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E N C U A D R E
Necesito salir de aquí,
necesito respirar por mí,
estoy ahogándome al fin,
solamente necesito huir.
Aunque escapar es tentador,
me negaré a elegir tal opción,
no quiero ser uno más de esos;
ángeles destinados al dolor.
Un ser celestial yo no soy,
demonios no reinan en mi corazón,
late frenético, la adrenalina en el miedo,
más humano que en ninguna otra ocasión.
El dolor ya es un viejo amigo,
se incrusta en mi ser y ataca con recuerdos,
e inamovible, e hipnotizada, solo obedezco,
mientras derriba cada ápice de mis refuerzos.
Toda especie de tortura es tentadora,
quiero sacarlo fuera;
no me importa como sea;
solo quiero que ya no duela.
Nunca quise ni quiero morirme,
en mi pleno y sano juicio, no desearía irme,
y aunque las heridas me duelen,
más duele aceptar que yo las hice.
Pese a la inmundicia que inunda mi mente,
antes de que las telarañas comiencen a comerme,
tengo un último deseo que pedir;
puesto que yo no deseaba partir.
Cuando encuentren mi inerte cuerpo,
entre tantas señales y tantos hechos,
no juzguen ni rían de mis efectos,
recuerden lo rápido que vuela el tiempo.
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