Capítulo 4
¡Al fin viernes! Esta semana se me ha pasado bastante rápido, a pesar de ser la primer semana de clases, creo que todo se lo debo a Edward. Al principio, creía que todo iba a ser un desastre, pero esta semana ha sido un tanto...Bueno, demasiado diferente a lo que antes solía ser mi vida en la escuela. Solo ruego al cielo, que lo que quiera que haya pasado, lo que quiera que haya hecho bien, solo siga así.
— ¿Sabes? —Le dije a Edward mientras caminábamos juntos hacia la clase de Literatura—. Aun no entiendo eso de que Mason es tu hermano. Tienen apellidos diferentes.
Él suspiró con algo de pesadez y se acomodó mejor la correa de su mochila sobre el hombro. Dejó de mirarme y fijo su visa en el vitropiso del pasillo, perdiéndose así en recuerdos.
—Mi padre engañó a mi madre cuando yo ni siquiera había nacido. Ella no iba a soportar eso, tiene la ideología de que si un hombre engaña a una mujer, ese hombre no sirve para nada—se encogió de hombros mientras lo miraba con atención—. Así que nací sin un padre. Él no quiso saber nada de nosotros hasta que...—se pasó una mano por la nuca—. Mamá se volvió a enamorar, del padre de Mason, mi padrastro. La trata como una reina y le estoy agradecido, en fin. Mi padre no soportó ver a mi madre enamorada de otro hombre, me usó de pretexto para llegar hasta ella. Nunca lo logró. En parte por eso decidimos mudarnos. No podíamos seguir viviendo en la misma ciudad que mi padre.
— ¿Y... tú aun ves a tu padre?
—No, yo no le intereso para nada. No me mires así—se detuvo en la puerta del salón y yo me detuve frente a él.
— ¿Así como?
—Con... lastima.
—No es lastima—hice una leve mueca—. Es solo... triste.
—Pero soy feliz—sonrió ampliamente y no vi ningún rastro de que la estuviera fingiendo.
—Te admiro.
Él me miró extrañado y yo me mordí el labio inferior. Ni siquiera me había dado cuenta de lo que había dicho hasta que me había comenzado a mirar con intensidad. No sabía que tenía Edward que me hacía... ser yo. No era diferente, simplemente era yo. Con él era fácil ser quien de verdad era y decir lo que pensaba.
—Supongo que gracias, caramelo.
La clase de literatura transcurrió demasiado normal. Pero nada me preparó para lo que pasaría al final de la clase. Edward y yo terminábamos de guardar nuestras cosas en nuestras respectivas mochilas cuando frente a nuestra mesa se plantó Leila. Oh, no.
—Eddy—puse los ojos en blanco ante el ridículo mote—, fiesta hoy en mi casa—dijo entregándole una invitación llena de brillos a Edward.
Él la tomó como si nada y le dio una pequeña leída.
—Genial, ¿nos vemos ahí? —preguntó Edward volteándome a ver a mí.
¿Qué? ¿Yo en un una fiesta de Leila Roberts? Ni siquiera me lo había imaginado en mis más locos sueños.
—Cariño, ella no está invitada—la pelirroja jugaba coquetamente con un mechón de su cabello.
Lo siguiente que pasó me dejó con la boca abierta. Edward rompió la invitación de Leila por la mitad y me entregó a mí una de las mitades.
—Ahora si está invitada.
La pelirroja también se había quedado con la boca abierta. Por primera vez, en todo lo que llevábamos juntas en la preparatoria, se había dedicado a mirarme y yo no me moví para nada. La mirada de Leila era tan fría que me recordaba a la de una serpiente, lista para atacar ante el más mínimo movimiento que hiciera su víctima. Su sonrisa "amable" me hizo estremecer.
—Bien, nos vemos ahí—besó sus dedos índice, medio y anular para después soplar sobre ellos, lanzándole así a Ed un beso.
Leila se dio media vuelta haciendo mover su cabello de manera envidiable y se fue del salón moviendo las caderas en una forma sensual. ¿Cómo podía hacer eso? Si yo lo intentara parecería que tengo algún problema en la cadera o algo similar.
Colgué la correa de mi bolso en mi hombro y comencé a salir del salón y Edward vino conmigo.
—Entonces, ¿vas a ir a la fiesta?
Miré a Edward y esos ojos azules me hicieron estremecer haciéndome sentir que acariciaban mi alma.
—Yo...—aparté la mirada y comencé a caminar a mi casillero para recoger los libros que ocuparía para la tarea del fin de semana—, no soy el tipo de chica que va a esas fiestas.
—Caroline, deja de decir que no eres el tipo de chica para algo. A veces desearía que te vieras como yo te veo.
