Capítulo 3
Mi primer día en la escuela había sido increíble. Tal vez no fue algo de película, pero haber conocido a Edward fue lo que había hecho ese día increíble.
Martes. Segundo día de escuela.
Hoy a diferencia de ayer me siento lista para la escuela. ¿Lista? ¡Estoy emocionada por ir a la escuela!
Había desayunado lo más rápido que podía y le pedí a Sarah que esta vez pasara por mí e irnos juntas a la escuela. Necesitaba llegar rápidamente a la escuela. Había un par de ojos que esperaba ver y una sonrisa que necesitaba que me iluminara el día.
Definitivamente el martes fue mejor que el lunes. En la entraba estaban, como siempre, las porristas y el equipo de soccer estaban en la entrada y a pesar de que pasamos junto a Bridgett, ella solo me miró con desprecio y me ignoró. Mejor para mí.
Al llegar a mi casillero saqué los cuadernos y los libros que había ocupado anoche. Tomé los que iba a ocupar en el primer periodo de clases. Hoy tocaba deportes, así que dejé el uniforme para deportes en mi casillero y además un cambio extra, por si sucedía algún incidente con la ropa que traía puesta. Estaba acomodándome la correa del bolso cuando de reojo vi como Edward se recargaba en los casilleros de enseguida.
—Buenos días, caramelo.
Me giré para verlo y fruncí el ceño ante aquel extraño apodo.
— ¿Caramelo? —pregunté con una sonrisa.
—Sí, bueno, es que tu cabello parece de color caramelo—dijo mientras tomaba un mechón de mi cabello y jugaba con él entre sus dedos.
— ¿Qué los caramelos no son blancos y rojos?
Él soltó una carcajada y negó con la cabeza.
—No, boba, con caramelo me refiero a la cajeta. Además, el caramelo de las manzanas es café. Creí que la inteligente eras tú.
Le di un golpe juguetón en el estómago y cerré la puerta de mi casillero.
—Y así es, no olvides que el bobo aquí eres tú.
Cerré la puerta de mi casillero y comencé a avanzar por el pasillo. Edward caminó a mi lado para ir juntos a clase. De camino platicábamos un poco y reíamos. Era increíble sentir que estaba haciendo un nuevo amigo. Normalmente era la chica que siempre vivía al margen, tenía dos amigas solo de puro milagro y era la chica a la cuál nadie notaba a menos que fuera para burlarse, pedirle la tarea o pasarle una respuesta de examen. Sí, era lo único por lo cual solían hablarme. Pero ahora estaba aquí, con Edward, teniendo un buen inicio.
Llegamos al salón y nos sentamos los lugares que habías ocupado el día de ayer. Leila llegó y ocupó su lugar frente a Edward, a diferencia de ayer, hoy traía una falda corta con la cual podía lucir sus largas piernas. En momento, ¿falda? ¡Estamos a mitad de enero! ¿Cómo es que no les da una hipotermia o algo? Yo llevaba doble suéter o moriría igual que DiCaprio lo hizo en Titanic. Leila se giró y cruzó sus piernas mientras le sonreía a Edward. Sentí que el estómago se me revolvía y me obligué a apartar la mirada.
—Hola, Eddy, no te vi en la mañana—sentí una opresión en el pecho.
—Oh, es que hoy salí un poco más temprano de casa—se explicó.
— ¿Sabes? Hoy podemos ir a correr juntos como ayer. Te puedo esperar en la esquina de tu casa.
—Ah, hoy no saldré.
—Es una suerte que vivas a solo tres cuadras de mi casa.
Fruncí el ceño al escuchar eso. Yo vivía dos cuadras de la casa de Leila y lo sabía por qué siempre la veía pasar ya fuera en su auto o corriendo. Eso quiere decir que Edward vive a solo una cuadra de mi casa. Oh. Cielos.
Mis pensamientos no pudieron vagar más porque la maestra apareció como salida de la nada dejando caer sus libros sobre el escritorio.
