Al día siguiente desperté con un buen humor y sin nauseas (tal vez a eso se debía mi buen humor). Me duché mientras tarareaba una canción y luego fui a la cocina para hacerme de desayunar. Quería panquecas con chocolate y fresas... Tal vez con un poco de crema batida también.
Luego de desayunar y limpiar lo que había ensuciado, escuché la puerta del cuarto de huéspedes abrirse.
—Maldito alcohol, ¿en qué año estoy?
Reprimí una carcajada y me volteé para mirar a un descalzo Harry que parpadeaba como si aun le costara enfocar la vista. Su cabello corto estaba hecho un desastre y curiosamente, había dormido con la misma ropa del día anterior.
Ufff, le había pegado fuerte.
—Buen resaca... ¿o debería decir día? Porque no creo que estés teniendo uno muy bueno—Harry achicó sus ojos en mi dirección y yo no pude evitar sonreír.
Definitivamente estaba disfrutando de las consecuencias del alcohol.
—No te rías de mi.
—No me río de ti, solo de los hechos—él bufó echando un vistazo a mi barriga para luego volver a verme a los ojos.
—Respecto a lo de ayer...
—Sí, vas a tener que controlarte o marcharte de mi apartamento, no toleraré otra escenita como la de ayer, Harry Styles.
Su cara se coloreó de un fuerte rojo tras mis palabras.
—Siento haberte hecho pasar un mal rato—dijo finalmente.
—¿Y...? —me crucé de brazos.
—Y haber llegado borracho.
—¿Y...?
—¿Puedo resumirlo con que la cagué? —simulé estar pensando por unos instantes para después asentir. —Vale, la cagué y prometo que no volverá a suceder.
—Bien.
Agarré el plato con fresas que había preparado anteriormente para llevármelo a mi cuarto y comerlas.
—Cuando termines de cocinar dejas la cocina arreglada. Ah, y otra cosa—me giré un poco para poder verlo. Él me miraba incrédulo. —Me ventilas la habitación que el olor a alcohol que hay adentro me dan nauseas.
—Lo siento—murmuró notablemente avergonzado. Asentí. —Mhm... ¿Samantha?
—¿Sí?
—Acerca del beso de anoche...
—Fue un arrebato, ¿cierto? —Harry mordió su labio.
—Completamente.
Le guiñé un ojo y continué mi camino hacia la habitación.
—Chicos, buenas tardes.
—Samantha, es una agradable sorpresa tenerte por aquí—comentó Pablo mirándome con sorpresa mientras me adentraba en su oficina. Paolo le dio un trago a su bebida saludándome con la otra mano. —Adelante, siéntate, por favor—seguí su indicación posando una mano sobre mi vientre en cuanto estuve sentada frente a su escritorio. —¿Cómo va todo con el bebé?
—Muy bien, gracias—sonreí con entusiasmo. —Ha sido un poco duro con el tema de los síntomas, pero todo va en orden.
—Me alegra oír eso.
—Bien, deseo ir directamente al grano si eso está bien para ustedes.
—Claro que sí—ambos hermanos compartieron miradas por unos instantes. —¿Qué sucede?
—He decidido aceptar su oferta, quiero hacerme cargo de la sede en New York.
Tanto Pablo como Paolo sonrieron ampliamente.
—¡Esa es una excelente noticia!
—Ya nos estaba asustando la idea de tener que buscar a alguien desconocido—bromeó Paolo haciéndome reír.
—Fue un poco difícil para mi tomar esta decisión, pero sé que será lo mejor para mi y para mi bebé.
—¡Ese es el espíritu!
—Tenemos que finiquitar todos los detalles de tu ida y los papeles del local.
—Si podemos hacer todo esto antes de que el bebé nazca, sería perfecto.
—No te preocupes, Sam, deja todo en nuestras manos—Pablo tomó mi mano y dejó un beso en el dorso.
—Gracias, chicos.
Me quedé conversando un rato más con los hermanos hasta que sentí la imperiosa necesidad de ir al baño, y luego de comer algo. Así que me despedí de ambos (luego de agradecerles una vez más por la oportunidad que me estaban dando) y salí de su oficina.
—¡Samantha!
—¡Nico! —exclamé encantada al verlo por allí.
—¡Has estado desaparecida, mujer! Déjame decirte que así has logrado romper mi corazón.
—Lo siento mucho—comenté riendo por su comentario. —Esto del bebé, me tiene totalmente distraída.
—Puedo imaginarlo, se te nota más, ¿puedo? —preguntó acercando su mano y haciendo un gesto hacia mi barriga.
—Claro—asentí y él no dudó en posar su cálida mano sobre mí. —Aunque hoy no se ha movido mucho.
—¿Niño o niña?
—Niño—sonreí ampliamente.
—Pues tal parece que amaneció un poco flojo este campeón—me guiñó un ojo provocando que yo riera. —¿Has pensado en lo que quieres para el Baby Shower? Porque habrá uno, ¿cierto?
—¡Por supuesto! Lo único que se me ha ocurrido es que quiero que tengamos alguna temática—él asintió mientras se apartaba de mi. —¿Te gustaría ir a mi apartamento para que lo planeemos? Estoy muy entusiasmada y sé que podrás organizar todo como yo quiero.
Nicolás sonrió ampliamente.
—¡Claro que sí!
—Bien, vamos. Mi auto está esperando por nosotros.
—¿Aun conduces? —preguntó divertido mientras salíamos del local.
—Oye, estoy embarazada y no discapacitada—bromeé a lo que él rió.
Nicolás me estuvo poniendo al tanto, como cada cierto tiempo hacíamos, sobre los eventos que había logrado llevar a cabo y los que le faltaban por venir.
Dos bodas, cuatro quince años, siete fiestas para trabajadores de empresas y tres baby showers eran con los que había y estaba trabajando. Suspiré al escuchar más detalles al respecto y cómo habían salido los que ya se celebraron.
