung yo. Así Junnie y tú se quedan juntos —ofrece.

Los ojitos del cachorro encuentran a su padre con emoción y Seungkwan no puede negarse ante tal tentadora oferta.

Así es cómo Lee Chan termina frente a la puerta de aquel pequeño alfa llamado Soonyoung.

Carraspea y se acomoda sus cabellos castaños antes de atreverse a tocar la fina madera.

—No quiero hablar, papá —asegura el cachorro desde su habitación.

El castaño suspira, ya esperaba esa respuesta, pero el tono tan decaído del pequeño lo deja intranquilo.

—No soy tu... —piensa mejor las palabras—. Solo soy yo.

El alfa escucha un par de pisotones fuertes y, cuando menos se da cuenta, tiene a Soonyoung frente a él.

—¿Qué quieres? —pregunta el menor en tono brusco, tratando a toda costa de disimular sus ojos hinchados y nariz rojiza.

—¿Puedo pasar?

Soonyoung ya espera una reprendida, aunque para ser sincero creía que su padre se la daría el mismo, es por eso que se sorprende del tono tan suave que utiliza la persona frente a él.

El rubio sorbe su nariz y desvía la mirada. Sus puñitos aún aprietan el margen de la puerta con fuerza.

—¿Papá te envío a regañarme?

Chan sonríe comprensivo. Con duda acerca su palma a la cabeza del menor y acaricia un par de hebras doradas.

—Nada de eso. La comida pronto estará lista —avisa con suavidad.

—No tengo hambre —dice Soonyoung. Deja de sostener la puerta y entra a su habitación obscura a causa de las cortinas cerradas para sentarse en su cama y abrazar sus rodillas.

Chan, quien lo observa atento, toma la tranquilidad del menor y la manera en que le dejó la puerta abierta como una invitación para entrar.

Una vez que sus zapatos han pisado la alfombra, cierra la puerta detrás de él. Piensa que, quizá, cabía la posibilidad, a lo mejor... Soonyoung deseaba decirle algo.

—¿Está enojado?

Chan se sorprende de que el mismo menor sea quien rompe el silencio. Da un par de pasos y termina sentado a un lado del pequeño.

—¿Kwannie? —indaga, a pesar de la obviedad de la pregunta.

Soonyoung mira sus zapatos por un momento y comienza a balancear sus pies en el borde del colchón, inquieto.

—Así lo llamaba papá —murmura entonces.

Chan siente a su lobo alzar las orejas, intrigado.

—¿Perdón?

Soonyoung niega para sí, pero repite lo que ha dicho.

—Así lo llamaba papá. "Kwannie."

—Oh —entiende el mayor. Ahora es él quién se nota inquieto en el ambiente.

La mirada de Soonyoung sube por un momento, encontrando al hombre con las cejas fruncidas y un puchero en la cara. Inevitablemente sonríe un poco.

—Tú también puedes llamarlo así con una condición.

—¿Qué condición?

—Un nintendo para navidad —asegura Soonyoung, y Chan sabe que el pequeño se siente mejor. De hecho, es la primera vez que le dirige la palabra por voluntad propia y sin mal humor de por medio.

—Lo pensaré, pero debes venir a comer ahora —dice el mayor. Cuando se levanta de su lugar junto al menor, se sorprende de ver los brazos alzados de Soonyoung en su dirección.

—Solo esta vez... —pide Soonyoung apenado y desviando la mirada.

Chan sonríe. Lo sostiene entre sus brazos y aguanta un chillido de alegría cuando siente los delgados brazos del cachorro pasar detrás de su cuello.

—Solo esta vez —repite Chan risueño.

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