Las palabras de Edward me hicieron detenerme de golpe, como si mis pies se hubieran pegado con cemento al suelo de la escuela. Mi corazón estaba latiendo al ritmo de los tambores, mientras yo intentaba procesar las palabras de Edward. Él también se detuvo pero se paró frente a mí.
— ¿Y cómo me miras tú? —pregunté en un murmullo.
Edward tragó saliva y se llevó la mano a la nuca para rascarse.
—Ya sabes, pues...—carraspeo un poco y me miró a los ojos—. Creo que eres una chica que puede hacer lo que quiera con tan solo desearlo.
Mis labios estaban entreabiertos y luchaba por no comenzar a respirar agitadamente. Edward veía cosas en mí que yo no había visto. Aquello me conmovía demasiado y me hacía derretirme por completo o probablemente me derretía porque él estaba como un tren y me estaba mirando de una manera en que realmente me hacía sufrir una auto-combustión.
— ¡Caroline! ¡Caroline! —escuché que alguien gritaba mi nombre, pero no podía identificar quien era, yo no podía dejar de nadar en el precioso azul de los ojos de Edward.
—Caramelo, ¿te llevo a tu casa? —preguntó él con su sonrisa Colgate.
—Yo... no lo sé.
—Por favor, Caro, tenemos una semana conociéndonos, además, prometo no vender tus órganos—no pude editar soltar una carcajada—. Mi hermano también vendrá, así que... ¿qué dices?
Me mordí el labio inferior mientras asentía con la cabeza.
—Claro, solo necesito unos cuadernos que dejé en el casillero.
—Bien, vamos por ellos.
Pasó su brazo por mi hombro y ambos comenzamos a caminar hacia mi casillero.
— ¡Caroline! —gritó alguien detrás de nosotros y me di media vuelta para saber quién era. San Viernes. ¿Andrew? —Qué bueno que pude alcanzarte.
— ¿Qué pasa? —pregunté con el ceño fruncido.
—Yo... veras... me preguntaba si... ¿puedo llevarte a casa?
—Ah... lo siento, Andrew, pero Edward me va a llevar.
Me estremecí al sentir el pulgar de Edward acariciando mi hombro y lo voltee a ver, esté no paraba de sonreír como si se hubiera encontrado un billete de $100 dlls en el suelo. Andrew miró a Edward con un odio profundo y yo solo los miraba con algo de confusión. ¿De qué me estaba perdiendo?
—Tal vez en otra ocasión, ojos bonitos—Andrew se acercó para dejar un beso en mi mejilla y se marchó.
Después de recoger mis cuadernos de mi casillero nos dirigimos al auto de Edward. Recargado en el capo de esta nos esperaba Mason.
—Al fin apareces—dijo él apartándose y caminando hacia nosotros—. Muero de hambre, además mamá mando mensaje diciendo que había hecho pollo frito. ¡Sabes lo que amo el pollo frito!
Edward puso los ojos en blanco y le quitó la alarma al auto.
—A veces eres tan nena—dijo Edward mientras rodeaba el auto junto conmigo.
—Y tú un marica—contestó el hermano menor, esté abrió la puerta de copiloto y se subió.
— ¡Eh cerebro de plancton! Ese lugar es para Caroline.
Mason me volteo a ver y me miró de arriba abajo.
—Ed, la chica esta buena, pero no le cederé mi asiento.
Mis mejillas se sonrojaron demasiado, Mason creía que yo estaba buena, me preguntaba si Edward pensaba lo mismo. Me mordí el labio inferior para no reír al ver que Edward tomaba a Mason de la oreja y lo sacaba del asiento.
—Siéntate atrás—le ordenó.
Edward se movió para dejarme pasar y me senté en el lado del copiloto. Mason subió a la parte trasera del auto y Edward rodeó el auto para subir en este. Por el retrovisor vi como Mason se cruzaba de brazos.
—Increíble que mi hermano me cambie por una chica.
— ¿Siempre ha sido tan llorón? —pregunté con una sonrisa burlona mientras Edward daba marcha hacia atrás para salir del estacionamiento.
—Siempre lograba quitarme mis dulces con un par de lagrimitas frente a mamá y a papá—dijo Edward también riendo.
— ¡Oye! No es genial que tu hermano te humille frente a las chicas bonitas.
Yo no pude evitar reír a carcajadas. Mason la verdad no tenía filtros para decir las cosas, lo primero que le cruzaba por la mente lo soltaba sin importa quien estuviera con él. A veces esa falta de filtro lo había metido en un par de problemas. En tan solo una semana ya llevaba tres visitas a la dirección y había tenido problemas con chicos del equipo de Soccer, pero Edward siempre había salido en su ayuda. Pero no solo se metía en problemas, también era un chico muy divertido y siempre te tenía riendo a carcajadas aun que lo que él dijera fuera un asunto serio.