Extrañaba mi trabajo.
—Siéntete como en tu casa—le comenté permitiéndole pasar y cerrando la puerta del apartamento.
—Gracias, Sam.
—¿Quieres un vaso de agua o jugo?
—Agua está bien—asentí y me dirigí a la cocina.
El pelirrojo se quedó en la sala preparando su laptop y sacando algunos papeles y colores en el pequeño comedor.
—Aquí tienes.
—Gracias.
Tomé asiento a su lado y observé los bocetos de unas invitaciones que ya se mostraban en la pantalla. Acaricié mi barriga con una de mis manos.
—¿Estos son los más nuevos? —él asintió terminando su bebida.
—Así es, me dijiste que es varón, ¿cierto? —asentí. —Tal vez podríamos tener una temática de algún deporte al igual que estas invitaciones—señaló algunas.
—Mhm... Las invitaciones están lindas, pero quiero algo original—comenté agarrando algunas hojas y un lápiz.
—¿Por qué no me sorprende? —preguntó con una sonrisa acercándose un poco más a mi para observar lo que dibujaba. —¿Las invitaciones serán diferentes a la temática?
—Sí, pero colocaremos adentro cuál será esa temática y cómo deben irse vestidos.
—Es una buena idea, también podríamos...
—¿Samantha?
Giré mi cabeza hacia atrás para encontrarme con Harry en ropa deportiva el cual nos observaba a Nicolás y a mi de hito en hito.
—Pensé que irías a la empresa a resolver unos asuntos importantes—comenté despreocupada volviendo la atención al dibujo que hacía. Nicolás se quedó un rato más observándolo para luego voltearse y centrarse en lo mismo que yo.
—Cambié de parecer, no me siento muy bien.
—De acuerdo—terminé algunos trazos y luego giré para ver a mi asistente. —¿Ves? —señalé el dibujo. —Nunca hemos visto una invitación como esta.
—Tienes razón, es muy original, Sam—sonrió observando el dibujo de un pañal con una huellita en el centro y algunas instrucciones de cómo pretendía que se cerrara y abriera la invitación. —No esperaba menos de ti.
Iba a agradecerle su comentario hasta que escuché cómo carraspeaban a mi lado.
Alcé la mirada para toparme con Harry a mi derecha observando el dibujo que el pelirrojo tenía entre sus manos.
—¿Qué hacen? —preguntó con curiosidad. En ese momento, Nicolás tomó algunos colores para darle vida al boceto. Yo observaba con atención lo que hacía. —¿Sam?
—Ah sí... Son las posibles invitaciones para un Baby Shower.
—Quedamos en que no trabajarías más, puede hacerte daño—replicó con voz suave.
—Bueno, no es cualquier Baby Shower, es el de bolita.
—Oh—asintió tomando asiento a mi lado. —En ese caso, quiero tener voz y voto en lo que será la primera fiesta de mi hijo.
Sentí a Nicolás tensarse a mi lado, y maldije para mis adentros al recordar que ante sus ojos, y los de muchas otras personas, yo era madre soltera.
Carraspeé mi garganta mientras rascaba mi ceja con incomodidad.
—Nico, él es Harry, es mhm... bueno, el padre de bolita. Harry él es Nicolás, mi amigo y asistente.
El castaño alzó su brazo tatuado en dirección al pelirrojo, éste lo imitó y ambos estrecharon manos.
—Es un placer.
—Lo mismo digo—murmuró el rizado para después soltar sus manos. Luego, Harry fijó su atención en mí. —Oye, Sam, ¿qué te parece que la temática sea de un safari? Las personas podrían colocarse sombreros de animales, tal vez algunos podrían pintarse el rostro—se encogió de hombros. —Hay mucho con lo que decorar para ese tema.
—¡Tienes razón! Estoy segura que bolita amará a los animales, ¿qué piensas, Nico?
—Es buena idea—sonrió para luego volver su atención a la laptop.
Clavé mi vista en Harry quien parecía muy cómodo con la situación. Achiqué los ojos en su dirección dándole palmaditas a mi vientre en el momento en que sentí al bebé patear.
—¿Qué? —preguntó con una inocencia tan fingida que ni él se la creyó. —Solo quiero aportar las grandes ideas que poseo.
—Claro... —divagué desconfiada.
—Mira, Sam—Nicolás llamó mi atención una vez más para mostrarme algunas fotos de decoración con la temática de safari.
En ese momento, Harry arrimó su silla más cerca de mí para poder ver. Suspiré.
"Será una larga tarde".
—Así que... Harry, ¿eh?
—Sí... —acomodé mi cabello detrás de mi oreja un poco nerviosa. —Nuestra relación es... complicada.
—¿Decidió hacerse cargo?
—Algo así—hice una muca pensando en cómo podía explicarle a una persona que ese hombre estaba viviendo conmigo para cuidarnos, pero que luego se iría y solo mandaría dinero por lo que no tendríamos ningún tipo de relación, mucho menos una amorosa. Si lo pensaba bien, apenas si éramos amigos. —Complicado es la mejor palabra para resumir todo—concluí.
—Ya veo—murmuró evaluándome por unos instantes. Finalmente, sonrió. —Cuando puedas me mandas el resto de las ideas que tienes, trataré de mandarte los bocetos elaborados tan pronto como pueda—se acercó para abrazarme y ambos reímos por mi pequeña barriga que se encontraba en el medio. —Será el Baby Shower más lindo de todos.
—Gracias, Nicolás.
—Cuando quieras—me guiñó un ojo al separarse de mí.
—¿Seguro no quieres que te lleve?
—No—sacudió su mano restándole importancia. —Tomaré un taxi, nos vemos pronto, ¿de acuerdo?
—Está bien, cuídate y gracias.
El pelirrojo asintió con una sonrisa y se dio la vuelta para irse.
