Capítulo 6 (Final)
Se revolcarían en sus tumbas...
¿Por qué? Esa pregunta perseguía a Jay en la noche tranquila, mientras bebía su séptima copa de vino y miraba a la ciudad dormir, incapaz de hacerlo él mismo. Ni siquiera las pastillas que su terapeuta le recetó lograron apagar su mente hiperactiva, que corría con pensamientos oscuros.
Parecía que el destino había decidido jugarle una broma particularmente cruel. Se había llevado a su padre, quien se había levantado por si solo de la pobreza, construyó un imperio, y se convirtió en uno de los hombres más poderosos de Corea. Se había llevado a su madre, quien había sido una exitosa abogada, quien había contribuido en su tiempo libre a ayudar a las organizaciones sin fines de lucro que buscaban romper el techo de cristal. Se había llevado a su hermano, quien había sido preparado desde su nacimiento para suceder al Conglomerado H -un hombre de calificaciones perfectas, aspecto perfecto y modales perfectos. Pero lo que realmente hizo a Jay dar vueltas y vueltas en la noche, le hizo sentir como si estuviera siendo aplastado por un peso insondable/profundo, era que se la había llevado a ella. La única que no le había juzgado por sus defectos, que le había sonreído inocentemente, que había comprendido lo que se sentía el no poder encajar un molde perfecto. La que le había rogado con un mohín, "¡Ven y únete a nosotros, hyung! No te detendrán si solo te presentas. No les dejaré. No hemos estado juntos para unas vacaciones familiares en mucho tiempo."
"¡No! No te vayas. Quédate conmigo."
"Bien, bien. Iré"
"Te he echado mucho de menos. Gracias por venir a invitarme."
Miles de escenarios y respuestas cortaban en su mente, su corazón, hasta que se sintió como nada más que una cáscara maltratada.
Ella se había ido con el resto de ellos, decepcionada de él. Como siempre, excepto que no estaba.
Jay siempre había tenido la oportunidad de pensar que las cosas entre ellos podrían cambiar algún día. No había ninguna posibilidad de eso ahora. Todo estaba encerrado, inmutable. La muerte tenía una tendencia a ser bastante permanente.
El aliento de Jay congeló la
ventana de cristal de piso a techo. Podía ver su doloroso reflejo, una sola lágrima cayendo por su cara.
¿Por qué fue él?¿Por qué el destino decidió dejar viva la desgracia de un hijo, el unico que había faltado en ese vuelo porque nadie de su familia quería verlo en su cumpleaños? ¿Por qué se había quedado con todo lo destinado a un hermano que lo merecía más?¿Por qué se había quedado con algo que su padre seguramente nunca hubiera querido en sus manos? ¿Por qué se había quedado sin ella?
¿Por qué se había quedado sin nada, en realidad?
~•~•~•~
Jay no estaba en su edificio. El Sr. Lee no sabía dónde estaba.
No hubo respuesta al preocupante mensaje de Daniel.
Daniel sintió que su corazón se aceleraba, temblando por el frío de la ropa mojada pegada a su piel.
No tenía ninguna lógica. Las posibilidades de que su suposición fuera correcta eran minúsculas. Aún así, una parte de él sabía exactamente dónde tenía que ir. Al igual que cómo sabía que no podía esperar a que pasara esta tormenta. Al igual que cómo sabía que Jay lo necesitaba. Ahora y siempre.
~•~•~•~
Jay estaba entumecido mientras permanecía quieto, acosado por la lluvia que caía del cielo enfadado. Se preguntaba si había sido así la tormenta que los había enviado a estrellarse. Recordó las fotos que había visto de la matanza. Deben haber estado asustados; no fue un final que cualquiera desearía.
Sólo esperaba que no le hubiera dolido demasiado, que hubiera sido demasiado rápido como para que ella sintiera algún dolor. Dolor, como el que sintieron sus pulmones al tomar agua desesperadamente mientras buscaban oxígeno. Dolor, como el que quería terminar tirándose de un puente después de comprobar que no había nadie cerca.
Excepto que alguien lo había visto, alguien lo había alcanzado y lo había salvado.
Daniel, había susurrado ese nombre como una oración tantas veces. A Jay se le había lanzado un radiante salvavidas en el sombrío mundo al que ya había renunciado. Había tenido una segunda oportunidad.
Sólo para ver cómo todo se desmorona de nuevo.
El destino había regresado para una repetición, a dar esperanza sólo para arrancarla sin piedad. Al público le encantó. No podían tener suficiente.
"Sé que disfrutas de mi compañía, pero... ¿es eso realmente? Sólo quiero que seas honesto conmigo, Jay. ¿Es esto realmente todo lo que quieres?"
Daniel lo sabía. ¿Qué más podrían estar implicando esas palabras?. Jay había sido demasiado obvio, incapaz de contener su afecto al hombre que le había hecho sentir seguro y contento por primera vez en mucho tiempo. Jay se había cerrado, incapaz de hacer frente a donde se dirigía ese tren de conversación. No podía soportar que Daniel lo mirara con dolor y disgusto, lamentando cada contacto casual entre ellos, porque Jay los había atesorado más de lo que cualquier amigo lo haría. No podía hacer frente a Daniel, amable Daniel, forzándose a seguir siendo amigo de Jay, por lástima.