Edward detuvo el auto frente a mi casa, bajó del auto y lo rodeo para abrirme la puerta de esté. Él me ofreció la mano y yo la tomé para que me ayudara a bajar. Juntos caminamos en un silencio agradable hasta la puerta de mi casa. Me detuve frente al lumbral de esta y lo voltee a ver con una sonrisa.
— ¿Nos vemos en la fiesta? —preguntó mientras se rascaba la nuca.
—Ah, supongo, hablaré con Sarah y Melissa—me encogí de hombros y jugué con la correa de mi bolso de manera distraída.
— ¿Quieres que pasé por ti? —apartó un mechón de mi cabello poniéndolo detrás de mi oído y yo no pude evitar estremecerme ante su suave roce.
—Te mando un mensaje, ¿sí?
—Me parece bien—se dio media vuelta pero se detuvo. Lo miré con confusión. Él se giró y vino de nuevo hacia mí, dejó un suave beso en mi frente que a mí me dejó totalmente paralizada y con el corazón latiendo a la velocidad de las alas de un colibrí—. Espero verte en la fiesta.
Sin más que decir se dio media vuelta para irse.
Entré en la casa con el corazón en la boca. Edward me había besado la frente. Era el gesto más dulce que algún chico había hecho conmigo jamás.
Subí a mi habitación y dejé mis cosas sobre la cama. Tome mi celular para mandarles un mensaje a Sarah y Melissa.
Caroline: ¡Ayúdenme!
Sarah: No, Caroline, no puedo ayudarte. Yo tampoco me decido de cuál Chris es más guapo.
Melissa: ¿Chris?
Sarah: Hemsworth, Evans, Pratt. Marvel ha arruinado mi vida.
Caroline: Sarah, hablo enserio.
Sarah: ¡Yo igual! He decidido casarme con un Chris, pero el único Chris cerca de nosotras tiene tres años y se niega a dejar el pañal.
Melissa: No tienes que ventilar los problemas de mi hermano, S.
Sarah: Lo siento, pero mi primo lo dejó a los dos años.
Caroline: Edward me invitó a la fiesta de Leila.
Melissa: Vamos, S, con mamá trabajando tiempo completo es muy difícil enseñarle.
Sarah: ¿En la guardería no le enseñan? ¡Un momento! ¿Edward hizo qué? ¿Por qué no nos dijiste antes?
Caroline: ¡Al fin! Llevo media hora queriendo decirles, pero ustedes empezaron a hablar de ir al baño y pañales.
Melissa: ¿Vas a ir?
Sarah: Yo quiero ir. Estoy cansada de solo escuchar los chismes de lo que pasó en la fiesta, quiero verlo con mis propios ojos.
Caroline: No lo sé, no estoy acostumbrada, yo...
Melissa: ¿Tú qué?
Caroline: Tengo miedo. Estarán los más populares de la escuela. No sé.
Sarah: Dulce Caroline. Todo el verano me fastidiaste con tu cantaleta de "este año va a ser diferente" Sabes que no va a serlo solo por desearlo, ¿verdad?
Caroline: Sí.
Sarah: Tienes que poner algo de tu parte y eso que la vida ya te ha dado demasiado al ponerte a Edward en tu camino. ¿Qué santo pusiste de cabeza para que un bombón como él apareciera en la escuela?
Reí ante el mensaje de Sarah y negué con la cabeza.
Caroline: Esta bien, voy a ir.
Sarah: Ah no, IREMOS.
Melissa: ¿Qué? ¿Vamos a colarnos a una fiesta con los chicos populares?
Sarah: No vamos a colarnos. Caroline fue invitada por Edward y Caroline nos invitó a nosotras.
Caroline: Ah, no las invité.
Sarah: Amiga, tienes que saber la regla de las mejores amigas. A donde tú vas nosotras vamos. ¿Por qué crees que siempre vamos juntas al baño? ¡Dah!
Melissa: Dejaré a mi hermano con mi tía.
Sarah: Paso por ti y nos vemos en casa de Caro para arreglarnos.
Caroline: Las espero.
Mientras esperaba a que mis amigas llegaran yo me fui a mi armario. Puse las manos en mi cintura mientras miraba mi ropa de aquí hacia allá. Intenté no entrar en la típica crisis de "¡No tengo nada que ponerme!", la cual las chicas solíamos tener mucho, a mí nunca me había pasado y no me pasaría. Asentí sintiéndome animada y saqué un conjunto para probarme. Definitivamente no tendría esa crisis ridícula.