Subí al apartamento y lo primero que hice fue dirigirme al cuarto del bebé para descansar y luego dibujar un poco. Sin embargo, en cuanto estuve sentada en el sillón individual que tanto me gustaba, Harry se detuvo en el marco de la puerta recostándose sobre este mientras se cruzaba de brazos.
—Así que... Nicolás, ¿eh? —rodé los ojos antes de que una carcajada escapara de mi garganta sin poder controlarla. —¿Se puede saber por qué te ríes como histérica?
—Es que... Todo fue muy bizarro—calmé mi risa en cuanto pude, pero lo observaba sin dejar de sonreír. —¿En serio estás dispuesto a disfrazarte de león?—pregunté dispuesta a cambiar de tema.
—Soy el padre, es como si el papel de rey me perteneciera y... ¿Quién crees que es el rey de la selva?
—El gorila, ¿tal vez? —traté de molestarlo. Harry achicó los ojos en mi dirección sonriendo de lado.
—Eres tan chistosa, Samantha—comentó sarcástico.
Ambos reímos.
Harry entró en la habitación y se sentó frente a mí sobre la peluda alfombra como parecía ser típico de él cada vez que entraba aquí.
—Ya en serio, ¿qué tienes con fresa salvaje?
—¿Fresa qué cosa?
—Oh vamos, el chico es más rojo que el tío George cuando se ahogó con un hueso de pavo en Navidad.
Sin poder evitarlo, ambos reímos nuevamente. Esta vez fuimos un poco más escandalosos.
—No te metas con el pobre de Nicolás, es el hombre más dulce y servicial que he conocido jamás.
—¿En serio?
—Así es.
Harry asintió lentamente ante mis palabras mientras se levantaba de a poco.
—¿Y es muy bueno en su trabajo?
—Uno de los mejores—respondí viendo como terminaba de enderezarse.
—¿Te complace tus caprichos?
—Una que otra vez llegaba con dulces para... —me callé abruptamente al ver como descansaba sus manos en cada posa brazo del sofá en el que estaba sentada. —Mhm...
—¿Dulces para...? —se acercó un poco más.
¡Me tenía literalmente encerrada!
—Harry... —alargué su nombre sintiendo como comenzaba a hiperventilar.
—Samantha...
No sabría decir qué me había atontado más, si su tono ronco o su cercanía.
—¿Sabes algo? —acercó su rostro al mío para después perder su nariz en mi cuello. Prácticamente estaba aguantando la respiración... Era tan vergonzoso.
—Harry, yo... No creo que...
—No puedo sacarme de la cabeza el beso que nos dimos.
Con su mano izquierda, sostuvo mi barbilla inclinándola un poco hacia arriba. Acarició mi nariz con la suya provocándome taquicardia enseguida.
—¿Sam?
—¿Harry? —sonrió de lado como si le gustara mi atontada reacción.
—¿Me permitirías besarte de nuevo?
—Deberías intentarlo y descubrirlo.
Alzó las cejas sorprendido por mi respuesta (incluso yo estaba sorprendida por ella), pero no titubeó más y simplemente me besó. Debía confesar que probar sus labios de nuevo, se sentía de maravilla. Cuando un gemido escapó de su garganta, lo sentí subir su mano y sostener mi nuca para acercarme más a él. Acarició mi labio inferior con la punta de su lengua, sintiéndolo sonreír cuando abrí mis labios para recibirlo. Apenas tuvimos tiempo para probarnos, cuando el timbre del apartamento nos interrumpió. Como si eso hubiese roto el hechizo, me aparté torpemente de su agarre, separando nuestros labios de forma sonora, haciendo ademán de colocarme de pie. Lo escuché suspirar antes de imitarme y sostener mi codo para ayudarme.
Salí despavorida del cuarto y agradecí mentalmente quien quiera que fuera el que se encontraba del otro lado de la puerta. Así que luego de tomar una gran bocanada de aire, y tratar de calmar mi respiración, tomé el pomo de la puerta y la abrí.
—¡Amiga!
—Cata—sonreí feliz al verla junto a su bebé y me apresuré en cederles el paso.
—¿Cómo estás, cariño?
—Estupenda, ¿puedo cargarla? —pregunté un poco tímida.
—¡Claro que sí! —me cedió a la pequeña niña y yo la acuné entre mis brazos mirándola embobada.
—Hola, princesita. Soy tu tía, Sam—la bebé bostezó y yo dejé un beso sobre su frente.
—Que bueno que estabas aquí, te estaba llamando a tu celular, pero no contestaste.
—Es que... estaba un poco distraída—me excusé sintiendo mis mejillas arder. Catalina achicó los ojos en mi dirección analizándome. —¿Y John?
—Fue a casa de sus tías las videntes viejas locas—reí viéndola rodar los ojos. —¿Sabías que le preguntaron a John si podían leer el futuro de la bebé? ¡Le dije que si quería el divorcio se atreviera a aceptar!
—¿Y qué te dijo? —pregunté a punto de reventar a carcajadas.
—Que me podía dejar aquí junto a la bebé mientras las iba a visitar para declinar su oferta.
Entre risas nos dirigimos a la sala donde ella se sentó y yo me mantuve de pie.
—Hola, Catalina—saludó Harry cordial en cuanto entró a la habitación.
—¡Hola, Harry guapetón! —rodé los ojos sin dejar de sonreír.
—¿Cómo estás?
—Ay, muy bien. Un poco cansada, pero nada fuera de lo normal, ¿qué tal tú?
—Bien, gracias—se acercó a mi para poder observar a la bebé que dormía cómodamente. —Es muy hermosa—murmuró sin dejar de verla. —Hola, Diana—delicadamente acarició la frente de la niña con su dedo índice.
Yo suspiré al mirarlo y me arrepentí en el instante en que vi la mirada de Catalina sobre mí. Alzó una ceja en mi dirección a lo que yo puse los ojos en blanco.
