Todo el lugar estaba repleto de luces rojas, verdes y azules, era encantador de observar. Te podrías quedar embelesado por varios minutos si no tenías cuidado, detallando cada figura, cada decoración esparcida a lo largo del parque. TaeHyung tenía las manos hundidas en los bolsillos de su saco café claro, en un intento poco exitoso de resguardarlas del frío abrazador que hacía esa noche, su aliento humeante se escapaba de su boca con cada respiración mientras escuchaba sin prestarle mucha atención a la plática de su esposa con su amiga a través del teléfono.
—¡Oh, no te preocupes por nosotros! Ya vamos llegando —decía, se rio un poco de algo que dijo la otra mujer al otro lado de la línea antes de despedirse y cortar la llamada.
—Déjame llevar las bolsas por ti, mujer, no seas terca.
SoYeon lo miró antes de rodar los ojos en una mezcla de exasperación y cariño.
—Está bien... —Se las largó para luego continuar con su marcha.
Se encontraban dirigiéndose al apartamento de la mejor amiga de la secundaria de Kim SoYeon, Jeon YuQi. Para TaeHyung esta sería la primera vez conociéndola, junto al esposo de la misma. Decidieron que sería genial un reencuentro después de largos años sin verse el día de navidad, con pavo, vino y una charla amena durante la alegre velada. Según lo que había oído estarían los cuatro y otras personas más de quienes no conocía ni su nombre ni su rostro. Sería una fiesta pequeña y eso sonaba excelente para el castaño, no estaba exactamente de humor para cosas alocadas a sus treinta y cinco años de edad, muchas gracias.
Divagando entre sus pensamientos, TaeHyung se perdió de todo el trayecto restante hasta la casa de YuQi. Tan solo fue consciente nuevamente de su alrededor cuando se vio de pie frente a la puerta de madera negra adornada con una linda corona navideña esperando a que alguien les abriera. No pasó mucho tiempo cuando una dulce chica de cabellos rubios levemente ondulados se mostrara con una animada sonrisita de oreja a oreja, esta inmediatamente se lanzó a abrazar a su esposa mientras chillaba de alegría.
—Dios mío, ¡cuánto tiempo!
Se zarandeaban de un lado al otro incapaces de contener su júbilo. TaeHyung sonrió suavemente ante la escena.
Por fin se separaron, la mirada de la desconocida fémina finalmente se posó sobre él.
—Este debe ser tu esposo. —Le dedicó una leve sonrisa, acercándole su mano para que la estrecharan—. Es un gusto conocerte. Soy Jeon YuQi, he escuchado mucho sobre ti, TaeHyung.
—Puedo decir lo mismo. SoYeon estaba loca por verte y no paraba de hablar de ti, no sabía si sentir celos o algo así.
Ambos se carcajearon un poco.
—Por favor, pasen. —Les hizo un ademán con la mano que los invitaba a ir al interior del pintoresco apartamento—. Son los últimos en llegar, debió haber sido un viaje largo desde Daegu.
—Uf, ni me lo digas...
Y allí inició una conversación animada entre ambas. TaeHyung no quería ser grosero pero realmente no estaba interesado en seguirles el hilo. Así que simplemente desvió la mirada para detallar el lugar. Estaba hermosamente decorado para la temporada, un enorme arbolito se encontraba en una de las esquinas del recinto. Podía notar el empeño impuesto en él, lleno de luces y demás ornamentaciones. Habían unas cuantas personas hablando entre ellas, todo se notaba bastante tranquilo y acogedor.
—Querido, ven. —La voz de su esposa lo sacó de sus reflexiones—. YuQi quiere presentarnos a su esposo.
TaeHyung asintió y se acercó, luego levantó la vista cuando notó que la mujer regresaba tomando el brazo de otra persona; un chico bastante alto y fornido, incluso a través de su grueso suéter de lana podía notar sus trabajados músculos. Siguió ascendiendo sus iris hasta que se encontró de lleno con el rostro del supuesto extraño.