El reto del día fue tranquilo y prácticamente normal. Tuve mis asignaturas normales. El periodo libre no la pasé con Edward, al parecer le habían invitado a las prácticas de básquet, así que me la pasé con mis amigas.
La hora de la comida mis amigas ya habían separado mesas para nosotras. Me encontraba en la fila escogiendo lo que luciera menos asqueroso para comer hoy. Tomé una hamburguesa, pero sin papas, se veían algo crudas. Dudaba entre escoger un refresco de naranja o uno de uva, cuando sentí que alguien le daba un suave tirón a mi cabello.
—Hola, caramelo—mi estómago dio un brinco al reconocer la voz de Edward.
—Hola—sonreí ampliamente y tome un refresco de naranja y continúe avanzando en la fila—. ¿Cómo estuvo el entrenamiento?
—Me gustó, haré pruebas el jueves para ver si me aceptan en el equipo.
—Me alegra que estés encontrando tu lugar en la escuela.
Pagué mi comida y tomé mi charola para comenzar a caminar entre las mesas y encontrarme con mis amigas.
—Yo lo había encontrado desde el primer día.
—Me refiero que ahora estarás con chicos más como... tú.
—Vamos, Caro—me detuvo del brazo y e hizo verlo—, no importa lo "popular" que me haga el equipo, nunca voy a dejar de hablarte, siempre seremos amigos.
Sentí como si una piedra hubiera caído en mi estómago cuando él dijo que solo seríamos amigos. Aun así me las arreglé para sonreírle.
—Confiaré en ti.
Ambos continuamos avanzando entre las mesas. Edward saludaba de camino a un par de chicos que a mí nunca en la vida me hubieran volteado a ver. Estábamos a dos mesas de llegar a donde estaban mis amigas cuando una pelirroja cabellera detuvo nuestro camino.
—Eddy—por favor, aun no como y ya quiero vomitar. Leila abrazó ligeramente a Edward por los hombros y después de sentir el estómago revuelto lo sentía arder y el pecho comenzaba a dolerme—, ¿vienes a comer conmigo?
—Lo siento, bonita—aquello fue como un gancho al hígado. Bonita—. Comeré con mis amigos de siempre.
Leila me miró con fastidio pero rápidamente volvió a enfocarse solo en Edward.
—Bien, pero me debes una comida—ella deslizó su uña acrílica sobre el pecho de "mi amigo" —. Nos vemos más tarde, ¿sí? —dejó un sonoro beso sobre la mejilla de él y se alejó con una sonrisa coqueta.
Me negué a decir algo. Así que tan rápido como despejo el pasillo me encaminé hacia la mesa. Al llegar me senté a un lado de Sarah y dejé mi bandeja sobre la mesa. La verdad ahora ya no tenía tanta hambre como hace un rato. Suspiré pesadamente mientras solo veía fijamente un ajonjolí del pan. Recargué el codo en la mesa y jugué con el ajonjolí de manera distraída.
— ¿Hola? ¡Tierra llamando a Caroline! —me gritó Sarah.
— ¿Qué pasa? ¿Por qué me gritas? —pregunté con el ceño fruncido.
—Estabas como ida—explicó Melissa—, ¿te pasa algo, Caro?
—No, estoy bien—mentí—. ¿Qué sucede?
Melissa movió la cabeza señalando al chico que estaba sentado entre mis dos mejores amigas. ¿Desde cuándo los chicos guapos comenzaron a llover en nuestra preparatoria? Me obligué a no abrir la boca como una tonta. Pero santo cielo, él chico era demasiado guapo. Su piel era media morena, ojos azules y esa sonrisa que gritaba ¡Colgate! En parte me recordaba a... ¿Edward? Solo que un poco más joven.
—Ah... —no sabía que decir.
— ¿Qué te parece Ed? Al parecer no eres el único que deja sin habla a la chica—dijo de manera egocéntrica el chico.