Debería haber esperado esto. Daniel se había cruzado en su camino como un remolino, había hecho olvidar a Jay. Olvidar que estaba roto, maldito, indigno.
Sus ojos estaban borrosos mientras miraba fijamente a las olas furiosas de abajo.
Nunca se arrepentiría de haber conocido a Daniel ese día. Pensó que se le había concedido una segunda oportunidad, y aunque resultó ser sólo una extensión de vida, todavía había sido el mejor año de su vida.
¿Vendría Daniel a su funeral? ¿Lloraría por él?
Jay sonrió amargamente.
~•~•~•~
"¡Jay!" Daniel gritó el nombre familiar mientras corría por el puente de metal de dos vías bajo la lluvia torrencial.
Sus ropas estaban pegadas a su piel y tuvo que parpadear alejando la lluvia para ver incluso unos pocos pies delante de él. La adrenalina que corría por sus venas era lo único que lo mantenía cálido. La gente en los coches que pasaban probablemente pensaban que estaba loco. No le importaba.
"¡Jay!" Gritó hasta que su garganta quedó ronca. Sus zapatillas golpeaban contra el pavimento mojado mientras corría tan rápido como podía, sin importarle si se resbalaba.
A lo lejos, en la tormenta, divisó una figura vestida de negro, una silueta que reconocería cualquier día. Jay estaba parado inestablemente en la parte superior de la baranda metálica del puente. Una mano familiar adornada con anillos sostenia las trenzas de metal que sostenían el puente. Ligeramente. Una sola ráfaga de viento podría derribarlo en el agua embravecida de abajo. Jay no miró a Daniel, no mostró ninguna señal de que registró la voz de alguien rogando desesperadamente que volviera a bajar.
No se cayó accidentalmente el día que nos conocimos. Daniel pensó abruptamente. Acababa de asumir
No había tiempo para pensar, ni para dudar. Daniel se adelantó, rezando para que este cuerpo le permitiera llegar a tiempo. Había sido un milagro que Jay sobreviviera sin heridas graves la última vez, cayendo desde esta altura.
Daniel gritó de alivio mientras envolvía sus brazos alrededor de la cintura del otro hombre. Con todas sus fuerzas, se echó hacia atrás. Entonces, ambos estaban cayendo. Se le cortó el aliento cuando Jay aterrizó encima de él.
Estaban a salvo.
Jay estaba temblando en sus brazos. Daniel se aferró con fuerza, como si lo dejara ir y el hombre delante de él desaparecería, arrastrado por la feroz tormenta.
Todo este tiempo, Daniel había estado asustado. Se había estado escondiendo de lo que claramente había entre ellos, andaba de puntillas alrededor del tema, y Jay le había dejado. Daniel no estaba acostumbrado a la sensación de ser necesitado, de ser el centro del universo de alguien. No había querido asumir ese papel solo para decepcionar.
Seguramente, alguien como él no merecía estar con alguien como Jay. Era un gordo acosado. Era un cobarde. No era nada sin este segundo cuerpo. Pero ahora entendía, sujetando con fuerza al hombre que tenía delante, el que no había hecho nada más que intentar darle la felicidad. Esto no era sobre él. Esto no se trataba de lo que hacía o no merecía.
Esto era sobre Jay. (Amable, hermoso y solitario Jay)
Y Jay... Jay realmente, realmente merecía ser amado.
Había tanto que Daniel quería decir. Quería decir que ahora sabía la verdad, y que no había querido dejar a Jay en el peor momento posible. Quería decir que nunca más se iría. Quería decir que había estado confundido, pero no ciego. Sabía que Jay había dejado de fumar tan pronto como involuntariamente se había estrujado la nariz ante la acción. El otro hombre le había ayudado a salir de situaciones problemáticas más veces de las que podía contar. Había sentido el suave labio-fantasma en su frente mientras se dormía y sentía su propio corazón hincharse. En algún momento, Jay se había convertido en el centro de su universo también
Él diría todo eso y más, pero primero...Sus manos enmarcaron la cara de Jay. Daniel miró a los ojos del otro. Su corazón sonaba más fuerte que un trueno pero eso no le detuvo. Daniel nunca había estado tan seguro de algo en su vida.
"Te quiero." Con manos temblorosas y un corazón tembloroso, juntó sus labios, para mostrarle queno quería decir como amigos.
Y todavía había tantos problemas –como la preocupación de su madre, como el hecho de que aún no había revelado que tenía dos cuerpos, como que no era saludable para Jay tenerlo sólo a él en su vida, pero en ese momento, cuando Jay cobró vida con su beso y se aferró a él como si estuviera despertando de una pesadilla, todo parecía tan trivial.
Esto, lo que tenían entre ellos, era real.
Waaa FINALMENTE!
Llegamos al ultimo capítulo T-T no saben cuanto llore traduciéndolo, a pesar de que ya lo había leído lpm.
Esperó no haberlas hecho esperar mucho QwQ estuve demasiado ocupada haciendo tareas y...siendo sincera también estaba leyendo algunos manhwas no les voy a mentir, pa' qué si es inevitable no querer leer uno...o algunos Deah
Bueno esperó hayan disfrutado de la lectura <3
La autora original publico un epilogo hermoso!! así que esperenlo!! Fue una sorpresa para mi owo
Gracias por leer!
Bye
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