Su respiración se detuvo dentro de sus pulmones, sus párpados tuvieron que abrirse un poco más para lograr contemplar correctamente al contrario. Todo sonido fue exterminado de la habitación, en sus oídos solo resonaban estridentemente los latidos de su acelerado corazón, el cual parecía querer abrir un hueco en su pecho y escapar, escapar por esa puerta o quizás ir hacia donde se encontraba el otro hombre. Su garganta estaba tan seca que se sintió como si no hubiera probado líquido durante días, su cuerpo estaba tan tensionado que parecía que en cualquier momento podría romperse, rasgarse.
Por lo visto, no era el único afectado, no era el único que había reconocido al otro. Puesto que en los ojos avellanas ajenos brillaba la impresión, el desconcierto y otro sentimiento que TaeHyung no pudo registrar, que no quería registrar.
—¿Qué ocurre con ustedes dos? —cuestionó SoYeon, sonriendo pero con una mirada bastante extrañada—. Se quedaron como si hubiesen visto un espanto.
—¿Ya se conocían? —Fue el turno de YuQi para interrogar.
TaeHyung se aclaró la garganta, intentando componerse, cosa que logró solo a medias. Las puntas de sus dedos todavía temblando.
—Sí... —asintió el castaño—. Fuimos compañeros de clase en el colegio.
—Parece que no se llevaban muy bien —asumió erróneamente la rubia—. Espero que sus... problemas hayan quedado en el pasado.
TaeHyung estuvo a punto de reírse, llevarse mal no es como describiría su relación de antaño.
El pasado. Claro, ahí había quedado su tiempo juntos.
—Por supuesto. —Le extendió la mano que no llevaba las bolsas a su menor, la comisura de su boca crispándose un poco al notar cómo JungKook se sonrojaba y se relamía los labios.
Tuvo que aceptar su gesto después de unos segundos, o si no se vería realmente maleducado y como un adolescente resentido, porque claro, se suponía que estaban enemistados en la secundaria.
—Qué bueno volver a verte. —Lo miró directamente a los ojos y algo tiró de su pecho, un sentimiento lejano, olvidado, descascarado.
—Igualmente. —Su voz se adentró en su ser como electricidad. Quería seguirlo escuchando, más cerca, sin todo ese ruido de fondo.
—Oh, bueno, por favor tomen asiento —intervino YuQi, indicándoles con la mano el sofá que se encontraba vacío en la sala de estar.
—Por cierto, toma. Son regalos para ti y JungKook. —Le entregó las bolsitas que colgaban de su antebrazo.
Luego, sin mucha prisa, se dirigieron al sofá color caqui y tomaron asiento. Sería una larga noche.
Conforme pasaron las horas, el ambiente se fue haciendo mucho más llevadero. Faltaban quince minutos para que dieran las doce, la gente estaba bebiendo un poco, SoYeon se integró a una charla con YuQi y algunas de sus amigas. TaeHyung por su parte se hallaba bebiendo un poco de whiskey mientras sus ojos seguían —sin querer— cada movimiento que realizaba JungKook al otro lado de la habitación. Se había repetido reiteradamente que debía de parar, que si alguien notaba su fijación en el esposo de la mejor amiga de su mujer sería peor que extraño. Pero le era tan complicado apartar su atención de ese hombre. No había cambiado mucho, solamente su complexión delgada, sus ojos seguían siendo grandes y hermosos, como los de un venadito, luego estaba aquella boca naturalmente rosada y absolutamente besable, miles de pensamientos indebidos se adueñaban de su cuerpo cada vez que la veíaen el pasado. Se negaba fervientemente a aceptar que tal efecto todavía seguía incrustado en su ser. Ya no, lo suyo con JungKook se había quedado en el pasado, había terminado. Ambos tenían esposas ahora por el amor de Dios.
Pero luego sus miradas se encontraron, TaeHyung maldijo por lo bajo antes de levantarse de su lugar, decidiendo que no sería nada raro si se acercaba a hablarle un poco. Pudo apreciar como el menor se ponía algo nervioso al verlo acercarse, todavía tenía aquella manía de tocarse los oídos con sus manos cuando algo lo ponía en extremo intranquilo.
—Hey —murmuró al llegar a su lado.
—Hey —contestó sin mirarlo a los ojos.
—El mundo es un lugar muy pequeño —bufó divertido—. ¿Hace cuánto estás casado con ella?