Edward tomó una papa y se la lanzó al chico.
—Cállate, idiota.
—Yo también tengo mi encanto, hermano—le guiñó el ojo a Edward.
— ¿Hermano? —pregunté confundida.
— ¡Eh! Si hablas.
Sarah le dio un codazo al chico y este fingió dolor y se sobó la parte donde mi mejor amiga lo había golpeado.
—Recuerda que la única condición para que puedes sentarte con chicos de último año es no ser un idiota—le dijo Sarah.
—Uh, eso va a ser muy difícil—comentó Edward con una sonrisa burlona.
—Un momento—dije deteniendo una conversación que no estaba entendiendo—, ¿Por qué todos parecen conocerlo menos yo?
—Soy Mason Campbell, preciosa.
¿Me había dicho preciosa? Vaya, nunca nadie me había dicho preciosa. Le sonreí.
—Yo soy...—estaba por presentarme, pero él me interrumpió.
—Sé quién eres. Caroline Hastings. La chica de ojos bonitos y pelo cual caramelo—fruncí el ceño ante su descripción de mí. Edward, quién había estado dándole un sorbo a agua, comenzó a toser—. Mi hermano no ha dejado de... ¡Auch!
Al parecer alguien había golpeado a Mason, pero no parecían haber sido ni Sarah, ni Melissa.
— ¿Han visto al señor Jones? —preguntó Sarah, pero noté su intentó de desvió de conversación.
— ¿El que tiene un horrible bigote? —Mason miró a Sarah mientras metía un popote en su boca para tomar un sorbo de su refresco.
— ¿Se ha dejado el bigote? —Exclamó Melissa—. Oh cielos, no me espero a verlo a la siguiente hora.
Sentí mi estómago gruñir y tome mi hamburguesa para darle el primer bocado. Por momentos reía ante los comentarios de Mason o las tontas peleas que tenían Mason y Sarah y los fallidos intentos de Melissa por detener la pelea. Aun así estuve muy callada durante la comida.
Faltaban solo quince minutos para que terminara la hora del almuerzo cuando me fije que Andrew, capitán del equipo de Soccer, no apartaba la vista de mí. El equipo entero de Soccer estaba sentado a un par de mesas de nosotros. Intenté ignorar la insistente mirada de Andrew, enfocándome solo en mis amigos, pero podía sentirlo mirándome. Cuando lo volví a ver, él ya venía de camino hacia nuestra mesa.
¿Qué?
Ahora que lo veía venir directamente hacia mí no podía apartar mis ojos de él. ¿En serio está viniendo hacia acá o la carne de la hamburguesa tenía algún tipo de alucinógeno?
—Hola, Caroline—fue lo primero que dijo Andrew al sentarse en nuestra mesa.
En la mesa—y en la cafetería entera—pareció instalarse un terrible silencio. Ni siquiera el grillo se pudo escuchar. No se oía nada y podía jurar que toda la preparatoria estaba atenta a lo siguiente que diría Andrew Miller.
—Hola—fue lo único inteligente que podía decir.
—Sabes que estamos en la misma clase de química y, bueno, mis notas del año pasado son un verdadero asco. La verdad, es un milagro que siga como el capitán del equipo de Soccer—él sonrió y podía jurar que incluso escuché a las moscas suspirar por su sonrisa—. En fin, me han dejado quedarme solo porque prometí mejorar este año, pero odio química y sé que a ti se te da increíble—no pude contener una sonrisa ante aquel pequeño cumplido—. Bien, yo... estaba preguntándome sí... —se llevó la mano a la nuca para rascarse—. ¿Podrías ayudarme con química?
—Bueno yo...—estaba por contestar cuando fui interrumpida por quien menos lo pensé.
—Lo siento pero ella estará ocupada.
Andrew miró a Edward con molestia y gruñó.
—Creo que ella puede decirme, ¿no?