—Deberías sentarte, ¿no crees, Sam?
—¿Quieres cargarla? —pregunté en cambio extendiendo un poco mis brazos en su dirección.
La cara de Harry palideció en cuanto terminé de formular la pregunta, cuestión que me causó gracia.
—No te va a comer si la cargas, hombre—bromeó mi amiga.
El rizado retrocedió un paso cuando yo volví a extender a la bebé en su dirección.
—No lo creo, ¿qué si se despierta?
—La saludas—él claramente no estaba complacido con mi respuesta. —Ya en serio, Harry. ¿Me vas a decir que nunca has cargado un bebé antes? —hizo una mueca. —¿Y que hay de tus ahijados y primitos?
—Digamos que para eso están mis hermanas o mi mamá, realmente me da miedo cargarlos—señaló a la bebé. —Son muy pequeños y frágiles y yo potencialmente nervioso, así que no gracias.
—Déjate de tonterías, además deberías empezar a practicar.
—Cata...
—Cata mi abuela—ella se levantó y se acercó a mi para cargar a la bebé. —Sé un hombre con pantalones—tomó a Harry desprevenido por lo que cuando menos se lo esperaba, ya tenía a Diana entre sus grandes brazos.
—Oh Dios, oh Dios, oh Dios...
Me crucé de brazos observando sus reacciones. Sus ojos se encontraban alerta evaluando a la bebé, sus labios un poco fruncidos en concentración y sus pestañas aleteaban con cada parpadeo atento que daba.
Harry era tan hermoso.
—Se está despertando, ¿qué hago?
—Mecerla para que no llore es una buena opción, ¿tienen helado aquí? —reí levemente por lo gracioso de la situación.
Catalina estaba totalmente relajada mientras que el rizado parecía a punto de tener un colapso.
—Ven, vamos a la cocina, tengo de chocolate y cereza.
—Chocolate para mí.
—¡Esperen, no se vayan! —exclamó en un susurro. —¡No me dejen aquí solo! ¡Seguro que si me muevo la bebé llorará!
—Señor, este hombre es peor que John—murmuró mi amiga a mi lado, pero ambas lo ignoramos y continuamos nuestro camino.
Serví dos copas de helado sintiéndome un tanto nerviosa por la mirada escrutadora de Catalina en cada uno de mis movimientos.
—¿Qué? —pregunté cansada dándole el postre.
—Nada, es solo que... Los veo bien.
Hice una mueca y decidí comer una cucharada de mi helado de cereza con ciruelas.
—¿Te parece?
—Sí, se les nota más... cómodos el uno con el otro.
—Debe ser la rutina, ya sabes, nos acostumbramos a convivir ignorándonos.
—Claro, sobretodo ignorándose—fruncí el ceño ante su tono y sonrisita.
—¿Me estoy perdiendo de algo acaso?
—Yo soy la que debería preguntar eso, pero por casualidad ¿han vuelto a hablar de cómo serán las cosas una vez que el bebé nazca?
—Hemos terminado peleando cada vez que tocamos el tema—suspiré usando la cuchara para jugar con mi helado. —La verdad es que ya estoy cansada de eso, ya sabes lo que dicen: como vaya viniendo vamos viendo—me encogí de hombros.
—Bueno, en ese caso, lindo brazalete—señaló el accesorio y yo recogí el brazo sin poder evitarlo. —¿Te lo dio él?
—Su familia—murmuré en respuesta.
—Oh, vaya. ¿Ya los conociste? —asentí. —¿Y cuál es el veredicto?
—Son la clase de familia la cual sueño con tener algún día, cuando el bebé crezca y tenga su familia propia—acaricié mi vientre abultado. —Sé que falta mucho para que eso suceda, pero deseo que seamos así de unidos y que compartamos cada vez que podamos.
Sentí cómo mis ojos se cristalizaban hasta que la cálida mano de mi amiga envolvió la mía que aun se encontraba acariciando a mi pancita.
—La vas a tener—me aseguró sonriendo con suavidad.—Y tal vez no tengas que esperar tanto.
—¿A qué te refieres?
—Uhh... Disculpen por interrumpir, pero creo que alguien necesita un cambio de pañal.
Catalina me guiñó para luego voltearse y mirar a Harry.
—¿Intercambiamos helado por bebé apestosa?
—Hecho—el ojiverde se apresuró a darle a la bebé como si hubiera pasado por la peor tortura y yo sonreí usando mi mano para espantar mis lágrimas.
—¿Puedo usar el baño?
—Por supuesto, no tienes ni que preguntar, y posteriormente entra al cuarto de bolita. Ahí está la mesa de cambio, pañales y todo lo demás.
—Gracias, amiga—asentí sonriente.
—¿Viste que no pasó nada? —le comenté en cuanto Cata se fue de la cocina. Harry suspiró dejando la copa que había tenido ella sobre el mesón de granito.
—Debo admitir que se portó muy bien.
—Eres un caso.
Harry me sacó la lengua a lo que yo lo imité.
Como me gustaba jugarme así con él.
Luego de que Catalina se fuera decidí ir a tomar un baño y prepararme para dormir. Era temprano, pero sentía como si hubiera corrido un maratón.
Me coloqué un short corto y una camisa blanca grande (probablemente de Harry la cual inexplicablemente apareció entre mis cosas) para después acostarme en mi enorme cama y mirar un poco de televisión antes de dormir.
No habrá pasado mucho tiempo cuando escuché cómo abrían la puerta de mi habitación.
—¿Sam?
Con lentitud, me senté sobre la cama en cuanto oí la voz de Harry.
—¿Qué sucede?
—¿Puedo...? —rascó su nuca con nerviosismo apartando la mirada por un breve instante. Él ya tenía puesta su pijama. —¿Puedo volver a dormir aquí? Más bien, contigo—se cruzó de brazos y pude ver cómo su cuello adquiría una tonalidad rojiza. —Es que... Ya sabes, me gusta vigilarlos de cerca y todo eso.