—Cinco años. —Por fin buscó su mirada, la luz amarilla que iluminaba por encima de la cabeza de JungKook lo hacía ver más joven—. ¿Y tú?
—Tres. Eres un poco precoz, Ggukkie —notó como JungKook se tensaba visiblemente.
TaeHyung se retuvo de chistar la lengua, ya era muy tarde para arrepentirse. Pero en su defensa el mote fue inconsciente, realmente no deseaba llamarlo como solía hacerlo y traer incomodidad al ambiente.
—A los veintinueve es una edad adecuada para casarse. Tú lo hiciste muy tarde, ¿treinta y dos? Pff —se mofó, el mayor quería besar uno de sus mofletes.
Control. Él necesitaba controlarse.
Pero joder, quería tocarlo, aunque sea un cabello. Le estaba costando la vida misma contenerse de alargar su mano y quitar aquella hebra azabache fuera de su frente.
En ese momento YuQi llamó a su esposo, al parecer iban a sacar la champaña para hacer el brindis y a preparar la cena navideña. Ya casi sería noche buena. Se abstuvo de maldecir, no se enojaría porque alguien —la esposa— le quitó la atención de JungKook, él era mejor que eso.
Todos se hallaban de pie, con una copa de champaña en la mano elevada, faltaban solo dos míseros minutos para que marcaran las doce.
—Brindemos por la prosperidad y felicidad de nuestras familias —habló YuQi y posterior a esto, todos comenzaron a chocar sus copas mutuamente.
—Tres, dos, uno. ¡Feliz navidad! —Uno de los invitados exclamó, dando paso a múltiples abrazos deseándose las felices Pascuas.
Su esposa a su costado le extendió los brazos, invitándole a un abrazo el cual correspondió al instante, ambos se susurraron "feliz navidad" antes de separarse y propinarse un leve piquito en los labios. Al instante y en contra de su voluntad, sus ojos se desviaron hacia el hombre que se hallaba compartiendo un suave beso con la que era su esposa. Su compañera desde hace cinco años. Kim frunció los labios en disgusto.
Esta... posesividad era inaceptable y sin fundamento. JungKook fue quien lo dejó, eso significaba que ya no había nada entre ellos.
—¿Qué ocurre? —Le preguntó SoYeon, siguiendo la dirección de su mirada—. No puedo creer que te estés comportando de esta manera. ¿Qué tan mala era su relación para que lo estés mirando como si quisieras molerlo a golpes?
—¿Molerlo a golpes? —Rio sonoramente, no podía estar más equivocada—. Querida, no se trata de eso en absoluto. Es más, ustedes malentendieron todo el asunto, éramos muy buenos amigos cuando jóvenes.
No sabía si decir esto sería contraproducente, quizás... solo quizás era mejor que creyeran que se odiaban.
—Oh... ¿Entonces? ¿Qué es lo que pasa? —Se notaba preocupada ahora.
—No...
—¡La cena está servida! —Fue interrumpido por la anfitriona de la fiesta, esto hizo que la resintiera un poquito menos.
Al finalizar de comer, algunos comenzaron a despedirse, otros por el contrario iniciaron a beber en serio, con el propósito mismo de emborracharse lo que restaba de la noche. TaeHyung quería ser uno de los primeros, pero maldita sea, ni aunque su vida dependiera de eso podría abandonar esa casa. Una hora, ese fue su límite para reprimir las ansias de acercarse nuevamente a Jeon. Al principio simplemente pretendía ir a la cocina para beber un poco de agua, las copas se le estaban subiendo rápido a la cabeza así que era mejor si se equilibraba con algo suave. Pero a quién engañaba, había visto ingresar al menor a ese lugar hacía unos minutos atrás, sus verdaderas intenciones brotando con renuencia de sus poros.
Se asomó por la puerta comprobando la presencia del contrario, el cual se hallaba apoyado en el mesón mirando el techo, perdido entre sus pensamientos.
—¿Qué haces aquí? —dijo, sin mirarlo.
—Venía por un poco de agua. —Se encogió de hombros—. ¿Qué haces tú escondiéndote aquí? —Este último comentario resonó en el menor, quien apretó el mármol con fuerza, sus nudillos tornándose blancos.