—Te aseguro que ella te dirá lo mismo que yo. Nope.
Ambos se estuvieron mirando por un largo tiempo. La tensión se podía sentir en el ambiente. ¡El aire se podía cortar incluso con un dedo! ¿Qué rayos les pasa a estos chicos ahora?
Andrew apartó la mirada para después mirarme y sonreírme.
—Nos vemos luego, Caroline.
Me guiñó un ojo y se dio media vuelta.
El ambiente pareció volver a su normalidad. Había sido como si hubieran puesto una película en pausa y después hubieran vuelto a presionar el botón de play. El bullicio de la cafetería de nuevo se dejó escuchar, pero yo aún intentaba procesar lo que había pasado hace medio minuto.
Era a segunda vez que Andrew me hablaba en todo lo que iba del ciclo escolar. Y Edward se había comportado como... como un perro defendiendo su territorio. ¿Por qué? Bien, quería que mi último año fuera diferente, pero creo que esto había sido un giro de 180° grados.
Aun no podía creer el comportamiento de Edward. Apenas era nuestro segundo día y... No podía comportarse como si yo fuera de su propiedad o algo parecido.
—Menos mal que se fue—murmuró Edward con diversión.
—Eres un idiota—lo miré con fastidio y me fui de ahí sin dar alguna otra explicación.
Me fui a mi casillero, aprovechando que no había gente en el pasillo, y tomé un par de cosas que iba a ocupar para el siguiente periodo de clases. Cuando tuve todo en mi bolsa subí a la azotea de la escuela que había sido hecho un pequeño jardín gracias al grupo de botánica de la preparatoria.
Me senté en un banquillo y miré el inmenso cielo. Suspiré pesadamente e intenté despejar mi mente de lo que había pasado en la pasada media hora. Pero por más que intentaba alejar mi mente de ello no podía dejar de repasarlo una y otra vez. Sobre todo había alguien en quien siempre pensaba. Edward. Todo con respecto a él era realmente confuso. Mis sentimientos, su actitud en algunas ocasiones.
No entendía como a veces podía hacerme sentir tan especial, como si fuera a la única chica que hiciera sentir así, pero después veía que... probablemente no era la única que se sentía especial estando a su lado.
Debo dejar de pensar en todo esto. Edward es solo mi amigo. Supongo.
Escuché a lo lejos el timbre para entrar a clases y me apresuré para llegar rápidamente a mi clase.
El resto del día me la pasé evadiendo a Edward, siempre intentaba tomar mis libros y cuadernos antes para no me encontrara en mi casillero. Tomaba atajos para llegar a clase o incluso salía antes y llegaba después a mis clases.
—Caroline—murmuró Melissa en la penúltima clase—, deja de evadirlo.
Continué concentrada en lo que estaba copiando del pizarrón.
—No lo estoy evadiendo—mentí.
—Claro que sí. El pobre te ha estado buscando por toda la escuela.
—Ya hablaré con él cuando pueda. Hoy tengo que irme temprano.
—Mentirá, no quieres entrar en la última clase con él—no contesté nada, solo continúe escribiendo. Melissa suspiró—. Escucha, tú fuiste la que pidió que este año fuera diferente, no dejaste de pregonarlo durante todas las vacaciones. Sara y yo te estuvimos apoyando todo lo que pudimos, pero tú tienes que poner también de tu parte.
—Estoy poniendo de mi parte—murmuré con fastidio.
—Claro que no, ha llegado un chico que te está sacando de tu zona de confort y solo tiene dos días de conocerte. Vamos, Caro, no lo pierdas por una tontería. No te quedes en tu zona de confort.
Miré a Sara por un largo momento y suspiré con pesadez. Mi pepito grillo interno no dejaba de murmurar que ella tenía razón. Aparté la mirada y volví a concentrarme en copiar lo que la maestra había puesto en la pizarra.
La campana sonó anunciando la última clase. Me paré frente a la puerta y aspiré todo el aire que pude.