—No lo sé, aun sigo molesta por lo de ayer.
—Oh—sus hombros decayeron y yo mordí mi labio de inmediato.
"¿Por qué tenía que manipularme de esa manera?"
Resoplé por mis pensamientos para después de gastar unos minutos viendo su cara de cachorro abandonado decidí asentir.
—Puedes dormir conmigo.
Harry sonrió ampliamente y luego de apagar la luz se acostó a mi lado. Yo me tumbé una vez más y decidí que terminaría de ver el programa, pero sinceramente no podía concentrarme con la mirada del rizado fija en mí.
—Muy bien, ¿qué sucede?
—Por casualidad, ¿esa es mi camisa? —rasqué mi nariz nerviosa.
—Puede ser—murmuré sin mirarlo.
—Mhm... Te queda mejor a ti que a mi.
—Eres insoportable—bufé al ver como sonreía y decidí que era hora de dormir. Apagué el televisor y me di la vuelta para darle la espalda. Acomodé una de mis tantas almohadas debajo del costado de mi barriga para que no me molestara tanto y traté de dormirme cerrando los ojos.
—¿Sam?
—Te escucho.
—Mamá quiere que vayamos a almorzar con ella, Harriet y Hazel mañana.
—¿Vayamos?
—El bebé, tú y yo, sí. Vayamos, Sam, eso incluye nosotros.
Suspiré jugueteando con mi brazalete.
—Bueno, supongo que sería una grosería decir que no.
—Bien, mañana le confirmaré.
—De acuerdo.
Nos mantuvimos unos minutos en silencio durante los cuales continúe sin obtener el sueño.
—¿Sam?
—Dime.
—¿Está bien si te abrazo?
Lo pensé por unos instantes.
—Está bien que me abraces, Harry.
Sentí su cálido brazo pasar por debajo del mío quedando justo sobre mi abultado vientre. Luego de darle unas tímidas caricias, me atrajo hacia su cuerpo pegando completamente su pecho con mi espalda. Sentí su respiración haciendo cosquillas en mi cuello y luego de que dejara un beso ahí, besó mi cabello y recostó su barbilla sobre la cima de mi cabeza. Me sentía tan cómoda estando así de acurrucada con él... Realmente lo había extrañado la noche anterior, y esa sola resolución me causó mucho miedo.
—¿Sabes algo? —musitó una afirmación para hacerme saber que me escuchaba. —Algún día serás un excelente padre.
Y ante su falta de respuesta y excesiva calidez, caí en los brazos de Morfeo.
El almuerzo con la familia de Harry había estado bien... Más que bien a decir verdad.
Esa vez sí fuimos solo los cinco (seis con bolita) y era increíble lo a gusto que me hacían sentir cuando estaba con ellos. Repetimos la ocasión otro par de veces en las que terminábamos jugando bingo, cantando karaoke o simplemente nos quedábamos conversando por horas luego de que termináramos los postres hasta que Harry consideraba que debía descansar y nos regresábamos al apartamento.
Continuábamos compartiendo mi cuarto y cama. Simplemente habíamos vuelto a la agradable rutina que teníamos antes de que él se fuera a beber como loco. Me gustaba dormir a su lado porque me hacía sentir cálida y... de una extraña manera, feliz.
Era increíble como pasaba el tiempo. Ya iba por mi séptimo mes de embarazo y los síntomas se habían reducido considerablemente, aunque tenía nauseas matutinas y Harry no se iba a trabajar hasta que me sintiera mejor, nada se comparaba con los primeros meses donde me la pasaba vomitando todo lo que ingería. También estaba feliz con los resultados de mi peso, había aumentado, por lo que mi barriga creció un poco más. Seguía siendo pequeña y redondita, pero ahora al menos estaba más tranquila porque la doctora aseguraba que me encontraba en un buen peso.
Harriet me acompañó una vez más a la consulta junto al rizado, y aunque no negaría lo mal que me sentía porque él aun se encontrara reacio a entrar, estaba feliz por saber a mi hijo sano y desarrollándose como debía.
—Es tan lindo mi bebé—suspiré enamorada de lo que veía en la pantalla.
—Muy bien, tomaremos la foto y podrás limpiarte.
—Espere, doctora—habló Harriet captando mi atención.—Deme unos minutos más para ver el eco, ¿podría, por favor?
—Mhm... Sí, claro—fruncí el ceño confundida.
—¿Harriet? —ella me ignoró mientras tecleaba algo en su celular.
—Bien—dejó el aparato sobre sus piernas mientras que la doctora y yo nos mirábamos sin entender. —Diez, nueve, ocho, siete...
—¿Harriet? —insistí, pero ella me ignoró.
—Seis, cinco, cuatro, tres...
—¡¿Harriet?! ¡¿Samantha?! —Harry entró alterado al consultorio y yo sentí a mis ojos ampliarse y a mi corazón acelerarse por el susto que me había ocasionado al entrar así. —¿Qué? ¿Dónde? ¿No estabas teniendo un ataque epiléptico?
—¿Un ataque...? —parpadeé sin entender.
Como si estuviéramos sincronizados, Harry y yo entendimos lo que pasaba rompiendo la conexión entre nuestras miradas para voltear a ver a la culpable.
—¡Que hermoso suena ese corazón!
Achiqué mis ojos en su dirección entendiendo lo que intentaba hacer.
Quería que Harry viera el eco... Cuestión que logró.
Él se giró hacia la pantalla escuchando lo que todos podíamos. El corazón de mi bebé... nuestro bebé.
—¿E-Ese es su pal-palpitar? —tartamudeó acercándose a la pequeña pantalla que mostraba a nuestro hijo.
—Sí... ¿usted es el padre?