—¿Realmente no sabías que yo era el esposo de YuQi?
—¿Eh? Claro que no, ni siquiera la conocía hasta hoy. —Tomó un vaso de la alacena—. Y en todo caso si lo hubiese sabido, ¿qué? ¿Debería abstenerme de haber venido por esa razón?
—Sí.
—¿Por qué?
—Tú sabes por qué.
—No, no lo sé.
JungKook suspiró sonoramente, frustrado.
—Lo que tuvimos en la secundaria...
—"Lo que tuvimos en la secundaria". —TaeHyung lo interrumpió, sonando mordaz, sus ojos severos—. ¿Por qué te afecta? Tú fuiste quien terminó todo sin dar una puta explicación.
Demonios, no debió haber bebido tanto, el alcohol estaba nublando su sentido común.
—¡No fue así!
—¿Ah, no? —Su sonrisa debió haberse visto realmente dolida, o los ojos de Bambi contrarios no se habrían llenado de lágrimas como lo hicieron—. Igual ya no importa, han pasado quince años. Ambos estamos casados y felices comiendo perdices.
JungKook bajó la mirada abatido, incapaz de refutar lo dicho por el mayor. Se mordió el labio aguantándose las ganas casi incontenibles de llorar.
—Mis padres se enteraron —dijo, todavía mirando el piso con sumo detalle—. Mi hermano les contó y todo se puso realmente feo. —Una mueca se formó en su bello rostro—. Tuve que hacerlo TaeHyung, ellos querían hacerte daño. Tuve que hacerlo —repitió como sin intentara convencerlo, ¿de qué serviría?
—Eres un cobarde.
—¡Te estaba protegiendo! —exclamó, desesperado. Afortunadamente la música exterior no permitía que los gritos fuesen escuchados.
—No funcionó, mi vida fue una miseria sin ti todos estos años. ¿Qué debo decirte? ¿Gracias? Hubiera preferido que me mataran a golpes tu padre y tu hermano en ese entonces.
Se sirvió el agua y se la bebió en tres largos sorbos, girándose dispuesto a irse de esa cocina, de esa casa, de su vida. Pero unos delicados dedos se aferraron alrededor de su muñeca impidiéndole avanzar.
—S-Sé que no puedo enmendar lo que hice, ¡lo sé, carajo! Pero por favor, entiende que lo hice por ti —sollozó, el corazón de TaeHyung se resquebrajó un poco más al oírlo llorar—. No quiero que volvamos a separarnos, ¿no podemos ser al menos amigos?
—¿"Amigos"? —Se giró, encarándolo, mucho más cerca de lo que habría querido—. No quiero ser tu amigo. —La mirada afligida del menor lo hizo querer tocarlo para consolarlo y así fue, pasó sus nudillos por las mejillas sonrojadas contrarias—. No puedo ser tu amigo, JungKook. No cuando cada fibra de mi cuerpo está rogándome que salte sobre ti y te bese, no cuando ni siquiera me importa que nuestras esposas estén a una puerta de distancia. Es mejor si...
No tuvo tiempo de evadirlo, de reaccionar y hacer algo. JungKook se había lanzado hacia adelante para unir sus labios en un beso duro, incluso TaeHyung terminó trastabillándose y chocando contra la puerta. Dios, tendrían suerte si nadie se percataba de eso. Al demonio, solo tardó dos segundos en devolverle el beso con la misma intensidad, ahuecando la cara del menor con sus manos, acercándolo más para poder devorarlo con su boca tal como había deseado desde un principio. JungKook gimió, aferrándose a su camisa de vestir.
TaeHyung fue quien rompió el descontrolado beso, JungKook hizo un puchero decepcionado.
—Jesús, eres increíble. —Se pasó una mano por la cara, antes de inclinarse y depositar un beso en su frente, sabiendo que no podría detenerse una segunda vez si volvía a besarlo—. No es... No podemos hacer esto aquí. No deberíamos haberlo hecho en primer lugar.
—Lo siento...
—No, no lo sientas... —Juntó sus frentes—. ¿Ahora qué? ¿Salimos corriendo agarrados de la mano?
Se rieron, pero luego hubo un ensordecedor silencio. JungKook se deshizo en llanto, tal como lo haría un niño pequeño.