—Vamos, Caroline, sal de tu zona de confort—murmuré para mí misma.
Con todo el cuerpo temblando, di un paso hacia adelante y entre en el aula. Ahí estaba ya Edward sentado en el mismo asiento que ayer. Además de ser compañeros en química, también lo éramos en Literatura. Sí, la maestra tenía la idea que la Literatura debía ser algo que se compartía con otros y no algo que se mantenía cerrado y guardo como un secreto.
Dejé mi bolso en el suelo y ocupe mi asiento a un lado de Edward. Sentía todo mi cuerpo tan tenso que incluso me estaba doliendo. Dejé escapar aire por mi boca con lentitud e intente liberar un poco de la tensión que estaba sintiendo.
—Caroline...—apenas Edward murmuró mi nombre, y tal vez sea cobarde, pero me alegró que entrara la maestra y lo interrumpiera.
—Jóvenes, espero que hayan leído el primer capítulo de Moby Dick.
Yo comencé a sacar todo lo que ocuparía para la clase, pero no podía ignorar el calor que irradiaba la presencia de Edward en mí. Por más que quisiera fingir que él no estaba ahí, no podía, lo sentía. Sentía todo. Sentía como respiraba, sentía como me miraba, sentía como su mano se movía al escribir en su cuaderno.
Edward no es el tipo de chico que puedes ignorar. Definitivamente no.
La clase se terminó y guardé todas mis cosas con rapidez. Intenté salir lo más rápido que pude pero Edward me detuvo apenas llegue a la puerta. Ni siquiera tuve que voltearme para saber que era él. Mi cuerpo entero sabía y me gritaba que era él quien estaba ahí tomándome del brazo.
—Caroline, por favor—su voz suplicando hizo que todo mi cuerpo se estremeciera—. Necesito hablar contigo.
Suspiré con pesadez y me obligué a mirarlo. Mis piernas fallaron y al instante en que lo miré a los ojos sabía que estaba perdida. Lo iba a perdonar.
—Edward, yo...
—No digas nada, ¿sí? Sé que estuvo mal haberte interrumpido.
— ¿Solo eso? —pregunté cruzándome de brazos y alzando una ceja.
—Yo, bueno...
—Edward, no me gustó que hablaras por mí, ¿sí? Por mucho tiempo he dejado que mucha gente hable por mí y créeme que he batallado mucho para dejar eso.
— ¿Es solo eso o el tipo te gusta? —preguntó Edward de la nada.
— ¿Qué? ¿De qué rayos hablas? Claro que no, pero si así fuera, ¿qué tiene de malo?
—No me da buena espina.
—Debes estar bromeando—lo miré con fastidio—. Tengo años de conocerlo, tú solo acabas de llegar. Creí que íbamos a resolver esto, pero veo que no.
Giré sobre mis talones para marcharme, pero Edward me volvió a detener.
—Lo siento, ¿sí? Por todo lo que te hizo enojar, también por esto último. Es solo que... haces que tenga la necesidad de... protegerte.
Mi corazón comenzó latir a toda máquina con aquella declaración.
—Edward, yo...
—Por favor, perdona. Prometo que no volveré a ser algo así, ¿está bien? No seré sobreprotector contigo.
Él tomó un mechón mi cabello y lo puso detrás de mi oreja. Sentía que había quedado derretida por todo el suelo de la escuela.
—Está bien—murmuré con una tonta sonrisa.
— ¿Amigos?
—Amigos.
Reí y Edward me envolvió en sus brazos. Madre.Santa. Esta era la primera vez que un hombre, que no era mi padre, me abrazaba.Por todos los cielos, esto se sentía tan... bien. Con algo de timidez correspondíaquel dulce abrazo y sentí una enorme calidez que se instalaba en mi corazón.Una calidez que no podía dejar de relacionar con este chico de hermosos ojosazules y dulce sonrisa.
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