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2

El Ladrón de Mis
Suspiros.

La fiesta estaba en pleno apogeo, luces titilantes parpadeaban al ritmo de la música y las risas resonaban por toda la sala. Evangeline se encontraba en un rincón, con un vaso en la mano, sintiéndose un poco fuera de lugar. Mientras observaba a la gente, su mirada se centró en él: Neitthan.

Él estaba en el centro de un grupo, serio y distante, como si estuviera evaluando todo lo que ocurría a su alrededor. Su presencia era imponente, y aunque su expresión era casi impasible, había algo que la atraía, un misterio en su ser que la dejaba intrigada. Evangeline no podía evitarlo; sus ojos lo buscaban en cada momento, intentando descifrar los pensamientos que podía ocultar tras esa fachada.

A medida que la fiesta avanzaba, su nerviosismo crecía. Cada vez que Neitthan levantaba la vista, ella rápidamente apartaba la mirada, sintiéndose expuesta. Sin embargo, había una tensión palpable en el aire, como si el destino jugara con ellos, haciéndoles sentir la proximidad a pesar de la distancia.

En un momento, mientras él se giraba para hablar con un amigo, Evangeline se encontró perdida en sus pensamientos. Sin querer, dio un paso hacia adelante y, en un descuido, chocó contra él. El impacto fue ligero, pero suficiente para que ambos se miraran.

—Lo siento,—murmuró ella, sintiendo el rubor subir a sus mejillas. Su voz salió más suave de lo que había querido, casi un susurro.

—No hay problema,— respondió Neitthan, su tono grave y directo. Sus ojos, en esos breves segundos, parecieron brillar con una mezcla de sorpresa y curiosidad.

Ambos se quedaron en un incómodo silencio, la música de fondo sonando con fuerza. Evangeline sintió que el tiempo se detenía. La seriedad de él la intimidaba, y al mismo tiempo, había algo profundamente cautivador en su presencia.

—Evangeline, ¿verdad—dijo él, rompiendo el silencio. Ella asintió, agradecida de que recordara su nombre. —He visto que vienes a la librería.

—Sí, me gusta pasar tiempo allí,— respondió ella, sintiendo que cada palabra era un desafío. Su corazón latía con fuerza mientras buscaba su mirada.

—Lo entiendo,— dijo él, aunque su voz seguía siendo seria. —Los libros son un refugio.

El momento se alargó, y Evangeline sintió que cada segundo pesaba. Sin embargo, antes de que pudiera encontrar las palabras adecuadas para continuar la conversación, una risa estrepitosa proveniente del grupo de amigos de Neitthan lo distrajo. Él giró la cabeza, y por un instante, Evangeline sintió que se desvanecía, que la oportunidad se esfumaba.

Sin embargo, antes de alejarse, Neitthan volvió a mirarla. Fue una mirada intensa, que parecía atravesarla. Con una pequeña sonrisa, él dijo: —Espero verte de nuevo.

Evangeline sintió que su corazón se disparaba.

—Sí, claro. Hasta luego,— respondió, sintiendo una mezcla de torpeza y emoción.

Mientras él regresaba al grupo, ella se quedó allí, sintiendo el calor de su sonrisa en su mente. Aunque había sido un encuentro breve y un poco torpe, el roce de sus miradas había dejado una chispa. La fiesta continuó a su alrededor, pero Evangeline sabía que esa noche había cambiado algo en ella.

Se despide, Una amante del otoño.

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