—Sí, doctora—contesté al ver lo embelesado que estaba Harry y por ende, no respondió.
—¿Y esa es su cabeza? Wao, esas son sus manos, ¿verdad? ¡Mira eso, Sam! ¡Se está chupando su dedito!
Tapé con una de mis manos mi boca para evitar que se escapara algún sollozo.
Nunca me acostumbraría a ese tipo de reacciones en Harry.
—¿Está bien su tamaño? ¿Cree que Sam deba tener un cuido extra? Siempre le digo que no es bueno que coma tanta crema batida.
—¡Oye!
—Silencio que están hablando los adultos—me señaló con uno de sus dedos para después guiñarme uno de sus lindos ojos. Rodé los ojos, pero no pude evitar sonreír.
También pude percatarme que los suyos se hallaban ligeramente cristalizados.
—¿Puede imprimir uno para mí?
Sus palabras me agarraron con la guardia baja.
"¿Quiere uno de los ecos?", pensé completamente aturdida.
—Claro que sí.
—Espere, espere, no lo apague—Harry sacó el celular de su bolsillo antes de que la doctora pudiera apagar las cornetas y lo observé mientras parecía buscar algo. —Necesito grabar esto y mostrárselo a Dylan y a mamá. También a Hazel.
—No había pensado en grabar los latidos—murmuró Harriet a mi lado, pero yo estaba en shock.
—Hagan silencio por un momento.
Acatamos su indicación sin chistar y luego de lo que parecieron unos segundos completamente eternos, él sonrió y alejó su celular de las cornetas.
—Gracias, doctora—la aludida le sonrió enternecida y asintió.
—Te espero afuera para darte unas últimas indicaciones, Samantha—asentí recibiendo el suave papel que me daba para poder limpiarme.
—Tengo unas dudas que quisiera y me aclarara, doctora—comentó Harriet siguiéndola, pero yo sabía que ella no tenía nada que preguntarle.
Era malévola.
—Déjame ayudarte—comentó el rizado una vez hubo guardado su celular y me quitó los papeles para limpiar la crema de mi vientre. —Linda ropa interior de mariposas—rió por su comentario, pero yo no pude. Solo me mantuve observándolo con atención. —¿Sucede algo? —se atrevió a preguntar en cuanto terminó de limpiarme.
Alejé sus manos de mi cuerpo las cuales pretendían subir mi holgado pantalón optando por levantarme y hacerlo yo misma.
—¿Sam?
—No te entiendo.
—¿Qué no entiendes? —acaricié mi frente sintiendo una pequeña punzada. —¿Qué no entiendes, Samantha? —repitió.
—Nada, no importa, ¿podemos ir a casa?
Harry se mantuvo en silencio por unos instantes solo observándome.
—No esperaba que fuera así... —respondió en cambio con el ceño fruncido. —O tal vez sí, y por eso no quería entrar, sabía que me afectaría, sabía que me convencería de actuar diferente.
—Vámonos—pedí terminando de arreglar mi ropa. Agarré mi cartera, pero antes de poder salir del pequeño cubículo Harry me sostuvo del brazo. —Por favor...
—¿Por favor, qué?
—No me hagas esto—él frunció el ceño claramente sin entender, así que apreté mis dientes decidida a hablarle. —No me hagas ilusionarme para después irte... porque ese sigue siendo tu plan, sé que lo es. Aun quieres irte cuando el bebé nazca, ¿cierto? —él desvió la mirada.
—Samantha sabes que yo...
—¿Cierto? —insistí.
Harry soltó el agarre que ejercía sobre mí y se limitó a asentir con un movimiento de cabeza.
—En ese caso, te voy a agradecer que no juegues conmigo de esta manera porque no sabes cómo me estás destruyendo por dentro.
Nos miramos a los ojos por un tiempo hasta que decidí apartar la mirada, darme la vuelta y entrar nuevamente en el consultorio de la doctora para escuchar sus últimas recomendaciones y poder irme de ahí.
Harriet se mantuvo en silencio todo el trayecto hasta el estacionamiento. Sabía que su plan de dejarnos solos no había culminado bien y realmente agradecía que no dijera nada.
La doctora nos había dado un eco a cada uno y todas mis entrañas se removieron al ver como Harry guardaba el suyo en su billetera de cuero negra.
¿A qué jugaba? ¿Qué diablos pretendía con todo eso? Porque si la idea era jugar a ser papá, más le valía detenerse. El bebé, bolita, mi hijo, era lo más sagrado e importante que me había pasado, no le permitiría que se divirtiera a su costa, y mucho menos que rompiera mi corazón en el proceso.
—Debo ir a retirar el coche del bebé que aparté hace unas semanas—comenté una vez estuvimos afuera. Ya nos habíamos despedido de Harriet y nos encontrábamos en la entrada de la clínica.
—Bien, te llevaré.
—No, no importa, tomaré un taxi.
—No vas a irte en un maldito taxi si yo puedo llevarte, Samantha.
—No quiero estar cerca de ti ahora mismo, ¿eso sí lo puedes entender? —él apretó su mandíbula hasta el punto que me permitió ver la vena que se marcaba en su cuello, sin embargo, no dijo nada. —Muy bien, nos veremos más tarde en el apartamento.
Y me alejé de ahí.
Ya en la tarde y mucho más calmada, iba de regreso caminando con mi hermoso coche. Era negro con un azul agua marino y me encantaba el hecho de que podía manejarlo y podría vigilar al bebé mientras lo hacía. Además, por lo que me había dicho la vendedora también podría usarla como sillita porque era adaptable. Había gastado una buena cantidad de dinero en ese coche, pero quería lo mejor de lo mejor para mi bebé.
En cuanto llegué al edificio, mi corazón se aceleró al ver a Harry sentado en las escaleras de la entrada.