—Caro, mi madre me ha prestado sus pinturas carísimas—dijo entrando a mi habitación junto con Melissa, pero ambas se detuvieron de golpe en la puerta—. Wow, ¿qué pasó aquí?
—Al parecer es temporada de huracanes—bromeó Melissa mientras se cruzaba de brazos y me miraba con una sonrisa traviesa.
No pude evitar lloriquear en mi cama o donde creía que estaba mi cama debido a los montones de ropa que había sobre ella.
— ¡No tengo que ponerme! —chillé.
—Sarah, futura diseñadora de modas, al rescate.
Nunca vi a Sarah ponerse tan seria como cuando se trataba de ropa o de moda. Esa era su pasión. Mi pasión, definitivamente no eran los número o la química, era algo mucho más sencillo, pero que necesitaba demasiado pasión. Cantar. Sí, esa era mi verdadera pasión, pero nunca me atrevería a hacerlo frente a demasiadas personas. Solía cantar en el coro de niños de la iglesia. Incluso organizaba conciertos en las comidas familiares, pero cuando llegué a secundaria, cuando me puse a cantar el himno nacional frente a toda la escuela. Estaba nerviosa, todo estaba bien hasta que desafine ligeramente, lo que ocasionó burlas, lo que ocasionó que confundiera la letra, lo que después ocasionó que se me olvidara y me quedara paralizada frente a toda la escuela. Entonces fue cuando decidí ya no hacerme notar. Mi refugio fueron las sombras de la escuela.
Melissa dio unos últimos retoques a mi maquillaje y las tres nos miramos en el espejo de mi buró.
—A Edward le va a dar un paro cardiaco cuando te vea—dijo Sarah con una sonrisa.
—Vamos, solo somos amigos—forcé una sonrisa, ¿por qué me sentía tan mal al ser etiquetada como amiga de Edward? Quería ser su amiga, pero... ¿Por qué se sentía mal conformarme con solo eso?
—Debes estar bromeando, Caro—comentó Melissa mientras se alejaba del espejo.
—El pobre te come con los ojos y casi le entierra el tenedor desechable a Andrew por dirigirte la palabra—Sarah se aplicó un poco más de labial.
Sentía mis mejillas arder demasiado ante aquello.
—Pero...—mi rubia amiga me interrumpió.
—Caro, te adoro, pero estas más ciega que un topo. Le gustas a Edward y eso es más que obvio—abrí la boca pero inmediatamente me hizo callar—. Ni se te ocurra decir pero, le gustas y punto, además, también te gusta, ¿no?
—Pues... me agrada mucho.
—Caroline, también vemos la forma en que lo miras. Además, nunca te habíamos visto tan feliz y cómoda al lado de alguien más que no fuera nosotras—explicó Melissa.
—Esta noche vas a atrapar a Edward y harás que te invite a salir, sí o sí.
—Se ofreció a pasar por mí—me mordí el labio inferior.
— ¿Qué estas esperando para decirle que sí?
Me levanté y tomé el celular de mi cama, busque mi conversación con Edward y tecleé un sencillo mensaje.
"¿Puedes pasar por mí?"
Mis amigas y yo nos quedamos sentadas en mi cama esperando la contestación de Edward. La verdad es que yo sentía que mis dedos me estaban sudando y sentí resbaloso la carcasa del celular.
Las tres nos sobresaltamos cuando en menos de tres minutos Edward ya me había respondido el mensaje.
"Lo siento, caramelo. Leila me llamó diciendo que necesitaba ayuda con unas cosas para la fiesta. Espero verte, Caro."
Sentí como si mi corazón se hubiera caído al suelo e incluso pude escucharlo estrellarse contra esté. Él estaba con ella. Ni si quiera sabía que pensar yo...
Mis pensamientos fueron interrumpidos por un nuevo mensaje de Edward.
"Si vas a venir, ¿verdad? Por favor, dime que sí."
¿Cómo era posible que la persona que te hacía sentir el corazón destrozado en tan solo segundos podía hacerte sentir una enorme calidez en el corazón reparándotelo solo así?
"Sí, le diré a Sarah que pase por mí. No te preocupes."
Suspiré pesadamente y jugué con mi celular entre mis dedos mientras luchaba por apartar todas las imágenes que venían a mi mente de Edward y Leila juntos. Sarah puso su mano sobre la mía deteniendo mis movimientos. Alcé la mirada y su cálida sonrisa me animó.
—Vamos a ir a esa fiesta y Edward se va a olvidar de esa mimada princesa—dijo Sarah. Melissa y ella me abrazaron.
—Él siente algo por ti—contestó Melissa.
—Tengo un plan para esta noche—las dos seapartaron de mí y Sarah me tomó por los hombros—. Esta noche Edward va a caerrendido a tus pies.
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