—S-Soy un idiota —murmuró con voz temblorosa—. Te amaba tanto. Te amo tanto. Todos estos años... Yo...
—Te amo, también te amo —decir esas palabras fue casi que una alivio para su corazón.
Lo abrazó contra su pecho con fuerza.
—Todo estará bien, Ggukkie. Hablaremos con...
—¿Qué está sucediendo?
La puerta fue abierta súbitamente, ambos hombres se sobresaltaron, separándose al instante aunque fue bastante difícil hacerlo cuando las moléculas de su cuerpo se llamaban cual imanes.
Para agregarle desgracia a la situación, se trataban de YuQi y SoYeon quienes los miraban como si acabaran de descubrir la revelación más horripilante del año, sus rostros pálidos y sus bocas desencajadas. Era obvio que habían oído la mutua confesión de sus sentimientos.
—Nos vamos, TaeHyung. —SoYeon habló primero, pareciendo orgullosa, pero sus ojos brillosos no engañaban a nadie.
—SoYeon... —intentó.
—Te estoy diciendo que nos vamos. Ahora. —Y sin más abandonó el lugar, sin despedirse de su gran amiga.
—Vendré a buscarte —miró a JungKook, su boca se abrió una vez más con la intención de decirle algo reconfortante pero YuQi se le adelantó.
—Por favor, señor Kim, váyase de mi casa.
Esta vez, los adornos navideños no eran en lo más mínimo encantadores ni hipnotizantes, solo molestos. Sus luces parpadeantes le estaban dando migraña a medida que caminaba por las calles junto a su esposa algunos metros más allá. La tranquilidad y la calidez que había sentido hace unas cuantas horas se había extinguido.
—¿Qué fue eso? —inició la mujer, mirando a un lugar totalmente opuesto al que se encontraba TaeHyung.
Estaban pasando por un lugar más o menos vacío del inmenso parque, por lo tanto habría un poco más de intimidad para hablar de lo inevitable.
—Nosotros...
—¡¿"Nosotros"?! —gritó, sus ojos negros clavándose en él como dagas—. ¿Ya piensas en ti y él como "nosotros"?
—No lo entiendes, SoYeon... —negó con la cabeza—. JungKook y yo nos enamoramos cuando íbamos a secundaria, fue una casualidad. Él era menor que yo pero fue promovido de grado debido a sus excelentes notas, 'el chico genio' le decían —comentó, su voz tiñéndose con cariño, lastimando más a la pobre SoYeon sin querer—. Fue una casualidad, justo como lo de hoy. No pretendía enamorarme de ese niño y no pretendía encontrarme con él nuevamente hoy. Sé que voy a sonar como un completo idiota al decirte esto, pero... él es la única persona a la que he amado tan intensamente, tan... locamente.
—¿Si se amaban tanto por qué terminaron?
—La familia de JungKook era una fanática de la religión, totalmente conservadores y obtusos, incapaces de tolerar algo como esto.
—Se enteraron, supongo.
—Exactamente. —Se encogió, el dolor de aquella despedida todavía sin desaparecer del todo—. Te amo, créeme que te amo. Si no lo hiciera, no me habría casado contigo y lo sabes.
—Pero él es el amor de tu vida, ¿no?
—Lo es. Él es mi todo.
—Así que fue por JungKook que te conocí aquel día en el hospital...
No era un buen recuerdo. SoYeon es doctora, ella fue quien lo atendió en ese entonces cuando llegó al hospital mientras se desangraba después de haberse cortado las muñecas, sin poder soportar vivir un día más.
—Eh... sí.
—Vamos a divorciarnos, Tae
El nombrado se contrajo en su sitio, hace tiempo que habían dejado de avanzar.
—¿Qué?
—Sí, no puedo seguir siendo la esposa de un hombre que no es mío, que tiene a otra persona incrustada en la mente. —Las lágrimas se deslizaban por su rostro a pesar de que hablaba tranquilamente.
—Lo siento mucho, SoYeon.