—¿Por qué te viniste caminando? —me reprochó con el ceño fruncido levantándose de su improvisado asiento. Abrí mi boca para responder, pero nada salió de esta. —¿No ves que te puede hacer daño? Estás en tus últimos meses, no puedes andar por ahí sola y menos caminar tanto, ¿si es válido que me preocupe o también me vas a criticar por ello?
Eso me enfureció.
—¡Vete a la mierda y no regreses! —exclamé apretando mi agarre en el coche.
Harry apretó la mandíbula igual de molesto y se acercó a mí. Intentó soltar mis manos del coche para tomarlo él, pero yo no se lo permití.
—Deja de ser tan necia.
—Y tu tan cínico.
—¿Cínico?
—¡Sí! ¡Cínico es la única manera correcta en la que puedo llamarte!
—¡Oh, disculpe usted señora perfecta por no querer hacer todo lo que quiera!
—¡¿Hacer todo lo que quiera?!
—¡Sí! ¡Ahora suelta ese maldito coche para que lo suba!
—¡No vas a agarrar nada, Harry! ¡Suéltalo de una maldita vez!
Comenzamos a forcejear, pero en una de esas me empujó con fuerza con su brazo y como era de esperarse, perdí el equilibro. Antes de que cayera, Harry agarró mi cintura colocándome de pie en un dos por tres. Mi corazón latía rápido por el susto de casi haberme caído, estuve a nada de llevarme un fuerte golpe. Una experiencia que claramente no quería revivir.
—Mierda, Sam, lo siento, no era mi intención golpearte, yo solo... —golpeé su mejilla con la poca fuerza que mis nervios me permitieron.
—¡Idiota!
Dejé el coche y subí fúrica hasta el apartamento. Una vez estuve ahí, corrí hasta la habitación del bebé, cerré la puerta con llave y me senté en el sillón individual echándome a llorar.
Dios, cada mes que pasaba parecía más difícil convivir con él. Creía que lo mejor era pedirle que se fuera, después de todo ya me sentía mucho mejor en comparación al momento en que llegó. Pero por otro lado, la compañía que me brindaba me hacía replantearme la situación.
No supe con exactitud cuanto tiempo pasó, pero había logrado calmar mis sollozos y acariciaba mi barriga mientras veía el álbum de bolita. Había pegado el eco correspondiente al séptimo mes, pero todavía me faltaba la dedicatoria y decorarlo. Así que cuando estaba por hacer eso, Harry tocó la puerta provocándome un escalofríos.
—¿Samantha? Ábreme, por favor.
—Y una mierda, vete.
Posiblemente estaba siendo inmadura. Pero quién lo mandaba a meterse con una mujer hormonada y herida.
—No me voy a ir, abre la maldita puerta.
—Abre la maldita puerta—intenté imitar su tono de voz y a pesar de la puerta que nos separaba lo escuché gruñir.
—Muy madura.
—Muy madura—repetí.
—Bien, entonces me sentaré aquí hasta que abras, sé que en cualquier momento tendrás que ir al baño, siempre quieres hacer pipí así que aquí me quedaré.
Abrí mi boca sintiéndome un tanto avergonzada por lo que había dicho.
¿Qué culpa tenía yo de que el embarazo me ofreciera una vejiga poco resistente?
Tiempo después, como el muy maldito había dicho, mi vejiga me dio dos opciones: O salir y enfrentar a Harry o hacerme encima. Y aunque la segunda opción era tentativa, no le daría el gusto.
Golpeé varias veces la mesa donde solía colorear y luego de bufar me levanté de la silla giratoria. Me dirigí a la puerta y abrí sin más.
Harry se cayó hacia atrás por haber estado recostado sobre la puerta aterrizando sobre mis pies.
—¿Ya se te pasó la malcriadez? —me preguntó mirándome desde abajo y con sus brazos cruzados.
—No seas estúpido, apártate que necesito ir al baño.
—Por supuesto que sí—sonrió provocando mi irritación. En cuanto se levantó, me encaminé hacia el baño de mi habitación, pero antes de que pudiera cerrarla en su cara, él la detuvo y se introdujo conmigo cerrando detrás de él.
—No me creas tan estúpido, te encerrarás en el baño y no saldrás hasta que te dé hambre y aunque no creo que falte mucho para eso no quiero seguir esperando sentado sobre este piso duro.
—¡Pero no me verás haciendo pipí!
—Te daré la espalda—hizo lo que dijo y se mantuvo así con los brazos cruzados.
—¡Harry! —chillé sintiendo mi vejiga a punto de explotar. —¡Largo!
—Nop, aquí me quedo.
Solté un grito exasperado y sin perder más tiempo decidí bajar mis pantalones ya que realmente necesitaba hacer mi necesidad número uno.
—Más te vale que no te voltees o te juro que yo misma planearé tu funeral.
—Suena tentadora la oferta—él hizo ademán de voltearse y yo me alarmé por completo.
—¡Maldición, Harry Styles! ¡Detente ahora mismo!
Soltó una escandalosa carcajada aun manteniéndose en su lugar.
—Oh vamos, haz de una vez para que podamos salir de esta rara situación.
—Tú nos pusiste en esta rara situación—repliqué con los dientes apretados.
—Cierto—y su risita no pudo haberme irritado más.
Procedí entonces a vaciar mi vejiga y en cuanto estuve lista, bajé la palanca y me acerqué al lavamanos para poder lavar mis manos con jabón.
—¿Ya puedo voltearme?
—Puedes morirte si quieres.
—Mhm... Pero eso te haría entristecer—su falso tono preocupado casi me hizo reír.
Mientras terminaba de quitarme el jabón, Harry se acercó a mi por detrás y sostuvo mi cadera con fuerza. Nos miramos a través del espejo.
—No quiero que me toques.
—Lástima que ya lo estoy haciendo—suspiré.
Cerré el grifo y me di la vuelta permaneciendo así encerrada entre sus brazos.
—¿Qué quieres ahora, Harry? Estoy cansada, hambrienta y molesta.
—Una mala combinación, ¿cierto?
—¿Tú qué crees? —me crucé de brazos y desvié la mirada.
—Quiero contarte una historia.
—Yo no quiero escucharte.
—Pero lo harás—asintió irguiéndose en todo su metro ochenta. Subí la mirada para verlo y estoy segura de que lo que lo hizo sonreír en ese momento fue mi pose enfurruñada. —Ven aquí.
Después de decir esas palabras, me acercó a su pecho abrazándome con fuerza y aunque no le devolví el gesto, tampoco me resistí.
—Eres un imbécil.
—Lo sé.
Cuando el abrazo terminó, caminamos hasta que llegamos a mi cama donde él me pidió que me sentara para posteriormente imitar mi acción quedando a mi lado.
—Te contaré por qué soy reacio a los bebés, ¿de acuerdo?
—No tienes que hacerlo—murmuré sintiéndome mal de repente. —Entiendo que no quieras esta responsabilidad, es solo que a veces...
—Shh... —le dio un golpecito a mi nariz con su dedo índice. —Mis padres nunca se casaron.
—Harry...
—Calla—me advirtió una vez más y yo opté por obedecer. —Recitaban el mismo lema que usan las personas concubinas, que no se necesita de un papel para justificar su unión o matrimonio—se encogió de hombros. —No estoy seguro de cómo se conocieron, mamá nunca nos habló de eso, pero el punto es que eventualmente y luego de un año de vivir juntos y dos de conocerse quedó embarazada de mí. Todo estuvo bien los primeros meses después de mi nacimiento, pero luego todo era peleas por acá y peleas por allá.
»Las recuerdo todas, ¿sabes? O por lo menos la gran mayoría. Eran pocos los momentos en que estaban felices o compartíamos los tres juntos sin que hubieran gritos, no entendía por qué, pero a mi padre parecía irritarle todo en todo momento—bajó la mirada hacia sus manos y comenzó a jugar con uno de sus anillos.—Tres años después nació Harriet, y con ello el desempleo de mi padre, todo pareció ir de mal en peor y ninguno de ellos parecía darse cuenta del daño que me hacían... que nos hacían. Claramente, ellos no se amaban lo suficiente.
»Mi padre se fue de la casa cuando Harriet cumplió los cuatro años. Un día, después de regresar de comer helados con mamá, él simplemente se había ido y lo único que nos dejó con su partida fue su apellido, nada más. Mi... madre cayó en una especie de depresión—hizo una mueca como si estuviera reviviendo el dolor de aquel momento. —Yo solo tenía siete años y recuerdo con claridad los sollozos y el llanto desgarrador de mi hermana por las noches, mamá no estaba en condiciones para atenderla y a mi me aterraba no saber qué demonios hacer, era solo un niño después de todo. Además, mamá siempre supo mantener en secreto la mala situación que pasaba con papá por lo que ninguno de mis familiares estaba enterado como para que la asistieran a ella o a nosotros. Sin embargo, como pude fui aprendido en dónde mi mamá dejaba lo que necesitaba para alimentar a mi hermana y el cómo prepararlo fue cuestión de práctica.
Tomé su mano entre las mías y él sonrió agradecido.
—Cuando yo cumplí los nueve me corté con un cuchillo por estar picando un poco de fruta para Harriet la cual se encontraba enferma, por puro milagro que no perdí un dedo y cuando mamá se dio cuenta entró en pánico. En ese momento, fue como si hubiera salido del pozo en el que se encontraba y luego de pedirme perdón mil veces y llevarme a urgencias para que me atendieran, optó por ir a un psicólogo por ayuda. Ella sabía que no podía continuar así y todos los días de mi vida agradezco haber sido tan torpe en aquella época.
—¿Y Hazel?—me atreví a preguntar en un susurro. Él suspiró.
—Mi madre siempre estuvo enamorada de... papá, Sam. Hazel fue un desliz que ocurrió en uno de sus tantos reencuentros, pero él no quiso saber nada de ella. Solamente le dio su apellido y se fue, estoy seguro de que pensó que eso sería lo mejor para no revivir el tortuoso pasado por el que Harriet y yo tuvimos que pasar.
»Después de todo lo que viví, Sam. Prometí que nunca me convertiría en padre, que nunca tendría hijos, ¿sabes lo fácil que es lastimarlos? ¿Lo fácil que es decepcionarlos? ¿Matar su inocencia? No creo poder ser un buen padre porque no solo nunca tuve el ejemplo de uno, sino que es una etapa de la vida la cual, y en definitiva, me quiero saltar.
—Pero Harry—sentí mis ojos cristalizarse. —¿Es que no te das cuenta la clase de ser humano que eres? Tan bueno y noble—él negó lentamente.
—Me mata no poder ser lo que tú deseas que sea—dijo con voz ahogada. —Pero es solo que aquí —dirigió mi mano hasta su pecho dejándolo justo sobre el lado izquierdo, permitiéndome sentir sus latidos. —No me siento capaz de poder serlo.
Me acerqué más a él y con mi mano libre acaricié el costado de su rostro. Harry recargó su mejilla sobre la palma con la que lo acariciaba y con todo el amor que sentía en ese momento, me incliné lo suficiente hacia adelante para poder besarlo.
HOLAAAAAAA BELLEZAAAAS DEEEEL AMAZONAAAASSSS
Espero estén suuuuuuuuper bien.
Esperen el próximo capítulo pronto (es en serio) que ya tengo la idea y he escrito un poco.
No puedo creer la cantidad de personas que leen esta historia, me hace tan feliz porque yo ya se los he dicho, pero lo reitero, esta es una de mis novelas favoritas y me encanta escribirla. Los amo, adiós♥
#Hily
Canción agregada al playlist de la historia: Stay - Zedd, Alessia Cara
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