—¿Por qué? ¿Por amar más a otra persona que a la mujer que ha estado junto a ti por diez años? —TaeHyung guardó silencio. SoYeon suspiró, acercándose para envolverlo entre sus brazos—. Está bien, tonto. No voy a negar que me duele y me hiere el orgullo toda la situación, pero entiendo lo mucho que lo amas. En ese entonces no lo sabía, pero te recuerdo siendo tan miserable en la cama del hospital, solo un gran amor puede provocar algo como eso. Si ese imbécil vuelve a dejarte, voy a buscarlo y a rebanarle el cuello, lo digo en serio.
TaeHyung se rio con pesar, respirando su aroma.
—Eres increíble, ¿lo sabías?
—Por supuesto, eres un estúpido por perderme.
—Sí, lo soy.
Compartieron unas risillas antes de separarse.
—No cantes victoria todavía, ¿y si YuQi no quiere darle el divorcio a JungKook? —Todo rastro de sonrisa se borró de sus facciones al instante.
TaeHyung no quería pensar en lo que sería capaz de hacer si ese fuera el caso. Era mejor si YuQi aceptaba el divorcio por las buenas.
Eran las tres de la madrugada del veinticinco de diciembre y TaeHyung era incapaz de conciliar el sueño. Sus ojos estaban pegados al techo de un pulcro blanco. Había tenido que registrar una nueva habitación en el hotel, era obvio que SoYeon no lo dejaría dormir esa noche junto a ella.
De repente su teléfono comenzó a sonar estrepitosamente en la mesita de noche, donde lo había dejado cargando minutos atrás. Lo tomó, detallando que se trataba de un número desconocido. ¿Podría ser...?
Contestó al instante.
—¿En dónde estás?
—En el hotel Shilla.
—Es que... me acaban de botar de mi propio apartamento, ¿podría quedarme contigo hoy?
Podía jurar que estaba sonrojado y tocándose su orejita con su mano libre.
—Claro que puedes.
Le dictó el número de su habitación y luego llamó a recepción para que le permitieran la entrada. Quince minutos después escuchó un sutil toque en su puerta. Abrió tan rápido que debió haberse visto un poco desesperado.
—Estás aquí —sonrió en grande, atrayéndolo al interior para luego cerrar sus bocas con un beso.
—Estoy aquí. —Una risita burbujeó de su pecho—. ¿Qué ocurrió con...?
—¿Qué ocurrió con...? —Dijeron al mismo tiempo—. Diablos, esto es terrible, no podemos seguir actuando como dos tontos enamorados a nuestros treinta y pico de años.
—Lo sé. —Nuevamente rio, trayéndole un fresquito a su maltratado interior.
—¿Entonces?
—YuQi me obligó a pedirle el divorcio, fue bastante incómodo. Luego me dijo que no toleraba seguir mirándome la cara y simplemente me echó. —Se mordió el labio viéndose culpable.
—Oye, oye. Está bien, Ggukkie, ven aquí. —Lo hizo sentarse en la cama, tomando sus manos y entrelazando sus dedos—. Sé que lastimarlas era lo último que queríamos, pero es bueno que se hayan enterado de una vez por todas. Guardar el secreto solo lo habría hecho mucho peor.
—Tienes razón. —Hundió su rostro en el cuello de TaeHyung—. A pesar de todo, estoy tan condenadamente feliz. No voy a volver a dejarte ir, nunca, jamás.
—Te amo. Más de lo que crees, más de lo que te imaginas. —TaeHyung acarició sus suaves hebras negruzcas.
—También te amo, tanto que me aterra.
TaeHyung no se rio ni se ofendió por esto, porque lo comprendía, mejor que nadie. Era aterrador amar tanto a alguien.
Su despedida fue un veinticuatro de diciembre y su reencuentro fue justamente ese mismo día, quince años después. Habiendo conocido y amado a otras personas nunca lograron olvidarse o desaparecer los sentimientos que tenían por el otro, tan poderosos como un incendio forestal destruyendo todo a su paso. Se pertenecían, eran el uno para el otro. Almas gemelas se les llamaba por allí.
Casualidad, destino o quizás un milagro navideño. TaeHyung y JungKook tendrían bastante tiempo para darle nombre a lo que había ocurrido esa noche de pascua.
¡Feliz navidad! ✨
Aquí les traigo un pequeño OS con temática navideña, es mi regalito para ustedes jojojo.
¡Espero que les guste!
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